El problema del trabajo productivo




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El pasaje del Manifiesto al que remite Marx es el siguiente: «La burguesía despojó de su halo de santidad a todo lo que antes se tenía por venerable y digno de piadoso acatamiento. Convirtió en sus servidores asalariados al médico, al jurista, al poeta, al sacerdote, al hombre de ciencia»76. ¿Qué nos dice aquí Marx? Que los trabajadores asalariados de los servicios no son productivos, no deben confundirse con los trabajadores productivos, aunque compartan algunas de sus características. Pero ¿qué trabajadores asalariados de los servicios son éstos? El médico, el abogado y los profesionales, en Resultados..., y también el jurista, el poeta, el sacerdote y el científico, en el Manifiesto. Sin necesidad de una discusión casuística, es obvio que Marx tiene en mente a los profesionales que hoy llamamos liberales, a los que venden directamente sus servicios al cliente, en el primer caso, y que está haciendo un panfleto y no teoría económica, en el segundo. ¿Dónde están aquí los trabajadores de servicios cuyo servicio solamente llega al cliente a través de la mediación del capital, es decir, los trabajadores de servicios que cambian su trabajo por capital? En ningún lugar. Dicho sea entre paréntesis, la primera parte de este pasaje de los Resultados..., en la que los servicios se ven calificados tanto de «productos» como de «mercancías», debería ser suficiente para prevenir contra cualquier interpretación apresurada, y en cualquier contexto, de estos dos últimos términos como términos que excluyen necesariamente a los servicios. En el libro I, capítulo XIII, de El capital, Marx, tratando la cuestión de cómo la creciente fuerza productiva del trabajo permite mantener un número creciente de trabajadores improductivos, compara cifras de éstos y de trabajadores productivos. Entre los productivos figuran los obreros agrícolas, los del textil, los de la minería y los de la metalurgia y manufacturas metálicas. Entre los improductivos, solamente las «clases domésticas», que sirven «en casas particulares». Ni en un apartado ni en otro, pues, figuran los trabajadores empleados por el capital de los servicios77.

75 K . MARX, El capital, libr o I , capítul o V I (inédito) , cit. , p . 81 . Lo s corchetes , salv o el que va firmado, son del traductor.

76 K. MARX y F. ENGELS, El manifiesto comunista, p. 75 (traducción de Wenceslao Roces), Ayuso, Madrid, 1974.

77 Cfr. K. MARX, El capital, cit., libro I, vol. II, pp. 543-544.

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Vamos a abordar, por fin, los pasajes en que Marx habla más directamente del trabajo de servicios que se cambia por capital. Se trata de dos fragmentos, prácticamente idénticos, de los cuales uno forma parte del apéndice añadido por Kautsky a la parte de las Teorías sobre la plusvalía, que trata del trabajo productivo e improductivo según Adam Smith78, y el otro de los Resultados del proceso inmediato de la producción79. Ambos forman parte del manuscrito Zur Kritik..., pero mientras el apéndice, con el título Produktivttat des Kapitals. Produktive und unproduktive Arbeit —comprendida una primera parte no incluida por Kautsky en el apéndice—, ocupa las páginas numeradas 1317-1331, el segundo ocupa las páginas 441-495 (con algunas adiciones sueltas: 469 a-m y 262-264).

Por consiguiente, mientras nada indique lo contrario, parece lo más adecuado utilizar el contenido en las Teorías..., que debe ser el posterior —tanto más tratándose de dos textos virtualmente idénticos. Advirtamos que, inmediatamente antes del pasaje que vamos a analizar, Marx acaba de decir precisamente lo contrario de lo que nosotros pretendemos: acaba de decir que el trabajo productivo coincide con la producción material. El porqué de esta afirmación lo veremos inmediatamente después; de momento vamos a reseñarla. Marx acaba de explicar que la pequeña producción mercantil —y material— cede aceleradamente el paso a la producción capitalista. «Tal es la tendencia propia de una sociedad en la que predomina el tipo de producción capitalista. Podemos, pues, si tenemos en cuenta el carácter sustancial de la producción capitalista, partir del supuesto de que todo el mundo de las mercancías, todas las ramas de la producción material, se hallan sometidas, teóricamente o de hecho, al tipo de producción capitalista. En esta hipótesis, que se aproxima al límite final y que, por tanto, linda cada vez más con la exactitud absoluta, todos los obreros dedicados a la producción de mercancías son obreros asalariados y los medios de producción constituyen para todos ellos capital. Según esto, cabe afirmar que lo que caracteriza a los obreros productivos, es decir, a los obreros que producen capital, es el hecho de que su trabajo se concreta en mercancías, en riqueza material. Por donde hemos descubierto una segunda característica secundaria del trabajo productivo, distinta de su característica determinante e independiente en absoluto del contenido del trabajo.»

