Frente a la confusión el conocimiento




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DOSSIER DE TEXTOS DE ESTUDIO


LAS LEYES DEL CAPITALISMO EN SU HISTORIA

1ª Escuela: la acumulación originaria

Recorrido por tres siglos de capitalismo
¿Qué ocurre con la crisis de las hipotecas subprime en EEUU? ¿Se va a convertir en una crisis general del sistema capitalista mundial? ¿Cómo puede afectar a la economía productiva? ¿Cómo va a repercutir entre nosotros? ¿Tienen razón Botín y Solbes cuando afirman que la salud de la economía española es robusta y permanecerá al margen de las turbulencias financieras mundiales? ¿O, por el contrario, como afirman Rato y el FMI, España empezará a sufrir sus consecuencias a partir de 2008? ¿Y en qué se puede traducir esto para los trabajadores, para los hipotecados, para los asalariados?
El estallido de la burbuja inmobiliaria en EEUU y la consiguiente conmoción que ha provocado en las principales economías del mundo ha traído estas preguntas a la cabeza de todo el mundo, generando temor e incertidumbre ante el futuro inmediato. Preocupación multiplicada porque, a día de hoy, nadie acierta a dar una respuesta satisfactoria a ninguna de ellas.

En el próximo ciclo de Escuelas a Distancia que vamos a desarrollar a lo largo de los seis próximos meses no pretendemos dar una respuesta a estas preguntas concretas, pero sí dar los elementos de conocimiento necesarios acerca del capitalismo, de las leyes objetivas que lo mueven y de su desarrollo histórico a lo largo de los dos últimos siglos que permitan comprender en profundidad cuáles son los rasgos fundamentales que están operando en esta –como en todas las anteriores– crisis del capitalismo.

¿Se puede transformar el mundo sin conocerlo, sin comprender y sin partir de las leyes objetivas que lo mueven? Son muchas las personas que afirman que hay algo que está terriblemente mal en el mundo y que es necesario cambiarlo. Pero sólo conociendo en profundidad la realidad del sistema capitalista estaremos en condiciones de disponer de las herramientas necesarias para transformarlo. Conocer esa realidad, y hacerlo además de una manera no unilateral sino multifacética, es el objetivo que persigue el tercer ciclo de Escuelas a Distancia que a partir de este mes de octubre vamos a poner en marcha en 10 sedes en toda España, como continuación de los dos ciclos anteriores que trataron “El verdadero núcleo de la globalización” y la historia de nuestro país de los dos últimos siglos desde la pregunta de “España, ¿potencia imperialista o país dominado?”

Frente a la confusión el conocimiento


¿Es verdaderamente el mundo actual tan caótico e impredecible como aparece ante nuestros ojos o cómo quieren presentárnoslo? ¿O lo es, precisamente, por la falta de herramientas de conocimiento que nos permitan comprender lo que está pasando?

Para abordar esta cuestión, como en los anteriores ciclos, vamos a partir y apoyarnos en el marxismo, la herramienta más certera de la que disponemos a la hora de desentrañar cuáles son los fustes en los que se basa el modo de producción burgués. Certera en cuanto que estamos hablando de un conocimiento no aproximativo, superficial o subjetivo, sino de un conocimiento científico acerca de cuáles son las leyes, “lo necesario e imprescindible”, para el funcionamiento del capitalismo.

Y lo vamos a hacer con la misma exigencia y el mismo rigor con que nos propondríamos utilizar cualquier otra ciencia. ¿Qué grado de precisión hace falta para enviar un cohete a la luna? ¿Y hay alguien que se crea que es posible transformar la sociedad sin el mismo grado de conocimiento, rigor y precisión sobre las relaciones sociales que la que necesitan los físicos y los astrónomos para calcular la trayectoria de un vehículo espacial? Todos los que estamos por la transformación de una realidad profundamente injusta, ¿qué necesitamos? ¿Conceptos científicos o aproximaciones subjetivas? Si un médico para operar correctamente y salvar la vida de sus pacientes ha de haber estudiado y dominar el funcionamiento del cuerpo humano, nosotros necesitamos conocer, con la misma exactitud que el cirujano, cómo funciona la sociedad capitalista. Y hacerlo con los conceptos científicos que lo permiten, conceptos que sólo la teoría marxista ha sido capaz de establecer para dar luz allí donde antes reinaba la confusión y la oscuridad.

