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4.3.2 La discusión ética en el documental. En el plano ideal del deber ser (el de la ética), la calidad, reconocimiento y credibilidad de un documental o un documentalista, tienen que ver directamente con el cumplimiento de ciertos principios éticos y con la formación moral del realizador.

De igual forma el prestigio del documental cinematográfico como revelador de realidades y verdades, que ni la ficción por su misma naturaleza, ni el periodismo por su carácter inmediatista, son capaces de arrebatarle, hacen que este género audiovisual busque permanentemente reflexionar sobre su deber ser, o sus principios éticos.
El impacto de autenticidad que puede tener un documental es de una fuerza colosal, es polémico y políticamente explotable. Aunque el “mensaje” sea idéntico en una ficción o un documental, o si la cuestión planteada es la misma, el compromiso, el riesgo del realizador es más grande. Creo que no se debe sino al hecho que compromete gente verdadera, a realidades verdaderas. En la ficción todo es actuación. El tema central es realmente la cuestión de la responsabilidad. La vida es verdaderamente la cuestión sagrada, mientras que la reconstrucción de la vida es fundamentalmente menos grave114.

Las diferentes tendencias, escuelas y directores del cine documental han alimentado sus propuestas y su filosofía, de la discusión ética. El grado de intervención sobre la realidad y la relación del cineasta con lo filmado, polémica que en realidad se basa en los valores éticos de la verdad, la objetividad y el respeto, ha estado presente desde el surgimiento mismo del género y lejos de estar resuelta, sigue motivando las reflexiones de todo realizador que aborde seriamente el documental.
La primera y más fundamental necesidad ética del documental y en general de los géneros informativos es la verdad, ya que los comunicadores y los documentalistas son profesionales del discurso, de la verdad.
Para algunos directores afines a los planteamientos del “cine ojo” de Vertov, el documental es una observación bruta y no intervencionista de la realidad. Debe realizarse con el mínimo de puesta en escena o de efectos de montaje, para ser realmente fiel a la verdad. Idealmente el sujeto no es consciente de la presencia de la cámara y se llegan a extremos como el de rodar con cámaras escondidas horas y horas de película en un mismo encuadre.
Para los documentalistas relacionados con la escuela del “Candid Eye” canadiense, la poesía visual de lo real, puede revelar nuevas verdades, y no dudan en utilizar procedimientos narrativos corrientemente usados por la ficción. El cinema veritè y el cinema direct francés, lejos de negar la influencia que la presencia de un equipo de rodaje puede tener en una situación, a menudo lo utilizan para catalizar y hasta provocar el acontecimiento ante la cámara. La cámara participante, se convierte en parte del documental, mostrando sin reservas la subjetividad de los realizadores que construyen y confrontan la realidad a medida que rueda la película.
Lo cierto es que a pesar de las pretensiones, ningún documentalista puede retransmitir íntegramente la realidad tal cual es. Lo real debe ser modelado para ser comunicado por el documentalista y comprendido por el receptor. En este proceso es inevitable un alto grado de subjetividad y de parcelación de la realidad, lo cual la hace incompleta. La verdad entonces, es un concepto relativo e ideal, por lo tanto inalcanzable. No obstante, el trabajo informativo, el científico y el artístico (en los cuales se inscribe el documental), tienen el deber de ir tras este ideal, por más utópico que sea.

En la búsqueda de la verdad informativa, se ha erigido a la objetividad como el valor supremo para interpretar la realidad, herencia de un método científico que cada día evidencia más sus debilidades y su incapacidad para revelar la verdad. La subjetividad del realizador para organizar la información (expresada en los encuadres, en la dramaturgia, en la elección de personajes y de historia, en las preguntas, en la edición, etc.), e incluso la subjetividad de cada uno de los perceptores, que recibe el mensaje audiovisual de una manera personal, demuestra que la objetividad es un valor que no es posible cumplir en el documental y que no por eso se aleja aun más de la realidad.
Entre la seudo-objetividad del reportaje superficial y externo que pretende haber dicho todo presentando de manera “imparcial” el pro y el contra de una situación...y la obra de ficción que fabrica todas las piezas de una historia romántica a partir de hechos reales o imaginarios, el documental toma el riesgo de cercar la realidad partiendo del interior, subjetivamente. Aunque no sea unánime. Aunque provoque controversia. Aunque suscite debate”115.
Si en el documental queda claro que siempre se expresa el punto de vista de los realizadores, la objetividad no existe. Frente a esta premisa largamente discutida por los documentalistas y prácticamente aceptada hoy por todos, queda como alternativa la honestidad. El documentalista tiene que hacer un pacto honesto con la verdad.
La honestidad con el público en el momento de narrar, solo se logra con un profundo conocimiento del tema, basado en una buena investigación documental y de campo, en la familiaridad con lo que se irá a tratar en la asesoría con expertos u otras formas de acceder al conocimiento cada vez más aceptadas, como lo intuitivo.

