El Capital tomo II karl Marx




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II. Acumulación y reproducción en escala ampliada


Como las proporciones en que se puede ampliar el proceso de producción no son arbitrarias, sino que se hallan sujetas a razones técnicas, puede ocurrir y ocurre con frecuencia que la plusvalía realizada, aunque se destine a la capitalización, aumente (acumulándose, por tanto, en las proporciones necesarias), a fuerza de repetirse los distintos ciclos, hasta adquirir el volumen con que puede ya realmente funcionar como capital adicional o entrar en el ciclo del valor–capital en funciones. La plusvalía se convierte así en tesoro y constituye, bajo esta forma, un capital–dinero latente. Latente, porque mientras conserve la forma de dinero no puede actuar como capital.1 Por donde el atesoramiento aparece aquí como un factor que va implícito en el proceso capitalista de acumulación, como un factor inherente a él, pero al mismo tiempo substancialmente distinto de él. En efecto, la formación de un capital–dinero latente no amplía el propio proceso de reproducción. Por el contrario, si aquí se forma un capital–dinero latente, es porque el productor capitalista no puede ampliar directamente la escala de su producción. Si vende su producto excedente a un productor de oro o de plata que lanza a la circulación nuevas cantidades de estos metales o, lo que es lo mismo, a un comerciante que, a cambio de una parte del producto excedente nacional, importa del extranjero cantidades adicionales de oro o plata, su capital en dinero latente pasará a formar un incremento del tesoro de oro o de plata nacional. En todos los demás casos, las 78 libras esterlinas, por ejemplo, que eran, en manos del comprador, medios de circulación, adoptan en manos del capitalista la forma de tesoro: todo se reduce, por tanto a que cambie la distribución del tesoro nacional de oro o de plata.

Si el dinero funciona en las transacciones de nuestro capitalista como medio de pago (porque el comprador haya de pagar la mercancía solamente en un plazo más o menos largo), el producto excedente destinado a ser capitalizado no se convertirá en dinero, sino en créditos, en títulos de propiedad sobre un equivalente, que tal vez se halla ya en posesión del comprador o que acaso éste tiene simplemente en perspectiva. No entrará en el proceso de reproducción del ciclo, como no entra el dinero invertido en valores que rinden un interés, etc., aunque pueda entrar en el ciclo de otros capitales industriales.

Todo el carácter de la producción capitalista está determinada por la valorización del valor del capital desembolsado, es decir, en primer lugar, por la producción de la mayor cantidad posible de plusvalía; y en segundo lugar (véase libro I, cap. XXII, pp. 525–556 ss), por la producción de capital y consiguientemente por la transformación de la plusvalía en capital. Pero, a su vez, la acumulación o producción en escala ampliada, que, como medio para una producción cada vez más extensa de plusvalía y, por tanto, para el eriquecimiento del capitalista, aparece como la finalidad personal de éste y va implícitamente en la tendencia general de la producción capitalista, se convierte, al desarrollarse –como hemos demostrado en el libro I–, en una necesidad para todo capitalista individual. El acrecentamiento constante de su capital pasa a ser condición para que este capital siga existiendo. Pero aquí no tenemos para qué volver más en detalle sobre lo ya expuesto.

Hemos estudiado primeramente la reproducción simple, partiendo del supuesto de que toda la plusvalía se gastaba como renta. En la realidad, bajo circunstancias normales, nunca se puede gastar como renta más que una parte de la plusvalía, destinando el resto a la capitalización, lo cual no es óbice para que la plusvalía producida dentro de determinados períodos se gaste íntegramente o se capitalice en su totalidad. Sacando la media del movimiento –que es lo único que puede hacer la fórmula general–, vemos que ocurren ambas cosas. Sin embargo, para no complicar la fórmula es preferible suponer que se acumula toda la plusvalía. La fórmula




<

T

P... M'–D–M













Mp

expresa un capital productivo que se reproduce en mayor escala y con mayor valor y que inicia su segundo ciclo o, lo que es lo mismo, renueva el primero, como un capital productivo acrecentado. Tan pronto como comienza este segundo ciclo, volvemos a encontrarnos con P como punto de partida; sólo que este P es un capital productivo mayor que el primero. Así, si en la fórmula D... D' el segundo ciclo comienza por , D' funcionará como D, como capital–dinero desembolsado de una determinada magnitud; será un capital–dinero mayor que aquel con que comenzó el primer ciclo, pero toda referencia a su acrecentamiento por medio de la capitalización de plusvalía se borra tan pronto como aparece en función de capital–dinero desembolsado. Su origen queda cancelado y desaparece bajo la forma de un capital dinero que comienza su ciclo. Y lo mismo , a partir del momento en que funciona como punto de partida de un nuevo ciclo.

Si comparamos P... con D... D' o con el primer ciclo, vemos que no tienen, uno y otro, en modo alguno, la misma significación. De por sí, como ciclo aislado, D... D' expresa simplemente que D, el capital–dinero (o el capital industrial en su ciclo de capital–dinero) es dinero que pare dinero, valor que pare valor, fuente de plusvalía. En cambio, en el ciclo de P el proceso de valorización queda ya consumado al terminarse la primera fase, la del proceso de producción, y después de recorrer la segunda fase (la primera fase de la circulación) M'–D', el valor del capital + la plusvalía existen ya como un capital en dinero realizado, como D' término final del primer ciclo. El hecho de haberse producido plusvalía se expresa, en la fórmula primeramente estudiada de P... P (véase forma explícita, t. II, p. 71), por m–d–m, que en su segunda fase cae ya fuera de la circulación del capital y representa la circulación de la plusvalía como renta. Bajo esta forma, en que todo el movimiento aparece representado por P... P, sin que por tanto exista diferencia alguna de valor entre los dos puntos extremos, la valorización del valor adelantado, la creación de plusvalía, se expresa exactamente lo mismo que en D... D'; con la diferencia de que el acto M'–D', que aparece como la última fase de D... D' y como la segunda fase del ciclo, es, en P... P, la primera fase de la circulación.

