El problema del trabajo productivo




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Además, no se sabe muy bien por qué razón (quizá por creer, al contrario que Marx, que ser trabajador productivo es algo estupendo y deseable, al menos toda vez que ya se es trabajador), parece que existe cierta tendencia espontánea a identificar a los trabajadores productivos con el proletariado, con
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el proletariado «de verdad», y viceversa; tendencia que lleva a administrar y distribuir con la misma pacatería tanto un título como el otro.

Entre los que sostienen la opinión de que el trabajador productivo debe traducirse en un objeto material figuran autores tan poco sospechosos de heterodoxia —tomados por separado, pues juntos sólo podría salvarse uno— como Poulantzas y Mandel. He aquí a Poulantzas: «es trabajo productivo, dentro del modo de producción capitalista, aquel que produce plusvalor al reproducir directamente los elementos materiales que sirven de sustrato a la relación de explotación: por consiguiente, aquel que interviene directamente en la producción material al producir valores de uso que aumentan las riquezas materiales»44. El error de Poulantzas es doble: introducir la producción material para delimitar el trabajo productivo e identificar la producción de valores de uso con la producción material.

Pero no vamos a discutirlo ahora; seguiremos, en cambio, el razonamiento más prolijo de Ernest Mandel. Este autor comienza, eso sí, por señalar adecuadamente la importancia del problema: «El capital invertido en el sector de los servicios, ¿es o no productivo? Mientras esta inversión de capitales no tuvo más que un carácter marginal, la respuesta a estas cuestiones era poco importante para el análisis del movimiento del modo de producción capitalista. Pero desde que el sector servicios se ha extendido, hasta el punto de absorber una parte considerable del capital social total, la determinación de los límites exactos del capital productivo ha cobrado la mayor importancia para el análisis teórico» 45.

Totalmente de acuerdo, prosigamos. «La fórmula "El trabajo productivo en el capitalismo es aquel que crea plusvalor" es insuficiente para determinarlo. Ciertamente, es exacta, pero puramente tautológica. No responde a la cuestión del límite del capital productivo, se contenta con volver a plantear la misma cuestión en forma diferente» 46. Mandel se equivoca aquí, en nuestra opinión. La fórmula solamente es tautológica si se considera que la determinación del trabajo como productivo atañe únicamente a la relación del trabajo con el capital. Pero si considera, con Marx, que en el trabajo productivo deben reunirse las determinaciones del proceso de producción específicamente capitalista con las del proceso laboral en general, y la determinación aportada por este último no es ni puede ser otra que la de producir valores de uso, entonces ya no hay tautología ni desplazamiento de la cuestión. El trabajo productivo en general es el que produce valores de uso; el trabajo productivo capitalista, en particular, es el que ademas produce plusvalor. Lo que hace Marx es definir solamente la determinación específica; podría también haber dicho: «trabajo productivo en el ca-
44 N. POULANTZAS, Les classes sociales dans le capitalisme aujourd'hui, Seuil, París, 1974, p. 231; los subrayados son suyos. Ed. castellana, Siglo XXI, Madrid, 1977.

45 E. MANDEL, La troisiéme age du capitalisme, vol. II, pp. 423-424 (traducción al francés de Bernard Kreise), Union Genérale d'Editions, París, 1976.

46 Loc. cit.
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pitalismo es el trabajo productivo en general que también produce plusvalor». Pero, en realidad, ni siquiera hace falta recurrir a todo esto, a los «también», los «además» y los «en general». Si un trabajo produce plusvalor, es que produce valor, y si produce valor —valor de cambio—, es que produce valor de uso. Por lo tanto, en la determinación de producir plusvalor está recogida la de producir valor de uso, por lo que la fórmula de Marx es correcta;

no sucede lo contrario —producir valores de uso no quiere decir producir plusvalor—, por lo que la fórmula de Marx es, además, necesaria.

Añadamos que, puesta de propio o implícitamente la condición de producir valores de uso, el problema consiste en determinar qué trabajo, y a partir de ahí qué capital, es productivo, y no al contrario. El mismo Marx plantea de manera explícita las cosas en este orden cuando, como vimos anteriormente, explica que el trabajo comercial asalariado obtiene sus ingresos de la ganancia porque su tarea no es productiva, y discute el carácter productivo o no del trabajo comercial —en el libro II—, y no el del capital comercial —en el libro III—, que se da por supuesto como improductivo. Dicho sea de paso, por la misma razón es incorrecto hablar de que «la definición primitiva del trabajo productivo ha sido restringida después de todo trabajo cambiado por capital a todo trabajo cambiado por capital productivo», como lo hace Ian Gough en un artículo, por otra parte, excelente en general47.

«La dificultad tiene su fuente —continúa Mandel— en los escritos del mismo Marx, pues existe una cierta discordancia entre las Theorien über der Mehrwert y el libro II de El capital. En las Theorien über der Mehrtvert, en las cuales subraya, a propósito del mismo tema, el papel positivo de Adam Smith en el desarrollo de la teoría del valor-trabajo y de la comprensión de la relación del capital, Marx vacila todavía entre la tesis según la cual sólo el trabajo que participa directamente en una producción de mercancías —y, por tanto, en la producción de valor y plusvalor— es productivo y aquella otra según la cual todo trabajo comprado con capital (que se cambia por capital y no por renta) puede ser también clasificado como trabajo productivo»48.

