El liderazgo 11. Las misiones. Lo único que añaden es confusión




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Cambiar y mejorar son dos cosas distintas.

PROVERBIO ALEMÁN
La misión del mando militar es mantener un nivel uniforme de bravura.

SUNTZU

Cierta revista llamó en una ocasión a una experta en capacitación de personal. Las ventas de publicidad estaban bajando. La moral empeoraba. ¿Podría ir a su próxima reunión de ventas a dar un seminario para motivar al personal?

Antes de decir que sí, la experta investigó quién era la revista para los lectores. El nombre y la imagen habían quedado anticuados. Aunque habían hecho algunos cambios cosméticos, la línea editorial estaba desenfocada y era confusa. Los anunciantes habían perdido el interés por aparecer en ella.

El diagnóstico: Carecían de una estrategia, no había ningún punto claro de diferenciación. La experta en cuestión estaría encantada de tratar estos temas tan importantes en la reunión de ventas en la que la invitaban a participar.

La respuesta de la Editorial: «Es que sólo estamos buscando una conferencia para motivar a la gente. Tenemos que recargar sus pilas, volver a ponerles en marcha».

Señores, el esfuerzo solo no es la respuesta. Esforzarse más está sobrevalorado.

Motivar a los empleados no va a integrarlos en la empresa. Porque ellos probablemente ya se habrán dado cuenta de que la seguridad en el empleo es algo del pasado.

Ola tras ola de fusiones, reducciones de actividad y reestructuraciones, no han ayudado demasiado a fomentar un sentimiento de lealtad. «El frágil vínculo entre la organización y el empleado se ha roto». La actitud de muchos trabajadores es: «Somos esencialmente temporales».

Sin embargo, la motivación es una solución muy tentadora. Como dice un famoso consultor de dirección: «No sé la cantidad de veces que he oído a los directivos decir: No podemos dormirnos en los laureles. Tenemos que esforzarnos aún más de ahora en adelante».

Entonces, un día, a alguien se le ocurre una idea brillante: demos un poco de reposo a las tropas y enviémoslas a una reunión motivacional. Allí oirán eslóganes pegadizos como éstos que llenaron el aire de uno de estos festivales:


  • «Siéntase como un campeón y será un campeón».

  • «Los triunfadores no se rinden. Se ponen de pie».

  • «El éxito no llega de la noche a la mañana, llega con el tiempo».


O puede que se piense en algo más exclusivo. Traer a un orador motivacional al auditorio de la empresa. Una vez allí, el carismático personaje puede inspirar a las tropas para que sean «todo lo que pueden ser» y les haga «arrancar sus motores». (Todo esto acompañado de suculentos banquetes, pins y folletos conmemorativos.)

Estos eventos suelen tener títulos como éstos:

  • «Las cosas grandes ocurren cuando se hacen bien las pequeñas».

  • «El arte de conseguir un mayor esfuerzo de todos».

  • «100 maneras de motivarse».

  • «1001 maneras de motivarse uno mismo y a otros». (Obviamente, 100 es para los aficionados.)

O se podría ir a por todas y traer a un «motivador» famoso.

Andersen Consulting contrató al general Colin Powell por 60.000 dólares, para que hablara en una de sus reuniones de socios, en la que el famoso general irradiaba autoridad y confianza.

«Mantenía interesado al público con sus anécdotas sobre la guerra del Golfo y su vida privada -dice el Socio de Andersen que lo organizó-. Sin embargo, no dijo nada que tuviera que ver con la reunión. Yo sabía que él no sabría suficiente sobre las actividades de Andersen como para dar sus puntos de vista sobre lo que hace nuestra gente. Ese no era el objetivo». (Entonces, ¿cuál era el objetivo?)

El dinero, por supuesto, es un objetivo. La motivación es un gran negocio. Sólo en EE.UU. genera unos 1.000 millones de dólares en ingresos anuales, según publicaba hace poco una revista de formación. (Los banquetes y los pins son aparte.) En el resto del mundo se estima que la cifra es algo menor; pero crece a toda velocidad. (Algunos políticos defenestrados o jubilados se transforman en animadores de estos encuentros.)

¿Es que los conferenciantes famosos añaden valor de verdad? ¿O sólo confunden las ya confusas mentes de los empleados?

Apliquemos un poco de sentido común a este asunto del Esfuerzo Extra. Detrás de la mayoría de estos intentos hay un razonamiento mal dirigido. Es algo así: dele a las tropas algo especial, motívelas, y se esforzarán más, venderán más y producirán más. Harán ese esfuerzo adicional.

