Informe preliminar




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que quedan, o poniéndolo en términos ecológi­cos, los descendientes se encontrarán en un nicho relativamente abierto. Más descen­dientes llegarán a la madurez y la población se expandirá hasta su límite superior K. La velocidad de esta restauración dependerá en si las especies son de selección “k” o “r”. Los elefantes se recuperarán lentamente en número desde bajos niveles de población porque son de selección-k, pero se puede esperar que las tortugas marinas se recupe­ren en número moderadamente más rápido porque son de selección-r. Sin embargo, si se cosechan muchos individuos de una población, entonces la especie será puesta en un tremendo peligro a pesar de la aper­tura del nicho. El peligro aparece, tanto por accidentes (por ej., tormentas, fuegos, hela­das), como por endogamia (la expresión de genes recesivos homocigotos los cuales son generalmente perjudiciales). El ecologista tropical Daniel Janzen (1986) irónica­mente ha puesto un apodo a las poblaciones pequeñas en peligro como las “muertas vivas”viven y parecen florecer en nichos abiertos, pero con el paso del tiempo están condenadas a la extinción. De aquí que el truco para lograr un extractivismo susten­table es cosechar suficientes miembros de una población para convertir al extractivismo rentable sin amenazar a las especies por una reducción de la pobla­ción a un número no viable. La dinámica de dicho extractivismo sustentable es suficien­temente fuerte para aplicarla a través de la gama de especies, desde elefantes hasta tortugas marinas, y puede ser representado en un sólo diagrama (véase Figura).
La ordenada se refiere a la población adulta (no la población infantil), la abscisa al tiempo, y el origen es la extinción. Sin las presiones humanas de selección, una po­blación adulta en el nivel B se moverá hacia la capacidad de carga K en donde el crecimiento poblacional será impedido por la competencia para recursos entre los coespecíficos. Una población en su capaci­dad de carga refleja la condición natural y puede ser considerada como un indicador de un ecosistema saludable. En el caso de las tortugas marinas, el número de adultos ha sido reducido drásticamente debido tanto a depredaciones directas por comida y caparazón, así como por presiones indirec­tas por redes de camarones los cuales ahogan a las tortugas. De ahí se sospecha que el nicho en el mar está moderadamente abierto para los descendientes. Este esce­nario se contempla en el tiempo t2 cuando la población hipotética B tiene potencial para moverse hacia K si las presiones hu­manas de selección como las redes de camarones se removieran. La expansión tendría lugar durante el tiempo (t3-t2). Un escenario alternativo es una población tan agotada por la pesca comercial que su po­blación está en el punto A o inclusive debajo de este. Si ese fuera el caso, sólo es una cuestión de tiempo, t1, antes de que la especie se extinga. Esto es “la muerte viva”.




Tiempo

La curva logística de crecimiento poblacional


Para este marco teórico ecológico, se puede agregar especificaciones de acuerdo a la biología de las tortugas marinas. Cuando se considera que bajo condiciones naturales, menos del 1% de los huevos de cualquier nido incubarán y sobrevivirán hasta llegar a la madurez, se da cuenta del tremendo potencial de la extracción sustentable de los huevos. Si se puede garantizar que 1% de los huevos sobrevivan, entonces, teórica­mente se podrá cosechar el 99% y aún así permitir una lenta restauración durante t2 a t3 de la población de tortugas marinas hasta su capacidad de carga K. Entonces si se interviene para proteger, digamos, el 25% de los huevos, liberando los neonatos al mar, después, a través de la intervención humana se podrá restaurar rápidamente la población de las tortugas marinas hasta su nivel de capacidad de carga K y conseguir un eco­sistema sano en una tasa más rápida que t3-t2 y, al mismo tiempo, disponer del 75% de los huevos para el consumo humano.
