El sabio busca la luz y los locos se la dan




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el verdadero amor no es el que ata sino el que libera.

Una vez comenzó a platicarme que su maestro de acupuntura, deseaba que sus discípulos más cercanos lograran el estado del que él gozaba. Por lo cual hacían retiros a intervalos regulares. En uno de ellos duraron más de un mes. Ayunaron casi todo el tiempo y luego, en un lugar llamado “la tumba”, había una entrada especial muy pequeña que permitía pasar hacia una cama de piedra y acostarse sobre ésta.

Antes de pasar a ahí, tenían que ponerse un pañal para adultos, pues iban a permanecer sin moverse todo lo que resistieran, generalmente de 1 a 10 días.

Se trataba de que permanecieran contemplativos, buscando su luz interior.

Finalmente una de las alumnas, durante una meditación experimento la apertura del séptimo chakra, también conocida como La Iluminación. Fue algo más o menos doloroso para esta discípula, pues se le escucho gritar al momento del paso del Kundalini por la pineal.
Este hombre genial, tan criticado por su defecto de tener muchas mujeres y vivir en poligamia, también había excavado en un área especial, arriba de la cual en vez de este techo, puso una espiral de piedra, una especie de hongo. Y allí, por un corredor se entraba para realizar una meditación especial.

Este era el tipo de meditaciones que despertaba facultades supra normales, además combinado con ponerles agujas en ciertos puntos de la cabeza a fin de acelerar este despertar de la conciencia.

Unos años más adelante, cuando ya teníamos video casetera pude ver a través de un vídeo, a este hombre y lo que más me impresionó fue su humildad y su sentido práctico de la vida. Decía que él en todo momento se encontraba en contacto con OVNIS.
A mi compañera también llegue a sentirla como mi Gurú Era muy perceptiva. No puedo olvidar el día en que me dijo muy convencida:

- Primero te vas a convertir en un Iluminado. Vas a lograr la Iluminación y después ya vas a ir al mundo, a la G.F.U. si eso es lo que te interesa. Pero realmente podrás ayudar a la humanidad.

Me lo dijo con tanta convicción que aparentemente lo olvide con los días pero no realmente, pues al final de mi Retiro, cuando necesariamente tuve que recordarlo, me di cuenta que aunque yo no pretendía nada de esto, ella estaba conmigo guiada por su intuición, sus poderosas corazonadas y su amor inmenso a la humanidad.
Fue en el tiempo en que vivía en la calle de Prueba, cuando una vez ella llegó preocupada y me dijo que mi madre le había hablado por teléfono, con la esperanza de poder localizarme. Mi compañera le dijo que realmente sólo tenía mis cosas allí pero que no sabía dónde me encontraba:

- ¿Qué es lo que pasa?- le preguntó a mi madre.

- Es que la mamá de los niños vino por ellos, le acompañaban unos agentes judiciales. Poco después llegaron sus padres que habían viajado desde Chile, para tratar de ayudar en esta situación. Pero los niños están bien, logramos quedarnos con ellos.

Esto no era agradable pues si bien su instinto de madre la llevaba hacia el deseo de arrebatarle los niños a mi madre, por otro lado, mi ex-compañera no podía ser madre.

Con mis padres, estos niños estaban viviendo enormes privaciones, con su abuelo enfermo y quién sabe de qué manera lograban comer cada día. Sin embargo, si se fueran a vivir con su madre, su perdición sería completa. Pues ella misma vivía durmiendo por aquí y por allá, sin estabilizarse en ningún sitio.

Lo que más me molestó es que mi compañera actual fuera perturbada, de manera que decidí actuar.

Habían dejado la dirección del lugar donde se encontraba la madre de los niños. Era un instituto de la G. F. U. ubicado en la calle de Bolívar en donde la dueña del lugar permitía que hubiera allí actividades de los hermanos de "MAIS" y simpatizaba con dicho movimiento.

Tenía el teléfono de ese lugar y llamé. Me identifique, al principio no podían creer que fuera yo quien estaba hablando por teléfono, pero en cuanto recobraron el aliento, me comunicaron con la madre de los niños. De momento se puso feliz pues generalmente siempre me había tenido bajo su control. La corte con frialdad y le dije:

- Te voy a ver ahora mismo. No te mueva de allí.

