Cartografías viajeras. Mapas y representaciones durante el Segundo Imperio




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fecha de publicación26.12.2015
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Cartografías viajeras. Mapas y representaciones durante el Segundo Imperio

Ma. Haydeé García Bravo1

CEIICH-UNAM, mhgb@unam.mx
En aquel Imperio, el Arte de la Cartografía logró tal Perfección que el mapa de una sola Provincia ocupaba toda una Ciudad, y el mapa del Imperio, toda una provincia. Con el tiempo, estos Mapas Desmesurados no satisficieron y los Colegios de Cartógrafos levantaron un Mapa del Imperio, que tenía el tamaño del Imperio y coincidía puntualmente con él.

“Del rigor en la ciencia”, Jorge Luis Borges
Introducción

Este texto constituye un primer acercamiento a las condiciones de producción de cartografías hechas entre franceses y mexicanos durante el periodo 1860-1880; es una contextualización que forma parte de mi tesis doctoral sobre la perspectiva epistemológica de la antropología mexicana durante ese periodo. De esta manera, no es sino un primer esbozo, una aproximación descriptiva a la conformación de los grupos de investigación, a sus discursos y prácticas, y a los instrumentos asociados a los diferentes campos de conocimiento que estaban estrechamente interrelacionados; la geografía estaba estrechamente vinculada a la antropología, porque no se puede hablar de un territorio vacío, por el contrario, parte de la problemática la constituían las poblaciones, las ocupaciones, los avances y retrocesos de las tropas, el control del espacio, el ejercicio de la política y la administración de todos los tipos de recursos2 en ese espacio delimitado y en constante delimitación, México durante el siglo XIX.

Mi interés por la cartografía surgió luego de la sesión sobre geografía del conocimiento en el curso de Historia de la Ciencia donde analizamos las propuestas de David N. Livingstone y Steven J. Harris quienes señalan la relevancia de la localización del conocimiento y hacen “la reivindicación de la especificidad y la espacialidad, la territorialidad y la localidad, los sitios y las situaciones”3. También enfatizan la importancia de los viajes en la geografía del conocimiento, en este caso en particular, del conocimiento geográfico.

Los mapas están ligados al topos, a los lugares, pero condensan también una mirada situada históricamente. Al representar el espacio, al dominarlo, se vuelve territorio, territorio a ser gestionado, explotado.

A lo largo del tiempo, nuestras representaciones del espacio han cambiado, las cartografías han incorporado informaciones, pero también han dejado fuera una serie de imágenes, gráficas y datos que, de acuerdo con el momento histórico, se volvieron irrelevantes. En este proceso, los mapas y las maneras de hacerlos, tienen la impronta de los valores epistémicos de su tiempo, de los deseos de conocimiento y control territorial; a través del proceso cartográfico el espacio sufre una estandarización. Se puede decir que el territorio mexicano se transformó según ciertas necesidades y fue pensado a la medida de los sueños de la administración imperial.

Intentaré abordar un objeto con al menos dos superficies: los mapas son a la vez un objeto útil, que permite identificar un territorio, y un objeto conceptual, una representación del mundo. Los mapas condensan narraciones e itinerarios, buscan dar cuenta tanto de espacios reales como simbólicos e imaginarios. Los mapas como objeto capturan en una representación gráfica un tiempo y un espacio determinado, pero no resulta sencillo desentrañarlos.

Y no podemos olvidar que en todo desarrollo de la cartografía los instrumentos han jugado un rol preponderante. Instrumentos de medida y cálculo. El mapa se hace con instrumentos, pero deviene después de ese proceso de fabricación, él mismo un instrumento.

Desde la perspectiva de Livingstone, busco “ubicar” a los cartógrafos en una geografía del conocimiento particular, la del segundo imperio y sus necesidades y representaciones. También ver si la categoría de “corporación y su actuación a distancia” de Harris podría aplicar en el caso de las Comisiones que se formaron: la Commission Scientifique du Mexique y la Comisión Científica, Artística y Literaria de México.