¿Acaso cualquier economista burgués cuestiona que la plusvalía que se extrae a la clase obrera es la fuente de toda ganancia? No, lo que estudia es cómo y en qué condiciones puede obtenerse una mayor cuota de plusvalía. ¿Alguien puede dudar de la inevitabilidad de la competencia capitalista que lleva a la concentración del capital? ¿O de qué el aumento de la tasa de ganancia en una determinada rama de la producción provoca una afluencia masiva de capitales en busca del máximo beneficio y, con ello, crisis cíclicas de superproducción en que una ingente masa de capitales debe ser destruida para que pueda volver a recuperarse la tasa de ganancia? Tampoco.

Y así, una por una, podemos ver que la totalidad del cuerpo teórico establecido por Marx para analizar el modo capitalista de producción no sólo era absolutamente válido para el capitalismo de libre cambio del siglo XIX, que él estudió con la precisión con que un químico estudia la estructura molecular de la materia, sino imprescindible para conocer las leyes de desarrollo que han guiado la base económica del mundo desde entonces hasta hoy.

Si en el anterior ciclo hemos estado durante más de un año y medio profundizando en otra visión, otra mirada y otra lectura de la historia de España, en esta ocasión vamos a hacer lo propio con la historia mundial de los dos últimos siglos, desde la revolución francesa hasta nuestros días. Los dos siglos en los que se concentra el desarrollo histórico del capitalismo, con todas sus miserias, pero también con todas sus conquistas.


¿Qué temas vamos a tratar?

El ciclo va a estar dividido en 6 escuelas que abarcan cada uno de los grandes períodos (en torno a 40 ó 50 años cada uno de ellos) en que podemos dividir el desarrollo del capitalismo desde sus orígenes.

1.- 1789-1848. De la revolución francesa a la aparición del Manifiesto Comunista. El objetivo de esta primera escuela es desentrañar, a través de los conceptos científicos que nos ofrece el marxismo, los elementos fundamentales que están en el origen mismo del capitalismo. Lo específico de las relaciones de producción capitalistas frente al antiguo modo de producción feudal, visto en dos planos simultáneamente. Por un lado en sí mismos, como conceptos teóricos. Pero al mismo tiempo enfocados a su desarrollo histórico concreto a lo largo de los siglos XVII y XVIII que tiene sus dos puntos de inflexión en la revolución francesa de 1789 y la posterior expansión napoleónica, y en el estallido de la revolución industrial en Inglaterra y su rápida extensión al continente. Período en el que, como afirma Marx en el Manifiesto Comunista “la burguesía ha creado energías productivas mucho más grandiosas y colosales que todas las pasadas generaciones juntas (...) ¿Quién, en los pasados siglos, pudo sospechar siquiera que en el regazo de la sociedad fecundada por el trabajo del hombre yaciesen soterradas tantas y tales energías y elementos de producción?” ¿Sobre qué bases, sobre qué relaciones, a través de qué mecanismos ha podido la burguesía desatar estas grandiosas y colosales energías productivas?
2.- 1848-1885. Período de auge y desarrollo vertiginosos de la revolución industrial y de la expansión colonial de las principales potencias capitalistas de la época. Y acompañando –o abriendo el camino– a la revolución industrial un avance del conocimiento científico concentrado en apenas 5 ó 6 décadas como jamás antes había conocido la humanidad y de cuyos fenomenales avances, en realidad, todavía estamos viviendo. Período determinado también por la aparición del proletariado como una fuerza consciente y organizada, con un programa propio, de clase, que oponer al mundo burgués. Y cuya derrota en la Comuna de París, en 1871, permite un fulgurante período de acumulación de capital y de expansión mundial del capitalismo que sienta las bases para la inevitable aparición del imperialismo.
3.- 1885-1914.- Aparecen los monopolios como antítesis, pero al mismo tiempo como continuación directa de la libre competencia capitalista. En el momento que los monopolios pasan a jugar un papel decisivo en la vida económica de los países capitalistas, poniendo al Estado burgués a su exclusivo servicio, comienza la época del imperialismo: el dominio de un pequeño puñado de potencias capitalistas sobre la inmensa mayoría de la humanidad y de la disputa entre esas potencias por repartirse el mundo.
4.- 1914-1945.- La grieta imperialista, provocada por el estallido de la Iª Guerra Mundial abre un período de turbulencias extremas. La Revolución de Octubre, la crisis del 29, el ascenso de los fascismos en Europa, el inicio de la lucha de las colonias por su liberación,... Período caótico y sometido a terribles turbulencias, pero también excepcionalmente creativo, rupturista y liberador en todos los terrenos (económico, político y social, pero también cultural, artístico e intelectual) que no se cerrará hasta el estallido y la conclusión de la IIª Guerra Mundial.
5.- 1945-1991.- La conclusión de la Segunda Guerra Mundial cierra la grieta imperialista abierta por la Primera. Un nuevo y férreo orden mundial aparece dominado por las superpotencias: unas peculiares condiciones históricas dan lugar a la mayor concentración de capital, de poder político y militar que ha alcanzado jamás el sistema capitalista.
6.- 1991-2007.- La desaparición de una de las superpotencias, la URSS, y la incapacidad estratégica de la otra, EEUU, para someter a todo el planeta bajo su dominio abren un nuevo período. Nuevas fuerzas económicas, políticas y de clase capaces de poner en cuestión el sistema hegemonista surgen sin que la única superpotencia, pese a todos sus esfuerzos, pueda evitarlo. La desaparición de la URSS trae consigo una ampliación del mercado mundial como no se había conocido desde la segunda mitad del siglo XIX. Y una expansión de las fuerzas productivas inimaginable años atrás. Pero en esta expansión, y en la ocupación de los nuevos mercados abiertos, las viejas potencias capitalistas que hemos conocido a lo largo de los dos últimos siglos, tienen ahora enfrente nuevas fuerzas, nuevos países capaces de competir con ellas en su propio terreno –el desarrollo acelerado de las fuerzas productivas y la acumulación y concentración de capital–, y además hacerlo con éxito. La lógica interna del mismo modo de producción capitalista empuja cada vez con mayor celeridad hacia la creación de un mundo multipolar. El tránsito hacia él, como ha ocurrido en cualquiera de los anteriores períodos, necesariamente estará preñado de crisis, conflictos y choques, tan terribles como luminosos.
¿Qué son las Escuelas a Distancia?

