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3.3 EL HOMBRE EN AMÉRICA Y EN COLOMBIA

El poblamiento de América se da a través del estrecho de Bering, hace aproximadamente 30.000 a 100.000 años, según las diferentes teorías arqueológicas. Se inicia así, un proceso de transformaciones humanas al medio ambiente del continente.
La primera etapa, llamada paleoindia, se caracteriza por las grandes migraciones y adaptaciones ecológicas de pequeños grupos nómadas, de cazadores y recolectores tempranos. Para estos primeros pobladores, aún con herramientas toscas, su supervivencia dependía en buena parte del empleo eficaz de estos artefactos y de la comprensión minuciosa de la naturaleza. De esta forma, se logran adaptar a las más diversas condiciones físicas del continente americano. Colombia fue importante en esta etapa, pues era la puerta de entrada para toda Sur América. En la etapa paleoindia, se dieron estructuras sociales y religiosas que mantenían una relación equilibrada con el medio ambiente; sin embargo, esto no impidió que los humanos contribuyeran a la extinción de elefantes, camellos y otros mamíferos de gran tamaño, que ocupaban buena parte de América.

La etapa formativa, desde los comienzos de la vida sedentaria, hasta el desarrollo de la agricultura y las aldeas, es una importante etapa adaptativa del hombre americano, que se empezó a dar desde el año 4000 A.de C.. Según las últimas teorías arqueológicas, las costas de Colombia y la región amazónica, fueron el foco de domesticación de diferentes plantas como el maíz, la yuca, el frijol y muchas otras, que luego se difundieron por todo el continente.
Con el sedentarismo y la agricultura empieza a presentarse una mayor presión sobre el medio ambiente, pues la falta de rotación sobreexplota ciertas zonas. La mejor calidad de vida determina un crecimiento demográfico, que implica, a su vez, la ocupación de nuevas tierras. Sin embargo, las técnicas utilizadas y los controles socioculturales indígenas, mantuvieron un relativo equilibrio ambiental.
La etapa del advenimiento de los cacicazgos y luego de las federaciones de aldeas, marcó desde el año 1000 A. de C., un paso fundamental en el desarrollo cultural de muchas agrupaciones indígenas, que mantuvieron estos sistemas organizativos hasta la conquista europea. La agricultura sistemática y altamente productiva, especialmente del maíz que se puede almacenar, originó los excedentes y con ellos el comercio y la redistribución de la alimentación. Esto genera una sociedad jerarquizada, desigual y guerrerista.
Estas sociedades colonizan las mejores tierras para cultivar el maíz, moviéndose hacia zonas selváticas y andinas. La compleja organización social, ayuda a que crezcan ciudades de miles de habitantes. Se estima que la población Maya llegó a unos 16 millones de habitantes y aúnque la desaparición de esta civilización es un enigma no resuelto aún, los restos arqueológicos indican que la causa pudo haber sido el fracaso de la agricultura extensiva, sumado a la pérdida de recursos ante la creciente presión demográfica. La cultura de Pascua, en el Pacífico Sur y Anasasis, en el Oeste Norteamericano, pueden haber sucumbido por razones similares.
No obstante, muchas otras culturas americanas supieron armonizar su crecimiento poblacional con el medio ambiente, adaptándose a éste con tecnologías apropiadas y con un sistema mágico-religioso de altos conocimientos ecológicos.
Fue en el contexto cultural de los cacicazgos donde la astronomía y el calendario se desarrollaron muy notablemente y en donde los chamanes y los sacerdotes adquirieron posiciones de gran influencia, no solo en el terreno religioso, sino por el manejo inteligente de diversos aspectos ecológicos. La ritualización del ciclo de tala, quema, siembra y cosecha, o de cualquier otra modificación de la flora y faúna, es a veces un mecanismo de equilibrio ecológico75.

