El sabio busca la luz y los locos se la dan




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La oscuridad era total.

Por suerte había notado que unas personas bajaron antes que nosotros y les grite:

- ¡Por favor, alguien puede ayudarnos pues no veo nada!

Después de unos instantes llenos de angustia escuché su respuesta:

- Espérate creo que alguien nos habla hay que ayudar a esa gente -dijo una señora al que después me entere era su hijo.

Regresaron por nosotros y poniendo mi mano sobre su hombro pude seguir sus pasos. ¡Estos campesinos veían en medio de la oscuridad!

Así fuimos avanzando por tres kilómetros mientras le agradecía a Dios por su misericordia.

Llegamos al lugar y no podía ver nada. Me preguntaron por el nombre de mi compañera y de los que allí vivían, entonces comenzaron a gritarles. Después de diez minutos escuché una respuesta a lo lejos. Era mi amigo yoghista que venía a nuestro encuentro.

Luego pude enterarme que en este lugar era fácil que la gente se quisiera mucho pero también que se odiara. Alguno podía matar a otro y todo mundo enterarse sin que la justicia oficial llegara a saberlo.

Me estaba dando cuenta que tenía que salir de esta terrible oscuridad. Estaba llegando al fondo en la relación con esta persona y con mi propia vida.

Con el paso de algunos meses la situación en Toluca iba a ser insostenible, así que mi compañera tenía que regresar a nuestra vieja casa en Netzahualcoyotl, pero sería ya por poco tiempo.

En cuanto a mi trabajo, comencé a alejarme de mi amigo astrólogo y también a desilusionarme seriamente de mis sueños de consultor astrológico.


EL AMOR SOÑADO
Por esta época en la escuela de Gegnian se seguía la tradición de organizar eventos para recaudar fondos.

También hace algunos meses habíamos ido al Asrham de Coatepec. Recuerdo que en esa ocasión le pedí consejo a un Muy Reverendo Gelong respecto a lo que debía hacer con mi relación de pareja y me dijo que era importante ser inteligente y sostenernos en el amor. Eso no me ayudo mucho pero comprendo que no podía experimentar lo que yo. Todo me estaba indicando que tendría que tomar mis propias decisiones y en general, la gente que me rodeaba no lo iba a comprender.

La necesidad de una mujer que pudiera hacerme feliz, no se había llenado con mi compañera de camino y de esto comencé a hacerme consciente desde que visitaba el Asrham de Coatepec, Veracruz. Una de estas veces estando en el santuario pequeño de Coatepec (donde había recibido la bendición del maestro Estrada cuando todavía él tenía cuerpo físico), nuestra instructora y directora de la escuela de Gegnian nos reunió. Ella tendría unos 30 años de edad y más o menos había tenido experiencias en la vida sobre todo, respecto a las parejas.

Este día se le ocurrió hacernos una terapia de grupo, el cual consistía en que formáramos pareja: Hombre y mujer. Primero, las mujeres debían vendarle los ojos al hombre, entonces la compañera le pasaba su brazo por sobre el hombro ayudándole a caminar mientras él comenzaba a hablar de su vida, de cosas que le vinieran del corazón.

Posteriormente les tocaría a ellas ser vendadas de los ojos y conducidas por el hombre.

El chiste estaba en que el que escuchaba no debía hablar.

Así lo hicimos y a mí me tocó con una señora bien arreglada y atractiva a pesar de su edad.

Cuando me llegó el turno de conducirla lo hice con mucho cariño, la abracé y le ayudaba a caminar y ella empezó a confesar profundos sentimientos que había experimentado en su vida. Poco a poco se fue sintiendo completamente envuelta en mi y tanto creció su percepción de sentirse amada que llegó al borde de un llanto incontenible.

Nuestra instructora nos observaba a todos desde lejos y estaba sorprendida de la química que había entre ambos.

Respecto a mí, todo esto me sirvió para descubrir que tenía yo una madures relacionada al amor por lo femenino y esta señora, después de este día, tuvo que hacer un gran esfuerzo para poder contenerse de una posible relación conmigo, puesto que sabía de la existencia de mi compañera.