En este trabajo se analizarán tres ejemplos de mapas llevados a cabo durante la segunda intervención francesa en México (1862-1864), que culminaría con el imperio de Maximiliano (1864-1867). Mapas que fueron analizados y tomados en cuenta por los militares, administradores y científicos franceses, constituyendo así un corpus cartográfico viajero.
Las etapas de la intervención
Las coordenadas de este acercamiento exploratorio las podemos plantear en términos de cartografías bajo intervención: en primer lugar, la coordenada político-militar, es decir, la intervención francesa propiamente dicha, los enfrentamientos, la ocupación del territorio, la imposición de otro régimen. La siguiente coordenada es la intervención desde el punto de vista científico, el ir y venir, en viajes trasatlánticos, de instrumentos, personas, mapas, documentos e instrucciones, y en tercer lugar la coordenada de la intervención simbólica, los objetivos cognitivo-políticos de las instituciones científicas y los personajes que en ellas se desenvolvían.

En el cruce de estas coordenadas y al ir haciendo la búsqueda de materiales me di cuenta de que era necesario establecer tres etapas, la primera asociada a la exploración militar entre 1862-1864. La segunda, a la que llamo de intercambio, luego de la instauración del Imperio, 1864-1867. Y finalmente, la tercera, posterior al fin del imperio y la retirada de los franceses del territorio mexicano, portando con ellos una gran cantidad de materiales que, como lo señala Puyo, están resguardados en los archivos militares en el Castillo de Vincennes. De esta última etapa no hablaré en este texto.
La primera coordenada: La intervención militar

La boussole suit toujours le drapeau

Numa Broc
Luego de que México se declarara en bancarrota y anunciara la suspensión de pagos, Inglaterra, España y Francia llegaron, en enero de 1862, al puerto de Veracruz, para intentar cobrar sus pagarés. La negociación con el gobierno de Juárez durante un par de meses llevó a las dos primeras naciones europeas a desistirse, reembarcar y partir. Sin embargo, Francia no ocultó sus deseos de intervención y Napoleón III envió al general Charles Ferdinand Latrille, conde de Lorencenz, quien desembarcó en Veracruz con más refuerzos, en abril de ese mismo año.

A partir de ahí, una parte fundamental del avance de las tropas hacia la ciudad de México, estuvo dado en función de establecer los itinerarios más seguros y el control de las rutas militares y comerciales. El conocimiento del país, particularmente desde el punto de vista geográfico estaba, usando la frase de Puyo, bajo la “sombra del legado de Humboldt”.4

Varios extranjeros, viajeros, exploradores y algunos que habían vivido en México tenían ya un amplio conocimiento del territorio mexicano, entre ellos podemos citar a Henri de Saussure (1829-1905), Joseph Burkart (1798-1870) y Charles Étienne Brasseur de Bourbourg (1814-1874).

Por su parte, Michel Chevalier (1806-1879), senador francés y posteriormente integrante de la Commission Scientifique, había publicado en 1863, un año antes de la conformación de dicha comisión, Le Mexique Ancien et Moderne, un extenso texto en donde se abordaba la historia mexicana desde la época prehispánica hasta 1861. El libro, que justificaba la intervención francesa en México, proporcionaba también una serie de datos sobre los recursos naturales y sus posibilidades de explotación.5

Al inicio de la expedición militar, en 1862, cuando el General Élie Frédéric Forey (1804-1872) que había estado en Argelia, Crimea y también en Italia, dejó Francia para comandar las fuerzas expedicionarias en México, “sólo tenía el atlas de García y Cubas; el mapa general de México del mismo autor, un mapa de la región entre el Golfo de México y la Ciudad de México de Saussure y otro mapa incompleto, de factura norteamericana, del valle de México”.6

El grupo expedicionario francés tenía como objetivos la compilación inmediata de la mayor cantidad de materiales cartográficos y la realización de levantamientos topográficos a partir de los itinerarios seguidos por las columnas militares y las operaciones de vigilancia.7

Podemos caracterizar este periodo como de contraposición y luchas en todos los terrenos entre franceses y mexicanos, donde, como lo señalan varios autores, la secrecía y el espionaje eran prácticas corrientes en ambos bandos. La geografía se desarrolla en este momento bajo el interés de cartografiar y representar el territorio que es un territorio en disputa, inestable y en donde las tropas en avance daban cuenta de las condiciones del terreno.

