El sabio busca la luz y los locos se la dan




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“las logias blancas” de una masonería fundada con la enseñanza del Maestre de la Ferriere y el Maestro Estrada, me entusiasme.

A sus miembros se les pedía como requisito que fueran ovo-lacto-vegetarianos, hicieran yoga, etcétera. En realidad, no todos cumplían con las exigencias pero había gente aquí que no me era desconocida. Eran logias que por primera vez aceptaban también mujeres (pues la masonería Tradicional solo acepta hombres).

No perdí tiempo, me fui al lugar y quise ser iniciado. Fue algo muy interesante porque durante ésta iniciación aunque no tenía dotes de telepatía, sin embargo, escuché una voz que me decía:

- Saint Germain

Y luego:

- ¡Amerricua!

La logia en que sería aceptado se llamaba: Amerricua que significa “El País de los Vientos”.

Pasé con éxito la iniciación aunque el maestro masón que me tocó era uno de los más fuertes en este naciente movimiento masónico para la G.F.U. Solar.

Durante la iniciación, ese maestro masón trató de intimidarme de muchas maneras. La persona que estaba siendo iniciada junto conmigo, cuando estaba terminando la iniciación, prácticamente no juró ser masón por siempre sino todo lo contrario, el proceso fue tan fuerte para el que lo que prometió fue no volver a la masonería.

Tal vez mucho se debía a la extraña personalidad del sadista y juguetón de mi iniciador. Con respecto a mí, al ver que no me conmovían sus juegos de humillación, tomó la espada y la calentó un rato con el fuego de una vela y entonces amenazó con quemarme la mano, pero yo pensé:

“Nunca he visto a gente aquí que tenga quemada la mano; así que de seguro es otra de sus travesuras”.

Y como no me conmovió, finalmente él se inclinó ante sus hermanos masones y declaró que ya era un iniciado con el grado de “aprendiz”.


MI JOVEN DISCÍPULO MASÓN Y LA PERSONALIDAD DE SU NUEVO MAESTRO
Un jovencito de unos 16 años que había sido mi amigo en el tiempo en que yo pase a medio Gegnian y el entró a Yamines era alguien a quien le caí tan bien que le gustaba platicar conmigo viéndome como su maestro y que ahora volví a encontrar aquí, dentro de la Logia.

Su maestro ahora era el alto aquel (el iniciador) que me había iniciado como aprendiz, a quien descubrí un temperamento algo extraño.

Me acordé que este jovencito e inestable discípulo se había alejado de mi vida después del día que me preguntó con relación a su carta natal horoscópica, si él llegaría a ser maestro y le dije que no porque en esta vida tenía que cubrir sus oportunidades (sextiles) y que tal vez cuando fuera maduro podría vivir algo de estos aspectos de cosecha (trinos). Después de ese día se fue alejando de mi vida.

Sin embargo, al verlo aquí no experimente rechazo sino un verdadero gusto por reencontrarlo. Aunque ese adolescente fresco de actitud humilde y auténtica se estaba desvaneciendo. Mi amigo comenzaba a desarrollar un raro orgullo. Estaba a punto de convertirse en maestro masón.

Pero me apreciaba y cuando le dije que el iniciador con todo y su manera de ser era un “maestro” se puso feliz.

A los pocos días estábamos platicando este jovencito, el iniciador y un servidor en una estación del metro y el iniciador me preguntaba que era lo que buscaba en la masonería. Le expliqué que debía haber una congruencia entre iniciación y negocios. Me preguntó sobre que sabía hacer, le dije que varias cosas pero también, pan integral.

Como mi amigo contaba con un horno para pan, el iniciador sacó de su bolsa un billete de 50 pesos y me lo extendió para que comenzáramos a elaborar pan. Entonces, se dio media vuelta y se fue. Me pareció “mucho dinero” debido al acto de desprendimiento con que nos lo dio el maestro masón.

Mi amigo y yo nos quedamos mirando unos momentos sin saber que decir, nos llenamos de optimismo y nos pusimos a hacer planes para comenzar a trabajar inmediatamente al siguiente día.

Mi camarada y yo volvimos a platicar como en los viejos tiempos. Le comenté que el iniciador era una gran persona, sin embargo, le confesé que veía violencia en su forma de ser. Mi confidente me tenía confianza y me contó cosas de su maestro. Su signo era Aries y eso lo hacía un poco agresivo, pero que además eso no era tan malo pues tenía valor, por ejemplo, él había sido sacado por maestros masones de “logias blancas” de la G.F.U., de una tortillería donde estaba trabajando. Un día llegaron ellos y le dijeron:

- Deja eso que te necesitamos.

Así fue como se volvió masón.

Luego me reveló que antes de eso había sido judicial y que en su vida llegó a caer muy al fondo al punto de que en algún momento había violado mujeres junto con sus compañeros judiciales.

Esto me “pegó fuerte”, pero mi idea del perdón literal estaba muy arraigada en mi sobre todo con mucho de ilusión y también convenientemente, pues debido a mi situación económica y espiritual necesitaban un giro urgente en mi vida.