La mayoría de grupos indígenas objetivan la naturaleza, dándole atributos sociales a las especies (animismo), lo que las convierte en miembros de su comunidad o su familia y a las que hay que respetar y cuidar. La socialización de la naturaleza implica una relación diferente, de apropiación o transformación de ella, pues estos últimos son conceptos de la sociedad moderna76.

Aún hoy, muchos grupos indígenas de América conservan sus costumbres ancestrales de relacionamiento con lo natural. Los Emberas del occidente colombiano por ejemplo, tienen prácticas que aseguran una interacción equilibrada con la selva húmeda tropical.
Las dinámicas poblacionales de humanos y animales están regidas por lo mágico. De esta forma, los grupos familiares se alejan unos de otros por el temor a los males que puede generar el jaibaná (brujo o chamán) de otra familia. Así se da una rotación de territorios y por lo tanto, una mejor oferta de recursos. Por otra parte, el jaibaná también determina, a partir de visiones mágicas (que tienen que ver normalmente con épocas de reproducción o escasez), dónde y cuando puede cazar la comunidad.
Estas prácticas embera han asegurado la conservación de la selva chocoana por milenios. Sin embargo, la interacción con la cultura occidental y la presión territorial que han sufrido en los últimos cinco siglos y sobre todo en los últimos años, están desmoronando el modelo cultural de planificación de su territorio. Hoy en día, al chamán le es prácticamente imposible decirle a los cazadores dónde, cuándo y cuantas presas puede obtener para cumplir el acuerdo con los dueños y protectores de los animales77.
Es importante tener en cuenta la relación que los indígenas actuales mantienen con el medio ambiente, pues en América es común que los territorios que conservan más intacta la naturaleza, aún estén ocupados por ellos. El documentalista ambiental podría tener entonces, un contacto muy directo con algunos de estos grupos durante la realización de su trabajo. Entender cómo los indígenas han mantenido una explotación sostenible de la naturaleza durante milenios, pero también cómo algunas de sus prácticas ancestrales o impuestas por la modernidad son destructivas, dará una visión más real de la relación cultura-naturaleza en cada región.
En la historia indígena de América, no se puede negar que el medio ambiente fue modificado, que se extinguieron algunas especies animales, o que se cometieron errores. La desaparición de la cultura maya, como también de muchas otras, es atribuida a la escasez de recursos, debido a una sobreexplotación de la naturaleza. Sin embargo y lejos de una visión indigenista o romántica, se debe reconocer que los nativos del continente americano desarrollaron sistemas adaptativos de gran valor ecológico para el mundo actual, el cual no ha podido afrontar el reto de preservar la vida en el planeta.
(...) el gran legado del indio consiste en la manera como comprendió y manejó esta tierra. El largo camino que recorrió el indio colombiano - desde las cuevas de El Abra hasta el Templo del Sol - constituye una gran enseñanza ecológica para nuestra época, ya que nos muestra los fracasos y los éxitos, los errores y los logros de aquellos hombres que, con sus mentes y manos, supieron adaptarse a una naturaleza bravía y, al mismo tiempo, crear sus culturas, sin que en el proceso sufrieran las selvas y las sabanas, como sufren hoy en día. El legado consiste en la manera como apreciaron y explotaron los diversos medio-ambientes de las costas y de las vertientes, de las selvas y de los altiplanos; cómo supieron extraer de ellos su sustento sin destruir la faúna; cómo conservaron la tierra con sus terrazas y canales. Esto es lo que nos han dejado los indios, y es esto lo que nos debe enseñar la arqueología78.
Con la aventura de la conquista europea sobre América, hace más de 500 años, fueron aniquiladas la mayoría de culturas indígenas del continente, con todo su milenario conocimiento adaptativo al medio americano. Se impuso la lógica extractivista, productivista, explotadora, racional y antropocéntrica europea, que trajo técnicas, animales y vegetales pertenecientes a un medio ambiente muy diferente al existente en el nuevo mundo.
La exuberante naturaleza americana fue vista como un impedimento a la conquista, un medio difícil, agreste e insalubre que debía ser domesticado y explotado. Sus entrañas fueron abiertas en busca del preciado oro y los ríos empezaron a sufrir un proceso de contaminación con el mercurio de las minas y luego, de las grandes concentraciones humanas.
La práctica de la agricultura “moderna” originada en las regiones templadas del viejo mundo y el intercambio biológico de especies animales y vegetales, trajo impactos negativos e inesperados en América, aún cuando algunas técnicas o especies salieran victoriosas.
Las enormes extensiones de monocultivos implicaron una simplificación de los ecosistemas y por otra parte, la introducción de la ganadería vacuna y caballar generó el mayor problema ecológico del continente y aún en la actualidad se convierte en el principal factor de deforestación.
América, a partir del descubrimiento, se inserta poco a poco en la división internacional del trabajo y en la ideología occidental de explotación de la naturaleza, olvidando rápidamente las prácticas que se venían desarrollando hacía miles de años en el territorio. De una economía sostenible de subsistencia, se pasó a alimentar a la gran industria europea y norteamericana con materias primas y recursos naturales, generando una progresiva destrucción ambiental y una balanza comercial desfavorable, que sume estos pueblos cada día más en el círculo de la pobreza y la dependencia, dando como resultado un “orden” económico que se ha convertido en el origen de todos los desórdenes ecológicos fundamentales del planeta y en consecuencia, el problema ambiental por excelencia.
El documental en América, debe entonces responder a las especificidades de su historia ambiental y su situación socioeconómica, conociendo muy bien los debates ambientales entre Norte y Sur, sin olvidar que el Nuevo Mundo y en especial Colombia, posee uno de los índices más altos de biodiversidad en el planeta, lo que hace mayor aún el reto y el compromiso del documentalista ambiental regional.

