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Felix Rodríguez de la Fuente: Este médico y odontólogo español comenzó a realizar sus primeros documentales en los años cincuenta, convirtiéndose en uno de los pioneros en el documental ambiental. Su afición a la cetrería (caza con halcones) lo llevó a la televisión. Al ganar una competencia internacional de cetreros, fue entrevistado por la televisión española (en aquel entonces TV1). Fue tal la cantidad de cartas enviadas al programa y el suceso de la entrevista, que los programadores le ofrecieron un espacio semanal de una hora, que él utilizó para hablar de cetrería y de un acercamiento diferente hacia la naturaleza.

Luego de estos primeros programas, decidió continuar realizando documentales de vida silvestre. Así, crea el popular programa El hombre y la tierra, que pondría a la Televisión Española como una de las pioneras en el género. Rodríguez de la Fuente realizaba aproximadamente tres documentales al mes, con limitados recursos comparativamente con los ingleses y norteamericanos, que también ingresaban en el género de vida silvestre. Sus programas se basaban en su presentación espontánea e improvisada, en el lugar de los hechos y una edición fresca, realizada muchas veces por él mismo, lo que le trajo mucho éxito.
Este programa, que empezó con la fauna ibérica y luego mundial, se convirtió en todo un fenómeno en su país e incluso en otros continentes. Los índices de sintonía eran mayores que los de los partidos de fútbol y otros tradicionales programas masivos, pues lograba imprimir un sello único a sus producciones. “Era un apasionado de la vida y el hombre. Buscaba el contacto directo y emotivo, estudiando como cada animal funciona en el engranaje de la vida. Desde una visión antropológica, buscaba también la posición del hombre en la naturaleza. Tenía una visión no fría de la realidad, donde se involucraba en los misterios de la vida. Era como la naturaleza pensante que se reflejaba a si misma y no desde afuera. Su objetivo era comunicar su sensibilidad”51.
Sus programas influenciaron a muchos ambientalistas, científicos y documentalistas a nivel mundial, convirtiéndose en una pieza clave en el comienzo del movimiento ecologista español. Así mismo, él también fue parte fundamental en la fundación de algunas organizaciones y campañas en su país. Fue, por ejemplo, vicepresidente por varios años de ADENA, una de las más importantes ONG. Su trabajo tanto audiovisual, como institucional es muy reconocido hoy en su país y a nivel mundial; es sin duda, uno de los grandes pioneros en los documentales de vida silvestre.
DISCOVERY CHANNEL: En 1982 el norteamericano John Hendricks funda una pequeña compañía llamada Cable Educational Network, como respuesta a su creencia de que muchos televidentes compartían su amor a los documentales y a la televisión educativa. Esta posición no era aceptada por muchas personas; sin embargo, tres años después la compañía se convirtió en Discovery Channel, especializándose en documentales de naturaleza, ciencia y tecnología, historia, culturas del mundo y aventuras humanas.52
Con una inversión inicial de solo 25 millones de dólares, Discovery es hoy una de las mayores cadenas de televisión por cable en el mundo, con 110 millones de suscriptores en 145 países (1998). Discovery coproduce y presenta documentales de los más distinguidos directores y productores a nivel mundial. En septiembre del 97 firmó algunos acuerdos con la BBC de Londres para la producción y comercialización de documentales. Su fundador y director general ganó, en esta misma época, el título de personalidad del año en el Festival de Cannes.53
Discovery Channel es no solo uno de los más grandes imperios de comunicaciones, sino tambien la compañía que con mayor fuerza promueve los documentales ambientales en el mundo. Hoy posee, además de su canal base, a The learning Chanell, Travel Chanell Discovery Kids, Discovery en español y The Animal Planet, demostrando el enorme mercado que pueden tener los documentales a nivel mundial.