En realidad, esto nunca ocurre. Al principio, puede que siente bien, pero el efecto se evapora en minutos. Sólo es un masaje mental. Sólo una diversión, un gran espectáculo. Además, hay que pensar en qué ocurre cuando el Doctor Esfuerzo, el conferenciante que ha cobrado 50 o 60.000 dólares, recoge sus cosas y sale de nuestra convención. Es evidente; se va al próximo auditorio, donde dejará un mensaje idéntico -el «sí puedes»- a los nuevos oyentes. (Quizá, a nuestros propios competidores.)

Todas las empresas tienen acceso a la misma psicología, los mismos conferenciantes, los mismos seminarios motivacionales.

No nos malinterprete. No hay nada de malo en querer motivar a los empleados.

Como dijo de forma simple y sencilla el presidente de una importante multinacional: «Aunque esté en el camino correcto, le pasarán por encima si se queda sentado».

Pero primero, asegúrese de que está en el camino correcto. Que sabe adonde quiere que vaya su gente. Que tienen la formación y las herramientas fundamentales para llegar.

Volvamos a lo básico por un momento: ¿Cuál es la definición en el diccionario de «motivar» aplicada a este caso? Respuesta: «Mostrar el atractivo o el interés de algo para incitar a un tipo de conducta». Pero, ¿qué tipo de conducta?

¿Cuál es la acción específica que se tiene pensada? ¿Qué es exactamente lo que se quiere que hagan?

La pregunta para la que la gente que está en el auditorio necesita una respuesta no es: «¿Cómo hago para liberar mi verdadero potencial?».

La pregunta que quieren que se les conteste es: «¿Qué es lo que hace diferente a esta empresa?» (¿Cuál es la idea a la ?) Esto exige mucho de la persona que se pone delante de todos.

Por esto es por lo que los discursos motivacionales más eficaces son los de alguien de dentro de la empresa Alguien que ha ido al frente de batalla y ha vuelto para dar un informe honesto. Hoy, para liderar el ataque, hace falta la capacidad de apasionarse, de integrarse en la estrategia de la empresa.(Véase el capitulo 12 sobre liderazgo)

«La Palabra». El Presidente se aclaró la garganta y dijo: «Nuestro objetivo primordial es proporcionar productos de calidad a clientes de calidad en mercados de calidad de todo el mundo».

¿Es ésa una idea competitiva? ¿Es ése un ángulo mental competitivo! Los tópicos no crean la diferencia. De hecho, hacen daño a los trabajadores escépticos y suspicaces de nuestros días, pues crean falsas expectativas.
Lo que el Presidente debía haber dicho es cuál sería la base de la idea de «cómo vamos a luchar», seguido de «aquí están las herramientas con qué hacerlo».

La motivación de verdad empieza con una idea como arma, y luego con un desafío a las tropas que le dan vida en ventas, en desarrollo de productos, en ingeniería, en lo que sea. La motivación de verdad tiene que ver con dar la batalla en el mundo real no en el mundo ideal del «rendimiento óptimo».

Un Resumen Sencillo
Trabajar más no es tan eficaz como trabajar mejor.


CAPÍTULO 20

La auto mejora

Es el traje nuevo del emperador.

La evolución implica mejorar deforma continua en todos los sentidos, consiguiendo al final lo mejor de todo.

DEEPAK CHOPRA
Conócete, acéptate, supérate.

SAN AGUSTÍN

Erase una vez en que el karma de cada empleado era cosa suya. Pero cada día más, las empresas se ocupan de los aspectos espirituales de sus empleados.

La meta es crear empleados más centrados que prosperen en un entorno integrado y emocionalmente tranquilo. Estos salmos de la nueva era se están extendiendo más rápido que el fuego. «Niño interior» y «potencial humano» forman parte hoy del vocabulario normal de las empresas.

Sólo EE.UU. gasta 15.000 millones de dólares cada año en todo tipo de formación de empleados. ¿El segmento que más crece? La reeducación y auto-mejora personal. Las teorías de management se dan el brazo con auto-ayuda, filosofía oriental, futurología y simple brujería.

¿Los empleados tienen las psiquis dañadas? Hay una cura para todos sus achaques.


  • Boeing juntó a sus altos directivos y les pidió que contaran sus experiencias personales dentro de la empresa. Luego pusieron por escrito las negativas y las quemaron en un acto ritual de muerte y renacimiento corporativo.

  • En un curso en el Esalen Institute de California, con el título «Acabar con el ego fracturado», hay rituales y ceremonias enfocados a «soltar y renovar». (A los participantes se les pide que traigan un pañuelo de colores, un periódico, tambores y carracas.)