3.4 EL MOVIMIENTO AMBIENTALISTA

3.4.1 La ecología: de la ciencia a la acción. Sin lugar a dudas la ciencia de la ecología ha revolucionado el conocimiento y ha sido la base para cuestionar la actual relación que el ser humano tiene con la naturaleza. La palabra ecología fue empleada ya a mitad del siglo XIX por el naturalista norteamericano Henry David Thoreau. Aúnque el origen del término es dudoso, en general se acepta que fue el biólogo alemán Ernst Haeckel, discípulo de Darwin, quien en 1886 definió la ecología como “el conjunto de conocimientos referentes a la economía de la naturaleza”, es decir, el estudio de las complejas interrelaciones a las que Darwin se refería como las condiciones de la lucha por la existencia.79
La palabra ecología nació a partir de las raíces griegas Oikos (casa) y logia (discurso): etimológicamente ciencia del hábitat. Se trata entonces de una rama de la biología, que estudia las interrelaciones entre los seres vivos y su entorno y ha contribuido a la formación de una corriente de pensamiento y de un movimiento sociopolítico.
Estudiando la naturaleza, la ecología se dio cuenta de la creciente degradación ambiental. Así, superando el discurso biológico, se empieza a desarrollar uno de protección del entorno, que poco a poco se apoyaría en las ciencias sociales y permearía todo el tejido social (aúnque aún no ha logrado la fuerza necesaria para un cambio radical).
El estudio de la ecología se ha dividido normalmente en ecología humana, de las plantas y de los animales. Estas especialidades conforman la ecología general, o ciencia ambiental, como la llama Phillips Foster, ecólogo y profesor de recursos económicos de la Universidad de Maryland: “una especie de enfoque de sistemas con respecto a la naturaleza y la forma en que el hombre interactúa en su ambiente. La ciencia ambiental abarca todos los aspectos de la calidad ambiental. Se ocupa de buscar soluciones a los problemas que amenazan el bienestar de la humanidad80

Estas son algunas tesis de la ecología según el profesor Foster:

  1. En el ambiente todas las cosas guardan una interrelación.

  2. La complejidad es, en parte, responsable de la estabilidad de la mayoría de los sistemas ecológicos.

  3. Las actividades humanas tienden a reducir la complejidad de los sistemas ecológicos

  4. Ninguna especie encuentra, en ningún hábitat dado, las condiciones óptimas para todas sus funciones.

  5. Si bien los seres vivientes reaccionan ante todos los factores del medio particular en que se encuentran, a menudo se manifiesta un factor de discrepancia que tiene poder de control por su exceso o deficiencia.

