Goma en una proporción muy pequeña. Lápices medios




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Curso de Dibujo y PinturaFinal del formulario

Contenidos:

  • El encaje

  • Los lápices de color

  • Tipos de papel

  • Las ceras

  • La pintura acrílica

  • El pastel

  • La tinta

  • El collage

  • La pintura al temple

  • El gouache y la acuarela

  • La pintura al óleo

  • Los colores

  • Técnicas de pintura al óleo

  • Soportes para la pintura al óleo

  • El barnizado

  • Método para la preparación de colores resinosos

  • Temas pictóricos

  • Movimientos artísticos modernos

El Encaje Aquí os ofrezco unas nociones básicas para que lo recordéis. http://centrocultural.galeon.com/encaje2.jpg

LOS LAPICES DE COLOR

El primer acercamiento a las técnicas alternativas de la pintura al óleo comienza con el estudio de un medio pictórico equidistante entre la pintura propiamente dicha y el dibujo: los lápices de color.

Los lápices de color, cuyo empleo se extendió durante el siglo pasado, constituyen un útil de pintura sencillo, cómodo y familiar, con el que se obtienen obras de gran precisión, aunque su ejecución requiere un tipo de trabajo en cierto modo lento.

Sin embargo, antes de indagar más en sus características específicas, conviene distinguir claramente dos conceptos: lo que es colorear y lo que es verdaderamente pintar con lápices de color. Colorear es cubrir de color un dibujo y pintar es lograr un equilibrio entre el dibujo y el color, sin que exista predominio de uno u otro; es decir, al pintar, los colores deben adquirir forma.

Este medio, que fue utilizado por pintores tales como Toulouse-Lautrec, Seurat, Munch y Degas, se presta fundamentalmente a la ejecución de apuntes, estudios e ilustraciones, aunque no tiene especiales limitaciones temáticas ó técnicas. Aparte de los efectos derivados de ser un medio de pintura en seco, los lápices de color multiplican sus efectos textuales y cromáticos al mezclarse fácilmente con otras técnicas.

Entre los lápices de color existe una variedad de dureza que va desde los muy blandos hasta los más duros y precisos. Sin embargo, la dureza de este útil viene determinada por el aglutinante que interviene en su composición, y por ello deberán ser los aglutinantes la base de su clasificación. Los tres grandes tipos de lápices de color que existen en el mercado son los siguientes:

Lápices grasos: Son los lápices de color más blandos; en su aglutinante se añade goma en una proporción muy pequeña.

Lápices medios: Son los más conocidos y empleados; en su aglutinante posee cierta cantidad de cera virgen, resina, aguarrás o trementina en muy escasa cantidad.

Lápices duros: Solubles en agua; poseen una composición muy parecida a la de la acuarela y su aglutinante está constituido por gomas.

La norma básica que debe regir en toda pintura ejecutada con lápices de color se concreta en que la integración y mezcla de los colores empleados debe hacerse por superposición progresiva, insistiendo más o menos en un color u otro en virtud del tono que el artista pretenda conseguir. Hay que tener también en cuenta que existen colores con mayor capacidad de teñir que otros, por lo que será necesario cuidar de forma especial el orden en que se vayan superponiendo en la obra y la intensidad con que se apliquen. Los colores del lápiz presentan la particularidad de que no se pueden borrar, y por ello la aplicación ha de ser progresiva para que no se corra el riesgo del exceso produciéndose desajustes cromáticos, ni se deteriore la superficie del papel, ya que entonces los nuevos colores a emplear resbalarían.

A diferencia de otros medios de pintura, los lápices de color mezclan y funden sus colores propios sobre el soporte de papel en el que se lleva a cabo la pintura y no sobre otro elemento accesorio, como es la paleta en el caso del óleo.

Como acercamiento a las posibilidades pictóricas de este medio se sugiere la realización de un sencillo ejercicio consistente en la obtención de una escala cromática partiendo exclusivamente de los tres colores primarios: rojo, amarillo y azul. Como pauta didáctica, en la ilustración aparece el modelo de escala y el orden en el que los distintos lápices deben intervenir. La práctica repetida de este tipo de ejercicios hará conocer al iniciado el comportamiento de cada uno de los colores de los lápices, tanto aisladamente como formando parte de mezclas con otros.