2.5 EL DOCUMENTAL EN COLOMBIA

El documental cinematográfico es el género más importante del patrimonio fílmico colombiano. Este género ha sido utilizado durante décadas, pasando por diversas etapas, escuelas e ideologías, que han dejado un valioso material para la posteridad, pues además de su importancia como documentos históricos, este tipo de películas han posibilitado que muchos realizadores describan e interpreten fragmentos de la realidad social, política, cultural, turística y, en algunos casos, ecológica de Colombia, dando así pistas para entender el país y su imagen.
En el país la importancia del documental ha sido subvalorada y tergiversada en la mayoría de los casos. El gobierno, los distribuidores de las salas de cine, los medios de comunicación y la empresa privada, han tratado su realización y difusión con negligencia o desinterés. La televisión colombiana, por su parte, aunque está en capacidad de difundir ampliamente los documentales y tiene el deber de hacerlo, no les da el suficiente espacio en una programación que, por ley, es de servicio público y de interés educativo, pero que está regida por el “raiting” y la publicidad.
Desde que los primeros aparatos proyectores de fotografías en movimiento llegan a Colombia en 1897, dos años después de la primera proyección pública en París, se manifiesta la necesidad de incluir en las proyecciones tomas hechas en Colombia, que atrajeran así, aún más, al público. Aunque son escasos los estudios que se han hecho sobre el cine de ese período en el país, hay varias versiones sobre las primeras tomas rodadas y su autor. Algunos críticos, como Luis Alberto Alvarez, Hernando Salcedo Silva54 y Jorge Nieto55, coinciden en que fue en el año 1899. Sin embargo, el cine tendría que esperar algunos años para conocerse en sociedad, pues por aquella época estalla la guerra de los mil días.
Es a finales de 1905, que el “cinematógrafo” de los hermanos Ireland atrae al público de Bogotá y en mayo del año siguiente, la Compañía Cronofónica presenta, en esta misma ciudad, once títulos tomados por el operador durante su recorrido por el país y que incluye los primeros intentos de documentar la realidad natural, social y cultural de Colombia: Vista del Bajo Magdalena, Puerto de Cambao, el Cronófono subiendo por los Andes, La procesión de Nuestra Señora del Rosario en Bogotá, Parque del Centenario, Carreras en el Magdalena, Panorama de San Cristóbal, Caídas del Bogotá en su descenso hacia el Chaquito, El Gran Salto del Tequendama, El Excmo. General Reyes en el Polo de Bogotá.56
A principios de la segunda década de este siglo, los hermanos italianos Francisco y Vicente Di Doménico, llegan al país, convirtiéndose en unos de los pioneros y precursores del cine en Colombia. En un comienzo se dedican básicamente al negocio de las grandes salas de cine, pero luego comienzan a producir pequeños cortos de actualidad, para ser presentados antes del plato fuerte de la función.
En 1915, luego de algunos años de experiencia, los Di Doménico se lanzan a producir El Drama del 15 de Octubre, reconstrucción histórica del asesinato del General Rafael Uribe Uribe (ocurrido en 1914), en el que audazmente se muestran testimonios en primera persona de los confesos asesinos. Esta película, que se produce en la misma época en que Vertov y Flaherty sientan las bases del documental, es el primer intento por salirse de la producción noticiosa y poco interpretativa que se daba en aquella época. Sin embargo, fue rechazada por la moral imperante.
Los años veinte traen consigo una descentralización y apogeo del cine colombiano, pero es a partir de 1924 que se empieza a construir el principal registro audiovisual de la primera mitad de siglo, cuando Acevedo e hijos estrenan en Bogotá, la revista Cine Colombia, la misma que con diferentes nombres realizaron hasta 1948, “cubriendo” durante 25 años la actualidad colombiana.
A pesar de las grandes contradicciones y problemáticas por las que atravesaba el país, la realidad de los Acevedo parecía no ver más allá de los reinados, los deportes, la política partidista, los carnavales y las corridas de toros.