  • Un grupo de formación en Nuevo México utiliza conceptos y ejercicios de alteración de la percepción, sacados de las tradiciones de los indios navajos y apaches. Clientes como Honeywell y Bethlehem Steel les mandan gente para que estudie la Rueda de la Medicina, una representación de los cuatro polos de

la experiencia humana (intelectual, físico, emocional y espiritual).

  • Los participantes en otro laboratorio de aprendizaje diseñan una «piedra de toque» de madera, piedras, tela, hojas y trozos de cristal. Utilizan estos materiales para «simbolizar lo que su trabajo significa para ellos». Posteriormente pueden rediseñar sus piedras de toque. (Veo tus dos piedras y subo una.)

El pensamiento de la nueva era se ha infiltrado hasta en los programas de MBA y en las Casas de Gobierno de los países más desarrollados.

  • Un profesor de una escuela de negocios de la Universidad de Georgetown exige que sus estudiantes salgan al campus a plena luz del día y griten a pleno pulmón. «A veces -dice- hago que finjan que son un plato de gelatina, o una pizza, o les pido que ladren».

  • Jean Houston, fundadora del movimiento del «potencial humano» y confidente de Hillary Clinton, recomienda ejercicios para «recuperar el ego». Los participantes se quitan los zapatos, anillos y gafas. Se sientan en dos círculos, espalda con espalda, los brazos entrelazados, los ojos cerrados, y cantan. Esto se llama «el recuerdo de la comunidad primitiva».

  • Los Clinton también son forofos de los gurús de transformación personal, como Stephen Covey y Tony Robbins. Una afición que se le adjudica también a Felipe González y a Silvio Berlusconi.

¿Tambores y carracas? ¿Piedras de toque y meditación? ¿Ladrar como un perro?

¿Los futuros líderes empresariales llevarán cartas de tarot, amuletos y ensalmos junto con sus portátiles?

Para contestar a esas preguntas tenemos que echar un vistazo a Covey, Chopra y Robbins, los tres grandes rivales en el negocio de vender el ego a la gente de empresa.
Stephen Covey representa el nuevo sueño americano: éxito económico y salvación espiritual en un solo paquete. USA Today le llama «el consultor de autoayuda más importante en el mundo empresarial desde Dale Carnegie». Su negocio de formación, fundado en 1985 con dos empleados, tiene ahora 700 personas e ingresos de 100 millones de dólares. Sus clientes incluyen la mitad de las empresas del ranking Fortune 500 y miles de empresas más pequeñas.

Su primer libro, Los 7 hábitos de la gente altamente efectiva, ha vendido 10 millones de ejemplares. El mensaje: «Para alcanzar su máximo potencial, ha de forzar un carácter».
Stephen Covey no nos dice lo que hay que hacer. Nos dice cómo mirar dentro de nosotros, encontrar el principio universal correcto y aplicarlo.

En su mundo existen siete de estos principios (ni uno más ni uno menos). Uno de ellos, el principio ganar-ganar, es interesante. Covey dice que nos dirá todo lo que necesitamos saber para ser efectivos, pero también promete decirle lo mismo a todos los demás. Entonces, nuestros competidores sabrán lo que nosotros sabemos. No importa, dice el profesor Covey. Si todos sabemos lo que siempre hemos sabido desde el principio, todos saldremos ganando. (Por favor, si logra entenderlo, llámenos.)

Aun así, es difícil dudar de la sinceridad de Covey. Ha sido un mormón convencido toda su vida. Con un MBA de Harvard, un doctorado en comportamiento organizacional y 20 años enseñando gestión empresarial, no es ningún fanático.

Pero éstas no son nada más que viejas trivialidades, dicen sus críticos. Trabajo duro. Seguir la regla de oro. Planificar con antelación ¿Entonces, por qué tanto bombo?

Covey practica la «magia blanca», dice Alan Wolfe en The New Republic. «Su meta es convencer a la gente de que cosas que son perfectamente obvias, incluso totalmente conocidas, les pueden ser reveladas».
Deepak Chopra es un antiguo endocrinólogo de Boston, nacido y criado en Nueva Delhi, y educado durante 12 años por misioneros jesuitas. Se autodefine como «Un pionero en el campo de la medicina mente-cuerpo y del potencial humano».

Sus empresas ingresan más de 15 millones de dólares al año. Es muy popular entre profesionales de mediana edad. Ha escrito 19 libros, tiene un boletín mensual, conferencias a 25.000 dólares y seminarios de 5 días en todo el mundo.

