Bibliografía sobre el autor




descargar 398.25 Kb.
títuloBibliografía sobre el autor
página10/11
fecha de publicación30.01.2016
tamaño398.25 Kb.
tipoBibliografía
med.se-todo.com > Documentos > Bibliografía
1   2   3   4   5   6   7   8   9   10   11

2. Explicaciones fisiológicas
La fisiología es la rama de la biología que trata de las funciones de las células, órganos y cuerpos completos de los seres vivos y de las interrelaciones entre esas funciones. Una explicación fisiológica de los fenómenos cercanos a la muerte que se han propuesto con frecuencia es que, dado que el abastecimiento de oxígeno al cerebro se suspende durante la muerte clínica y en otros casos de grave tensión corporal, el fenómeno percibido debe representar una especie de último grito compensatorio del cerebro moribundo.

El error principal de esa hipótesis es el siguiente: como puede verse fácilmente observando las experiencias relacionadas con la muerte que antes mencionamos, muchas de ellas se produjeron con anterioridad a cualquier tensión fisiológica del tipo requerido. En algunos casos ni siquiera hubo daño corporal durante el encuentro. Además, todos los elementos que aparecen en los casos de heridas graves se encuentran también en las historias contadas por quienes no habían sido heridos.
3. Explicaciones neurológicas
La neurología es la especialidad médica que trata de la causa, diagnosis y tratamiento de las enfermedades del sistema nervioso -es decir, el cerebro, la médula espinal y los nervios-. En determinadas condiciones neurológicas también se observan fenómenos similares a los que fueron informados por personas que estuvieron cerca de la muerte. En consecuencia, algunos pueden proponer explicaciones neurológicas de las experiencias cercanas a la muerte en términos de supuestas malfunciones del sistema nervioso de la persona moribunda. Consideremos los paralelos neurológicos de dos de los más sorprendentes episodios de la experiencia de la muerte: la «revisión» instantánea de los acontecimientos de la vida del moribundo y el fenómeno de salirse del cuerpo.

Encontré un paciente en una sala de neurología de un hospital que me describió una forma peculiar de ataque en la que tenía visiones retrospectivas de los acontecimientos de su vida.
La primera vez que me ocurrió estaba mirando a un amigo que se encontraba en la habitación. El lado derecho de su rostro se distorsionó y, repentinamente, mi conciencia fue invadida por escenas que me habían ocurrido en el pasado. Se producían en la misma forma como habían ocurrido: vívidas, en color y tridimensionales. Sentí náuseas, y me asusté tanto que traté de evitan las imágenes. Desde entonces he tenido muchos de esos ataques y he aprendido lo suficiente para dejar que sigan su curso. El paralelo más cercano que puedo encontrar son las escenas que ponen en televisión en la noche de año nuevo. Las imágenes de lo ocurrido durante el año pasan por la pantalla, pero cuando estás viendo una ya se ha ido, sin que tengas tiempo ni siquiera de pensar en ella. Así ocurre con esos ataques. Veo algo y pienso que lo recuerdo. Trato de mantenerlo en la mente, pero ya ha sido sustituido por otra imagen.

Siempre son imágenes de algo que ha ocurrido y nada está modificado. Sin embargo, cuando ha terminado me resulta muy difícil recordar las imágenes que vi. A veces son las mismas imágenes, otras veces no. Cuando aparecen, recuerdo: «Son las mismas que vi antes», pero, cuando han terminado, es casi imposible recordar cuáles eran. No parecen acontecimientos particularmente significativos de mi vida. En realidad ninguno de ellos lo es. Son muy triviales. No se producen en orden, ni siquiera en el orden en que aparecieron en mi vida. Vienen al azar.

