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antes me­jores armas, mejores lanchas, mejores poblaciones y más altas formas de religión. El mismo hecho explica la superioridad de los dibujos paleo­líticos, es decir, de los más antiguos encontrados en-las cavernas, en re­lación con los dibujos neolíticos, es decir, los más recientes. Esto también es un hecho que se pasa completamente por alto generalmente o que se deja sin explicación.

De acuerdo con las ideas esotéricas, muchas de las civilizaciones des­conocidas para nuestra ciencia histórica se han sucedido una a otra en la tierra, y algunas de estas civilizaciones alcanzaron un grado mucho más alto que nuestra civilización, a la que nosotros consideramos como la más alta que la raza humana ha alcanzado. De muchas de estas antiguas civilizaciones no quedan huellas visibles, pero los adelantos de la ciencia de estas épocas remotas nunca se han perdido completamente. El conoci­miento alcanzado ha sido conservado de siglo a siglo, de edad a edad, y ha sido trasmitido de una civilización a otra. Escuelas de una cierta clase fueron guardianes del conocimiento, y se le protegió en ellas de personas no ¡nidadas que pudieran mutilarlo o deformarlo, y fue trasmitido sólo de un maestro a un alumno que hubiera pasado por una larga y difícil preparación.

El término “ocultismo” que es usado frecuentemente en relación con el contenido de las “enseñanzas esotéricas” tiene un doble significado. O bien es conocimiento secreto en el sentido de conocimiento guardado en secreto, o conocimiento del secreto, es decir, de los secretos vedados a la humanidad por la naturaleza.

Esta definición es la definición de la “Sabiduría Divina” o, si tomamos las palabras de los filósofos alejandrinos del Siglo III, es la definición de “La Sabiduría de los Dioses”, o Teosofía” en el más amplio sentido de la palabra, o del Brahma Vidya de la filosofía hindú.

La idea del circulo interno de la humanidad o la idea del esoterismo tiene muchos aspectos diferentes:

a).—La existencia histórica del esoterismo, es decir, del mismo círculo interno de la humanidad, y la historia y origen del conocimiento que posee.

b).—La idea de la adquisición de este conocimiento por los hombres, es decir la iniciación y “las escuelas”.

c).—La posibilidad psicológica conectada con esta idea, es decir la posibilidad de cambiar las formas de percepción, de ampliar la capacidad de conocimiento y entendimiento, ya que los medios intelectuales ordi­narios son considerados como inadecuados para la adquisición del cono­cimiento esotérico.
Antes que todo, la idea del esoterismo nos dice del conocimiento que ha sido acumulado por docenas de miles de años y que ha sido transmitido de generación a generación dentro de pequeños círculos de iniciados. Este conocimiento a menudo se refiere a esferas que no han sido tocadas por la ciencia. Con el objeto de adquirir este conocimiento del mismo modo que el poder que da, un hombre debe pasar a través de difíciles preparaciones preliminares y pruebas y largo trabajo, sin lo cual es imposible asimilar este conocimiento y aprender a usarlo. Este trabajo para el do­minio del conocimiento esotérico, y los métodos que le corresponden, cons­tituyen por sí mismos un círculo de conocimientos separados desconocidos para nosotros.

Es necesario además entender que de acuerdo con la idea del esote­rismo, las gentes no nacen en el círculo esotérico, y una de las tareas de los miembros del círculo esotérico es la preparación de sus continua­dores, a quienes ellos transmiten su conocimiento y todo lo que con él se relaciona.

Para este fin gentes que pertenecen a escuelas esotéricas aparecen a intervalos definidos en nuestra vida como conductores y maestros de hombres. Crean y dejan tras ellos bien una nueva religión, o un nuevo tipo de escuela filosófica, o un nuevo sistema de pensamiento, que indica a las gentes de una época o país, en una forma que les sea inteligible, el camino que deben seguir con el objeto de acercarse al círculo interno. La misma idea continúa invariablemente a través de las enseñanzas creadas por estas gentes, a saber, la idea de que sólo unos cuantos pueden entrar al círculo esotérico aún cuando muchos lo quieran y aún lo in­tenten.

Las escuelas esotéricas que conservan el conocimiento antiguo trans­mitiéndolo de una a otra generación, y las gentes que pertenecen a estas escuelas permanecen aparte, por así decirlo, de la humanidad ordinaria, a la que nosotros pertenecemos. Al mismo tiempo estas escuelas juegan un papel muy importante en la vida de la humanidad; pero nos­otros no sabemos nada de este papel y, si oímos algo acerca de él, enten­demos imperfectamente en qué consiste, y nos resistimos a creer en la posibilidad de algo semejante.

