La complejización del comercio exterior en los países subdesarrollados: un objetivo difícil




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La complejización del comercio exterior en los países subdesarrollados: un objetivo difícil
Patricio Narodowski (UNLP, UNM, UNAJ): pnarodowski@gmail.com

Matías Remes Lenicov (UCALP): matiasremes@gmail.com



Abstract:

El trabajo intenta mostrar las dificultades de los países subdesarrollados, con la excepción en pocos casos, de China e India, para posicionarse competitivamente en los eslabones de complejidad media y alta de las cadenas globales. De esta circunstancia surge con claridad lo difícil que les resulta sustituir importaciones o aumentar exportaciones. Para graficar e debate, se abordan los casos: brasilero y argentino.



Breve clasificación de países por sus formas de producción

Se parte de un enfoque en el que se clasifica a los países por el nivel de complejidad de sus producciones: países del fordismo maduro reconvertido, con fuertes núcleos de producción posfordista (EEUU, Japón, Alemania, Corea); países del fordismo maduro con grandes regiones en crisis (el resto de Europa, fundamentalmente); fordismo periférico (BRICS) y economías con fuerte componente neotaylorista (entre los cuales hemos ubicado a la Argentina, México, etc).

Con esta concepción, se avanza en la idea de que el mundo actual gira aun en torno a la hegemonía americana, pero condicionada: si bien este país logra mantener una importante complejidad en el aparato productivo y el dólar sigue siendo el refugio del ahorro mundial, los desequilibrios macroeconómicos generan graves pérdidas de riqueza (stock) y productividad (flujo). La relación con China es fundamental para entender esta dinámica.

Por su parte, la estrategia de la China se asienta sobre los grandes incrementos de productividad explicados por el interesante mix de una estructura de salarios bajos, que favorece la producción de bienes intensivos en trabajo, con una fuerte política de atracción de inversiones y una estrategia de apoyo a las innovaciones que ha dado muy buenos resultados (Pérez Llana, 1994 y CEPAL, 2004). Pero a pesar de los esfuerzos, China es definida como un país de complejidad media, con poco dominio de los eslabones más complejos.

La capacidad productiva según su complejización

La capacidad tecno-productiva es determinantes a la hora de evaluar el incremento del valor agregado en la economía. Este depende del desarrollo para generar, adquirir, adaptar y usar nuevos conocimientos, es por esto que lo definimos como el punto clave en términos de complejidad de las economías. En estas capacidades se apoyan las empresas y los países para lograr ventajas competitivas “genuinas”, esto es sostenibles y acumulativas (Fajinzylber, 2006).

Lugones, et al (2007) sostienen que para lograr las mejoras de competitividad “genuinas”, es necesario un avance constante en materia de descubrimientos y capacidad tecnológica en la organización fabril y empresaria y en las técnicas de comercialización. Su investigación se ha orientado a la medición y análisis de los procesos de innovación y como incide esto en los niveles de competitividad. La comprensión de lo que se está analizando es considerada el elemento esencial para el desarrollo de la competitividad sectorial. Así por ejemplo, Malerba y Montobbio (2000), observan que el conocimiento es un factor fundamental para afectar la especialización productiva de las economías. Bajo esta concepción, existe una relación positiva entre la especialización tecnológica internacional y la especialización comercial de los países, por lo que la especialización tecnológica contribuye a la mejora de la competitividad de las áreas en las que se desarrolla.

Sanjaya Lall ha hecho contribuciones a la economía del desarrollo en varias áreas. La primera de ellas llegó temprano en la forma de un trabajo pionero sobre precios de transferencia por las empresas multinacionales. Una segunda línea de trabajo fue entretejida en el desarrollo de la capacidad tecnológica en los países en desarrollo. Tiende a cuestionar seriamente la automatización de cualquier transferencia de beneficios, sin embargo, la relevancia de una política activa del Estado vis-à-vis con la manufactura y el sector tecnológico ha sido el objeto de estudio en sus último trabajos. La intervención gubernamental es central pero diferente a la que se ha requerido para el impulso industrial luego de la segunda guerra mundial (Lall, 2004). Este sistema de incentivos es fundamental y constituye el Sistema Nacional de Innovación (SIN), el contexto en el que se da la compleja interacción de estructuras de incentivos (donde el gobierno interviene para resolver las fallas de mercado) que incluye recursos humanos, esfuerzos tecnológicos y factores institucionales (afectados por las fallas de mercado y por lo tanto, necesitados de la intervención pública). Brasil es un claro ejemplo de este tipo de sistema, generando sinergias positivas entre los sectores. El cambio en la estructura productiva y comercial tiene beneficios adicionales para la economía, ya que, además de fortalecer al sector externo, haciéndolo más robusto, genera una mejora salarial de los trabajadores, al emplear recursos humanos relativamente más competentes. De este modo, se produce una mejora en el nivel de bienestar de la economía (Lugones, 2007), asegurando mejores equilibrios sociales que las ganancias de productividad vía salarios débiles o escala.

