Nota preliminar




descargar 1.97 Mb.
títuloNota preliminar
página7/60
fecha de publicación10.02.2016
tamaño1.97 Mb.
tipoDocumentos
med.se-todo.com > Documentos > Documentos
1   2   3   4   5   6   7   8   9   10   ...   60
vía de conocimiento definida. El artista, al crear, aprende muchas cosas que antes no sabia. Pero un arte que no revele misterios, que no conduzca a la esfera de lo Descono­cido, no produce nuevos conocimientos, es una parodia del arte, y aún más frecuentemente no es siquiera una parodia sino simplemente un comercio o una industria.

Seudo-religión, seudo-filosofía, seudo-ciencia y seudo-arte, es prác­ticamente todo lo que conocemos- Nos alimentamos de sustitutos, de “margarina”, en todos los aspectos y formas. Muy pocos de nosotros co­nocemos el sabor de las cosas auténticas.

Pero entre la religión auténtica, el arte auténtico, la ciencia auténtica, por una parte, y los sustitutos que llamamos religión, arte y ciencia por la otra, hay muchos grados intermedios que corresponden a los diferen­tes niveles de desarrollo del hombre, con diferente comprensión en cada nivel. La causa de la existencia de estos grados diferentes estriba en la existencia de la profunda y radical desigualdad que hay entre los hombres. Es muy difícil definir esta diferencia entre los hombres, pero existe, y tanto las religiones como todo lo demás se ordenan de acuerdo con esto.

No puede decirse, por ejemplo, que el paganismo existe y que el cristianismo existe. Pero puede decirse que hay paganos y que hay cris­tianos. Un cristianismo puede ser paganismo y un paganismo puede ser cristianismo. En otras palabras, hay muchas gentes para las que el cris­tianismo es paganismo, es decir, aquellas gentes que convierten el cristia­nismo en paganismo, del mismo modo que convertirían cualquier reli­gión en paganismo. En cada religión hay distintos grados de compren­sión, todas las religiones pueden comprenderse en una forma o en otra. La aceptación literal, la deificación de la palabra, de la forma, del ritual, convierte a la religión más exaltada, más sutil, en paganismo. Una ca­pacidad de selectividad emocional, de comprensión de la esencia, del espíritu, del simbolismo, la manifestación de sentimientos místicos, puede convertir en exaltada religión aquello que exteriormente parece ser un culto primitivo de salvajes o semi-salvajes.

La diferencia radica no en las ideas, sino en los hombres que reciben y reproducen las ideas, bien sea en el arte, en la filosofía o en la ciencia. La misma idea es comprendida de distintos modos por hombres de dis­tintos niveles, y a menudo sucede que su modo de comprensión difiere completamente. Si nos damos cuenta de esto veremos claro que no pode­mos hablar de religión, arte, ciencia, etc. Gentes distintas tienen ciencias distintas, artes distintos, etc. Si supiésemos cómo y en qué forma los hombres, se diferencian unos de otros, entenderíamos cómo y en qué forma; varias religiones, artes y ciencias se diferencian unas de otras.

Esta idea puede expresarse con más precisión (tomando el ejemplo de la religión) diciendo que todas las divisiones comunes, tales como el Cristianismo, el Budismo, el Islamismo, el Judaísmo, así como las sub­divisiones dentro del Cristianismo, como la Iglesia Ortodoxa, el Catoli­cismo, el Protestantismo, y demás subdivisiones dentro de cada credo, como las; sectas y otras variedades, son por así decirlo divisiones en un plano. Debe entenderse que además de estas divisiones hay otras divi­siones de grados, es decir, hay el Cristianismo de un grado de compren­sión y sentimiento y hay el Cristianismo de otro grado de comprensión y sentimiento, principiando por una forma ritual muy elemental exte­riormente, o hipócrita, que se trasforma en persecución de todo pensa­miento, heterodoxo, hasta el más alto nivel del mismo Jesucristo. Ahora, estas divisiones, estos grados, nos son desconocidos y podemos entender su idea y principio solamente a través de las ideas de círculo interno. Esto significa que si admitimos que en el origen de todo está la verdad y que hay diferentes grados de deformación de la verdad, veremos que en esta forma la verdad se acerca gradualmente a nuestro nivel, aunque desde luego en una forma completamente irreconocible.