El mensaje de Deepak Chopra es una bullabesa de filosofía oriental, teología occidental, tradiciones celtas, medicina moderna y hasta música rap. «Todo lo que ha oído alguna vez es una fuente para él», dice un observador.

Millones de sus fervorosos seguidores creen firmemente en su mensaje, aunque no puedan explicar exactamente cuál es el mensaje. No es extraño. Si se lee Siete Leyes Espirituales del Éxito, se encuentran conjuros como éste: «La vida es la danza eterna de la conciencia, que se expresa como el intercambio dinámico de impulsos de inteligencia, entre microcosmos y macrocosmos, entre el cuerpo humano y el cuerpo universal, entre la mente humana y la mente cósmica».

Si se prueba con el libro y la cinta de Deepak Chopra titulados Creando abundancia, se tropieza con esta nota del autor: «Este material es extremadamente concentrado y tiene que ser metabolizado literalmente y experimentado en la consciencia». (Masticamos fuerte y tragamos.)

Pronto se aprende que: «La gente con consciencia de riqueza sólo se conforma con lo mejor. Esto se llama también el principio del máximo nivel. Vaya en primera clase todo el camino y el Universo le responderá dándole lo mejor». (Si se viaja en primera clase desde Madrid a Buenos Aires, el Universo suele responder con una factura de 6.000 dólares.)

En una serie de conferencias titulada «El viaje a lo ilimitado», Chopra le dice al público: «Vamos a explorar la mecánica de lo milagroso y la satisfacción espontánea de sus deseos».

Un momento. Parece haber límites al viaje sin límites. Un apóstol habla al público sobre el seminario «La seducción del espíritu», que se celebrará a finales de año. Apúntese ahora y ahorre 400 dólares.

Igual que sus hermanos en auto-ayuda, Chopra es una brillante máquina de marketing. Fuera de ese salón de hotel, su máquina vende libros, cintas, infusiones, vitaminas y aceites corporales.

¿Y por qué no? «La consciencia de riqueza y la espiritualidad van unidas -según Chopra—. La pobreza es el reflejo de un espíritu empobrecido».
Tony Robbins es un guerrero prognato, vestido de Armani, que mide más de dos metros y que anda a zancadas por el escenario, disparando máquinas de humo y focos intermitentes.

Un chico espabilado que se fue de casa a los 17 años; Robbins es ahora un «actor de rendimiento óptimo», de 40 años, que gana millones al año con sus seminarios cargados de adrenalina. Sus anuncios televisivos de «poder personal» han vendido decenas de millones de chitas de auto-ayuda. Es muy popular entre los hombres de veinticinco años, iniciando su carrera profesional. Divide su tiempo entre un castillo en San Diego (con pista para helicópteros) y una isla en el Pacífico Sur.

La esencia del mensaje de Robbins, descrito en libros como Pasos de Gigante y Poder sin límites es que se puede alcanzar lo que uno se proponga, con tal de que se adopte la actitud correcta.

«Quiero asegurarme de que se comprometen con una vida de mejora constante y sinfín», dice en sus seminarios. (Puede empezar comprando algunas cintas más al salir.)

Tony Robbins se hizo famoso cuando se topó con una técnica terapéutica poco conocida (y muy sospechosa), que se llama la programación neuro-lingüística (PNL). La PNL utiliza un trance hipnótico leve para reorganizar el subconsciente, supuestamente eliminando fobias dolorosas, una auto-imagen negativa y otros problemas.

Al aprender lo que había que pensar y cómo manejar el cuerpo, Robbins descubrió que podía andar descalzo sobre brasas de carbón. A su paseo de fuego lo llamó «la Revolución de la Mente»; «Si podéis conseguir andar sobre el fuego -grita a su público-, ¿qué es lo que no podréis hacer?» Había nacido un imperio.

La gente como Tony Robbins son los «picaros» del sector, dice Adrián Wooldridge, un directivo de The Economist y co-autor de Los Doctores Brujos, un valioso libro que disecciona a los consejeros y a los gurús de management.

«Tony Robbins, vende esperanza y credulidad -declaró Wooldridge a Training Magazine (julio 1997)-, la idea de que sólo cambiando su actitud frente al mundo, libera una cantidad fantástica de poder y se convierte sin esfuerzo en una persona de éxito. Es una pura estupidez. Vende vanas esperanzas a incautos».

Pensamos que es el momento de «Parar la locura», por citar el título de otro programa de auto-ayuda de moda. He aquí algunos consejos sencillos para tratar los asuntos de la auto-mejora personal.

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