Mi andar por la vida no ha sido del todo fácil, de hecho sé que para nadie lo es pero en mi caso particular es –creo yo- doblemente difícil




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Siempre seré tu padre
Por: Dania Carbajal

¿Acaso yo tengo la culpa de todo esto?, ¿pedí ser así?.
Mi andar por la vida no ha sido del todo fácil, de hecho sé que para nadie lo es pero en mi caso particular es –creo yo- doblemente difícil.
Soy Travesti y te contaré mi historia… escúchala por favor


Capítulo 1

Cosas de Niñas

Nací un 8 de Febrero, soy de signo acuario… recuerdo que llegué a vivir con mis padres a la ciudad, mi papa tenía muchos negocios fuera y siempre teníamos que mudarnos de casa, parecía que esa era la buena. Él, un hombre recio, de firmes convicciones machistas e ideas un poco anticuadas… mi madre, ama de casa noble, de carácter calmado, centrada… aunque un poco dependiente de mi padre. Y yo, un niño de 7 años delgado, de baja estatura aún y tímido.
Siempre regañado por mi papá, recuerdo que era tan estricto conmigo que nunca (o casi nunca) me demostraba cariño en su manera de hablarme o de dirigirse a mí, ya que era escasa la comunicación entre los dos, generalmente la intermediaria era mi madre para comunicarnos.
Muchas veces yo me preguntaba la razón de mi gusto por la ropa femenina y me remontaba a ese día en el que mi tía Leonor fue a comer a la casa. Teníamos poco tiempo de habernos cambiado y mi madre organizó una comida pues mi tía estaba muy contenta de que nos habíamos cambiado a vivir muy cerca de ella. Siempre fue una persona muy amable y divertida mi tía, siempre positiva, su sonrisa contrastaba con la de mi tío Germán… un militar retirado de muy mal carácter. Tenían una hija, Lucía.
Me contaba mi mamá que Lucía y yo habíamos pasado mucho tiempo de nuestra infancia juntos pues casi éramos de la misma edad y de bebés jugábamos mucho, pero ya tenía como 4 años sin vernos.
Sinceramente no tenía muchos recuerdos de ella, la corta edad no me lo permitía. Así que ese domingo se presentaron mis parientes en la casa muy puntuales. Después de los saludos mi mama me llamo y me dijo: “¿Mira, te acuerdas de Lucia, tu primita?”
Me dio gusto volver a verla y me quede pasmado por su belleza, era una niña muy femenina, mucho mas que muchas niñas que conocía pues Lucía estaba educada muy tradicionalmente y usaba vestidos muy lindos. Como pocas madres seguían vistiendo a sus hijas…
Después de la comida me subí a mi cuarto con Lucía para enseñarle mis juguetes, nunca fui un niño muy deportista en la escuela así que me refugiaba en mis juguetes y me encantaba pintar y dibujar, cosa que enojaba aun mas a mi padre que quería hacerme deportista a toda costa y veía a las artes como cosas de “maricones”.
Subimos y estando en mi cuarto me fije en una cosa: Lucía traía una bolsa… después de enseñarle algunas cosas mías ella puso la bolsa sobre la cama y sacó muchas cosas. Entre ellas un pequeño osito de peluche blanco con un moño rosa en la cabeza. Cuando lo vi fue un… no lo se, fue algo mágico para mí… ella lo tomo con una delicadeza excepcional y se lo llevo a la altura del pecho. Se veía muy bonita abrazándolo y en ese momento tuve una sensación de querer estar en su lugar… todo lo veía tan dulce, su imagen tan tierna, que sin querer una sonrisa enorme llenó mi rostro.
Ella se dio cuenta de eso y me dijo: “Mira, te enseño mi osito” , y me lo dio…
En el momento en que lo tomé me encantó… tan suave, tan bonito… una sensación nunca antes vivida pero dentro de mi anhelada… y simplemente lo abracé.
Mientras Lucía sacaba todas sus cosas (llaveritos, muñequitos y demás) y me explicaba como jugaba y le encantaban sus cosas yo tenía al oso y una sensación muy bonita. A ella le daba risa pero no en un tono de burla, más bien de ternura…
Le dije a mi prima que me gustaban mucho sus cosas y ella me respondió que en su casa tenía muchas mas cosas y que le gustaba tener un primo que no se burlara de ella.
-¿sabes primo?, nunca había visto a un niño que le gustaran mis cosas, muchos son muy groseros y me dicen niña tonta y esas cosas… - me comentó.

