El primer miércoles del mes era un día terrible. Así, con mayúsculas. Un día que había que esperar con temor, soportar con coraje y olvidar con prisa. Los pisos




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títuloEl primer miércoles del mes era un día terrible. Así, con mayúsculas. Un día que había que esperar con temor, soportar con coraje y olvidar con prisa. Los pisos
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Sábado



¿Quiere saber cómo soy? Le mando una foto que nos sacó Leonora Fenton a las tres.

La rubia que se está riendo es Sallie, la alta con la nariz al aire es Julia, y la pequeñita con el pelo en la cara es Judy. En realidad es más linda de lo que muestra la foto, pero el sol le daba en los ojos.

Puerta de Piedra,Worcester, Mass.

31 de diciembre

Querido Papaíto-Piernas-Largas:
Tenía toda la intención de escribirle antes a fin de agradecerle su cheque de Navidad, pero la vida en casa de los McBride es muy absorbente y nunca puedo encontrar dos minutos seguidos para sentarme a un escritorio.

Me compré un vestido nuevo. No lo necesitaba, sólo lo deseaba. Mi regalo de Navidad es este año de Papaíto-Pierna-Largas. Mi familia se limitó a mandarme cariños.

Mis vacaciones en lo de Sallie van resultando divinas. Vive en una casa grande, antigua, de ladrillos rojos y adornos blancos, retirada de la calle. Exactamente como las casas que solía mirar con tanta curiosidad cuando estaba en el asilo, preguntándome cómo serían por dentro. ¡Ni soñando pensé alguna vez que las vería con mis propios ojos! Sin embargo, aquí estoy. Todo es cómodo, tranquilo y hogareño.

Me paso horas caminando de cuarto en cuarto y deleitándome con los muebles. Para criar chicos es la casa más perfecta que se puede pedir, llena de rinconcitos oscuros para jugar a las escondidas y magníficas chimeneas para tostar maíz, además de un altillo precioso para jugar los días de lluvia y barandas resbalosas con una cómoda perilla chata al final. Y no hablemos de la enorme cocina soleada y de la simpatiquísima cocinera gorda, que está en la casa desde hace trece años y siempre guarda un poco de masa para que los chicos pongan al horno. La sola vista de semejante casa le hace a uno desear volverse chico de nuevo. En cuanto a la familia, nunca creí que fueran tan agradables. Sallie tiene padre, madre y abuela; una deliciosa hermanita de tres años llena de rulos, un hermano que siempre se olvida de limpiarse los pies en el felpudo, además de un hermano mayor, muy buen mozo, que se llama Jimmie y es júnior en la universidad de Princeton. En la mesa nos divertimos como locos. Todo el mundo habla y ríe y bromea al mismo tiempo y no tenemos que dar las gracias antes de empezar. Es un alivio no tener que agradecer a Alguien cada bocado que uno come. (Es probable que esté blasfemando, pero usted también lo haría si hubiera tenido que dar tantas gracias obligatorias como he dado yo en mi vida.) Hemos hecho tantas cosas que no sé por dónde empezar. El señor McBride es dueño de una fábrica y para Nochebuena hicimos un árbol de Navidad para los chicos de los empleados. Lo pusimos en el cuarto de empaque, todo decorado con siemprevivas y ramas de muérdago. Jimmie McBride se vistió de Santa Claus y Sallie y yo lo ayudamos a distribuir los regalos.

Dios mío, Papaíto, le juro que me sentía como un bienhechor síndico del asilo John Grier. ¡Qué sensación más curiosa! Besé, eso sí, a un chiquilín pegajoso, ¡pero puedo asegurarle que no acaricié a ninguno en la cabeza!

Y dos días después de Navidad, ¡dieron un baile en mi honor!

Fue mi primer baile de verdad, ya que los del colegio no cuentan, pues sólo bailamos entre chicas. Me estrené un precioso vestido blanco (su regalo de Navidad, muchísimas gracias), guantes largos de cabritilla y zapatos de raso blanco. La única nubecita para que mi felicidad fuera perfecta fue que no pudiese verme la señora Lippett dirigiendo el cotillón con Jimmie McBride. Hágame el favor de decírselo usted la próxima vez que visite el asilo John Grier.

Siempre suya,

Judy Abbott
P. D. Papaíto, ¿le disgustaría mucho si en lugar de ser una Gran Escritora me volviera simplemente una Chica Como Cualquiera?