Desde la aplicación exclusiva y directa de los colores de los lápices hasta la obtención de sorprendentes efectos, esta técnica abre un amplio campo de posibilidades expresivas. Sin embargo, con lápices de color no sólo se obtienen efectos propios de la textura del papel y de la aplicación superpuesta de colores, sino que, la facilidad con que este medio se integra con otros enriquece notablemente los resultados de su aplicación directa.

Los lápices de color, al ser en general solubles en agua, permiten la obtención del efecto de aguadas y transparencias. Para realizar esta tarea, después de aplicar la pintura sobre el papel será necesario emplear un pincel ligeramente humedecido con el que se diluirá el pigmento del lápiz. El empleo de barras de pastel sobre lápices facilita la obtención de tonos más envolventes, llegándose a perder parcialmente la textura del papel. Por último, la aplicación de colores de gouache, o tempera, posibilitará la obtención de pequeños detalles con color opaco.

Además de ser un medio pictórico en sí mismo, los lápices de color se pueden complementar con pequeñas aplicaciones de otras pinturas y con medios tan diversos como las tintas, las ceras, el pastel o la acuarela.

La cualidad propia de ser un procedimiento de pintura en seco otorga a los lápices la posibilidad de integrarse con casi todas las técnicas de pintura más frecuentadas. Pero también la precisión particular de sus manchas de color imprime el contrapunto a otros medios más envolventes y sugestivos.

En resumen, los lápices de color, utilizados paralelamente o como apoyo de otros medios de pintura más tradicionales, pueden llegar a producir sorprendentes efectos de contraste o complemento de color.

El recuadro técnico adjunto servirá de guía esquemática y ficha de consulta sobre las características más destacables de este medio.

TIPOS DE PAPEL

La elección del tipo de papel sobre el que pintar con lápices de color tiene una importancia decisiva no sólo a la hora de trabajar cómodamente, sino también en la calidad y las texturas de la obra acabada.

Tanto el papel verjurado, tipo Ingres, como el Canson resultan muy recomendables en los trabajos con lápices, puesto que reciben perfectamente los colores aplicados. Pero también existe una gran variedad de papeles coloreados que hay que tener muy en cuenta en esta técnica pictórica, siendo los de grano grueso los más apropiados para la obtención de tonos uniformes.

El papel de color presenta como ventaja, frente al blanco, el hecho de ofrecer ya un tono de base, propio del papel, con lo que las posibilidades cromáticas de la pintura se multiplican.

Por otra parte, esta cualidad del papel facilita la modificación en el proceso de trabajo, ya que se puede comenzar a pintar con los tonos claros, en vez de con los oscuros, requisito obligatorio usando papel blanco.

En el tema elegido como "Ejercicio sujerido" se usará como soporte un papel gris azulado, que entona muy bien el ambiente nocturno de una gran avenida. En este trabajo con lápices de color se utilizarán exclusivamente los colores primarios, con ayuda, en algunos casos, de un poco de negro y de blanco para resaltar brillos sombras.

El papel empleado en la pintura de acuarela produce una textura muy áspera al pintar con lápices de color, ya que presenta una superficie muy rugosa.

El papel verjurado, tipo Ingres, resulta recomendable para este tipo de pintura, pues, posee un grano bastante fino, pero a la vez resistente.

No conviene utilizar papeles que presenten un grano irregular, ya que no se consigue una calidad de textura uniforme con los lápices de color.

Muy útil para el trabajo con lápices resulta el papel tipo Canson, que, además de sus cualidades de textura, presenta una gran variedad de colores.

Si el orden en la aplicación de los lápices de color no es el correcto obtendremos una mancha tonal confusa. (En la ilustración situada arriba a la izquierda han sido utilizados los colores primarios en este orden: rojo, azul y amarillo.)

Cuando la aplicación de colores sigue el orden azul-amarillo-rojo, el resultado tonal que se obtiene es muy limpio y concreto. La diferencia con el caso anterior es notable, por la nitidez y la ausencia de una mancha de colores indefinida.

Como se aprecia en la fotografía de la izquierda, en la parte de abajo, si se llega a destruir el grano del papel, por haber presionado excesivamente con los lápices sobre la superficie, obtendríamos un resultado como el que aparece en la ilustración. A partir de ahora sería imposible aplicar un nuevo color, ya que no se integraría.