De esta forma, el conocimiento del tema y la investigación son prioridades éticas para abordar una narración audiovisual. Estos dos elementos darán las bases para dirimir la mayoría de problemas éticos inherentes al documental. La verdad, la objetividad, la calidad, el riesgo, la puesta en escena, la dramaturgia, no pueden ser abordados más desde la improvisación y la ignorancia.
El documentalista basado en estos principios, podrá desviar o si se quiere, abortar la temática de su producción según los resultados de las investigaciones. Se interesará en lo que de fondo está sucediendo frente a su cámara y no en acomodar los hechos para sustentar su propia visión de la vida, o para armar un relato sensacionalista y tergiversado que sea más comercial.
En este sentido el realizador debe tener una gran solidez ética, pues el mercado documental cada vez más fuerte en EUA y Europa (con marcada tendencia etnocéntrica, imperialista y comercial), incita a mostrar lo que el público quiere ver, lo que se vende, pero muchas veces lo que se vende no es lo que se encuentra al filmar.
La subjetividad y las elecciones narrativas deben ser concebidas desde un conocimiento previo de la temática. De esta forma el punto de vista, los encuadres, los personajes, la edición, la estructura narrativa, buscan la esencia de las cosas, sus puntos más significativos, pudiéndose acercar más a la “verdad” desde una actitud investigativa y poética que por medio de la llamada objetividad.

De igual forma, la puesta en escena bien concebida no pierde su carácter de documento y realidad, si se basa en la investigación y el compromiso con el tema. Los más importantes registros de la historia del documental se han realizado debido a que los hechos se han convocado, es decir, se han fabricado los acontecimientos para que se den en un momento determinado. Por ejemplo las imágenes de Nanook, que es considerado el primer documental cinematográfico de la humanidad, son en su mayoría puestas en escena que gracias a la convivencia de varios años y al conocimiento que el director tenía de los esquimales, pasaron a la historia como valiosos documentos etnográficos.
En el documental ambiental esta misma situación se presenta constantemente. La gran mayoría de producciones utilizan cebos, terrarios, peceras, imitación de llamados, jaulas, estudios y muchos otros trucos cinematográficos para poder capturar imágenes que sería casi imposible lograr en la naturaleza. Muchos documentales de vida silvestre son realizados en su totalidad en estudios.
Algunos documentales muestran el proceso de filmación y los trucos; otros no. Cuando se sabe por ejemplo que una de las realizaciones más conocidas de la National Geographic sobre la selva húmeda tropical fue realizada en su mayoría en los alrededores de un hotel costarricense, o que las más bellas tomas de delfines rosados de la ABC y la BBC fueron filmados en una gran piscina en el Amazonas venezolano, la primera reacción es sentirse engañado y ver en esta actitud una falta de ética. Sin embargo, esto no es más que una puesta en escena que nuevamente se remite al valor ético del conocimiento del tema, pues si se apoya en una excelente investigación y sobre todo asesoría de expertos que indiquen cómo es exactamente el medio ambiente correspondiente, cuáles son los sonidos característicos, qué comportamientos son los normales, no pierde su carácter documental y es igualmente válida. El reto del documentalista de naturaleza es mostrar lo que ya sabe que es, de cierta manera, pero para lo cual muchas veces hay que forzar la realidad. En consecuencia, el criterio tiene que ver más con una ética científica que comunicacional.
En el documental ambiental es importante tomar ciertos riesgos, para poder mostrar cosas diferentes a las que el común de las personas pueden ver y para llegar hasta el fondo en cada tema. Sin embargo, muchas veces se toman riesgos innecesarios por el afán de ser los primeros. Y pueden existir muchos riesgos, pues los realizadores comunmente se enfrentan a un medio ambiente extremo, a fieras, a enfermedades, a situaciones peligrosas y es allí donde una “ética con uno mismo” debe plantearse la pregunta de hasta donde se debe arriesgar la integridad física por una grabación. El conocimiento del tema nuevamente puede ayudar a establecer los límites. Es importante por tanto, una buena pre - producción, que prevea los posibles riesgos, que se informe de las condiciones climáticas, de buenos guías y mapas, de los mejores equipos para ser usados y que asegure una buena metodología de rescate y primeros auxilios en caso de accidentes.
Anteriormente en el documental de vida salvaje africano, se solía arriesgar por falta de conocimiento a cerca de la etología de los animales salvajes. Hoy se manejan mejor estas situaciones, igualmente los equipos y el conocimiento para enfrentarse a temperaturas extremas, a grandes alturas o profundidades, o a espesas selvas, a evolucionado y se tiene más en cuenta a la hora de la producción.