La idea; del esoterismo también llega a la gente en la forma de seudo-esoterismo y, seudo-ocultismo. La causa de esto está también en la antes mencionada diferencia de niveles de los hombres. La mayoría de las gentes, sólo puede admitir la verdad en forma de una mentira, pero mientras algunas se satisfacen con una mentira, otras empiezan a buscar y finalmente pueden llegar a la verdad. La Iglesia Cristiana ha desfi­gurado completamente la idea de Cristo, pero empezando porta forma de la iglesia, algunos que sean “puros de corazón” pueden a través del sentimiento llegar a la comprensión correcta de la verdad original. Es difícil para nosotros darnos cuenta de que estamos rodeados de deforma­ciones y perversiones y que, aparte de éstas, no podemos recibir nada de fuera.

Tenemos dificultad de comprender esto, porque la tendencia funda­mental del pensamiento contemporáneo consiste precisamente en exami­nar los fenómenos en el orden opuesto al que se ha mencionado. Estamos acostumbrados a concebir cada idea, cada fenómeno, ya sea en el dominio de la religión, el arte o la vida pública, como apareciendo primero en una forma burda y primitiva; en la forma de una mera adaptación a las condiciones orgánicas y a los rudos y salvajes instintos del temor, el deseo o la memoria de algo todavía más elemental, más primitivo, animal, vegetal o embrionario, que gradualmente evoluciona haciéndose más refinado y más complicado, afectando más y más aspectos de vida, aproximándose así, a la forma ideal.

Por supuesto que tal tendencia de pensamiento es completamente opuesta a la idea del esoterismo, que mantiene que la mayoría de nues­tras ideas no son el producto de la evolución sino de la degeneración de ideas que existieron en un tiempo, o que aún existen en alguna parte en formas mucho más altas, más puras y más completas.

Esto, para el modo de pensar moderno es simplemente un absurdo. Estamos tan seguros de que nosotros somos el más alto producto de la evolución, de que sabemos todo; tan seguros de que no puede haber sobre la tierra ningún fenómeno significativo, como escuelas, grupos o sistemas que no hayan sido hasta ahora conocidos, reconocidos o descubiertos, que tenemos dificultad hasta para admitir la posibilidad lógica de tal idea.

Si queremos dominar siquiera los elementos de la idea, debemos com­prender que son incompatibles con la idea de la evolución, en el sentido común de la palabra. Es imposible considerar nuestra civilización, nues­tra cultura, como la única o la más alta. Debe ser considerada como una de las muchas que se han sucedido sobre la tierra. Además, cada una de estas culturas, en su propia manera, ha deformado la idea del esote­rismo que estaba en su base, y ninguna de ellas se levantó nunca, si­quiera aproximadamente, al nivel de su fuente de origen.

Pero este punto de vista sería demasiado revolucionario, porque haría tambalearse los cimientos mismos del pensamiento moderno, implicaría una revisión de todas las filosofías científicas del mundo, y haría com­pletamente inútiles, y hasta ridículas, todas las bibliotecas de libros es­critos sobre la base de la teoría de la evolución. Y, sobre todo, requeriría retirar del escenario toda una serie de “grandes hombres” del presente, del pasado y del futuro. Este punto de vista, por lo tanto, no podrá ser nunca popular, siendo poco probable que tome su lugar al lado de otros puntos de vista.

