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Curar la Memoria



Alep - 22 de julio

Desde la terraza del hotel A., la vista de Alep es magnífica. Dominando el inmenso mosaico de casas de tejados planos y de cúpulas de las pequeñas mezquitas, la alcazaba encaramada en su bloque de roca parece devolvernos el eco del fascinante pasado de la ciudad. Alep es la ciudad habitada más antigua de toda Siria, y su encanto, bajo los rayos rosa y oro del sol poniente, ejerce toda su magia en nosotros. Las imágenes saturadas de calor del día que acaba desfilan apaciblemente en nuestra memoria, pero vuelven una y otra vez a un mismo punto, allí, en algún lugar entre los millares de callejuelas en las que la vida hierve alrededor de tenderetes improvisados. El recuerdo de lo que ha ocurrido algunas horas antes persiste con tal insistencia... En el tumulto de los zocos, sin que pudiéramos comprender explícitamente el motivo, algo ocurrió y ambos, en el mismo instante, nos dimos media vuelta. A veinte pasos de nosotros había tres hombres, tres siluetas blancas, altas y fascinantes, vestidas de largas túnicas, que dominaban toda la muchedumbre de curiosos y parecían mirarnos con aire divertido. Era imposible vislumbrar sus rostros...

Nos detuvimos, e hicieron lo propio, parándose ante el primer bazar que encontraron, donde una voz gangosa devanaba la última melodía de moda por un altavoz. También la musiquilla giraba aún en nuestras cabezas, como si dibujara en el aire una especie de arabesco de ritmo insistente y casi hipnótico.

Y, sin embargo, todo había sido tan rápido... ¡Las miradas apenas se cruzaron! Fue imposible volver a encontrarlos. Entonces reanudamos nuestro camino, como obligados por alguna necesidad, deslizándonos entre los puestos de bisutería y cigarrillos.

¿Tal vez era ... ? Pero, sin lugar a dudas, más vale detener ahí cualquier suposición, parar en seco los impulsos de la imaginación. La imaginación: una energía singular que, así como puede ser extraordinariamente constructiva, también sabe volver nuestro camino sinuoso y bordeado de espejismos.

Comprendemos bien que lo esencial reside en el corazón de esa voz y de esa luz que nos siguen a cada paso, en cada etapa de un itinerario que nos resulta casi obligado. Nunca hemos percibido tan claramente su esencia, tan accesible para todos, más allá de la fuente de información que constituyen las palabras. Está muy claro que lo esencial domina en el corazón de la Presencia, esa fuerza apacible que cada uno debe invocar donde quiera que se encuentre.

Un poco de Paz, un poco de confianza, y toma forma...
«Amigos, esta ciudad es casi tan antigua como la memoria de vuestro mundo. Sus fanegas de tierra son un fondeadero en torno al cual se han construido muchas cosas.

En ella siguen enfrentándose en silencio dos energías. Una es creadora y generosa; la otra se parece a la reja del arado: es pesada y estiba la tierra. El toro expresa a la vez la pesadez de la materia y el misterio sutil del poder creador. Alep es como una memoria del hombre, un baúl de los recuerdos, pero también una carga. En cierto modo, simboliza a la humanidad que, desde el alba de este mundo, arrastra sus viejos recuerdos, herramientas de constructores perdidas entre el revoltijo de utensilios vanos y pesados.

Vuestra memoria, amigos.... ¡vuestra memoria! De eso tengo que hablaros. También tiene un cuerpo, que respira en el centro de todos los demás y los abarca a todos, los de la vitalidad pura, de la emoción y de la mente seductora. Cada uno de vosotros, en su personalidad encarnada, es una memoria, memoria sutil y memoria genética. También por ella, por su cara intangible, por lo poco que se lee todavía en las células, es por lo que sufre vuestra humanidad. Al hombre le duelen sus recuerdos; se le pegan a las suelas como una arcilla húmeda. Sin saberlo, la humanidad terrestre se ha vuelto casi alérgica a su pasado. Quisiera huir de él..., pero nadie puede escapar eternamente de sí mismo. Siempre llega un momento en que ya no resulta posible eludirse.

