Informe preliminar




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et al., 1995). Esos valores, en orden de su probabilidad de generar ingresos en el corto a mediano plazo, son los siguientes:
. Existencia

. Ecoturismo

. Servicios Ambientales

V. Agricultura Sustentable

V. Extractivismo

V. Bioprospección
. Existencia (No es fácilmente aplicable a los enfoques de un Estudio de Caso)
Aunque los pagos por existencia (valores de opción y de legado) por parte de las naciones ricas hacia las más pobres puede ser el instrumento económico más viable para conservar largas regiones de hábitats y de diversidad biológica, los valores de existencia son también los menos aptos para el abordaje de un estudio de caso. La razón es doble; por un lado dichas transferencias dependen de la estructura legal, tanto dentro del país donador como del receptor; por otra, los mecanismos legales e institucionales existentes inclusive dentro del mismo están en movimiento. Por ejemplo dos proyectos de mérito fueron financiados con un multimillonario canje de deuda por naturaleza en el Ecuador a mediados de los ’80, la Fundación Natura, un instituto de investigación ecológica de alto nivel, y Maquipucuna, una reserva de bosque nublado en la pendiente Noroeste de los Andes. Diez años después, se puede decir que ambos casos fueron indudable-mente exitosos. Sin embargo, no se los puede replicar ni siquiera en el Ecuador. Un estudio sobre cualquiera de los dos casos serviría sólo para estudios históricos. El Banco Central en el Ecuador ha adoptado una posición monetarista estricta que dichos canjes de deuda monetizan la deuda y crean inflación. Por eso, cualquier análisis sobre instrumentos económicos para la conservación, canje de deuda por naturaleza, e incentivos tributarios son tan contextuales dentro del marco fiscal de un país que pocos casos podrán ser duplicados entre los países y otros ni siquiera podrán ser duplicados dentro de un mismo país en fechas posteriores. Se debería analizar los instrumentos económicos para la captura de valores de existencia dentro de un marco teórico económico-legal más amplio en vez de hacerlo en la modalidad de un estudio de caso.
Afortunadamente, existe una excelente guía disponible a través de la Conservation International “Encouraging Private Sector Support for Biodiversity” (Fomentando al Sector Privado para la Conservación de la Biodiversidad [Bowles, et al. 1996]) que puede complementar este informe. Debido a la poca aplicabilidad de los “valores de existencia” para el abordaje de un estudio de caso, el lugar que debería haber sido pcupado en este primer inciso sería reemplazado por un caso adicional en el segundo mayor generador de ingresos, ecoturismo.

