El sabio busca la luz y los locos se la dan




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yo no era su alma gemela sino que lo era EL TIBETANO (Djwhal Khul). Como ella se inquietaba por saber quien era mi alma gemela, ELLOS le dijeron que era una mujer que, como Ellos, viajaba en el espacio interestelar, por supuesto, esto en una dimensión superior. Pero que no era el momento de encontrarnos y sólo Dios sabía cuando.

Como para mi nueva compañera no le era fácil aceptar otra relación sabiendo que su alma gemela era el mismísimo Tibetano. Él mismo le aseguro que en el planeta no había nadie que tuviera una vibración similar a la de Él sino yo. Que estaría bien conmigo pues yo sí podía darle la carga energética para que ella fuera feliz.

Así que definitivamente, esta no era una mujer cualquiera y podía irlo comprobando por lo que cada día vivía con ella. Por ejemplo, me contó que desde joven, alrededor de los dieciocho años, ya no quería estar en este mundo y entonces se ocultaba para no tener que ir a la escuela y sin que sus padres lo supieran meditaba por largas horas, día tras día; cada vez que le era posible. Por temporadas, en vez de ir a la escuela se sentaba en un banquito especial para meditación y allí pasaba toda la tarde. Y cuando llegaba la hora en que se supone debía regresar de la escuela, se hacía presente ante sus padres y la familia.

Era tanto su anhelo de encontrar a su alma gemela que un día se vio trasladada conscientemente a una gran nave con muchas computadoras en su interior y allí estaba el maestro Tibetano que empezó a mostrarle muchas cosas de esa gran nave. Explicándole que tenían muchas como esta en el Universo, que con los milenios han sido mejoradas. Pero en esto se encontraban muy felices, cuando se precipitó el Maestro del Maestro Tibetano, al que yo después llame: El Maestro Supremo. Y le llamó la atención fuertemente al Tibetano diciéndole:

-Tú bien sabes que no podemos salirnos de las leyes y todavía no te corresponde estar con ella así que déjala en paz.

No les estaba permitido tener una relación consciente en la tercera dimensión de ella, por lo que comprendió que se debía a que el maestro Tibetano había evolucionado demasiado y ella todavía era una simple humana.
Nunca jamás creí literalmente todo lo que esta mujer especial me contaba, pero tampoco lo negué. Mi actitud fue abierta y natural pues mi entrenamiento como astro psicólogo continuaba creciendo en la capacidad de impersonalidad al interpretar los hechos de la vida y el alma de las personas. Fue básicamente por este método científico que cuando descubrí que esta mujer hacía “canalizaciones” y “Videncia” no lo negué ni lo acepte, pero me permitía el lujo de INTUIR y actuar en función de ello.

Me deje fluir, pero además, jamás ninguno de estos seres que se decían pertenecer a la Luz se entrometió anulando mi libre albedrío, NI UNA SOLA VEZ. Siempre fui yo el que tomé las decisiones respecto a mi propia vida.

A veces pasaba más de un mes y los maestros no nos hablaban. Antes de cambiarme a la casa de huéspedes en calle Victoria, hubo un momento en que ella parecía flaquear y la relación corría peligro. Dejamos de tener sexo por más de un mes. Pero cuando ya me encontraba en la calle Victoria accedió a entrar a mi habitación, haciéndose pasar, ante la dueña, como mi esposa. Tuvimos relaciones íntimas y estábamos reposando en la cama cuando ella me comentó que en un extremo de la habitación se encontraba el Maestre de la Ferriere vestido con ropa blanca a la usanza de los Templarios y en el otro extremo el maestro Estrada. Ella no tenía detalles de como vestían Ellos o que enseñanzas habían escrito en sus libros, pues nunca los había estudiado ni pertenecía a la G.F.U. Por eso cuando hablaba de Ellos me sorprendía de lo atinado de sus descripciones de ENSEÑANZA VIVA y no simple letra muerta.

Ese día me di cuenta que los Maestres Estrada y de la Ferriere, se habían vuelto a acercar a nosotros porque por nuestro libre albedrío habíamos decidido continuar con nuestra relación de pareja. Ellos nunca nos forzaron a que las cosas fueran a su manera ni siquiera en nombre de un Plan Cósmico. Siempre nos pidieron parecer y en todo caso nos dejaban pensarlo.

