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fecha de publicación05.01.2016
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Esta edición se terminó de imprimir en Grafinor S.A.

Lamadrid 1576, Villa Ballester,

en el mes de octubre de 2000.

1 La vida humana tiene que ser abierta y argumental. Lo primero significa que es incompleta, provisional, siempre sujeta a imprevistos, por eso tiene un fondo dramático; lo segundo quiere decir que necesita tener un tejido sustantivo, un porqué, una razón de ser. Así descubrimos la grandeza o pobreza de cada persona. Los psiquiatras, al bucear en la vida ajena con un afán constructivo, somos testigos de excepción de vidas grandes y de otras vacías, huecas.


2 En el pensamiento, la esencia de algo se define como “aquello por lo que una cosa es lo que es y no otra cosa”. La fenomenología de Edmund Husserl era un método de aproximación a la realidad que buscaba esencias y conexiones esenciales, dejando “entre paréntesis” lo secundario, accesorio, marginal. El trabajo descriptivo de Husserl se centra en la conciencia. La fenomenología de Max Scheler, por su parte, se ocupa de la afectividad: captar las relaciones existentes entre sentimientos, emociones, pasiones y motivaciones. Para distinguir más claramente estos cuatro aspectos, véase mi libro El laberinto de la afectividad. Espasa Calpe, Madrid, 1987, págs. 17 y ss.; 21 y ss.; 57 y ss.


3 Para el que desee conocer mejor el tema sobre la verdad puede beber de dos diccionarios filosóficos: Ferrater Mora (Alianza Editorial, Madrid, 1980) y Nicola Abagnano (Fondo de Cultura Económica, México, 1966), donde se aclaran de forma sencilla, los pormenores del mismo.


4 Le decía Don Quijote a su sobrina que en la vida existen dos caminos: las armas y las letras y que él había escogido el primero. Esta figura cervantina encarna al hombre idealista, aquel cuya conducta se forma sobre los grandes ideales, entre los que destaca la búsqueda de la verdad y el amor por la libertad.


5 Jean-François Revel habla de esto es su libro El conocimiento inútil. Los medios de comunicación de masa nos cubren de mensajes e informaciones minuciosas que no son formativas, que no ayudan a construir un ser humano mejor, con más criterio y más dispuesto a acercarse a la verdad.


6 A partir de Duns Escoto, la libertad se considera más una tarea de la voluntad que de la inteligencia. También lo recoge así Santo Tomás. Porque la inteligencia nos lleva a distinguir lo accesorio de lo fundamental, mientras que la voluntad nos conduce a elegir una forma de vida en la que se da una adecuación entre los medios y los fines. Pero para ello es decisivo saber a dónde vamos. Vuelve así el tema de eso que en el pensamiento clásico se llamaba “los universales”: conceptos objetivos que representan a la naturaleza. Ahí enlazaríamos con el sentido de la existencia.


7 La idea de bienestar, aunque reciente, tiene unas raíces remotas. En el siglo XVI podemos encontrar algunos atisbos de ella. Pero es durante la Ilustración cuando se expansiona, para generalizarse ya a partir de la II Guerra Mundial. En nuestros días, el concepto de bienestar se construye más sobre la forma que sobre el contenido. Saca a relucir aquella máxima de que es mejor tener que ser y de ahí se derivan muchos desencantos contemporáneos.


8 La exaltación del ganador deja a legiones de perdedores fuera del ring social. Remito al lector al capítulo “Psicología del fracaso” en el que explico la importancia de las derrotas en cualquier travesía biográfica.


9 Maquiavelo fue un político italiano que vivió entre los siglos XV y XVI. En 1498 fue elegido Secretario de la Cancillería de Florencia y se encargo de diversas misiones diplomáticas. En su libro El Príncipe expone la defensa del pragmatismo político a costa de todo.


10 Diario íntimo, Alianza Editorial, Madrid, 1969.

11 Quizás el ejemplo más patente lo tenemos en la vida conyugal. Para algunos el matrimonio estable de hace tan sólo quince o veinte años es una empresa entre utópica e imposible. ¿Por qué? Porque sólo quien es libre es capaz de comprometerse. Y el hombre posmoderno es cada vez más escla­vo de sus pasiones, de sus gustos subjetivos. Prefiere una bulimia de sensaciones: probarlo todo, verlo todo, bajar al fondo de todo... Pero no para conocer mejor los resortes personales y buscar una mejoría, sino para divertirse sin más. Ya no hay inquietudes culturales, ni denuncias, ni grandes aspiraciones sociales. En Occidente lo interesante es jugar, vivir sin objetivos nobles ni humanistas. Este es el drama de la permisividad: una existencia indiferente, sin aspiraciones, edificada de espaldas a cualquier compromiso trascendente.