II. Ecoturismo (Caso 1): Precio óptimo de entrada a parques, Costa Rica

Costa Rica ejemplifica la teoría presentada en la introducción de este informe. El país nunca aplicó una evaluación económica de la diversidad biológica con el fin de calibrar cuánto preservar y cuánto extinguir. En vez de eso, el gobierno impuso una decisión ética, no diferente al criterio de Wilson sobre “patrones seguros mínimos”: aproximadamente el 25% de su territorio nacional sería designado como parques nacionales, bosques y reservas. A lo largo de los seis gobiernos presidenciales pasados, la decisión ha recibido un firme apoyo y las áreas protegidas han sido realmente protegidas; ya no son más los “parques de papel” típicos del Tercer Mundo (Fearnside y Ferreira, 1984). Para transferir la política nacional hacia la diversidad biológica, los líderes del gobierno invocan el lema preciso: “Salvar, conocer, usar”. “Salvar” fue conseguido a través de protección legal y aplicación de la ley desde principios de los 70 en adelante. “Conocer” es un esfuerzo permanente que, dadas las complejidades macro y micro de la diversidad biológica, tomará literalmente siglos de dedicada investigación (un biólogo en Costa Rica estimó que tomará diez años para enumerar todas las especies en una hectárea del bosque lluvioso de Costa Rica [Whitmore, 1986]). “Usar” es la comprensión de los ya mencionados seis valores de la diversidad biológica que puede generar ingresos sin ponerla en peligro, o sea, Existencia, Ecoturismo, Servicios Ambientales, Agricultura Sustentable, Extractivismo, y Bioprospección. En la comprensión de cada uno de estos valores, Costa Rica está en frente de los demás y, si no fuera por el deseo de que existiera una representatividad regional en este informe, todos los seis casos pudieron haber sido sacados de Costa Rica. Semejante logro es un signo de esperanza para cada país en Latinoamérica y el Caribe: el tamaño pequeño, tanto en términos físicos como económicos no es barrera para un programa de bases sólidas en desarrollo sustentable.
El ecoturismo está en el primer lugar del desarrollo sustentable en Costa Rica. En recientes años, el turismo se ha convertido en el más grande exportador, superando tanto al café como al banano. El mayor atractivo de Costa Rica para turistas extranjeros es la belleza de su ambiente natural. Sin embargo, hasta 1994, Costa Rica no había aplicado análisis económico para determinar el precio óptimo de entrada para sus parques nacionales. Esta laguna política no se le escapó al Presidente José María Figueres (1994, 199) quien, en Mayo de 1994, solo un día después de haberse pose-sionado en el poder, sugirió un cambio en la política:
“Estamos hablando de cobrar adecuada-mente las tarifas de entrada a nuestros parques nacionales. Al turista que viene del exterior y que paga 600 dólares por boleto aéreo para venir a ver, entre otras cosas, el Parque Nacional Manuel Antonio, no tiene ningún sentido que le cobremos por entrada 2,5 dólares. Tampoco se trata que le cobremos en exceso, pero un ingreso de diez, quince dólares por lo que ofrece Manuel Antonio, es muy bajo, y ese ingreso nos permitiría invertir en nuestros parques nacionales. Complementemos eso con un sistema de reservaciones internacionales, porque lo que me preocupa de Manuel Antonio es que está llegando demasiada gente y lo estamos maltratando. Así como muchos reservan su habitación de hotel y su carro antes de venir a Costa Rica, que reserven también su entrada a Manuel Antonio, y entonces que el 80% de la carga turística que soporta Manuel Antonio, sea reservada desde el exterior, y que el restante 20% sea para los que llegan a Costa Rica sin ninguna reservación. Pero que también tengamos una tarifa diferenciada para los costarricenses, sobre todo para los niños y para los jóvenes de los colegios, que deben tener acceso para ver de cerca nuestros recursos naturales.”