Hoy en día, para todos vosotros, ha llegado la hora de mirar de frente a vuestro "pasado" y de reparar su trama enmarañada, para poder al fin bordar en ella lo más bello que os sugiere la vida. Hace millares, millones de años que esta hora madura; era ayer y sigue siendo hoy en el enigma del tiempo, y tanto es así que sigue viviendo en vosotros con la misma persistencia..., a menudo sin que lo sepáis.

Os hablo de esas vidas de antaño, hermanos, que vuestra conciencia ignora y que sin embargo habéis vivido. No se trata, ni para mí ni para aquellos cuya voluntad represento hoy, de alimentar un debate, una polémica. No se trata de zanjar la cuestión mediante declaraciones sentenciosas salpicadas de hechos ocultos y de algunas pruebas. ¿Qué hay que demostrar? Nadie demuestra nunca nada a nadie. Las fuerzas y las verdades de la vida se infiltran por sí solas en cada hombre en cuanto éste abre sus puertas, unas tras otras.

La verdad que podéis alcanzar es sencilla y compleja al mismo tiempo. La verdad es que la multitud de vidas es tanto una realidad absoluta como un completo error.

¿A qué consideráis "vida"? ¿Qué definís como muerte"?

Os lo digo: aquel que ya no se mueve en su alma, aquel que no espera, aquel que se niega a mirar y a amar está como muerto. Ése sí que se seca y se deja llevar por el hilo aniquilador del tiempo. Por el contrario, el ser que se maravilla a cada pasito que da el mundo, ése vive. Aquel para quien cada rayo de sol, cada gota de lluvia son una fuente de reflexión, de confianza y de alegría, vive y crece sin límite. ¡Y proclamo que así es aun cuando su cuerpo se quiebre con los años!

Para quien ha abierto los ojos a lo Esencial, no puede haber más que una vida, una única energía que subyace al alma y por la cual eso que se denomina "la muerte" no es sino un instante de ilusión.

Esto es una verdad absoluta, verdad que abarca cantidades de episodios, de apariencias, de rostros y aun de lógicas.

En este sentido, os lo digo, resulta vano sostener un debate sobre la realidad o la no realidad de las vidas anteriores. Las dos partes tienen razón en función del puesto de observación adoptado. No hay más que una Vida y no treinta y seis mil, pero también es cierto que esa Vida consta de instantes en los que dormís, en los que despertáis con otras ropas, en los que volvéis las páginas de un libro grabado en el fondo de vosotros, que los hacen viajar de un capítulo a otro.

La ilusión de quienes niegan las existencias anteriores consiste en mantenerse demasiado absortos en el capítulo que se está realizando... ¡porque más allá, podrían sentir vértigo!

El error de quienes admiten la realidad de las vidas pasadas es que a menudo alimentan bien una carga eterna donde florecen los pretextos para sus debilidades, bien vestidos de gloria que aletargan su conciencia y los privan de lo esencial. No debéis caer en ninguna de estas trampas, ya que ambas son el efecto de una especie de moda, consecuencia de un prolongado condicionamiento mental.

¿Dónde está, pues, la vía? La vía sois vosotros, cada uno de vosotros, la verdad que está floreciendo en vuestros corazones y que vais a experimentar cada día un poco más si aceptáis despojaros de vuestros prejuicios.

De modo que os digo esto para que vuestro cayado de peregrino se fortalezca sin que en él germinen excrecencias: sí, en el contexto de vuestra presente humanidad, todos habéis vivido multitud de vidas, y tenéis que admitirlo sin ningún tipo de pasión si queréis recoger sus frutos sin soportar su yugo. Sí, dentro de poco tiempo vuestra ciencia actual lo pondrá de manifiesto, aunque aún con cierta torpeza, aunque sigan permaneciendo bastiones de inmovilismo. Sí, y os lo afirmo, finalmente se producirán, como ya sucede, excesos en la comprensión de este tema.