Esto no es nada exacto, pero, como más tarde veremos lo que dice Marx sobre la teoría de Smith del trabajo productivo como trabajo que produce mercancías, no nos vamos a detener ahora en ello. Lo que sí es cierto es que reina bastante confusión, o al menos bastante falta de claridad, en los textos de Marx. «En el capítulo Der Begriff der produktiven Arbeit (el concepto de trabajo productivo) —prosigue nuestro autor—, publicado por Kautsky como anexo al libro I de las Theorien über der Mehrwert, estas dos definiciones se encuentran todavía más profundamente mezcladas. Hasta qué punto está todavía presente la indeterminación efectiva de los límites del trabajo producti-
47 Ian GOUGH , «La théorie du travail productif et ímproductif chez Marx», Critiques de l'Economie Politique, núm. 19, 1972, p. 63.

48 Ibid., pp. 424-425.
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vo, es algo que muestra claramente el pasaje en que Marx —enteramente en oposición a El capital— incluye a los intermediarios comerciales, desde el momento en que son asalariados, en la categoría de los trabajadores productivos»49.

Sobre las «dos definiciones» ya hemos explicado antes que no eran idénticas ni alternativas, sino en todo caso complementarias, así como que la basada en la producción de plusvalor, bien entendida, incluía a la basada en el cambio por capital; no volveremos sobre esto. En cuanto a la inclusión de los trabajadores comerciales, hemos encontrado en el texto aludido, con posibilidad de convertirse o convertidos ya en trabajadores productivos y por este orden, a unos autores, una tiple, un sastre, un empapelador, otro autor, unos profesores y un actor; se negaron en redondo a recibir la bendición, o no la consiguieron por más que lo intentaron, los siguientes: John Milton, un sastre por cuenta propia, un soldado, un médico, un abogado, unos funcionarios públicos, otro profesor, más médicos y unos curas; todos los primeros habían vendido su fuerza de trabajo a un capitalista, pero no así los segundos, aunque algunos intentaron hacer pasar sus honorarios por salarios ante el cliente.

Por más que hemos rastreado, sin embargo, no hemos hallado ni un solo intermediario comercial, ni asalariado ni sin asalariar, ni productivo ni improductivo. Bien es verdad que, en otro lugar, sí hemos encontrado unos trabajadores comerciales productivos: «Al capital industrial, los costos de circulación les resultan gastos varios, y lo son para él. Para el comerciante resultan la fuente de su ganancia, la cual —supuesta la tasa general de ganancia— se halla en proporción con la magnitud de dichos costos. Por ello, el desembolso que debe efectuarse en estos costos de circulación es una inversión productiva para el capital comercial. Y, en consecuencia, para él también es directamente productivo el trabajo comercial que com-
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-pra». Si al menos esta cita fuera de las Teorías..., o incluso de una obra anterior..., pero, ¡ay, dolor!, es de El capital..., y no sólo eso, sino, además, del libro III.

En fin, penas aparte, es claro que Marx utiliza aquí el adjetivo «productivo» desde el punto de vista del comerciante en particular, no de la producción capitalista en general, y que lo hace a conciencia. «Es en el libro II de El capital donde Marx establece definitivamente la determinación de los trabajadores productivos: son los que participan en la producción material de mercancías y, por tanto, de valor y de plusvalor. Queda así claramente establecido que no todo trabajo que se cambia por capital es necesariamente productivo, comenzando por el de los asalariados empleados en la esfera de la circulación (capital comercial y bancario)»51. En cuanto a lo primero, el adjetivo «material» es un añadido de Mandel.

Lo que Marx explica es, pura y simplemente, como ya vimos con anterioridad, que en la circulación no se puede crear ningún valor, de donde se desprende en cadena
49 Ibid., p. 425.

50 K. MARX, El capital, cit., libro III, vol. VI, p. 386.

51 E. MANDEL, op. cit., pp. 425-426.
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que los trabajadores comerciales no crean valor, que aunque estén asalariados siguen sin crear valor y que, por consiguiente, jamás crearán plusvalor, aunque originen ganancias para su patrón. Esto es lo que dice el capítulo VI, Los costos de circulación, del que Mandel extrae luego un par de citas que le parecen definitorias.

