Los fragmentos reunidos en este libro constituyen una he-rramienta de trabajo adecuada para la realización de una tarea específica como es el abordaje de una




descargar 250.9 Kb.
títuloLos fragmentos reunidos en este libro constituyen una he-rramienta de trabajo adecuada para la realización de una tarea específica como es el abordaje de una
página3/6
fecha de publicación02.11.2015
tamaño250.9 Kb.
tipoDocumentos
med.se-todo.com > Documentos > Documentos
1   2   3   4   5   6
9. Primero vivir, después filosofar.
El Ministro X bajo cuya inestable dirección trabajé algún tiempo en el curso de mi aguerrida existencia, oponiéndose una vez a mis opiniones que consideraba él demasiado filosóficas, me dijo:

-Señor, «primero vivir y luego filosofar».

-¿Está seguro?- le pregunté mirándolo a los ojos.

-Tan seguro -me respondió él- como que está escrito en lengua latina: Primun vivere, deiende philosophari.

Tras admirarlo en su candidez extrema, le pregunté:

-¿A Su Excelencia le gustan los apólogos chinos?

Ciertamente, dado su natural pedagógico, a Su Excelencia le extasiaban los apólogos, chinos o no. Visto lo cual le referí el siguiente:

El maestro Chuang tenía un discípulo llamado Tseyü, el cual, sin abandonar sus estudios filosóficos, trabajaba como tenedor de libros en una manufactura de porcelanas. Una vez Tseyü le dijo a Chuang:

-Maestro, has de saber que mi patrón acaba de reprocharme, no sin acritud, las horas que pierdo, según él, en abstracciones filosóficas. Y me ha dicho una sentencia que ha turbado mi entendimiento.

-¿Qué sentencia?- le preguntó Chuang.

-Que «primero es vivir y luego filosofar»- contestó Tseyü con aire devoto-. ¿Qué le parece, maestro?

Sin decir una sola palabra, el maestro Chuang le dio a Tseyü en la mejilla derecha un bofetón enérgico y a la vez desapasionado; tras de lo cual tomó una regadera y se fue a regar un duraznero suyo que a la sazón estaba lleno de flores primaverales.

El discípulo Tseyü, lejos de resentirse, entendió que aquella bofetada tenía un picante valor didáctico. Por lo cual, en los días que siguieron, se dedicó a recabar otras opiniones acerca del aforismo que tanto lo preocupaba. Resolvió entonces prescindir de los comerciantes y manufactureros (gentes de un pragmatismo tan visible como sospechoso), y acudió a los funcionarios de la Administracióm Pública, hombres vestidos de prudencia y calzados de sensatez. Y todos ellos, desde el Primer Secretario hasta los oficiales de tercera, convenían en sostener que primero era vivir y luego filosofar. Ya bastante seguro, Tseyü volvió a Chuang y le dijo:

-Maestro, durante un mes he consultado nuestro asunto con hombres de gran experiencia. Y todos están de acuerdo con el aforismo de mi patrón. ¿Qué me dices ahora?

Meditativo y justo, Chuang le dio una bofetada en la mejilla izquierda; y se fue a estudiar su duraznero, que ya tenía hojas verdes y frutas en agraz.

Entonces el abofeteado Tseyü entendió que la Administración Pública era un batracio muy engañoso. Advertido lo cual resolvió levantar la puntería de sus consultas y apelar a la ciencia de los magistrados judiciales, de los médicos psiquiatras, de los astrofísicos, de los generales en actividad y de los más ostentosos representantes de la Curia. Y afirmaron todos, bajo palabra de honor, que primero había que vivir, y luego filosofar, si quedaba tiempo. Con mucho ánimo, Tseyü visitó a Chuang y le habló así:

-Maestro, acabo de agotar la jerarquía de los intectos humanos; y todos juran que la sentencia de mi patrón es tan exacta como útil. ¿Qué debo hacer?

