El primer miércoles del mes era un día terrible. Así, con mayúsculas. Un día que había que esperar con temor, soportar con coraje y olvidar con prisa. Los pisos




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títuloEl primer miércoles del mes era un día terrible. Así, con mayúsculas. Un día que había que esperar con temor, soportar con coraje y olvidar con prisa. Los pisos
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Al señor Papaíto-Piernas-Largas


Muy señor mío:
Acabo de recibir una carta de la señora Lippett. Espera que me porte bien, en conducta y en el estudio. Como piensa que no tendré adónde ir este verano, me permitirá volver al asilo y trabajar por mi pensión hasta que las clases comiencen de nuevo.
ODIO EL ASILO JOHN GRIER

Preferiría morirme antes que volver allí.

Sinceramente Suya,

Jerusha Abbott
Cher (Querido) Papaíto Jambes-Longues (Piernas-Largas):
¡Vous etes (usted es) un amor!

Je suis tres hereuse (estoy muy feliz) por el asunto de la granja. Jamais de ma vie (nunca en mi vida) he estado en una granja y detestaría retourner chez (volver al asilo John Grier et (y) lavar los platos tout l´eté (todo el verano). Correría el riesgo de que sucediera quelque chose d'affreux (algo espantoso), parce que j´ai perdu ma modestie d'autrefois (porque he perdido mi modestia de antes) et j'aurais peur (y tendría miedo) de que un jour (algún día) se me volaran los pájaros e hiciera añicos rodas las tasas y platos de la maison (de la casa).

Pardon (perdón] por la brevedad y el papel. Je ne peux pas (no puedo) enviarle mes nouvelles (noticias mías) parce que je suis (porque estoy) en clase de francés at j'ai peur que monsieur le professeur (y tengo miedo de que el señor profesor) me vaya a llamar tout de suite (en seguida), ¡Así fue!

Au revoir (hasta la vista).

Je vous aíme beaucoup (lo quiero mucho).

Judy

30 de mayo
Querido Papaíto-Piernas-Largas:
¿Ha visto usted alguna vez el terreno y las instalaciones de la universidad? (Se trata de una pregunta meramente retórica y no tiene por qué preocuparlo.) En mayo esto es un verdadero paraíso. Los arbustos están en flor, los árboles, de un verde joven precioso, y hasta los viejos pinos parecen nuevos y frescos. El césped está salpicado de dientes de león amarillos y de chicas vestidas de celeste, blanco y rosa. Todo el mundo está jovial y despreocupado, ya que se acercan las vacaciones y, ante esa perspectiva, los exámenes no cuentan.

¿Verdad que es el estado de ánimo ideal? Y yo, Papaíto, soy la más feliz de todas estas chicas felices. Porque no estoy más en el asilo y porque no soy ni niñera ni dactilógrafa ni tenedora de libros (ésas son las cosas que habría debido ser... de no haber sido por usted).

Me arrepiento ahora de mis anteriores picardías.

Me arrepiento de haber sido impertinente con la señora Lippett.

Me arrepiento de haber llenado la azucarera con sal (alguna que otra rara vez).

Me arrepiento de haber hecho morisquetas a espaldas de los síndicos.

De ahora en adelante voy a ser buena y dulce y amable con todo el mundo, precisamente porque soy tan feliz. Y este verano voy a escribir, escribir y escribir, y así comenzará mi carrera de gran escritora. ¿Le parece que me coloco demasiado arriba para empezar? No se inquiete. Es que se me está desarrollando un carácter hermoso, que decae algo cuando hiela y hace frío, pero que renace cuando sale el sol.

Creo que eso mismo le sucede a todo el mundo. No estoy de acuerdo con la teoría de que la adversidad, las penas y las frustraciones desarrollen la fuerza moral de la gente. Por el contrario, creo que son las personas felices las que rebosan bondad. No tengo fe en los misántropos. (¡Hermosa palabra! La acabo de aprender.) ¿Verdad que no es usted un misántropo, Papaíto?