Inmediatamente fui a ese lugar. Ya encontrándome frente al edificio volví a llamarle y le advertí que ya estaba aquí. Me dijo que la hermana dueña de lugar bajaría por mí. Acepté.

El instituto se encontraba en el tercer o cuarto piso. Y la hermana bajo por el elevador a encontrarse conmigo.

La vi frente a mí y recordé que tenía preferencia por vestirse con colores negros, contrastando con su pelo también negro. Trataba de mostrarme su mejor sonrisa y calor fraternal “como antes”, cuando ella accedía a comprarme algunas bolsitas de a medio kilo, de café elaborado con higo y trigo.

Pero esta vez las cosas eran diferentes. Yo tenía cierto conocimiento de los hechos y no estaba para bromas. Así que ante su sincero o hipócrita saludo, respondí preguntándole de forma imperativa:

- Quiero hablar con ella.

La hermana me noto quizás agresivo y trato de calmarme con frases melosas, principalmente en el afán de protegerla a ella.

- Con usted no tengo nada que hablar, ¡por favor hermana! QUIERO HABLAR CON ELLA.

La hermana se dio cuenta en el plan en que iba y de mala gana me condujo hacia el elevador. Mientras éste se transportaba a través de los pisos me decía:

- ¡Que pena hermano, si lo viera el Sublime Hermano Mayor, el Maestro Estrada, sería triste!

Cuando la hermana dijo esto no pude evitar pensar:

-Si supiera esta hermana lo que estoy viviendo. No podría entender tan maravillosa experiencia.

Llegamos al piso correspondiente y sin cambiar más palabras, la hermana me señaló la habitación donde se hallaba la mamá de los niños.

- Por qué me quieres quitar a mis hijos, devuélvemelos.- Me dijo ella con el corazón dolido y su voz mística de tono fraternal y amoroso.

Ya conocía como eran sus actitudes. Lamentablemente también había conocido suficiente del daño que podría causar cuando no se salía con la suya. Así que con una fuerza que venia de mi ser interno le manifesté:

- Los niños se encuentran con su abuela. No digas que no sabes dónde están y que te los he robado. A ellos déjalos allí. Allí están bien, no intentes nada para que no tengas problemas conmigo. Y te estoy hablando muy en serio. ¡Déjalos en paz!

Ella quiso argumentar algo pero no tenía la fuerza, la convicción que había desarrollado después de haberme separado de esta mujer, me hacía fuerte. Trataba ella de decir algo sin ordenar sus ideas y en su momento agregué:

- Ya sé de las orgías en la G.F.U. ¡Ándate con cuidado!

No pudo decir nada, por lo sorpresivo de mi aseveración. En vista de lo cual me levanté y salí del lugar.
No tenía ningún rencor contra esta mujer pero ya no existía en mi mundo. Conforme me alejaba de estas calles hacia "Mi Camino de Rosas sin Espinas" empecé a darme cuenta que la mejor manera de ayudar a los seres que amamos es protegerlos internamente y que la forma idónea de servir al mundo entero, es encontrarlos dentro de nosotros mismos. Y de lo muy profundo de mi ser surgió la convicción de que tenía que permanecer en Retiro hasta el final, si es que había un final. Entonces por primera vez susurré un decreto que fue afianzándose más y más dentro de mí mismo, hasta convencerme de que debía continuar mi Retiro (aunque no lo llamaba así) antes de pretender ayudar a otros. El decreto es:

-YO SOY MI PROPIO DESTINO.
Los días en la Prueba fueron, en adelante, una felicidad creciente y a la vez, consciente. Por las tardes, cuando ella llegaba a nuestra casita secreta y mágica, yo ya había meditado, estudiado, escrito, hecho horóscopos y hasta disfrutado algún programa de televisión.

En cuanto a ella, tenía una amplia sonrisa porque por fin en su vida estaba haciendo lo que le gustaba. La amaban como instructora y podía asistir a los cursos que había deseado siempre. Estaba conociendo a un hombre muy ligado a la enseñanza china pero que la llevo a Temascales de la Tradición mexicana, otro peruano y luego aparecerían curanderos del Tepoztlan.