Yo también, como muchos en la vida, anímicamente ya no me encontraba bien y a pesar de los momentos alegres que podíamos tener con mi pareja o la fraternidad a que pertenecía, en realidad todo se tornaba negativo y sobre todo peligrosamente destructivo.

Entonces sucedió algo que cambiaría mi forma de ver la vida.
Se estaba terminando mi sociedad con mi amigo astrólogo y una vez que había una reunión importante en la sala de conferencias de casa sede mundial se encontraba allí una mujer hermosa como un ángel que consideré una aparición divina, una diosa Ascendida que de pronto se hubiera precipitado entre la gente y ella comenzaba a hablar dando su opinión sobre el tema que se estaba tratando. La escuchaba y simplemente me encontraba impresionado.

Se trataba de una mujer que regresaba a México después de haber estado más de cinco años en China aprendiendo acupuntura. Fue amor a primera vista y con mi manera de ser no me iba a quedar quieto.

Como animales de caza se encontraban alrededor de ella un grupo de amigos jóvenes acuarianos de tipo bohemio, entre universitario presuntuosos y aspirantes a “misioneros de la G.F.U.”. Ellos parloteaban inquietos alrededor de ella haciendo todo lo posible para atraparla.

Platicando con mi amigo astrólogo comentamos sobre ella y jugando hicimos una apuesta de haber quien la conquistaba primero. En realidad no me interesaba la apuesta sino realmente mucho más, la quería totalmente para mí.
Por esa época habíamos acordado en la escuela de Gegnian que debíamos recaudar fondos y una hermana italiana se ofreció a dar un curso de “sensibilización corporal” para apoyarla y decidí asistir y la acupunturista que se encontraba allí. Me vio y se sintió atraída poderosamente hacia mí como yo hacia ella.

El curso básicamente trataba de que todo el grupo se desinhibiera y pudiera apreciarse libremente, tocándose físicamente unos a otros. Algunos la criticaron en voz baja porque dijeron que esto despertaba instintos sexuales.

Durante esta parte del curso tuve cuidado de no acercarme a ella pues un familiar estaba también participando en el grupo y no quise darle mal ejemplo, aunque en realidad tampoco estaba de acuerdo con este tipo de terapia. Pero después la italiana nos dijo que ahora todos formamos parejas, inmediatamente me acerqué a ella y la tomé de las manos, luego nos sentamos uno frente al otro mirándonos a los ojos y debíamos, primero uno y luego el otro platicar de todo lo que recordáramos desde el momento en que nacimos.

La doctora acupunturista empezó a platicar desde cuando aún todavía la cargaban en brazos, me decía que recordaba perfectamente todo esto. Luego continuo con otros detalles, mientras ambos nos perdíamos en la profundidad de nuestras mutuas almas al estarnos contemplando uno al otro. Fue una sensación única, tanto que podíamos afirmar que ya nos amábamos de vidas pasadas.

La conferencia termino y ambos nos fuimos como “flotando” a nuestras casas.

Pero además, dentro de esta serie de conferencias a mí me tocaba dar una de ellas. Mi amiga se entero y me prometió que asistiría.

Ese día llegué temprano esperando a la gente y se juntaron pocas personas. Ya había comenzado la sesión cuando finalmente ella apareció. Llevaba un reboso con el cual se veía diferente, no de mi agrado pero si enigmática.

Me saludó con alegría y se disculpó diciéndome:

- Discúlpame pero como tuve muchas cosas que hacer me acosté a dormir a las tres de la mañana.

Este era un grupo demasiado pequeño pero de todas maneras dí mi plática. Cuando ya estaba avanzada ella me hizo señas desde su lugar y me acerqué junto a ella, entonces me señaló hacia el pizarrón:

-¡Mira justo allí abajo hacia la izquierda del pizarrón! ¿Puedes notar como con lo que está allí escrito se forma la figura del rostro del Hermano Mayor?