Sábado, 6:30


Querido Papaíto:
Hoy salimos a pie rumbo a la ciudad, pero ¡Dios de mi vida! ¡Qué manera de llover! Me gusta el invierno verdadero, con nieve, no con lluvia.

El importante tío de Julia nos visitó de nuevo esta tarde y nos trajo una caja de dos kilos de bombones de chocolate. Como se dará cuenta, compartir el cuarto con Julia tiene sus ventajas.

Nuestra cháchara insustancial pareció divertirlo, ya que decidió tomar un tren más tarde del que había proyectado, sólo para compartir el té con nosotras en nuestro cuarto de estudio. Nos costó un triunfo conseguir el permiso. Ya resulta bien difícil recibir a padres y abuelos, pero los tíos ofrecen un grado mayor de dificultad; en cuanto a los hermanos y primos, son casi imposibles. Julia tuvo que jurar ante escribano público que Jervis era su tío y debió obtener un certificado firmado por un empleado municipal, (i Vio cuánto sé de leyes?) Aun así, dudo mucho que habríamos podido celebrar nuestro té si el decano hubiese visto lo joven y buen mozo que es el tío Jervis.

Sea como fuere, lo cierto es que tomamos el té con sandwiches de pan negro y queso. Jervis ayudó a hacerlos y luego se comió cuatro. Le conté que había pasado el verano en Los Sauces y nos dimos un banquete con chismes y noticias de los Semple, los caballos, las vacas y las gallinas. Todos los caballos que él conocía ya han muerto. Todos menos Grover, que era un potrillo cuando él estuvo allí por última


vez y ahora está tan viejo que apenas si puede pastorear rengueando por la pradera.

Jervis quiso saber si todavía guardan las rosquitas en un jarro de cerámica amarilla tapado con un plato azul en el estante bajo de la despensa... ¡Y así es! Preguntó también si seguía habiendo una cueva de marmotas bajo el montón de rocas de la pradera nocturna... ¡Y la hay! este verano Amasai cazó una gris, bien gorda, la quincuagésima tataranieta de la que el niño Jervie había cazado cuando era chico...

Lo llamé niño Jervie en sus narices y no pareció importarle. Según Julia, nunca en su vida ha estado tan amable, ya que suele ser bastante inaccesible. Lo que pasa es que a Julia le falta tacto y me estoy dando cuenta de que con los hombres es indispensable tenerlo, y mucho. Si se los acaricia en la dirección correcta, ronronean como gatitos, pero escupen si se los frota a contrapelo. (Ésta no es una metáfora muy elegante que digamos, pero comprenda usted que la empleo en sentido figurado.)

Estamos leyendo el Diario de María Bashkirsteff. ¿No le parece extraordinario? Escuche esto: "Anoche tuve un ataque de desesperación que se manifestó en gemidos y que finalmente me impulsó a arrojar el reloj del comedor al mar..."

Esto casi me hace alegrar de no ser un genio; deben ser individuos muy cansadores para tenerlos cerca... y muy destructores del mobiliario.

¡Cómo llueve, Dios mío! Esta tarde tendremos que ir a la capilla nadando.

Siempre suya,

Judy

20 de enero

Querido Papaíto-Piernas Largas:
¿Alguna vez tuvieron en el asilo a alguna niñita robada de la cuna en su tierna infancia?

Tal vez esa niñita sea yo... Si yo fuera un personaje de novela, sería un buen desenlace.

Resulta en verdad rarísimo no saber quién es uno. Emocionante y romántico. Puede que no sea americana, ¡hay tantos que no lo son! Puede que descienda en línea recta de los antiguos romanos, o que sea la hija de un vikingo, o de un exiliado ruso y que me correspondiese estar en una prisión de Siberia... O podría ser también una gitana. Pienso que tal vez lo sea, ya que tengo un temperamento bastante nómade, aunque hasta ahora no se me hayan presentado muchas ocasiones de desarrollarlo. Me pregunto, Papaíto, si se ha enterado usted de aquella página escandalosa de mi foja. Aquella vez que me escapé del asilo porque me castigaron por robar galletitas. Ahí figura toda la historia en los libros y cualquier síndico puede leerla. Pero realmente, Papaíto, ¿qué diablos pretendían? Cuando se pone a una chiquilla de nueve años —¡hambrienta!— a fregar cuchillos junto a un tarro de galletitas y se la deja sola y luego se regresa de repente, ¿no es de suponer que estará toda llena de miguitas? Y cuando se la agarra de un brazo y se le pega en los oídos y se la obliga a levantarse de la mesa cuando sirven el postre y se les dice a los demás chicos que es porque ella es una ladrona... Bueno, ¿no esperaría usted que la chica ésa se escapara?