Algunas tardes nos íbamos a comer a restaurante Vips, pero también teníamos nuestros gustos predilectos. Ella me enseñó de un lugar a cuadra y media de nuestra casa, donde vendían tortas dobles y hasta triples, de un volumen “fenomenal”. También había un lugar donde hacían pizzas exquisitas y el dueño era un joven que nos quería a los dos y se le iluminaba el rostro cuando nos veía llegar. ¡Nunca disfrute pizzas más ricas!
Pero la mayoría del tiempo me la pasaba sólo, sentía que estaba muriendo y a la vez naciendo a un nuevo estado de conciencia. El maestro de la Ferriere me animaba diciéndome a través de ella:

- Para el mundo tú estás muerto, precisamente cuando comienzas a vivir.
Ella tenía el carácter fuerte debido a su forma de ser así que no se sometía a mis ideas con docilidad. Esto fue motivo de fuertes discusiones y maravillosas reconciliaciones. Fue lo que finalmente me convenció de que encontrar a nuestro complementario perfecto no es para solucionar nuestra vida, sino para compartir un camino y una evolución. Aprendía a respetarla y tener paciencia. Mi amor siempre fue creciendo, nunca se detuvo.

Ella tenía que verme definido para aceptar seguirme, pues también me necesitaba, estaba aprendiendo de mí.

Si la discusión era fuerte me salía a caminar y podía permanecer toda la tarde en la calle contigua, para luego volver. Pero una tarde, las cosas no habían ido bien y reñimos tan fuerte que tome la decisión de salirme a las once de la noche, con una ropa ligera, cuando hacía frío.

Sabía que con esta mujer uno se juega “el todo por el todo”. De manera que no iba a regresar esa noche. Caminé hacia el metro Potrero, luego un poco por el jardín de la avenida Insurgentes. Escogí un árbol grande que tenía en su derredor un desnivel de tierra y allí me acomode para tratar de dormir. Con mi mente, me cubría con mi capa violeta, recordando lo que me habían dicho: “Esta capa te cubrirá del frío”. Las horas pasaban muy lentamente. Enterándome de todo lo que ocurría en la avenida Insurgentes por este lugar y a esta hora. Las patrullas con sus vehículos lanzando flashes de colores hacían sus rondas nocturnas. Luego, como a las cuatro de la mañana aparecieron los que barrían la enorme avenida Insurgentes, usando sus fosforescentes trajes naranja. Y poco a poco fue saliendo el sol. Eran las nueve de la mañana cuando ya estaba sentado en mí improvisado Asrham: El parque María Luisa. La poca gente que se encontraba aquí, acompañándome, estaba en pants y corría dando vueltas en torno al parque, haciendo ejercicios.

Cuando me acercaba a mi casa de La Prueba, tenía mis reservas pues no sabía si aún mi compañera “estaría armada”. Para mi sorpresa ella se encontraba verdaderamente preocupada, me contó que a la 1 de la mañana estuvo dando vueltas por el parque María Luisa con esperanza de hallarme. Se llevó un buen susto.

Pero por mi parte, algo me dijo que todo sea como sea, no es casual. De tal manera que me permitió experimentar lo que ocurre en la noche por estos lugares y también, dentro de la mente de un Iniciado al pasar por la selva.

Ella me trató tan bien que me hizo recostar y dormir, mientras me contemplaba, amorosamente. Fue una actitud inolvidable porque me enseñó que todo pasa, excepto el amor.

SALIENDO DE LA PRUEBA
Pasó más de un año y un día nos dijo el encargado de la vivienda que había que desocuparla porque los dueños deseaban disponer de la casa entera. Momentáneamente esto me descontrolo, pues mi sensibilidad interior iba creciendo y esta perturbación no me hacía bien.

Comenzamos a buscar por los lugares cercanos y en la siguiente calle paralela a la Prueba, entramos en tratos. El señor tenía a su familia y la casa estaba controlada todo el día por la presencia de estas personas, como me encontraba prácticamente todo el día en casa, tuve que decírselo. Esto le pareció extraño, no era posible que una persona pudiera vivir dentro de una habitación tanto tiempo, así que se puso a nervioso.

Sin avisarme, a los tres días fue a investigar las referencias de nuestro domicilio, en calle de Prueba, que le habíamos dado. Allí platicó con mi vecino (el que vivía a la izquierda) y sorprendentemente él le habló maravillas de mí, diciéndole:

-La persona a la que usted le va a rentar es alguien muy especial. Nunca le dará problemas. Vive muy tranquilo y no se mete con nadie.