Empecé a describirle el parque del colegio y me desvié. ¡Pero cómo me gustaría que viniese a visitarme y me dejase guiarlo y mostrarle los edificios!

—Ahí está la biblioteca y aquélla es la usina de gas, Papaíto querido. El edificio gótico a la izquierda es el gimnasio, y el Tudor románico de al lado es la nueva enfermería.

Soy muy buena cicerone y he hecho ese papel toda mi vida, cuando le mostraba el asilo a las visitas. Y hoy me he pasado todo el día haciéndolo aquí, en el colegio. De veras, Papaíto. ¡Y con un hombre!

Fue una gran experiencia. En mi vida había hablado con ningún hombre excepto los síndicos, y ellos no cuentan. Perdóneme, Papaíto, no es mi intención ofenderlo cuando insulto a los síndicos. No creo que usted sea uno de ellos, sino diferente. Fue sólo por accidente que usted viniera a formar parte del Consejo de Síndicos. El verdadero síndico es gordo, pomposo y benevolente. Le acaricia a uno la cabeza y lleva reloj con cadena de oro.

Esto parece un escarabajo de verano, pero quiere ser un retrato de cualquier síndico menos usted.

Pero recapitulemos:

Hoy estuve paseando y tomando el té con un hombre. Y un hombre muy superior, a saber: con el señor Jervis Pendleton, de la casa de Julia; en realidad, su tío, ¡un individuo alto como usted! Como había venido a la ciudad por negocios, se le ocurrió visitar a la sobrina. Es el hermano menor del padre de Julia, pero no la trata mucho. Parece que le echó una mirada cuando ella nació, decidió que no le gustaba y desde entonces no la tuvo en cuenta para nada.

De todos modos, allí estaba, en la sala, muy correctamente vestido de sombrero, bastón y guantes. Y Julia y Sallie con clases de séptima hora a las que no podían faltar. De modo que Julia entró como una bala en mi cuarto a rogarme que le paseara al tío por el parque y se lo devolviese intacto al terminar la séptima hora. Por complacerla acepté, aunque sin ningún entusiasmo, ya que los Pendleton no me gustan nada.

Pero resultó ser un encanto de persona, un verdadero ser humano y para nada un Pendleton. Lo pasamos a las mil maravillas. Me dejó loca de ganas de tener un tío. ¿Le molestaría hacer de cuenta que es usted mi tío? Creo que son parientes superiores a las abuelas.

Y el señor Pendleton me hacía acordar de usted como era hace veinte años, Papaíto. Como verá, lo conozco íntimamente aunque nunca lo haya visto.

Jervis es alto y más bien flaco, de piel oscura, llena de arruguitas, y tiene la sonrisa más cómica que se pueda usted imaginar, de ésas que nunca aparecen en la superficie sino que se producen en plieguecitos desde la comisura de los labios. Y desde el primer momento la hace sentir a una como si la hubiese conocido de toda la vida. Es muy sociable.

Recorrimos todo el colegio, desde el vestíbulo hasta el campo de gimnasia. Por último me dijo que se sentía muy débil y tenía que tomar el té. Me propuso que fuéramos a la hostería, que queda a la salida del parque junto al camino de pinos. Le dije que debíamos volver a buscar a Julia y a Sallie, pero me contestó que no le gustaba que sus sobrinas tomaran mucho té porque las ponía nerviosas. De modo que nos escapamos y tomamos té con scones y mermelada, helado, torta, todo en una mesita preciosa en el balcón. La hostería por suerte estaba casi vacía, pues estamos a fin de mes y las mensualidades andan por el suelo.

¡Nos divertimos en grande! Pero en cuanto estuvimos de vuelta, Jervis se vio obligado a correr para alcanzar el tren y apenas si vio a la pobre Julia, que estaba furiosa conmigo por habérmelo llevado. Parece que se trata de un tío muy rico e importante. Sentí gran alivio al saber que era rico, ya que el té, con todos los aditamentos, había costado sesenta y cinco centavos por cabeza.

