El lenguaje cotidiano como dato empirico y la teorizacion como investigacion cientifica en psicologia social




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fecha de publicación19.01.2016
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EL LENGUAJE COTIDIANO COMO DATO EMPIRICO Y LA TEORIZACION COMO INVESTIGACION CIENTIFICA EN PSICOLOGIA SOCIAL


Dr. Pablo Fernández Christlieb.

Admitir hablar de datos empíricos y de investigación científica, como manera válida de decir las cosas, es una concesión a la psicología social standard, a cambio de la cual el presente trabajo pretende argumentar que el lenguaje cotidiano, el que usa la gente no especializada, que no es lenguaje técnico o matemático o científico, el que está al uso en las calles, funciona como dato empíricamente verificable de la realidad y se sostiene mediante la investigación teórica.
Por lo general, los psicólogos sociales tienen sus datos en la forma de números: mediante técnicas de experimentación, observación controlada, sondeos y participación, extraen tasas de respuesta, porcentajes de conducta y frecuencias de comportamiento vaciados en tablas o gráficas, con todo lo cual comprueban que lo que estaban investigando existe fehacientemente en la realidad. Un dato (datus, pl. data) es lo dado (datum). Kant dice que un dato es la presencia del objeto a la intuición sensible, de modo que este no es la realidad, porque la realidad siempre queda un poco más allá, pero se le parece mucho, porque es lo primero y lo último que se puede saber de ella, de suerte que el dato es el concepto de “realidad”, como dice ¿? (citados por Abbagnano, 1961) (Cfr. Apéndice #1). El dato es el punto de partida y de llegada hacia la realidad y sirve para comprobarle a un colega que lo que se afirma es cierto. De este modo, los datos constituyen los límites del conocimiento y lo empírico, en la ciencia se refieren al ultimo dato dado; es decir, a aquél después del cual ya no hay ningún otro y, por lo tanto, es lo más cercano que se tiene a la realidad, de manera que funciona como explicación, porque se trata de lo incontestable, frente a lo cual ya no hay nada que decir, excepto que sí.
Tomando una definición de compromiso, se puede decir que la psicología es la ciencia que pretende averiguar qué y cuáles son los pensamientos y los sentimientos de la gente, y cómo, cuando, donde y porqué se producen. Las psicologías sociales, entretanto, son aquellas formas de la psicología que asumen que tales pensamientos y sentimientos son creados por la interacción, bastando con definir a la interacción como el hecho de que existen relaciones entre la gente, de cualesquiera modos que se quiera; estas relaciones, la interacción, es la realidad psicológica fundamental: el pensamiento y el sentimiento son entidades interactivas.
Para aseverar que la realidad psicológica fundamental es la interacción, hacen falta datos, y todo dato de un objeto se refiere siempre al objeto mismo, es decir, proviene del y remite al objeto, con el fin de dar cuenta de que el objeto existe en realidad y que además existe de la manera que los datos lo dicen: así, por ejemplo, se puede decir H2O para decir agua. Todo dato es tautológico, autoreferencial: es un boomerang. Así las cosas, los pensamientos y sentimientos de la gente producen sus propios datos con los que pueden referirse a su realidad, conocerla y reproducirla; estos datos son el lenguaje, el lenguaje cotidiano, que es el producto de la interacción y, a la vez, es el elemento con que se produce la interacción. Por lo tanto, el primer y ultimo dato, el más ultimado, es lo que se acerca más a la realidad de la interacción de los pensamientos y sentimientos de la gente (Cfr. Apéndice #2). De este modo, aquello que pueda ser dicho en lenguaje cotidiano, existe en la realidad humana: ahí esta el elemento más cercano al pensamiento y sentimiento de la gente.
El lenguaje cotidiano, y de hecho todo lenguaje, musical, matemático, etc., es metafórico (Cfr. Vgr. Lakoff y Johnson, 1980), esto es, habla de otra cosa, y más concretamente, enuncia las escenas con las que se originó dicho lenguaje; por ejemplo, la frase “me caes mal” es una metáfora que describe la escena de un cuerpo precipitándose pesadamente sobre otro, con lo cual puede uno acercarse a la realidad corpóreo-fáctica del sentimiento referido, de donde se puede entender porque los que nos caen mal son unos “pesados”. Puede advertirse, de paso, que dicha escena es una interacción. Asimismo, las etimologías, o sea, el significado originario de las palabras, son metáforas condensadas, sintéticas, que de ser escenificadas con la imaginación, dan cuenta del pensamiento y el sentimiento que las creó. Por ejemplo, etimológicamente, la psicología es el discurso