Son muchas las situaciones a las que se ve enfrentado el documentalista y en las que se siente confuso, pero una sólida base ética le dará una visión amplia en la cual será más difícil cometer errores.
4.3.3 Etica ambiental. El documental ambiental además de regirse por una ética de los medios masivos o una ética específica del documental, debe tener muy presente la ética ambiental, que al igual que las dos primeras ramas hace parte de la ética general. Esta última es la que más rápido avanza y mayor importancia está tomando en los últimos tiempos, pues los desafíos representados por la crisis ecológica no son solamente teóricos si no sobre todo prácticos, y la ética ambiental sienta las bases para la acción. Tanto durante las etapas de la producción, como en el diseño de los contenidos, se debería revisar esta ética, aplicarla desde las decisiones personales y promoverla.
La evidente crisis ecológica por la que está atravesando el planeta en las últimas décadas, es a su vez una crisis de civilización, donde el hombre está frente a un fracaso inequívoco de los intentos de la humanidad por organizar su casa con base en el “progreso” y la tecnología. Es entonces un fracaso de la forma de relacionarse entre sí y con la naturaleza, un fracaso de los sistemas económicos, políticos y sociales vigentes. En última instancia, es una crisis generalizada de valores, donde la técnica, la productividad, el consumismo, la mentalidad extractivista, la explotación, la prepotencia, la desigualdad y muchos otros conceptos de la modernidad se están revaluando.
Ante esta crisis, “se presenta la reflexión ética, no como una normatividad espontánea y romántica de superación de la problemática, si no como una nueva racionalidad adecuada a la época de la tecnociencia, mentalidad que hay que ir elaborando para superar el desafío actual”116
La ética ecológica surge entonces, como una rama que afronta los nuevos desafíos. En un principio se postuló a partir de la bioética en los años setenta, campo que se dedica al “examen crítico de las dimensiones morales de decisiones en el contexto de la salud y en el contexto de las ciencias biológicas”117. Hoy se habla de una ética ambiental que, sin olvidar las discusiones netamente biológicas, abarca muchos otros temas, como la política, la cultura o la economía.
“Obra de tal forma que las consecuencias de tu acción sean compatibles con la permanencia de la vida auténticamente humana sobre la tierra”118. Este podría ser el principio ético ambiental más importante, en oposición al imperativo de la tecnociencia: “Todo lo que es técnicamente realizable, debe ser realizado independientemente de que esa realización se juzgue como moralmente buena o mala”119

Como los principales valores sobre los que debe reflexionar la ética ambiental, Frei Antonio Moser propone: la utilización más racional de los recursos naturales, es decir ascetismo en la producción de bienes y en el consumo; respeto a la vida en todas sus formas; reconstrucción de lo destruido por el hombre y prevención de una mayor destrucción; actuar más que idealizar.
De igual forma, el profesor Jorge Pautassi propone como campos de reflexión:

  • La interdiciplinariedad en la construcción de la ética ambiental.

  • Promover una visión antropocósmica en la relación hombre naturaleza, en contradicción a la antropocéntrica.

  • Rechazo a la autonomía tecnoevolutiva, donde el hombre debe volver a responsabilizarse de la técnica, desde una mirada ético-moral.


Estos campos de reflexión ética deben llevar a la consolidación de unos mínimos éticos universales que respondan a la crisis.
Es responsabilidad solidaria de todos los hombres crear una cultura ecológica que oriente comportamientos de cooperación con tal fin. Una cultura ecológica apoyada por una ética cívica que comparta, asuma y vivencie valores y normas ecológicas que ya existen en declaraciones y constituciones, para no tener que recurrir al autoritarismo del Estado o a una ecodictadura mundial, a fin de preservar el medio ambiente. Una cultura ecológica que sea consciente, devele y denuncie el poder de la tecnocracia, como una nueva práctica del poder en la sociedad actual. La relación hombre-naturaleza requiere de la regulación cultural120
El documental ambiental no debe ser ajeno a toda esta reflexión. Por el contrario, su poder y credibilidad le otorgan la responsabilidad de difundir la nueva cultura ecológica construida colectivamente. Cada palabra, cada imagen, debe estar firmemente sustentada por la ética ambiental. De igual manera los realizadores deben ser consecuentes con esta ética durante todas las etapas de producción evitando por ejemplo la contaminación, la interferencia negativa en los procesos naturales, la promoción turística irresponsable de reservas estratégicas121 y rechazando prácticas crueles o destructivas para capturar imágenes122.
Aunque los valores éticos son en buena parte relativos y dependen de cada persona, los documentalistas deberían seguir unos mínimos éticos que aún están por construir. Los observadores de vida silvestre y las asociaciones de fotógrafos de naturaleza nos dan nuevas pistas más, que junto con los elementos de la ética de las comunicaciones, del documental cinematográfico y del ambientalismo pueden contribuir en el debate y configuración de códigos regionales e internacionales.
La National Wildlife Federation123, propone tres principios éticos básicos para los observadores de vida silvestre:
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