El Programa de Conservación de Tortugas Marinas de la Asociación Ambientalista AMAR de El Salvador ha inaugurado el extractivismo sustentable de huevos de tortugas marinas el cual corresponde a es­tos principios básicos de biología. Las tortugas forman parte del ecosistema de los humedales más grandes ubicados en uno de los estrechos mejor conservados de bosque restante en El Salvador. La playa y el pan­tano están protegidos por “La Reserva de Usos Múltiples de la Barra de Santiago” y el bosque es protegido en el Bosque Nacional ominosamente llamado “El Imposible”. Las especies de tortugas que son manejadas son Leopidochelys olivácea y Dermochelis corlacea. Ninguna de las especies está en amenaza inmediata de una extinción global a pesar de que la población local ha decrecido en gran medida debido a presiones huma­nas de selección. Debe aclararse que El Salvador es un sitio menor para anidaciones en comparación con México, Nicaragua, Panamá y Costa Rica. Por ejemplo, la Barra de Santiago en El Salvador ha experimen­tado hasta 300 tortugas anidadas en cualquier estación; en las Playas Nancite en Costa Rica, puede que haya hasta 110.000 (Cornelius, 1991, p.24). Asumiendo que la selección que hacen las tortugas marinas por las playas es al azar, todos los huevos en El Salvador pueden ser cosechados sin amenazar a las especies con extinguirse.11 En otras palabras, El Salvador puede aprovecharse de la protección de nidos de las tortugas marinas de los países vecinos. Sin embargo, si El Salvador adop­tara semejante estrategia tan egoísta y todos sus vecinos seguirían su ejemplo, entonces las especies de las tortugas marinas estarían de hecho amenazada por la extinción. De ahí que el hecho de que AMAR está activamente pro­moviendo a la existencia de extractivismo sustentable de las tortugas marinas, refleja no sólo un alto estándar ético sino también un compromiso con la educación ambiental basado en los principios del desarrollo sus­tentable.
AMAR reconoce que para promover el desarrollo sustentable en la Barra de San­tiago, un Plan de Manejo debe ser aceptado por los residentes de la comunidad. Antes de la implementación del Proyecto en 1989, los huevos de tortuga eran un recurso de libre acceso de tal manera que el primero que los veía, se los llevaba. Debido a que los costos de recolección eran menores al valor de los huevos recolectados, casi el 100% de los huevos desovados estaban siendo reco­lectados. Se puede formular el problema que enfrentó AMAR en el lenguaje eco­nómico utilizado en la introducción teórica de este informe: ¿Cómo inter­nalizar los beneficios de las tortugas marinas en Barra de Santiago con el fin de contribuir a que se establezca el nivel óp­timo de tortugas marinas? Los directores experimentaron con varios métodos, anali­zando cada uno hasta encontrar el mejor. En un principio, AMAR intentó comprar los huevos de los tortugueros locales a cambio de artículos (comestibles, camise­tas, etc.). AMAR estaba renuente a dar dinero por miedo a que el dinero no sea gastado prudentemente. Ya que la comuni­dad tenía muchas necesidades básicas que no estaban siendo satisfechas, beneficios en necesidades parecían más apropiados. Sin embargo, los tortugueros expresaron su insatisfacción con los comestibles, etc., y muchos prefirieron pagos en efectivo. Aquí se aprecia una lección económica que se repite también en Bioprospección, (Caso 6): no hay sustituto para el dinero. Por la teoría económica se conoce que el dinero es al menos tan bueno como los beneficios en artículos y por lo general es mejor (si se deseara un beneficio en artículos, éstos se lo pueden comprar con dinero o también se puede comprar algo que genere más satis­facción). AMAR se dio cuenta rápidamente que la forma como los miembros de la co­munidad gasten el dinero proveniente de los huevos va más allá de su misión am­biental. De todas maneras, AMAR seguía incómoda con la idea de comprar huevos con dinero, por lo que experimentó con otros planes de manejo.