Así que decidí perdonarlo, reconocer que estaba cambiando y que tenía mucho que enseñarme.

Empecé a trabajar con este amigo y así por lo menos tenía pan para llevarlo a mi casa, además que me entusiasmaba cuando llegaba el día de la “Tenida” (ten y da). Se trataba de las sesiones semanales, en que asistía a la Logia.

El iniciador veía que no me intimidaba fácilmente a diferencia de todos los que en general lo seguían de forma más o menos fanática. Comencé a notar que este hermano era muy conocido y que algunos de la G.F.U. le temían (incluidos algunos Jerarcas) tratando de darle por su lado, ocultando recelos y malos comentarios detrás de una supuesta amistad feliz y universal.

Aunque había algunos Reverendos que lo rechazaban a voces, porque les constaba que era homosexual.

Su imagen era muy controvertida, pero cuando se estaba cerca de él uno se encontraba con una persona que generalmente se mostraba con una euforia feliz, le gustaba ser fraternal, abierto y con una forma de hablar fuerte e impulsadora. Solía, cuando el momento era propicio, reír a carcajadas.

Uno se sentía bien junto a él, daba seguridad cuando uno no sabe que hacer con su propia vida. Pero a mí no me obligaba fácilmente. Así que se esforzaba en darme un poco más de sí mismo.

Asistiendo a las tenidas me empecé a enterar en que consistían sus “juegos sádicos” que para el iniciador era un desafío al valor, para limpiar a sus discípulos de todo pudor y miedo a la sexualidad. Tuve la suerte de ser conducido por mi joven ex-discípulo que quitándose la rigidez que exige el grado masón, se relajaba conmigo y me platicaba TODO lo que realmente hacía y pensaba su nuevo maestro.

Así fue cómo me enteré de que éste era lo que vulgarmente se dice “un cabrón”. Se llevaba a sus discípulos anhelantes de despertar su conciencia y de adquirir altos vuelos en la masonería y, en un parque en las afueras de la ciudad llamado “la marquesa” hacia que todos se desnudaran y se vieran tal cual, que no tuvieran miedo de erecciones genitales o cosas así.

Algunas de mis compañeras que había conocido en Yamines o en yoga, cuando las encontré en la Logia ya se habían corrompido de una manera bastante ridícula y con morbos que no valían tanto como parecía. Y es que dentro de estos procesos de iniciación sensual, que aunque no caían en sexualidad oficialmente, al final no eran otra cosa que orgías disfrazadas. Sería cosa de tiempo para que la degeneración fuera abierta en los alumnos de “las logias no tan blancas”. Sin embargo, había que encontrar el equilibrio y tenía que ser pronto.

Cuando me enteré de estas situaciones lo primero que hice fue actuar con prudencia y guardé silencio. Mientras no se metiera conmigo todo iba bien.

Mi joven amigo no dejaba de sorprenderme con informaciones. Por ejemplo, me contó que el iniciador fue el que dio el reconocimiento de aprendiz al Maestro Marcelli. Según su información fue el mismo maestro Estrada quien le dijo al Maestro Marcelli que apoyara a la masonería y por eso el Maestro Marcelli accedió a entrar a la masonería de la G.F.U. No sé hasta que punto esto es cierto. Pero además el iniciador se reía naturalmente cuando alardeando sobre la iniciación del Maestro Marcelli, el iniciador le ordenó arrodillarse y el Maestro lo hizo, cuando se supone el masón sólo se arrodilla ante Dios, según el reglamento masón.

Esto me hizo recordar que en mi propia iniciación, por algún motivo yo no quise arrodillarme, sobre todo por la forma agresiva con que se me ordenaba que lo hiciera.

Otra cosa interesante que me comentaba era la manera de pensar del iniciador respecto a la sexualidad. Él decía que cuando un masón conoce a la esposa de otro masón y le gustaba, entonces le dice al esposo:

- Tu esposa es agradable.

Y el masón aludido responde:

-Por mí no hay problema, si ella quiere.

Otra vez mi joven espía me platicó que el iniciador había hablado de mí, comentándoles con su acostumbrado tono de voz animado y en casos como este, también severo:

- Con respecto a él – dijo refiriéndose a mí-, es una persona peligrosa. Lo único que queda es esperar que cuando se vaya a suicidar, le digamos: ¡Hey hermano, no te suicides!

Me dí cuenta que el iniciador reflejaba mucho de lo que realmente era el mismo en mi. Eso me parecía interesante, sobretodo porque le estaba costando someterme y yo no le temía. Él detectaba en mi persona una energía espiritual interior especial que le dañaba, pero a la vez una pasión por la iniciación con la que él si se identificaba.

Pensándolo bien me dí cuenta que el deseo de trascendencia y el de suicido son muy parecidos, pero totalmente diferentes. Así que finalmente quien estaba en esa situación suicida no era yo sino él. En realidad yo intuía una necesidad de renacer.

Así que lo que él captaba no era correcto pero me daba la oportunidad de pensar, y aprender muchas cosas como no lo había hecho antes en la G.F.U.