Pero si tratamos de continuar con esta idea de las civilizaciones suce­sivas, veremos que cada gran cultura del gran ciclo de la humanidad, consiste en una serie completa de culturas separadas, pertenecientes a diferentes razas y pueblos. Todas estas culturas separadas proceden en olas: se levantan, alcanzan el punto de su desarrollo máximo, y caen. Una raza, o un pueblo que haya alcanzado un alto nivel de cultura, pueden empezar gradualmente a perderla y pasar a un estado de barbarie absoluta. Los salvajes de nuestro tiempo, como ya se dijo antes, pueden ser los descendientes de razas de gran cultura. Toda una serie de culturas, raciales o nacionales, tomadas en un largo periodo de tiempo, constituyen lo que puede ser llamado una gran cultura, o la cultura de un gran ciclo. La cultura de un gran ciclo también es una ola, que como todas las olas, está formada de olas más pequeñas. Y esta cultura, así como las culturas separadas, raciales o nacionales, se levanta, alcanza su más alto punto y finalmente se hunde en la barbarie.

Por supuesto que la división en periodos de cultura y barbarie no debe ser tomada muy literalmente. La cultura puede desaparecer en un continente y conservarse parcialmente en otro que no tenga comunica­ción con el primero. Podemos pensar precisamente en esta forma acerca de nuestra propia cultura, porque tiempos de profunda e indudable bar­barie en Europa, pueden haber sido tiempos de alguna cultura en parte de Centro y Sur de América, quizá en algunos países de África, Asia y Polinesia. La posibilidad de que una cultura sea conservada en algunas partes del mundo, durante períodos de decadencia general, no afecta el principio fundamental de que la cultura procede en grandes olas, sepa­radas por largos períodos de barbarie más o menos completa. Y es muy posible que haya periodos, particularmente si coinciden con cataclismos geológicos y cambios en la superficie de la tierra, en los que toda huella de cultura desaparezca, y en que los restos de toda la humanidad más primitiva empiecen una nueva cultura desde el principio, desde la edad de piedra.

De acuerdo con la idea del esoterismo no todas las cosas valiosas que se hayan logrado durante los periodos de cultura, se pierden en los de barbarie. La sustancia principal de lo adquirido se conserva en los centros esotéricos durante el periodo de barbarie, y después sirve para el principio de una nueva cultura.

Todas las culturas se levantan y caen. La razón de esto está en que en cada cultura, como podemos observarlo por ejemplo entre nuestra, existen principios completamente opuestos, el de civilización y el de barbarie, que se desarrollan y evolucionan al mismo tiempo.

El principio de la cultura viene del círculo interior de la humanidad, y con frecuencia se impone por medios de violencia. Los misioneros del círculo interior en ocasiones civilizan a las razas salvajes por medio del fuego y la espada, porque no hay otro medio sino la violencia para impo­nerse a los salvajes. Después, los principios de la civilización se desen­vuelven, creando gradualmente esas formas de manifestaciones espiritua­les del hombre que son llamadas religión, filosofía, ciencia y arte, y tam­bién esas formas de la vida social que crean para el individuo cierta li­bertad, comodidad, seguridad y posibilidad de su manifestación en las altas esferas de la actividad humana.

Esto es la civilización. Como ya se dijo, su iniciación, esto es, la iniciación de todas sus ideas y principios, y de todos sus conocimientos, viene del círculo esotérico.

Pero, simultáneamente con el principio de la civilización, la violencia fue admitida, y el resultado es que, lado a lado con la primera, la bar­barie crece también. Esto significa que paralelamente a la aceptación de las ideas que vienen del círculo esotérico, también evolucionan otros aspectos de la vida originados en el estado de barbarie. Lo bárbaro lleva en sí los principios de violencia y destrucción. Estos principios no existen en la verdadera civilización, no pueden existir.

En nuestra cultura es muy fácil seguir estas dos líneas: la de la civi­lización y la de la barbarie.

El salvaje mató a su enemigo con una macana, el hombre culto tiene a su disposición toda clase de facilidades técnicas, explosivos de gran po­tencia, electricidad, aviones, submarinos, gases venenosos, etc. Todos estos medios y artificios para la destrucción y la exterminación no son sino formas evolucionadas de la macana, y sólo difieren de ella en la inten­sidad de su acción. La cultura de éstos medios de destrucción y la cultura de los medios y métodos de violencia, forman la cultura de la barbarie.