Las Escuelas a Distancia nacieron ahora hace dos años como una iniciativa cuyo objetivo es ofrecer a cualquier persona interesada en conocer con profundidad y rigor la realidad de nuestro mundo y de nuestro país, los conocimientos necesarios para ello.

La Escuelas a Distancia hacen suyo el mismo espíritu que llevó a Lenin a formular, en 1917, que uno de los objetivos claves y básicos que debía medir el éxito en la construcción del socialismo tenía que ser que “hasta una cocinera pueda llevar las cuentas del Estado”. ¿Por qué no? ¿Quién ha dicho que una cocinera no puede llevar las cuentas del Estado? Justamente aquellos que pretenden que esté para siempre a su servicio exclusivo. ¿Quién ha dicho que un obrero o un ama de casa no pueden conocer y dominar los conceptos científicos y las leyes fundamentales que mueven al sistema capitalista y, con ello, entender la realidad de nuestro mundo? Precisamente aquellos para quienes la confusión y las tinieblas son el mejor medio de mantener su sistema de explotación y dominio sobre la mayoría.

Por eso, para participar en las escuelas no se necesita poseer una gran cantidad de conocimientos o un alto nivel de instrucción, basta simplemente con el deseo y la voluntad de adquirirlos. Son, por tanto, escuelas eminentemente populares, en cuyo alumnado se encuentran desde profesores de universidad hasta trabajadores de la construcción, pasando por maestros, ingenieros, inmigrantes, amas de casa, jóvenes,...

A lo largo de un fin de semana intensivo, se estudian los contenidos previamente preparados por el equipo de dirección de la escuela, que incluyen las asignaturas propiamente dichas –divididas en tesis que permiten una mejor comprensión del tema– y una amplia selección de textos donde se recogen los análisis, tesis, reflexiones y aportaciones que los más destacados (y diversos) pensadores nacionales e internacionales han hecho sobre el tema.