En ese sentido, los objetivos marcados al cuerpo expedicionario fueron cumplidos, porque antes de la conformación de la Commission Scientifique y la preparación y publicación de las instrucciones geográficas para los viajeros y corresponsales, ya los oficiales franceses tenían al menos unos “40 itinerarios detallados (...) más que de itinerarios, se trata de verdaderas memorias geográficas y estadísticas”.8 Y estos trabajos se llevaron a cabo basándose en mapas e informaciones preexistentes tanto de extranjeros, como aquellos hechos por la élite intelectual local,9 como lo veremos más adelante.

El corpus cartográfico militar, reunido por los ingenieros y expedicionarios en esta primera oleada de franceses durante la segunda intervención está archivado en el Castillo de Vincennes y constituye un inmenso campo de trabajo e investigación.

Una frase de Victor Duruy (1811-1894), ministro de Instrucción Pública y presidente de la Commission Scientifique nos permite entrelazar la intervención militar con la intervención científica: “Cuando nuestros soldados abandonen esa tierra, dejarán tras ellos gloriosos recuerdos, y nuestros sabios terminarán de conquistarla mediante la ciencia”.10 En ese sentido, la ciencia legitima la intervención y provee los vínculos de cooperación entre las comunidades científicas de ambos países.
La segunda coordenada: Las representaciones conjuntas
La geografía del conocimiento en México durante el segundo imperio está imbuida en una lucha por establecer los límites geográficos reales, pero también simbólicos del intercambio científico. En esta perspectiva, se torna de vital importancia pensar una doble triangulación, la primera constituida por las disputas territoriales entre Estados Unidos, México y Francia.11 Y la segunda, por las diferentes instituciones encargadas del “desarrollo científico”: la Commission Scientifique du Mexique,12 creada por Napoleón III y su ministro Duruy (27 de febrero de 1864); la Comisión Científica, Artística y Literaria de México (creada sólo un mes después en la ciudad de México, teniendo como presidente al coronel e ingeniero francés Doutrelaine (1820-1881) y la Academia Imperial de Ciencias y Literatura, que funda Maximiliano el 10 de abril de 1865.

Estas tres instituciones eran el resultado de intereses particulares, de grupo y personales, que en ocasiones resultaron contrapuestos, sin embargo, científicos franceses y mexicanos pertenecían, de una u otra manera a todas ellas y circulaban entre una y otra con gran soltura. A pesar de que se ha hecho la historia de estas instituciones, muy pocos textos han abordado la cuestión de los instrumentos y las prácticas científicas.13
La Commission Scientifique du Mexique contaba con 4 comités: 1. Ciencias naturales y médicas, 2. Ciencias físicas y químicas, 3. Historia, lingüística y arqueología y 4. Economía política, estadística, trabajos públicos y cuestiones administrativas.14

Quiero hacer notar la división que se hizo entre geología, que pertenecía al comité de ciencias naturales y médicas, y la geografía, que empezó siendo puesta en el comité de ciencias físicas y químicas para después pasar, en algunos reportes y relatorías, a formar parte del comité de historia, lingüística y arqueología.15 Esta división entre geología y geografía nos habla también de un mapa conceptual, de una organización y clasificación de los saberes respecto a los objetivos y las prácticas asociadas.

