Bibliografía sobre el autor




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2. La experiencia de la muerte
A pesar de las diferencias en las circunstancias que rodean los casos próximos a la muerte y en los tipos de personas que los han sufrido, sigue en pie el hecho de que hay una notable similitud entre los relatos de las experiencias. De hecho, las similitudes entre los distintos informes son tan grandes que pueden elegirse fácilmente quince elementos separados y recurrentes entre el grupo de historias que he recogido. Sobre la base de esta semejanza, construiré una experiencia breve, teóricamente «ideal» o «completa», que encierre todos los elementos comunes en el orden en que se han producido.
Un hombre está muriendo y, cuando llega al punto de mayor agotamiento o dolor físico, oye que su doctor lo declara muerto. Comienza a escuchar un ruido desagradable, un zumbido chillón, y al mismo tiempo siente que se mueve rápidamente por un túnel largo y oscuro. A continuación, se encuentra de repente fuera de su cuerpo físico, pero todavía en el entorno inmediato, viendo su cuerpo desde fuera, como un espectador. Desde esa posición ventajosa observa un intento de resucitarlo y se encuentra en un estado de excitación nerviosa.

Al rato se sosiega y se empieza a acostumbrar a su extraña condición. Se da cuenta de que sigue teniendo un «cuerpo», aunque es de diferente naturaleza y tiene unos poderes distintos a los del cuerpo físico que ha dejado atrás. Enseguida empieza a ocurrir algo. Otros vienen a recibirlo y ayudarlo. Ve los espíritus de parientes y amigos que ya habían muerto y aparece ante él un espíritu amoroso y cordial que nunca antes había visto -un ser luminoso-. Este ser, sin utilizar el lenguaje, le pide que evalúe su vida y le ayude mostrándole una panorámica instantánea de los acontecimientos más importantes. En determinado momento se encuentra aproximándose a una especie de barrera o frontera que parece representar el límite entre la vida terrena y la otra. Descubre que debe regresar a la tierra, que el momento de su muerte no ha llegado todavía. Se resiste, pues ha empezado a acostumbrarse a las experiencias de la otra vida y no quiere regresar. Está inundado de intensos sentimientos de alegría, amor y paz. A pesar de su actitud, se reúne con su cuerpo físico y vive.

Trata posteriormente de hablar con los otros, pero le resulta problemático hacerlo, ya que no encuentra palabras humanas adecuadas para describir los episodios sobrenaturales. También tropieza con las burlas de los demás, por lo que deja de hablarles. Pero la experiencia afecta profundamente a su existencia, sobre todo a sus ideas sobre la muerte y a su relación con la vida.
Hay que tener en cuenta que el relato anterior no trata de ser una representación de la experiencia de una persona. Más bien es un «modelo», un compuesto de los elementos comunes encontrados en muchas historias. Lo he incluido aquí como idea preliminar y general de lo que puede experimentar una persona que está muriendo. Aclarado que es una abstracción en lugar de una experiencia real, en el presente capítulo discutiré con detalle cada uno de los elementos comunes, suministrando varios ejemplos.

Sin embargo, antes de hacerlo así hay que dejar bien sentados unos cuantos hechos con el fin de introducir en una estructura apropiada el resto de mi exposición sobre la experiencia de la muerte.
1) A pesar de las sorprendentes similitudes entre los diversos relatos, ninguno de ellos es idéntico (aunque algunos se aproximen notablemente).

2) No he encontrado a nadie que informe de todos y cada uno de los detalles del modelo. Varios han citado a la mayoría (es decir, ocho o más de los quince) y unos pocos han informado hasta de doce.

3) Ningún elemento del modelo de experiencias ha sido proporcionado por todos los informadores. Sin embargo, alguno de los elementos tiene un carácter casi universal.

4) Ningún componente del modelo abstracto ha aparecido solo en un relato. Cada elemento ha aparecido en varias historias.

5) El orden en que una persona muerta pasa a través de los diversos estadios antes delineados puede variar del que ocupa en el «modelo teórico». Por ejemplo, varias personas afirman haber visto al ser luminoso antes, o al tiempo de abandonar el cuerpo físico, en lugar de como en el modelo, donde se produce poco después. Sin embargo, el orden que he dado es bastante típico y las variaciones no son frecuentes.