Dulce y meticuloso, Chuang hizo girar a su discípulo de tal modo que le presentase la región dorsal. Y luego, con geométrica exactitud, le ubicó un puntapié didascálico entre las dos nalgas. Hecho lo cual, y acercándose al duraznero, se puso a librar sus frutas de las hojas excesivas que no dejaban pasar los rayos del sol. Tseyü, que había caído de bruces, pensó, con el rostro en la hierba, que aquel puntapié matemático no era otra cosa, en el fondo, que un llamado a la razón pura. Se incorporó entonces, dedicó a Chuang una reverencia y se alejó con el pensamiento fijo en la tarea que debía cumplir.

En realidad a Tseyü no le faltaba tiempo: su jefe lo había despedido tres días antes por negligencias reiteradas, y Tseyü conocía por fin el verdadero gusto de la libertad. Como un atleta del raciocinio, ayunó tres días y tres noches; limpió cuidadosamente su tubo intestinal; y no bien rayó el alba, se dirigió a las afueras, con los pies calientes y el occipital fresco, tal como lo requiere la preceptiva de la meditación.

Tseyü estableció su cuartel general en la cabaña de un eremita ya difunto que se había distinguido por su conocimiento del Tao: frente a la cabaña, en una plazuela natural que bordeaban perales y ciruelos, Tseyü trazó un círculo de ocho varas de diámetro y se ubicó en el centro, bien sentado a la chinesca. Defendido ya de las posibles irrupciones terrestres, no dejó de temer, en este punto, las interferencias del orden psíquico, tan hostiles a una verdadera concentración. Por lo cual, en la órbita de su pensamiento, dibujó también un círculo riguroso dentro del cual sólo cabía la sentencia: «Primero vivir, luego filosofar».

Una semana permaneció Tseyü encerrado en su doble círculo. Al promediar el último día, se incorporó al fin: hizo diez flexiones de tronco para desentumecerse y diez flexiones de cerebro para desconcentrarse. Tranquilo, bajo un mediodía que lo arponeaba de sol, Tseyü se dirigió a la casa de Chuang, y tras una reverencia le dijo:

-Maestro, he reflexionado.

-¿En qué has reflexionado?- le preguntó Chuang.

-En aquella sentencia de mi ex patrón. Estaba yo en el centro del círculo y me pregunté: «¿Desde su comienzo hasta su fin no es la vida humana un accionar constante?» Y me respondí: «En efecto, la vida es un accionar constante». Me pregunté de nuevo: «¿Todo ccionar del hombre no debe responder a un Fin inteligente, necesario y bueno?» Y me respondí a mí mismo: «Yseyü, dices muy bien.» Y volví a preguntarme: «¿Cuándo se ha de meditar ese Fin, antes o después de la acción?» Y mi respuesta fue: «ANTES de la acción; porque una acción libre de toda ley inteligente que la preceda va sin gobierno y sólo cuaja en estupidez o locura.» Maestro, en este punto de mi teorema me dije yo: «Entonces, primero filosofar y luego vivir.»

Tseyü no aventuró ningún otro sonido. Antes bien, con los ojos en el suelo, aguardó la respuesta de Chuang, ignorando aún si tomaría la forma de un puntapié o de una bofetada. Pero Chuang, cuyo rostro de yeso nada traducía, se dirigió a su duraznero, arrancó el durazno más hermoso y lo depositó en la mano temblante de su discípulo.
Tal es el apólogo que le referí al Ministro X.

-No lo conocía -me dijo-. ¿En qué selección china figura esa historia?

-En ninguna -le respondí-: acabo de inventarla. El Ministro X me hizo llegar sus felicitaciones; y ordenó, bajo cuerda, mi primer «descenso» en el escalafón administrativo28.
Leopoldo Marechal, poeta y escritor argentino contemporáneo nacido en 1900 y muerto en 1970.
(1) ¿Cómo refuta Marechal la máxima «Primero es vivir y después filosofar»? (2) ¿Cuál es el valor didáctico de las cachetadas? (3) Reflexione sobre el método didáctico del maestro Chuang y compárelo con su experiencia en la escuela secundaria. (4) ¿En qué consiste "el verdadero gusto por la libertad"? Compárelo con la definición de la libertad que da Aristóteles en el fragmento titulado El asombro.
10. La verdad de la vida cotidiana
Antes de proseguir la marcha de nuestro preguntar, es necesario interca­lar una consideración sobre nuestra experiencia cotidiana. Por cierto, no basta afirmar simplemente que lo que la experiencia cotidiana nos muestra de las cosas es lo verdadero. Tampoco basta afirmar de un modo aparentemente más crítico y cauteloso que como los hombres individuales somos propiamente sujetos y yoes individuales, y que lo que representamos son sólo imágenes subjetivas que llevamos en nosotros, nunca podremos salir hacia las cosas mismas.