LA AGONIA DEL NIÑO EL DESAMOR Y EL AMOR
Por aquellos tiempos mi segundo hijo de siete meses de edad estaba a punto de morir.

Había estado enfermo y mi falta de experiencia impidió que captara el avance de su mal, entonces su madre se acordó de una pareja de amigos de la G.F.U. que actualmente vivían en casa sede mundial como “moradores”. Él era practicante de homeopatía y bajo la conducción de un verdadero homeópata, daban consultas muy baratas cerca de la terminal del metro Zaragoza. Con lo urgente del caso nos apresuramos a visitarlo, pero me daba mucha pena no tener para pagar. El hermano tuvo que enterarse de mi falta de recursos mientras revisaba a nuestro hijo. Para mi sorpresa se volvió fraternalmente hacia mí y me dijo:

- ¡No te preocupes hermano ahora me toca servirte! No entiendo porque en la G.F.U. nos gusta servir pero nos resistimos a ser servidos.

Esto me dejó positivamente pensativo por un tiempo.

Pasaron unos días y el niño no sanaba, así que le hablé al hermano homeópata y me dijo:

- Dejemos que se cumpla la voluntad de Dios si el niño debe vivir, vivirá y si debe morir morirá.

Ahora me pareció una filosofía estúpida que echaba a la basura todo lo inteligente que me había parecido.

Fue cuando por fin reaccioné, terminé mi sesión de yoga y me relaje lo más que pude con algunos ejercicios especiales, sospechando que no me esperaban momentos fáciles. Tomé al niño y seguido de mi compañera nos dirigimos al Hospital General de México. El niño fue inmediatamente detenido y pasado a terapia intensiva. Estaba agonizando de neumonía.

Bajo estas circunstancias hasta yo mismo me iba a quedar sorprendido de la materia especial con la que estoy formado, pues ante el inesperado peligro, me olvide de todo en la vida para dedicarme al cuidado del niño. Me mantuve incólume durante quince días durmiendo alrededor de una hora por noche. No salí del hospital para nada, prácticamente estuve sin comer. Dormía abajo de un escritorio en la salita, afuera de terapia intensiva. Lo especial no era solamente esto, pues muchos padres reaccionan a sí por sus hijos en estos casos, sino que lo particular era que me mantenía tan concentradamente positivo que casi era capaz de reír, al punto de que cuando llegaban a visitarme amigos y familiares yo los entretenía a ellos con mis bromas y hasta terminaban platicándome sus problemas porque se les olvidaba que iban a consolarme.

Pero no por estar contento dejaba de permanecer consciente de lo delicado de la situación.

Viví cosas muy especiales en esos días de retiro en el hospital, porque no tenía nada de dinero para pagar las aportaciones de sangre y de alimento tratado que se le daba al niño a través de sondas. Sin embargo, tenía confianza.

El equipo de doctores que le tocó atender a nuestro hijo recién nacido eran muy unidos, lo cual estaba ayudando a que el milagro de la sobrevivencia del niño pudiera ser posible. Ellos sabían que yo permanecía en la puerta de terapia intensiva y me mandaban al hospital

de enfrente para traer dotaciones, exámenes y cosas que se necesitaban con urgencia. Ya en el hospital de al otro lado, cuando me estaban empaquetando en una bolsa lo solicitado decía, exagerando un poco más mi sentir:

- No tengo para pagar.

Debí haber sido muy convincente o la gente sigue teniendo buen corazón, porque siempre me dejaron sacar mis pedidos y nunca les di un centavo.

Estaba viviendo otra vez una especie de retiro. Hacía yoga en uno de los jardines del gran hospital y cuando pasaban los doctores me veían parado de cabeza, o en posturas de torsión. Hacían muecas de sorpresa, quizás tratando de pensar de que se trataba todo eso.

Para variar una de estas tardes mi pareja experimentaría una de sus crisis en un momento tan inoportuno que lo haría más difícil para mí. Cuando eso sucedió lo sospeche desde el principio pero a la vez, no tenía tiempo ni capacidad de considerarlo.

Todo comenzó cuando tenía que llevar a nuestro hijo al hospital y me acorde que mi iniciador, había ofrecido su mano de verdadero hermano, advirtiéndonos que quien se diga ser un verdadero masón, siempre ayuda a su compañero que lo necesita. Así que le llame y llegó junto con mi joven amigo en su camioneta para llevar a mi hijo al hospital. En cuanto mi compañera lo vio le “gusto”, no se si por su “arrebatadora personalidad”, o porque estaba enterada de que era un “maestro masón líder”.

El hermano iniciador, sacó unas monedas y me las entregó en nombre de la masonería y mi compañera no le quitaba “los ojos de encima”. Se fue pero todavía apareció unas dos veces mas durante mi estancia en el Hospital General de México.

Mientras tanto, yo me concentraba pidiéndole al Sublime Hermano Mayor (maestro Estrada) y a los grandes Maestros de la Luz, que si era su voluntad que mi hijo no se salvara estaba bien, pero me mantenía firme para asegurarme que fuera la voluntad de Los Maestros la que actuara.