6) El grado en que una persona que está muriendo profundiza en la experiencia hipotética depende de si la persona sufre realmente una aparente muerte clínica y, en tal caso, del tiempo que permanece en ese estado. En general, las personas que estuvieron «muertas» dan un relato más vívido y completo de la experiencia que las que sólo han estado cercanas a la muerte, y los que estuvieron «muertos» por un largo periodo profundizan más que los que han estado menos tiempo.

7) He hablado con algunos que fueron considerados muertos, pero resucitaron y regresaron sin informar de ninguno de estos elementos. Alegan que no recuerdan nada en absoluto de sus «muertes». También he entrevistado a personas que estuvieron clínicamente muertas en diferentes ocasiones con intervalos de años y no habían tenido experiencias en todos los casos.

8) Debo poner de relieve que estoy escribiendo sobre informes o relatos que se me han dado verbalmente en el curso de entrevistas. De este modo, cuando observo que un elemento dado del modelo no se produce en un relato determinado, no puede inferirse necesariamente que no le haya ocurrido a la persona implicada. Significa, simplemente, que no me dijo que ello ocurriera, o que no se explicita definitivamente en el relato que hace. Dentro de este marco de referencia, examinemos algunos de los estadios y acontecimientos comunes a la experiencia de la muerte.
Inefabilidad
La comprensión general que tenemos del lenguaje depende de la existencia de una zona amplia de experiencia común de la que participamos casi todos. Ese hecho crea una dificultad importante que complica la discusión que se sucederá en el libro. Los acontecimientos que han vivido los que se han encontrado próximos a la muerte están fuera de esa comunidad de experiencia, por lo que es de esperar que se encuentren con dificultades lingüísticas para expresar lo que les ocurrió. Ciertamente, las personas implicadas caracterizan uniformemente sus experiencias de inefables; es decir, “inexpresables”.

Muchos han observado a este respecto que no existían palabras para lo que estaban intentando decir o que no conocían adjetivos y superlativos para describirlo. Una mujer me lo resumió muy bien con las siguientes palabras:
Me encuentro con verdaderos problemas cuando trato de contárselo, pues todas las palabras que conozco son tridimensionales. Conforme tenía la experiencia, pensaba: «Cuando me hallaba en clase de geometría me decían que sólo había tres dimensiones y siempre lo acepté. Estaban equivocados. Hay más.» Nuestro mundo, en el que ahora vivimos, es tridimensional, pero el próximo no lo es. Por eso es tan difícil contárselo. He de describirlo con palabras tridimensionales. Es lo más cercano que puedo conseguir, pero no es realmente adecuado. No puedo darle un cuadro completo.
Oír las noticias
Numerosos individuos afirman haber oído a los doctores o a espectadores en el momento en que les daban por muertos. Una mujer me contó:
Estaba en el hospital, pero no sabían qué me pasaba. El doctor James me dijo que bajara al departamento de radiología para que me miraran el hígado por si descubrían algo. Como tenía alergia a muchos medicamentos, comprobaron lo que me iban a poner en el brazo y, como no hubo reacción, siguieron adelante. Cuando usaron la dosis completa, me quedé paralizada. Oí con toda claridad cómo el radiólogo que estaba conmigo fue hacia el teléfono, marcó un número, y dijo: «Doctor James, he matado a su paciente, Mrs. Martin.» Sabía que no estaba muerta. Traté de moverme y decírselo, pero no pude. Cuando estaban tratando de reanimarme, pude oírlos hablar de los centímetros cúbicos que necesitaba de un medicamento, pero no sentí las agujas ni cuando me tocaron.
Otro de los casos es el de una mujer que ya había tenido problemas con el corazón y tuvo un ataque cardiaco en el que casi perdió la vida. Me contó lo siguiente:
De repente, quedé paralizada por terribles dolores en el pecho. Era como si hubieran rodeado la mitad del pecho con una cinta de hierro y estuvieran apretando. Mi marido y un amigo común me oyeron caer y vinieron corriendo a ayudarme. Me encontraba rodeada por una profunda oscuridad y a través de ella oí a mi esposo diciéndome como desde una gran distancia: «¡Esta vez ha sido definitivo!» Pensé que tenía razón.
Un joven que se creyó muerto después de un accidente de automóvil, cuenta: «Oí a una mujer que preguntaba si estaba muerto y que alguien más le respondía que sí.»