Efectivamente, «queda así claramente establecido que no todo trabajo que se cambia por capital es necesariamente productivo», pero no «comenzando por los asalariados empleados en la esfera de la circulación», sino comenzando y terminando con ellos. Las conclusiones sobre los trabajadores comerciales —o bancarios, tanto da— se desprenden exclusivamente de su característica específica de cumplir tareas que corresponden a la esfera de la circulación; por consiguiente, esas conclusiones no son en manera alguna extensibles a los trabajadores de los servicios, que no pertenecen a la esfera de la circulación; por supuesto, ni los trabajadores ni el capital de servicios son mencionados en ningún momento. «Y Marx formula, en consecuencia, en El capital, la ley general que determina los límites del trabajo productivo: "Cuando, por la división del trabajo, una función que de por sí es improductiva pero constituye un elemento necesario de la reproducción, se transforma de ocupación accesoria de muchos en ocupación exclusiva de pocos, en tarea particular de éstos, no se transforma la índole de la función misma. Por consiguiente, si por su función el trabajo asalariado puede seguir siendo improductivo, incluso aunque represente un elemento indispensable para la reproducción, esto debería ser cierto, con mayor razón, para los trabajos que no desempeñan ningún papel directo en la reproducción. No es comprensible en absoluto que el intercambio de servicios personales por renta, en la medida en que no conduce a la producción de mercancías, pueda convertirse súbitamente en productivo por el solo hecho de que esté organizado como comercio capitalista y se efectúe a partir de trabajo asalariado"»52.

¡Qué maravilla de quid pro quo! Para que la «ley general» funcionase, se tendría que haber demostrado de antemano que el trabajo de servicios es «de por sí» improductivo, cosa que no se ha hecho. Si no se ha hecho tal cosa, lo más que cabe decir es que el trabajo de servicios no era productivo desde un punto de vista capitalista cuando aún no se cambiaba por capital, lo que, por lo visto, le incapacitaría para serlo por toda la eternidad. Pero el trabajo productor de mercancías tampoco era productivo de por sí antes de «convertirse súbitamente» «por el solo hecho»' de estar «organizado» y «asalariado» a la capitaliste.

Ningún trabajo es productivo desde el punto de vista capitalista «de por sí», antes de ser comprado por capital: absolutamente ninguno. Pero el privilegio que se concede al pequeño productor de mercancías, que al arruinarse y verse obligado a vender su fuerza de trabajo al capi-
52 lbid., pp. 426-427; la cita de MARX ha sido tomada directamente de El capital, cit., libro II, vol. IV, p. 155.
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talista pasa «de por sí» a convertirse, con todos los honores, en trabajador productivo, se le niega, en cambio, al pequeño productor de servicios. ¿Qué quiere decir el «de por sí» de Marx? Designa el otro componente que hace falta, además de cambiarse por capital, para ser trabajo productivo; a saber, ser trabajo productivo desde el punto de vista del proceso laboral en general, es decir, ser trabajador productor de valores de uso. Con lo cual, lamentándolo mucho, volvemos al mismo sitio en que estábamos: volvemos a la cuestión de si el trabajo de servicios produce o no valores de uso.

Por lo demás, Marx no pretende dar al pasaje citado por Mandel categoría alguna de «ley general»; se limita a decir que es algo que «resulta claro desde un principio», dos puntos, y sigue el resto. Más aún, tres renglones más arriba averiguamos a qué se refieren la claridad de Marx y la «ley general» de Mandel: «Hoy como ayer, el tiempo que insumen la compra y la venta no crea ningún valor. La función del capital comercial suscita una ilusión. Pero, sin entrar aquí en más detalles, lo siguiente resulta claro desde un principio», etc.53.

Al final del mismo capítulo, sin embargo, sí anuncia Marx la tan esperada «ley general»: «La ley general es que todos los costos de circulación que surgen sólo de la transformación formal de la mercancía no agregan ningún valor a esta última»54.

Nosotros ya conocíamos esta ley (véase más arriba), referida exclusivamente a la circulación; lo que no nos esperábamos era ver convertida en ley su generalización a diestro y siniestro. En cuanto a que los trabajos de servicios no juegan ningún papel en la reproducción,

aquí se vuelve a dar por supuesto lo que se debería demostrar. Si hay un proceso de producción capitalista de los servicios, la única diferencia con el proceso de producción de mercancías será que el trabajo de los asalariados no tomará la forma de un objeto independiente, la mercancía, que aquél venderá posteriormente para comprar de nuevo fuerza de trabajo, materiales, etcétera.

Pero desde el punto de vista de la producción y reproducción del valor y el plusvalor, que son, según Marx, el producto específico del proceso de producción capitalista, y el único producto que interesa a efectos de discutir la productividad del trabajo; desde el punto de vista de la reproducción del valor, decimos, la única diferencia estriba en que en la producción de servicios ocupa sólo un tiempo (al mismo tiempo que consume la fuerza de trabajo de sus asalariados recibe ya el capitalista del cliente el pago en dinero) lo que en el proceso de producción de mercancías exige dos (primero se consume la fuerza de trabajo en la producción de mercancías, después se cambian en el mercado estas mercancías por dinero).

Con esto, por supuesto, no pretendemos haber demostrado que el trabajo asalariado de servicios produce plusvalor para el capitalista, sino simplemente que, caso de producirlo, tendrá el mismo papel en el proceso de reproducción del valor —que es el que interesa— que el trabajo productor de mercancías, con lo que volvemos una vez más a la
53 K. MARX, El capital, loc. cit. lbid., p. 177.
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cuestión de siempre: si el trabajo de servicios es productivo en general, «de por sí», si crea o no valores de uso.
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