sobre el alma o la psique, o el espíritu; estos vocablos, con que se alude al conjunto de pensamientos y sentimientos, significan etimológicamente “aire” o “viento”, es decir, un elemento que pulula por fuera de los individuos, entre la gente, de modo que originariamente es ahí, en la atmósfera, donde se sitúa el lugar de gestación de los pensamientos y los sentimientos, y es donde radican las ondas sonoras de las palabras del lenguaje, con lo que resulta que los pensamientos y los sentimientos que estudia la psicología se producen en medio de la gente, entre ella, en sus interacciones; en efecto, el término “psicología” hace referencia a una interacción como el órgano de producción de la realidad psíquica. Esto es un dato. Todavía, actualmente, en el lenguaje cotidiano, se menciona esta realidad por su nombre cuando se habla con toda verosimilitud de “aires” de fiesta, “clima” político, “ambiente” de discordia: terminología pneumática, realidad paráclita. En efecto, en el lenguaje cotidiano están guardados el pensamiento y el sentimiento sociales, junto con las transformaciones de su historia. Al hablar de pensamientos y sentimientos sociales, se esta evidentemente considerando por igual a las realidades individuales, incluso íntimas, que serían también obras de la interacción. Puede argumentarse que lo psíquico individual está constituido con la misma sustancia de la psique colectiva; puesto en escena, ello se representaría como aire respirado por los individuos, lo cual, efectivamente, puede advertirse en el lenguaje cotidiano; por ejemplo, “estar inspirado”, que es cuando uno tiene brillantes ideas y una disposición de ánimo inmejorable, significa etimológicamente “tomar aire”, lo mismo que estar “alentado”, y de ahí una serie de derivaciones como “desaliento”, “aspiraciones”, etc., hasta que finalmente, cuando uno deja de pensar y de sentir, de tener psique, que es cuando se muere, se dice que se “expira”.
En este contexto, una teoría viene a ser una elección de datos: la estipulación de aquellos elementos de la realidad que funcionan como sus referentes ultimados (Cfr. Apéndice #3). Para la mayoría de las psicologías, sociales e individuales, el lenguaje cotidiano no es un dato, no es, casi, ninguna realidad, sino solamente un instrumento muy ruidoso de transmisión de poca información, por lo que mejor obtienen sus datos de la medición cuantitativa de las conductas de efectos físicos observables mediante técnicas o aparatos diseñados para tal fin. Para la psicología colectiva, en cambio, el lenguaje cotidiano es, por una parte, la expresión directa, sin mediaciones, del sinfín de interacciones, mínimas y máximas, que se van ocurriendo, sucediendo, acumulando, interconectando y trastocando a lo largo de la historia de una colectividad, y por la otra parte, dicha expresión directa se va reimprimiendo, reinvirtiendo, en cada interacción subsiguiente; es decir, el lenguaje cotidiano es al mismo tiempo la obra y la materia prima de la interminable interacción que constituye la realidad psíquica colectiva, social e individual. El lenguaje es la síntesis de la conciencia colectiva, y sus faltas y sus silencios son la síntesis del inconsciente colectivo. Por lo anterior, no puede haber dato mas estrechamente vinculado con el objeto de estudio; el lenguaje cotidiano ha construido al objeto en la medida en que ha sido construido por él: es casi el mismo.
Por lo tanto, el grado de racionalidad con respecto al objeto, el grado de referencia con respecto a la realidad, es grande, y en todo caso es mayor que el de cualquier lenguaje técnico o también del dato artificial que pretenda acercarse al objeto (Cfr. Apéndice #4). En tanto dato, el lenguaje cotidiano es sumamente objetivo, muy empíricamente verificable, toda vez que es genuinamente datum, algo dado, algo que esta ahí, todo el tiempo, espontáneo, disponible para cualquier usuario; no es algo que se pueda ir a buscar, aunque en efecto, se tenga que ir a encontrar, toda vez que no puede obtenerse con una mayor o menor técnica de recopilación de información, porque es un lenguaje que no pertenece a los individuos, de la misma manera que la interacción no pertenece a los individuos, sino que los individuos pertenecen a la interacción y, en este sentido, no es intencional, no es consciente, no es deliberado y cuando trata de serlo se cancela, porque muestra sobre todo la extrañeza de su construcción. Por cierto, es interesante notar que los individuos no pueden reproducir el lenguaje cotidiano en condiciones artificiales, forzadas, por encargo y a solicitud del psicólogo, sino sólo cuando el contexto lo demanda, porque es el contexto el que lo produce; cuando las personas están conscientes y atentas de lo que están diciendo, por