Para la exploración geológica, los puntos a relevar eran: “1. Las formaciones sedimentarias, 2. los depósitos que se acumulan y se consolidan sobre los litorales de los mares tropicales, 3. las rocas eruptivas anteriores a la era actual, 4. las rocas eruptivas modernas o los volcanes, 5. los depósitos metalíferos y 6. un último punto de vista que reúne los precedentes y los coordina todos, que hace, en una palabra, de esos miembros aislados una ciencia homogénea: la estratigrafía general”.16 También se menciona la importancia de los datos mineralógicos. Y para cada una de estas áreas se formularon unas “Recomendaciones generales” que consistían en instrucciones precisas, consecuentes con las instrucciones dadas en la primera etapa de la intervención: 1. “Buscar y recopilar todos los datos que existen ya en el país, sea impresos o manuscritos, sobre todo aquellos que se refieren a la geografía, la topología, la geología y la mineralogía de México”.17

Podemos notar que hay un cierto traslape entre las instrucciones para la geología y la geografía. Urbain Dortet de l’Espigarié de Tessan (1804-1879), ingeniero geógrafo e integrante de l’Académie des Sciences, fue el encargado de redactar las instrucciones para los levantamientos geográficos. De Tessan nos pone al tanto de los instrumentos que se requerían y con los cuales, los oficiales que llevarían a cabo los reconocimientos militares, debían ser provistos:

“1º un reloj de segundos, 2º un pequeño teodolito portátil que pueda dar los ángulos, en altura y azimut, al minuto, 3º un barómetro aneroide de bolsillo, el cual es preferible por su portabilidad, sin embargo añade que sólo a condición de que los datos registrados con él sean lo más pronto posible comparados con un buen barómetro de mercurio estacionario, 4º que se reúnan esos datos con los croquis topográficos de las vistas desarrolladas en panorama, tomadas desde puntos elevados, abarcando todo el horizonte y acompañados de levantamientos realizados con la brújula, o mejor con el teodolito, hechos desde todos los objetos visibles remarcables”.18
Reconociendo que no todos los oficiales del Estado mayor tenían conocimientos astronómicos, De Tessan señala que sólo “un hombre especial” puede establecer las longitudes. Y esto forma parte de la división jerárquica de los saberes debido a las prácticas. Así entran en acción los corresponsales, ya que estos personajes tienen los conocimientos y la experiencia que deberán ser puestos al servicio del Imperio. En el decreto del 3 de noviembre de 1864, se nombran como miembros correspondientes de la Commission Scientifique du Mexique al ingeniero geógrafo e historiador Antonio García y Cubas (1832-1912); a Manuel Orozco y Berra (1816-1881), abogado, historiador y geógrafo; a Francisco Pimentel y Heras (1832-1893), a Joaquín García Icazbalceta (1825-1894), y a Gabino Barreda (1818-1881), entre otros. Tres meses antes, en el decreto del 10 de agosto de 1864, había sido nombrado José Fernando Ramírez (1804-1871), abogado e historiador que llegó a ser ministro de Relaciones Exteriores durante la intervención y que mencionamos porque varios de los mapas que veremos fueron dedicados a él.
La Commission Scientifique, entra desde mi perspectiva, en la categoría de corporaciones que llevan a cabo intercambios y operaciones en redes de larga distancia.19 El mismo De Tessan nos pone de manifiesto que, si para México Veracruz es el puerto más importante, el punto de contacto francés es Saint-Nazaire, en la costa oeste, a 50 kilómetros de Nantes y para enviar información, documentos y mapas “podemos utilizar los barcos trasatlánticos que dan un servicio regular entre esas dos ciudades”.20

En esta coordenada temporal (entre 1864-1866) y espacial (la red institucional trasatlántica), se le da un gran vitalidad a la actividad cartográfica. Los mapas son el espacio físico y simbólico que emerge de estas interacciones, la red es el territorio circundante, que posibilita y no sólo enmarca las prácticas.