No corrí más de unos ocho kilómetros. Me agarraron y me trajeron de vuelta y después todos los días, durante una semana, me ataban como a un gatito travieso mientras los otros chicos jugaban en el recreo.

¡Dios mío! Ahí suena la campana de la capilla. ¡Y yo que deseaba escribirle una carta bien entretenida!... Después de la capilla tengo una reunión de comité, de modo que...

Auf wiedersehen (adiós). Cher (querido) Papaíto. Pax tibi (la paz sea contigo).

Judy

P. D. Hay algo de lo que estoy bien segura: no soy china.

4 de febrero

Querido Papaíto-Piernas-Largas:
Jimmie McBride me envió una bandera de su colegio, grande como nuestro estudio. Le agradezco que haya pensado en mí, pero no sé qué hacer con ella. Sallie y Julia no quieren saber nada de que la ponga en la pared, porque este año nuestro cuarto está decorado en rojo y se puede imaginar el efecto que haría añadirle naranja y negro. Pero me da mucha lástima no aprovecharla, ya que es de una lana suave y abrigadita.

¿Le parecería muy impropio si me hiciera hacer con ella una salida de baño? La que tenía encogió al lavarla.

Últimamente estoy omitiendo detallarle lo que estudio y, aunque no parezca a juzgar por mis cartas, el estudio ocupa mi mente con exclusión de casi todo lo demás. Es muy desconcertante esto de aprender cinco materias a la vez.

"La verdadera prueba de la erudición —nos dice el profesor de química— es la minuciosa pasión por los detalles."

"Tengan cuidado —dice el profesor de historia— de no aferrarse a los detalles. Manténganse a distancia a fin de obtener una amplia perspectiva del conjunto."


Puede usted observar con qué sutileza debemos obrar para mantenernos bien en historia y química... Por mi parte, prefiero el método histórico. Si digo que Guillermo el Conquistador vino en 1492 y que Colón descubrió América en 1066 o 1100 o cuando fuera, se trataría de un simple detalle que el profesor toleraría. Eso le da a uno un sentido de seguridad y reposo en las clases de historia que falta por completo en las de química.

¡Sexta hora! Tengo que ir al laboratorio e investigar un asuntito de ácidos, sales y álcalis. Me quemé el delantal de química con ácido clorhídrico.

Si la teoría fuera exacta, debería poder neutralizar el agujero con una solución fuerte de amoníaco, ¿verdad?

El examen es la semana que viene, pero ¿quién dijo miedo?

Siempre suya,

Judy

5 de marzo

Querido Papaíto-Piernas-Largas:
Sopla un viento típico de marzo y el cielo está cubierto de espesos nubarrones. En los pinos, los cuervos meten un barullo imponente. Es un ruido que excita y embriaga un poco y atrae a una como si la llamaran. Dan ganas de cerrar los libros y marcharse a las colinas a correr carreras con el viento.

El sábado pasado hicimos una falsa cacería del zorro a campo traviesa, en una extensión de ocho kilómetros. El "zorro" estaba compuesto por tres chicas y el rastro era un kilo de papel picado. Ellas partieron una hora antes que los veintisiete cazadores, entre los cuales me encontraba. Ocho fueron quedando en el camino, de modo que terminamos diecinueve.

Todo anduvo muy bien mientras seguimos el rastro a través de una colina, un campo de maíz e incluso un pantano, en el cual tuvimos que hundirnos hasta los tobillos. Perdimos el rastro varias veces y nos demoramos unos veinticinco minutos en ese bendito pantano. Por último, después de otra colina y de algunos bosques, llegamos a la ventana de un granero. La puerta estaba cerrada con llave y la ventana era alta y bastante chica... No me parece que esa parte del juego fuera muy limpia, ¿y a usted? Pero no nos molestamos en trepar, sino que rodeamos el granero y volvimos a encontrar el rastro que salía del techo de un cobertizo. El zorro había creído despistarnos con eso, pero lo embromamos recorriendo luego las dos millas de praderas, donde el rastro se hizo difícil, ya que empezaba a escasear el papel picado. La regla del juego es que no debe distanciarse más de dos metros, pero éstos fueron los metros más largos que vi en mi vida. Por fin, después de trotar más de dos horas, fuimos a parar a la cocina de la granja Manantial de Cristal (la granja donde las chicas del colegio suelen ir en carro o en trineo a comer pollo y barquillos de postre) y allí encontramos a Monsieur El Zorro atracándose de leche y bollitos con miel... Ninguno de los tres zorros creyó que llegaríamos tan lejos, pues esperaban que nos quedáramos plantadas en aquella ventana del granero.