Enseguida volveremos sobre esto. Vamos sin interrupción con lo que le sigue, que es lo que nos interesa: «En la producción inmaterial, aun cuando tenga como finalidad exclusiva el cambio y produzca por tanto mercancías, caben dos hipótesis distintas:» 1) Puede ocurrir que se traduzca en mercancías, en valores de uso que revistan una forma personal, distinta del productor y del consumidor. Por
78 Cfr. K. MARX, Teorías de la plusvalía, cit., vol. I, pp. 221-222.

79 Cfr. K. MARX, El capital, libro I, capítulo VI (inédito), cit., pp. 88-89.
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consiguiente, estas mercancías pueden existir en el intervalo que separa la producción del consumo, pueden circular y venderse; tal acontece con los libros, con los cuadros, con todas las obras de arte que no se hallan inseparablemente vinculadas al acto de creación artística. El radio de aplicación de la producción capitalista, en este caso, es muy limitado. Un autor, supongamos, puede explotar a toda una serie de colaboradores secundarios para la redacción de una obra colectiva, de una enciclopedia, por ejemplo. En estos casos se observan generalmente las formas que conducen a la producción capitalista: los diversos colaboradores literarios, científicos o artísticos trabajan para un comprador común, el editor. Pero este sistema no encaja todavía, ni siquiera teóricamente, dentro de la producción capitalista propiamente dicha. Y los términos del problema no cambian por el hecho de que sea precisamente en estas-formas de transición donde la explotación del trabajo adquiera mayores proporciones.» 2) Hay, por el contrario, casos en que la producción no puede separarse del mismo acto de creación. Es lo que ocurre con todos los ejecutantes, artistas, actores, profesores, médicos, curas, etc. En estos casos, la producción capitalista tiene también un margen muy reducido y no puede llevarse a cabo más que en ciertas ramas. En los establecimientos de enseñanza, por ejemplo, puede ocurrir que los profesores sean simples obreros asalariados a sueldo del director. Este caso es frecuente en Inglaterra. Con respecto al director, estos profesores son obreros productivos, aunque no lo sean con respecto a los alumnos. El director cambia su capital por la fuerza de trabajo de los profesores, enriqueciéndose por medio de esta operación. Otro tanto podemos decir de los directores de teatro, empresarios de conciertos, etc. El actor es un artista para el público y un obrero productivo para su director. Sin embargo, estos fenómenos de la producción capitalista representan episodios insignificantes, si los comparamos con el panorama de conjunto. Podemos, por consiguiente, dejarlos de lado.» A los actores nos los habíamos encontrado ya como trabajadores productivos —cuando cambian su fuerza de trabajo por capital— en la parte de las Teorías... dedicada a Smith80 y nos los podríamos haber encontrado también en los Grundrisse81.

A los maestros, en el mismo caso, podemos encontrarlos en los Resultados... y en el libro I de El capital. Reproduciremos estos dos pasajes, que resultan taxativos. En Resultados...: «Un maestro de escuela que enseña a otros no es un trabajador productivo. Pero un maestro de escuela que es contratado con otros para valorizar mediante su trabajo el dinero del empresario [entrepreneur]
80 Cfr. K. MARX, Teorías de la plusvalía, cit., vol. I, p. 143.

81Cfr. K. MARX, Elementos fundamentales para la crítica de la economía política, cit., vol. I, p. 270.
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de la institución que trafica con el conocimiento [knowledge mongering insti-tution]y es un trabajador productivo»82. En El capital: «Sólo es productivo el trabajador que produce plusvalor para el capitalista o que sirve para la autovalorización del capital. Si se nos permite ofrecer un ejemplo al margen de la esfera de la producción material, digamos que un maestro de escuela, por ejemplo, es un trabajador productivo cuando, además de cultivar las cabezas infantiles, se mata trabajando para enriquecer al empresario. Que este último haya invertido su capital en una fábrica de enseñanza, en vez de hacerlo en una fábrica de embutidos, no altera en nada la relación. El concepto de trabajador productivo, por ende, en modo alguno implica meramente una relación entre actividad y efecto útil, entre trabajador y producto del trabajo, sino, además, una relación de producción específicamente social, que pone en el trabajador la impronta de medio directo de valorización del capital»83.