En ese momento mi compañera y yo íbamos llegando a la casa de la Prueba. Nuestras cosas estaban semi empaquetadas y nos sorprendió encontrar allí a nuestro futuro arrendador.

El Señor no encontró ningún motivo para no rentarnos y sin embargo, entre titubeos en ese momento decidió no hacerlo. Todo le parecía muy misterioso y eso no le gustaba.

El tiempo se acortaba y esta noticia fue ingrata. Buscamos casa por cuatro días más, pero nada.

Encontramos varios lugares pero ninguno era el adecuado para conservarme independiente de la mirada inquisidora de mis arrendadores.

Pero conforme las cosas se ponían peor hice lo correcto, comenzando a tranquilizarme.

Los Maestros dejaron de hablarnos y sin embargo confié a Ellos mi destino. Dejé de buscar y me sentaba a meditar por dos o tres horas. Logre un estado de paz y serenidad difícil de describir. Y una tarde llegó mi compañera muy contenta y a la vez nerviosa y me dijo:

-Ya encontré el lugar, en la misma calle donde se encuentra la casa de mis padres. El único problema es que necesitamos un fiador, urgentemente.

No conocía a alguien más en estos momentos que su propia familia y además, me había ganado su respeto, pues había hecho las cartas natales de todos ellos. Así que pensando en quien sería la persona idónea para este caso, llegamos a la conclusión de que su padre era buena persona y tal vez accedería.

No nos equivocamos el padre de ella amablemente intercedió por nosotros. Y acudimos a una cita concertada con el arrendador que desde pequeño vivía en el barrio de la colonia industrial. Resultó que mi probable suegro y el arrendador eran de una edad similar y comenzaron a platicar de los viejos tiempos en su infancia y como era la colonia industrial en ese entonces. El trato se convirtió en amistoso y en menos de cuarenta minutos ya habíamos firmado el contrato.

Al siguiente día cuando le di las gracias al encargado de la casa en calle La Prueba, me pidió que no me fuera. Que si deseaba me quedara allí el tiempo que quisiera porque en realidad, lo único que deseaba es que mi vecino de la izquierda desocupara el lugar, porque ya no lo quería allí. Nunca supe que fue de lo que se entero. Pues de lo que yo sabía jamás lo comente. Respetaba a esta persona sin importar su vida íntima.

Esta actitud del encargado de la Prueba me conmovió, pero al mismo tiempo que ya no podía hacer nada. Mi PRUEBA había llegado a su fin y ahora quedaba más cerca que nunca de la casa de los padres de mi compañera, que se encontraba apenas y pasando el parque María Luisa, a una cuadra de la calzada Misterios.

EL DEPARTAMENTO NUEVO Y UNA VIDA DE ALTO INICIADO
Llegamos al lugar con nuestras cosas y me encontraba feliz, después de este triunfo contundente pues la casa resultó ser bastante amplia y cómoda en su interior, como ninguna que hallamos tenido anteriormente.

Ella ganaba ya lo suficiente, con mi apoyo como para que nos fuera posible pagar una renta mayor.

La casa en sí constaba de planta baja y primer piso. En la planta baja vivía la hija del arrendador con su familia y lo que nos rentaban era la planta alta. Por el diseño de la casa y la actitud de mis nuevos vecinos de la planta baja, era notorio que ellos habían acostumbrado ocupar ambas plantas, pero al dueño de la casa le pareció justo recibir un poco de dinero, de tal modo que deseó rentar una parte.

Por todo esto fue que me encontré con varios inconvenientes, el más delicado era que sólo había una puerta de entrada a la casa e inmediatamente al abrirla se hallaba un pasillo que conducía hacia la planta baja, que era la casa de mis nuevos vecinos y hacia la derecha, una escalera de cemento que conducía hacia nuestro departamento en el primer piso. Además si no éramos discretos al caminar arriba, en nuestra casa, los vecinos de la planta baja se enteraban por que zona de la casa nos encontrábamos. Si hablábamos demasiado fuerte todo se escuchaba abajo. Así que algo muy especial me estaba pidiendo mi Camino, en esta etapa de mi vida.

Pero lo positivo de este lugar es que teníamos un balcón que daba hacia la calle además, nosotros recibiríamos la luz del Sol a través de las ventanas, por toda la parte lateral de la casa. El baño tenía tina y la cocina una ventana chiquita por la que uno podía disfrutar la vista hacia la calle, lo mismo que por el amplio balcón.