Resultados de esta red geo-científica son la gran cantidad de mapas que, no sólo se hicieron, sino también se imprimieron y publicaron en ese periodo. Tenemos como ejemplos el “Nuevo mapa de los estados de Sonora, Chihuahua, Sinaloa, Durango y territorio de la Baja California. Formado por E. de Fleury, ex Oficial de Plana Mayor en el Ejército Francés, ex Coronel de Artillería e Ingeniero en Jefe del Estado de Sonora”. El mapa es interesante porque fue realizado desde el terreno, pero impreso en San Francisco California.21 (Véase Mapa 1, del Anexo)

Y podemos citar también el “Levantamiento barométrico del recorrido de oeste a este entre San Blas y Veracruz, con añadidos sobre la naturaleza geológica del territorio”.22 El autor es Edmond Guillemin Tarayre, geólogo que atravesó literalmente todo el país. (Mapa 2, Anexo)
La tercera coordenada: los mapas como terrenos de negociación científica
He seleccionado tres ejemplos cartográficos, que considero, nos posibilitan trazar algunas líneas generales respecto a los objetivos cognitivo-políticos y plantear algunas pistas sobre los intercambios y negociaciones para la producción de conocimiento sobre el territorio mexicano. Dado que no cuento con información sobre el proceso de fabricación de estos mapas dejaré de lado este aspecto, poniendo énfasis en sus características y contenidos, su utilización y puesta en circulación.

El primer ejemplo es “La carta general de la República Mexicana”,23 de Antonio García y Cubas, litografía publicada en 1863, (Mapa 3, Anexo) que nos permite pensar su faceta de científico colaborador con los intervencionistas, pero que desde el título del mapa tiene también un planteamiento político. En el escudo, emplazado en la parte superior central se puede apreciar el acta de Independencia de México.

Como ya lo había anticipado, el mapa está dedicado a José Fernando Ramírez. En los bordes superiores hay dos litografías, la del lado izquierdo es una pintura de Eugenio Landesio “Acueducto de la Hacienda de Matlala, Valle de Izúcar, Puebla”, litografiada por H. Iriarte y se consigna que es propiedad de su autor.

En el borde superior derecho, otra litografía también de H. Iriarte, quien dibujó el “Valle de México, tomado desde las lomas del Molino del Rey”.

Debajo de este cuadro hay una tabla que contiene el “Estado de la división, estensión (sic) y población de la República conforme a los últimos datos”. Los Estados consignados son 27, con sus extensiones en leguas mexicanas y el número de habitantes, así como sus capitales, latitud norte y la longitud.

En la parte intermedia del mapa encontramos una gráfica referente a la “comparación de las principales alturas de la República”. Debajo de esta imagen está el trazado de algunos puertos, tomados de diversos autores, principalmente extranjeros y hechos entre 1840 y 1860: Veracruz, Tampico, Tuxpan, Zihuatanejo, Guaymas, Mazatlán, Acapulco, Manzanillo, Huatulco, San Blas.

En la parte inferior izquierda está el “Plano de los caminos de México a Veracruz, con el trayecto del Ferrocarril, formación con sujeción a los trabajos de los ingenieros Talcott y Almazán, comisionados por la Empresa”. Al lado, los “derroteros de México a Veracruz por Jalapa y Orizaba” y finalmente una gráfica hidrográfica señalando los principales ríos y sus afluentes.