Hay mucho tino económico en el comentario del Presidente. Tomemos, por ejemplo, la sugerencia de un sistema internacional de reservaciones. Imaginemos que los consumidores norteamericanos conocen por adelantado que un parque en particular estará repleto y que se les negará la entrada. De hecho, los Parques Manuel Antonio, Irazú, y Poás se están acercando a su capacidad de carga. Por medio de un sistema internacional de reservaciones, los norteamericanos podrían programar sus vacaciones en otro tiempo y, por lo tanto, no solamente que el parque estaría capturando una mayor demanda a través del tiempo (menos gente será excluida) sino que los capitales privados (hoteles, restaurantes, transporte, etc.,) también serían más y mejor utilizados. Alternativamente, el turista podría reservar en otro parque que aún no esté lleno. Cualquier cambio de demanda a otros parques también mejora la utilización de todo el capital. Un sistema de estas características puede implementarse a bajo costo y puede resultar en un tremendo incremento en ingresos. Una vez operativo, los diseñadores de políticas también estarán capacitados para estimar la función de demanda temporal para cada parque, así aumentando la tarifa en temporadas altas y ofreciendo boletos de descuento para temporadas bajas que sería una mejorara en la eficiencia.
La percepción casual del Presidente respecto al precio de entrada también tiene bastante sentido económico. Tres meses después del discurso de Figueres, Gallup de Centro América (1994) publicó su estudio sobre los Parques Nacionales patrocinado por el gobierno. Entre sus múltiples conclusiones estaba la sugerencia de que el precio de entrada debería ser incrementado de USD 1 a USD 4 para turistas extranjeros. El precio de USD 1 para costarricenses se mantendría. El nuevo gobierno actuó velozmente sobre estos resultados y en septiembre incrementó el precio a USD 15 para turistas extranjeros en todo el Sistema de Parques. En un principio, el alza del precio fue vista como un terrible error, tanto política como económicamente. No todos los parques enfrentaban la misma elasticidad-precio de la demanda. La caída repentina de la asistencia causó en alguno de los parques un efecto secundario en las comunidades y un fuerte resentimiento contra el Ministerio de Ambiente y Energía. La reacción inclusive se tornó violenta cuando se expulsó físicamente a un guardaparque en la frecuentada playa del Caribe, Cahuita y se estableció una temporada de admisión gratis al parque. Sin embargo, se sospecha que la sorpresa inicial por el precio de USD 15 fue menos un mal cálculo y más una ingeniosa estrategia de negociación: una vez que la gente ventilara sus iras por el precio alto de USD 15, ellos estarían más dispuestos a aceptar el precio de USD 4.
La política inclusive propició duras críticas por parte de varios expertos en el manejo de parques. Wallace et al, (1995, pp. 6 y 16) expresó la siguiente opinión “[existe la] tendencia de poner demasiado énfasis en la tarifa de entrada, lo cual es solo uno de muchos mecanismos disponibles y necesa­rios para el manejo de visitantes; sin embargo se convierte en el mecanismo más utilizado y de mayor importancia, simple­mente por los ingresos que se perciben, y por lo fácil que es su implementación. No toma en cuenta los impactos negativos cau­sados por usar solo un mecanismo, i.e. dis­criminación hacía ciertos usua­rios....Vale destacar que son poquísimas en el mundo las áreas protegidas que se auto­financian mediante el turismo. Cualquier gobierno que sueñe con esa ilusión está destinado a tener un sistema de áreas pro­tegidas desfi­nanciado, y a largo plazo, no visitado debido a los altos precios”.
Se puede interpretar esa crítica en el len­guaje de la introducción teórica de este informe. La TMS del turismo, apenas uno de los seis valores que puede ser capturado por conservar la diversidad biológica, no debería ser confundida con la suma de todos los seis valores, TMS. En otras palabras, Wallace et al. están afir­mando en que hay una tendencia entre los diseñadores de políticas en poner igual la TMS de sólo el turismo con la TMT de la Ecuación (1). Claramente esto sería un error. Sin embargo, sería también una equi­vocación económica creer que el precio actual de entrada necesariamente iguale la TMS del turismo. El peor error sería ajustar el tamaño del parque hasta que la actual TMS iguale la TMT. La humilde alterna­tiva para la economía en bancarrota es alzar cada componente de la TMS hasta que la suma de todos los valores, TMS, iguale la TMT con el fin de aliviar presiones políti­cas para relajar el patrón seguro mínimo. Para lograr ésto para el componente de la TMS, ecoturismo, se debe promover un “perfil verde” entre los jóvenes costarricen­ses de tal manera que ellos no sólo manifiesten una alta disposición a pagar por la entrada a sus áreas protegidas sino también para que toleren los costos de oportunidad de la política actual que pro­tege el 25% del territorio nacional.