-¡Es verdad, qué curioso! –respondí sorprendido.

Cuando termine mi clase algunos se acercaron haciéndome preguntas y mientras nos encaminábamos hacia la salida, ella me hizo señas. Me mostró una carta natal. Como pudo identificar a mi madre que había asistido a esa conferencia, le dice:

-¡Préstemelo tantito por favor!

Tomamos asiento ante una de las mesas en el comedor de Eugenia y en tanto revisaba la carta natal que no era la de ella, entonces me explica:

-Se trata de una persona que conocí en China, estaba muy enamorada de mí y cuando me vine me dijo que si me decidía por él sólo le llamara y él vendría de inmediato a mi lado.

Terminada la consulta nos encaminamos a la salida. Ella estaba de pie a la entrada del instituto y yo tenía ganas de abrazarla y besarla allí mismo, creo que ella sentía exactamente lo mismo. Tan fuerte era nuestra mutua atracción, entonces cuando me despedí de ella le pregunte:

-¿Qué vas ha hacer este día? -Y me contestó:

-Voy a ir al cine.

-¿Sola?

-Sí ¿Qué tiene?

Mientras me alejaba con mis familiares y ella me daba un inquieto adiós con su mano, me fui alejando un poco confundido porque la oportunidad de estar con ella se me había presentado demasiado pronto.

Mis responsabilidades con mi propia familia y mi confusión entre ser o no fiel a mi pareja además de traer lo mínimo de dinero en mi bolsa me impidieron aceptar la oportunidad que ella misma seguramente deseaba.

En las semanas siguientes la veía seguido en casa sede mundial y como ya no estaba para juegos, cuando ella intentaba hacer como que no me veía opte por realmente tratar de no verla. A los pocos días cuando nos topamos de frente comenzamos a platicar como si nada, hasta que comentó:

-¡Siento feo que no me haces caso!

Me di cuenta que ella me tenía presente y le pasaba algo similar que a mí.

La dejé de ver como unos quince días y un día que salí de mi sesión de escuela la vi en el comedor de Eugenia platicando con un grupo de amigos, cuando ella descubrió que era yo quien bajaba por las escaleras, se levantó de inmediato y se olvidó de todo. A mí me pasó igual. Se apresuró a llegar a donde me encontraba y por un momento se paró frente a mí, mientras que por mi parte la contemplaba llena de gloria, tal era mi estado anímico.

¡Su cuerpo perfecto su rostro que no lo era tanto, sin embargo, también magnífico!

-¿Puedo abrazarte? -dijo un poco nerviosa.

-¡Claro que puedes! –conteste feliz.

El abrazo fue poderoso y electrizante. Era como un reencuentro de siglos. Estuvimos platicando un rato muy emocionados y luego nos despedimos.

Con cualquier pretexto un día le hablé por teléfono para concertar una cita en su consultorio y le había dicho que mi hijo tenía problemas con sus rodillas, en realidad era cierto. Ella aceptó darme la consulta, aunque sabía que no tenía dinero.

Ese día para mostrarme científicamente la función las rodillas se levantó la falda y me dejo ver sus piernas caminando por aquí y allá, muy sutilmente. Y ambos sabíamos que clase de química y ciencia estaba realmente operándose en nosotros.

Entonces la invité a salir y al otro día fuimos a comer algunos postres en un restaurante conocido.

Cuando salimos del restaurante ella se había dado cuenta que yo no tenía suficiente dinero y con gran sentido de la fraternidad afirmó:

-Yo pago esta vez y tú pagarás en alguna otra ocasión.

Fuimos caminando y comenzaba a oscurecer, yo no tenía idea ni siquiera de por que parte de la ciudad nos encontrábamos.

-¿Por dónde debemos caminar? -le pregunté.

-Llévame por donde quieras -contestó con voz suave y recargadamente femenina.