Descartemos ahora estas distintas concepciones sobre nuestras relaciones con las cosas y sobre la verdad de estas relaciones. Por otra parte no debemos olvidar que de ningún modo es suficiente invocar la verdad y la seguridad de la experiencia cotidiana. Precisamente, si la experiencia cotidiana lleva en sí una verdad, y aún una verdad de primer orden, ésta debe ser fundamentada, es decir, su fundamento* debe ser puesto como tal, concedido y asumido.

Un ejemplo corriente: el sol se pone detrás de la montaña, un disco resplan­deciente con un diámetro que tiene como máximo de medio metro a un metro. No es necesario describir ahora todo lo que este sol es para el pastor que retorna con su rebaño desde el campo; es el sol real, ese que el pastor espera ver la mañana siguiente. Pero el sol real ya desapareció pocos minutos antes; lo que vemos es sólo una apariencia causada por determinados procesos ópticos. Pero esta apariencia es también sólo apariencia, pues en «realidad» -así decimos- el sol no se pone; no se mueve sobre la tierra y a su alrededor, sino que a la inversa la tierra se mueve alrededor del sol. A su vez este sol no es el último centro del cosmos. Pertenece a sistemas más amplios, que hoy conocemos como sistemas de la vía láctea y galaxias, que son de un orden de magnitud frente al cual la extensión del sistema solar debe considerarse como algo diminuto. Y el sol que diariamente sale y se pone se enfría cada vez más; para conservar el mismo calor nuestra tierra debía aproximársele cada vez más; pero lo que hace es alejarse. Esto nos arrastra hacia una catástrofe, por cierto que en lapsos en comparación con los cuales los pocos milenios de la historia humana sobre la tierra no representan ni un segundo.

¿Cuál es el sol real? ¿Cuál es el verdadero -el sol del pastor o el sol del astrónomo? ¿O es que la pregunta está mal planteada, y si es así, por qué? ¿Cómo se puede resolver esto?

[...] Otro ejemplo: el físico y astrónomo inglés Eddington habla de su mesa y dice que toda cosa de esta especie, mesa, silla, etc., tiene un doble. La mesa número 1 es la mesa conocida desde la infancia, la mesa número 2 es la mesa «científica». Esta mesa científica es decir la mesa que la ciencia deter­mina en su cosidad, no consiste según la actual física atómica en ser de madera, sino en su mayor parte de espacio vacío; en este vacío hay cargas eléctricas esparcidas que se mueven con gran velocidad en distintas direccio­nes. ¿Cuál es pues la mesa verdade­ra? ¿La número 1 o la número 2, o ambas son verdaderas? ¿En qué sentido de verdad? ¿Qué verdad media entre ambas? Debe haber entonces una tercera verdad, en relación a la cual la número 1 y la número 2 son verdaderas, a su modo y presentan modifica­ciones de la verdad. No podemos escaparnos por el camino que se toma cómodamente diciendo: lo que se afirma sobre la mesa cientí­fica número 2, y las galaxias, y el sol que se enfría, son sólo puntos de vista y teorías de la física. A esto hay que repli­car: sobre esta física se fundan nuestras represas, los aviones, la radio y la televisión, toda la técnica que ha transformado la tierra, y con ello, más de lo que se sospecha, al hombre. Estas son realidades, no teorías, que sostienen algunos investigadores «alejados de la vida». ¿O es que se quiere tener la ciencia aún más cerca de la vida? Creo que está ya tan cerca que nos aplasta. Más bien precisamos una adecuada lejanía para alcanzar otra vez el distancia­miento y poder medir qué es lo que nos pasa como hombres.