Además, contábamos cada vez con mayores cosas. En los primeros meses ya teníamos refrigerador, televisión a color, video casetera, un comedor con sillas, un colchón de algodón (que es más caro que los colchones comunes), estufa, refrigerador, horno de microondas, una mini lavadora, plancha, etc.

En la recámara había closet amplios, así que no tenía problemas con donde colocar nuestra ropa. Gracias a la lavadora pequeña y la plancha podía contar con ropa limpia y apoyarla a ella también en este sentido, pues salía temprano y llegaba noche.

Pero con el tiempo comenzó a quedarse cada vez más tiempo con sus padres o con sus tías, por lo intenso del trabajo y tal vez porque mi energía estaba entrando a fases especiales que dificultaban sutilmente nuestros mutuos intereses.

Sin embargo, se realizaban trabajos especiales, coordinándonos a distancia. En semana Santa, por ejemplo, ella convenció al grupo para que se quedaran en el instituto “Ave Fénix” a meditar toda la noche del viernes santo para amanecer el sábado. Fue una idea loca que se nos ocurrió de que se turnaran para mantenerse meditando toda esa noche.

Por mi parte, empezó un trabajo verdaderamente agudo, pues estaba logrando subir mi energía y la sentía perfectamente en mi cabeza. Proceso que puede durar así toda la vida. No es una sensación agradable sino por momentos mas fuerte. Pero uno se acostumbra a todo.

A media tarde me gustaba escuchar música refinada en nuestro estéreo y a veces me ponía a bailar solo, imaginando que ella estaba conmigo. También me gustaba variar y ver a estas horas alguna película de televisión o el programa de la hechicera y “mi bella genio”. Sentía que eso de que nuestra pareja viviera en una casita encantada muy pequeña o en nuestro ser era perfectamente posible.

Ver una película por televisión me causaba una sublime emoción

En realidad empecé a tener una vida de un verdadero Rey. Pero mi responsabilidad crecía pues tenía que estar alerta todo el día, haciendo yoga, meditando, controlando mi mente y manteniendo una actitud siempre positiva. Pero aún con todo esto, de repente sentía que el mundo se me venía encima. Entonces descubrí el Kundalini yoga. Más bien ella me llevó algunos libros y algún video del Yogi Bhajan, de los que compraba cada vez que iba a centros de Kundalini yoga a tomar clases. Y luego, combine estos métodos de respiración especial del Yogi Bhajan con los que enseña el doctor de la Ferriere en su obra maestra: El Yug, Yoga Yoghismo.

Mi casa comenzó a convertirse, de cierta manera, en un templo. Y siempre que ella entraba, apenas abría la puerta, hacía una inclinación reverente porque me decía que una energía diferente y superior se estaba manejando en este lugar.

Pero mi vida era de lo más normal, según yo. Aunque conforme fueron transcurriendo los meses, si abandonaba mi mente por mas de una hora y la dejaba divagar, como un humano común y corriente, sentía toda las persecuciones emocionales que se puede uno imaginar: Depresión, tristeza, nostalgia, miedo, incertidumbre, enojo, lujuria, etc. etc. Así que con las respiraciones subía tan fuerte mi energía que sudaba y sudaba. Mi voluntad se desarrollaba.

Hacía en la noche algunos movimientos de Tai-Chi. Luego meditaba con las palmas de las manos juntas, por sobre la cabeza. Esta meditación era muy poderosa pues no solamente se trataba de tener las manos juntas arriba de la cabeza sino además usaba visualizaciones especiales de luz en cada glándula endocrina (chakra) a lo largo de la columna vertebral. Cuando la estaba practicando comenzaba a sudar y necesariamente mi voluntad inició su verdadero despertar y su avance ascendente y definitivo.

Como un complemento, antes de practicar la Hatha Yoga de la mañana, tomaba un litro de agua. Y con respiraciones especiales provocaba la limpieza de mis intestinos, defecando perfecta y naturalmente.

El estado de paz que estas disciplinas me permitían era muy especial y real y solo puedo describirlo como “Ser uno con el mundo y con la vida”. Entonces, podía ver la tele, pero de veras disfrutarla.