Esta mañana (lunes) llegaron por expreso tres cajas de bombones para Julia, Sallie y yo. ¿Qué le parece, Papaíto? ¡Que la pobrecita Jerusha Abbott reciba bombones de un caballero!

Me estoy empezando a sentir como una chica de verdad y no como una expósita. Me gustaría que un día de estos viniera a tomar el té, a ver si también usted me gusta. Aunque, si no llegara a gustarme, sería horrible. Pero estoy segura de que sí, que me va a gustar mucho.

¡Bueno! Mes compliments (saludos).

Jamais je t´oublierai (Jamás te olvidaré).

Judy



P. D. Al mirarme en el espejo esta mañana descubrí un hoyuelo nuevo que no había visto antes. Es muy curioso. ¿De dónde cree que habrá salido?

9 de junio

Querido Papaíto-Piernas-Largas:
¡Feliz día! Acabo de terminar mi último examen: fisiología, y ahora... ¡tres meses en una granja!

No sé qué es una granja, pues nunca estuve en ninguna. Y ni siquiera he visto cómo son, a no ser desde la ventanilla de un coche. Pero sé que me va a gustar y estoy segura de que me va a encantar ser... ¡libre!

Todavía no me acostumbré a estar fuera del asilo. En cuanto pienso en él, me corren viboritas de frío por la espalda y me siento como obligada a escapar a la carrera, mirando por sobre mi hombro para asegurarme de que la señora Lippett no me persigue, estirando el brazo para volverme a agarrar.

Este verano no tengo por qué hacerle caso a nadie, ¿verdad?

La autoridad nominal que tiene usted no me molesta en lo más mínimo. Está demasiado lejos para hacerme daño. En cuanto a la señora Lippett, es como si hubiera muerto para mí, mientras que los Semple, encargados de la granja, no tienen por qué ocuparse de mi bienestar moral, ¿no es así? No, estoy segura de que no. Ya soy adulta... ¡Hurra!

Lo dejo ahora, para hacer mi baúl y encajonar mis libros, almohadones, teteras y tazas... ¡La mar en coche!

Siempre suya, Judy

P. D. Aquí le mando mi examen de fisiología. ¿Le parece que habré aprobado?

Granja Los Sauces. Sábado por la noche

Acabo de llegar y todavía ni siquiera abrí mi baúl, casa es cuadrada como ésta:

¡Y vieja como de cien años! Al costado tiene un corredor que no sé dibujar y un porche precioso en el frente. El dibujo realmente no le hace justicia. Esas cosas que parecen plumeros son arces y los espinos que bordean el camino son murmurantes pinos y abetos. La casa está en la punta de una colina y desde allí se divisan kilómetros de verdes praderas y toda una hilera de lomas.

Éste es el aspecto que presenta Connecticut, formando una serie de ondas, y la granja Los Sauces está precisamente en la cresta de una.

Antes había graneros enfrente, cruzando el camino, pero como obstruían el paisaje, un bondadoso rayo bajó del cielo y los quemó por completo.

Los encargados son el señor y la señora Semple y hay además una sirvienta y dos peones. Los peones comen en la cocina y Judy con los Semple, en el comedor. Hoy hubo jamón y huevos, bollitos con miel, arrollado de mermelada, pastel, dulces y queso, todo rociado con té y mucha conversación. Nunca en mi vida había resultado yo tan divertida: todo lo que digo parece ser gracioso. Supongo que es porque jamás he estado en el campo y mis preguntas tienen por respaldo una total y absoluta ignorancia.

El cuarto marcado con una cruz no es donde se cometió el asesinato, sino el que ocupo yo. Es grande, cuadrado y está casi vacío, con muebles antiquísimos y ventanas de postigos verdes que hay que sostener con palos para que se mantengan abiertos. También hay una gran mesa de caoba, donde pienso pasar el verano escribiendo una importante novela.