Esto es debido al hecho de que, con el fin de entender la posibilidad de la existencia del círculo interno y del papel que juegan las escuelas esotéricas en la vida de la humanidad, es necesario estar en posesión de tal conocimiento relativo a la naturaleza esencial del hombre y su destino en el mundo, que no posee la ciencia moderna ni, en consecuen­cia, el hombre ordinario.

Ciertas razas tienen tradiciones y leyendas muy significativas cons­truidas sobre la idea del círculo interno. Tales son, por ejemplo, las le­yendas mongol-tibetanas del “Reino Subterráneo”, del “Rey del Mundo”, la Ciudad de los Misterios de Agharta, etc., suponiendo que estas ideas realmente existen en Mongolia y en el Tibet, y que no son una inven­ción de los viajeros europeos “ocultistas”.

De acuerdo con la idea del esoterismo, como se aplica a la historia de la humanidad, ninguna civilización principia nunca por sí misma. No hay evolución que principie accidentalmente y que proceda mecánica­mente. Sólo la degeneración y la declinación proceden mecánicamente. La civilización nunca principia por crecimiento natural, sino sólo gracias a un cultivo artificial.

Las escuelas esotéricas están ocultas a los ojos de la humanidad ordi­naria; pero la influencia de las escuelas persiste ininterrumpidamente en la historia, y tiene la finalidad de ayudar, cuando esto es posible, a las razas que han caído en un estado bárbaro de cualquier clase, a salu­de ese estado y a entrar en una nueva civilización o en una nueva vida.

Un pueblo salvaje o semi-salvaje o un país entero es tomado a su cargo por un hombre que posee ardor y conocimiento. Este principia por educar e instruir a las gentes. Les da una religión, dicta leyes, construye templos, introduce la escritura, los inicia en las artes y las ciencias, hace emigrar a las gentes a otros países si es necesario, etc. El gobierno teocrático es una forma de esta construcción artificial. La historia bíblica desde Abraham, y posiblemente desde mucho antes, hasta Salomón, es un ejemplo del proceso de civilización de un pueblo salvaje por miembros del círculo interno.

De acuerdo con la tradición, los siguientes personajes históricos per­tenecieron a escuelas esotéricas: Moisés, Gautama el Buda, Juan Bau­tista, Jesucristo, Pitágoras, Sócrates y Platón; también los más míticos: Orfeo, Hermes Trismegisto, Krishna, Rama y algunos otros profetas y maestros de la humanidad. A las escuelas esotéricas pertenecieron tam­bién los constructores de las Pirámides y de la Esfinge; los sacerdotes de los Misterios en Egipto y en Grecia; muchos artistas en Egipto y en otros países antiguos; los alquimistas; los arquitectos que construyeron las catedrales “góticas” medievales; los fundadores de ciertas escuelas y órdenes de Sufis y derviches; y también ciertas personas que hicieron su aparición en la historia por breves momentos y que permanecen en los misterios de la historia.

Se dice que en el momento presente algunos miembros de escuelas esotéricas viven en partes remotas, inaccesibles del mundo, tales como los Himalayas en el Tibet o algunas regiones montañosas del África. Mientras que otras, de acuerdo con historias parecidas, viven entre la gente ordinaria, sin diferenciarse para nada de ella, a menudo perteneciendo aún a las clases incultas y dedicadas a insignificantes y quizá, desde el punto de vista ordinario, a vulgares profesiones. Así, un autor ocultista francés afirmaba que había aprendido mucho de un oriental que vendía loros en Bordeaux. Y así ha sucedido siempre desde los más remotos tiempos. Los hombres que pertenecen al circulo esotérico, cuando aparecen entre la gente común, siempre usan una máscara a través de la cual muy pocas gentes pueden verlos.