- te ves muy bonita con tu vestido prima – le dije.
En eso vi que entre los abrigos de mis tíos estaba el sweter de mi prima, era de color rosa y con dibujitos de flores en color blanco, muy lindo. Y con la inocencia propia de un niño de mi edad le pregunté si me lo podría poner. Ella accedió de buena gana y me lo puse. Tome el osito y lo primero que hice fue verme en el espejo del cuarto de mi mamá. Me gustó lo que ví. Solo eso puedo decir, que me gustó verme…
Sólo que no contaba con que mi mamá entraría en esos momentos… cuando me vio me gritó por mi nombre y me dijo: “¿Qué estas haciendo con eso puesto?”
- Mira mamá, me lo prestó Laurita, ¿a poco no está bonito su osito?- le dije
Sólo recuerdo que me dio una nalgada y me dijo que eso no se hacía, que esas eran cosas de niñas y que si mi papá me veía me iba a ir muy mal… que no lo volviera a hacer. Yo me puse rojo de la pena pues me lo dijo enfrente de Laura y además veía que ella se sintió mal al ser parte culpable de mi regaño.
Y esa fue la primera vez que tuve un acercamiento con mi lado femenino… y desde el comienzo supe que algo en mi no era común…

Capítulo 2

Creciendo

Desde aquel incidente pequeño (aunque de gran importancia para mi) había seguido mis actividades normales. Mi vida seguía con la misma tónica de siempre. Aunque por las noches… estando acostado en mi cama me ponía a pensar fervientemente en aquello, en el sweter y el osito de mi prima… pensaba mucho en ello pues quería, cuando durmiera, soñar que me lo ponía de nuevo.
Podría pensarse que mi madre me maltrataba y que estaba completamente solo pero no, ella me quería mucho y su amor era correspondido por mi. Yo la adoraba pues era mi apoyo y el ser mas querido.
Yo estudiaba la primaria y aunque era un chico de pocos amigos, los que tenía les guardaba un gran aprecio, era lo mismo amigo de niños que de niñas, aunque con los niños no convivía mucho pues por naturaleza yo no tenía mucha agilidad y habilidad en los deportes, por lo cual prefería quedarme sentado en los recesos a mirarlos como jugaban. La exigencia de mi padre me había vuelto un chico tímido e inseguro, demasiado, diría yo. Y había hecho en mi a un niño estudioso desde pequeño, nunca saque malas calificaciones y a pesar de eso, me exigía más y más… supongo que al ser el único hijo tenía la firme idea de educarme bien para hacer de mí un hombre de provecho y del que él se sintiera orgulloso.
Destaque desde el principio en el ámbito de las artes, más que nada en la pintura que me gustaba mucho y un poco en las artes escénicas pues por extraño que parezca, mi timidez la dejaba de lado cuando se trataba de participar en algún festival escolar. Nunca me rehusaba a salir en ellos.
Mi vida era rutinaria, casi nunca salía a algún lado con mis compañeros de la escuela, me la pasaba pintando en mi cuarto aún cuando a mi padre le disgustaba eso y había veces que me obligaba a sentarme en la sala para ver la lucha libre con él pues era su deporte favorito… eso y el futbol, obviamente. No me molestaba verlo en la televisión pero mi padre estaba reacio a hacer de mí un futbolista profesional.
Un día me quedé solo en mi casa pues mis padres habían sido invitados a una comida por parte de el trabajo de mi padre. Cuando supe que me quedaría solo un rato una idea comenzó a rondar por mi mente… acercarme al ropero de mi madre.
Encontrándome solo, no resiste muchos minutos para subir a su recámara y abrir su ropero… tenía su ropa enfrente de mi y yo sentía como si hubiera descubierto un verdadero tesoro. Abrí un cajón y ví un camisón de dormir que ya tenía mucho que no usaba. Era muy lindo, blanco y de encaje… largo y con un moño en el pecho… me lo puse.
Me encantó, asi de sencillo… caminé como si nunca lo hubiera hecho… temblaba de la misma emoción, del gusto… me miraba en el espejo y me gustaba como la tela y la forma del camisón me quedaban tan bien… mi mamá era bajita y yo ya había empezado a crecer, casi estábamos de la misma estatura, y como me seguía manteniendo muy delgado me quedó perfecto. Pero el temor a que llegaran y me descubrieran me hizo quitármelo minutos después y guardarlo exactamente como estaba en su lugar.
Pasaba el tiempo y no podía evitarlo… me gustaba la ropa de mujer.
En los recesos de mi escuela veía la manera de actuar de las niñas, su uniforme tan cuidado, tan especial… su tranquilidad y belleza. Me encantaba ver los peinados que llevaban a la escuela pues algunas se hacían simples coletas en la cabeza pero otras listones o moños… me imaginaba que algún día yo podría llegar a la escuela así.
Pero mi familia era muy tradicionalista, de vez en cuando pasaban en la televisión alguna noticia o programa relacionado con homosexuales y ellos se expresaban de una manera muy drástica: “¡Mira que basura Sara!”, le decía mi padre a mi mamá. Y a pesar de que ella era una persona muy inteligente y valiente siempre pensó en ese aspecto igual que él.
A veces pasaba que en pláticas familiares salía entre ellos el tema de alguna persona conocida que resultaba ser “joto” o algo relacionado con ello y sus reproches no se hacían esperar.