Cuando llegan las imágenes, puedo ver lo que está ocurriendo a mi alrededor, pero mi consciencia ha disminuido. Es casi como si la mitad de mi mente estuviera ocupada en esas imágenes y la otra mitad prestara atención a lo que estoy haciendo. Quienes me han visto durante un ataque dicen que dura un minuto, pero a mí me parecen siglos.
Existen ciertas similitudes obvias entre estos ataques, ocasionados sin duda por un foco de irritación en el cerebro, y la memoria panorámica de que habló alguno de mis entrevistados. Por ejemplo, el ataque de ese hombre toma la forma de imágenes visuales increíblemente vívidas y en tres dimensiones. Además, las imágenes parecen venirle, independientemente de cualquier intención por su parte. También alega que se producen con gran rapidez y pone de relieve la distorsión de sus sentidos del tiempo durante la experiencia.

Por otra parte, también hay notables diferencias. En oposición a la visión panorámica producida en las experiencias cercanas a la muerte, las imágenes no le vienen en el orden que tuvieron en la vida y no son vistas enseguida, en una visión unificadora. No se refieren a acontecimientos significativos de su vida; por el contrario, ponen de relieve su trivialidad. Por tanto, no parecen tener un motivo de juicio o educacional. Mientras que muchos de los sujetos que han tenido experiencias de muerte señalan que tras la «revisión» pueden recordar los acontecimientos de su vida con mayor claridad y detalle que antes, el paciente de neurología alega no recordar las imágenes particulares que siguieron al ataque.

Las experiencias externas al cuerpo tienen un análogo neurológico en las llamadas «alucinaciones autoscópicas», materia de un excelente artículo del doctor N. Lukianowicz en la revista médica Archives of Neurology and Psychiatry. En esas extrañas visiones, el sujeto ve una proyección de sí mismo en su propio campo visual. El extraño «doble» imita las expresiones faciales y movimientos corporales de su original, que se encuentra totalmente confundido cuando ve una imagen de sí mismo a distancia, generalmente enfrente de él.

Aunque la experiencia es algo similar a las externas al cuerpo ya descritas, las diferencias superan con mucho las similitudes. El fantasma autoscópico siempre se percibe como vivo -a veces el sujeto piensa que incluso está más vivo y consciente que él-, mientras que en las experiencias externas al cuerpo éste es visto como si no tuviera vida, como si fuera un cascarón. El sujeto autoscópico puede «oír» a su doble hablándole, dándole instrucciones, burlándose de él, etc., mientras que en las experiencias externas el cuerpo todo él es visto -a no ser que esté parcialmente cubierto u oculto de otra manera-; frecuentemente, el doble autoscópico sólo es visto desde el pecho o el cuello.

De hecho, las copias autoscópicas tienen mucho más en común con lo que he llamado cuerpo espiritual que con el cuerpo físico que es visto por una persona moribunda. Los dobles autoscópicos, aunque a veces son vistos en color, son descritos con más frecuencia como tenues, transparentes y sin color. El sujeto puede ver cómo su imagen pasa a través de puertas o de otros obstáculos físicos sin problema aparente.

Presento aquí un relato de una alucinación autoscópica que me fue descrita. Es una experiencia única por cuanto implica simultáneamente a dos personas.
A las once de la noche de un verano, dos años antes de que mi esposa y yo nos casáramos, la llevaba a su casa en un deportivo convertible. Aparqué en la calle débilmente iluminada que había frente a su casa. Ambos quedamos sorprendidos cuando miramos hacía arriba al mismo tiempo y vimos unas imágenes de nosotros mismos, de la cintura para arriba y sentadas una al lado de la otra, en los grandes árboles que había en la calle a unos cien pies frente a nosotros. Las imágenes eran oscuras, casi como siluetas, y no podíamos ver a través de ellas, pero de todas formas eran réplicas exactas. Ninguno de los dos tuvimos problema para reconocerlas enseguida. Se movían, pero no imitando nuestros movimientos, pues estábamos sentados mirándolas. Hacían cosas como ésta: mi imagen cogía un libro y enseñaba algo que había en él a la imagen de mi esposa, y ella se inclinaba y miraba atentamente el libro.