El diferencial de precios en la entrada entre costarricenses y extranjeros puede también ser justificado como subsidio para el primero más que como impuesto sobre el segundo. Más aún, el descuento a costarricenses en el precio de entrada refleja dichos costos de opor­tunidad. Desafortunadamente, no hay ninguna explicación en las entradas del parque del por qué los costarricenses y los extranjeros pagan precios diferentes. Esta omisión puede ser remediada de una forma poco costosa. Un simple rótulo en la en­trada de cada Parque o inclusive en el re­verso del boleto debe rezar en inglés (la lingua franca del turismo): “Durante los últimos veinte años, los costarricenses han subsidiado el Sistema de Parques Nacionales con un estimado USD 2 mil millones de rentas pasadas. De ahí la diferencia en el precio de entrada entre costarricenses y extranjeros. Gracias por su apoyo”.
En discursos públicos, el Ministro de Me­dio Ambiente y Energía, René Castro, perfila una estrategia para los parques que capta mucho del razonamiento anterior. El ilustra la estrategia con una analogía titulada “De la ópera al Estadio”.
“Las áreas de conservación de Costa Rica deben tener un comportamiento similar al que ha tenido la ópera: público selecto (investigadores, estudiantes, amantes de la naturaleza), que pague por admirar nuestra biodiversidad “Domingo, Pavarotti, y Ca­rreras” en un teatro “área de conservación” a un precio tal que permita mantener el área, su infraestructura , la investigación, los programas de educación y de extensión, y su protección”.
Al principio la analogía puede sonar un poco elitista, sin embargo mientras Castro aborda la analogía, se puede observar que el intento es todo lo contrario:
“Como también ocurre con la óperala popularización de sus estrellasCosta Rica debe popularizar su biodiversidad, la debe llevar a los estadios y al igual que sucede con los conciertos, los mayores ingresos se recibirán ahí. Esos estadios serán las reser­vas privadas, en la que los turistas que no entienden mucho de biodiversidad, disfru­tarán de ella y de una u otra forma ayudarán a garantizar la permanencia de las áreas.”
La analogía de Castro resonará entre eco­nomistas heterodoxos. Las preferencias no serán vistas más como algo estable y dado, sino como algo maleable y determinístico. En vista de que ciertas preferencias generan externalidades positivas, se justifica la in­tervención del gobierno en darle forma. Hasta los economistas tradicionales no son totalmente indiferentes con este argumento. Por ejemplo el economista Henry C. Wallich (1960; 1965, p. 44) por casualidad, usó la misma analogía de la ópera en su libro The Cost of Freedom (El Coste de la Libertad): “Considerar que la asistencia a la ópera y una visita a una dis­coteca popular son equivalentes, debido que el mercado les asigna un precio similar, va en contra de mi credo. Lo mismo me pasa con que se iguale el valor de un dólar gastado en educación y el valor de un dólar gastado en el metal de un automóvil. Y un caso plausible probablemente se pueda presentar, sobre las bases de la evolución de las especies, tanto la ópera como la edu­cación representan formas más avanzadas de consumo” (traducción mía).
A través de subsidios selectivos, al go­bierno de Costa Rica le gustaría promover “formas más avanzadas de consumo”. Por eso, el “desarrollo económico” no se debe medir sólo por la típica razón capital-trabajo (K/L) sino también por el creci­miento de un “perfil verde” de preferencias. Ésto se puede vislumbrar a partir de la su­gerencia en el discurso anteriormente mencionado del Presidente Figueres de que la cuota de entrada a los parques sea diferente para los niños y jóvenes de colegiono importa los ingresos perdidos (cuando el parque alcance la capacidad de carga). Curiosamente, dicha intervención en la formación de preferencias no necesa­riamente contradice un enfoque orientado al mercado para el desarrollo sustentable. Castro admite que el gobierno no es el mejor proveedor de muchos de los servi­cios que son complementarios a las áreas protegidas (i.e., rafting, paseos a caballo, restaurantes, alojamiento, guarderías, opor­tunidades para tomarse fotos con animales, etc.) y el Ministerio ha promovido activa­mente dicha iniciativa en las áreas de los alrededores a través de la Red Costarri­cense de Reservas Privadas (las 100 más grandes cuentan con 150 mil ha. de cober­tura boscosa). Se puede explicar la consistencia lógica de la intervención del gobierno en la formación de preferencias y el abandono del gobierno en servicios complementarios, que el sector privado puede hacer mejor en términos de costo eficiencia. El gobierno está eligiendo acti­vidades que cree que puede hacer mejor: ya que, digamos, el
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