Si los descubrimientos actuales, vuestras búsquedas internas y vuestras propias vivencias os llevan a tomar conciencia de que "ayer" y "anteayer" erais ya hijos e hijas de la Vida, que no sea para obtener de ello una especie de placer mental y egotista, ni rosario de excusas ni collar de perlas de orgullo. Por el contrario, que sea para recapitular y dejar de girar alrededor de vosotros mismos. Los años que se avecinan van a abrir vuestra memoria, no para que rumiéis con placer o disgusto lo que fuisteis, sino para que decidáis romper la cadena de vuestros errores.

Ya no debéis aceptar la inconsecuencia. Los vistazos echados hacia atrás son otros tantos materiales para construir más rápidamente vuestra casa bajo el signo del sol..., pero tened cuidado de que esos materiales no sean huecos y propensos a las grietas.

Para ello, aceptad lo que procede del ayer únicamente como una "proposición", es decir una base de reflexión que, tal vez, lleva aún su ración de errores. Que el "ayer" o lo que imagináis que ha sido vuestro "ayer" no perdure en vosotros hasta el punto de convertirse en la base de vuestra acción, de vuestra forma de ser y de vuestra lógica personal.

Sin duda, todo lo que os afirmo aquí ya lo sabéis. Decís que tenéis conciencia de ello, y, seguramente, para todos los que han emprendido el camino interior no son más que trivialidades o evidencias. Sin embargo -y tengo que recalcarlo-, el famoso "aquí y ahora" de todos los que se dicen serios en materia de espiritualidad está muy mal comprendido y sobre todo muy mal vivido. No basta con afirmar "aquí y ahora" y prendérselo en la manga para ayudar a los demás a progresar o para avanzar uno mismo un paso más. Esta expresión se ha convertido hoy en día en una especie de lema publicitario para todos aquellos que pretenden ir al fondo de las cosas y, en cierto modo, en la propiedad de una elite filosófica. Esta llamada es evidentemente apropiada en sí, ya que pone en guardia contra las proyecciones de la imaginación y las nostalgias estériles, y orienta el pensamiento hacia la belleza de la inspiración y de la espiración a cada instante de la vida.

No obstante, os prevengo contra el hecho de que, al igual que cualquier consigna, también este lema acaba por secarse y por mostrar sólo el caparazón de las palabras y, finalmente, separa y aparta las otras manifestaciones por las que la vida habla sin cesar. Si la Luz absoluta estalla y puede cantar su alegría a cada segundo que desfila en ella, hay mil caminos que llevan a la toma de conciencia de la grandeza de cada uno de esos segundos. Pasado, presente, futuro: no hay nada que se deba desdeñar, ni erigir en uno mismo como maestro total o panacea universal.

La única función de una escuela, de un método de pensamiento, es proporcionar un instrumento sólido mediante el cual pueda descubrirse el ser. En cuanto este instrumento se convierte en un molde -y acaba siempre por hacerlo- se desarrolla la esclerosis. Así pues, cuando decís: "Las vidas anteriores, sí, dejamos esas cosas a los amantes de las sensaciones, a los que aún son niños en el camino, ya que la verdad está aquí y ahora", sabed realmente lo que decís "fuera del molde". Lo que hace florecer el amor y la comprensión no es un ejercicio intelectual, una especie de malabarismo metafísico.

Nadie debe volverse esclavo de las ataduras del karma, ni apretar sus nudos convirtiendo su mecanismo en una especie de tenaza inevitable e indisoluble, pero tampoco nadie se puede permitir afirmar estar "por encima de sus contingencias".