Los dos bandos discutimos a muerte, cada uno seguro de haber ganado. Yo creo que la victoria fue nuestra, ya que los cazamos antes de que volvieran al colegio. Sea como fuere, las diecinueve nos posamos en los muebles como langostas, pidiendo a gritos de comer. No alcanzaba la miel para tantas chicas, pero la señora Manantial de Cristal (la llamamos así, aunque en realidad se llama Johnson) trajo un tarro de dulce de frutillas y otro de jarabe de arce y tres enormes panes negros.

Hasta las seis y media no estuvimos de vuelta en el colegio, con media hora de retraso para la comida. Por lo tanto, nos sentamos en seguida a la mesa sin cambiarnos y con nuestro apetito intacto. Después faltamos todas al servicio religioso de la noche, ya que el estado barroso de nuestras botas nos servía de inmejorable justificativo.

Nunca le conté nada de los exámenes, Papaíto. Aprobé todos con la mayor facilidad. Ahora conozco el secreto y ya no volverán a aplazarme nunca. Sin embargo, no podré recibirme con honores, a causa de esos odiosos latín y geometría de primer año. Pero no me importa nada... ¡Basta la salud! Como verá, estoy leyendo los "clásicos".

Y hablando de clásicos, me imagino que habrá leído usted Hamlet, ¿no? Si así no fuera, póngase inmediatamente a leerlo. ¡Es sensacional! Toda mi vida había oído hablar de Shakespeare, pero nunca me imaginé que escribiera así. Sospechaba que se dejaba estar, confiado en su fama.

Desde que empecé a leer en serio, inventé un juego. Todas las noches me duermo haciendo como que soy el personaje (el personaje principal, por supuesto) del libro que estoy leyendo.

Por el momento soy Ofelia, ¡y una Ofelia tan sensata!... Todo el tiempo mimo y regaño a Hamlet. Y lo divierto, y hago que se abrigue para que no tome frío... ¡Lo he curado completamente de su melancolía! El rey y la reina han muerto —en un oportuno naufragio—, de modo que ni siquiera hizo falta enterrarlos, y Hamlet y yo reinamos en Dinamarca sin ningún problema. El reino marcha a las mil maravillas. Él se ocupa del gobierno y yo de la beneficencia. He fundado varios asilos de huérfanos de primerísimo orden. Si usted o alguno de los otros síndicos desea visitarlos, encantada le haré de cicerone. Creo que encontrarían ustedes muchas sugerencias útiles.

Suya, muy graciosamente,

Ofelia, Reina de Dinamarca.

25 de marzo. Puede ser también el 24

Querido Papaíto-Piernas-Largas:
No creo que pueda irme al cielo cuando me muera. Estoy consiguiendo tantas pero tantas cosas buenas aquí en la tierra, que no sería justo que las obtuviera de nuevo en el más allá. Escuche todo lo que me pasó:

Jerusha Abbott ganó el premio de cuento corto (veinticinco dólares) que la revista mensual acuerda todos los años. ¡Y se trata de una alumna de apenas segundo año! Las competidoras son en su mayoría chicas de los últimos años. No podía convencerme cuando vi mi nombre en el boletín. ¡Quizá llegue a ser escritora, después de todo! Ojalá la señora Lippett me hubiera puesto otro nombre menos tonto. El mío suena a literatura barata, ¿no le parece?

Además, he sido elegida para la representación teatral de primavera. Daremos Como gustéis, de Shakespeare. Y la función será al aire libre. Mi papel es el de Clelia, la prima de Rosalinda, la heroína.