Mientras estábamos sentados allí contaba a mi esposa lo que veía que estaban haciendo las imágenes, y cuanto decía era exactamente lo que ella veía. Luego cambiamos. Ella me decía lo que estaba viendo y coincidía exactamente con lo que veía yo.

Estuvimos mucho rato sentados, por lo menos treinta minutos, mirando y hablando de lo que veíamos. Creo que hubiéramos podido pasar así el resto de la noche. No obstante, mi esposa tenía que ir a su casa y subimos juntos por las escaleras de la colina que conducían al portal. Cuando bajé, volví a ver las imágenes, que siguieron allí mientras me marchaba.

No hay ninguna posibilidad de que fuera cualquier tipo de reflejo sobre el parabrisas, pues había retirado la parte superior del coche y todo el tiempo mirábamos por encima. Ninguno de los dos habíamos bebido, y todo ocurrió tres años antes de que oyéramos hablar del LSD o drogas parecidas. Tampoco nos encontrábamos cansados, aunque era algo tarde, por lo que no estábamos dormidos y soñando. Nos encontrábamos bien despiertos, alerta y sorprendidos cuando estábamos viendo las imágenes y hablábamos de ellas entre nosotros.
Concedamos que las alucinaciones autoscópicas son en cierta manera como los fenómenos externos al cuerpo asociados con una experiencia cercana a la muerte. Sin embargo, aunque nos remitiéramos sólo a los puntos de similitud y despreciáramos las diferencias, la existencia de alucinaciones autoscópicas no nos daría una explicación de la ocurrencia de experiencias externas al cuerpo, por la razón de que tampoco hay una explicación para la existencia de las alucinaciones autoscópicas. Varios neurólogos y psiquiatras han propuesto muchas explicaciones contradictorias, pero el debate continúa y ninguna teoría ha ganado la aceptación general. Por tanto, tratar de explicar las experiencias externas al cuerpo como alucinaciones autoscópicas seria sustituir una situación sorprendente por un enigma.

Queda finalmente otro punto relevante en relación con las explicaciones neurológicas de las experiencias cercanas a la muerte. En un caso, encontré un sujeto con un problema neurológico residual derivado de un encuentro con la muerte. El problema era una parálisis parcial de un pequeño grupo de músculos de un lado del cuerpo. Aunque a menudo me pregunté si se trataba de un déficit residual, ha sido el único caso que he encontrado de daño neurológico posterior a un encuentro próximo con la muerte.
Explicaciones psicológicas
La psicología no ha alcanzado todavía el grado de rigor y precisión que tienen otras ciencias hoy en día. Los psicólogos siguen divididos en escuelas de pensamiento con puntos de vista, aproximaciones a la investigación y entendimientos fundamentales conflictivos sobre la existencia y naturaleza de la muerte. Las explicaciones psicológicas de estas experiencias variarán ampliamente de acuerdo con la escuela de pensamiento a que pertenezca el psicólogo o psiquiatra. En lugar de considerar cada uno de los tipos de explicación psicológica que podrían proponerse, me ceñiré a las que he escuchado con más frecuencia en las conferencias, y sobre todo a una que, en cierta manera, me parece la más tentadora.

Ya me referí antes a los dos tipos de explicaciones más comúnmente propuestos: aquellos en los que se da la hipótesis de que o bien el consciente miente o el inconsciente embellece. En este capítulo quiero considerar otros dos.
1. Investigación de la aislación
En ninguna de las conferencias públicas que he presentado sobre mis estudios se ha adelantado una explicación de esas experiencias en términos de resultados de experiencias de aislación. Sin embargo, es precisamente en esta área de relativamente reciente y rápido crecimiento de la ciencia del comportamiento en donde los fenómenos más cercanos a los estadios de la experiencia de la muerte han sido estudiados y producidos en condiciones de laboratorio.