Era la primera vez en mi vida que estaba sintiendo una relación de pareja. Sin palabras ya éramos novios y todo era tan rápido que ella se me estaba entregando. Es en este fuego que el mundo se convirtió en ella, sintiéndome feliz con tan sólo escuchar su respiración.

En unos minutos llegamos a un parque de juegos para niños, que se encontraba a la orilla de una gran avenida. La tarde estaba cayendo y todavía algunos niños con sus padres y hermanos mayores se encontraban jugando por aquí y por allá; pero como ocurre con los enamorados nos procuramos el lugar menos concurrido.

Por un momento se quitó su protección que la defendía del sexo opuesto, la abrace por detrás y ella levantó sus manos, dándome la espalda y la caricia se hizo intensa cuando pude acariciarla eróticamente. Fue entonces cuando ella reaccionó separándose rápidamente de mí. Este fue el final de este primer encuentro.
Ella quería ayudarme y ese día me había recomendado con un gran personaje procediendo de inmediato a darme su dirección. Se trataba del gerente general de relaciones de una importante línea aérea de México para que le hiciera su horóscopo y se lo pudiera “cobrar bien”.

Así lo hice y me di cuenta que el tal Señor estaba enamorado de ella, o mejor dicho, “embobado”.

La relación con esta persona no terminó cuando le entregué su horóscopo, sino que él quería hacer algo más para sentirse mejor, por lo cual le ofrecí enseñarle algunos ejercicios especiales.

De inmediato comencé a darle sesiones de meditación y yoga por la mañana en la Casa Sede de Eugenia. Lo citaba muy temprano al amanecer. El señor estaba muy mal en cuanto a sus nervios y además le costaba llegar a la cita. Así que a esa hora le llamaba a su casa, su esposa contestaba y me decía casi riendo a carcajadas porque estaba haciendo que el flojo de su esposo hiciera ejercicio:

-¡No se preocupe en diez minutos esta allá!

Y así sucedía.

El morador (encargado) en Eugenia estaba confundido, y como la Institución no estaba preparada para atender a un alumno, así se tratara del hijo del Presidente de la República, era por eso que me ponían muchos “peros” para usar las instalaciones del lugar, realmente me hacían la vida imposible.

Con todas estas condicionantes, el Señor solo aguantó casi un mes las sesiones pagándome un dinero muy apreciado para mí.
En cuanto a la doctora, ella también se había enamorado de mí, el único problema es que comencé a darme cuenta que para ella antes que el amor contaba con un poder de inhibición de acuerdo a sus intereses y caprichos. Antes que el amor estaban sus principios convenientes.

Estaba enamorada pero no era capaz de reconocerlo y menos aún, luchar por una chifladura de este tipo, porque era típicamente de signo Virgo y además su estancia en China la había corrompido en la forma de tratar la relación de pareja de una forma muy sutilmente. Naturalmente era imposible enterarla de esto.
Por otra parte, ella ya sabía que tenía una compañera e hijos.

Pero a pesar de todo nunca he experimentado a los hijos como un problema, sino más bien como seres desvalidos que nos necesitan, pero que ya nacen con una individualidad propia. De alguna manera los hijos antes que nada, son nuestros “pequeños camaradas”.

Siempre he pensado que la gente debería de sentir así y por eso estaba seguro que ella no iba a encontrar un obstáculo insalvable en el hecho de que yo tuviera hijos si lograba descubrir que verdaderamente la amaba.

Después de nuestra cita en el restaurante escogimos otra fecha para volvernos a encontrar.

A la brevedad empecé a juntar algunas herramientas y las lleve a empeñar. Me prestaron poco dinero pero para mí muy valioso en estos momentos.

El día de la cita llegue a su casa y me invitó a pasar, su padre estaba muy serio e inmediatamente se retiró de la sala. Ya ella me había rápidamente advertido que no me fijara mucho en la actitud de su familia, principalmente de su padre pues otra persona de la fraternidad había ido con ella y al visitante lo trataron bastante mal. Mi intuición y un poco de información me hicieron sentir que se trataba de mi amigo astrólogo.