El esoterismo es remoto e inaccesible, pero todo hombre que sepa o que sospeche sobre la existencia del esoterismo tiene la oportunidad de tener acceso a una escuela, o puede esperar conocer personas que lo ayuden y le enseñen el camino. El conocimiento esotérico se basa en la enseñanza oral directa, pero antes de que un hombre pueda lograr la posi­bilidad del estudio directo de las ideas del esoterismo, debe aprender todo lo que sea posible sobre el esoterismo en la forma ordinaria, es decir, a través del estudio de la historia, la filosofía y la religión. Y debe buscar, ya que las puertas del mundo de lo milagroso pueden abrirse sólo al que busca:
Toca, y te será abierto; pide y te será dado.
Se plantea muy a menudo la pregunta: ¿por qué, si el círculo esoté­rico realmente existe, no hace nada para ayudar al hombre ordinario a salir del caos de contradicciones en que vive y a lograr el verdadero conocimiento y comprensión? ¿Por qué el círculo esotérico no ayuda a los hombres a regular su vida sobre la tierra, y por qué permite la vio­lencia, la injusticia, la crueldad, las guerras, y todos los demás males? La respuesta a todas estas cuestiones se encuentra en lo que se acaba de decir. El conocimiento esotérico puede ser dado sólo a aquéllos que buscan, sólo a aquéllos que han estado buscándolo con cierta intensidad de conciencia, es decir, con una comprensión de cómo se diferencia del conocimiento ordinario y cómo puede ser encontrado. Este conocimiento preliminar puede obtenerse por los medios ordinarios de la literatura existente y conocida, fácilmente accesible a todo el mundo. Y la adqui­sición de este conocimiento preliminar puede considerarse como la pri­mera prueba. Solamente aquéllos que pasan esta primera prueba, es decir, aquéllos que adquieren el conocimiento necesario del material acce­sible a todo el mundo, pueden esperar a pasar al siguiente escalón, en el cual les será brindada ayuda individual directa. Un hombre puede esperar tener acceso al esoterismo si ha adquirido una comprensión co­rrecta del conocimiento ordinario, es decir, si puede encontrar su camino a través del laberinto de sistemas, teorías e hipótesis contradictorios, y comprender su significado y su significación generales. Esta prueba es algo así como un concurso abierto a toda la raza humana, y la idea de un concurso por sí sola explica por qué el círculo esotérico aparece como renuente a ayudar a la humanidad. No es renuente. Todo lo que es po­sible para ayudar a un hombre se hace, pero los hombres no harán, ni pueden hacer por su cuenta los esfuerzos necesarios. Y no pueden ser ayudados por la fuerza.

La historia bíblica del Vellocino de Oro es una ilustración de la acti­tud de la gente del círculo externo hacia los esfuerzos del circulo interno, y una ilustración de cómo se comporta la gente del círculo externo en el momento preciso en que la gente del circulo interno trata de ayudarla.

De este modo, desde el punto de vista de la idea del esoterismo, el primer paso hacia el conocimiento oculto tiene que darse en una compe­tencia abierta a todo el mundo. En otras palabras, las primeras indicaciones del camino hacia el verdadero conocimiento pueden encontrarlas todas las gentes en el conocimiento ordinario accesible a todos. La reli­gión, la filosofía, las leyendas, los cuentos de hadas, abundan en informaciones acerca del esoterismo. Pero es necesario tener ojos para ver y oídos para oír.

Las gentes de nuestro tiempo tienen cuatro caminos que conducen a lo Desconocido, cuatro formas de concepción del mundo: religión, filo­sofía, ciencia y arte. Estos caminos divergían hace largo tiempo. Y el mismo hecho de su divergencia muestra lo remoto de la fuente de su origen, es decir, del esoterismo. En el antiguo Egipto, en Grecia, en la India, hubo épocas en que los cuatro caminos formaban uno solo.

Si aplicamos el principio de Avva Dorotheos, que cité en el Tertium Organum, al examen general de la religión, la filosofía, la ciencia y el arte, veremos claramente por qué nuestras formas de concepción del mundo no pueden servir como un camino para la verdad.

Siempre han estado disociadas, siempre han estado divididas, y siempre se han contradicho unas a otras. Obviamente, mientras más se disocian y se separan una de otra, más se alejan de la verdad. La verdad está en el centro, donde convergen las cuatro vías. Consiguientemente, mien­tras más cerca se encuentran una de la otra, más cerca están de la verdad, y mientras más lejos están una de otra, más lejos están de la verdad. Además, la división de cada una de estas vías dentro de sí mismas, es decir, la subdivisión en escuelas, iglesias y doctrinas, dan muestra de lo distante que están de la verdad; y vemos de hecho que el número de divisiones, lejos de disminuir, aumenta en cada dominio y en cada esfera de la actividad humana.

Esto a su vez nos enseña, siempre y cuando seamos capaces de damos cuenta, que el rumbo general de la actividad humana conduce no a la verdad, sino en una dirección muy opuesta.