¡Ay, Papaíto! Estoy excitadísima y no veo la hora de que sea mañana para salir a explorar. Son apenas las ocho y media de la noche y voy a apagar mi bujía y tratar de dormir. Nos levantamos a las cinco. ¿Ha oído nunca algo más divertido? No puedo creer que sea realmente Judy quien está viviendo estas experiencias. Usted y el buen Dios me dan más de lo que merezco. Tengo que ser muy, pero muy buena, para compensar todo esto. Pero lo seré. Ya verá que sí.

Buenas noches, Judy
P. D. Tendría que oír cómo cantan las ranas y cómo chillan los lechoncitos... ¡Y tendría que ver la luna nueva que acabo de mirar por encima de mi hombro!

Los Sauces, 12 de julio


Querido Papaíto-Piernas-Largas:
¿Cómo se enteró su secretario de la granja Los Sauces? No es una pregunta retórica... ¡Me muero por saberlo! Porque escuche lo que pasa: El señor Jervis Pendleton era el dueño de esta granja y ahora se la dio a la señora Semple, que fue su nodriza. Increíble la coincidencia, ¿verdad? La señora todavía lo llama "niño Jervie" y habla de lo dulce que era cuando chico. Tiene un rulo de cuando era bebé guardado en una caja y el ruliro es colorado, ¡palabra de honor! O por lo menos, rojizo.

Desde que la señora Semple descubrió que lo conozco, me he elevado mucho en su concepto, ya que conocer a un miembro de la familia Pendieron es la mejor presentación que se puede traer a Los Sauces. Y la flor y nata de la familia es el niño Jervie. Me alegra consignar que Julia pertenece a una rama inferior.

La granja se está poniendo cada vez más entretenida. Ayer anduve en una carreta de heno y me resultó divertidísimo. Tenemos tres cerdos y nueve lechoncitos. ¡Hay que verlos comer! Le aseguro que no podrían pasar por otra cosa que lo que son: ¡cerdos! Tenemos pollitos a mares, además de patos, pavos y pintadas. Debe de estar usted loco para vivir en la ciudad, pudiéndolo hacer en una granja.

Una de mis tareas cotidianas es juntar los huevos. Ayer me caí de una viga del granero mientras trataba de deslizarme hasta un nido del que se apropió la gallina negra. Y cuando volví a casa con un rasguño en la rodilla, la señora Semple me lo vendó con árnica, murmurando todo el tiempo:

—¡Dios mío, si parece sólo ayer cuando el niño Jervie se cayó de esa mismísima viga y se lastimó esta mismísima rodilla!

El paisaje que nos rodea es precioso. Hay un valle, un río y muchas colinas boscosas. Y lejos, a la distancia, una montaña azul altísima que dan ganas de comerla.

Dos veces por semana hacemos manteca y guardamos la crema para conservarla fresca en una casita de piedra bajo la cual corre un arroyo. Algunos granjeros de la vecindad tienen separadores, pero nosotros no creemos en esas novelerías. Puede que dé más trabajo separar la crema en cazuelas, pero la mejor calidad compensa la molestia. Tenemos seis terneros y les puse nombre a todos:

1. Silvia. Porque nació en el bosque.

2. Lesbia. Por la Lesbia de Cátulo.

3. Sallie.

4. Julia. Un animal manchado, estrambótico.


5. Judy. Por mí.

6. Papaíto-Piernas-Largas. ¿Verdad que no le importa, Papaíto? Es un Jersey puro y de lo más mansito. Ahí va su retrato, para que vea lo apropiado que es el nombre.

Todavía no tuve tiempo de empezar mi novela inmortal. La granja me tiene muy ocupada.

Siempre suya, Judy

P. D. 1: Aprendí a hacer buñuelos en forma de rosca.

P. D. 2: Si piensa criar pollos, permítame recomendarle los Orpington amarillos, pues no tienen plumas rudimentarias.

P. D. 3: ¡Ojalá pudiera mandarle un pan de la manteca fresquísima que hice ayer! Soy una lechera de primer orden.

P. D. 4: Ésta es la imagen de la señorita Jerusha Abbott, la futura gran escritora, llevando las vacas de vuelta al corral.