  6. Algunos recursos no se renuevan porque son el resultado de un proceso que ha dejado de funcionar.

  7. El cambio ambiental se manifiesta a menudo más rápidamente que la evolución biológica orgánica.

  8. Una especie está limitada geográficamente por los extremos de las adversidades ambientales que puede soportar.

  9. En cualquier ecosistema una determinada especie vegetal o animal domina por lo general el hábitat.


A partir de estos principios y muchos otros que ha desarrollado la ecología moderna, se ha moldeado un cambio profundo en las ciencias y en los conceptos sobre el medio ambiente. Además se ha dado una base científica importante a los defensores de la naturaleza, que debe ser conocida y aprovechada por los documentalistas, para cumplir mejor su función social.


3.4.2 Conservacionismo y preservacionismo, primeras reacciones frente a la degradación ambiental. Históricamente el hombre se ha preocupado por regular, de alguna forma, su impacto sobre el medio ambiente y por mantener ciertas normas de limpieza y salud. Desde las sociedades agropastoriles, se implementaron una serie de reglamentaciones que se referían esencialmente a la polución de las alcantarillas en las urbes, la higiene pública y la explotación de los bosques. A esta vieja corriente de defensa de la naturaleza, el movimiento ambientalista debe una buena parte de su herencia intelectual.
Con la revolución industrial se acelera de una manera incontrolable la degradación de la naturaleza y la polución de las ciudades. En Londres, por ejemplo, surgen los primeros grupos organizados de defensa de la naturaleza desde principios del siglo XIX. Allí los sindicatos de trabajadores tenían, entre sus reivindicaciones más importantes, mejoras en la calidad ambiental de sus lugares de trabajo y espacios públicos. De una manera semejante, grupos de reformistas y filántropos de la clase media presionaban también al Parlamento por mejoras en la salubridad e higiene de la ciudad.
En Francia se desarrollan movimientos semejantes, pero es a partir de 1854 cuando se crea la Sociedad Imperial Zoológica de Aclimatación (hoy Sociedad Nacional de Protección de la Naturaleza), que se empieza a dar una sensibilización mayor frente a la suerte futura de la vida silvestre. Las asociaciones de zoólogos y de botánicos se empezaron a preocupar en todo el mundo por la alteración de sus sujetos de estudio, protestando por la desaparición de alguna especie de pájaro, por la disminución de alguna flor escasa o por la deforestación de miles de hectáreas de bosques. Se empieza a impulsar entonces, la idea de las reservas naturales, que se concretará a principios del siglo XX.
Sin embargo, las primeras áreas protegidas ya existían desde mucho tiempo atrás, bajo otras formas. Las culturas “primitivas”, muchas veces han resguardado zonas que reconocen que son de cría o apareamiento, por medio de sistemas mágico-religiosos que mitifican el lugar e impiden la caza. De otro lado, en la época medieval se conservaban cotos de caza para la nobleza. Así mismo, en las sociedades orientales, como la India, existían reservas de tigres para los Marajás.
Lo que hoy se conoce realmente como movimiento conservacionista, nace en Estados Unidos en la segunda mitad del siglo XIX, buscando explotar de una manera más racional los últimos grandes bosques del país.
Los Estados Unidos sufrieron una intensa explotación de sus recursos naturales durante la colonización británica y después de la independencia, cuando se privatizó la mayoría del territorio norteamericano, dejando en manos de particulares el manejo del medio ambiente. Los dirigentes se dieron cuenta que la explotación sin límites no era deseable para el desarrollo futuro de la nación. El Movimiento Progresista de Conservación adquiere fuerza y se convierte en uno de los pilares de la popularidad del presidente Teodoro Roosevelt, uno de sus impulsores, para quien una intervención activa del estado en la economía, podría incrementar la eficiencia y hacer que la empresa actuara en favor del bien común.
