El Capital tomo II karl Marx




descargar 2.3 Mb.
títuloEl Capital tomo II karl Marx
página12/66
fecha de publicación06.02.2016
tamaño2.3 Mb.
tipoDocumentos
med.se-todo.com > Economía > Documentos
1   ...   8   9   10   11   12   13   14   15   ...   66

LAS TRES FORMULAS DEL PROCESO CICLICO
Las tres fórmulas pueden exponerse así, llamando Pc al proceso de circulación en su conjunto.

I) DM... P... M’D’

II) P... Pc... P

III) Pc... P (M’).


Resumiendo las tres fórmulas en su unidad, vemos que todas las premisas del proceso aparecen como su resultado, como premisa producida por él mismo. Todos los momentos aparecen aquí como punto de partida, punto de transición y punto de retorno. El proceso en su conjunto se presenta como una unidad del proceso de producción y del proceso de circulación; el proceso de producción sirve de mediador del proceso de circulación,. y viceversa.

Nota común a los tres ciclos es la valorización del valor como finalidad determinante, como motivo propulsor. En I esto se expresa en la misma fórmula. La fórmula II arranca de P, del mismo proceso de valorización. En la fórmula III el proceso arranca del valor valorizado y termina con el valor que se valoriza, aun cuando el movimiento se repita en la misma fase.

En la medida en que M – D es para el comprador D – M y D – M es M – D para el vendedor, la circulación del capital sólo representa la metamorfosis corriente de la mercancía, pudiendo aplicársele las leyes sobre la masa de dinero circulante expuestas, a propósito de aquélla (libro I, cap. III , 2 [pp. 69 – 93]). Pero, si no nos atenemos a este lado formal del problema y enfocamos la conexión real existente entre las metamorfosis de los distintos capitales individuales, concibiendo en realidad la conexión entre los ciclos de los capitales individuales como la conexión entre los distintos movimientos parciales del proceso de reproducción del capital global de la sociedad, vemos que éste no puede explicarse por el simple cambio de forma entre dinero y mercancía.

En un círculo que se halle constantemente en rotación, todo punto es al mismo tiempo punto de partida y de retorno. Si la rotación se interrumpe, ya no ocurre eso. Por eso hemos visto, no sólo que todo ciclo especial presupone (implícitamente) el otro, sino, además, que la repetición del ciclo bajo una forma lleva implícita la descripción del ciclo en las demás formas. Por donde toda la diferencia aparece como una diferencia puramente formal y también como una diferencia meramente subjetiva, que sólo existe para quien la contempla.

En la medida en que cada uno de estos ciclos se considera como forma especial del movimiento que recorren diversos capitales industriales individuales, esta diferencia sólo existe, en efecto, como algo puramente individual. Pero, en realidad, todo capital industrial individual aparece bajo las tres formas al mismo tiempo. Los tres ciclos, las formas de reproducción de las tres modalidades del capital, se desarrollan continuamente de un modo paralelo. Una parte del valor–capital que ahora funciona, por ejemplo, como capital–mercancías se convierte en capital–dinero, pero al mismo tiempo que esto ocurre, otra parte sale del proceso de producción y entra en la circulación como nuevo capital–mercancías. De este modo, se describe constantemente la forma cíclica M'... M'; y lo mismo ocurre con las otras dos formas. La reproducción del capital en cada una de sus formas y en cada una de sus fases presenta la misma continuidad que la metamorfosis de estas formas y el curso sucesivo a través de las tres fases. Por tanto, aquí el ciclo en su conjunto constituye una unidad real de sus tres formas.

Partimos, aquí, del supuesto de que el capital se presenta en toda la magnitud de su valor, íntegramente, como capital–dinero, como capital productivo o como capital–mercancías. Así, por ejemplo, las 422 libras esterlinas aparecen primeramente, en su totalidad, como capital–dinero, luego se convierten íntegramente también en capital productivo y por último aparecen bajo la forma del capital–mercancias: hilados por valor de 500 libras esterlinas (de las cuales 78 son plusvalía). Las diferentes fases del capital forman aquí otras tantas interrupciones. Mientras, por ejemplo, las 422 libras esterlinas permanecen bajo la forma–dinero, es decir, hasta que se efectúan las compras D – M (T + Mp), el capital en bloque existe y funciona simplemente como capital–dinero. Al convertirse en capital productivo, deja de funcionar como capital–dinero y como capital–mercancías. Todo su proceso de circulación se interrumpe, lo mismo que se interrumpe todo su proceso de producción tan pronto como empieza a funcionar en una de las dos fases circulatorias, bien como D o como M. De este modo, el ciclo P... P aparece no sólo como la renovación periódica del capital productivo, sino también como la interrupción de su función, del proceso de producción, hasta que el proceso de circulación se termina; en vez de discurrir de un modo continuo, la producción se efectúa a saltos y sólo se renueva en plazos de duración fortuita, según que las dos fases del proceso circulatorio se recorran con mayor rapidez o mayor lentitud. Es lo que ocurre, por ejemplo, tratándose de un artesano chino que sólo trabaja para clientes particulares y cuyo proceso de producción se interrumpe hasta que llegan nuevos encargos.

