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de 5 a 1. También en esta ocasión los diferentes métodos no resultaron igualmente efectivos, pero la tendencia básica estuvo invariablemente presente.
La finalidad de estas tres series de experimentos era la de eliminar aquellas características del lenguaje egocéntrico que lo acercan al social. Encontrarnos que esto siempre conducía a una disminución del lenguaje egocéntrico. Resulta lógico suponer, en este caso, que ésta es una forma de desarrollar el lenguaje social, sin que se encuentre aún separado de él en sus manifestaciones, aunque sea diferente en función y estructura.
El desacuerdo entre nuestras concepciones y las de Piaget respecto de este punto, se verá claramente explicado en el siguiente ejemplo; yo me encuentro sentado ante mi escritorio hablando a una persona que está detrás mío, y a quien no puedo ver. Esta persona abandona la habitación sin que la advierta, y yo continúo mi conversación creyendo que me escucha y comprende. Exteriormente, estoy hablando conmigo y para mí, pero psicológicamente mi lenguaje es social. De acuerdo al punto de vista de la teoría de Piaget, en el caso del niño sucede lo contrario: su lenguaje egocéntrico es para sí y consigo mismo; solamente tiene apariencia de lenguaje social, en la misma forma en que mi lenguaje produjo la falsa impresión de ser egocéntrico.
De acuerdo con nuestro punto de vista la situación es mucho más complicada: subjetivamente, el lenguaje egocéntrico del niño posee también sus propias funciones peculiares; en ese aspecto es independiente del lenguaje social. Sin embargo, su independencia no es completa puesto que no es sentido como lenguaje interiorizado, y el niño no lo distingue del lenguaje de los otros. Objetivamente, también difiere del lenguaje social, pero tampoco totalmente, ya que sólo funciona dentro de situaciones sociales. Tanto subjetiva como objetivamente, el lenguaje egocéntrico representa una transición entre el lenguaje para los otros y el lenguaje para uno mismo. Aunque posee la función del lenguaje interiorizado, en su expresión permanece similar al lenguaje social.
La investigación del lenguaje egocéntrico ha allanado el camino a la comprensión del lenguaje interiorizado, que estudiaremos a continuación.
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IV
Nuestras experiencias nos convencieron de que el lenguaje interiorizado debe ser contemplado, no como lenguaje sin sonido, sino como una función enteramente diferente del lenguaje. Su rasgo distintivo es una sintaxis peculiar; comparado con el lenguaje externo, el interiorizado parece desconectado e incompleto.
Esto no es una observación nueva. Todos los estudiosos del lenguaje interiorizado, inclusive los que lo enfocaron desde el punto de vista del comportamiento, notaron este rasgo. El método del análisis genético nos permite ir más allá de una mera descripción. Al aplicarlo comprobamos que el lenguaje egocéntrico al desarrollarse, presenta una tendencia hacia una forma totalmente especial de abreviación, es decir, omisión del sujeto de una oración y de todas las palabras conectadas y relacionadas con él, en tanto se conserva el predicado.
Esta tendencia hacia la predicación aparece en todas nuestras experiencias, con tal regularidad, que debemos suponer que es la forma sintáctica básica del lenguaje interiorizado.
El recuerdo de ciertas situaciones en las que el lenguaje externo presenta una estructura similar nos puede ayudar a comprender esta tendencia. La predicación pura aparece en el lenguaje externo en dos casos: ya sea como una respuesta o cuando el sujeto de la frase es conocido de antemano. La respuesta a "¿Quiere Ud. una taza de té?" nunca es "No, no quiero una taza de té", sino simplemente "no". Evidentemente, esta frase es posible sólo porque el sujeto se halla tácitamente comprendido por ambas partes. A la pregunta "¿Su hermano ha leído este libro?" nadie contesta "Sí, mi hermano ha leído este libro". La respuesta es un corto "sí" o "sí, lo ha leído". Nadie dirá al ver un ómnibus que se acerca "El ómnibus que estábamos esperando viene llegando". La frase será probablemente un abreviado "viene", o alguna otra expresión similar, ya que el sujeto será sobreentendido. Frecuentemente las oraciones abreviadas se prestan a confusión. El oyente puede relacionar la frase con un sujeto en el que él está pensando, y que es distinto del que piensa el interlocutor. Si los pensamientos
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de dos personas coinciden, se puede lograr un entendimiento perfecto mediante el uso de simples predicados, pero si están pensando en cosas diferentes es posible que se confundan.
Se pueden encontrar muy buenos ejemplos de la condensación del lenguaje externo y de su reducción a predicados en las novelas de Tolstoi, quien estudió con frecuencia la psicología de la comunicación: "Nadie escuchó claramente lo que él dijo, pero Kitty lo comprendió. Lo entendió porque su mente vigilaba incesantemente sus necesidades" (Ana Karenina, parte V, cap. 8). Podemos decir que los pensamientos de ella, siguiendo los pensamientos del moribundo, contenían el sujeto al que sus palabras, que nadie comprendió, estaban referidas. Pero tal vez el ejemplo más destacado es la declaración de amor entre Kitty y Levin mediante iniciales:
"Hace tiempo que quiero preguntarle algo."