ejemplo, frente a un desconocido que los entrevista y registra sus respuestas, tienden a utilizar una terminología de domingo, que suene más precisa o más educada, con lo cual la cotidianeidad del lenguaje se pierde. El lenguaje cotidiano se pronuncia sin querer, puede argumentarse que, mientras a través del mismo se representa la conciencia social, es inconsciente individualmente. En efecto, los individuos no saben porque dicen lo que dicen, verbo y gracia “levantarse en armas”, “el año que entra”, “le dio calabazas”, “carne de cañón”, sino solo saben que así “se” dice, y pueden entender frases que en sí no tienen sentido. Aquí aparece otra vez la objetividad del lenguaje (objetivo es aquello que está acordado públicamente), en tanto que no es lenguaje de nadie, que no es ningún individuo el que lo dice, porque si él fuera, no diría tales cripticismos, sino que así es como “se” dice, “se” hace, “se” entiende; en efecto, el lenguaje cotidiano es impersonal, expresado en el pronombre reflexivo “se” que se utiliza cuando uno se viste o se peina a sí mismo; cuando algo así se dice, si se busca quien es el obligado sujeto que lo dice, se encuentra que se lo dice a sí mismo, o sea, el lenguaje cotidiano dice las cosas para sí mismo, y solo él se entiende, sin que el individuo que lo pronunció lo intelija cabalmente; sólo sabe que así se dice (Apel, 1973). En la misma lógica, el que así “se” habla es “uno”, como en la frase “uno nunca sabe”: uno es cualquiera, todo el mundo, la realidad psicosocial, la interacción, que es, finalmente, la que habla; entonces, el lenguaje cotidiano vale como dato de realidad para todos, es acatable por todos y resulta pues lo más objetivo que la gente tiene; es la garantía de realidad, de pertenencia a un mundo.
Así las cosas, la verificación de la realidad empírica no descansa en la fabricación de instrumentos de recopilación de datos, ni en la traducción de lo observable al dato técnico, sino en la capacidad de pensar críticamente la realidad con lenguaje cotidiano, en la inteligencia de que lo que es susceptible de pensarse en estos términos existe efectivamente en la realidad, por lo que el análisis de cualquier evento o fenómeno de la dimensión psíquica cuenta ya, por el sólo hecho de ser discurrido, con los recursos objetivos empíricamente verificables para su desarrollo; por esta razón, la investigación teórica, por el sólo hecho de estarse pensando y de ser inteligible para otros, esta utilizando como materia prima datos provenientes de esa realidad, los cuales pueden ser verificados posteriormente en la medida en que se encuentran ejemplos lingüísticos que expresen cotidianamente lo que ha sido desarrollado al nivel de la teoría. Si se elabora, por ejemplo, la hipótesis teórica de que la realidad psíquica esta estructurada de la misma manera que el espacio, esto es, que lo psíquico se vive como espacial, lo que ha sido la intención de la psicología colectiva desde Mead (citado por Blanco, 1988, p.189) y Lewin (1937-1947), puede uno encontrar las pruebas en el lenguaje cotidiano que menciona a lo psíquico como una geografía que tiene sus arribas y sus abajos, sus adentros y sus afueras, ya que se dicen con toda normalidad frases como “altas virtudes”, “bajos instintos”, “ideas superficiales”, “penas profundas”, “levantar el ánimo”, “te llevo dentro de mi”, “ya te saque de mi vida” o “en el fondo eres bueno”. Describir las escenas originales de tales metáforas, localizar la época en que fueron acuñadas, mostrar su presencia en las teorías científicas, discurrir su interrelación y su dinámica, organizarlas en un discurso coherente, señalar las situaciones vitales en las que estas imágenes se actualizan, constituye un programa de investigación teórica de alcances no del todo desdeñables.
En suma, lo que pretendía este texto era argumentar la validez del lenguaje cotidiano como dato empírico de la investigación teórica en psicología social, desde el punto de vista de la psicología colectiva, entendiendo a la psicología colectiva no como una rama de la psicología social, sino como una versión completa de la psicología general. Comoquiera, se emplearon términos que le son caros a la psicología positivista por haberlos tomado de las ciencias naturales (Cfr. Apéndice #5), tales como “ciencia”, “dato”, “empírico”, “verificación”, “objetivo”, porque si lo empírico es “lo que se guía por la experiencia”, si la verificación es “averiguación” y objetivo es lo que se objeta, “lo que se opone” (Corominas, 1973), no hay, entonces, de fondo, ninguna razón por la que estos vocablos tengan que estar reservados a la producción técnica del racionalismo moderno. Como reivindica Gadamer (1975), ciencia (scientia) es todo conocimiento, ciencia es todo saber (scire).