En realidad, esto es aplicable a cada una de las partes del capital que se hallan en movimiento, y todas ellas lo van recorriendo por turno. Las 10,000 libras de hilado, por ejemplo, son el producto semanal de un fabricante de hilados. Estas 10,000 libras de hilado salen por entero de la órbita de producción y entran en la de circulación; el valor–capital contenido en ellas tiene que convertirse íntegramente en capital–dinero, y mientras permanezca bajo esta forma no puede entrar de nuevo en el proceso de producción; tiene que entrar previamente en la órbita de circulación y volver a convertirse en los elementos del capital productivo T + Mp. El proceso cíclico del capital es, pues, constante interrupción, abandono de una fase para entrar en la siguiente, superación de una forma y existencia bajo otra distinta; y cada una de estas fases no sólo condiciona la otra, sino que al mismo tiempo la excluye.

Sin embargo, la característica de la producción capitalista, determinada por su base técnica, aunque no siempre incondicionalmente asequible, es la continuidad. Veamos, pues, cómo ocurren las cosas en la práctica. Mientras las 10,000 libras de hilado, por ejemplo, aparecen en el mercado como capital–mercancías y se convierten en dinero (ya actúe éste como medio de pago, como medio de compra o simplemente como dinero aritmético), entra en el proceso de producción, ocupando su lugar, nuevo algodón, nuevo carbón, etc., nuevo capital que ha abandonado, por tanto, su forma–dinero y su forma mercancías para recobrar la forma de capital productivo y abordar la función que le corresponde como tal; a la par que las primeras 10,000 libras de hilado se convierten en dinero, vemos que otras 10,000 libras de hilado anteriores recorren ya la segunda fase de su proceso de circulación y dejan de ser dinero para recobrar la forma propia de los elementos del capital productivo. Todas las partes integrantes del capital van recorriendo por turno el proceso cíclico y se hallan simultáneamente en diferentes fases del mismo. Así, el capital industrial aparece simultáneamente, en la continuidad de su ciclo, en todas las fases de éste y revistiendo las respectivas formas funcionales que a ellas corresponden. La parte que se convierte por primera vez de capital–mercancías en dinero abre el ciclo M'... M', mientras que el capital industrial, como un todo en movimiento, ha recorrido ya ese ciclo. Con una mano se desembolsa dinero y con la otra se recibe, la iniciación del ciclo D... D' en un punto es, a la par, su retorno en otro. Y lo mismo puede decirse del capital productivo.

El verdadero ciclo del capital industrial, en su continuidad, no es, por tanto, solamente la unidad del proceso de circulación y del proceso de producción, sino la unidad de sus tres ciclos. Pero, para ello, es necesario que cada una de las diferentes partes del capital vaya recorriendo sucesivamente las distintas fases del ciclo, pase de una fase, de una forma funcional a otra; que el capital industrial, como el conjunto de todas estas partes, aparezca, por tanto, simultáneamente, en las diferentes fases y funciones, describiendo con ello los tres ciclos al mismo tiempo. La sucesión de las diversas partes se halla aquí condicionada por su yuxtaposición, es decir, por la división del capital. Así, en el sistema fabril ramificado, el producto aparece en las diferentes fases de su proceso de fabricación con la misma continuidad que en la etapa de tránsito de una fase de producción a otra. Y como el capital industrial individual representa una determinada magnitud que depende de los medios del capitalista y que supone un determinado mínimum para cada rama industrial, su división deberá hallarse presidida por ciertas cifras proporcionales. La magnitud del capital existente condiciona el volumen del proceso de producción y éste, a su vez, el volumen del capital–mercancías y del capital–dinero, allí donde éstos funcionan al lado del proceso de producción. Y la yuxtaposición que condiciona la continuidad de la producción sólo existe a través del movimiento de las partes del capital, en que éstas van recorriendo sucesivamente las diferentes fases. La yuxtaposición, es, a su vez, simple resultado de la sucesión. Si, por ejemplo, M'D' se estanca en una de sus partes, si la, mercancía, supongamos, es invendible, se interrumpirá el ciclo de esta parte y no se efectuará la sustitución por sus medios de producción; las sucesivas partes que brotan como M' del proceso de producción encontrarán bloqueado su cambio de función por la que las precede. Si esta situación se mantiene durante algún tiempo. la producción se restringirá y se estancará todo el proceso. Por tanto, todo lo que paralice la sucesión descoyunta también la yuxtaposición y el estancamiento producido en una de las fases determina un estancamiento mayor o menor en todo el ciclo, no sólo en el de la parte de capital estancada, sino en el del capital individual en su conjunto.