"Hazlo, por favor."

"Esto", dijo él, y escribió las iniciales: C r: e n e p, q d e o n. Estas iniciales significaban: "Cuando respondiste: eso no es posible, querías decir ¿entonces o nunca?" Parecía imposible que ella pudiera comprender la complicada frase.

"Comprendo" dijo ella sonrojándose.

"¿Qué palabra es ésa?" señaló él, indicando la n que significaba "nunca".

"La palabra es «nunca» - contestó ella -, pero eso no es verdad." Él borró rápidamente lo que había escrito, le alcanzó la tiza y se levantó. Ella escribió: E y n p c d o m.

Su rostro se alegró súbitamente, había comprendido. Quería decir: "Entonces yo no podía contestar de otra manera."

Ella escribió las iniciales: p q p o y p l q h s. Esto significaba: "Para que pudieras olvidar y perdonar lo que había sucedido".

Él tomó la tiza con dedos tensos y trémulos, la partió y escribió las iniciales de los siguientes: "No tengo nada que olvidar y perdonar. Nunca dejé de amarte".

"Comprendo", susurró ella. Él se sentó y escribió una larga frase. Ella la comprendió toda, y sin preguntarle si estaba equivocada, tomó la tiza y contestó de inmediato. Por un largo rato él no pudo descifrar lo que ella había escrito y permaneció mirándola a los ojos. Su mente estallaba de felicidad. No era
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capaz de descifrar las palabras de ella; pero en sus ojos radiantes y felices leyó todo lo que necesitaba saber. Entonces escribió tres letras. Antes de que él hubiera terminado, ella leyó por debajo de su mano y terminó por si misma la frase, escribiendo «sí». Todo quedó dicho en esta conversación: que ella lo amaba, y que anunciaría a su padre y a su madre que él los visitaría por la mañana." 3
Este ejemplo tiene un extraordinario interés psicológico porque, como todo el episodio de Kitty y Levin, fue tomado por Tolstoi de su propia vida. En esta misma forma declaró a su futura mujer el amor que sentía por ella. Estos ejemplos demuestran claramente que cuando los pensamientos de los interlocutores son los mismos, el papel del lenguaje se reduce a un mínimo. Tolstoi señala en otras partes que entre gente que vive en estrecho contacto psicológico, la comunicación a través de formas abreviadas del lenguaje es más bien una regla que una excepción.
"Ahora Levin estaba acostumbrado a expresar totalmente sus pensamientos sin tomarse el trabajo de buscar las palabras exactas. Sabía que su esposa, en los momentos llenos de amor como éste, comprendería lo que él quería decir con un mero signo, y así era en realidad." 4
Una sintaxis simplificada, la condensación y un número de palabras ampliamente reducido caracterizan la tendencia a la predicación que aparece en el lenguaje externo cuando las partes saben lo que está pasando. Contrastando con esto están las equivocaciones cómicas que surgen cuando los pensamientos de los interlocutores siguen direcciones diferentes. La confusión que puede surgir está bien descripta en este pequeño poema:
Ante un juez sordo se inclinan dos hombres sordos.