Me quede sentado en el sillón mientras ella, que andaba con sandalias fue a su habitación y se puso zapatos. Regreso feliz hacia mí, como una chiquilla y me dijo:

-Estoy lista ¡Vámonos!

Me invito a que abordáramos el viejo automóvil de su padre y se puso ante el volante, así transitamos por la gran ciudad. Llegamos al centro de Coyoacán pero como cuando intenté abrazarla puso una barrera (de esas que usan las mujeres de virgo). Entonces yo me refugie en mi seriedad pues tampoco quería salir herido.

Caminamos así, serios, por esta gran plaza y había algunos “mimos” haciendo sus gracias en la explanada principal. Puede verla reír y de alguna manera el caparazón empezó a caer. Yo seguía serio y nos sentamos por allí y mientras miraba a lo lejos ella tomó mi mano y así fue que empecé a responder.

Esta sensación de noviazgo volvió a aparecer con toda su fuerza y de pronto estábamos convertidos en dos enamorados besándonos y jugando. Se refugiada en mí y nos quedábamos así, sintiendo mutuamente nuestras energías. Esto era más que sexo, verdaderamente el amor fluía como cuando se ha caminado por el desierto y se tiene mucha sed.

La tarde transcurrió rápidamente y luego volvimos a abordar el automóvil.

Ya desde hace tiempo ella quería ver una película que hasta donde recuerdo se trataba de la historia de un tal Pérez Goitia, un pintor muy famoso que en contraste a su enorme talento sin embargo, era un campesino verdaderamente pobre. No sé por qué pero esto me recordaba mi propia situación. No podía ignorar el símbolo ¡estaba demasiado claro!

En el cine estuvimos abrazados todo el tiempo y después de salir, cuando ya estábamos en el automóvil a mí me toco tratar de definir la situación:

-Quiero pasar la noche contigo.

Al principio se resistió y me di cuenta que conservaba hábitos de hija de familia y no acostumbraba faltar a su casa. Aunque por supuesto, si había vivido tanto tiempo bastante lejos de casa, seguramente tendría su historia.

Cuando comenzó a darle muchas vueltas al asunto me desanime un poco porque siempre he pensado que la relación sexual cuando llega en el momento propicio y el amor esta presente, jamás puede ser algo malo. Así que mi propuesta era bastante lógica y natural y con su experiencia, me extrañaba que ella dudara tanto.

Tratando de ayudarla un poco a sentirse mejor le dije sinceramente:

-Está bien si no quieres no. Pero entonces déjame lo mas cerca que puedas de mi casa pues ya es noche y no hay transporte.

Estaba yo realmente hablando en serio, respetando sus decisiones.

Capto mi sinceridad así que después de unos segundos se decidió.

Pero antes de dirigirnos a un lugar para pasar la noche juntos, me explicó que uno de sus amigos recientes de “los chavos G.F.U.”, le había hecho vivir una experiencia desagradable pues ellos lo único que querían de ella era sexo, y me pedía que no quedara solamente en esto, le dije que estaba de acuerdo.

Dentro del hotel fue a estacionar el carro y yo me adelanté a pagar, cuando la vi venir hacia mí pensé para mis adentros:

-¡Es una diosa!

Tuvimos sexo y un orgasmo intenso y simultáneo, como no lo había experimentado con mi pareja jamás. Pero no todo fue tan perfecto pues en cuanto ella se durmió profundamente, sin embargo, yo no podía dormir porque mi energía estaba un poco revuelta. Me di cuenta que eran las experiencias que ella había vivido antes con otras parejas y que a través de la relación sexual que tuvimos me las estaba trasmitiendo. Era una percepción muy clara porque había aprendido a detectarlas con la madre de mis hijos.

El malestar fue tan inquietante que tuve deseos de levantarme y ponerme a meditar, pero no quise molestarla. Por otra parte, comprendía que al haberme enamorado de ella, no iba a poderla dejar tan fácilmente.