Una tarde mientras mi hijo continuaba agonizando, mi compañera y yo caminábamos por uno de los grandes jardines del hospital, ella estaba nerviosa y de pronto me dijo:

- Quiero separarme de ti.

- ¡Estás loca o que te pasa! –Respondí sorprendido.

Ella comenzó a llorar. En cuanto a mí no podía creer lo que me estaba diciendo, decidí ignorarlo. Era suficiente con tener al niño en la situación en que se encontraba.

Me había hecho cada vez mas fuerte a todas “las sorpresitas” que esta mujer pudiera irme presentando, además debió haber una fuerza superior conmigo pues me recuperaba rápidamente de todo lo adverso de situaciones que se me fueran presentando como éstas, y en pocas horas ya me encontraba recordando cosas gratas.

Revisaba la carta natal del niño y pensaba que no era su momento para morir. Rememoraba con agrado el lugar sagrado donde nació, como es que se me permitió pagar su salida con mi donación de sangre y sobre todo, algo que me llamó especialmente la atención fue que cuando me lo entregaron estaba envuelto en un manto naranjo, o color oro-rubí como el que usan los monjes en la India y Tíbet.

En fin, el niño fue valiente. Por tres veces salieron llorando desconsoladamente padres del área de terapia intensiva, eran niños que se encontraban junto a él y morían. Pero él sobreviviría una y otra vez, así hasta que venció a la muerte después de quince a veinte días en una agonía amenazante.

Pero no todo iba a ser negativo, mientras estuve velando por él, pues también cosas gratas me sucedieron.

LA SECRETARIA DE CASA SEDE MUNDIAL
Desde los tiempos en que era el mozo en Casa Sede Mundial la secretaria del lugar, una jovencita de unos 19 años, se hizo mi amiga. Estaba entusiasmada por la G.F.U. y comenzaba a practicar yoga. Me admiraba, porque ella no sabía astrología y le interesaba, de modo que me hacía muchas preguntas al respecto. Me gustaba tenerla cerca, ya que a veces me parecía como un Sol en medio del desierto. Su signo era virgo y esto lo representaba muy bien con su figura agradable y su carácter pudoroso a la vez que flirteaba. Su rostro era lo que más la identificaba como de signo virgen. Aunque no sé porque sus pies eran muy toscos. ¡Algo extraño a toda su natural belleza!

Sólo una vez intente darle un beso pero ella se sorprendió y me dí cuenta que en realidad me veía como amigo y nada más. Reaccioné a tiempo y decidí conservar su valiosa amistad.

Ella fue la que poco después iba a ser tomada por mi director de Gegnian para convertirla en su esposa.

Como amigos, ella me confeso que a su esposo, ni lo amaba ni no lo amaba, simplemente iba dispuesta para aprender a ver que pasaba.

Poco más tarde tuvo dos hijos.


EL DIRECTOR DE GEGNIAN Y LA FRATERNIDAD
Mi director de Gegnian era de carácter arrebatado por su signo Aries y a la vez muy sentimental por su ascendente Cáncer. Él me observaba y trataba con respeto cuando iba a su grupo de Gegnian y cuando mi hijo enfermo fue él quien instó a todos los hermanos de la escuela para que juntaran dinero. Un dinero verdaderamente maravilloso que él personalmente me llevó al hospital y esto es algo que no puedo olvidar.

Mi hijo de siete meses de edad estaba en terapia intensiva, pero yo no estaba solo. Lo supe cuando lo vi aparecer por el corredor del hospital. También me llevó un sobre con una tarjeta firmada por todos mis amigos y hermanos de la escuela de Gegnian, todos decían estar conmigo.


UNA AMIGA DE FUEGO
También de tiempo anterior a la enfermedad de mi hijo, entre mis compañeras se encontraba una atractiva mujer, mas o menos de mi edad; pero representaba mayor madurez, ella era de Monterrey. Su cuerpo era de formas agradables y llamativo porque le gustaba arreglarse, completado con un carácter decidido por su signo de elemento fuego.

Ella se enamoró de mí y yo me sentía bien platicando con ella. Era Licenciada en administración.

Admiraba mucho que yo tuviera hijos acuarianos y que su madre fuera extranjera.

Recuerdo que en algunas de las reuniones a las siete de la mañana para la ceremonia cósmica con el Maestro Marcelli o un Jerarca, le gustaba tomar a uno de los niños en sus brazos y le decía en broma a sus amigas:

- ¿Qué te parece mi hijo? ¡Verdad que es bello!

Siempre disfrutaba verla y con eso me conformaba.

Pero cuando ella supo que mi hijo se encontraba grave en el hospital se conmovió sinceramente. Entonces aprovechando el momento y la confianza que me inspiraba le ofrecí tres de mis libros de Gurdjieff (Relatos de Belcebú a su Nieto) para que me los comprara a un precio justo. Ella con gusto lo hizo. Éste poco dinero me ayudo por el amor con que me lo daba.

