El liderazgo 11. Las misiones. Lo único que añaden es confusión




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CAPÍTULO 2



CAPÍTULO 2

EL SENTIDO COMÚN

Puede simplificar las cosas



Para decidir sobre los asuntos esenciales, se deben utilizar el lenguaje, la lógica y el simple sentido común, y establecer un plan de acción concreto.

ABRAHAM LINCOLN
El sentido común es el menos común de los sentidos.

DICHO POPULAR


El antídoto real contra el temor a la sencillez es el «sentido común». Lamentablemente, la gente suele dejar su sentido común en casa cuando va al trabajo; incluso cuando tiene que resolver asuntos personales de especial importancia.

Como dijo Henry Mintzberg, Profesor de Management en la Universidad de McGill, «El Management es un fenómeno curioso. Se paga generosamente, es muy influyente y está significativamente desprovisto de sentido común» (Henry Mintzberg, «Musings on Management», Harvard Business Review, Julio - Agosto 1996, Pag. 61).

El sentido común es la sabiduría que todos compartimos. Es algo que registra una verdad obvia para una comunidad.

Las ideas simples tienden a ser obvias porque tienen un toque de realidad. Pero la gente no se fía de sus instintos. Piensa que siempre hay una respuesta oculta más compleja. Es un error. Lo que es obvio para usted es obvio para muchos. Por eso, en los negocios una solución obvia suele funcionar muy bien en el mercado.

Uno de los secretos de los gurús es empezar con una idea obvia, simple y sencilla, y luego complicarla. Un comentario de la revista Time sobre un libro de Stephen Covey expresó muy bien este fenómeno:

«Su genialidad es complicar lo obvio, y como resultado sus libros son gráficamente caóticos. Los diagramas se salen de la página. Las anotaciones y los recuadros desmenuzan los capítulos en trozos fácilmente digeribles. La prosa está repleta de frases positivas -delegar, modelar, vincular, gestor de cambio- sin las cuales sus libros se desinflarían como un neumático pinchado. Utiliza más puntos de exclamación que Gidget» (Andrew Ferguson, «Now They Want Your Kids», Time, 2 Séptiembre 1997, Pag. 64).

Si se busca la definición de «sentido común» en el diccionario, se lee que es «la facultad que la generalidad de las personas tiene de juzgar razonablemente las cosas». Es decir, no tiene prejuicios emocionales ni sutilezas intelectuales y tampoco depende de ningún conocimiento técnico especial.

Dicho de otra manera, se ven las cosas como son realmente. Se siguen los dictados de la fría lógica, eliminando tanto el sentimiento como el interés propio en cualquier decisión. Nada podría ser más simple.

Como se menciona en el capítulo anterior, la nueva dirección de Procter&Gamble vio claramente cómo era el mundo de los supermercados en realidad: muy confuso. Y fue esa claridad de visión lo que les llevó a la estrategia simple, de puro sentido común; simplificar las cosas.

Imaginemos que se preguntara arbitrariamente a diez personas cómo se vendería un Rolls Royce que se pareciera a un Volkswagen. Lo que dirían sería: «No muy bien». (Aunque ahora los dos pertenecen al mismo grupo.)

Y esa gente no estaría utilizando nada más que el sentido común para emitir su juicio. No tendrían datos ni harían una investigación que apoyara sus conclusiones. Tampoco tendrían mayor conocimiento técnico, ni ninguna sutileza intelectual. Para ellos, un Rolls Royce es un coche grande, caro y lujoso; y un Volkswagen es más un coche pequeño y utilitario. Ven las cosas como son realmente.

Esto es lo que no ha entendido General Motors. En vez de ver el mundo como realmente es, prefieren verlo como quisieran que fuera. Hicieron caso omiso al sentido común y nació el Cimarrón. Un Cadillac (prototipo del coche de lujo en EE.UU.) que quiso parecerse a un Chevrolet (prototipo de utilitario familiar a buen precio) ambas marcas de G.M.. Naturalmente se vendió mal (por no decir que no se vendió).
¿Aprendieron la lección en G.M.? No lo parece. Han vuelto a la carga con el Catera, otro Cadillac que se parece a un Chevrolet. Como su predecesor, probablemente no se venderá muy bien porque no tiene sentido. Cualquiera lo sabe. G.M. no quiere darse cuenta.

En Europa también ocurren estas cosas. Volvo presentó hace años un precioso coche deportivo, el 480. Pero la «seguridad» no casa con la «velocidad». Maseratti quiso entrar en el segmento de grandes berlinas; pero una imagen de «prototipo» no encaja con el concepto «familiar». Porsche, que históricamente era el 911, quiso hacer coches deportivos, caros y baratos. Perdió su personalidad y tuvo que volver a los orígenes.

