La angina de pecho, también conocida como angor pectoris, no es una enfermedad propiamente dicha, sino un dolor que aparece cuando la pared muscular del corazón no recibe, de forma temporal, una cantidad suficiente de oxígeno




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títuloLa angina de pecho, también conocida como angor pectoris, no es una enfermedad propiamente dicha, sino un dolor que aparece cuando la pared muscular del corazón no recibe, de forma temporal, una cantidad suficiente de oxígeno
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La ingestión de alimentos sin grasas reduce la posibilidad de padecer un infarto.

EL INFARTO DE MIOCARDIO 

Si bien hay infartos de miocardio que pasan inadvertidos por no presentar síntomas, cuando se produce un dolor agudo y constante en el centro del pecho, con irradiación hacia hombros, espalda, cuello y brazos, acompañado con frecuencia de náuseas, sudoración, hipotensión, y una fuerte sensación de fatiga y desasosiego, se debe pensar en la posibilidad de que sea un infarto de miocardio. Ante estos síntomas, que son propios, asimismo, de la angina de pecho, lo mejor es llamar al médico con urgencia, aunque el afectado padezca alguna enfermedad cuyos síntomas se asemejen a este cuadro.

ATENCION INMEDIATA

  • Cuando se produce un infarto es indispensable tomar ciertas medidas, como las siguientes: 

  • Llamar al médico o a una ambulancia, o bien trasladar al paciente al hospital más próximo. 

  • Evitar que el paciente se mueva; debe estar sentado o acostado.

  • Si el paciente tiene dificultad para respirar, se le debe liberar de toda prenda que le oprima la garganta o el pecho, y ponerle de lado con suavidad

  • Si el paciente está inconsciente y no respira, se le debe tomar el pulso; de no encontrarlo, se le hará la respiración boca a boca y se le dará masaje cardíaco hasta que llegue el médico o la ambulancia, o hasta llegar al hospital. 

Aunque hay otras enfermedades que pueden producir cuadros similares al de un infarto de miocardio, como algunas digestivas, biliares y pulmonares o la hernia de hiato, es conveniente que sea el médico quien descarte su existencia. 

INCIDENCIA DEL INFARTO DE MIOCARDIO 

- El modo de vida actual ha llevado a ampliar los límites de edad dentro de los cuales se registraba la población con mayor propensión a sufrir un infarto de miocardio. Así, los parámetros de 50 años, válidos hace unos años, son en la actualidad de 35 años para los hombres y de 45 años para las mujeres. 

- Asimismo, dada la incorporación de la mujer al mundo laboral y a la práctica de ciertos hábitos que en el pasado eran casi exclusivos del hombre, como el de fumar, se ha reducido de forma notable la diferencia que existía entre los dos sexos en cuanto se refiere a la incidencia de infartos de miocardio.

 Capítulo 1. 8. Enfermedades del Pericardio (I)


1.1. ANATOMIA DEL PERICARDIO

El pericardio es un saco fibroseroso que envuelve completamente al corazón, con forma de bolsa o saco, de gran consistencia, con una serie de prolongaciones que abarcan la raíz de los grandes vasos. Está formado por dos capas, una visceral (también llamada epicardio) unida estrechamente a la superficie del corazón, y una parietal separada de la anterior por un estrecho espacio capilar que contiene el líquido pericárdico. El pericardio visceral está formado por una capa de células mesoteliales, adherida a la grasa epicárdica y epicardio y, por otro lado, en contacto con el líquido pericárdico. El pericardio parietal es una capa más fibrosa, formada interiormente por células mesoteliales en continuidad con las del epicardio, pero dispone además de otra capa más externa fibrosa formada por capas de fibrillas colágenas dispuestas en distintas direcciones dentro de una matriz de tejido conectivo que también contiene fibrillas de elastina 1. Alrededor del pericardio puede acumularse la grasa mediastínica, de forma que puede haber una capa de grasa epicárdica (entre miocardio y pericardio visceral) y otra capa de grasa mediastínica (entre pericardio parietal y mediastino), lo que es de interés conocer para evitar interpretaciones erróneas en las exploraciones ecográficas, TAC y RNM, ya que su baja densidad puede malinterpretarse como líquido pericárdico.