Al poco tiempo de que mi hijo salió del hospital esta amiga de fuego estaba por casarse o se acababa de casar y nos encontrábamos en la estancia principal del centro de Eugenia, por donde se pasa para entrar a la escuela de Gegnian.

Estaba triste porque no le estaba resultando bien su matrimonio y se refugiaba en mi amistad. En ese momento yo no sabia que hacer por ella, entonces la abrace y le di un largo beso. Fue una actitud realmente fraternal pero también llena de sensualismo. Era mi manera de manifestarle mi amor. Ella lo tomó sin cuestionar y se calmo.

Poco después deje de verla y la iba a reencontrar cuando supe que era gerente en uno de los centros más importantes del doctor Chaya Michan en la ciudad de México.

Para ese entonces había fracasado mi consultorio de astrólogo en que me asocié con otros dos astrólogos valiosos, pero tan soñadores y humanistas como yo, aunque quizás con menos suerte.

SUPERVIVENCIA MILAGROSA DE NUESTRO HIJO
En fin, todavía dentro del hospital, cuando salía de la sala de terapia intensiva con el niño en brazos, miré a la ciudadela adornada con un gran jardín que hace menos de dos años había tenido en ese mismo sitio un edificio especial para maternidad que constaba de varios pisos. Pero por causa del terremoto se había venido abajo.

Fue ese un momento dramático, pues muchos de los involucrados habían luchado por salvar a niños recién nacidos y hubo actos valerosos como el de las madres que tuvieron a sus bebes ese día y que no sobrevivieron pero sus bebes sí, debido a que ellas dieron la vida por sus hijitos.

Mientras salía del lugar con el niño en brazos, por algún motivo sentí que se cerraba un ciclo en este lugar, debido a la curación milagrosa de nuestro hijo.

Cuando llegué al tallercito de mi padre que se encontraba bastante cerca de aquí, había fiesta y felicidad en mis familiares, pues en el taller estaba reunida toda la familia y ellos se habían quedado allí por turnos. Me sentí feliz de verlos juntos.


LA TRAICIÓN Y LA FRATERNIDAD
El niño estaba convaleciente y trataba de reajustar mi vida, cuando una noche mi compañera tardaba en llegar a casa. Pero cuando eran más de las doce de la noche ella apareció. Intuía que algo indeseable había ocurrido, me le quede viendo y sentí un inexplicable rechazo por ella. Estaba nerviosa y duro así una media hora, luego, comenzó a llorar y me dijo que se había ido al hotel con mi iniciador. En ese momento sentí asco.

Al día siguiente fui a visitar al Maestro Marcelli y le explique lo sucedido. Él como un padre espiritual, se preocupó primero, luego cuando logro recuperar la verticalidad, comenzó a hablar. Dijo que ya “había hecho muchas”, ese tal iniciador y que él vería la manera de pararlo. En cuanto a mi asunto me dio una recomendación muy clara:

- Lo que necesita esta mujer son unas buenas nalgadas.

No sé si hablaba en serio, pero en cuanto a mí siempre tomaba muy en serio lo que el maestro me decía. Así que regrese a mi casa y como buen “machin” tomé a mi mujer con brazo firme, le baje los pantalones y le puse unas buenas nalgadas, mientras le decía:

- El maestro lo recomendó.

Tal vez esto no me ayudo a evolucionar pero me sentí mejor, mientras que después de la tunda, ella lloraba con el trasero enrojecido.

Hice un esfuerzo sobrehumano y con la buena ayuda de mi orgullo de acuariano, la imagen de llegar a ser un maestro con hijos Nazarenos, además de mi deseo de conservar a mi maestro, me ayudo a perdonarla.

Poco después volveríamos a presentarnos juntos en la comunidad G.F.U. El Maestro Marcelli cuando nos vio, se lleno de alegría y me comentó:

- Me da gusto volverlos a ver nuevamente juntos.

Pero yo ya no era el mismo, estaba cambiando.

Desde pequeño habría creído que una relación verdadera es para siempre, pero ahora me daba cuenta que lo común consiste en “jugar sucio”. Sin embargo, no sabía cómo iba a salirme este atolladero.

Mi compañera, quien acostumbraba verme como su “amigo” (una rara amistad a conveniencia) comenzó a platicarme lo que le ocurrió ese día que se citó con el iniciador en el hotel. Según su cuento ella le habló para platicar con él, pues después de los últimos acontecimientos se sentía muy mal.

El hermano le dijo que se verían en un hotel y le dio la dirección, ella inocentemente pensó que la cita sería para platicar. Una vez en el lugar él le ofreció darle un masaje. Luego pasó a tener sexo, pero que en realidad él no era tan maravilloso en estas cuestiones amatorias.

No quise razonar sobre todo esto y a sí lo deje.


ESCANDALO EN LA MASONERÍA
Mi compañera estaba atrapada en su remordimiento y su persistente depresión y como quería hacer algo por ella, le sugerí que se fuera unos días con una de nuestras buenas amigas. Se trataba de una hermana de la G.F.U. que vivía en las orillas de la ciudad, y desde hace tiempo deseaba que pasáramos unos días en su casa.