Por último, Julia, Sallie y yo nos vamos el viernes a Nueva York a hacer compras para la primavera. Nos quedaremos toda la noche y al día siguiente iremos al teatro con el niño Jervie, que nos invitó. Julia se va a quedar en su casa con su familia, pero Sallie y yo nos alojaremos en el hotel Marta Washington. ¿Ha oído usted nada más emocionante? En mi vida he visto un hotel. Tampoco un teatro, excepto una vez que la Iglesia dio un festival y nos invitó a los huérfanos. Pero no era teatro verdadero y no se cuenta.

¿Y qué obra cree usted que veremos? ¡Pues nada menos que Hamletl La hemos estudiado durante cuatro semanas en la clase de literatura y lo sé de memoria.

Estoy tan excitada con estos proyectos que apenas si puedo dormir.

¡Adiós, Papaíto!

Este mundo es realmente muy divertido.

Siempre suya,

Judy

P. D. Acabo de mirar el almanaque. Resulta que es 28.

Otra posdata: Hoy vi a un chofer de ómnibus que tenía un ojo marrón y otro azul. ¿No le parece que sería un magnífico villano para una novela policial?

7 de abril

Querido Papaíto-Piernas-Largas:
¡Dios de mi vida, qué grande es Nueva York! No puedo convencerme de que viva usted en medio de ese loquero. Creo que me llevará varios meses recuperarme de sólo dos días que pasé en esa ciudad. No sé cómo empezar a contarle todas las cosas maravillosas que he visto. Además, me imagino que usted ya las sabe, puesto que vive allí.

Pero ¿no es verdad que las calles son muy entretenidas? ¿Y la gente? ¿Y los comercios? Nunca vi cosas tan preciosas como las que se exhiben allí en las vidrieras. Una desea casi dedicar el resto de su vida a los trapos.

El sábado por la mañana, Sallie, Julia y yo salimos de compras. Julia entró en el sitio más suntuoso que he visto jamás: las paredes blanco y oro, alfombras azules, lo mismo que los cortinados de seda, y sillas doradas. Salió a recibirnos una señora divina, de pelo rubio y elegantísimo traje de seda negro. Yo creí que estábamos de visita y quise darle la mano, pero parece que sólo estábamos comprando sombreros. Al menos, eso es lo que hacía Julia, que se sentó ante un enorme espejo y se probó como una docena, a cual más lindo, hasta que por fin eligió los dos más bonitos de todos.

No puedo concebir mayor placer que sentarse frente a un espejo y comprar cualquier sombrero que se elija sin tener que fijarse antes en el precio. No cabe duda, Papaíto: ¡Nueva York destruiría con toda rapidez el espíritu estoico que el asilo John Grier fue edificando con tanta paciencia!

Cuando terminamos las compras, nos encontramos con el niño Jervie en Sherry. Es el restaurante más lujoso de la ciudad... Bueno, seguro que usted lo conoce. Ahora, imagíneselo y después imagine el comedor del asilo John Grier, con sus mesas cubiertas de hule y sus tazas de loza gruesa, de ésa que no se puede romper ni a propósito, y tenedores y cuchillos con cabo de madera... ¡Sólo entonces sabrá cómo me sentía yo en Sherry!

Me equivoqué de tenedor cuando comimos pescado, pero el mozo me lo cambió amablemente y nadie se dio cuenta.

Después del almuerzo fuimos al teatro. ¡Fue deslumbrante, maravilloso, increíble! Sueño con eso todas las noches.

¿Verdad que Shakespeare es estupendo? Hamlet es incluso más magnífico en escena que cuando lo analizamos en clase. Bien sabe usted que yo lo valoraba como se merece, pero ahora... ¡Dios mío, no tengo palabras!

Creo que, si no tiene usted inconveniente, seré actriz más bien que escritora. ¿No le gustaría que dejara el colegio y entrara en una escuela de arte dramático? Así, cuando sea una gran actriz, le enviaré un palco para todas mis funciones y le sonreiré por detrás de las candilejas. Sólo que deberá ponerse una rosa roja en el ojal, para que pueda sonreír al hombre que corresponda. ¿No sería espantoso que me pusiera a sonreírle a cualquiera?

Durante el regreso al colegio, el sábado por la noche, comimos en el tren, en mesitas iluminadas por lamparitas rosadas y servidas por mozos negros. Yo no sabía que se servían comidas en los trenes y, sin pensarlo, lo dije en voz alta.

—¿Pero dónde te han educado? —me dijo Julia.

—En una aldea —le contesté con toda dulzura.

—¿Y nunca viajaste? —insistió mi amiga.