  • Pobre muchacho… debe de estar muy mal, ¡y su familia!, imagínate que desgracia que tu hijo te diga eso…- decía mi madre.

  • Depravados, todos son unos depravados, por eso el mundo está como está – comentaba mi padre.


El escuchar eso me confundía mas y mas… pensaba que mi gusto era algo anormal y que posiblemente estuviera enfermo… o peor aún… que fuera un pecador… y que hasta mi Dios me rechazaría…

Capítulo 3

Conozco a mi niña interior


Seguía debatiendo y reprochándome internamente por lo que hacía… hasta que un verano volví a tener noticias de Laura, habíamos dejado de vernos pues mi tío la había mandado a estudiar fuera del país por un tiempo, así que esporádicamente veía sólo a mis tíos.
Resulta que ellos tenían algunos problemas maritales y mi madre le había propuesto a su hermana irse a vivir un tiempo a la casa en lo que se arreglaba o se calmaban un poco los ánimos. Pero como nuestra no era grande no teníamos alguna recámara para huéspedes por lo cual me aviso mi mama que tendría que compartir mi cuarto con Lucía por unas semanas mientras mi tía se quedaba con ella en la otra recámara. Aprovecharíamos que mi padre estaba de viaje, como casi siempre.
Y así se hizo, yo no sabía que sentía pues sólo me imaginaba en tener la ropa ahí al alcance día con día.
No llevó gran cantidad de ropa mi prima pues sólo sería algunos días pero la suficiente como para que yo volviera a soñar con eso. Cada quien tenia sus propios cajones pero en las noches me quedaba viendo los vestidos que había llevado junto a mis camisas y pantalones…
Era una lucha interna enorme, sabía que estaba mal eso… que yo era niño y que esas cosas no eran para mí… que era un pecado…
Un día paso lo inevitable, me quede solo en casa de nuevo…
Pero ya no era suficiente la idea de ponerme un sweter o unas medias como las de mi madre, deseaba verme en el espejo totalmente vestido… y era en ese momento o nunca, tenía la oportunidad a mi alcance, como nunca antes.
Lo hice, me vestí con ropa interior de mi prima, calcetas y el vestido más bonito que encontré… hasta me puse en la cabeza una diadema y tomé una muñeca que estaba entre sus cosas.
Corrí al espejo… cuando me vi ya me fue imposible seguir haciéndome el fuerte… lloré.
Lloré y ni siquiera disfrute el momento, era mágico, esperaba ese día desde hace mucho tiempo y ahora que lo lograba… me ponía a llorar. Con un sentimiento tal que no paraba… las lágrimas salían y salían…
-¿porqué hago esto?- me cuestionaba…


  • si soy un chico, ¿Por qué me gusta ponerme esto?... ¿Quién eres tu?... – le pregunte al espejo…


Me miraba de arriba abajo, caminaba, me sentaba… disfrutaba cada segundo aún a pesar de mi confusión…
Nunca se dio cuenta Laura de que esa vez me puse su ropa, ni de las otras… pues yo seguía con lo mismo, a veces sólo era una blusa o una falda, pero siempre que me quedaba solo acababa poniéndome algo de su ropa. Había ya olvidado la de mi madre pues aparte de que alguna no me quedaba, me llamaba mucho más la atención la ropa de niña que de una mujer adulta… además llegaba a considerar una falta de respeto el tomarle la ropa a escondidas… era mi madre y sentía que esa ropa era sagrada.
Un mes después mi tía y su hija se despidieron de nosotros… ya se había arreglado todo y volverían a vivir a su casa.
Se había acabado todo para mi.
Pero no olvidaba a ella, a mi niña interna. Yo seguí con mi vida normal, siempre escuchando comentarios de mi familia acerca de la desgracia que sería conocer o tener a algún amigo gay.