Mientras la llave que uno propone a los demás sólo se pueda captar en la realidad intelectual, no será una llave real, sino una imitación. Así pues, cualquier demostración, cualquier sistema, por muy brillante y luminoso que sea, si no desprende una sustancia de amor, no es sino una vana creación de una elite intelectual que se adueña de lo espiritual. Me dirijo a los hombres sencillos, hermanos, a los que ponen su corazón en el mismo suelo. Ser sencillo no significa ser incapaz de una reflexión profunda ni de una búsqueda sostenida. Quiere decir ir directo a la meta sin creerse obligado a pasar por mil circunvoluciones del juego mental. Hay marismas en las que son demasiados los que encuentran un turbio placer en perderse. Me dirijo a los hombres sencillos porque la verdad última es sencilla. Es vuestro descenso a la materia el que, estrato por estrato, la ha revestido de complejidad, y no alguna malicia surgida del Espíritu de mi Padre. No esquematicéis nada, sino mantened constantemente una mirada nueva y clara sobre todas las cosas. Los hombres son reyes en el mundo de los "sí, pero" y de los "quizá". Es esta necesidad enfermiza de manifestar reservas, de crear paréntesis, en una palabra, de añadir engranajes a un motor que parece demasiado sencillo, lo que establece las separaciones y entorpece la verdadera comprensión. Así actúan, entre otros ejemplos, aquellos de vosotros que, preocupados por las sucesivas encarnaciones de una misma alma en la materia, han concebido la idea de que sólo se podría tratar de encarnaciones parciales de esa alma, es decir, de elementos despersonalizados de su principio. Así pues, según ellos, no sería un mismo ser el que se reencarna de vida en vida, sino una parcela de su memoria... Esta visión no es exacta, y nace de una confusión entre lo que es el alma y lo que es el Espíritu. El Espíritu, por su parte, da vida a varias almas que efectivamente representan sus emanaciones, y por lo tanto parcelas suyas, todas ellas memorias completas. Eso, sin embargo, es otra cuestión.

No os Pido, amigos, que empobrezcáis cualquier reflexión mediante una extrema simplificación de los datos; sólo os aconsejo utilizar una lógica donde nada sea retorcido, es decir, que no active una mecánica de autosatisfacción mediante las sutiles idas y venidas del intelecto que, para envanecerse, mariposea de una teoría a otra.

Pero aunque no comprendáis bien todas estas cosas, sencillamente dejad abierta la puerta de vuestro corazón. Sabed que detrás de sus batientes hay un oído, un ojo, una boca, una mano incluso que, en conjunto, son la expresión de otro corazón, más transparente, más cristalino: ¡vuestro otro ser!

Ése, del que tal vez creéis no saber nada, permanece en el Todo, y os destilará el amor-comprensión que le pedís.

Cuando digo "dejad abierta la puerta de vuestro corazón", no me complazco en formular una metáfora, sino que sugiero una verdad sencilla. Vuestro corazón es una puerta que se abre a la inmensidad del Tiempo, es decir del espacio infinito de la Vida que abarca todas las vidas.

El centro energético de vuestro pecho, o chacra cardíaco, representa el punto de contacto con el mundo que llamáis causal. El corazón sutil del hombre es una esclusa por la que un día podrá viajar a través de sí mismo al encuentro de sus otras realidades, las que lo han labrado pacientemente hasta entonces. Como veis, amar a los demás, dirigirse a su corazón por mediación del nuestro, es poner en resonancia todas sus manifestaciones con todas las nuestras. Es también recordar con felicidad y espontaneidad las innumerables peripecias que han permitido que el instante presente sea y que en él florezca semejante sentimiento.

Comprended que más allá, pero también en el interior del cuerpo de vuestro poder mental, sois un cuerpo-memoria; quiero decir, no sólo la película grabada de todos vuestros pasados, sino también del universo entero, y por lo tanto de vuestras relaciones con los demás. Amar a los demás, amigos, es abrir los viejos recuerdos dormidos y volver a conectarse con ellos, desempolvarlos y allanar los antiguos conflictos. El amor será siempre el mayor, el más total e instantáneo disolvente kármico que podáis imaginar.

Al cabo de vuestra memoria, sois todos un solo ser que ha imaginado la diseminación como forma de beber la vida a mayores tragos. Os lo repito, si estoy aquí, es porque ha llegado la hora de levantamos y de reencontrar el equilibrio a fin de no caer en la vía de agua que habéis creado.