Este mapa también nos permite explorar los canales de producción y reproducción de estos materiales. A partir de este trabajo “y con permiso de su autor”, se publicó en El Heraldo, el martes 10 de marzo de 1863, el “Plano de los caminos de México a Veracruz. Apunte tomado de la Gran Carta General del señor García y Cubas”24, (Imagen 1, Anexo) quien ya vimos que se basó en los ingenieros encargados de trazar el paso del ferrocarril. Es bien sabida la importancia geo-política de esta ruta, pues Veracruz era el principal puerto de entrada. Encontramos en el archivo de la Mapoteca, varios mapas de este mismo itinerario de varias épocas, algunos franceses de 1846. Y del mismo ingeniero inglés, Andrew Talcott, pero de 1866, el “Plan and Section of the Imperial Mexican Railway, Vera Cruz to Mexico, with branch to Puebla” en colaboración con James Samuel. Con una doble escala, en millas inglesas y en leguas mexicanas.25
El otro ejemplo es la “Carta general de la República Mexicana”, transformada en dos puntos fundamentales en “Carta general del Imperio Mexicano”, de Orozco y Berra. (Mapas 5 y 6, Anexo).26

El primero lleva por título “Carta general de la República Mexicana. Formada y corregida con presencia de los últimos datos y el auxilio de las autoridades más competentes”.

Es una litografía impresa en 1862, por de Decaen, editor. “Esquina del Callejón del Espíritu Santo y Coliseo Viejo”. Es un año antes del mapa de García y Cubas, pero contienen muchos elementos en común:

Una tabla de distancias. El cuadro de Estados y territorios consigna que está hecho “según el cuadro sinóptico del señor Lerdo de Tejada, 1856”. Incluye la latitud septentrional y la longitud Este y Oeste del meridiano de México.

En la parte inferior izquierda tenemos el “Croquis de los caminos de México a Veracruz”.

Las comparaciones de los principales ríos de la República y de las principales montañas según su altura.

En la zona correspondiente al Golfo de México encontramos tres mapas pequeños de los puertos de Matamoros, Veracruz y Tampico. Así como la “Esplicación de los signos” usados. En la parte inferior derecha se consignan los perfiles del camino de México a Veracruz y de México a Acapulco.

El siguiente mapa es en realidad el mismo, salvo que la denominación de Imperio sustituyó al término de República en todos los lugares. Este mapa fue publicado en 1864.

La diferencia más visible a parte del título es que se sobre impuso al original un pedazo de papel, fino y semitransparente, con los nombres de los dueños de las líneas (de las diligencias) y la duración de esas concesiones. Y se trazaron sobre el mapa dichos itinerarios. (Imagen 2, Anexo).

El “tricolor nacional” da cuenta de las diligencias administradas por el Imperio, obviamente entre ellas se cuentan algunas de las más importantes: 1. aquella que se establece entre Veracruz y Puebla. 2. Otra entre la ciudad de México y Cuernavaca, 3. Entre Tehuacán y Oaxaca y 4. Entre Guadalajara y León, cubriendo de esta manera un espectro radial central hacia todos los puntos, exceptuando quizá el norte de México. (Imagen 3, Anexo).
El tercer y último caso que abordaremos es la “Carta etnográfica de México”27 (mapa 7, Anexo), de este mismo autor y que puede ser vista como una tesis o investigación en sí misma, dado el material que Orozco y Berra generó en su realización.28 (Imagen 4 y Mapa 8, Anexo).

Desde mi perspectiva este mapa es altamente relevante porque articula saberes: la antropología, la lingüística y la geografía.

Es un mapa en papel común impreso a color, sin fecha de impresión. Está desprovisto de todos los datos que contenían los mapas anteriormente expuestos, para enfatizar la división etnográfica.

También seleccioné estos trabajos cartográficos porque fueron mencionados en los trabajos publicados en los Archives de la Commission Scientifique. Tuvieron una lectura, fueron tomados en cuenta por los franceses y citados ulteriormente.
A manera de cierre
El trayecto que hemos realizado a través de las etapas de la intervención francesa, los mapas realizados por ambos bandos, la producción cartográfica de los mexicanos y su lectura y reinserción en el discurso científico por parte de los franceses nos lleva a pensar que hay momentos históricos específicos y críticos, en los que la ciencia, materializada en prácticas e instituciones, instrumentos y personajes, deviene el terreno para dirimir controversias, no sólo en el ámbito científico, sino también en el político.