Nadie lo sabe hoy. Por eso todos debemos preguntar y repreguntar para saberlo, o siquiera para saber por qué y hasta qué punto no lo sabemos. ¿El hombre y los pueblos han entrado sólo en este cosmos a tropezones, para ser arrojados luego de la misma manera? ¿O no? Lo que por mucho tiempo importará todavía será algo más provisional: antes debemos aprender nuevamente a pregun­tar29.
(1) ¿Por qué "no basta afirmar simplemente que lo que la experiencia cotidiana nos muestra de las cosas es lo verdadero"? (2) ¿Qué significa "fundamento"? ¿Por qué la verdad de la vida cotidiana debe ser fundamentada? (3) ¿Por qué es inaceptable afirmar la imposibilidad de "salir hacia las cosas mismas" porque "somos sujetos y yoes individuales"? (4) ¿Qué significa que "no debemos olvidar que de ningún modo es suficiente invocar la verdad y la seguridad de la experiencia cotidiana"? (5) Explique la siguiente afirmación: "antes debemos aprender nuevamente a preguntar". (6) Compare los dos ejemplos dados por Heidegger.
11. La disolución del naturalismo
Llamamos «natural»30 lo que se entiende sin más en el ámbito del entendi­miento cotidiano «por sí mismo». Para un ingeniero italiano, por ejemplo, la construcción de un bombardero se entiende por sí. Pero para un abisinio de una aldea montañesa, tal cosa no es para nada «natural»; no se entiende por sí, es decir, no se entiende sin más a partir de lo que es evidente para ese hombre y su tribu, por comparación con lo conocido cotidianamente. Para la época de la Ilustración, «natural» era lo que se podía comprobar y comprender a partir de determinados principios de la razón fundada en sí misma, y por eso pertenecía a todo hombre en sí y a la humanidad en general. Para el Medievo fue natural todo lo que recibe su esencia, su natura, de Dios, pero que luego se configura a sí mismo y en cierto modo se puede sustentar en virtud de ese origen sin posterior intervención de Dios. Lo que era natural para el hombre del Siglo XVIII, lo racional de una razón universal en sí, liberada de toda otra atadura, le hubiera parecido completamente antinatural al hombre medieval. Pero también ocurrió lo contrario como lo muestra la Revolución Francesa. De todo esto resulta que lo que es «natural», no es nada «natural», es decir, autocompren­si­ble para cual­quier hombre que exista jamás. Lo natural es siempre «histórico»31.
Martín Heidegger, pensador alemán, nacido en Messkirch en 1889 y muerto en 1976.



(1) ¿A qué se llama lo "natural"? (2) Explique la afirmación de Heidegger: "lo natural es siempre histórico".
12. Dificultades para pensar conceptualmente
No goza la filosofía, como gozan otras ciencias, de la ventaja de poder presuponer sus objetos como inmediatamente dados32 por la representación, y como ya admitido, en el punto de partida y en su curso sucesivo, el método de investiga­ción.