El otro, el que os sonríe o que por el contrario os lanza alguna flecha, os ofrece siempre una manera de reconciliaros con vuestra memoria, de poner remedio al peso de vuestros recuerdos sepultados, ya que, invariablemente, será el reflejo de lo que os hace falta en ese mismo segundo. Reconoced que lo que os hace falta no es necesariamente una caricia; puede ser también la quemadura del alcohol que ataja la infección. Los hombres y mujeres que vuestro "karma" os hace conocer tienen ese rostro y esa función. Algunos os proporcionan el bálsamo reclamado por vuestro cuerpo, otros ejercen una fuerte presión con el dedo justo por donde vuestra alma es aún demasiado frágil. En verdad, son quienes mejor hacen vuestro diagnóstico, vuestros mejores terapeutas, ya que son vuestros barómetros más perfectos. Más allá de vuestro universo de dualidad, comprended que lo que reviste la apariencia de obstáculo y de enemigo es en realidad un amigo al que el destino disfraza porque os pone frente a vuestra propia imagen, con un cincel de escultor en la mano a fin de desbastar siempre un poco más.

Por lo tanto, amigos, la mayor parte de las cosas y de los seres que encontraréis en vuestro camino sólo se imprimen en vosotros en función de la calidad de la mirada que les dirigís y que los vuelve nobles o viles para vuestros corazones. Incluso el que tortura es digno de compasión y quizás él más que ningún otro, porque su memoria se ha quedado inmovilizada. Evidentemente, lo que anuncio aquí chocará con la moral de vuestras sociedades... ¿Cómo se puede sentir razonablemente compasión hacia ciertos seres que se han comportado como grandes fuentes de horrores y de injusticias? A lo cual, contesto: ¿cómo se puede pensar razonablemente que la respuesta del odio proporciona la armadura y la curación que la humanidad cree necesitar? Hace millones de años que escogéis esa opción, y que, invariablemente, el mismo escudo sigue llamando al mismo lanzazo. ¡No he vuelto entre vosotros para conformarme a las morales ni a su lógica!

Y, sin embargo, hay una lógica que los hombres de la Tierra, hermanos, aún no tienen bastante fuerza para experimentar. El nombre de esa lógica es el "perdón", y su obstáculo el "orgullo". Con ella es como se puede resolver esa ronda aparentemente infinita a la que llamáis "karma". No obstante, el perdón, el mío y el de todos mis hermanos de Luz, no se puede comparar con una especie de olvido de las diferencias, que con frecuencia se parece a una tregua; tampoco es una especie de concesión que uno se digna a hacer al otro. Os lo pido como un don completo y absoluto, a imagen de un perfecto abandono de todas vuestras rigideces y de todos vuestros rencores. No se bebe de su copa a medias, ni se ofrece medio llena. Ved en él lo que abolirá vuestras servidumbres. Aprended pues a perdonar como quisierais que se os perdonara, es decir, sin reservas. Y, entonces, dejad de hacer del perdón un acto mercantil. No se perdona "con la condición de que...". El perdón requiere grandeza y, por eso mismo, abandonar todas las reacciones pusilánimes.

No me contestéis: "Todo eso es difícil, es una reforma accesible al entendimiento, pero su aplicación es tan compleja...".

A causa de tales reacciones, el inmovilismo consigue perdurar en vosotros. Ya no tenéis derecho a esperar creyendo que algún mesías vendrá a resolver vuestros problemas y vuestras ambigüedades. Ya no tenéis derecho a hacerlo porque la humanidad en su conjunto ha superado esa edad. Tenéis que salir definitivamente del infantilismo, hábil artífice y artista de las excusas.

Si mis hermanos y yo mismo no os creyéramos capaces de enderezar el timón de vuestra nave, ¿para qué íbamos a estar en este planeta? ¡Ya no cabría sino dejar que su humanidad haga implosión, saturada de sí misma, de sus suficiencias! Pero la cosa es muy distinta. Incluso en los abismos del desaliento, seguís siendo una fuerza de amor y de voluntad. Por eso quiero caminar a vuestro lado, y por eso tenéis que oír hablar a vuestro corazón a través de los latidos del mío.