Al medio día podía caminar por la calle y estar consciente, ¡celebrando a la vida!

Mi energía crecía de tal forma que a las 2 de la mañana podía encontrarme meditando, antes de acostarme a dormir.

Cuando comía me sentía más “atontado” que cuando en el pasado ingería alimentos. Por este motivo era tan valiosa la práctica de respiraciones especiales en estos momentos y lo que mi cuerpo tenía que asimilar en dos o tres horas lo hacía en 25 o 30 minutos. Y otra vez recuperaba mi equilibrio.

Mis sentidos y la conciencia de mi YO crecieron enormemente.

Cuando ella no llegaba en la noche y me sentía triste entonces hacía respiraciones especiales.

Había leído sobre la postura de “parado de cabeza” y que el Maestre de la Ferriere advertía que era muy peligrosa y no se hacía responsable de lo que ocurriera a aquellos que la practicaran. Pero las depresiones de alrededor de las cinco de la tarde las estaba sintiendo con una fuerza destructiva mucho más poderosa que antes, así que comencé a practicar esta postura a esas horas y después cerraba con meditaciones breves o largas, según sintiera la situación.
Una vez me dijeron los Maestros:

- Nadie en la G.F.U. ni en otros lugares es tan disciplinado como tu.
Podía leer un libro en un solo día, cuando normalmente se lee en cuatro o cinco días. En menos de un mes escribía un tratado de economía o bien de administración, yoga, tragedia poética, física, teología, y otros más. Revisando libros que trataban de dichos temas.
Como mi compañera se encontraba cada vez más dedicada al fortalecimiento del grupo, entre en un estado de contemplación.

Afortunadamente los días en que recientemente ocupamos el departamento todavía fueron de compartir. Íbamos al “videocentro” de Misterios y rentábamos una película, comíamos juntos, etc.

Pero con el grupo ella debía guardar las apariencias. Así que por ejemplo, era imposible que en una fiesta tradicional estuviera conmigo. Supe lo que era estar solo la Navidad, Año Nuevo, fiestas patrias, Semana Santa, etc.

De hecho ya desde antes ella estaba con sus padres en todos estos festejos o fiestas familiares.

Pero estar solo en estas fechas me dio la oportunidad de crecer de manera única. Porque desarrolle la capacidad de sentir la felicidad cada día y no solamente en días de fiesta.

Estaba conquistando el eterno presente sin él nada tenía sentido.

Ya estábamos instalados en nuestra nueva casa cuando se consolido lo del enganche para la casa de Arboledas y ella había logrado contactar al maestro de Tai-chi y de la filosofía china y a un peruano que tenía gran experiencia en el sendero. También un jovencito que había aprendido defensa personal, se convirtió en un gran entusiasta dentro de nuestro centro llamado “Ave Fénix”. A este último empecé a mandarle información a través de mi compañera.

Con toda esta gente se inauguró el centro y no puede estar físicamente allí. Pero no me lamentaba. Era realmente un hombre feliz.
Por fin los Maestros volvieron a comunicarse y me felicitaron por haber hecho el manejo correcto que precipitó nuestro actual departamento. Ellos no perdían la fe en nosotros. Así que un día en que calculaba mis fuerzas y me daba cuenta que yo era simplemente, una persona más entre millones de seres humanos, el Maestre de la Ferriere dijo:

-Imagínate que yo tomara esa actitud y me diera por vencido debido a que en la adversidad no encontrara seres humanos capaces de servir a las fuerzas de la luz. No puedo darme por vencido y dejar que “las fuerzas oscuras” hagan lo que les venga en gana.

Tal vez dentro de todo el menú romántico que podía compartir con ella. Ver películas de vídeo fue para mi una grata ilusión porque las alquilábamos de todo tipo, incluidas las eróticas y a ella le gustaba el sexo pero sobre todo era amante por naturaleza, lo cual me mantenía tan positivamente cautivo que me protegía de todo deseo depravado.

En realidad sentía que nada debía impresionarme. Y cada que le era posible a ella estar conmigo, íbamos a rentar películas o a cenar.

Pero a los pocos meses ese videocentro se quemó, entonces ella entre broma y en serio decía que era por la energía que yo estaba desarrollando.
Una tarde llegó mi compañera y me comento que los Maestros, seguramente el Maestre de la Ferriere, le había dicho que en adelante me llamaría
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