Más adelante el maestro Estrada me afirmaría que éramos un equipo porque así se habían presentado las circunstancias.

Mi mente no aceptaba fácilmente toda esta información a pesar de que nunca negué nada a priori. Porque lo que me costaba era que el maestre de la Ferriere había escrito en sus Grandes Mensajes que solamente siguiéramos a un maestro de carne y hueso y no a “vocecitas o entidades del más allá”, pero por lo visto esto era un caso especial y permanecía alerta.

Otra de las cosas que me desconcertaban era el hecho de que, de acuerdo a las enseñanzas de la G.F.U., sólo cada dos mil años aparece un Avatar celeste y terrestre, pero que al mismo tiempo, estos maestros de Luz me hacían sentir que me preparaban para una misión especial de sucesión apostólica o algo así.

Por su parte también era comprensible que mi nueva compañera tuviera un poco de miedo para “así como así” dejarlo todo en pos de mí.
Una tarde estábamos caminando por en camellón que se encuentra a la salida del metro Potrero, y en la esquina de la calle Victoria le dije a ella que en ese mismo momento fuera y hablara con sus padres de que se iba a ir a vivir conmigo. Acepto.

Para no caminar unas cuadras abordó un colectivo rumbo a su casa. La espere allí mismo y a los quince minutos estaba de regreso. Bajó de otro colectivo y fue a donde me encontraba de pie, esperándola con ansiedad:

-¿Qué pasó? -pregunté

-Nada, es que no sé cómo decírselos.

Me platicó que sus papás si estaban en su casa pero que ella no se atrevía a hablar con ellos, de su aventura excéntrica con su maestro de astrología.

Me puse muy serio y le hablé fuerte diciéndole que tenía que hacerlo. Fue otra vez y no lo hizo y luego otra y otra más.

Finalmente fuí yo quien tomó una decisión:

-Quieres hacerlo para después y eso no es posible. Si mañana antes de las ocho de la mañana no estás aquí, entenderé que decidiste quedarte con tus padres y ya no me encontrarás. ¡Entiendes! YA NO ESTARÉ AQUÍ.

Cuando se lo estaba diciendo me di cuenta que yo mismo estaba hablando muy en serio. Tan fuerte era mi pasión y la convicción de mi SER que a veces no sabía definir cual era cual. Quizás en medio de esta locura sexual, algo muy sagrado debía cumplirse con esta UNIÓN y en lo concreto no lo entendía. Era una oportunidad para ambos y por mi parte, no estaba dispuesto a dejarla evaporar.

Al día siguiente daban las siete y media de la mañana y comencé a llorar. Sobre todo porque sabía que a las nueve de la mañana de hoy ya no estaría allí, sino sólo Dios sabe dónde.

Pero antes de las ocho se detuvo ante la casa de huéspedes, una camioneta abierta de atrás. ¡Era ella! Traía unas pocas cosas para quedarse conmigo. La recibí con una alegría indescriptible. Había comenzado mi retiro aunque yo no lo sabía.

Fueron unos días de un reposo muy especial. Por las tardes salíamos a caminar pero ella se había despedido de su familia y su intuición le indicaba que yo no debía entrar a la casa de sus padres porque de alguna forma necesitaba encontrarme a mí mismo. Más adelante, entraría una sola vez a su casa y después solamente lo haría después de casi tres años y medio, casi al final de este maravilloso y admirable ciclo de mi vida.

Ella llegaba a quedarse en la casa de huéspedes mientras iba a trabajar con Chaya y con mi nuevo socio del Centro “Nueva Era 2000” frente al cine las Américas. Por las tardes, a mi amigo con su espíritu fiestero, le gustaba invitarnos a cenar. Entonces pasábamos a la calle Victoria para recoger a mi amada. Llegaba a casa con mi socio que era de signo Leo. Siempre estaba él muy alegre y con su voz altisonante, haciendo bromas y viendo la vida de manera positiva. Cuando estaba frente al balcón de la casa, podía encontrarse ella contemplando la calle. Al vernos se mantenía seria pero sé que en su interior se le alegraba el corazón.