En 1938 es creado el Departamento de Cine, anexo a la Sección Cultural del Ministerio de Educación, a cargo del líder liberal Jorge Eliécer Gaitán. Este departamento tenía como objetivo desarrollar el cine educativo en el país. Se filmaron varias películas sobre ciudades y algunos otros intentos de educación popular, que pretendían difundirse por medio de un “cine-bus” que recorría todo el país llevando también otros elementos pedagógicos. Como la producción no fue de la mejor calidad, ni tenía continuidad, se importaron varios cortometrajes educativos de Estados Unidos.
En 1942 fue aprobada la Ley Novena, primera disposición legal sobre la industria y el fomento cinematográfico, que vino a ser reglamentada veinticinco años más tarde. Esta sirvió de estímulo para las primeras propuestas de persuasión, educación y propaganda. Se producen entonces varios filmes de tendencia turística, que abordaban la geografía y el paisaje como una manera de dar a conocer todos los rincones del país y lograr una apropiación de ellos. Sin embargo, estas películas eran más que todo postales de corte esteticista sobre algunos parajes y ciudades del país, que hacen una apología del progreso o crean un paraíso vacacional.57 No existen mayores análisis o profundidad documental en los temas, desligando a estas producciones de los objetivos iniciales. No obstante, son uno de los antecedentes del documental de vida silvestre en Colombia. Dos ejemplos de esta tendencia son “Rumbo al corazón de la selva”, sobre los Llanos Orientales y “Puerta del progreso”, sobre la ciudad de Barranquilla, dos cortometrajes que produjo la Ducrane Films en 1946.
En 1947 el Ministerio de Agricultura encarga una de las primeras obras de cine educativo en el país: La huerta casera, de Marco Tulio Lizarazo. Esta obra se aprovecha de la gran popularidad de los políticos de la época, como Holaya Herrera, quien participa en el audiovisual para promover este tipo de agricultura autosuficiente y sostenible, de una manera masiva. Esta producción se convierte también en la primera película educativa que tiene algún acercamiento a los temas ambientalistas.
En los años cincuenta nacen y mueren varias empresas cinematográficas como Procinal, Caribe Sono Films y Panamerican films, que relevan a los Acevedo y el trabajo que hicieran en la primera mitad del siglo. Pero es el realizador bogotano Marco Tulio Lizarazo, quien con un sentido más empresarial y mayor conocimiento del cine, empieza a realizar documentales educativos: La huerta casera (1947) y Salvemos nuestra tierra (1947), algunos cortos turísticos Centenario de la ciudad de Manizales (1951); Joyas de la tradición colombiana (1952) Feria de Manizales (1959) y sobre todo, las actualidades más populares de aquella época.

A finales de los años cincuenta empiezan a operarse algunos cambios en el cine colombiano. Un grupo de jóvenes realizadores, los primeros que empiezan a estudiar cine en las escuelas europeas y norteamericanas, regresan a trabajar al país. Entre ellos están Francisco Norden, Jorge Pinto, Guillermo Angulo y Alvaro González, a quienes la academia les da un gran manejo técnico (que mejora considerablemente la calidad y profesionalismo del improvisado cine nacional), pero no les da un sentido crítico. Sus trabajos pecan de un exagerado esteticismo y de escasa confrontación con la realidad, pero algunos de éstos son considerados hoy, los primeros documentales colombianos en el estricto sentido cinematográfico de la palabra.
Hacen un tipo de documental turístico-publicitario, en su mayoría financiado por empresas privadas, oficiales, o compañías extranjeras. Teniendo al alcance las facilidades técnicas y económicas, su estilo, de un marcado europeísmo trasnochado, cuida mucho de lo simplemente formal, y se caracteriza por eso como un estilo “tieso”, muchas veces paisajista, del que se deduce fácilmente que lo único que aprendieron fue que la cámara es más importante que lo que se filma. Películas todas con una aparente buena realización, pero ausentes de virtudes artísticas, y apartadas totalmente de una visión real del país.58