Los informes de este tipo coinciden con lo que los doctores y otros presentes recuerdan. Por ejemplo, un doctor me dijo:
Una paciente mía tuvo un paro cardiaco cuando había otro cirujano conmigo y yo me disponía a operarla. Vi cómo se le dilataban las pupilas. Durante cierto tiempo intentamos reanimarla, pero no teníamos ningún éxito, por lo que pensé que se había muerto. Le dije al colega que estaba trabajando conmigo: «Intentémoslo una vez más, y si no resulta lo dejamos.» Esta vez su corazón volvió a latir. Posteriormente le pregunté si recordaba algo de su «muerte». Me respondió que no mucho, salvo que me había oído decir: «Intentémoslo una vez más, y si no resulta lo dejamos.»
Sensaciones de paz y quietud
Hay muchos que describen sentimientos y sensaciones agradabilísimas durante los primeros estadios de sus experiencias. Tras una grave herida en la cabeza, uno de los signos vitales de un hombre era indetectable. Como él mismo dice:
En el lugar de la herida noté una momentánea sensación de dolor, pero desapareció por completo. Sentí como si flotara en un espacio oscuro. El día era muy frío, y sin embargo, mientras estaba en esa negrura, lo que sentía era calor y la sensación más agradable que había experimentado nunca... Recuerdo que pensé: «Debo estar muerto.»
Una mujer que fue reanimada después de un ataque cardiaco, comenta:
Comencé a experimentar las más maravillosas sensaciones. Lo único que sentía era paz, comodidad: sólo quietud. Todos mis problemas habían desaparecido, y pensé: «Qué paz y quietud, nada me duele.»
Un hombre recuerda:
Tuve una enorme y agradable sensación de soledad y paz... Era muy bello y sentía gran paz en mi mente.
Un hombre que «murió» tras las heridas recibidas en Vietnam, me dijo:
Mientras era herido sentí un gran alivio. No había dolor y nunca me había sentido tan relajado. Me encontraba a gusto y todo era agradable.
El ruido
En muchos casos, los informes que hablan de la muerte o su proximidad se refieren a inusuales sensaciones auditivas. Algunas son muy desagradables. Un hombre que permaneció «muerto» durante veinte minutos en una operación abdominal habla de un «terrible zumbido que venía del interior de mi cabeza. Me hacía sentirme muy incómodo... Nunca lo olvidaré.» Otra mujer habla de que, al perder la conciencia, sintió «una aguda vibración. Podría describirla como un zumbido. Me sentía como en una especie de remolino.» Tan desagradable sensación también me la han descrito como un fuerte chasquido, un fragor, un estallido, y como un «sonido silbante, como el del viento».