La forma inmediata bajo la que aparece el proceso es la de una sucesión de fases, de tal modo que el paso del capital a una nueva fase se halla condicionado por su salida de otra. Por eso todo ciclo especial tiene como punto de partida y punto de retorno una de las formas funcionales del capital. Por otra parte, el proceso en su conjunto representa en efecto la unidad de los tres ciclos, que son las diversas formas en que se expresa la continuidad del proceso. El ciclo de conjunto aparece como el ciclo especifico en cada forma funcional del capital, y cada uno de estos ciclos condiciona la continuidad del proceso de conjunto; el proceso cíclico de una forma funcional condiciona el de la otra. Es una condición necesaria para el proceso total de producción, especialmente en lo que se refiere al capital social, que sea al mismo tiempo proceso de reproducción y, por tanto, el ciclo de cada uno de sus momentos. Las diversas fracciones del capital recorren sucesivamente las diversas fases y formas funcionales. Cada forma funcional, aunque en ella se exprese constantemente una parte distinta del capital, recorre así, simultáneamente con las otras, su propio ciclo. Una parte del capital, que cambia constantemente, que constantemente se reproduce, existe como capital–mercancías que se convierte en dinero; otra parte, como capital–clínero que se convierte en capital productivo; otra, como capital productivo que se convierte en capital–mercancias. La existencia constante de todas estas tres formas se halla condicionada precisamente por el ciclo del capital total pasando por estas tres fases.

Considerado en su conjunto, el capital aparece, pues, simultáneamente y coexistiendo en el espacio en sus diferentes fases. Pero cada una de sus partes pasa constantemente y por turno de una fase a otra, de una a otra forma funcional, funcionando sucesivamente a través de todas. Estas formas son, pues, formas fluidas, cuya simultaneidad se halla determinada por su sucesión. Cada una de estas formas sigue a la otra y la precede, por donde el retorno de una parte del capital una forma se halla condicionado por el retorno a otra forma de otra parte del capital. Cada parte describe continuamente su propio proceso, pero es siempre otra parte del capital la que se halla bajo esta forma, y estos procesos especiales no son más que momentos simultáneos y sucesivos del proceso total.

Es la unidad de los tres ciclos y no la interrupción de que hablábamos más arriba, la que realiza la continuidad del proceso total. El capital global de la sociedad posee siempre esta continuidad, y su proceso representa siempre la unidad de los tres ciclos.

En cuanto a los capitales individuales, la continuidad de la reproducción se ve, a trechos, más o menos interrumpida. En primer lugar, las masas de valor aparecen frecuentemente distribuidas, en diversas épocas, en porciones desiguales entre las distintas fases y formas funcionales del capital. En segundo lugar, estas porciones pueden distribuirse de distinto modo según el carácter de la mercancía que se trate de producir y, por tanto, según la rama concreta de producción en que se invierta el capital. En tercer lugar, en aquellas ramas de producción que dependen de la estación del año, la continuidad puede verse más o menos interrumpida por las condiciones naturales (agricultura, pesca del arenque, etc.) o por razones de carácter convencional, como ocurre, por ejemplo, en los llamados trabajos estacionales. Donde con mayor regularidad y uniformidad se desarrolla el proceso es en las fábricas y en las minas. Sin embargo, esta diversidad de las ramas de producción no se traduce en ninguna diferencia en lo tocante a las formas generales del proceso cíclico.