Capítulo 4

Llega la Adolescencia


Así pasé mi vida, siempre escondiendo mis gustos, era un secreto infranqueable al que nadie tenía acceso, nadie sabía lo que yo ocultaba. Sabía que así estaba bien, pues si se llegaran a enterar me regañarían como nunca y más que eso pensaba en mi madre… en la decepción que se llevaría de que su orgullo, su único hijo le saliera con que le gustaba usar medias y vestidos.
Era lo peor que podía hacerle, así que por eso decidí guardarlo como mi preciado secreto. Ya estando en la secundaria las cosas van cambiando… y las compañeras creciendo y desarrollándose.
Como normalmente pasa empezaban a surgir parejitas de novios en el salón y los niños ya dejaban de pensar solo en jugar y los sentimientos hacia el sexo opuesto se hacían cada vez mas presentes en todos… en mí también.
Ya que mi prima había regresado con sus papás y estudiaba en la ciudad a veces los íbamos a visitar… al no tener hermanas y haberme jurado a mi mismo no volver a tocar la ropa de mi madre, no tenía muchas opciones para vestirme, así que me resignaba a, de vez en cuando, cuando las visitábamos, entrar al baño y del cesto de la ropa sucia tomaba algo de ropa de Lucía. Siempre encontraba algo nuevo que ponerme, no me importaba que estuviera un poco sucia o que sólo tuviera escasos minutos para vestirme. Era complicado y muy austero el hacerlo pues sólo me lo ponía, me veía al espejo y me lo quitaba… dependiendo de la ropa era el tiempo que me tomaba. Una vez recuerdo que vi su uniforme escolar… wow, siempre quise usar uno, pero como era un poco complicado hasta ruidos tenía que hacer para que no sospecharan de mi tardanza en el baño… era un trabajo muy meticuloso, cuidaba hasta el más mínimo detalle, la manera en la que estaba puesto en el cesto, si estaba al revés o no, y por supuesto nunca ensuciarla o dejar algún rastro de que la había usado.
Así me pasaba la vida… vistiéndome a escondidas, arrepintiéndome de haberlo hecho ya vestido de niño de nuevo… castigándome a mi mismo por hacerlo y jurando una y otra vez dejar de hacerlo. Pues tenía un gran temor: ser gay.
Siempre temí que mágicamente me enamoraría de algún chico pues mis papás estaban convencidos de que todo aquel que hiciera algo fuera de lo establecido por la sociedad era malo y perverso. Y al saber que me gustaba la ropa de mujer me hacía dudar a mi mismo de mis preferencias sexuales, creía que así como me gustaba la ropa algún día iba a convertirme en un homosexual o que quizás de tanto vestirme algún día tendría el deseo de operarme y ser mujer… vivía en un miedo constante, me sentía solo y lo peor… yo sólo me hacía daño.
Siempre platique con Dios, él era el único que me conocía por completo y era testigo de mis actos… yo me avergonzaba y le pedía perdón, al mismo tiempo que le rogaba me “curara” para hacerme un niño normal.
Ya cursando el último año de la secundaria pasa algo que me cambia mis perspectivas de la vida de forma radical…
Entra a la escuela una compañera llamada Rocío. Nunca me imagine, ni siquiera contemplaba cómo sería el momento, en el que me enamoraría de alguien. Desde que la vi sentarse a algunas bancas de distancia de mí en el salón supe que me atraía. No era una chica muy bonita físicamente, pero algo tenía que me fascinaba como ninguna otra, de hecho mis compañeros siempre babeaban con chicas de años mas adelantados muy bonitas o voluptuosas, yo nunca me fije en ellas y en algunas compañeras tenía cierta amistad.
Siempre pensaba en ella y la admiraba en silencio, era inteligente, pero a la vez astuta, valiente y con una fuerza poco usual… muy educada y de buen gusto al vestir, desde el primer momento sentí que me había atrapado.
A pesar de mi edad ya no tan corta yo no sabía nada acerca de chicas y enamoramientos, nunca me había interesado alguna y ahora Rocío me hacia despertar a ese mundo.
Yo estaba a la vez triste de que mi timidez y mi escaso valor no me dejaban ni acercarme a ella… tenía pavor a hablarle pero aún así me puse muy feliz… ¡eso comprobaba que no era homosexual!, ya era algo… que me daba tranquilidad a mi mismo pues sabía que no era entonces tan malo como pensaban mis padres.
Pero aun así, aun con saberme atraído por una chica no dejaba de vestirme a escondidas… ¿Qué era entonces lo que tenía?... después de todo seguía estando enfermo y depravado…
Como era de esperarse el tiempo pasaba y yo seguía metido en mi esfera personal y nunca le hablaba a Rocío. Apenas con el paso del tiempo cruzaba algún saludo con ella y alguna vez me regreso un saludo con una sonrisa… cosa que me volvía loco, su feminidad brillaba como un sol cuando la veía sonreir…

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