Otro plan que se intentó fue el de cercar la playa con una cuerda en ciertos días para permitir que sólo la patrulla recolectara los huevos. Desde un punto de vista genético, recolectar todos los huevos de sólo unos pocos nidos no es tan ventajoso como el recolectar pocos huevos de todos los nidos todos los días. Por ejemplo, es mucho me­jor recolectar 24 huevos de los 96 desovados en todos los 12 nidos (24 hue­vos/nido x 12 nidos = 288 huevos recolectados en total) que recolectar todos los 288 huevos de apenas tres nidos ( 3 nidos x 96 huevos/nido). El recolectar de sólo algunos nidos en unos pocos días aumenta la homocigosidad de la población y tam­bién excluye a la comunidad de participar activamente en el extractivismo sustentable (entendiendo que una porción de cada nido debe ser preservada). Además, el cercar la playa con una cuerda implica grandes cos­tos: tanto el patrullaje contra intrusos como la intensa tarea de recolectar huevos (el valor del trabajo de los patrulleros es ma­yor que la de los tortugueros). Dadas estas desventajas, AMAR continuó experimen­tando.
Una recomendación fue la emisión de tarje­tas de identificación para los tortugueros y a través de esto, el control de la recolección cobrando a cada tortuguero carnetizado con una cantidad fija de huevos. Aunque la carnetización de los tortugueros es una internalización de externalidades en el es­píritu del Teorema de Coase, su factibilidad depende en gran medida en la legitimidad que estas licencias tendrían en la comunidad y su subsecuente costo de vigilarlos. AMAR tendrá que o bien rifar las licencias (susceptibles de acusaciones por fraude), o man­tener una subasta (susceptibles de acusaciones de ser elitista). Dada la retroalimentación negativa de la comunidad, se eliminó el plan de emitir tarjetas de identificación y licencias a los tortugueros.
La alternativa para internalizar la externali­dad de los huevos por medio de licencias es un sistema de impuesto (la solución Pigouviana) pagable en huevos. Como una cuota de huevos por la licencia, un impuesto significaría el traslado parcial en la carga de los costos de implementar el desarrollo sustentable. En vez de pagar por los huevos o cercar la playa con cuerda y recolectar los huevos, AMAR podría trasladar la incidencia del cargo a los tortugueros, haciéndoles pagar en huevos por el derecho de recolectarlos. Este traslado es completamente justificado por el criterio económico de la eficiencia: el que se beneficie debe pagar el costo asociado con el beneficio. Desde luego, los tortugueros se están bene­ficiando por la existencia de las tortugas y deberían pagar el costo de mantener dicho recurso.
Bajo el criterio de impuesto a los huevos, cada recolector entrega dos docenas de huevos recolectados por nido al patrullero del Parque y recibe, al mismo tiempo, un certificado que los huevos fueron recolec­tados legalmente. Aun cuando las anidadas y desovaciones se llevan a cabo en la noche, es difícil huir del hombre de los impuestos. Típicamente las tortugas de mar demoran una hora o más en hacer un nido y desovar sus huevos; existe suficiente tiempo para que los patrulleros puedan identificar a una persona demorándose en la playa. La se­cuencia de eventos es la siguiente: muchas personas de la comunidad caminan la no­che entera en función de encontrar una tortuga en la playa durante la temporada de las arribadas (Julio-Diciembre). Esperar para reconocer una tortuga emergiendo del mar constituye básicamente una lotería. Aunque mucha gente pierda mucho tiempo cami­nando sin ser necesariamente el primero en reconocer una tortuga, esta lotería de facto no causa el resentimiento que se generaría por una lotería de licencias de jure. Más aún la lotería de facto tiene muchas exter­nalidades positivas: a la gente le encanta apostar y el encontrar una tortuga tiene un elemento de diversión; más personas se relacionan con el extractivismo sustentable cuando la lotería es de facto y no de jure, y por eso, más personas se están volviendo alfabetizadas sobre el medio ambiente.