Dentro de esta misma zona vivía él que era maestro de mi logia (Amerricua), así como otros hermanos de la G.F.U.

Por motivos de trabajo y para evitar un exceso de molestia, no podía estar permanentemente allá, pero ella y nuestros dos hijos sí. Y mientras ella “descansaba” en ese lugar, en un momento dado ella le platicó al maestro masón de mi logia todo lo relacionado a su aventura con el iniciador y le advirtió que no se lo contara a nadie, que si era “hombre” se quedara callado para evitar un escándalo.

Después tuve oportunidad de ir a la casa del maestro de mi logia y como yo estaba vendiendo mis libros para tener un poco de dinero se me ocurrió regalarle los seis libros que forman la Doctrina Secreta de Helena Blavatsky. Le dije que se los dejaba a la logia Amerricua. Me estaba despidiendo de ellos y mi breve carrera de Masón.

Todavía otro día tuve que verme en la logia con el tal iniciador pero esta vez no me dejaba llevar por su autoridad dentro de la logia, así que hablé del Sublime Hermano Mayor y de sus enseñanzas y como deberían hacerse las cosas. Salí del lugar satisfecho, mi trabajo por lo pronto, había terminado.

Después me enteré que por esos días el iniciador cuando se encontraba con el Maestro Marcelli lo abrazaba de forma efusiva llamándole:

- ¡Mi hermano!

Era para mí desconcertante la cuestión política dentro de la iniciación.

Este iniciador estaba a punto de ser nombrado dirigente en toda la república de las logias blancas, algo así como: Master.

Pero mi amigo, el maestro de la logia Amerricua, consideró que era mas “de hombres” hablar y levantó un acta de acuerdo al reglamento masónico, acusando al iniciador de haber seducido a la compañera de uno de los hermanos masones de la logia Amerricua.

El juicio procedió y ya no fue nombrado director en toda la república. Sufrió una especie de muerte civil masónica. Para ellos esto es doloroso. No sé que pasó después pero sentí que si había justicia divina y que, por lo pronto, mucha gente salía beneficiada.


DE VUELTA A CASA

M i compañera seguía extraña persiguiendo afanes cada vez más vacíos.

Una noche llegué a casa de nuestra amiga y mi compañera me dijo que al día siguiente tenía que ir a ver a un amigo de allí cerca, a quien le estaba enseñando técnicas de ingles con relajación especial, le dije que la acompañaría y de mala gana aceptó.

Al día siguiente a las cinco de la mañana fuimos. Quedé molesto porque la hora no era apropiada y el lugar donde se encontraban era una parte solitaria de la casa, sin embargo, guarde silencio.

Nuestra amiga que con tanto amor nos ofrecía hospedaje en su casa, también era un poco “alocada” aunque el concepto que trataba de presentar hacía los demás y el que ella tenía de sí misma era de “decente”.

Sin embargo, se estaba viendo regularmente con una pareja. Esto no hubiera sido raro, pero su relación era principalmente basada en la atracción física antes que en una estabilidad sentimental. Ya tenía hijas adolescentes y parecía no madurar. De todas maneras yo la respetaba y trataba de enseñarle cosas de esoterismo y astrología. Ella me quería y respetaba.

Con el tiempo esta amiga iba a encontrar la manera de llamar la atención del Maestro Marcelli para que la considerara una buena discípula; pero esto no cambio su gusto por usar falditas cortas e inquietar a los hermanos al mismo tiempo que los provocaba, los veía a ellos como animales. Era un juego extraño y poco agradable. Sin embargo, era mi amiga y tenía la suerte de que me considerara diferente al resto de los de la fraternidad. Aunque un día por azares del destino terminaría por verme como el peor de todos los de la fraternidad a quienes, de acuerdo al carácter negativo de Virgo (que era su signo astrológico dominante), no podía evitar criticar.
Tuvimos que regresarnos a nuestra casa de Netzahualcóyotl y al poco tiempo mi compañera iba a volver a contactar a los directores de la Escuela para niños nazarenos “Quinto Sol” para pedirles trabajo y ellos aceptaron con gusto.

Esto nos obligó a trasladarnos a vivir a dicha escuela que aunque ya no se encontraba en la misma dirección de cuando conocí a mi compañera, sin embargo, estaba cerca del viejo lugar.

Otra vez iba a experimentar una especie de Retiro.


LA ESCUELA, QUINTO SOL
Trabajaba por ratos con mi padre en su taller. Los metafísicos seguían llamando mi atención y por curiosidad, apertura e inquietud acepte ir a un departamentito cerca del mercado portales que era uno de los lugares donde sesionaban en la casa de una hermana que seguía la doctrina de Saint Germain.

Cuando comenzaron la clase me di cuenta que sus enseñanzas ya las conocía, pues había estudiado todos los libros que ellos usaban en sus diferentes “niveles”. Quería quedarme pero ya no tenían más que ofrecerme. Así que no volví a visitarlos, por lo menos, no con ese motivo. Porque además, ellos jamás iban a reconocer que yo supiera todo lo que enseñaban, sin haberlo estudiado a través de sus grupos.