Domingo

Querido Papaíto-Piernas-Largas:
¡Fíjese usted qué gracioso! Empecé a escribirle ayer por la tarde y no había puesto más que el encabezamiento: Querido Papaíto-Piernas-Largas, cuando me acordé de que había prometido juntar moras para la cena, de modo que me fui, dejando la hoja de papel en la mesa. ¿Y qué cree que encontré en el medio de la página? ¡Pues un auténtico y verdadero "papaíto-piernas largas"! Aquí está:

Lo tomé muy suavemente de una pata y lo saqué por la ventana. Por nada del mundo le haría daño a uno de esos simpáticos bichos, puesto que siempre me van a hacer acordar de usted.

Esta mañana enganchamos el sulky y nos fuimos en él a la iglesia del pueblo. Es una preciosa iglesia de madera con flecha y tres columnas dóricas en el frente (o quizás eran jónicas: siempre las confundo).

Oímos un agradable y arrullador sermón y todo el mundo agitaba las pantallas de palmera, sin que se oyese otro sonido salvo la voz del pastor y el zumbido de las langostas afuera, en los árboles... Cuando me desperté, me encontré parada cantando el himno del día y entonces me arrepentí muchísimo de no haber escuchado el sermón, ya que quisiera saber más de la psicología de un hombre que puede escoger el siguiente himno:

Venid, dejad vuestros juegos y placeres mortales Uníos a mí en los goces celestiales Si no, adiós, querido amigo... Verte espero Cuando te hundas en el infierno.

No conviene discutir con los Semple sobre religión. Su Dios, heredado directamente de sus remotos antepasados puritanos, es una persona de mente estrecha, irracional e injusta, mezquina, vengativa y fanática.

Gracias al cielo que yo no heredé el mío de nadie. Tengo libertad para formar mi Dios como a mí me gusta. Mi Dios es bondadoso y comprensivo, imaginativo, indulgente y piadoso... Y tiene sentido del humor.

Los Semple me gustan muchísimo y su práctica es muy superior a su teoría. Son mejores que su propio Dios-; Se lo dije y se afligieron mucho. Ellos creen que yo blasfemo y yo creo que blasfeman ellos. De modo que hemos decidido suprimir la teología de nuestras conversaciones.

Ahora es la tarde del domingo.

Amasai (el peón), de corbata violeta, guantes amarillo fuerte, muy colorado de cara y recién afeitado, acaba de marcharse con Carrie (la sirvienta), ataviada de muselina celeste y gran sombrero adornado con rosas rojas y el pelo a todo enrular. Amasai se pasó la mañana lavando el sulky y Carrie no fue a la iglesia, supuestamente para hacer la comida, pero en realidad para plancharse el vestido de muselina.

De aquí en dos minutos, en cuanto haya terminado esta carta, me instalaré a leer un libro que encontré en el altillo. Se titula Siguiendo el rastro y en la primera página, garabateado con letra de chico, se lee:

Jervis Pendleton:

Si este libro se perdiera,

Como puede suceder... etc., etc., etc.

Una vez, cuando tenía once años, pasó aquí el verano después de una enfermedad y se dejó olvidado este libro. Parece haberlo leído muchas veces, ya que tiene todavía las marcas de sus manitas sucias. En un rincón del altillo hay también un molinito de agua y algunos arcos y flechas. La señora Semple habla tanto de él que he empezado a creer que realmente vive, no como un hombre hecho y derecho de sombrero alto y bastón, sino como un adorable muchachito sucio y despeinado que trepa las escaleras con gran escándalo, siempre deja las puertas abiertas y se pasa el día pidiendo galletitas (y consiguiéndolas, por lo que voy conociendo de la señora Semple). Parece que de chico fue aventurero, valiente y muy honesto; siempre decía la verdad. La pena es que le haya tocado ser un Pendleton. Realmente, se merecía un destino mejor.