La primera persona en localizar una tortuga ha establecido un reclamo en cuanto a los huevos que la tortuga desova. Debido a que más de una persona pudo haber localizado la tortuga al mismo tiempo, se da un con­flicto. Un reclamo más definitivo sobre la tortuga localizada que el de solamente per­seguirla por la playa, implica levantarla y cargarla hasta la zona de la vegetación donde desova sus huevos. Debido a que la tortuga puede pesar 50 kg., la recolección de huevos se ha convertido en una actividad para hombres. Los patrulleros bromean que al emerger a la superficie, las tortugas parecen esperar a ser localizadas y ser cargadas por los tortugueros hasta la zona de vegetación. Ya que las tortugas tienen larga vida reproductiva y puedan anidar un par de veces por tempo­rada, hay un hilo de verdad en esta especulación. A lo mejor las tortugas se han grabado en la mente que ellas pueden evitarse la ardua tarea de subir hasta la playa, esperando en la superficie por una llevada gratis. El examinar dicha simbiosis humano-tortuga en contraste al comporta­miento natural sería una tesis interesante para un estudiante de sociobiología/etología.

Mientras el tortuguero espera una hora o más hasta que los huevos sean depositados, el patrullero en una motocicleta de tres ruedas identifica la silueta del recolector y se detendrá a inspeccionar si una tortuga ha anidado. Generalmente, el patrullero recono­cerá al tortuguero, y no hay necesidad de que el patrullero espere hasta que se deso­ven los huevos; él pregunta al totuguero el tiempo que la tortuga lleva anidando, y luego continua su patrullaje en busca de la próxima tortuga y del próximo tortuguero, volviendo en una hora o más cuando considere que los huevos ya hayan sido desovados. Cuando los huevos han sido finalmente desovados, el patrullero revisa para ver si la tortuga ha sido etique­tada en una anidada anterior y si no, entonces etiqueta a la tortuga en la aleta delantera. El patrullero reclutará al tortu­guero para asistirle en la recolección de datos, así como para manejar la tortuga, la cual está ansiosa en regresar al mar. En­tonces el patrullero anota en su cuaderno un número de registro, la fecha y la hora de la anidada, zona de la playa, vientos, estación, lluvia, especie de tortuga, longitud del ca­parazón, ancho del caparazón, ancho de la cabeza, número de huevos desovados, tiempo de desovación y el nombre de la persona que recolectó los huevos. Esta información posteriormente es ingresada en un programa computacional para análisis estadístico. Después que los datos son recolectados el patrullero firma una certifi­cación oficial de que los huevos han sido legalmente recolectados y la entrega al tortuguero a cambio de dos docenas de huevos. El mecanismo de control a través de certificados es el siguiente: El Servicio de Parques Nacionales y Vida Silvestre emite certificados de que el portador ha pagado la cuota en huevos y que los huevos pueden ser vendidos legalmente. Cual­quiera que sea cogido vendiendo huevos sin los certificados será multado. Claro que siempre hay quienes logran hacerlo. Si un tortuguero desea huevos para su consumo personal y no es detectado en la playa por el patrullero, entonces él puede percibir poca razón para entregar voluntariamente las dos docenas de huevos. Sin embargo los huevos son suficientemente valorados (desde USD 0.10-30 /huevo dependiendo de la época), por eso los tortugueros rara­mente se los comen ya que prefieren venderlos como una fuente de ingresos. Por otra parte los 90 huevos de una típica ani­dada, serían demasiados huevos para que cualquier familia pueda comerlos.