En P... P', P' no expresa que se ha producido plusvalía, sino que la plusvalía producida ha sido capitalizada; expresa, por tanto, que se ha acumulado capital y que, por consiguiente, P', a diferencia de P, está formado por el valor del capital primitivo más el valor del capital acumulado con sus operaciones.

D', como simple punto final de D... D', lo mismo que M', tal como aparece dentro de todos estos ciclos, no expresa de por sí el movimiento, sino su resultado: la valorización del valor del capital realizada en forma de mercancía o en forma de dinero, y, por tanto, el valor del capital como D + d o como M + m, como la relación entre el valor del capital y su plusvalía, considerado éste como su vástago. Expresan este resultado como distintas formas de circulación del valor del capital valorizado. Pero ni en la forma M' ni en la forma D' la valorización operada es, de por sí, función ni del capital–dinero ni del capital–mercancías. Como formas o modalidades especiales y distintas, que corresponden a funciones especiales del capital industrial, el capital dinero sólo puede ejercer funciones de dinero y el capital–mercancias funciones de mercancía, y la diferencia que entre ellos existe es, simplemente, la que existe entre la mercancía y el dinero. Por las mismas razones, el capital industrial, en su forma de capital productivo, sólo puede estar formado por los mismos elementos que cualquier otro proceso de trabajo productivo: por un lado, las condiciones materiales de trabajo (los medios de producción); por otro, la fuerza de trabajo empleada productivamente, con arreglo a un fin. Y, así como en la órbita de la producción el capital industrial sólo puede existir con la composición que corresponde al proceso de producción en general, y, por tanto, también al proceso no capitalista de producción, en la órbita de la circulación sólo puede existir bajo las dos formas correspondientes de mercancía y dinero. Pero, como la suma de los elementos de producción se manifiesta desde el primer momento como capital productivo por el hecho de que la fuerza de trabajo es fuerza de trabajo ajena comprada por el capitalista a su propio poseedor, del mismos modo que compra los medios de producción a otros poseedores de mercancías; como, por tanto, el proceso de producción se manifiesta también de por sí como función productiva del capital industrial, el dinero y la mercancía aparecen también como formas de circulación del mismo capital industrial y sus funciones como funciones de circulación de éste, que sirven de introducción a las funciones del capital productivo o brotan de él. Su concatenación como formas funcionales que el capital industrial tiene que recorrer en las distintas fases de su proceso cíclico es lo que hace que la función del dinero y la función de la mercancía sean aquí, al mismo tiempo, funciones del capital–dinero y del capital–mercancías. Es falso, por tanto, querer atribuir a su carácter de capital las cualidades y funciones específicas que caracterizan al dinero como dinero y a la mercancía como mercancía; como también es falso, a la inversa, pretender atribuir las cualidades del capital productivo a su modalidad de existencia bajo la forma de medios de producción.

Tan pronto como D´ o M' se plasman como D + d, M + m, es decir, como la relación entre el valor del capital y la plusvalía considerada como su vástago, esta relación se expresa en ambos, una vez en forma de dinero y otra vez en forma de mercancía, sin que por ello la cosa cambie en lo más mínimo. Por tanto, esta relación no brota de cualidades y funciones que correspondan al dinero como tal ni a la mercancía como tal. La cualidad que caracteriza al capital es, en ambos casos, expresada solamente como resultado, la de ser valor que pare valor. M' es siempre el producto de la función de P, y D' simplemente la forma de M' transformada en el ciclo del capital industrial. Por tanto, tan pronto como el capital en dinero realizado reanuda su función específica como capital–dinero, deja de expresar la relación de capital contenida en D = D' + d. Si la fórmula D... D' está ya recorrida y D' inicia de nuevo el ciclo éste no figura ya como D', sino como D, aun cuando se capitalice toda la plusvalía contenida en aquél. El segundo ciclo comienza, en nuestro ejemplo, con un capital en dinero de 500 libras esterlinas, en vez de comenzar con 422 como en el primero. El capital en dinero con que se abre el ciclo excede en 78 libras esterlinas al del ciclo anterior. Esta diferencia existe cuando se compara un ciclo con otro, pero no existe dentro de cada ciclo por separado. Las 500 libras esterlinas adelantadas como capital–dinero, de las cuales 78 existían antes como plusvalía, desempeñan exactamente el mismo papel que las 500 libras esterlinas con las que otro capitalista abre su primer ciclo. Y lo mismo ocurre con el ciclo del capital productivo. El P' acrecentado aparece, al reanudarse el ciclo, como P, exactamente lo mismo que P en la reproducción simple P... P.

En la fase




<

T

D'–M'













Mp

la magnitud acrecentada sólo el indicada por M', pero no por T' ni por Mp'. Pero, como M es la suma de T más Mp, M' indica ya que la suma de T más Mp contenida en ella es mayor que el primitivo P. Además, la fórmula T' y Mp' sería falsa, pues, como sabemos, el crecimiento del capital lleva aparejado un cambio de su composición de valor, en el transcurso del cual el valor de Mp aumenta, mientras que el de T disminuye siempre en términos relativos y con frecuencia, además, en términos absolutos.
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