Fué un breve tiempo en que a ella le tocó quedarse retirada y a mí estar en la calle haciendo algún trabajo. Y la misma fuerza que la atrajo hacia mi vida, le dio valor para dejar de ver a su familia por todos estos días del inicio de mi Retiro.
Por estar tan abiertamente de mi parte, ella quedó fuera del complot que preparaba mi grupo de naturismo a fín de entrar en tratos con Chaya sin informarme de nada. Y se cuidaban muy bien que ella no estuviera presente ni enterada de la fecha en que se les extenderían sus diplomas de graduación. Mi compañera sentía este extraño rechazo y empezó a dejar de asistir a las clases de naturismo.

Sin embargo, cuando paso la graduación y me entere de todo, logré conseguir su diploma firmado por el doctor ChayaMichan para extendérselo a la mejor de mis alumnas.
Fue extraña la actitud de mis alumnas porque todavía pocos días antes de que recibieran su diploma de esa forma, los centros naturistas Chaya Michan fueron invitados a participar activamente en un Simposium Nacional de Medicina Alternativa.

El evento se llevó a cabo atrás de la catedral en ciudad de México creo que era la antigua Universidad de San Idelfonso. Fue un día hermoso y asistieron a ese lugar unas cincuenta corrientes de curadores reales mexicanos, basados en la Tradición Indígena, no precisamente egresados de la Universidad.

Ese día todavía mi relación con Chaya era buena, y en el auditorio principal se encontraba la mesa de honor con personajes enviados por el gobierno mexicano para dar cause al movimiento, así como los promotores del evento y los más prominentes curadores de México.

Cuando entré a este gran salón, me encontré sentada en una de las cómodas butacas para espectadores a la todavía Gerente del centro Oro. Nos saludamos y luego, lo mismo que la generalidad, estaba inquieta porque el doctor Chaya “se había hecho ojo de hormiga”, es decir, no aparecía por ninguna parte y su lugar en la mesa de honor se encontraba vació.

Mi amiga gerente, yo y muchos otros queríamos sinceramente al doctor, aunque muchas veces él no podía apreciar hasta donde lo amábamos.

Por ejemplo, en un tiempo atrás, la gerente sabiendo que yo era leal a Chaya, tuvo la amabilidad de invitarme a que formara parte de las reuniones en el centro Oro, donde se estaba intentando formar un grupo de directores curadores en avanzada medicina alternativa. Por supuesto una terrible falta de fraternidad entre los componentes, impidió la consolidación de este intento. Y siempre tratábamos de justificar ante los demás las deficiencias del doctor Chaya.

Así que en el Auditorio, la gerente me hizo sentir la necesidad de que fuera a buscar al doctor y lo hice.

Después de un rato recorriendo toda esta bella antigua universidad, di con él. Parecía un niño escondiéndose para que no lo obligaran a ir al Auditorio, donde todo mundo contaba con él. Le pregunte porque actuaba de esta forma antisocial. Y él me trato de explicar que no sabía pero que “esa gente” lo ponía nervioso. No tuve manera de convencerlo a que cediera y simplemente sostuvo su postura infantil de no ir a ocupar su sitio.

Me pareció inconcebible que un hombre como Chaya, con su gran proyección en los negocios no estuviera dispuesto a apoyar a una Fraternidad de medicina alternativa. Pero creo que tampoco se le puede pedir a un hombre que sea perfecto en todo. Ya era suficiente que le hubiera demostrado a la G.F.U. que es posible conciliar una empresa espiritual con la realidad económica y material.

Ese día mis alumnos de naturismo me seguían con gran devoción y respeto. Eran alrededor de cuarenta y estaban orgullosos de que fuera su director. No se me despegaban y llegue a sentirme como el papá, de lo cerca que se encontraban de mí durante todo el recorrido que hice por la antigua universidad. Sacaron fotografías y no dejaban de hacer bromas, en una fiesta acuariana inolvidable. Pues además, mi nueva compañera iba vestida toda de blanco, con una falda que le daba arriba de la rodilla. Toda ella me parecía que brillaba como un sol.