Aún más. Una parte esencial de nuestra cultura es la esclavitud, y todas las formas posibles de violencia, en nombre del estado, en nombre de la religión, en nombre de las ideas, en nombre de la moral, y en nombre de todo lo imaginable.

La vida interior de la sociedad moderna, sus gustos e intereses, están llenos de cosas bárbaras. Pasión por las diversiones, pasión por las com­petencias, los deportes, el juego de azar, gran sugestionabilidad, una pro­pensión a someterse a toda clase de influencias, al temor, al pánico, a la sospecha. Todas ellas son características de la barbarie, y todas ellas flo­recen en nuestra vida haciendo uso de todos los medios y facilidades de la cultura técnica, como la imprenta, el telégrafo, la telegrafía inalám­brica, los rápidos medios de comunicación, etc.

La cultura trata dé establecer una frontera entre ella y la barbarie. Las manifestaciones de barbarie son llamadas “crímenes”, pero la crimi­nología existente es insuficiente para aislar a la barbarie. Es insuficiente porque la idea de “crimen” en la actual criminología es artificial, pues el llamado crimen es en realidad una infracción a las leyes existen­tes, siendo estas “leyes”, con frecuencia, manifestaciones de barbarie y violencia. Tales son las leyes prohibitivas de diferentes clases que abun­dan en la vida moderna. El número de estas leyes está constantemente en aumentó en todas las naciones y, debido a esto, lo que es llamado crimen no es muchas veces tal, porque no contiene ningún elemento de violencia ni de daño. Por otra parte, crímenes indiscutibles escapan al campo visual de la criminología, ya sea porque no tienen una forma reconocida de crimen o porque se salen de determinada medida. En la actual criminología hay conceptos de: hombre criminal, profesión cri­minal, secta, casta y tribu criminales, pero no hay conceptos de estado criminal, de gobierno criminal o de legislación criminal. Consecuente­mente, los mayores crímenes no son llamados por su nombre.

Esta limitación del campo visual de la criminología, al mismo tiempo que la ausencia de “una definición exacta y permanente del concepto de crimen, es una de las principales características de nuestra cultura.

La cultura de la barbarie crece simultáneamente con la cultura de la civilización, pero lo más importante es que las dos no pueden des­arrollarse en líneas paralelas indefinidamente. Llega el momento inevi­table en que la cultura de la barbarie entorpece el desarrollo de la civilización y gradualmente, o posiblemente con rapidez, la destruye com­pletamente.

Puede preguntarse por qué la barbarie inevitablemente debe destruir a la civilización, por qué la civilización no puede destruir a la barbarie.

Es fácil contestar a esta pregunta. Lentes que todo, el caso de la des­trucción de la barbarie por la civilización nunca se ha sabido que haya ocurrido en toda la historia que conocemos, mientras que el fenómeno contrario ha ocurrido continuamente y está ocurriendo en la actualidad Y como ya se dijo, se puede juzgar el destino de una gran ola de cultura por el destino de las pequeñas olas culturales de las razas individuales y de los pueblos.

La causa-raíz de la evolución de la barbarie estriba en el hombre mismo; en él son innatos los principios que promueven el desarrollo dé la barbarie. Para poder destruir lo bárbaro, hay que destruir estos prin­cipios. Pero podemos ver que nunca, desde el principio de la historia tal como la conocemos, ha podido la civilización destruir estos principios de barbarie en el alma del hombre; por lo tanto, lo bárbaro siempre ha evo­lucionado paralelamente con la civilización. Aún más la barbarie ge­neralmente evoluciona con mayor rapidez que la civilización y en oca­siones impide su desarrollo desde el principio Es posible encontrar mu­chos ejemplos históricos de la civilización de una nación impedida por el desarrollo de la barbarie en esa misma nación.

Es muy posible que en casos aislados de pequeñas o aún de regular­mente grandes pero aisladas culturas, la civilización pueda temporalmente imponerse a la barbarie, pero en otras culturas existentes al mismo tiempo, fue la barbarie la que se impuso y con el tiempo invadió y arruinó a las civilizaciones de esas culturas separadas, que localmente se habían im­puesto.