APENDICES: EL LENGUAJE DE LOS DATOS

Apéndice #1. Los datos son lenguaje.
Generalmente cuando se dice dato, se piensa número, y cuando el científico proporciona como pruebas otras cosas que no sean cuantificaciones, se supone que no se está comportando científicamente. Sin embargo, todos los datos, u observables o referentes, que se presume participan de la sustancia de la realidad, están en primera y ultima instancia (i.e. como observación preliminar y verificación terminal) hechos de lenguaje. Un lenguaje es, por ejemplo, “un sistema de signos adecuados para servir como medio de comunicación entre los individuos” (Maroudeau, citado por Pottier –Ed.- s/f, p.1969); un signo es, dice Peirce (Cfr. Vgr. C.1900, p.22), cualquier cosa que está para alguien en lugar de otra cosa. Así, todo dato es un signo en la medida en que está presente en lugar de algo ausente, concretamente, en lugar del objeto de análisis, porque, ciertamente, el dato no es el objeto; asimismo es un lenguaje en la medida en que forma parte de un corpus metodológico, en que es inteligible en relación con otros datos. En efecto, para que algo, cualquier cosa, sea un dato, una observación, tiene que estar conceptualizado como lenguaje; toda realidad debe ser traducida a lenguaje para ser investigada y conocida. El dato ultimo y ultimado de cualquier realidad es un signo dentro de algún tipo de lenguaje. Toda ciencia y conocimiento están encerrados en un lenguaje, que puede ampliarse, pero no trascenderse; no se puede salir de él; lo ultimo que podemos conocer empíricamente de la realidad es el lenguaje. Los datos numéricos, son un tipo de lenguaje técnico, signos de un lenguaje matemático o científico, acordados por una comunidad técnica de científicos. También habrá un lenguaje musical, gestual, etc.