¿Qué sucede con los huevos recolectados y entregados al patrullero? Esto consti­tuye la verdadera belleza de este proyecto. Tal vez la disposición de los miembros de la comunidad en Barra Santiago a pagar el impuesto en huevos se debe a que ellos pueden ver que sus impuestos están siendo bien gastados. El patrullero entrega los huevos a Román Ruiz cuyo trabajo es man­tener un corral con nidos de tortugas. El Sr. Ruiz es un hombre que bordea los 40 años y vive con su familia a la orilla de la playa. Él pertenece a la comunidad y tiene educa­ción primaria. Él realiza la recolección y el monitoreo de los datos con tanta precisión y dedicación que sería la envidia de muchas universidades en el Norte. Una vez más, se puede observar el principio del Foco de Control (en inglés: Locus of Control) que era característico de Medardo Tapia, el director de la hacienda sustentable experi­mental en la Amazonia (Agricultura Sustentable [Caso 4]). El Sr. Ruiz igual que el Sr. Tapia es una persona que ha marcado una tremenda diferencia en el éxito del programa y es ampliamente acreditado por su eficiencia. El Sr. Ruiz simula condicio­nes naturales ideales para desovar los hue­vos y luego liberar los neonatos al mar. El corral está construido por bambú y las ta­blillas están suficientemente juntas como para que los cerdos y perros no puedan entrar y escarbar hacia los nidos. El corral está también cerca de la casa del Sr. Ruiz, que provee también protección contra robos. De cuando en cuando, el corral es reubicado para evitar la contaminación de bacterias por incubaciones anteriores. Con el fin de maximizar las incubaciones exito­sas y mantener una relación de sexo 1:1, la temperatura es mantenida entre 29-30°C. Si hay menos de 29°C, entonces habrá predominancia de machos, más de 30°C y habrá predominancia de hembras. En tem­peraturas extremadamente altas, ningún huevo incubará. El Sr. Ruiz, logra contro­lar la temperatura poniendo un techo de hojas de palma sobre el corral para proteger la arena del sol. Se ubica un termómetro en la arena a una profundidad igual a los hue­vos y es revisada para ver si las hojas de palma deberían ponerse en el techo (si es >30°C) o retirarlas (si es <30°C). Cada nido tiene una etiqueta de identificación de acuerdo a la fecha de anidación y el pe­ríodo de incubación es de 45-50 días. Todo ésto, el monitoreo y el control de la tempera­tura durante este período es una cantidad significativa de trabajo. Cuando los huevos están listos para eclosionar, el Sr. Ruiz ubica un balde de plástico sin fondo alrededor del nido en la arena (marcado con estacas) de tal manera que cuando los neonatos salgan a la superficie de la arena no escapen del balde. El día que el autor visitó el sitio, 29 de los 32 huevos ubicados en uno de los nidos artificiales del corral eclosionaron y fueron removidos a un estanque. El Sr. Ruiz se siente muy orgulloso de su alta tasa de éxito y meticulosamente graba la infor­mación para ingresarla posteriormente en la compu-tadora. En la mañana, a las tortugas se les permite caminar en la playa por unos pocos metros con el fin de que este acto sea grabado en su mente con la experiencia y luego serán llevadas más allá del oleaje y liberadas en el agua.
¿Cuál hubiera sido la tasa normal de eclosiones exitosas sin el programa? Debido a la densa población de Barra Santiago (8000 habitantes a lo largo de 9 Km. de playa, ½ de ancho), probablemente 100% de los huevos hubiera sido recolectado y por lo tanto no quedaría ningún huevo que incu­bar. Inclusive, si una tortuga no es detec­tada debido a la fluctuación de temperatura en Barra Santiago, no es poco común que ninguno de los 90 huevos incube. Corne­lius (1992, p. 125) reporta que de un estudio científico sobre las mismas especies de tortugas en Costa Rica, bajo condiciones naturales, “Se estima un rango, del 0.8%-10% de incubacioness exitosas para todos los nidos estudiados” A parte de las incerti­dumbres en el número de incubaciones, existe un reto de que los neonatos deben correr de la playa al mar. Hay muchos cer­dos vagando en la Barra de Santiago así como perros que no sólo se comerían a los neonatos sino también a las mismas tortu­gas anidando. Según lo descubierto por la experiencia del Sr. Ruiz, los peligros no se terminan cuando los neonatos llegan al agua. Al principio el Sr. Ruiz liberaba a los neonatos cerca de la orilla, pero muchas de las tortugas murieron a la altura en que las olas reventaban, luego eran arrastradas por el agua y llegaban muertas a tierra. De ahí que, liberándolas más allá de la espuma blanca de las olas y controlando la incu­bación, muchas de las presiones selectivas que explican el por qué las tortugas son de selección-r (muchos descendientes, pocos sobreviven), eran removidas. El escéptico puede temer que la liberación de 24 neona­tos por nido (abruptamente 25% en vez del 1%) pueda resultar en una sobrepoblación de tortugas marinas. Sin embargo este no es el caso puesto que en otros lugares a lo largo de la costa del Pacífico, el 100% de los huevos están siendo recolectados y en el mar muchas tortugas adultas se pierden por la pesca comercial. Se sospecha que hay un nicho abierto para estos neonatos liberados y que AMAR está ayudando a restaurar un ecosistema marino sano. El éxito del pro­grama puede ser visto en las siguientes estadísticas: En 1989, cuando el programa fue iniciado, apenas 580 tortugas fueron incubadas y liberadas; 5 años después el número ha crecido a 10.700.