Lugones et al (2007), desarrollan que estos países tienen una mejor base disponible (esto es, recursos humanos, infraestructura, “calidad” del entorno), medida por la tasa de alfabetización; mejores capacidades tecnológicas medidas por el nivel de gasto público y privado en Investigación y Desarrollo en porcentaje del PBI, y por el porcentaje de investigadores empleados en el sector público y en el sector privado.

En términos del gasto en I+D en relación al PBI, se intenta identificar el esfuerzo realizado por la economía en la generación de conocimiento, mientras que la participación de los investigadores del ámbito público y en el sector privado, se analiza con el objeto de comprender de dónde proviene el impulso para el desarrollo del conocimiento. En este sentido, se puede anticipar que lo que moviliza el desarrollo de conocimiento es diferente entre el sector público y el privado ya que mientras el primero se orienta a cuestiones consideradas técnicas y estratégicas para el desarrollo en su conjunto, el segundo se mueve motivado por la propia búsqueda de beneficios. Adicionalmente, la participación relativa de los investigadores y el volumen de gasto, pueden ayudar a identificar dificultades en el desarrollo de la creación de nuevos productos en la economía (por ejemplo, existencia de inseguridad legal para la apropiación de los beneficios derivados del desarrollo de conocimiento que lleve al sector privado a un nivel de subinversión en I+D), lo que permitirá actuar en consecuencia. En todos los indicadores los países desarrollados se presentan en una mejor forma.

Observando los ingresos por regalías y tarifas de licencias, podemos captar la capacidad de apropiación de los conocimientos generados. Hay una gran diferencia en el volumen de ingresos entre las economías desarrolladas y las economías emergentes y en transición. Para el período 2005-2009, las primeras recibieron el 96% de los ingresos totales por regalías y tarifas de licencias. De dicho porcentaje, América del Norte y particularmente EEUU dejan en claro su liderazgo al ser el generador del 54% del total de dichos ingresos, mientras que las economías desarrolladas de Europa apenas explican en su conjunto el 34% del total. China apenas es parte del 5,6% del total de regalías dentro de las economías en desarrollo y 0,2% en el total global.

Por último, las exportaciones de productos de alta tecnología se pueden analizar como otra manera de determinar los resultados logrados a partir de las capacidades existentes, así como su participación en el total de manufacturas. Existe una relación directa entre los países que exportan en mayor medida productos tecnológicos, y aquellos que cuentan con más conocimiento tecnológico. Nuevamente los países desarrollados llevan la delantera.

La productividad total de los factores y la productividad laboral también se pueden definir como elementos que definen la calidad del entorno. Estos dos indicadores de productividad permiten identificar el nivel de capital humano presente como el grado de tecnología incorporado al capital físico.

Mediante el análisis de la información procesada se deduce claramente que las economías desarrolladas y BRICS poseen una mayor base disponible para el desarrollo tecnológico que las economías en desarrollo. Este factor puede representar un obstáculo para las economías en desarrollo no solamente en la generación de tecnologías, sino fundamentalmente en la incorporación de las nuevas tecnologías producidas en economías avanzadas. Varios Países de America del Sur han mejorado la capacidad de incorporar tecnología como de producirla, Brasil es uno de ellos. Argentina en la última década ha dedicado una mayor proporción de su presupuesto a la investigación y desarrollo en este sector.

Si bien existe un diferencial, la tendencia implica una reducción de la brecha existente, lo que permite un cierto margen para el optimismo esperando que la base disponible en las economías en desarrollo, continúe ampliándose a un ritmo acelerado. Las mejoras en el PBI de las economías emergentes, con efectos positivos en la situación socioeconómica, permite anticipar la continuidad del aumento de los niveles de alfabetización.

Esta reducción esperada de la brecha entre economías en desarrollo y economías avanzadas permite inferir que la brecha en la capacidad de innovación y de incorporación de tecnologías entre estos grupos de países puede potencialmente ser menor. Pero que esto sea posible, dependerá del esfuerzo de todos los sectores, tanto el privado como el público.

El punto anterior puede evidenciarse a partir de las relaciones comerciales entre países y como estos interactúan para disminuir los desbalances que se presentan en al actualidad. Chomsky (2008) define a EE.UU. como primera potencia mundial porque no existe ninguna otra potencia que pueda hacerle sombra en la actualidad. El motivo que sustenta esta propuesta es que los fundamentos de la competitividad, el dinamismo, la flexibilidad y el peso internacional de la economía norteamericana siguen siendo robustos. La competitividad de la economía estadounidense, contrasta con las dificultades observadas en este sentido en la UE en donde una buena parte de las reformas estructurales propuestas, apuntan a lograr una mayor eficiencia productiva (OECD, 2010).