El capital, como valor que se valoriza, no encierra solamente relaciones de clase, un determinado carácter social, basado en la existencia del trabajo como trabajo asalariado. Es un movimiento, un proceso cíclico a través de diferentes fases, que, a su vez, se halla formado por tres diferentes etapas. Sólo se le puede concebir, pues, como movimiento, y no en estado yacente. Quienes consideran una pura abstracción le sustantivación del valor olvidan que el movimiento del capital industrial es precisamente esta abstracción hecha realidad. El valor recorre aquí diferentes formas, diversos movimientos, en los que se conserva y al mismo tiempo se valoriza, se incrementa. Como por ahora sólo nos interesa la forma del movimiento, no tenemos en cuenta las revoluciones que puede sufrir en su proceso cíclico el valor–capital; pero es evidente que, pese a todas las revoluciones del valor, la producción capitalista sólo existe y puede s existiendo mientras el valor–capital se valoriza, es decir, mientras describe su proceso cíclico como valor sustantivado, mientras, por tanto, las revoluciones del valor son dominadas y niveladas de algún modo. Los movimientos del capital aparecen como actos del capitalista industrial individual, en el sentido de que es éste quien actúa como comprador de mercancías y de trabajo, como vendedor de mercancías y capitalista productivo, haciendo posible, por tanto, mediante sus actos, la realización del ciclo. Si el capital social experimenta una revolución de valor, puede ocurrir que su capital individual sea afectado por ella y sucumba, por no poder hacer frente a las condiciones de esta conmoción de valor. Cuanto más agudas y frecuentes son las revoluciones del valor, más se impone la acción automática del valor sustantivado, con la violencia de un proceso elemental de la naturaleza, frente a la previsión y los cálculos del capitalista individual, más se supedita el curso de la producción normal a la especulación anormal, mayor es el peligro que amenaza la existencia de los capitales individuales. Estas revoluciones periódicas del valor vienen, pues, precisamente a confirmar aquello que se quiere que contradigan, a saber: la sustantivación que adquiere el valor en cuanto capital y que se mantiene y agudiza a través de sus movimientos.

Esta sucesión de las metamorfosis del capital en acción implica la comparación constante de los cambios de magnitud de valor del capital operados en el ciclo con su valor originario. La sustantivación del valor frente a la fuerza creadora de valor, o sea, la fuerza de trabajo, se inicia con el acto D – T (compra de la fuerza de trabajo) y se realiza, como explotación de la fuerza de trabajo, durante el proceso de producción; pero. dicha sustantivación del valor no reaparece en este ciclo, en que el dinero, la mercancía, los elementos de producción, no son más que otras tantas formas alternativas del valor–capital en acción y la magnitud pasada de valor se compara con la actual magnitud modificada del capital.

El valor–dice Bailey en contra de la sustantivación del valor que caracteriza el régimen capitalista de producción y que éste trata como obra de la ilusión de ciertos economistas–– es una relación entre mercancías existentes al mismo tiempo, pues sólo éstas pueden cambiarse entre sí.” Esto lo dice Bailey como argumento contra la posibilidad de comparar los valores de las mercancías en distintas épocas, comparación que, fijando el valor del dinero de una vez para cada época, sólo representa una comparación entre la inversión de trabajo necesaria en unas épocas y otras para producir la misma clase de mercancías. Esto responde a su confusión general según la cual valor de cambio = valor, es decir, según la cual la forma del valor es el valor mismo; según esto, los valores de las mercancías dejarán de ser comparables entro sí tan pronto como dejen de funcionar activamente como valores de cambio, es decir, en cuanto no sean realmente cambiables entre el. Bailey no sospecha, pues, ni remotamente que el valor sólo funciona como valor–capital o como capital mientras en las distintas fases de su ciclo, que no son en modo alguno simultáneas, sino sucesivas, permanezca idéntico a si mismo y pueda compararse consigo mismo.

Para mantener en su pureza la fórmula del ciclo, no basta suponer que las mercancías se venden por su valor, sino que hay que partir, además, de la premisa de que las demás circunstancias en que esto ocurre permanecen invariables. Tomemos por ejemplo, la fórmula
1   ...   8   9   10   11   12   13   14   15   ...   66

similar:

El Capital tomo II karl Marx iconEl Capital tomo I karl Marx prologo de marx a la primera edicion

El Capital tomo II karl Marx iconTomo 1: Papas, yucas y otros tubérculos Tomo 2: Pescados Tomo 3:...

El Capital tomo II karl Marx iconO pensamento sociológico de karl marx

El Capital tomo II karl Marx iconC. marx prologo a la primera edicion alemana del primer tomo de e L c a p I t a L [1]

El Capital tomo II karl Marx iconEl químico austriaco Karl Bayer patentó en 1889 el proceso para obtener...

El Capital tomo II karl Marx iconKarl popper El cuerpo y la mente

El Capital tomo II karl Marx iconKarl von Eckarthausen. Catecismo de la química superior

El Capital tomo II karl Marx iconTomo II

El Capital tomo II karl Marx iconLa filosofía de Marx El materialismo histórico

El Capital tomo II karl Marx iconCarlos marx y federico engels


Medicina



Todos los derechos reservados. Copyright © 2015
contactos
med.se-todo.com