Uno de ellos exclama: "Él se robó mi vaca".

"Con permiso", responde el otro.

"Esa colina perteneció a mi padre desde tiempos remotos."

El juez decide: "Que ustedes disputen es una vergüenza.

La culpa no la tiene ninguno de los dos, la tiene la muchacha".
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Las conversaciones de Kitty con Levin y el juicio de los sordos son casos extremos, y constituyen en realidad los dos polos del lenguaje externo. Uno ejemplifica el entendimiento mutuo que se puede lograr a través de un lenguaje totalmente abreviado cuando el sujeto es común a los dos pensamientos; el otro, la total incomprensión que surge, pese a un lenguaje completo, cuando los pensamientos siguen direcciones opuestas. No sólo los sordos son incapaces de comprenderse entre sí; cualquier par de seres que otorguen significados diferentes a una misma palabra o mantengan puntos de vista distintos, tampoco lo lograrán. Como lo notara Tolstoi, los que están acostumbrados a un pensamiento independiente y solitario no entienden fácilmente el de los demás y son muy parciales respecto al propio; pero los que viven en estrecho contacto aprenden las complicadas inferencias de uno y otro mediante "una comunicación lacónica y precisa" a través de un mínimo de expresiones.
V
Una vez examinadas las abreviaturas del lenguaje externo, podemos retornar enriquecidos al fenómeno correspondiente del lenguaje interiorizado, donde no constituye una excepción sino una regla. Será instructivo comparar la abreviación en el lenguaje oral, en el interiorizado y en el escrito. La comunicación por escrito reposa en el significado formal de las palabras y requiere un número mucho mayor de vocablos que el lenguaje oral para expresar la misma idea. Se dirige a una persona ausente, que rara vez tiene en mente el mismo tema que el escritor. Por lo tanto, debe explicarse en forma total; la diferenciación sintáctica es máxima, y se usan expresiones que serían poco naturales en la conversación. Cuando Griboedov dice "Habla como si escribiera", se refiere al curioso efecto que producen las construcciones elaboradas en el lenguaje diario.
La naturaleza multifuncional del lenguaje que ha atraído últimamente la atención de los lingüistas, ya había sido señalada
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por Humboldt en relación a la poesía y a la prosa: dos formas muy diferentes en cuanto a función y significado. Según Humboldt, la poesía es inseparable de la música, en tanto que la prosa depende por completo del lenguaje y está dominada por el pensamiento. Es ésta una concepción, de primordial importancia, aunque ni Humboldt ni los que desarrollaron su pensamiento, comprendieron totalmente sus implicaciones. Distinguieron sólo entre poesía y prosa, y en esta última entre el intercambio de ideas y la conversación ordinaria, o sea, el mero intercambio de noticias o la charla convencional. Existen otras distinciones funcionales importantes en el lenguaje: una de ellas es la de diálogo y monólogo. El lenguaje escrito y el interiorizado representan al monólogo; y el oral, en la mayoría de los casos, al diálogo.
El diálogo presupone siempre un conocimiento del tema común a las partes que permita el lenguaje abreviado, y en ciertas condiciones, oraciones puramente predicativas. También presupone el hecho de que cada persona puede ver a su interlocutor, su expresión facial y gestos, y escuchar el tono de su voz. Ya hemos examinado la abreviación y aquí sólo veremos su aspecto evolutivo, a través de un clásico ejemplo del diario de Dostoievski, para demostrar en qué forma la entonación sirve para comprender la imperceptible variación del significado de una palabra.
Dostoievski relata una conversación entre dos borrachos, enteramente compuesta de una palabra impublicable.
"Un domingo por la noche tuve que cruzar un grupo de mujiks borrachos. Fue una cosa de quince pasos; pero mientras daba aquellos quince pasos, adquirí la convicción de que sólo con aquella palabra podían darse todas las impresiones humanas; sí, con aquella sencilla palabra, por otra parte, admirablemente breve."