Una de mis alumnas era una señora que me tenía simpatía y me había dicho que si ella hubiera sido una jovencita seguro me hubiera conquistado. Esta tarde, mientras yo estaba parado en el jardín de la planta baja de la universidad y contemplaba una bellísima fuente, se acerco para decirme:

-¡Maestro, acabo de percibirlo como realmente es! ¡Estaba vestido de blanco, con pelo largo y un rostro de un gran maestro! Luego cerré mis ojos porque ya no quise ver más, fue demasiado para mí.

Y sin embargo, a pesar de todas estas actitudes tan positivas, unos días después, ocurrió que los alumnos a espaldas mías, fueron a recibir su diploma.

Fué un suceso típico del romanticismo cristiano; donde primero recibimos con palmas a quien amamos e inmediatamente después, “nos lo despachamos”.
Pero yo ya había dado un paso único en mi vida, gracias a toda esta gente que me apoyo. Y la heroína de mi mundo no dejaba de ser como todas las mujeres, porque una de estas tardes ella me dijo que iríamos al centro comercial, el cual se encontraba junto al metro Indios Verdes. Allí fué que compramos algunas sábanas y cubrecamas.

Mientras caminamos por el interior de la tienda de pronto se detuvo y se quedó pensativa, luego se puso a reír ella sola, diciendo:

-¡Qué locura es ésta!

Era evidente que hablaba de nuestra trastornada situación.

Me tomó de la mano y seguimos caminando. Estábamos contentos.
Una vez me encontraba haciendo yoga y ella se acercó, así que comenzamos a platicar. Por algún motivo se acordó de su maestro y me dijo:

-Sé de muchas cosas que la gente no puede apreciar, por ejemplo, algo que me gusta mucho es subir la energía basándome en la sintonía con el espectro solar.

Acto seguido, me enseñó en que consistía esa técnica y me di cuenta que ella la practicaba mucho y era lo que le daba mucha voluntad además de otro ejercicio donde se aprieta el ano y los genitales.

En particular la técnica de sintonía con el espectro solar, sería para mí, la panacea en los momentos más exigidos de mi vida dentro de mi retiro.

Por lo pronto, me había atrevido a dar el paso hacia mi libertad, de una manera contundente y definida. Estaba dispuesto a ser feliz y a conservarla, costará lo que costará. Algo que en este planeta pareciera que estuviera prohibido pues en general, es sabido que la mayoría de la humanidad tiene un porcentaje mayor de vida en el sufrimiento y actitud negativa y muy poco de felicidad permanente.

LA VISIÓN DEL DECIERTO Y EL ASCENDIDO NEGRO
Las últimas veces en que ella todavía asistía a la escuela de naturismo, una vez como siempre, entre por la estancia por donde se hallan las escaleras que dan directamente al lugar donde se encuentra la escuela de naturismo. Al pie de la escalera había un sillón muy confortable en donde uno puede recostar cómodamente su cabeza sin dejar de seguir sentado. Aquí es donde, a veces, me gustaba acomodarme por un momento y cerrar mis ojos, sobre todo en estos instantes en que había encontrado a la mujer de mi vida y pensaba que tenía que hacer para conservarla y a la vez que mi familia en Teotihuacan ni las pruebas propias del Sendero interfirieran de forma destructiva.

Tenía los ojos cerrados y de pronto apareció una hermosa VISIÓN. Estaba aquí sintiendo mi cuerpo pero también captando lo que ocurría dentro de mi cabeza, con esta videncia que inusual en mí.

Contemplaba un enorme desierto donde el aire y el vendaval de repente se levantaban removiendo la arena y el polvo, y esta soledad permanecía así por mucho, mucho tiempo. Contemplaba esta visión como si estuviera allí mismo de pie en el desierto.

Estuve mirando por lo que me pareció más de una hora y poco a poco a lo lejos, parecía que algo se movía. Pasaron como diez minutos más y esa figura se fue acercando. Era un hombre caminando lentamente. Se acercaba hacia el punto donde me encontraba observando el desierto maravilloso e inhóspito porque nada estaba vivo aquí sino el polvo y el zumbido del aire. Conforme se fue acercando este hombre me iba llenando de felicidad pues era un monje vestido de blanco, bastante alto y su tez de la piel era de color negro. Pero sus ojos mostraban una enorme sabiduría. Definitivamente se trata de un gran Maestro. Cuando vi su rostro, sus ojos no estaban mirándome sino que veían a la eternidad, como hacia dentro de sí mismo y a la vez hacia afuera.