Leonardo da Vinci imaginó la mente humana como un laboratorio que recoge material a través de los ojos, los oídos y los otros órganos de la percepción; material que luego se canaliza a través del órgano del sentido común. Dicho de otra manera, el sentido común es una especie de «supersentido» que orienta a los otros sentidos. Un «supersentido» del que, en los negocios, muchos no se fían.

Quizá deberíamos corregir eso. No se puede estar en el mundo de los negocios ignorando el simple sentido común. Veamos, por ejemplo, el complejo mundo de los economistas, un grupo que se esfuerza en burlar al sentido común.

No hay nada que les guste más a los economistas que decir a los no expertos que la evidencia obvia que surge de los sentidos no es correcta. Tienden a ignorar la condición humana y afirman que las personas son «maximizadores de la utilidad». Para ellos, si todos tuviéramos la información suficiente, tomaríamos decisiones racionales. Como comentario a esta actitud de los economistas, baste recordar el estudio realizado en el Reino Unido en 1995. Resultó que en las predicciones de variables macroeconómicas en las que participaron distintos grupos de personas, los barrenderos acertaron más que los expertos en economía.

Cualquier persona que haya trabajado en el mundo del marketing durante algún tiempo, se da cuenta de que los clientes son a veces, bastante irracionales. Ahora mismo nos invaden los vehículos «4x4», que están diseñados para circular fuera de las carreteras ¿Hay alguno que alguna vez abandona el asfalto? Menos del 10 por 100. ¿La gente necesita para la vida diaria estos vehículos? Realmente, no. ¿Por qué los compran? Porque todos los demás los compran. ¿Qué tiene esto de «racional»?

No se puede acotar el mundo con fórmulas matemáticas. Es demasiado irracional.

Ahora unas palabras sobre sutileza intelectual.

Las empresas suelen equivocarse cuando basan sus decisiones en investigación y argumentos demasiado sutiles sobre hacia dónde se dirige el mundo. (Nadie lo sabe realmente, pero muchos pretenden hacer creer que lo saben.) Estos argumentos se elaboran con cuidado y suelen mezclarse con algunos supuestos falsos disfrazados de hechos.

Hace muchos años, Xerox creyó que en la oficina del futuro todo -teléfonos, computadoras y fotocopiadoras- formaría parte de un sistema integrado (predicción equivocada). Para poder trabajar en ese nuevo mundo, se tenía que ofrecer todo. Por consiguiente, Xerox iba a tener que comprar, o fabricar, computadoras y otros equipos que no eran fotocopiadoras, para ofrecer en un mundo cada vez más automatizado, que avanza a toda velocidad.

A Xerox le dijeron que podría hacerlo, porque la gente la veía como una empresa capacitada y de alta tecnología. (Esta fue una suposición equivocada. La gente la veía como una «empresa de foto-copiadoras».)
Veinte años y varios miles de millones de dólares en pérdidas después, Xerox se dio cuenta de que la oficina del futuro sigue en el futuro. Y que cualquier máquina Xerox que no hiciera fotocopias, tendría problemas con los clientes. Fue una lección dolorosa en la que los conocimientos técnicos y la sutileza intelectual pudieron con el buen juicio.

Finalmente, algunas ideas sobre la formación en las escuelas de negocios que parecen ahogar el sentido común.

Al poco tiempo de comenzar un postgrado, cualquier estudiante ya tiene un dominio excelente de las palabras y frases que le identifican como un aspirante a MBA. Manejan con gran soltura una jerga que incluye el «ratio riesgo/beneficio», «cash-flow descontado», «apalancamiento», «valor esperado», etcétera.

Más tarde, ese lenguaje tan especial podrá con su pensamiento crítico y su sentido común. Le dará una apariencia racional; pero no lo es en realidad.

Durante una visita a Harvard Business School, Ross Perot comentó: «El problema con ustedes es que a lo que llaman examinar el entorno yo lo llamo mirar por la ventana».

Para pensar en términos simples y sencillos, de sentido común, se deberían seguir estas pautas:
1. Sacar el ego de en medio. El buen juicio se basa en la realidad. Cuanto más se filtran las cosas a través del ego, más se alejan de la realidad.
2. Evitar las ilusiones. Todos queremos que las cosas salgan de cierta manera. Pero las cosas se desarrollan frecuentemente fuera de nuestro control. El buen sentido común, tiende a sintonizar con el rumbo que siguen las cosas.
3. Escuchar mejor. El sentido común, por definición, se basa en lo que piensan los demás. Es el pensamiento que comparten muchos. La gente que no tiene sus oídos alerta, pierde el contacto con el sentido común.
4. Ser algo cauto. Las cosas a veces, parecen lo contrario de como son realmente. Esto es porque algunos intentan adaptarlas a sus intereses personales.

Un Resumen Sencillo
Confíe en su sentido común. Le dirá lo que tiene que hacer


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