Apéndice #2. Todo lenguaje técnico está iniciado en lenguaje cotidiano.
Todo lenguaje técnico está construido a partir de un lenguaje distinto y previo, amplio y general, con el cual una comunidad se va poniendo de acuerdo respecto a los significados técnicos. Este lenguaje de partida es el cotidiano, de modo que, a fin de cuentas, estamos encerrados en el lenguaje cotidiano. De hecho, los científicos tuvieron que formular sus primeras observaciones, sus primeras dudas y preguntas, en lenguaje cotidiano, cuando todavía no eran científicos; incluso los psicólogos, el día que decidieron ser científicos eran todavía legos, de modo que obtuvieron sus primeros datos en lenguaje cotidiano, y así como Newton a los ocho años habría preguntado porqué caen las manzanas, así ellos se habrán preguntado porque la gente hace tonterías, se siente sola, se pelea o algo por algo por el estilo. Asimismo, cuando surgen desacuerdos o innovaciones en los lenguajes científicos, se hace menester recurrir al lenguaje cotidiano para restablecer el orden de su propio lenguaje. Igualmente puede advertirse que un porcentaje bastante mayoritario de lo que aparece escrito en un texto técnico de lenguaje científico está redactado en lenguaje cotidiano: los artículos, pronombres, adjetivos, adverbios, preposiciones, etc., y sobre todo, la sintaxis, o sea, el ordenamiento de las palabras para hacer frases y oraciones, no son elementos que estén sancionados técnicamente por el marco de la teoría o de la investigación, es decir, dicho en sus propios términos, no son científicos, pero en cambio, son los elementos que precisamente hacen legible el texto y coherente la exposición científica, por lo que no pueden ser eliminados, so pena de hacer desaparecer el texto por completo con todo y datos y verdades científicas.

Apéndice #3. Una teoría es la adscripción de un lenguaje a un objeto.
Cuando una teoría elige un tipo de datos como referentes de su realidad, en rigor está adscribiendo un tipo de lenguaje con el cual pueda conectarse con el objeto. El lenguaje adscrito determina lo que se le puede interrogar y, por supuesto, la información que se tenga como respuesta. Newton debe haber preguntado: “¿porqué te caíste, manzana?” y como Newton era, además del primer científico moderno, un espiritista esotérico (Berman, 1981, p.115), concluyó que la manzana respondía: “porque me llamo la tierra”. En todo caso, no era una buena pregunta porque ni las manzanas ni los sistemas solares hablan español o inglés, de modo que lo que Newton quiso saber entonces fue: “¿Qué lenguaje utilizó la tierra para llamar a la manzana?”, por lo que necesitó formular la duda en un lenguaje distinto y el lenguaje que le funcionó quedo como masa, fuerza y aceleración. En efecto, funciona mejor porque permite obtener mas respuestas de parte del objeto de análisis; cuando Newton regresó de su laboratorio, las manzanas seguían cayendo pero su actividad se expresaba mas elocuentemente en términos de gravedad que en términos de intención. Ciertamente, los lenguajes científicos se construyen para hacer hablar a los objetos: un geólogo es una persona que entiende el idioma de las piedras.