Todo esto volvió a mi memoria porque mi padre hacía entregas de mercancía en el mercado Hidalgo y a veces en el de portales. Fue por esta época que con mi familia tuve que trasladarme a vivir a la escuela Quinto Sol.

Teníamos dos hijos y fuimos bien recibidos. Se nos ofreció una habitación sin muebles pero agradable, sobre todo por la disposición de los hermanos y porque además, esta habitación no tenía techo de asbesto sino de cemento, como debe ser. Por mi parte era suficiente, me encontraba entusiasmado.

Comencé a aprender nuevas cosas sobre las necesidades de los niños en la nueva era, pero no de la manera grata en que podría pensarse, sino por vías poco imaginadas.

Esta era una escuela primaria, y el director y dueño era el buen hermano que nos recibió y que ya conocía de antes en la G.F.U., pero no “a puerta cerrada” como estaba por ocurrir. El hermano director era el hombre orquesta. Su carácter era un poco sentimental y a la vez fanático del Hermano Mayor (Estrada), lo cual le ponía sabor a nuestra convivencia.

Comenzó a platicarnos de la forma milagrosa en que consiguió la confianza de la señora, anterior dueña de la Escuela para que se la diera a un precio muy barato y que, además, él la iría pagando lo mejor que pudiera. Había vendido su casa y ahora vivía de tiempo completo en su colegio.

Era una escuela primaria más o menos grande, bonita y en una buena zona, donde había silencio pero caminando una cuadra más podía uno salir a la avenida principal, muy transitada.

El hermano director pertenecía a la G.F.U. desde el tiempo que vivía el Maestro Estrada y en estos momentos quería nuevas ideas para crear una pequeña empresa dentro de la propiedad de la escuela y así tener un ingreso extra en beneficio de “la misión”. Pero al igual que la mayoría de nosotros, no estaba exento de ego y de ser una especie de elegido en la Jerarquía dentro de la G.F.U. Particularmente el hermano director proclamaba “a los cuatro vientos” que el Maestro Estrada lo nombró el encargado universal de todos los colegios para niños
Nazarenos que pudieran llegar a existir. Tal era lo sagrado de “su misión” y la forma religiosa de su sendero.

Por cierto, es conocido el hecho de que el maestro Estrada sugería que se tuviera fe en él, pero siempre era con sabiduría, no una fe ciega como la mayoría de las veces se entendía.

Muchos niños vivían internados en esta escuela por toda la semana; así que bañar a unos 50 niños, darles de comer, cuidar que se durmieran y todo esto, era una verdadera odisea. Sobretodo, porque varios de ellos se estaban convirtiendo en verdaderos adolescentes.

Era interesante ver cómo las mujeres contratadas, ayudadas por las maestras, preparaban la comida y se esmeraban en bien del gran ideal.

Otro de los hermanos de la G.F.U., vivía allí con su esposa como maestra y sus hijos como alumnos. Éste hermano estudiaba en la Universidad y había sido budista desde los siete años. Era muy callado pero cuando platicaba había mucho que aprender de él.

Exaltado por la situación le ofrecí al director asociarme con él y facilitarle buenos precios para poner un sistema de aire acondicionado en el área destinada para el horno de pan, que era algo grande.

Le dije que yo haría el pan y él se comprometió a encontrar la manera de venderlo.

También le enseñe a hacer chicharrón vegetariano y cosas así.

Fui al taller de mi papá y con un dinero mínimo, prácticamente le regalé el sistema de aire acondicionado para que el lugar funcionara de acuerdo a los requerimientos que exige Salubridad.

Empezó a salir el pan pero mi amigo con uno u otro pretexto no iba a venderlo siempre. Su carácter de signo Cáncer predominaba su comportamiento domestico y quería estar mucho tiempo con los niños de la escuela aunque, irónicamente, en realidad descuidada a sus propios hijos y muchas veces no era consciente del despertar de la sexualidad de estos últimos. Todo esto se comentaba a espaldas de él.

Mi patrón recientemente había tenido problemas con su anterior administrador de la escuela. Se trataba de un licenciado en administración a quien yo conocía y respetaba por que una vez me había llevado a Ixtapa para que fuera el panadero oficial con los hornos de un hotel junto al mar. Pero el director del Quinto Sol lo corrió pues decía que no hacía nada y lo estaba manteniendo a cambio de nada.

Tratando de que todo funcionara mejor y falto de habilidad política especuladora en mi, así como experiencia en general, al ver que el director no hacía prosperar nuestra empresa, le propuse que hiciéramos pan y que algunas de las mujeres que hacía la limpieza en la escuela fueran a venderlo en los alrededores de la zona. Las muchachas que hacía la limpieza se entusiasmaron con la idea, tal vez por la ilusión de salir del encierro doméstico. A sí que yo comencé a hacer el pan y ellas salían con su canasta y tocaban de puerta en puerta, y después de pocas horas regresaban con la misión cumplida. Todo el pan se vendía.