Mañana empezamos a trillar la avena y esperamos que llegue una máquina de vapor y tres peones más.

Me apena mucho tener que comunicarle que Mantequita (la vaca manchada, madre de Lesbia) ha cometido un acto vergonzoso: el viernes por la tarde se metió en la huerta y se comió tantas manzanas, pero tantas, tantas, que se le subieron a la cabeza y... ¡hace dos días que está completamente borracha! Le aseguro que le estoy diciendo la purísima verdad. ¿Ha oído usted nunca nada más escandaloso?
Señor, quedo de usted,

su afectísima huérfana,

Judy Abbott

P. D. Indios en el primer capítulo y asaltantes de caminos en el segundo. No puedo respirar de miedo de lo que va a pasar en el tercero. Halcón Rojo da un salto de seis metros en el aire y muerde el polvo. Éste es el tema de la tapa. ¿No cree que Judy y Jervis se están divirtiendo mucho?

15 de septiembre
Querido Papaíto:

Ayer, en el almacén de ramos generales del pueblo, me pusieron en la balanza de la harina y me pesaron. ¡Aumenté cuatro kilos y medio! Permítame que le recomiende Los Sauces para una cura de salud.
Siempre suya,

Judy

Querido Papaíto-Piernas-Largas:
Míreme bien: ¡pasé a segundo año! Regresé al colegio el viernes pasado, lamentando dejar Los Sauces pero contenta de volver a la universidad. Es una linda sensación regresar a un lugar conocido. Empiezo a sentirme en el colegio como en mi casa. A decir verdad, me siento como en mi casa en el mundo, como si realmente tuviera en él mi lugar y no como si me hubiera colado de limosna.

Me imagino que no tendrá usted la menor idea de lo que quiero decirle. Una persona importante como para ser síndico no puede valorar los sentimientos de alguien tan insignificante como una expósita.

Y ahora, Papaíto, escuche esto: ¿Con quién cree usted que comparto este año mis habitaciones? Pues con Sallie McBride y Julia Rutledge Pendleton. ¡Palabra de honor! Tenemos un escritorio y tres dormitorios. ¡Voilá! (helos aquí).

La primavera pasada Sallie y yo decidimos que nos gustaría compartir nuestro cuarto y Julia decidió no separarse de Sallie. ¿Por qué? No tengo la más remota idea, puesto que no se parecen en nada. Sólo que los Pendleton son por naturaleza conservadores y enemigos de los cambios. Sea como fuere, lo cierto es que aquí estamos las tres. Piense usted en Jerusha Abbott, hasta no hace mucho del asilo John Grier para huérfanos, compartiendo habitaciones con una Pendleton. ¡No cabe duda que vivimos en un país democrático!

Sallie es candidata a la presidencia de la clase y, según todos los indicios, será elegida. Vivimos en un ambiente de intriga imponente. Somos políticos refinados... Déjeme advertirle, Papaíto, que cuando las mujeres logremos obtener nuestros derechos, ustedes, los hombres, van a tener que cuidarse mucho para conservar los suyos.

Las elecciones son el domingo y vamos a hacer una procesión de antorchas, gane quien gane.

Estoy empezando a estudiar química, una materia curiosísima. Nunca he visto ni oído nada igual. Los materiales empleados son átomos y moléculas y sólo el mes próximo estaré en condiciones de discutirlos con usted.

También voy a estudiar lógica e historia de todo el mundo, además de las obras de William Shakespeare y francés.

Si esto sigue así, dentro de unos años seré realmente una persona bien informada.

Me hubiera gustado elegir economía antes que francés. Pero no me animé por miedo a que el profesor no me aprobase a menos que eligiera de nuevo su materia, pues en el examen de junio aprobé raspando. Debo decir que no fue gran cosa la base que traía de la escuela secundaria.