Apéndice #4: Las psicologías positivistas hablan lenguajes artificiales.
Sí a un niño se le pregunta “¿Porqué te caíste?”, contestará, como la manzana de Newton, que por la fuerza de gravedad, porque ya aprendió positivismo ingenuo. De la misma manera, hay múltiples corrientes teóricas, predominantes en psicología, que suponen que los pensamientos y los sentimientos de la gente son como manzanas que caen, es decir, que responden a mecánicas naturales, a causas y efectos, por lo que los últimos datos certeros son aquellos formulados en el lenguaje de las ciencias físicas, de manera que utilizan cuantificaciones como verificación empírica y concluyen que la realidad psicológica es del mismo tipo de la que existe en la naturaleza: acción y reacción, estímulo y respuesta, predicción y control de movimientos, etc.. A niveles químicos, psicofisiológicos, da la impresión de que tal lenguaje resulta adecuado, aunque quizá pueda dudarse si resulta adecuado llamarlo psicología. Hay otras teorías psicológicas menos naturales que dan la apariencia de utilizar el lenguaje cotidiano como fuente de datos, porque realizan tests y cuestionarios preguntando cosas a la gente, pero eso no es cierto porque lo que hacen es entresacar de las respuestas un lenguaje binario de si/no, correcto/incorrecto, racional/no racional, el cual se refiere no ya a una realidad física propia de las ciencias naturales, sino a una realidad de mercado propia de la economía o de la administración, que asume que el objeto de estudio se mueve en términos de interés, ganancia y poder, cuyos datos son bits de información. En ambos casos la realidad psicológica no es así, en absoluto, sino que estos fueron los datos que se buscaron y, en ambos casos, permiten conocer efectivamente los pensamientos y los sentimientos, no de la gente, sino de los científicos, porque de ellos es este lenguaje, de ellos es tal realidad. Los astrónomos saben que las ideas que tienen sobre los sistemas solares son suyas y no de los sistemas solares porque éstos no hacen ecuaciones ni miran por un telescopio; a los psicólogos se les olvida que sus pensamientos no son los pensamientos de su objeto de estudio. La psicología colectiva frente a la adscripción de lenguajes de fuerzas naturales y de economía de mercado, argumenta que su objeto de estudio, la gente, produce su propio lenguaje, el lenguaje cotidiano, y éste es un lenguaje de significados, porque la realidad psicológica es una realidad de sentido, por tal motivo no requiere adscribir otro lenguaje que el que ya esta dado, el que es datum de antemano.

Apéndice #5: Los objetos físicos pueden hablar lenguaje cotidiano.
La distinción entre ciencias naturales y ciencias del espíritu (i. e. radicalmente sociales o humanas) reside, no en que se trate de objetos, realidades o leyes, completamente diferentes, sino en el tipo de lenguaje que se le adscribe al objeto de estudio. Parece que, ante el fracaso del racionalismo cientificista (cfr. Ibáñez, 1989), se ha empezado otra vez a jugar con la posibilidad de que a la naturaleza se le pueda adscribir un lenguaje cotidiano; esto es, cargado de intencionalidad (cfr. Vgr. Dennett, 1987) y de sentido, así como capacitado para entrar en diálogo razonable con la gente (cfr. Vgr. Berman, 1981); por ejemplo, la relación ecológica del planeta con sus habitantes parece poder solucionarse solamente por esta vía (cfr. Vgr. Roszak, 1977).

Bibliografía:

Abbagnano, N. (1961). Diccionario de Filosofía. México: FCE. 1983.

Apel, K. O. (1973). La transformación de la Filosofía. Madrid: Taurus, 1985.

Berman, Morris (1981). El Reencantamiento del Mundo. Santiago: Cuatro Vientos, 1987.

Blanco, A. (1988). Cinco Tradiciones en Psicología Social. Madrid Morata.

Corominas, J. (1973). Breve Diccionario Etimológico de la Lengua Castellana. Madrid: Gredos.

Dennett, D. C. (1987). La Actitud Intencional. Barcelona: Gedisa, 1991.

Gadamer, H. G. (1975). Verdad y Método. Salamanca: Sigueme, 1984.

Ibáñez, T. –Ed.- (1989). El Conocimiento de la Realidad Social. Barcelona: Sendai.

Lakoff, G. Y Johnson, M. (1980). Metáforas de la Vida Cotidiana. Madrid: Cátedra, 1986.

Lewin, K. (1937-1947). La teoría del Campo en la Ciencia Social. Buenos Aires: Paidos, 1978.

Peirce, Ch. S. (c. 1900). La ciencia de la Semiótica. Buenos Aires: Nueva Visión, 1986.

Portier, B. –Ed.- (s/f). El Lenguaje. Bilbao: Mensajero, s/f.

Roszak, Th. (1977). Person/Planet. London: Granada, 1981.


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