Sospecho que al director le daban celos, temía perder poder o tal vez aminorarle un tonto carisma popular que él sentía tener. El caso es que el director no deseaba darse a conocer a la gente de la zona de esta manera, es decir como una labor social para niños “necesitados”, tal vez fuera esto lo que le avergonzaba

El caso es que un día el director manifestó que no estaba bien hacer negocios de esta manera y que por lo tanto dejáramos de vender pan en la calle.

Un día que yo estaba teniendo una especie de pequeña junta, con las tres o cuatro personas que se supone eran mis trabajadoras. Entró el director al salón como en su casa y se sentó a escuchar lo que hablaba. Entonces le dije:

- Hermano discúlpame pero esto no puedes escucharlo así que por favor tienes que salir y cuanto te necesitemos te mando llamar ¡gracias!

Él enrojeció un poco luego quiso sonreír para no sentirse afectado y moviendo la cabeza en señal de forzada aprobación salió.

Las trabajadoras se sorprendieron positivamente pues acostumbraban a criticar al director “por detrás”, hablando de sus defectos pero nadie se había revelado ante la manera “inestable” de ser del hermano director.

Su esposa lo amaba ciegamente y conociendo sus defectos los sobrellevaba, le toleraba su desequilibrio emocional, su fanatismo ciego por el maestro Estrada. En realidad su esposa era una persona muy inteligente y valiosa pero se comportaba como “la incondicional” del director y si el director se iba al abismo ella se iría con él.


SIN TENER QUE COMER Y MI AMIGO PANADERO
No pasados muchos días, una tarde el director se dio valor y me dijo que no me iba a mantener como al administrador que había estado antes con él, a sí que en adelante no iba a haber comida para mí.

Como vi que mis hijos y mi compañera tendrían todavía comida a su disposición, simplemente respondí casi con agrado:

- ¡Esta bien!

La esposa de él tal vez considero esta actitud muy sabia o tal vez no entendía nada, así que guardó silencio acatando la orden dada por su esposo. Por mi parte, lo sentí como una persona terca y “cuadrada” a la manera de un capataz de hace dos siglos.

Pero Dios no se olvida de mí, pues inmediatamente que me presenté en la G.F.U. tuve la suerte de que un amigo que tenía su casa cerca de aquí estaba haciendo pan y me invito a que me asociara con él; así que mi familia vivía en la Escuela Quinto Sol y yo salía a trabajar con este hermano que vivía cerca de este lugar.

Como estaba comenzando su negocio me pagaba con pan y a veces me dejo utilizar su pequeño automóvil que tenía.

A su esposa le gustaba coquetearme, era una flaquita, chaparrita, de carácter chispeante y tenía también una pequeña escuela para niños. Pero a mí sólo me interesaba como amiga y sobre todo, respetaba a mi amigo.

Mi inusitado socio quería que yo continuara con él en la aventura de, con los años, formar su panadería, pero de momento no me ofrecía sino promesas. No podía decirle a mis hijos que dejaran de comer tanto tiempo, ni a mi espíritu que dejara de crecer. Algo superior me llamaba siempre y yo confiaba.

Cuando vi que el progreso se detuvo con mi amigo, empecé a programar mis visitas para con él.

Después de los años me mando saludar desde la costa de Cancún, ya tenía una gran panadería y le estaba yendo muy bien, pero su esposa se acostaba con otros. Por supuesto, nunca supe que él estuviera enterado del asunto.

En realidad me interesaba hacer dinero pero no era mi prioridad, porque al mismo tiempo necesitaba descubrir la verdad, saber lo que soy, que hago aquí y hacia dónde me dirijo.

No era yo un buen padre, no podía serlo porque no me conocía a mí mismo.

Sin embargo, los que se acercaban a mí como a un guía espiritual, debió ser porque para ellos era el que mejor se conocía a sí mismo. Aunque era una ironía que estos amigos que me buscaban como a un maestro jamás me reconocieron abiertamente como tal, porque no lo era de acuerdo a las reglas de la institución G.F.U., que solo reconoce a un maestro por la cruz que se le va otorgando periódicamente.

Y aun cuando sabía que esto era así yo no me esforzaba por seguir la política Iniciática de especulación a fin de ganarme “cruces” en una escalada institucional y legal que me diera grado de maestro. Lo que me importaba era encontrar mi Sendero Real, porque cuando sinceramente estamos enamorados de la Sabiduría nuestro ser sigue creciendo inexorablemente.

De alguna forma, lo primero era descubrir lo que soy y sobrevivir como pudiera y todo me iba a ser dado por añadidura. Tal vez no lo hice de la mejor forma, pero no había tiempo ni siquiera para preguntármelo. Siempre he vivido en el momento mismo de la emergencia.


ESTUDIANDO LAS ENSEÑANZAS DEL MAESTRO ESTRADA Y FIN DEL TRABAJO EN LA ESCUELA QUINTO SOL

Así que, no ganaba dinero con mi amigo de una manera estable y como el trabajo eventual que me ofrecía no lo estaba descuidando, entonces, como siempre, lo que me sobraba era tiempo. Así que tomé el grueso libro llamado “
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