El saco pericárdico por su parte parietal está unido mediante conexiones fibrosas al tendón central del diafragma y, en sentido inferior al diafragma mediante el ligamento frénico-pericárdico. Así mismo está unido por ligamentos superiores e inferiores al esternón (ligamentos esternopericárdicos). Por la parte posterior, el pericardio está en íntima relación con el esófago y aorta descendente. Lateralmente se relaciona con la pleura, nervios frénicos y vasos. En su parte anterior, el pericardio parietal está en íntimo contacto con la mitad izquierda de la parte baja del esternón y, a veces, con el cuarto y quinto cartílagos esternales izquierdos. En su parte posterior, el pericardio parietal mantiene conexiones fibrosas con la columna vertebral (ligamento vertebropericárdico). Además de estas fijaciones, existen uniones más laxas con la pleura mediastínica.
La capa fibrosa del pericardio parietal tiene aberturas por donde entran y salen los grandes vasos, de forma que la capa parietal rodea los troncos de las venas cava, la aorta, la arteria y las venas pulmonares, de forma que todo el corazón está dentro del saco pericárdico a excepción de la región de la aurícula izquierda entre las cuatro venas pulmonares. El tejido fibroso del pericardio se mezcla con la adventicia de las grandes arterias formando una fuerte unión que protege esa zona, especialmente sometida a fuerzas y tensiones en la actividad normal y forzada del individuo. Por otro lado, la capa serosa, se extiende sobre la raíz de los grandes vasos en un trozo de unos 2-3 cm, formando unas invaginaciones o fondos de saco.

Entre las dos capas del pericardio existe un mínimo espacio, que normalmente contiene líquido pericárdico en un volumen entre 15 y 50 ml, distribuido como una fina capa que envuelve al corazón y salida de los grandes vasos. Se trata de un líquido claro, que es seroso y lubricante, formado por las células del pericardio visceral, las cuales intervienen no solo en su formación sino también en el intercambio de líquidos y electrolitos con el sistema vascular. Clásicamente se le ha atribuido una función "lubricante" para evitar el roce entre el corazón y las estructuras adyacentes, lo que lleva a cabo gracias al alto contenido de fosfolípidos que contiene dicho líquido, habiéndose demostrado experimentalmente que las fosfatidilcolinas que contiene, disminuyen entre 100-200 veces la fricción entre superficies. Por otro lado, el líquido pericárdico normal parece ser un ultrafiltrado del plasma, ya que su contenido de electrolitos es compatible con ello, siendo su concentración de proteínas mucho más baja (alrededor de la tercera parte de la del plasma), mientras que la albúmina está en una mayor proporción, pues su menor peso molecular le permite un más fácil paso. El contenido iónico es el esperado de un filtrado del plasma y con una osmolaridad menor ya que se trata de un ultrafiltrado. Finalmente, el pericardio recibe riego sanguíneo a partir de pequeñas ramas de la arteria mamaria interna, de la aorta y de pequeñas ramas de las arterias musculofrénicas. La inervación del pericardio es muy compleja, recibiendo inervación simpática a partir de los ganglios estrellado y ganglio dorsal, así como de los plexos cardíaco, diafragmático y aórtico. Por otro lado, está inervado también por el nervio vago, por el plexo esofágico y por el nervio laríngeo recurrente. Aunque ha existido cierta controversia acerca de los nervios aferentes responsables de la percepción del dolor de origen pericárdico, parece que la transmisión ocurre vía nervio frénico. Según parece desprenderse de estudios al respecto, serían las fibras sensoriales periféricas que entran en los ganglios de las últimas raíces cervicales y primeras dorsales las encargadas de recoger la sensibilidad tanto del pericardio como del plexo braquial, lo que permite explicar el dolor atribuido al pericardio.

El pericardio tiene importantes funciones, agrupándose en funciones membranosas y funciones mecánicas, ambas importantes. Las funciones membranosas son la ya mencionada disminución de la fricción o rozamiento del corazón en su actividad continua, así como la función de barrera a la infección de origen en las estructuras adyacentes (pleuras, pulmón y mediastino)

Las funciones mecánicas consisten en la limitación de la dilatación miocárdica excesiva y el mantenimiento de una complianza normal, así como del mantenimiento de una "forma óptima del corazón", no solo anatómicamente, sino desde el punto de vista funcional
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