Los grupos de estudio, de entre 15 y 20 alumnos estudian los textos, presentan sus propias conclusiones y las ponen en común a través de la discusión colectiva. Un método que permite no sólo la participación activa en el desarrollo del tema de todos los asistentes, sino que al mismo tiempo multiplica la capacidad de aprendizaje y profundiza los conocimientos adquiridos.

1. EL SECRETO DE LA ACUMULACION ORIGINARIA

Hemos visto cómo se convierte el dinero en capital, cómo sale de éste la plusvalía y de la plusvalía más capital. Sin embargo, la acumulación de capital presupone la plusvalía; la plusvalía, la producción capitalista, y ésta, la existencia en manos de los productores de mercancías de grandes masas de capital y fuerza de trabajo. Todo este proceso parece moverse dentro de un círculo vicioso, del que sólo podemos salir dando por supuesto una acumulación «originaria» anterior a la acumulación capitalista, una acumulación que no es fruto del régimen capitalista de producción, sino punto de partida de él.

Ni el dinero ni la mercancía son de por sí capital, como no lo son tampoco los medios de producción ni los artículos de consumo. Hay que convertirlos en capital. Y para ello han de concurrir una serie de circunstancias concretas, que pueden resumirse así: han de enfrentarse y entrar en contacto dos clases muy diversas de poseedores de mercancías; de una parte, los propietarios de dinero, medios de producción y artículos de consumo deseosos de explotar la suma de valor de su propiedad mediante la compra de fuerza ajena de trabajo; de otra parte, los obreros libres, vendedores de su propia fuerza de trabajo y, por tanto, de su trabajo. Obreros libres en el doble sentido de que no figuran directamente entre los medios de producción, como los esclavos, los siervos, etc., ni cuentan tampoco con medios de producción de su propiedad como el labrador que trabaja su propia tierra, etc.; libres y desheredados. Con esta polarización del mercado de mercancías se dan las condiciones fundamentales de la producción capitalista. Las relaciones capitalistas presuponen el divorcio entre los obreros y la propiedad de las condiciones de realización del trabajo. Cuando ya se mueve por sus propios pies, la producción capitalista no sólo mantiene este divorcio, sino que lo reproduce en una escala cada vez mayor.
Por tanto, el proceso que engendra el capitalismo sólo puede ser uno: el proceso de disociación entre el obrero y la propiedad de las condiciones de su trabajo, proceso que, de una parte, convierte en capital los medios sociales de vida y de producción, mientras que, de otra parte, convierte a los productores directos en obreros asalariados. La llamada acumulación originaria no es, pues, más que el proceso histórico de disociación entre el productor y los medios de producción. Se la llama «originaria» porque forma la prehistoria del capital y del modo capitalista de producción.
(...) en uno de sus aspectos, el movimiento histórico que convierte a los productores en obreros asalariados representa la liberación de la servidumbre y la coacción gremial, y este aspecto es el único que existe para nuestros historiadores burgueses. Pero, si enfocamos el otro aspecto, vemos que estos trabajadores recién emancipados sólo pueden convertirse en vendedores de sí mismos, una vez que se vean despojados de todos sus medios de producción y de todas las garantías de vida que las viejas instituciones feudales les aseguraban. Y esta expropiación queda inscrita en los anales de la historia con trazos indelebles de sangre y fuego.

Para comprender la marcha de este proceso, no hace falta remontarse muy atrás. Aunque los primeros indicios de producción capitalista se presentan ya, esporádicamente, en algunas ciudades del Mediterráneo durante los siglos XIV y XV, la era capitalista sólo data, en realidad, del siglo XVI. Allí donde surge el capitalismo hace ya mucho tiempo que se ha abolido la servidumbre y que el punto de esplendor de la Edad Media, la existencia de ciudades soberanas, ha declinado y palidecido.

En la historia de la acumulación originaria hacen época todas las transformaciones que sirven de punto de apoyo a la naciente clase capitalista, y sobre todo los momentos en que grandes masas de hombres son despojadas repentina y violentamente de sus medios de subsistencia y lanzadas al mercado de trabajo como proletarios libres y desheredados. Sirve de base a todo este proceso la expropiación que priva de su tierra al productor rural, al campesino. Su historia presenta una modalidad diversa en cada país, y en cada uno de ellos recorre las diferentes fases en distinta gradación y en épocas históricas diversas. Reviste su forma clásica sólo en Inglaterra, país que aquí tomamos, por tanto, como modelo.
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