—Hasta que no vine a la universidad, nunca. Y en esa ocasión fue un viaje corto y no hicimos ninguna comida —le expliqué.

Se está tomando mucho interés por mí porque, según ella, digo cosas muy extrañas y divertidas. Yo me empeño en no decirlas, pero se me escapan cuando estoy sorprendida, y lo estoy la mayoría del tiempo. Es una experiencia vertiginosa, Papaíto, pasar diecisiete años en el asilo John Grier y luego... ¡de repente!... ser lanzada al mundo.

Sin embargo, me voy aclimatando. Mis errores son ahora menos garrafales y ya no me siento incómoda con las otras chicas. Antes me estremecía cuando alguien me miraba, porque me parecía que, a través de mi ropa nueva, se me veían por debajo los delantales de percal. Ahora ya ni me acuerdo del algodón a cuadritos... "¡Bastan para ayer los males del día!", como dice la Biblia.

Me olvidaba contarle de las flores que recibimos. El niño Jervie nos mandó a cada una un gran ramo de violetas y lirios del valle. ¿No le parece muy amable de su parte? Estoy cambiando de parecer con respecto a los hombres. Antes no me gustaban nada, porque los juzgaba a través de los síndicos.

¡Cuatro páginas! Valor, ya termino.

Siempre suya,

Judy

10 de abril

Señor Hombre Rico:

Aquí le envío su cheque de cincuenta dólares. Se lo agradezco mucho, pero no creo que deba aceptarlo. Mi mensualidad es suficiente para comprarme todos los sombreros que necesito. Siento haberle escrito todas esas pavadas sobre la sombrerería; sólo fue porque en mi vida había visto nada igual.

Eso no significa que estuviera mendigando. Y preferiría no aceptar más caridad que la absolutamente indispensable.

Sinceramente suya,

Jerusha Abbott

11 de abril

Queridísimo Papaíto:

¿Quiere perdonarme por la carta que le escribí ayer? Me arrepentí en seguida de haberla echado al buzón y traté de recuperarla, pero el odioso del empleado de correos se negó a devolvérmela.

Ahora es medianoche y hace horas que estoy despierta pensando en el gusano que soy, ¡un gusano horrible de mil patas!, y no puedo pensar en nada peor. Cerré la puerta muy despacito para no despertar a Julia y a Sallie y le estoy escribiendo sentada en la cama, en papel arrancado de mi cuaderno de historia.

Quería decirle únicamente que siento haber sido tan descortés con respecto a su cheque. Sé que su intención fue amable y creo que es usted muy bueno en haberse molestado por una cosa tan insignificante como un sombrero. Debí devolverle ese cheque con más amabilidad.

Eso sí, tenía que devolvérselo. Debe usted comprender que mi caso es muy diferente del de las otras chicas. Ellas pueden aceptar dádivas de los demás, ya que tienen padres, hermanos, tíos... pero yo no estoy con nadie en una relación de esa clase. Me gusta imaginarme que usted es mi tío y que le pertenezco, pero es sólo un juego y yo sé muy bien que no hay tal tío. En realidad, estoy sola —de espaldas a la pared para luchar con el mundo— y, cuando lo pienso, pierdo un poco el aliento. A veces trato de olvidarme de esa idea y seguir fingiendo, pero ¿no se da cuenta, Papaíto? No puedo aceptar más dinero del necesario porque algún día voy a querer devolverlo, y ni aunque llegue a ser una escritora muy famosa podré hacer frente a una deuda tan tremenda.

Me encantan los sombreros bonitos y demás frivolidades, pero no puedo hipotecar mi futuro para pagarlos.

Me perdona, ¿verdad?, por haber sido tan grosera. Tengo la mala costumbre de escribir impulsivamente cuando se me ocurre una cosa y luego despacho la carta en seguida, de modo que se me hace imposible recuperarla. Pero si a veces aparezco como atolondrada o ingrata, no es en absoluto mi intención. Al contrario, le agradezco de corazón la vida libre e independiente que usted me ha proporcionado. Después de una larga infancia de rebelión y rencor, ahora soy tan feliz en cada momento de mi vida que todavía no puedo creerlo. Me siento como una heroína de novela.

Son las dos y cuarto y voy a salir en puntillas a despachar esta carta, así podrá recibirla con el correo siguiente al de la otra y tendrá menos tiempo para pensar mal de mí.

Buenas noches, Papaíto.

Lo quiero como siempre.
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