No exclaméis tampoco: " ¡Mi karma es demasiado pesado, ya no avanzo, no puedo más! ".

Debéis dejar de incriminar a ese cajón de sastre en que se ha convertido el karma en vuestras sociedades.

Tal como os presentáis hoy en día, por supuesto que sois el resultado exacto de todos vuestros actos pasados. Esto no cabría negarse, pero ¿por qué persistir en no ver en la ley kármica más que un palo para moleros los huesos? Ese karma que tan bien parece regir vuestra visión de las cosas no es en ningún caso el maestro de disciplina, el gran distribuidor de sanciones que os habéis acostumbrado a imaginar. No sólo es capaz de suministraras fuerza de amor y cualquier otro bien del que pueda germinar la felicidad, sino que ya lo hace sin que os deis cuenta. Basta con aceptar ver los guiños que os dirige -a veces un simple libro olvidado en una esquina de la mesa, a veces una enfermedad- y con dejar de estancaros en lo que a primera vista os parece dificultad y aridez.

No hay verdaderos desiertos en la vida que cruzáis, sobre todo en vuestro Occidente. Hay puentes frágiles e hilos sobre los que tenéis que aprender a caminar, así como todo tipo de cosas para ayudaros a cultivar la confianza, pero no hay cuchilla ni sentencia de muerte... a menos que insistáis absolutamente en fabricároslas.

El karma sólo se convierte en un peso terrible si uno se niega a ver en la Vida un maestro de sabiduría que sabe exactamente lo que necesita lo más recóndito de nuestro ser.

Comprendedme bien: no os propongo, amigos, que soportéis vuestra existencia aceptando pasivamente el lote de piedras que arrastra su curso. Os propongo que intentéis comprender, pacífica pero activamente, las verdaderas razones de vuestras piedras, modificando vuestra visión de las cosas y también de vuestro ser. No, no sois esa criatura a la que siempre golpea no se sabe qué destino; sois una célula de un gran cuerpo de gloria que debe tomar conciencia del Todo. Hay que aceptar ser restregado, como una copa mugrienta, hasta las profundidades del yo, aunque, de momento, haga daño. Aceptar no es soportar ni plegarse sino reflexionar...

Esta época en la que hoy vivís os ofrece todos los cepillos, todos los pulidores que puede necesitar un alma para limpiarse y reconstruirse, es decir para quitarse los velos. Haced que se drague el fondo del estanque, ya que, mientras haya lodo en vosotros, iréis de insatisfacción en insatisfacción. Por ese motivo la curación de los recuerdos es imprescindible para la edificación del nuevo mundo cuyos pilares tenéis que sentar sin más tardanza. Pero no remováis el pasado si éste no se agita en vosotros; mejor dejadlo aflorar por sí solo con suavidad, a retazos. Si se empeña en aflorar, es porque estáis preparados para sanarlo, con desapego, con paz.

Las falsas excusas que uno invoca o que uno puede darse a sí mismo no perdonan fácilmente. El viaje turístico por el universo de lo que ha sido, en vez de desatar los nudos, es capaz de hacer surgir otros. La honradez hacia vosotros mismos será de oro... Sea como fuere, ante todo amad la puerta que se abre, ya dé sobre el ayer, el ahora o el mañana. Si la llave es para vosotros, no se os romperá entre los dedos en la cerradura. En vosotros viven miles de facetas de egos, y por lo tanto tenéis que unificarlas desde ahora mismo. Así pues, si lo que hoy sois debe aceptar su realidad de antaño, lo que habéis sido ayer y que sigue revoloteando en algún lugar de vuestra inconciencia debe amar asimismo vuestra verdad de hoy.... y entonces esas dos fuerzas unidas podrán tejer todo lo que ya existe del mañana.

¡Vosotros mismos, amigos, hermanos, sois quienes os repondréis definitivamente de vuestros errores... cuando hayáis admitido no sólo su acidez, sino también, y sobre todo, la fuerza de su enseñanza!»
CAPÍTULO VI
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