El proyecto AMAR es un estudio de caso fascinante no sólo desde un punto de vista biológico de la conservación sino también por el punto de vista económico de la administración. La organización AMAR originalmente empezó a proteger bosques y sus siglas vienen de “Amigos del Árbol”. Sin embargo, los fundadores de AMAR perci­bieron una tremenda oportunidad para el desarrollo sustentable a través de la pro­tección de tortugas marinas y rápidamente concentraron los recursos para la organiza­ción de esta actividad. Dicha flexibilidad es característica de las empresas exitosas, quienes por lo regular empiezan en una línea de negocios y cambian líneas varias veces hasta que encuentran la actividad más lucrativa. AMAR encontró en el extractivismo sustentable una actividad visible que puede convertirse en un im­pulso para futuros proyectos ambientales. Construyendo sobre el éxito del proyecto existente, AMAR ha creado una multitud de actividades relacionadas que contribu­yan hacia la sustentabilidad del Ecosistema de Barra de Santiago. Hay un centro inter­pretativo donde niños de escuela van a visitar y a aprender sobre el ecosistema costero y sobre su fauna silvestre. También hay un programa para legalizar el bosque del manglar que colinda con la barra de arena, previniendo así que los terrate­nientes continúen con sus expansiones ilegales de la frontera agrícola (los límites del parque tradicionalmente han sido defi­nidos donde el bosque de manglar terminaba, por lo que si los terratenientes destruían el bosque de manglar vecino, ellos intentarían reclamar esa tierra como de ellos). Debido a que la tierra vale tanto como USD 5.000/ha hay una fuerte presión en destruir el manglar y AMAR ve la lega­lización de los límites del Parque como primera prioridad. AMAR también está persiguiendo las posibilidades de ecotu­rismo y de educación ambiental enfocada en las tortugas que anidan, el ecosistema del manglar y de un sitio arqueológico. Desafortunadamente AMAR no tiene sufi­ciente presupuesto para aplicar todos los aspectos de su plan en cuanto a su manejo y desarrollo.
Si bien es difícil para un consultor extranjero hacer sugerencias significativas basadas en una corta visita, una actividad que puede incrementar los ingresos podría ser una comercialización del Programa de los Regalos de Navidad a turistas extranje­ros. En época de Navidad, el guardiaparque de AMAR mantiene una ceremonia donde los niños liberan neonatos al mar. Como se menciona en la introducción teórica de este informe, la fuente más significativa de ingresos para el desarrollo sustentable de la diversidad biológica en el corto plazo es la “existencia”. La gente adinerada está dispuesta a pagar por saber que exista diversidad biológica. Se puede expandir el Programa anual del Regalo de Navidad para ser aplicado durante todo el año vendiendo a los turistas norteamerica­nos un día de tour para visitar la playa, liberar neonatos al mar, y tomar un paseo en lancha por el bosque de manglar. En Costa Rica, un tour parecido cuesta hasta USD 90. Para aquellos turistas quienes quisieran quedarse la noche para presenciar la llegada y desovada de las tortugas, los arreglos de uno de los hoteles debe mejo­rarse con los ingresos percibidos por los tours realizados durante el día. Así mismo el Programa “adopte una tortuga” podría iniciarse a través de un acuerdo de coope­ración con una ONG en Norte América, Japón o Europa. Si cada huevo recolectado es valorado, digamos, en USD 3 en el mercado de adopción, entonces hay un atractivo potencial para un margen de USD 2,70-2,90 por huevo (USD 3,00-0.10 o 0.3 de­pendiendo de las condiciones del mercado de huevos). Si los 10.700 neonatos libera­dos en 1994 representan el 25% de todos los huevos recolectados en Barra Santiago, entonces hay potencial de liberar 42.800 neonatos si cada huevo fuera adoptado. Esto generaría USD 128.400 en valor de existencia. AMAR demuestra tanto la ex­periencia como la dedicación para expandirse en esta dirección.