Si tratamos de definir el significado de las cuatro vías de la vida espiritual de la humanidad, vemos, antes que todo, que caen dentro de dos categorías. La filosofía y la ciencia son vías intelectuales; la religión y el arte son vías emocionales. Además, cada una de estas vías corres­ponde a un tipo intelectual-o emocional humano definido. Pero esta di­visión no explica todo lo que nos parece incomprensible o enigmático en la esfera de la religión, el arte o el conocimiento, ya que en cada una de estas esferas de la actividad humana hay fenómenos y facetas que no pueden compararse entre sí, si no se funden. Y a decir verdad, sólo cuando se reúnan en un todo dejarán de desfigurar la verdad y de alejar a los hombres del camino verdadero.

Muchas gentes protestarán desde luego vehementemente y aún se rebelarán ante la idea de que la religión, la filosofía, la ciencia y el arte representan caminos semejantes, equivalentes, e igualmente imperfectos hacia la búsqueda.

A un hombre religioso, la idea le parecerá irrespetuosa de la religión. A un hombre, de ciencia le parecerá un insulto a la ciencia. A un artista le parecerá una burla al arte y a un filósofo le parecerá una ingenuidad basada en una falta de comprensión de lo que es la filosofía.

Tratemos ahora de definir la base de la división de las cuatro “vías” en el momento actual.

La religión se funda en la revelación.

La revelación es algo que procede inmediatamente de la conciencia más alta o de los poderes superiores. Si no hay idea de revelación no hay religión. Y en la religión siempre hay algo inconocible para la mente ordinaria y el pensamiento ordinario. Por esta razón ningún intento de crear una religión artificial, sintética, por métodos intelectuales, ha llevado nunca ni podrá llevar jamás a ninguna parte. El resultado no es religión, sino solamente filosofía de mala clase. Todas las reformas e intentos de simplificar o racionalizar una religión llevan a resultados igualmente negativos. Por otra parte, la “revelación”, o lo que es dado por revelación, debe sobrepasar a cualquier otro conocimiento. Y cuando vemos por otra parte, que la religión se encuentra siglos y aún —como sucede en muchos casos— miles de años atrás de la ciencia y la filosofía, lo que se infiere especialmente es que no es religión, sino solamente seudo-religión, el cadáver marchito de lo que una vez fue o pudo haber sido religión. Desgraciadamente, casi todas las religiones que nos son conocidas en su forma de iglesias son solamente “seudo-religiones”.

La filosofía se basa en la especulación, en la lógica, en el pensamiento, en la síntesis de lo que sabemos y en el análisis de lo que no sabemos. La filosofía debe incluir dentro de su campo el contenido entero de la ciencia, de la religión y el arte. Pero ¿dónde puede encontrarse esta filosofía? Todo lo que conocemos en nuestros días con el nombre de filosofía no es filosofía, sino simplemente “literatura crítica” o la expre­sión de opiniones personales, principalmente con el fin de vencer y de destruir a otras opiniones personales. O, lo que es peor aun, la filosofía no es sino una dialéctica que se satisface a sí misma rodeándose de una barrera impenetrable de terminología ininteligible al no iniciado, y re­solviendo para si misma todos los problemas del universo sin ninguna posibilidad de probar sus explicaciones o de hacerlas inteligibles a los simples mortales.

La ciencia se basa en el experimento y en la observación. No debe conocer el temor, no debe tener ningún dogma, no debe crearse ningún “tabú”. Pero la ciencia contemporánea, por el mero hecho de haber cor­tado sus relaciones con la religión y el “misticismo”, es decir, por haberse creado para sí misma un “tabú” definido, se ha convertido en un ins­trumento accidental e inseguro del pensamiento. La presencia constante de este tabú la obliga a cerrar los ojos a una serie de fenómenos inexpli­cables e ininteligibles, la despoja de la totalidad y la unidad, y como un resultado nos demuestra que “no tenemos ciencia sino ciencias” 6.

El arte se basa en la comprensión emocional, en el sentimiento de lo Desconocido que se encuentra detrás de lo visible y lo tangible, y en el poder creador, es decir, el poder de reconstruir en formas visibles o audibles las sensaciones, los sentimientos, las visiones y los estados de ánimo del artista, y especialmente una cierta sensación fugitiva, que es en realidad el sentimiento de la armoniosa interconexión y unidad de todas las cosas y el sentimiento del “alma” de las cosas y los fenómenos. Como la ciencia y la filosofía, el arte es una
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