En otros casos los efectos auditivos parecían tomar una forma musical más agradable. Por ejemplo, un hombre que revivió tras haber sido considerado como muerto a la llegada a un hospital cuenta que durante su muerte experimentó lo siguiente:
Oí lo que me pareció un tintineo de campanas a mucha distancia, como si viniera impulsado por el viento. Parecían campanas de viento japonesas... Fue lo único que pude escuchar.
Una joven que casi murió por hemorragia interna asociada con un problema de coagulación sanguínea me dijo que en el momento de perder la conciencia comenzó a oír «música de un tipo especial; una soberbia y hermosísima clase de música».
El túnel oscuro
A menudo, junto con el ruido, se tiene la sensación de ser empujado rápidamente por un espacio oscuro. Las personas a quienes he entrevistado utilizan palabras muy diferentes para describirlo: una cueva, un pozo, un hoyo, un recinto, un túnel, un embudo, un vacío, un hueco, una alcantarilla, un valle y un cilindro. Aunque utilicen diferentes terminologías, es evidente que tratan de expresar la misma idea. Veamos dos relatos en los que figura prominentemente el túnel.
Me ocurrió cuando tenía nueve años. Hace veintisiete de ello; pero fue tan sorprendente que nunca lo he olvidado. Una tarde me puse muy enfermo y me llevaron a toda prisa al hospital más cercano. Cuando llegué, dijeron que iban a dormirme, aunque no recuerdo el motivo, pues era muy joven entonces. En aquella época se utilizaba el éter. Me lo suministraron pasándome un paño por la nariz y, según me dijeron después, al instante mi corazón se detuvo. En aquel momento no supe que eso era precisamente lo que me había ocurrido, pero lo importante es que cuando ocurrió tuve una experiencia. Lo primero que sentí fue un ruido rítmico parecido a brrrrrnnnng-brrrrrnnnng brrrrrnnnng. Luego comencé a moverme a través -pensará que es fantasía- de un largo espacio oscuro. Parecía una alcantarilla o algo semejante. Me movía y sentía todo el tiempo ese ruido zumbante.
Otro informante establece lo siguiente:
Tuve una reacción alérgica a una anestesia local y dejé de respirar. Lo primero que ocurrió -bastante rápido fue que pasaba a gran velocidad por un vacío oscuro y negro. Puede compararlo a un túnel. Era como si fuera montado en la montaña rusa de un parque de atracciones y pasara por ese túnel a gran velocidad.
Durante una grave enfermedad, un hombre estuvo tan cerca de la muerte que sus pupilas se dilataron y el cuerpo se le quedó frío.
Me encontraba en un hueco oscuro y negro. Es difícil de explicar, pero me sentía como si me moviera en el vacío a través de aquella negrura. Era plenamente consciente y pensaba que estaba como en un cilindro carente de aire. Me sentía como en el limbo, a medio camino de aquí y a medio camino de algún otro lugar.
Un hombre, que «murió» varias veces tras graves quemaduras y heridas, cuenta:
Estuve en estado de shock durante una semana, y en ese tiempo escapaba repentinamente a ese hueco oscuro. Me parecía estar allí mucho tiempo, flotando y cayendo por el espacio... Estaba tan acostumbrado a ese vacío que no pensaba en nada más.
Antes de esa experiencia, que le ocurrió cuando era niño, un hombre había tenido miedo a la oscuridad. Su corazón dejó de latir a causa de heridas internas producidas en un accidente de bicicleta.
Tuve la sensación de moverme por un profundo y oscurísimo valle. La oscuridad era tan impenetrable que no podía ver absolutamente nada, pero era la experiencia más maravillosa y libre de inquietudes que pueda imaginar.
En otro caso, una mujer, que había tenido peritonitis, relata lo siguiente:
El doctor ya había avisado a mi hermana y hermano para que me vieran por última vez. La enfermera me puso una inyección que me ayudara a morir mejor. Las cosas que me rodeaban en el hospital comenzaron a parecerme cada vez más lejanas. Mientras ellas retrocedían, entraba en un estrecho y oscurísimo pasadizo. Parecía encajar en su interior. Y comencé a deslizarme y a caer, caer, caer.
Una mujer, que estuvo cerca de la muerte tras un accidente de tráfico, traza un paralelo con un programa de televisión.
Una sensación de profunda paz y quietud, sin miedo, tras la cual me sentí en un túnel; un túnel de círculos concéntricos. Poco después vi un programa de televisión, llamado El túnel del tiempo, en el que los personajes viajan por ese túnel en espiral. Es lo más parecido a lo que yo sentí.
Un hombre, que estuvo muy cerca de la muerte, trazó un paralelo con un antecedente de su religión. Lo cuenta así:
De repente, me encontré en un valle muy profundo y oscuro. Había un sendero, casi una carretera, por el valle, y yo descendía por él... Luego, cuando ya estaba bien, pensé: «Ahora sé a qué se refiere la Biblia cuando habla del "valle sombrío de la muerte", pues he estado allí.»
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