La investigación del aislamiento es el estudio de lo que le ocurre a la mente y al cuerpo de una persona cuando es aislada en una u otra forma; por ejemplo, separándola de todo contacto social con otros seres humanos o siendo sometida a una tarea monótona y repetitiva durante largos periodos.

Los datos sobre experiencias de este tipo se han reunido de diversas maneras. Los relatos escritos de las experiencias de los exploradores polares o de supervivientes solitarios de naufragios contienen mucha información. Durante las últimas décadas los científicos han tratado de investigar fenómenos similares bajo condiciones de laboratorio. Una técnica bien conocida consiste en suspender a un voluntario en un tanque de agua que esté a la misma temperatura que el cuerpo. Así se minimizan las sensaciones de peso y temperatura. Se le vendan los ojos y taponan los oídos para intensificar el efecto del tanque a prueba de oscuridad y sonidos. Le meten los brazos en tubos para que no pueda moverlos y se sienta privado de muchas de las sensaciones normales de movimiento y posición.

Bajo estas y otras condiciones de soledad, algunos individuos han experimentado inusuales fenómenos psicológicos que conservan semejanzas con los subrayados en el capitulo 2. Una mujer que pasó largos periodos de soledad en las condiciones desoladas del Polo Norte cuenta que tuvo una visión panorámica de los acontecimientos de su vida. Unos marineros náufragos que estuvieron encallados en pequeños botes durante muchas semanas han descrito alucinaciones en las que eran rescatados, a veces por seres paranormales semejantes a fantasmas o espíritus. Ello guarda cierta analogía con el ser luminoso o los espíritus de amigos que se encuentran en los informes de los sujetos que he entrevistado. Otro fenómeno cercano a la muerte que se produce en los relatos de experiencias de aislación incluye: distorsiones del sentido del tiempo, sentimientos de estar parcialmente disociado del cuerpo, resistencia a volver a la civilización o a abandonar la aislación y sensación de estar «unidos» al universo. Además, muchos de los que han estado aislados, a causa de un naufragio o por cualquier otro motivo, dicen que a las varias semanas de verse en esa condición regresaban a la civilización con un profundo cambio de valores. Cuentan que después de la experiencia se sintieron interiormente más seguros. Tal reintegración de la personalidad es semejante a la reivindicada por muchos de los que han regresado de la muerte.

De igual modo, también hay algunos aspectos de las situaciones de muerte semejantes a los rasgos encontrados en las experiencias y estudios de aislación. Los pacientes que están cerca de la muerte frecuentemente se encuentran aislados e inmóviles en las salas de los hospitales, en unas condiciones disminuidas de luz y sonido, y sin visitantes. Cabe preguntarse si los cambios fisiológicos asociados con la muerte del cuerpo pueden producir un tipo radical de aislación de la que resulte una ausencia total de entradas sensoriales al cerebro. Como ya discutimos extensamente antes, algunos de los pacientes que han tenido experiencias próximas a la muerte me contaron que cuando estaban fuera de sus cuerpos tuvieron desagradables sensaciones de aislamiento, de soledad o de verse separados del contacto humano.

Pueden encontrarse casos fronterizos que no sean clasificables como experiencias cercanas a la muerte ni como experiencias de aislación. Por ejemplo, un hombre me contó la siguiente historia de su permanencia en un hospital a causa de una grave enfermedad.
Me encontraba gravemente enfermo en un hospital, y mientras estaba en la cama me llegaban imágenes, como si estuviera frente a una pantalla de televisión. Eran imágenes de personas y podía ver una, a distancia en el espacio, que comenzaba a andar hacia mí, luego desaparecía y en su lugar surgía otra. Era perfectamente consciente de encontrarme en la sala del hospital y enfermo, pero empezaba a preguntarme qué estaba ocurriéndome. Conocía personalmente a algunas de aquellas personas –eran amigos o parientes-, pero a otras no las había visto nunca. Súbitamente me di cuenta de que todas las que conocía ya habían muerto.
No es tan fácil clasificar esta experiencia, pues tiene puntos de contacto tanto con las de aislación como con las de proximidad a la muerte. Es análoga a las últimas en que se han producido encuentros con los espíritus de gente que ha fallecido, pero ningún otro fenómeno tiene en común con las experiencias de muerte. Es interesante el hecho de que en un estudio de aislación un sujeto que se encontraba solo en una cámara durante cierto tiempo tuvo alucinaciones en las que veía imágenes de hombres famosos que flotaban hacia él. ¿Puede clasificarse entonces la experiencia como de proximidad a la muerte a causa de la extrema gravedad del enfermo o como experiencia de aislación producida por las condiciones de confinamiento requeridas por el estado de su salud? Es posible que no exista ningún criterio absoluto que nos permita clasificarla en una de las dos categorías separadas. Quizá será siempre un caso fronterizo.