La segunda razón de la victoria de la barbarie sobre la civilización, que puede verse siempre, está en el hecho de que las formas originales de la civilización cultivaron ciertas formas de barbarie para la protección de su propia existencia, de su propia defensa, de su propio aislamiento, tales como la fuerza militar, el incremento de la técnica y la psicología bélicas, el desarrollo y legalización de ciertas formas de esclavitud, la codificación de algunas costumbres bárbaras, etc.

Estas formas de barbarie muy pronto se desarrollaron más que la civilización; muy pronto empezaron a ver el fin de la existencia en si mismas. Su fuerza estriba en el hecho de que pueden existir por sí mis­mas, sin necesitar el auxilio del exterior. Por otra parte, la civilización, habiéndose desarrollado desde el exterior, sólo puede subsistir con esa ayuda, esto es, con la ayuda del círculo esotérico. Pero las formas de barbarie, cada vez más fuertes, pronto cortan a la civilización de su origen, y entonces ésta, perdiendo confianza en razón de su existencia separada, principia a servir a las formas desarrolladas de barbarie, en la creencia de que en eso está su fin y destino. Todas las formas creadas por la civilización inician un cambio y se adaptan al nuevo orden de cosas, es decir, se incorporan a la barbarie.

El gobierno teocrático se transforma en despotismo. Las castas, si han sido reconocidas, se vuelven hereditarias. La ciencia, transformada en técnica, sirve a las causas de la destrucción y el exterminio. El arte degenera y se vuelve un medio para mantener a las masas en un nivel de imbecilidad.

Esto es la civilización sirviendo a la causa de la barbarie y siendo su cautiva. Esta relación entre la civilización y la barbarie puede ob­servarse a través de toda la vida histórica, pero esta relación no puede existir indefinidamente. El crecimiento de la civilización es finalmente detenido. La civilización, por así decirlo, se incorpora a la cultura de la barbarie. Por fin muere definitivamente. En consecuencia, la barbarie, sin recibir la fuerza emanada de la civilización, inicia su descenso a formas más y más elementales, retomando gradualmente a su estado primitivo, hasta volverse lo que en realidad es y fue siempre durante todo el periodo en que se disfrazó con los vistosos adornos prestados de la civilización.

La barbarie y la civilización pueden co-existir en esta relación recí­proca, que observamos en nuestro tiempo histórico, por sólo un lapso relativamente corto. Vendrá un tiempo en que el crecimiento de los medios de destrucción será tan rápido que destruya su origen, o sea la civilización.

Cuando examinamos la vida moderna vemos cuan pequeños y sin importancia son los lugares ocupados por los principios civilizadores que no están al servicio de la barbarie. ¡Qué pequeño lugar es ocupado en la vida del hombre común por el pensamiento y la búsqueda de la verdad! Pero los principios de la civilización en forma falsificada ya se emplean para los fines de la barbarie como medios para subyugar a las masas y mantenerlas sujetas, y en esta forma florecen.

Y sólo estas formas falsificadas son las toleradas en la vida. La reli­gión, la filosofía, la ciencia y el arte que no estén al servicio inmediato de la barbarie, no se admiten en ella, excepto en débiles formas limitadas. Cualquier intento que hagan para salirse de los estrechos límites que les son impuestos, es inmediatamente detenido.

El interés de los hombres comunes en esta dirección es excesivamente débil e impotente.

El hombre vive en la satisfacción de sus apetitos, en temores, en luchas, en vanidad, en distracciones y diversiones, en deportes estúpidos, en juegos de destreza y suerte, en ansias de ganancia, en sensualidad, en el rutinario trabajo diario, en los cuidados y preocupaciones del día y, más que nada en la obediencia y en el placer que la obediencia le propor­ciona, porque no hay nada que al hombre común le guste más que obe­decer; si deja de obedecer a una fuerza inmediatamente empieza a obe­decer a otra. Está infinitamente lejano de todo lo que no está directa­mente en conexión con los intereses y cuidados del día; de todo lo que está ligeramente arriba del nivel material de su vida. Si no cerramos los ojos a todo lo anterior, nos daremos cuenta de que, en el mejor de los casos, no podemos llamamos nada más que bárbaros civilizados, esto es, bárbaros que poseen un cierto grado de cultura.