12 Recuerdo un lema que leí en un viaje a Londres: «No hay nada que de­cir... ¡qué más da!... Lo único que queremos es experimentar y sentir pla­ceres.» Eran jóvenes “vegetando” sin motivaciones ni intereses. La permisividad llega a ser una religión, cuyo credo es una curiosidad de sensaciones dispersa, un atreverse a llegar cada vez más lejos, un culto a la tolerancia total, sin cortapisas. En pocas palabras, indiferencia general hilvanada de curiosidad y tolerancia infinita.


13 Esto es lo que hace hoy la televisión. Ella no pretende grandes empresas: educar o fomentar un tipo de hombre más culto o elevar el nivel de inquietudes de los telespectadores, sino simplemente tenerlos entretenidos, que lo pasen bien. Da igual que sean películas de este tipo o de aquel otro. Ahora bien, cuando hay mucha competencia, hay que ganar audiencia como sea: ahí entra el sexo, la pornografía, los concursos ramplones y simples, las telenovelas y un largo etcétera en esa línea pobre e insustancial.


14 Véase mi libro Una teoría de la felicidad (Ed. Dossat, Madrid, 1992, 11ª. Edición), donde se expone el tema con detalle.


15 En Yuppies, jet set, la movida y otras especies (Ed. Temas de Hoy, Madrid, 1988), su autora, Carmen de Posadas, menciona este tema de forma desenfadada y con un fondo crítico muy sugerente.


16 La condición sine qua non para enamorarse de otra persona es la admi­ración: querer penetrar en su conocimiento, ver qué hay allí, buscar su con­tenido, íntimamente; descubrir el complemento de la belleza exterior, es decir, la armonía y el orden o coherencia interior. Este viaje psicológico constituye una de las vivencias más inolvidables por las que puede atrave­sar el ser humano.


17 Sobre el amor. Alianza Editorial, Madrid, 1968


18 Estudios sobre el amor, Revista de Occidente, Madrid, 1973


19 Esencia y formas de la simpatía. Losada, Buenos Aires, 1968


20 Felicidad y benevolencia. Rialp, Madrid, 1991


21 Surgió éste en 1965. Su representante mis significativo fue Marcel Duchamp, que se sirvió del lenguaje, motivos triviales y efímeros, y de la lla­mada «antiforma» para practicarlo. Esta concepción artística estaba más cerca a Jasper Johns, Rauschenberg, Klein y Piero Manzoni; no sucedía así con Picasso, Matisse o Mondrian. Se despoja a la obra creativa de estructura y límites, y todo vale: se esparcen piezas de fieltro; se arroja serrín; pigmentos sueltos, harina, látex, chapas metálicas de botellas, corchos e incluso cornflakes. Es un arte que no impone condiciones. Lo light aletea difuso y vaporoso.


22 Véase “Psicología de la droga”, cap. XII donde explico más detalladamente este problema.


23 Las esperanzas de que esto se erradique constituyen hoy en día una utopía. Dicha asociación ha advertido que el número de personas crece paulatinamente, y que los recursos para frenarlo son casi imposibles.


24 En una línea parecida se presenta Daniel Bell cuando postula dos nuevos principios solidarios: la idolatría del yo y la rebelión contra todos los estilos reinantes de vida.


25 Palabra ya casi mágica desde la segunda mitad del siglo XX, también de cuño freudiano. La tarea interminable de liberación de uno mismo, de espaldas a una espiritualidad milenaria, es otro de los caminos errados de nuestros días. Proceso de personalización sin fin, tarea milimétrica de tallar las zonas opacas de la personalidad, a ver si se alcanza la cima de una personalidad sin aristas.

Estos movimientos modernos de liberación, que van desde las diversas drogas a lo sexual, resultan las más de las veces ambiguos, ya que frente a promesas de libertad, lo que se encuentra al final de ese camino son nuevas amenazas y servidumbres. El ejemplo político del comunismo lo expresaría referido al campo de las ideas.


26 Aquello que en principio fomenta, más tarde lo critica cuando lo ve he­cho realidad. Por otra parte, justifica que el progreso científico y técnico no guarda relación con el humano: consagra libertades y derechos para tolerar a la vuelta de la esquina que se conculquen; presume de estar al día y se so­mete a una intoxicación seudoinformativa de revistas de prensa, que se han ido escorando hacia el plano frívolo de las vidas sentimentales.

El hombre light se parece al hombre esquizoide: tiene una doble vida, sin relación entre la profesional y la humana, por lo que esta dicotomía de­ja entrever su incoherencia.


27 Véase el capítulo IX del presente libro: «Revistas del corazón».


28 En mi libro Remedios para el desamor (Ediciones Temas de Hoy, Ma­drid, 1992, 11º ed.) abordo este tema: ¿Qué está pasando, qué significa es­ta nueva epidemia de alcance mundial que está fabricando una nueva sociología de la familia? Está bien claro: se ha ido erigiendo un nuevo modelo humano vertebrado sobre el hedonismo y la permisividad, que fagocita cualquier tarea responsable y exigente; al carecer de resortes morales, lo deja incapacitado para mantener la vida conyugal.
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