Para más información acerca el Proyecto de Conservación de Tortugas Marinas, favor ponerse en contacto con:

Eunice Ester Echeverría

Asociación Ambientalista AMAR

21 Av. Norte # 1314

San Salvador, El Salvador

FAX-TEL (503) 225 6176

ó (503) 276 4970

VI. Bioprospección (Caso 6): La imposibi­lidad de un caso exitoso sin un cártel.
La Bioprospección es regularmente perci­bida como la salvación para la diversidad biológica. No sólo existe poca evidencia de que las regalías de la bioprospección pue­den contribuir significativamente hacia el financiamiento de los hábitats (Aylward, 1993) sino que la ausencia de un acuerdo multilateral para fijar una tasa de regalía garantiza que éstas se volverán insignifi­cantes (Vogel, 1995). No obstante, muchos comentaristas en la prensa popular y aca­démica se han aferrado a anécdotas aisladas de medicamentos multimillonarios (por ej., taxol) o en biotecnologías (por ej., reacciones en cadena de polymerase, PCR) como ejemplos del potencial valor económico que pueda existir. Los modelos son busca­dos para saber como capturar parte de este valor y dedicarlo al hábitat de donde las muestras biológicas fueron obtenidas. Generalmente, el modelo encontrado es aquel del Instituto Nacional de Biodiversidad (INBio) de Costa Rica (Reid et al., 1993). Sin duda, INBio es el modelo más com­prensible de bioprospección en el mundo y es merecedor de favorables opiniones de prensa. Sin embargo, rara vez se menciona en la cobertura de prensa el hecho que mu­cha de la diversidad biológica de Costa Rica no es endémica de Costa Rica sino que está esparcida desde Chiapas al sur de México hasta Beni al norte de Bolivia. Además se ignora el hecho de que los bio­prospectores no están interesados en las especies per se sino en los componentes secundarios los cuales no necesariamente son únicos de una especie (el compuesto activo en taxol es paclitaxel el cual ha sido encontrado tanto en el Taxus brevifolia al Noroeste del Pacífico y Taxus baccata en Europa). Debido a que los compuestos se­cundarios están difundidos tanto a lo largo del taxón como de los límites internaciona­les, una institución de la bioprospección tal como INBio está garantizando acceso no sólo a la diversidad biológica del país de origen, en este caso, Costa Rica, sino tam­bién a la diversidad biológica de la región entera, México, Guatemala,...Perú y Boli­via. Estos dos factoresla difusión de las especies y la difusión de los componentes secundariosson una clave para entender por qué INBio o cualquier otra institución exitosa no puede ser vista como un modelo a replicar en la búsqueda de la internaliza­ción del valor de la diversidad biológica para bioprospección.12
La teoría económica es poderosa en su simplicidad. A través de fundamentos básicos, se puede tanto explicar como predecir. Se sabe que el precio de cualquier bien en un mercado competitivo igualará su costo marginal. En el caso de la bioprospección, hay muchos países que pueden ofrecer los mismos compuestos secundarios. Dada la competencia entre oferentes potenciales, el economista espera que el precio caiga hasta el costo marginal de ofrecer muestras botánicasuna tarifa nominal. Esta simple implicación es confirmada por la experiencia. La gigantesca transnacional Monsanto Inc., ha celebrado contratos de bioprospección con la “International Coo­perative Biodiversity Groups” (Cooperativa Internacional de Grupos de Biodiversidad Inc. [ICBG]) para acceder a muestras con regalías tan bajas como 0,2% sobre las ventas netas (RAFI, 1994, p. 7). Hasta INBio, probablemente la Institución más avanzada del mundo en bioprospección, se cree que recibe regalías de sólo 2%.13