La civilización de nuestro tiempo es pálida y anémica; apenas puede mantenerse viva en medio de la oscuridad de una profunda barbarie. Los adelantos técnicos, los mejores medios de comunicación y métodos de producción, los crecientes poderes en la lucha por la naturaleza, quitan a la civilización probablemente más de lo que le pueden dar.

La verdadera civilización existe sólo en el esoterismo. Es el círculo interno la verdadera parte civilizada de los humanos: sus miembros son civilizados viviendo entre bárbaros, entre salvajes.

Esto nos hace luz desde otro punto de vista sobre la pregunta que con tanta frecuencia se hace y a la que aludí con anterioridad: ¿Por qué es por lo que los miembros del circulo interno no ayudan al hombre en su vida, por qué no toman partido al lado de la verdad, por qué no defienden lo justo en provecho de los débiles y borran las causas de la violencia y el mal?

Pero si imaginamos un pequeño núcleo de hombres civilizados vivien­do en un gran país poblado de tribus salvajes y bárbaras en eterna hosti­lidad y guerra entre sí, aunque nos imaginemos que estos hombres estén ahí como misioneros y que tengan todo el deseo de llevar la luz a las masas salvajes, vemos que con seguridad no intervienen en la lucha entre las diferentes tribus, ni toman partido en los conflictos que surgen. Supongamos que los esclavos inicien una revuelta en su país; esto no quiere decir que los hombres civilizados deban ayudarlos, porque la intención única de los esclavos es subyugar a sus amos y hacerlos esclavos a su vez. La esclavitud en sus más variadas formas es una de las características del país, y los misioneros no pueden hacer nada a ese respecto. Sólo pueden ofrecer, a aquéllos que lo deseen, que entren a sus escuelas y es­tudien en ellas para hacerse libres. Para aquéllos que no ingresen en las escuelas las condiciones de su vida no pueden variar.

Esta es una buena descripción de nuestra vida y de sus relaciones con el esoterismo, si es que el esoterismo existe.

Si ahora consideramos la vida de la raza humana como una serie de olas que se levantan y caen, esto nos lleva a la cuestión del origen, del hombre, de la iniciación y origen de las culturas que se levantan y que declinan, del principio y el origen de la raza humana. Como ya se dijo, la que es comúnmente llamada “teoría de la evolución” en relación al hombre, esto es, el darwinismo ingenuo, aparece como poco probable y sin fundamento alguno en la forma en que en la actualidad es expuesta. Todavía menos realistas son algunas teorías sociales, esto es, los ensayos de explicar ciertas cualidades y rasgos individuales, por la influencia del medio ambiente o de los imperativos de la sociedad en que vive el hombre.

Si ahora examinamos el aspecto biológico, entonces, en el origen y la variación de las especies aparecen muchas circunstancias, que hasta para la mente científica, son completamente inexplicables por medio del accidente, o la adaptación. Estas circunstancias nos inducen a suponer la existencia de un
1   2   3   4   5   6   7   8   9   10   ...   60

similar:

Nota preliminar iconNota preliminar

Nota preliminar iconInforme Preliminar

Nota preliminar iconPresentación Preliminar

Nota preliminar iconInforme preliminar

Nota preliminar iconInvestigación preliminar

Nota preliminar iconPrograma preliminar

Nota preliminar iconTitulo preliminar

Nota preliminar iconPrograma Preliminar

Nota preliminar iconPrograma preliminar

Nota preliminar iconVista preliminar de la sección


Medicina



Todos los derechos reservados. Copyright © 2015
contactos
med.se-todo.com