Junto al error, puede verse como trabajando de una forma progresiva y sin efectuar nunca una presión excesiva sobre el papel se logran aciertos tonales con los lápices de color. En este caso, el color se ha conseguido superponiendo distintas capas de color azul y amarillo.

Resulta difícil representar sólo con los colores primarios de los lápices de color la amplia variedad cromática de las imágenes que nos rodean. El empleo de todos los colores no sólo facilita notablemente la precisión de color en la obra, sino que enriquece las posibilidades de esta técnica.

Como ejercicio práctico se propone pintar la figura de un payaso que se presta especialmente al empleo de muchos colores y cuyo efecto final es absolutamente sorprendente. Previamente se habrá dibujado el tema con gran concreción para pasar a la superposición de colores, comenzando con el azul, posteriormente el amarillo y finalmente el rojo. Más adelante se aplicarán los colores hasta conseguir el resultado cromático que el modelo exige.

Como consecuencia de que este tipo de pintura no es totalmente opaca, sino sólo semicubriente se usará papel blanco para conseguir un máximo ajuste tonal.

Hay que insistir en los dos aspectos fundamentales de esta técnica: el orden en la aplicación de los colores y la necesidad de realizar una entonación progresiva.

LAS CERAS

Desde hace cinco mil años, en Egipto, la utilización de cera como medio de pintura ha permanecido hasta nuestros días, con diferente tratamiento, como una forma común de expresión pictórica. En sentido general, se puede distinguir dos técnicas de manipulación de la cera: la que se realiza mediante calor, que es la que se empleó en la antigüedad, y la que se desarrolla en frío, cuya práctica y difusión se sitúa a partir del pasado siglo.

La pintura con cera en caliente, denominada encáustica y que veremos más adelante, tuvo una gran aceptación en la época clásica de Grecia y Roma, pero poco a poco su uso fue decreciendo hasta nuestros tiempos, en los que es mucho más frecuente el empleo de la cera como medio frío. Entre los procedimientos en frío cabe distinguir dos que sí son muy utilizados. El primero de ellos consiste en mezclar los pigmentos con un medium a la cera, que se puede mantener sin calor durante mucho tiempo en estado líquido, debido a la ajustada proporción que se establece entre aceite, barniz y cera. Sin embargo, el procedimiento más generalizado de pintura en frío consiste en emplear barras de cera, cuyo uso y forma es semejante a las de pastel, pero muy diferentes en cuanto a los resultados y tratamiento.

La pintura a la cera ofrece grandes ventajas al pintor, entre las que se pueden destacar: los colores no amarillean, son más estables que los colores de pastel, no oscurecen ni se cuartean y permiten una gran matización de tonos.

En la actualidad, el aficionado a la pintura con ceras puede encontrar en el comercio una gran variedad de marcas y un amplio surtido de colores. Como denominador común, las barras de cera tienen su carácter graso y, en cambio, se dan diferencias en cuanto a su composición, existiendo unas más grasas, más magras o más o menos ricas en cera. También la calidad del pigmento varía mucho de unas presentaciones a otras, y precisamente éste es el aspecto más importante a la hora de elegir la marca que vayamos a utilizar.

El trabajo pictórico con ceras puede realizarse sobre soportes muy diferentes, teniendo en cuenta que, en cualquier caso, la superficie deberá ser áspera. Papel, cartón, táblex o contrachapado pueden emplearse como soportes de pintura. De ellos, el pintor optará por aquel que mejor se adapte al tema elegido y. fundamentalmente, en el que desarrolle más cómodamente su trabajo. En cualquier caso, no se deberán utilizar papeles satinados, y si se emplea madera, ésta deberá estar imprimada para obtener mejores resultados pictóricos.

Una vez introducidos en este procedimiento, se propone trabajar con las barras de cera sobre una superficie de madera preparada y no sobre papel. Esta modificación del soporte a emplear obligará a mantener una serie de precauciones para que el trabajo se realice cómodamente y se obtengan los resultados deseados.