¿Es una regalía del 2% o inclusive del 0.2% necesariamente tan mala? Siempre, desde Adam Smith, el público ha aprendido a apreciar el rol beneficioso de la competen­cia. A través del desmantelamiento de las barreras del mercado, más empresas pueden entrar en una industria y cada una impondrá su disciplina en su propia operación in­terna, dejando que los consumidores ahorren a través de precios bajos. La com­petencia incrementa tanto la eficiencia como la equidad. Sin embargo, en el caso de bioprospección, dicha competencia no es ni eficiente ni equitativa. La explicación es de alguna forma abstracta y proviene de la economía de la información. En economías modernas, existe un cierto tipo de bienes que son extremadamente costosos de crear pero cuya réplica es sin embargo extremadamente barata. Casi to­dos los bienes que experimentan esta es­tructura de costos, es decir, costos fijos extremadamente altos junto a costos marginales extremadamente bajos, están basados en la información (por ej., software, publicaciones, símbolos). Una vez que el productor del bien de información libera ese bien al dominio público, él casi no tiene control sobre su consumo (no exclusión). Dada la insuficiencia de los usuales meca­nismo de exclusión (por ej., verjas, cerraduras y llaves) para bienes de información, la concesión de un monopolio a través de derechos de propiedad intelectual (DPI) es el único instrumento que permite a los creadores recobrar los costos fijos de su creación, bajo la protección de los DPI.
Cualquier competencia a través de la copia ilícita es considerada piratería, y es tanto inequitativa como ineficiente. En un mundo de piratas, hay cada vez menos creaciones y la economía está privada de bienes de infor­mación (como por ejemplo, software, publicaciones, símbolos). Es sorprendente que la razón de ser del DPI tenga una ana­logía exacta en el reino de la biología. Si bien la diversidad biológica no es un bien intelectual, sí es un bien de información, no es raro ver la frase “información genética” en la literatura científica. Así como un bien de información, la diversidad bioló­gica comparte una estructura de costos similar: costos de oportunidad extrema­damente altos en el mantenimiento de hábitats, pero con costos extremada­mente bajos para acceder a los componentes de esos hábitats (véase Vo­gel, 1994). De ahí que la competencia lle­vará hacia la baja los precios de las muestras biológicas hasta que se llegue a su costo marginal, privando así a los países de recuperar los costos de oportunidad de la conserva­ción.
Si se aceptan las patentes, copyrights (derechos de autor) y marcas registradas de monopolio como instrumentos legítimos para permitir el surgimiento de un mercado de bienes de información, entonces se debería aceptar los derechos del oligopolio sobre recursos genéticos para permitir el surgimiento de un mercado para hábitats.
Los países que ofertan muestras biológicas deberían fijar una tasa de regalía y distribuir las rentas económicas y los que buscan muestras biológicas deberían respetar el cártel. Desafortunadamente los portavoces de la industria biotecnológica rehusa reconocer tal lógica y desean continuar con el acceso libre de jure que corresponde a la antigua doctrina “herencia común de la humani­dad” (véase el cuadro abajo) o un libre acceso de facto disfrazado en acuerdos bilate­rales (por ejemplo, el trato de Monsanto-ICBG que negoció una regalía de 0,2%). La posición hasta se convierte en hipócrita cuando las compañías de biotecnología del Norte se quejan amargamente sobre la pira­tería intelectual en el Sur (véase el cuadro a la derecha).
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