A pesar de las coincidencias, los resultados de la investigación de la aislación no suministran una explicación satisfactoria de las experiencias próximas a la muerte. En primer lugar, los diversos fenómenos mentales producidos en las condiciones de aislación no pueden, ellos mismos, ser explicados por alguna teoría. Invocar los estudios de aislación para explicar las experiencias próximas a la muerte sería, como en el caso de la «explicación» de las experiencias externas al cuerpo por referencia a las alucinaciones autoscópicas, sustituir un misterio por otro. Hay dos corrientes de pensamiento conflictivas por lo que se refiere a la naturaleza de las visiones que tienen lugar en condiciones de aislación. Algunos no dudan en tomarlas como «irreales» y «alucinatorias», mientras que en toda la historia los místicos han elegido la soledad con el fin de encontrar la iluminación y la revelación. La noción de que el renacimiento espiritual puede producirse mediante aislación forma parte integral de los sistemas de creencias de muchas culturas y es reflejado en diversos grandes textos religiosos, como en la Biblia.

Aunque tal idea sea algo ajena a la estructura de creencias del Occidente contemporáneo, todavía hay muchos que la proponen, incluso en nuestra propia sociedad. Uno de los primeros y más influyentes investigadores de la aislación, el doctor John Lilly, ha escrito recientemente un libro, una autobiografía espiritual, llamado The Center of the Ciclone. En él refiere que considera las experiencias que ha tenido bajo condiciones de aislación como verdaderas experiencias de iluminación e intuición, y no como «irreales» o «engañosas». Es interesante observar que cuenta una experiencia propia próxima a la muerte que es muy semejante a las que he referido, y que coloca su experiencia en la misma categoría que las de aislación. Ésta puede ser también, junto con las drogas alucinatorias y la cercanía de la muerte, una de las diferentes maneras de entrar en nuevas esferas de conciencia.
1   2   3   4   5   6   7   8   9   10   11

similar:

Bibliografía sobre el autor iconBibliografía básica: Historia general de la Pedagogía17ava Edición....

Bibliografía sobre el autor iconBibliografía básica: Historia general de la Pedagogía17ava Edición....

Bibliografía sobre el autor iconUn escrito conocido sobre el tema(de autor anónimo)

Bibliografía sobre el autor iconNo tiene nombre de integrantes del grupo o autor de este documento,...

Bibliografía sobre el autor iconSeminario sobre delitos en materia de derechos de autor y derechos conexos

Bibliografía sobre el autor iconBibliografía 105 Prólogo Cuando el autor me propuso leer el manuscrito...

Bibliografía sobre el autor iconBibliografía Introducción
«teoría de la estructuración», aunque no es nombrada así por el autor. Pero sus preceptos pueden ser utilizados para examinar más...

Bibliografía sobre el autor iconBibliografía general sobre Medicina Natural

Bibliografía sobre el autor iconAutor: Asociación Adonai. Desojo (Navarra) españa edita: El autor...

Bibliografía sobre el autor iconBibliografía visiones generales sobre la orden cartujana


Medicina



Todos los derechos reservados. Copyright © 2015
contactos
med.se-todo.com