[...] Sentimientos, intuiciones, apetencias, voliciones, etcétera, en cuanto tenemos conciencia de ellos, son denominados, en general, representa­cio­nes; por esto puede decirse, en general, que la filosofía pone, en el lugar de las represen­taciones, pensamientos, categorías, y más propiamente, concep­tos. Las representa­ciones, en general, pueden ser consideradas como metáforas de los pensamientos y conceptos. Pero no basta poseer representaciones para poseer su significación en el pensamiento; esto es, no conocemos aún los pensamientos y conceptos que corresponden a ellas. Recíprocamente, una cosa es tener pensamien­tos y conceptos, y otra saber qué sean las representaciones, intuiciones y sentimientos que corresponden a ellas. Esto explica, por una parte, lo que se llama la incomprensibilidad de la filosofía. La dificultad nace en parte de una incapacidad que en sí es solamente falta de hábito de pensar abstractamen­te; esto es, de poder situar firmemente delante del espíritu pensamientos puros, y moverse en ellos. En nuestra conciencia ordinaria sensible y espiri­tual, y en nuestro representar, reflexionar y razonar mezclamos sentimientos, intuiciones y representaciones con pensamien­tos; en toda proposición de conte­nido sensible (por ejemplo: esta hoja es verde) van ya mezcladas categorías como el ser y la individualidad. Pero es otra cosa muy distinta tomar propia­mente como objeto los pensamientos por sí mismos y sin mezcla alguna. Otro motivo de incomprensi­bilidad es la impacien­cia por querer hallar frente a sí, en forma de represen­tación, lo que en la conciencia está solamente como pensamiento y concep­to. Y se oye decir que no se sabe qué es lo que se debe pensar en un concepto dado, siendo así que en un concepto no se debe pensar otra cosa que el concepto mismo. Pero el sentido de dicha demanda está en que se quiere tener del concep­to una representación conocida y ordinaria; a la conciencia le parece como si, al quitarle la representación, se le quitase el terreno que constituye su firme y habitual sostén. Cuando se ve transportada a la región de los conceptos puros no sabe ya en dónde se halla. Se estiman por esto, como maravillas de compren­sibili­dad, aquellos escritores, predicadores, oradores, etcétera, que ofrecen a sus lectores u oyentes cosas que ellos ya saben, que les son familiares y que se comprenden por sí mismas33.
Georg Hegel, filósofo alemán nacido en Stuttgart en 1770 y muerto en Berlín en 1831.
(1) ¿Qué diferencias se señalan entre el punto de partida de la ciencia y el de la filosofía? Compare la primer oración de este texto con la primer oración del texto titulado
1   2   3   4   5   6

similar:

Los fragmentos reunidos en este libro constituyen una he-rramienta de trabajo adecuada para la realización de una tarea específica como es el abordaje de una iconPara realizar este trabajo de manera adecuada hay que conocer una...

Los fragmentos reunidos en este libro constituyen una he-rramienta de trabajo adecuada para la realización de una tarea específica como es el abordaje de una icon· seg y la frecuencia en hertzios. Así, el resultado de la energía...
«intensidad específica» de un objeto. El carácter exacto de la relación entre la intensidad específica emitida y la frecuencia está...

Los fragmentos reunidos en este libro constituyen una he-rramienta de trabajo adecuada para la realización de una tarea específica como es el abordaje de una iconProgramar y planificar una estrategia de aprendizaje para una tarea/tema escolar

Los fragmentos reunidos en este libro constituyen una he-rramienta de trabajo adecuada para la realización de una tarea específica como es el abordaje de una iconNo se entienda este escrito como una queja sino como un intento de...

Los fragmentos reunidos en este libro constituyen una he-rramienta de trabajo adecuada para la realización de una tarea específica como es el abordaje de una iconMe gusta muchísimo Dietario voluble, libro inclasificable. Leo el...

Los fragmentos reunidos en este libro constituyen una he-rramienta de trabajo adecuada para la realización de una tarea específica como es el abordaje de una iconAsimismo, destaca la preocupación de este Ingeniero de Caminos, Canales...

Los fragmentos reunidos en este libro constituyen una he-rramienta de trabajo adecuada para la realización de una tarea específica como es el abordaje de una iconResumen en esta práctica se realizó una destilación fraccionada del...

Los fragmentos reunidos en este libro constituyen una he-rramienta de trabajo adecuada para la realización de una tarea específica como es el abordaje de una iconLa atmósfera es la capa gaseosa que rodea la tierra. Es una mezcla...
«capa de ozono», una zona con una alta concentración de este gas que absorbe parte de la radiación ultravioleta e infrarroja del...

Los fragmentos reunidos en este libro constituyen una he-rramienta de trabajo adecuada para la realización de una tarea específica como es el abordaje de una iconSociedad del conocimiento, sociedad de la información, escuela
«¿para qué utilizarlos?», pues no es posible plantearse hoy en día ningún trabajo intelectual, incluidos los aprendizajes escolares,...

Los fragmentos reunidos en este libro constituyen una he-rramienta de trabajo adecuada para la realización de una tarea específica como es el abordaje de una iconEn este texto se va a redactar el funcionamiento de una cámara estenopéica,...


Medicina



Todos los derechos reservados. Copyright © 2015
contactos
med.se-todo.com