En este momento la visión desapareció, volví a sentirme totalmente sentado en ese sillón en la estancia del instituto de Chaya. No había pasado más de un cuarto de hora.

Por la tarde tenía una cita con mi secreta compañera así que saliendo de la escuela de naturismo ella y yo nos fuimos al cine. En un momento dado comentó:

Ya es hora de regresar. La notaba inquieta mientras íbamos en el camión colectivo y me confeso:

-En el cine, estaba detrás de nosotros un gigante o mejor dicho, un hombre de una estatura de más de dos metros, me llamó la atención porque el color de su piel era negra.

-¡Es verdad yo también lo vi en la mañana pero se me olvidó decírtelo - respondí entusiasmado.

-¿Entonces tu también lo has visto, significa que no estoy alucinando sino que muchas veces lo que percibo es verdad?

-Es un hombre que se parece a San Martín de Porres que también es negro y sus ojos demuestran la presencia de un gran maestro -Agregué.

Desde entonces, en esa etapa, ese hombre comenzó a cuidarnos, por supuesto desde el plano invisible. Ella trataba de platicar con él mientras por ejemplo, nos encontrábamos en la oficina de mi socio en la esquina de Chilpancingo e Insurgentes. Pero el Maestro llevaba su índice hacia la boca y le decía con el pensamiento:

-Guarda silencio y pon atención en lo que están haciendo.

Todo este cuidado hacia nosotros me hacía sospechar que las cosas no eran fáciles, que muchas energías estaban luchando por obstruir esta relación de la cual podía surgir algo muy diferente a lo que había experimentado en la G.F.U.

En cuanto a la visión, no me obsesionaba con el deseo de desarrollar facultades extrasensoriales, sino simplemente deseaba conservar mi sentido práctico y mi gusto por la vida humana y natural.

DE VICTORIA A JOSÉ MARTÍ
Antes de 10 días la dueña de la casa de huéspedes en Victoria fue a tocar a mi puerta. Estábamos en intimidad mi compañera y yo, pero era tan insistente su llamada que apenas y tuve tiempo de medio vestirme. Abrí la puerta y todavía con el rostro enrojecido y con el torso descubierto, permití que me viera y esto la puso aún mas seria y preocupada que de costumbre.

-Vengo a entregarle este sobre preparado por mis abogados para que en menos de tres días, si fuera posible desocupe esta habitación ¡por favor! - Me advirtió a quemarropa y más frívola que nunca.

Definitivamente estaba muy enojada ya que no me advirtió con tiempo sobre la necesidad de que nos fuéramos.

Como sea, era muy poco lapso para desocupar. No tenemos a donde cambiarnos y con una voz temblorosa debido a la sorpresa, se lo hice saber.

-No puedo esperar más, esta habitación tiene que estar desocupada en tres días máximo –Fue su aniquilante decreto.

Sin más, la señora se retiró.

Cerré la puerta y mi compañera estaba con el rostro blanco por lo imprevisible de lo sucedido. Sin embargo en su esencia descubrí fortaleza. Tenía una fe muy grande en que íbamos a salir adelante pasara lo que pasara. Esto me dio fuerza.

Así que al día siguiente fui con el señor de los jugos que trabajaba en el instituto Oro. Él me respetaba y se había convertido en mi amigo y como casi diariamente tenía que acarrear verdura y cereales para surtir su tienda; le pedía que me contactara con alguien que tuviera transporte. Me dijo que trataría de arreglarlo por la tarde, que lo visitara al día siguiente.

Mientras tanto, nosotros nos dedicamos a comprar los periódicos de la mañana y buscar desesperadamente un lugar adonde reubicamos. En mi bolsa contaba con mil pesos y la renta mínima que conocía era de un depósito y mil quinientos pesos más. O sea, unos 3 mil pesos, mínimamente. Eso esperando que no nos pidieran fiador y cosas de esas.