La madera es un tipo de material que admite perfectamente la pintura con ceras. Cualquier contrachapado o táblex, o una simple plancha de madera natural, preparada con un fondo de yeso, resulta una superficie de gran luminosidad. Pero es necesario aplicar sobre ella la pintura de una manera progresiva, ya que un empaste se fijará mejor sobre capas previamente difuminadas. Además, hay que tener en cuenta que el trabajo sobre madera requiere una presión mayor de la normal a la hora de difuminar con los dedos, a fin de que la pintura se integre bien.

El pintor podrá usar las planchas de táblex que se venden ya preparadas, aunque uno mismo puede prepararse su propio soporte siguiendo el método de imprimación que más adelante se desarrolla y que no ofrece ninguna dificultad especial.

A pesar de que existe en el mercado un buen surtido de barras de cera de calidad, conviene que el artista pintor conozca el proceso de fabricación de las mismas. De esta manera estará en disposición de elaborar sus propias pinturas garantizando que los pigmentos empleados son buenos y, por tanto, el comportamiento de sus propias pinturas será el óptimo.

En general, el proceso de fabricación no tiene ninguna dificultad, pero sí conviene cuidar las proporciones de la mezcla para conseguir el aglutinante, además de contar con los moldes adecuados para obtener las barras.

Las barras de cera hacen posible la ejecución de un gran número de efectos y variaciones pictóricas, debido a que son materiales grasos y resistentes y, por tanto, pueden grabarse, diluirse e incluso calentarse. Esta cualidad del medio facilita al aficionado la ejecución de efectos sorprendentes ya que puede combinar en una misma obra distintas texturas, producto de la aplicación de las barras directamente o mediante difuminado, lavando los colores con esencia de trementina o incluso esgrafiando las manchas de color.

Sin embargo, será preciso poseer en primer lugar un amplio conocimiento del manejo de las barras, para pasar a incorporar efectos diversos, que en cualquier caso deberán estar muy bien valorados, para no caer en la repetición o en la monotonía.

Es muy frecuente que las barras de cera al ser manipuladas se ensucien y pierdan la precisión de color necesaria. Por ello, conviene limpiarlas frecuentemente con una simple cuchilla con la que, en primer lugar, se eliminará la suciedad que tengan las barras. Una vez eliminada la capa de pintura superficial a la barra, resulta muy práctico frotarlas con un trozo de trapo limpio con el que evitar las posibles asperezas que hayan quedado anteriormente. Al mismo tiempo, se hará girar la barra para que toda su superficie quede perfectamente lisa.

En aquellos casos en que sea necesario rectificar un color aplicado, en primer lugar se raspará con una cuchilla perpendicular al papel la superficie que deseamos modificar. De esta forma, se eliminará la mayor cantidad posible de pintura. Después de haber eliminado suficientemente la capa de pintura, hay que aplicar un nuevo color empleando la barra de cera perfectamente limpia. Este método de corrección, muy práctico para los que se inicien en el trabajo con las ceras y en la ejecución de encajes, ofrece buenos resultados.

En determinadas ocasiones, y dada la dificultad para obtener detalles precisos con las ceras, resulta muy útil, para realizar perfiles, la utilización de un simple papel. Superponiendo un papel de apoyo sobre la superficie a pintar, se trazará la mancha deseada; al levantar el papel de apoya habremos obtenido un perfil nítido y preciso. Este recurso pictórico resultará sumamente útil en aquellos trabajos que requieran una gran perfección en la construcción de elementos con formas lineales, garantizando la exactitud de las manchas de color.

La variante pictórica de las ceras, que consiste en la aplicación de los colores con la cera fundida, se denomina encáustica y fue empleada por primera vez en Egipto, unos tres mil años antes de Jesucristo. Sin embargo, en la actualidad este antiguo método ha sido sustituido por la aplicación de la pintura en frío, a partir de las barras convencionales de cera.

Entre las características más notables de esta pintura resalta la necesidad de utilizar un aparato calórico que permita, en todo momento de la creación pictórica, la utilización de los colores fundidos. Por otra parte, es preciso señalar que su práctica requiere una cierta pericia, puesto que el aglutinante no es fácil de manipular. Además, es muy recomendable el empleo de aceites etéreos, como la esencia de trementina, añadidos a los colores, ya que en los primeros pasos ayudan a mantenerlos líquidos durante más tiempo. En todo caso, el soporte deberá ser de madera y estar imprimado con un fondo de yeso.