2.5.1 La época dorada del documental político. Los años sesenta trajeron consigo profundos cambios. Los adelantos técnicos, nuevas tendencias en las disciplinas sociales, procesos políticos, económicos y sociales influyeron para que el documental cinematográfico se renovara a nivel mundial. En América Latina la producción documental se desarrolló substancialmente, pues se constituía en una alternativa para realizar cine de una manera más económica y para propagar las ideas socialistas, que en esta década tomaron gran fuerza luego de la victoria de la revolución cubana.
Se empieza a hablar de “tercer cine” y surgen movimientos y escuelas muy importantes, entre ellos el cinema novo, la escuela documetalista de Santa fe en Argentina y el realismo socialista cubano. En Colombia, el conformismo y la alienación producidas por la consolidación del Frente Nacional, son quebrantados por los vientos revolucionarios. Desde finales de la década de los sesenta, surgen varios documentales de corte político, con los primeros trabajos de Carlos Alvarez, Gabriela Samper, Marta Rodríguez y Jorge Silva. Estos se radicalizan en los años setenta, como respuesta y alternativa al sobreprecio.
Carlos Alvarez: Es una de las principales figuras de esta etapa. Empieza como crítico de cine y propone nuevos caminos a seguir por el cine colombiano, comprometidos con la realidad del subdesarrollo. En 1968 realiza Asalto, sobre una toma armada que los militares hacen a la Universidad Nacional. El montaje se inspira en el célebre documental cubano Now, de Santiago Alvarez, basado en imágenes fijas.
Este realizador luego hace Colombia 70 (1970), ¿Que es la democracia? (1971), Los hijos del Subdesarrollo (1975) y varios cortos de carácter muy crítico.
Marta Rodríguez y Jorge Silva: Esta pareja de antropólogos y cineastas, constituye tal ves, la de los realizadores que de manera más seria han abordado el género documental en el país. Con una cuidadosa investigación, convivencia de a veces varios años con la comunidad y participación directa de los protagonistas en el audiovisual, han logrado importantes obras que demuestran un gran compromiso y respeto por los grupos humanos filmados.
Chircales (1966-72), la primera película de la pareja de realizadores, desarrolla una cuidadosa investigación con una familia de “chircaleros”, fabricantes de ladrillos en la periferia de Bogotá. Luego seguirían otros trabajos como Testimonio sobre Planas (1970), Campesinos (1976) y Nuestra voz de tierra memoria y futuro (1978-1982) Coproducida por Focine y el ICAIC -Instituto Cubano de Arte e Industria Cinematográfico.
Marta Rodríguez, aún después de la muerte de su esposo, continúa realizando documentales, ahora bajo la modalidad de coproducción con las comunidades indígenas o campesinas, que tras haber recibido capacitación y equipos, se están observando a sí mismos.59
Gabriela Samper: (1918-1974). Esta cineasta, que trabajó durante algún tiempo haciendo cortometrajes educativos en Estados Unidos, fue de las primeras realizadoras colombianas que vio en el documental un potencial como instrumento de conciencia y lucha política y en proponer un acercamiento a la antropología. Cuando regresa al país, dirige con Ray Witlin El Páramo de Cumanday (1967), un documental que la crítica de arte Marta Traba describe así:
...fueron aún mucho más allá en esa profunda comprensión de un ambiente y un alma del paisaje. (...) En esa relación de carne y hueso, casi de amor físico, entre el hombre y su medio, se atisba uno de los mayores problemas sociales de la vida en Colombia: el de los grupos que viven en comunidades locales, cerradas, sin relación las unas con las otras. (...) Esta insularidad bloquea cada región y perturba gravemente el concepto genérico, de nación, que debía predominar sobre los grupos separados. 60

Además de los documentalistas mencionados, existen muchos otros que desde una visión política de la realidad, siguen el camino trazado por los primeros; otros continúan haciendo películas de corte comercial o turístico y otra línea más, que sin dejar de ser politizada, busca acercarse desde la antropología o la sociología al documental, en un primer intento venido de la academia colombiana, de utilizar el cine como herramienta de investigación. Tal es el caso de la antropóloga Nina S. de Friedeman, quien entre 1976 y 1979, realizó varios trabajos de tendencia etnográfica: Guelmambi, Guambianos, Paredes de piedra y Villarica.
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