Sin embargo, el sentimiento que había experimentado después de tener sexo con ella no me había engañado, porque esta sería la única vez que tendríamos relaciones íntimas y el rompimiento se acercaría rápidamente.

Ella sentía el peligro y no estaba dispuesta a afrontar una relación conmigo, si eso le implicaba un gran escándalo dentro de la fraternidad. Porque por principio de cuentas, ella había renunciado a quedarse en Oriente con el fin de concluir una misión con la G.F.U. en México y no permitiría que por un asunto de amor con un “don nadie”, viniera a poner en riesgo sus planes.

Así que me estaba convirtiendo en un obstáculo peligroso con todo y que me veía como alguien que podría llegar a convertirse en Gurú.

Cuando nos vieron juntos, y enamorados en la G.F.U., no tardaron en aparecer las almas samaritanas, sobre todo hombres que comenzaron a preocuparse por ella, diciéndole cosas como:

-Te quiero mucho y espero que te des cuenta que esa persona con quien andas tiene hijos y eso te va a traer problemas. No quiero verte sufrir.

Cuando me lo comentaba la escuché y yo no tenía nada que decir. Era ella quien debía decidir.

Todavía otro día la invité a comer en Eugenia para que quedáramos “a mano” respecto a lo que había pagado antes en el restaurante. En esos momentos fue que al verla sentada de lejos puede percibir ese extraño halo de “fuera de centro” que ya era capaz de ver en ciertas mujeres, es una especie de depresión y melancolía de tendencia fuertemente lunática. Con el tiempo este poder de percibir esto se desarrollaría con mayor claridad en mí.

Ella era presa de estas tendencias.

No me extraño que desde este instante se propusiera alejarme de su vida. Cuando me convencí de esto, por todo lo que realmente la amaba y como una respuesta a lo especial que me permitió experimentar después de mi relación tormentosa con mi compañera quise ayudarla un poco en lo que de todas maneras sucedería y le dije:

-Ya no quiero perseguirte así que esto lo pongo en tus manos si quieres que sigamos adelante, háblame por teléfono si lo haces comprenderé que vamos a seguir adelante.

-Ya estuvo que eso no va a ocurrir porque nunca te voy a hablar por teléfono –fue su respuesta.

Era el fin de nuestra relación.

A partir de ese día ella decidió casarse lo más pronto posible. Porque en cuestión de uno o dos meses me enteré de que era ya la prometida de un hermano. Evidentemente quería a la brevedad definir su vida y olvidarse de mí.

Todavía alguna vez la vi en el Asrham de Cuautla pero para ella, que era muy hábil en eso, ya había puesto una barrera que nos separaba para siempre.

Aunque parezca tonto, la amaba de tal manera que todo un año medité por ella mientras practicaba yoga, envolviéndola en llama Violeta que le permitiera transmutar todo lo que impedía ser feliz.
Había dado el primer paso definitivo en el encuentro con el amor y esto ya no podía detenerse en mi camino. Entonces ocurrió algo maravilloso en mi vida que iba a ser la causa fundamental para impulsarme hacia el momento culminante de mi realización como INICIADO REAL. Algo que todo verdadero yoghi, religioso, místico, esoterista, sabio y buscador de la verdad desea con todas sus fuerzas y cuando lo logra se convierte en la corona de su Sendero Viviente.

LA VISIÓN DE UNA SUCESIÓN APOSTÓLICA, Y MI SALIDA DE LA G.F.U.
Eran principios de la década de “los noventa” y todavía me encontraba viviendo en Netzahualcóyotl con mi compañera y los niños. Allí una noche tuve una visión maravillosa.

Me dormí como todas las noches pero esta vez no soñaba sino que de pronto me encontraba realmente frente al Sublimes Hermano Mayor, el Maestro Estrada. Lo vi con su pelo blanco y su rostro brillante pero parecido a la piedra, tal como lo conocí. Vestía con su manto blanco para que lo reconociera como en vida y me sonreía. Me encontraba allí literalmente y él frente a mí: y me dijo:
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