He aquí un mozo que la pronuncia con energía de macho. La palabra se hace negativa, demoledora; hace polvo el argumento de un vecino que la recoge y la arroja a la cabeza del primer orador, convencido entonces de la insinceridad en su negación. Un tercero se indigna también contra el primero, se mezcla en la conversación y grita también la palabra, que se transforma
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en una injuriosa invectiva. Entonces el segundo se siente arrebatado contra el tercero y éste devuelve la palabra que, de pronto, significa claramente: «¡Nos estás molestando! ¿Para qué te mezclás en esta?» Un cuarto se aproxima titubeando; hasta entonces nada había dicho; reservaba su opinión, reflexionando para descubrir una solución a la dificultad que dividía a sus camaradas. ¡Ya la ha encontrado! Indudablemente cree usted que va a exclamar: «¡Eureka!»... ¡De ningún modo! Lo que aclara la situación es la famosa palabra; el quinto la repite con entusiasmo, aprobando al afortunado buscador. Pero un sexto, al que no le gusta ver zanjar tan a la ligera los asuntos graves, murmura algo con voz sombría. Seguramente aquello quiere decir: «¡Te desbocás demasiado de prisa! ¡No ves más que una cara del pleito!» Pues bien, toda esa frase se resume en una sola palabra. ¿Cuál? Pues la palabra, la sempiterna palabra que ha tomado siete acepciones diferentes, todas ellas perfectamente comprendidas por los interesados." 5
La inflexión revela el contexto psicológico que sirve para la comprensión de la palabra. En la historia de Dostoievski consistió en una negación desdeñosa en un caso, duda en el otro, e ira en el tercero. Cuando el contexto es tan claro como en el ejemplo resulta posible deducir todos los pensamientos y sentimientos, e incluso una cadena completa de razonamientos, a través de una sola palabra.
En el lenguaje escrito, como el tono de la voz y el conocimiento del tema están excluidos, nos vemos obligados a usar muchas más palabras y de modo más exacto. El lenguaje escrito es la forma más elaborada del lenguaje.
Algunos lingüistas consideran que el diálogo es la forma natural del lenguaje oral, la que revela más precisamente su naturaleza, y el monólogo es en gran parte artificial. La investigación psicológica no deja dudas en cuanto a que el monólogo es en realidad una forma más elevada y complicada, y de un desarrollo histórico más reciente. Actualmente, sin embargo, sólo nos interesa compararlo en lo que concierne a su tendencia hacia la abreviación.
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La velocidad del lenguaje oral resulta desfavorable para un proceso de formulación complicado: no da tiempo para la deliberación y elección. El diálogo implica una expresión inmediata y sin premeditación. Consiste en respuestas que forman una cadena de reacciones. En comparación el monólogo es una formación compleja; la elaboración lingüística se puede llevar a cabo con tranquilidad y conscientemente.
En el lenguaje escrito, donde falta una base situacional y expresiva, la comunicación sólo puede ser lograda a través de las palabras complicadas, de ahí el uso de los borradores. La diferencia entre el borrador y la copia final refleja nuestro proceso mental. La planificación es importante en el lenguaje escrito, aun cuando no confeccionemos un borrador. Generalmente nos decimos a nosotros mismos lo que vamos a escribir; esto también es un borrador, aunque sólo mental. Como tratamos de demostrar en el capítulo precedente, este borrador mental es el lenguaje interiorizado. Puesto que el lenguaje interiorizado funciona como borrador, tanto en el lenguaje escrito como en el oral, compararemos ahora ambas formas con el lenguaje interiorizado, en lo concerniente a la tendencia hacia la abreviación y la predicación.
Esta tendencia, que nunca se encuentra en el lenguaje escrito, y sólo algunas veces en el oral, se presenta siempre en el lenguaje interiorizado. La predicación es la forma natural del lenguaje interiorizado, que psicológicamente se compone sólo de predicado. La ley de omisión de los sujetos en el lenguaje interiorizado, tiene su correspondencia en el lenguaje escrito en la ley de expresión tanto de los sujetos como de los predicados.
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