En la clase hay una chica que parlotea en francés tan rápido como en inglés. Cuando era chica viajó a Europa con sus padres y pasó tres años en un convento de señoritas en Francia. No se imagina lo bien que está, comparada con las demás. Los verbos irregulares son un juguete para ella. Ojalá mis padres me hubieran arrojado en un convento francés en lugar de un asilo de huérfanos... ¡Oh, no! ¡Ahora me acuerdo! De ser así, nunca lo habría conocido a usted, y prefiero conocerlo a usted antes que el francés.

Adiós, Papaíto. Ahora tengo que visitar a Harriet Martin y, luego de discutir las cuestiones de química, dejaremos caer unas palabras relativas a nuestra próxima presidenta.

Políticamente suya,

Judy

7 de octubre

Querido Papaíto-Piernas-Largas:
Suponiendo que la pileta de natación estuviera llena de jalea de limón, ¿podría una persona sostenerse a flote tratando de nadar, o se hundiría sin remedio?

La cuestión se suscitó anoche mientras comíamos jalea de limón de postre. Lo discutimos acaloradamente durante media hora y el problema está aún sin resolver. Sallie cree que ella podría nadar, pero yo estoy convencida de que hasta el mejor nadador del mundo se hundiría. ¿No sería gracioso ahogarse en jalea de limón?

Hay dos problemas más que ocupan la atención de nuestra mesa:

1o. ¿Qué forma tienen los cuartos en una casa octogonal? Algunas chicas insisten en que serían cuadrados, pero yo creo que deberían tener la forma de un trozo de pastel. ¿A usted qué le parece?

2o. Dada una gran esfera hueca, hecha por dentro con espejos, y una persona sentada en su centro, ¿en qué punto cesaría de reflejar los pies y empezaría a reflejar la espalda? Cuanto más se piensa en este problema, más desconcertante se vuelve. Ya ve usted cuan profundos son los problemas metafísicos con que llenamos nuestros momentos de ocio.

¿Le conté de las elecciones? Se llevaron a cabo hace tres semanas, pero aquí vivimos tan rápido que tres semanas son ya historia antigua. Resultó elegida Sallie y en la procesión de antorchas llevábamos letreros transparentes que decían ¡McBride para siempre!



La banda se componía de catorce instrumentos (tres armónicas y once peines).

Esto nos da a las habitantes del 258 una gran importancia, pues a Julia y a mí nos toca de rebote buena parte de la gloria y es un verdadero alarde de vida social compartir el cuarto con una presidenta.
Bonne nuit, cher Papaíto

(Buenas noches, querido)

Acceptez mes compliments

(Acepte usted mis saludos)

Tres respectueux

(Muy respetuosos)

Votre (Suya),

Judy

12 de noviembre

Querido Papaíto-Piernas-Largas:
Ayer les ganamos en básquet a las de primer año. Estamos contentas, por supuesto, pero... ¡si pudiéramos ganarles a las de tercero! ¡Estaría dispuesta a cubrirme el cuerpo de moretones y quedarme en cama una semana envuelta en compresas de hamamelis, con tal de vencerlas!

Sallie me invitó a pasar con ella las vacaciones de Navidad. Su familia vive en Massachusetts. ¿Verdad que fue muy amable de su parte? Me encantará ir. Nunca estuve en una casa particular, si se exceptúa Los Sauces. Pero los Semple son viejos y no cuentan. La casa de los McBride está llena de chicos (por lo menos dos o tres) y hay una madre y un padre y una abuela y un gato de Angora... Es una familia completísima. Hacer el baúl y marcharse es mucho más divertido que quedar rezagada en el colegio. Estoy llena de emoción ante la perspectiva.

Están dando la séptima hora... Tengo que correr a los ensayos. Tomo parte en la función teatral del Día de Gracias. Represento a un príncipe encerrado en una torre, que lleva túnica y tiene pelo rubio rizado. Nos vamos a divertir como locas, ¿no le parece?

Suya,

J.A.

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