Durante el periodo que hemos revisado, los mapas fueron también los instrumentos para pensar y construir la nación, la escala fue la integración nacional, así fuera bajo un régimen imperial y se dio mediante la convergencia de los objetivos científicos. El horizonte cognitivo de los cartógrafos mexicanos era la permanencia, la estabilidad de su trabajo.

Y como quedó de manifiesto, los mapas son una empresa colectiva que condensan datos importantes de autores muy diversos. A pesar de llevar una firma y dedicatoria, los datos eran extraídos de fuentes múltiples y en ocasiones el rastro de las autorías se va borrando.

En otra línea de argumentación, podemos aludir al valor heurístico de la historia de la ciencia, porque estudiar los instrumentos, las prácticas y las redes científicas, puede arrojarnos luz para repensar la historia política y social, en este caso de México en el siglo XIX.

Fuentes

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1 Agradezco las discusiones sugerentes y críticas provocadas por Carlos López Beltrán y Luz Fernanda Azuela. Así como los materiales y pistas proporcionados por Alberto Soberanis y Angel Mirelles y muy particularmente la amable atención de Carlos Vidali, director de la Mapoteca Manuel Orozco y Berra (MMOyB)

2 Como lo señala Soberanis, la geografía botánica vinculó estos dos campos y los viajeros seguían un doble objetivo, recopilar muestras y ejemplares, pero también saber la ubicación y las condiciones de vida de las plantas, para intentar reproducir esas condiciones al ser transportados y transplantados. Véase Soberanis, Alberto, “Geografía y botánica: el paisaje mexicano visto por los viajeros franceses de la Commission Scientifique du Mexique (1864-1867)”, en Tortolero Villaseñor, Alejandro (coord.), Tierra, agua y bosques: Historia y medio ambiente en el México Central, México: Centro Francés de Estudios Mexicanos y Centroamericanos/Instituto Mora/Universidad de Guadalajara/Potrerillos Editores, 1996.

3 Livingstone, David N., “The spaces of knowledge: contributions towards a historical geography of science”, Environment and Planning D: Society and Space, Vol. 13 (1) 1995, p. 5.

4 Puyo, Jean-Yves, “The French Military Confront Mexico’s Geography: the Expedition of 1862-67”, Journal of Latin American Geography, volume 9, number 2, 2010, p. 140

5 Maldonado Koerdell, Manuel, “La obra de la Commission Scientifique du Mexique, 1864-1869” en Arnáiz y Freg, Arturo y Claude Bataillon (eds.) La intervención francesa y el Imperio de Maximiliano cien años después, 1862-1962, México: Asociación Mexicana de Historiadores e Instituto Francés de América Latina, 1965, p. 165-166.

6 Niox, M. “Notice sur la Carte du Mexique au 1/3,000,000”, Extrait du Bulletin de la Société de Géographie, Paris, 1873, p. 5. Este documento, proporcionado por el personal de la Mapoteca Manuel Orozco y Berra, requeriría de un análisis en sí mismo.

7 Puyo nos narra que incluso en ese momento y por primera vez en la historia, los franceses crearon una contra-guerrilla, dirigida por el comandante Du Pin “quien era famoso no sólo por sus resultados, sino también por sus sangrientos excesos”. (Puyo, Op. Cit., p. 142)

8 Broc, Numa, “Les grandes missions scientifiques françaises au XIXe siècle (Morée, Algérie, Mexique) et leurs travaux géographiques”, Revue d’histoire des sciences, 1981, Tome 34 no. 3-4, p. 347.

9 La sociedad de geografía y estadística de México, había sido fundada en 1833 y a pesar de los vaivenes de la política trabajaba con cierta regularidad y producía una gran cantidad de materiales.

10 Duruy en una carta a Napoleón III, citada por Maldonado Koerdell, Op. Cit., p. 169.

11 La intervención francesa pudo llevarse a cabo, debido al descuido de los intereses geo-políticos en México de Estados Unidos, ya que estaba envuelto en resolver su guerra civil o de secesión (1861-1865).