Es requisito de la encáustica que las pinturas estén en todo momento fundidas, puesto que así es como el artista las debe aplicar en el soporte. Por ello, resulta indispensable utilizar una fuente de calor adecuada durante todo el tiempo que dure el proceso de ejecución del cuadro. El aparato, que puede ser una simple estufa, debe estar siempre a escasa distancia del cuadro y en determinadas ocasiones, para fundir colores o rebajar empastes, será preciso aproximarlo al lienzo.

La pintura encáustica requiere una especial disposición de los materiales que el artista debe emplear en su trabajo de estudio. En el centro, deberá estar el caballete con el soporte, que es una tabla imprimada con fondo de yeso. A la izquierda, sobre una mesa, estará el aparato calórico necesario durante todo el proceso. A la derecha, el resto de los materiales: el infiernillo con la paleta y el medium, los pigmentos, un lavapinceles y esencia de trementina.

En este breve recorrido de iniciación a la técnica de la pintura con ceras, no podían estar ausentes otras formas de expresarse con este medio tan sencillo, aprovechando sus características propias y buscando texturas y efectos más sugerentes que la simple aplicación directa de las barras sobre la superficie del papel.

El batik, el lavado o el esgrafiado son métodos que enriquecen las posibilidades expresivas y pictóricas de las ceras, reduciendo sus limitaciones propias. El batik, por ejemplo, favorece la obtención de diferentes texturas al combinar el contraste entre un medio seco y graso con un medio húmedo, como las pinturas al agua. El lavado, además de ser un recurso útil en cualquier obra con ceras, hace posible la uniformidad de tonos y la ejecución de pequeños detalles sobre zonas muy homogéneas. Por último, el esgrafiado parece representar la precisión dentro de la sorpresa que supone ir descubriendo la forma y el color, por el método de raspar una superficie previamente manchada y cubierta más tarde con un color homogéneo.

En la técnica del batik es posible aplicar desde el principio colores claros, ya que al pintar encima con colores al agua, como los de gouache, las manchas de color de las ceras no sufrirán ninguna modificación, puesto que se trata de un medio graso, que rechaza el agua y los colores en él diluidos.

El lavado permite una gran libertad en el empleo de las barras de cera. Los colores planos, mezclados o simplemente superpuestos, intensificarán su potencia al ser lavados con esencia de trementina y sus tonos tenderán a unificarse. Para esta técnica, es recomendable el empleo de pinceles de cerda.

En el esgrafiado no será preciso cuidar de forma especial la aplicación de las primeras manchas de color que después tendrán que ser cubiertas; sin embargo, la precisión a la hora de raspar será muy importante para conseguir modelar la forma que se desee, aprovechando siempre los colores de la base.

El método de combinar dos técnicas tan diferentes como las ceras y una pintura al agua se conoce como batik. Al emplear un medio graso, que por sus propias características rechaza el agua, produce unos efectos contrastados muy interesantes. Con el fin de seguir un orden lógico de trabajo convendrá comenzar aplicando los colores más claros con las barras de cera, para plasmar más tarde los oscuros con la pintura al agua que hayamos elegido, ya sea acuarela o gouache. Finalmente, al tener que humedecer el papel, es preciso que éste se encuentre montado sobre un tablero.

La utilización de esencia de trementina para igualar el color de las barras de cera es una práctica sumamente frecuente en esta técnica pictórica. Como recurso técnico ofrece unos efectos muy dignos a tener en cuenta. Respecto al difuminado para el que se precisa una gran cantidad de materia o una excesiva presión con los dedos, el lavado presenta la comodidad de diluir con un simple pincel y aguarrás una zona concreta del cuadro, además de poder insistir en la aplicación de ceras sobre la zona lavada.

La técnica del esgrafiado de ceras consiste, de una forma muy sencilla, en la aplicación de manchas de color sobre la superficie de papel, que habrán de ser cubiertas posteriormente con una capa de pintura muy oscura o negra. La utilización de una cuchilla o un punzón facilitará que se descubran los colores empleados sobre la base. El manejo de la cuchilla habrá de ser lo suficientemente certero como para obtener las formas y colores deseados, teniendo siempre en cuenta que las primeras manchas habrán de ser concebidas pensando en el resultado final de la obra. En este caso, como ejercicio, se propone la ejecución de unas flores insinuadas dentro de una mancha dominante de color negro.
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