No perdíamos la fe y en el periódico encontramos un lugar donde pedían 900 pesos a cuenta de la primera mensualidad, sin depósito ni nada de lo demás. Se encontraba casi en el entronque de Viaducto e Insurgentes. La calle se llamaba José Martí. Inmediatamente fuimos al lugar y la entrada tenía dos enormes columnas pintadas de violeta, de modo que para pasar uno pasaba “entre columnas”, como en las pruebas de masonería.

Un chiquillo nos condujo. Luego apareció un señor mayor y nos mostró el lugar que rentaba. Se trataba ni más ni menos, de una casa completamente desocupada pero que había sido dedicada a la prostitución. Sin embargo, no había tiempo de preguntar nada ni de dudas o razones, así que sacamos nuestros 900 pesos y se los entregamos al señor que se puso muy contento.

Al día siguiente temprano estaba yo de pie frente al negocio de mi amigo de los jugos en la calle del oro casi esquina con Monterrey, cuando él abrió su negocio. Me saludo alegremente pero luego me comento que no había logrado localizar al señor que le hacía las mudanzas.

-¡Eso no puede ser! Necesito un transporte y lo necesito AHORA MISMO -le dije con tono imperativo.

El se dio cuenta que estaba hablando muy en serio. Era el momento en que tenía que demostrarme si en verdad era mi amigo.

-¡Por favor deme media hora –me dijo muy preocupado- trataré de localizar un transporte aunque no sea tan grande!

-No importa que de dos vueltas para trasladar mis cosas -le dije con premura.

Estuve allí esperando e invocando a los Maestros.

A la media hora apareció un señor manejando un automóvil grande y que no tenía los asientos de atrás. Hicimos el trato rápidamente y en cuarenta minutos ya estaba en la casa de huéspedes en Victoria.

Mi compañera me esperaba con ansiedad pues la señora se estaba haciendo proteger (veladamente, por supuesto) por su hijo quien nunca antes vi en la casa de huéspedes para visitar a su madre, sino precisamente en este momento. Era evidente que llegó a cuidarla de nosotros, por pedimento de ella, pues ya había llegado la hora en que teníamos que salirnos de esta casa a como diera lugar.

Ya mi compañera me había comentado antes que percibía la presencia del esposo de la señora. Él ya había fallecido desde años antes y ella no lo había querido dejar libre. Pero cuando llegamos nosotros, según mi compañera, el Sr. pudo encontrar reposo y paz y dejó de vagar por toda la casa.

Pensé que esto debió ser lo que incomodó a la señora y además siendo una casa de señoritas nosotros con nuestro amor liberal fuimos confundidos con simples aventureros.

Subimos nuestras cosas y “no cabía ni un alfiler más “. El automóvil fue el preciso para nuestras pocas pertenencias. El señor chofer que fue muy ingenioso para acomodarlo todo, dijo que estaba listo.

Nos acomodamos dentro del auto, junto de él y partimos. En una hora más estábamos en la calle de José Martí tomando posesión de nuestro nuevo hogar.

Adentro había sutil olor a “sexo”. Pero por otra parte, contaba con un refrigerador, mesa, una soleada y muy pequeña salita de estar, cama, tocador, baño con regadera y algunos adornos por aquí y por allá. Era una “ganga”.

La primera noche en este lugar estuvo bien a pesar de la premura de cambio y pudimos volver a respirar descansados.

Al siguiente día salimos a caminar un poco y comentamos sobre la tristeza de los ojos en el niño que vivía con este señor que definitivamente no era su padre. Casi sin pensarlo mi compañera afirmó:

-¡Este niño sufre acoso sexual de ese señor!

Me quede pensando unos momentos y me dí cuenta que era muy posible que tuviera razón. Así se lo hice saber pero consideramos que era mejor andarnos con cuidado debido a nuestra situación.

Comenzamos a darnos cuenta que por las noches toda esta zona se llenaba de prostitutas y homosexuales. De manera que definitivamente en el ojo del huracán. Esta era una zona roja.
Una de estas tardes mientras meditábamos mi compañera me dijo que teníamos compañía. Los Maestros querían hablarme y ella era la intermediaria:

-Soy el Tibetano y ustedes van a formar LA LÍNEA DORADA que es la línea de
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