Cuando Roosevelt se aleja de la política, el movimiento es seguido por gente de la élite norteamericana, quienes eran los únicos con dinero y tiempo suficientes para disfrutar la vida al aire libre: cazadores, pescadores, naturalistas, aficionados a las caminatas y al camping. El movimiento se asoció a estas personas y perdió credibilidad, pues se decía que protegían los bosques para su recreación personal81.
Algunos de los integrantes del movimiento conservacionista lo consideraron un medio para el desarrollo más apropiado o equitativo de los recursos naturales; otros apoyaron la preservación de lo salvaje por sí mismo, surgiendo una separación entre las ideas conservacionistas y preservacionistas. John Passmore diferencia estas dos tendencias de la siguiente manera “Conserva quien hace acopio de los recursos naturales que necesitará el futuro, y preserva el que tutela- por ejemplo, a los animales o la naturaleza- del daño o destrucción”.82
Los conservacionistas fueron cómplices muchas veces de los preservacionistas. En Estados Unidos por ejemplo, ambos obstaculizaron la tala de arboles en la Costa Oeste. Mientras los primeros buscaban la creación de reservas de madera, los segundos buscaban crear refugios para la vida salvaje en extensas zonas vírgenes de bosque. Ambos grupos entrarían en conflicto tiempo después.
Los grupos preservacionistas, entre los cuales se destacaron la Federación Nacional de Vida Salvaje, Ducks Unlimited, La Sociedad Audubon, y el Sierra Club en Estados Unidos, estaban conformados en su mayoría por biólogos, observadores de aves y excursionistas preocupados por la rápida privatización de los terrenos públicos y la destrucción acelerada de los bosques y animales salvajes. Los preservacionistas buscaban que por medio del control de tierras por parte del gobierno, se protegieran algunos lugares estratégicos, de la explotación irracional, garantizando la no destrucción de los pocos hábitats naturales que aún quedaban. La presión ejercida por estos grupos desemboca en la creación de los primeros parques nacionales.
Dentro de este proceso, la fotografía documental y actualmente el documental cinematográfico han tenido una gran importancia. En 1872 el Congreso de los Estados Unidos recibió un trabajo fotográfico documental realizado por William Henry Jackson, el cual mostraba la extraordinaria belleza de un área al noroeste del estado de Wyoming. Poco después y gracias a estas fotografías, el área fue declarada el primer Parque Nacional del mundo, el célebre Yellowstone.
Unos años después, en 1885, Canadá sigue el ejemplo y declara como Parque Nacional a Banff, en las Montañas Rocosas. Estas reservas marcan el comienzo de muchas más por todo el mundo y sin duda la fotografía fue la gran motivadora de estas decisiones. No se puede olvidar al gran fotógrafo Amsel Adams, quien recorrió por años los lugares silvestres de Norteamérica, dejando un gran legado de respeto por estos lugares en su país.
Hoy los primeros grupos preservacionistas siguen vigentes y han tomado cada vez más fuerza, aliándose con otros sectores de la sociedad con intereses similares. En su proceso de concientización la fotografía y en especial los documentales son un importante apoyo.
Aúnque preservacionistas y conservacionistas normalmente han evitado todo compromiso político, en pro de un cientificismo neutral y una meta universal de defensa de la naturaleza, este movimiento ha contribuido al nacimiento, respaldo científico y credibilidad del ecologismo, un movimiento social de gran compromiso político y postulados que controvierten el sistema imperante.
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