12 Para conocer la composición y objetivos de la Commission véase Soberanis, Alberto. “La ciencia marcha bajo la égida de la guerra. Las relaciones científicas franco-mexicanas durante el Imperio de Maximiliano (1864-1867)”, Revista de la Universidad de Guadalajara, México, enero-febrero, 1995, pp. 50-60. y Prévost Urkidi, Nadia, “Las actividades científicas durante el Segundo Imperio en México, vistas a través de la Sociedad Mexicana de Geografía y Estadística”, en Galeana, Patricia (coord.) Encuentro de liberalismos, México: UNAM, 2004, pp. 502-533.

13 En este sentido, la tesis de Azuela es un trabajo que analiza los intereses que guiaron las prácticas de ambos lados del Atlántico. Véase Azuela Bernal, Luz Fernanda, “Institucionalización de las Ciencias de la Tierra en México a finales del siglo XIX”, Tesis de doctorado, México: FFyL-UNAM, 2002.

14 Sólo a manera de contraste, señalo aquí que la Comisión Científico, Literaria y Artística de México estaba dividida en 10 secciones: 1. Zoología y botánica, 2. Geología y mineralogía, 3. Física y química, 4. Matemáticas y mecánica, 5. Astronomía, física del globo, geografía, hidrología y meteorología, 6. Medicina, cirugía e higiene, medicina veterinaria, estadística médica, materia médica y antropología, 7. Estadística general, agricultura, industria y comercio, 8. Historia y literatura, 9. Etnología, lingüística y arqueología y 10. Bellas artes, pintura, escultura, arquitectura, grabado y música.

15 Al respecto ver el cap. 1 de la tesis de Azuela, Op. Cit. donde explicita los múltiples factores que intervienen en la configuración de las llamadas ciencias de la tierra, el proceso de diferenciación en ciertos momentos históricos y sus diversas articulaciones.

16 Archives de la Commission Scientifique du Mexique, publiées sous les auspices du Ministère de l’Instruction Publique, Tome Premier, Paris: Imprimerie Impériale, 1865, p. 37-42

17 Ibid, p. 44.

18 Ibid, p. 74

19 Harris, Steven J., “Long-Distance Corporations, Big Sciences, and the Geography of Knowledge”, Configurations, 6.2, 1998, pp. 269-304.

20 Archives de la Commission Scientifique du Mexique, publiées sous les ausipices du Ministère de l’Instruction Publique, Tome Premier, Paris: Imprimerie Impériale, 1865, p. 75.

21 MMOyB, Colección Orozco y Berra, Varilla: Parciales01, No. Clasificador: 1-OYB-7275-246. Año: 1864.

22 MMOyB, Colección Orozco y Berra, Varilla: Parciales01, No. Clasificador: 1-OYB-7275-A. Año: 1865-1866

23 MMOyB, Colección Orozco y Berra, Varilla: OYBRM02, No. Clasificador: 1021-OYB72. Año: 1863.

24 MMOyB, Colección Orozco y Berra, Varilla: Parciales01, No. Clasificador: 2077. El Heraldo, Num. 2. 192, Año X, 1863.

25 MMOyB, Colección Orozco y Berra, Varilla: OYBRM01, No. Clasificador: 1018-OYB-0-A. 1866.

26 MMOyB, Colección Orozco y Berra, Varilla: OYBRM02, No. Clasificador: 1020-OYB-7216. Año: 1862 y Varilla: OYBRM02, No. Clasificador: 1020A-OYB-7216. Año: 1864.

27 MMOyB, Colección Orozco y Berra, Varilla: OYBRM01, No. Clasificador: 1018-OYB-0-A. Sin fecha.

28 MMOyB, Colección Orozco y Berra, Varilla: OYBRM01, No. Clasificador: 1018-OYB-0-B, C, D. Sin fecha


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