En este sentido la relación actual entre los intereses de China y EEUU, refleja la problemática existente en torno a la coordinación de políticas económicas entre los países para reducir los desbalances globales y asegurar un crecimiento económico más armónico. Esta es la justificación por la que algunos académicos buscan un nuevo rol de las instituciones internacionales (FMI, BID, WB) con un mayor protagonismo en la coordinación de las políticas económicas entre los países (Eichengreen, 2008).

Dentro del análisis sectorial, Estados Unidos ya no se ubica como país dominante en manufacturas (Asia lo hace) ya que se ha transformado fundamentalmente en una economía de servicios. Sin embargo, las manufacturas asiáticas tienen que ser entendidas en el contexto más general de una economía global e interdependiente, en donde el verdadero poder se concentra en las etapas de diseño y distribución más que en la manufacturación, etapas en las cuáles nuevamente Estadios Unidos domina. Adicionalmente, la penetración de las manufacturas chinas en EEUU ha provocado en la industria americana una reorientación hacia la producción de bienes más sofisticados o cambiando su intensidad de uso de factores (Álvarez y Claro, 2008).

En términos de competitividad Norteamérica con respecto al resto del mundo se ubica en un sitio inmejorable, si tomamos The Global Competitiveness Report 2009-2010 se encuentra con un score de 5,59 frente a Alemania con 5,37, Japón también con 5,37, China 4,74 y Rusia con 4,15. Sin embargo, presenta un importante talón de Aquiles: el déficit comercial y público; aunque su contraparte es el nivel de reservas de China cercanas a 3 trillones de U$S en abril de 2011, y también de Japón con U$S 1,1 trillón en Junio de 2011, Rusia con U$S 498 billones, e India, Corea del Sur, y Brasil, cada uno con más de U$S 300 billones.

En este tipo de desarrollo no podemos dejar de mencionar los diferentes niveles de especialización y quienes son lideres en que sectores. Los países desarrollados presentan un alto grado de especialización en los sectores más complejos, ya que una política de Estado es priorizar el gasto en innovación y desarrollo como así también una batería de instrumentos de política de fomento a la producción de mayor valor agregado. Un escalón más abajo se encuentran los BRIC´s (Brasil, Rusia, India y Sudáfrica) que comienzan a producir bienes más elaborados y desarrollos a escala. Junto a éstos podemos situar a Corea del sur y México.

Independientemente de la distribución geográfica de las materias primas y minerales, no existe una relación directa en la posesión de estos recursos y el desarrollo económico o industrial en los países del globo. El mundo exhibe zonas con enormes cantidades de recursos naturales que no presentan un gran desarrollo industrial, exportando directamente el recurso sin elaboración o con una mínima elaboración, como pueden ser países Latinoamericanos, africanos o del sudeste asiático, como así también, zonas que no disponen de grandes cantidades de recursos naturales pero que han desarrollado un sector industrial significativo, al estilo de Japón y la mayoría de los países europeos. Frente a esta realidad una vista panorámica muestra que con excepción de EE.UU., China y Rusia (grandes productores y grandes consumidores de materias primas), los países subdesarrollados son los productores de materias primas mientras que los desarrollados son los consumidores de este tipo de recursos.

La Organización Mundial de Comercio (2010), en su documento de trabajo para el período 2000-2009, definió a las exportaciones mundiales de la siguiente manera: 9,6% en productos agrícolas, un 18,6% en combustibles y afines, mientras que el resto (68,6%) fueron manufacturas. Entre los productos industrializados, el hierro y el acero representaron el 2.7%, los productos químicos el 11,9% (básicamente plásticos y farmacia), equipos para oficina y telecomunciaciones el 10.9%, productos de la industria automotriz 7%, y por último productos textiles y prendas de vestir, un 4,3%.

Por el lado de los combustibles, en el 2009 la Unión Europea, los Estados Unidos y el Japón redujeron drásticamente entre un 40 y 44% sus importaciones de carburantes y otros minerales.

El valor del comercio mundial en el 2009 decreció un 20% con respecto al volumen manejado el año anterior. La contracción de la demanda tanto de bienes de capital como de bienes consumo fue la principal causa de esta variación.

La forma irregular en que se encuentran las materias primas en el mundo causado por la existencia de suelos proclives a la agricultura lleva a un mapa muy variado en términos de productores en este sector. Argentina, Brasil, Australia, EE.UU., India y China se ubican como grandes productores a nivel mundial en agricultura, mientras que otros como Perú, Chila, Canadá, México, Sudáfrica, China Austria, y Rusia entre otros, son fuertes en minería. Brasil, Rusia y Canadá se presentan como países abundantes en agua natural, mientras que Medio Oriente, Rusia, Canadá, EEUU, México, Brasil, y oeste de África son líderes en hidrocarburos

Los países productores de bienes son los países con mayor productividad y más inversión en innovación y desarrollo tecnológico. En el sector de baja complejidad de la cadena sidero-metalmecánica, domina China por su fuerte capacidad de producción a escala, lo siguen Alemania y Japón, en ese orden. La parte más compleja de la cadena (bienes durables) el mercado lo domina EE.UU. con algo más de un tercio de la producción mundial, lo siguen Asia y Europa cerca del 30% cada una de las regiones. El sector automotriz es uno de los sectores tecnológicamente complejos y China lidera el mercado con un 22% de la producción (IOCA, 2009), lo siguen Japón con el 13% y EE.UU. con el 9%. En América del Sur, el principal y mñas fuerte productor es Brasil que se ubica en el sexto puesto a nivel mundial con algo más del 5% de la producción total.

Una forma de analizar la productividad en las economías es la productividad total de los factores. China aparece como la economía que mayor incremento de la productividad relativa durante los últimos 45 años. Hong Kong se ubica en segundo lugar, y Hungría ocupa el tercer lugar en ganancia en la productividad relativa. Entre las economías latinoamericanas, Chile es el país de mayor ganancia de productividad total de factores en este período, aunque no se sitúe en los primeros lugares entre los países de mayor incremento en la productividad. Lo que muestra la baja performance de la región. Además, Chile es la única economía de Latinoamérica y del Caribe que ha observado una mejora de la PTF en el período analizado. Brasil es la segunda economía de mejor performance en este sentido, mostrando un leve deterioro de la PTF.

Frente a este escenario el real brasileño es una de las monedas que más se ha apreciado desde la caída que todas las divisas salvo el dólar experimentaron tras la quiebra de Lehman Brothers en septiembre de 2008. El real ha ganado más de un 40% desde 2009, aunque recientemente ha tendido a estabilizarse (el tipo de cambio efectivo real del yuan chino, se mantiene mucho más estable a pesar del fuerte crecimiento chino por las intervenciones y los controles de capital del gobierno). Otras monedas que han sufrido apreciaciones similares son el franco suizo y el yen japonés, lo que ha llevado a sus bancos centrales a intervenir agresivamente en los mercados cambiarios para que la fortaleza de sus divisas no perjudique las exportaciones (Steinberg, 2012).

Las fuerzas que empujan al real brasileño hacia arriba son principalmente dos. La primera es estructural, lógica e inevitable: su propio crecimiento y desarrollo. La segunda es coyuntural y tiene que ver con la guerra de divisas y con la irracionalidad de los mercados financieros: las entradas de capital que proviene de las políticas monetarias y cambiarias en las principales potencias. El problema, es que al existir pocas probabilidades de alcanzar acuerdos internacionales para evitar las devaluaciones competitivas, Brasil se ve obligado a adoptar medidas de política económica internas para suavizar la apreciación del real que no están no están exentas de inconvenientes y que además han sido criticadas por la comunidad internacional, sobre todo cuando son heterodoxas, (steinberg, 2012).

En búsqueda de la mejora en términos de competitividad en Brasil, el BNDES ofreció R$ 210.000 millones (2008– 2010) a empresas de sectores específicos definidos por la Política Industrial, Tecnológica y de Comercio Exterior (PITCE, la política estatal de fomento de la productividad). Esos sectores incluyen algunos ya bien establecidos en el país pero que requieren volverse más competitivos (biodiesel, calzado) y otros que están surgiendo como importantes (bienes de capital, tecnología de la información, nanotecnología). El financiamiento abarca una serie de rubros, incluido el financiamiento del comercio exterior en términos favorables para la adquisición de equipos de capital hechos en Brasil. La política industrial de Brasil ha conseguido a lo largo del tiempo fortalecer sectores como el siderúrgico y el aeronáutico, haciéndolos cada vez más competitivos. Estos rubros hoy cumplen una función relevante a la hora de analizar la composición de las exportaciones Brasileras (BID, 2010).

Con respecto a la economía Brasilera, situados en un contexto de desaceleración económica mundial, según las previsiones del FMI, aunque su economía se desaceleró a finales de 2011, crecerá por encima del 3,5% en 2012. Durante la última década Brasil ha desarrollado un admirado modelo inclusivo de desarrollo que demuestra que es posible crecer, reducir la pobreza y distribuir la renta al tiempo que diversifica la estructura productiva y consolida una clase media que, al consumir, actúa como amortiguador de los shocks
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