Volvamos al pasaje de las Teorías... Si los servicios estrictamente dichos son productivos, a fortiori lo serán aquellos que se incorporan, aunque sea dando un rodeo, a mercancías materiales (por ejemplo, el trabajo del escritor a los libros). Del apartado 1), por consiguiente, no nos interesa sino aclarar algo que puede inducir a confusión. Nos referimos a la afirmación de que «este sistema no encaja todavía, ni siquiera teóricamente, dentro de la producción capitalista propiamente dicha». ¿Cómo podría haber plusvalor, y por tanto trabajo productivo, si no hay producción capitalista? El problema reside en qué quiera decir lo de «propiamente dicha», y se resuelve fácilmente echando una ojeada, por ejemplo, a los Resultados... «Con la producción de la plusvalía relativa (...) se modifica toda la forma real del modo de producción y surge (incluso desde el punto de vista tecnológico) un modo de producción específicamente capitalista»84. O bien, lo que en realidad es lo mismo: «La característica general de la subsunción formal sigue siendo la directa subordinación del proceso laboral —cualquiera que sea, tecnológicamente hablando, la forma en que se lleve a cabo— al capital. Sobre esta base, empero, se alza un modo de producción no sólo tecnológicamente específico que metamorfosea la naturaleza real del proceso de trabajo y sus condiciones reales: el modo capitalista de producción. Tan sólo cuando éste entra en escena se opera la subsunción real del trabajo en el capital»85. En otras palabras: en un primer momento, lo único que el capital hace es apoderarse de un modo de producción preexistente; los mismos momentos y elementos de la producción mercantil simple, por ejemplo, se convierten en momentos de la circulación del capital y en propiedad del capitalista, que se limita a tratar de prolongar la jornada de trabajo para extraer plusvalor abso-
82 K. MARX, El capital, libro I, capítulo VI (inédito), cit., p. 84.

83 K. MARX, El capital, cit., libro I, vol. II, p. 616.

84 K. MARX, El capital, libro I, capítulo VI (inédito), cit., p. 58.

85 Ibid., p. 72.
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luto. En un segundo momento, el capital modifica las condiciones técnicas de la producción, particularmente incrementando el capital fijo, elevando, por tanto, su composición orgánica (pero también introduciendo o perfeccionando la división manufacturera del trabajo, etc.) al objeto de aumentar el plusvalor relativo. Entonces, tanto desde el punto de vista de la producción de plusvalor como desde el punto de vista del proceso laboral material, surge el modo de producción capitalista propiamente dicho. Pero, desde el punto de vista de la producción de plusvalor, ya existía el modo de producción capitalista en su forma general. «Es la forma general de todo proceso capitalista de producción, pero es a la vez una forma particular respecto al modo de producción específicamente capitalista, desarrollado, ya que la última incluye la primera, pero la primera no incluye necesariamente la segunda»86. Así, con independencia del horror que pueda inspirar este lenguaje hegelianizante a quien no esté mínimamente familiarizado con él, queda disipada la duda que podía provocar el apartado 1).

Pasemos al apartado 2). En realidad, es más claro que el agua: Marx afirma sin ambages que el trabajo de servicios empleado por un capital es un trabajo productivo. Aclararemos simplemente que la diferencia entre el carácter productivo de los profesores y el actor para sus respectivos empresarios y su carácter improductivo para los alumnos y el público no significa ninguna escapatoria. No quiere decir que sean solamente productivos desde el punto de vista de ese empresario pudiendo, al mismo tiempo, no serlo en general. Pretende decir precisamente lo contrario: que aunque no lo sean para los consumidores de servicios, lo son para los capitalistas, lo que quiere decir para el capitalista en general. El trabajo incorporado por el obrero en la mercancía chaqueta no es trabajo productivo, a secas, porque lo sea para todos los capitalistas ni para unos cuantos (para el fabricante de chaquetas, el de telas, el de libros...), sino que basta con que lo sea para uno de ellos: el que la produce, el fabricante de chaquetas. Cuando, sufriendo su última metamorfosis, entra al consumo, cuando alguien se viste con ella, sea quien sea, la gasta ya improductivamente, lo mismo que gastaría el trabajo del profesor o del actor. (Esto no podría generalizarse para el trabajador de comercio, aunque

su trabajo aparente ser «productivo» para el capitalista, ya que le enriquece. Aquí se ha perdido la determinación general del trabajo productivo: producir un valor de uso; el trabajo que se invierte en mercancías materiales o en servicios produce valores de uso, pero el que se invierte en su circulación —por cierto, que la propiedad de los servicios también puede circular— no produce valor de uso alguno.) Sin embargo, después de mostrar que el trabajo de servicios que se cambia

por capital es trabajo productivo, Marx propone prescindir de «estos fenómenos de la producción capitalista [que] representan episodios insignificantes, si los comparamos con el panorama de conjunto». La misma recomendación
86 Ibid., p. 54.
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podemos encontrarla por dos veces en los Resultados...87 y otra más en las Teorías...88. Destaquemos, por último, el hecho de que Marx vuelva a afirmar taxativamente el carácter productivo del trabajo de un maestro empleado por un capitalista, es decir, el carácter productivo de un trabajador de servicios que cambia su trabajo por capital, precisamente en el libro I de su obra definitiva, en el último texto económico que él mismo preparó directamente para la imprenta. Lo mismo hemos de hacer con el hecho de que, a la hora de explicar que el carácter productivo o no de un trabajo no tiene que ver con su contenido concreto, Marx recurre siempre, sistemáticamente, al mismo ejemplo: al ejemplo del maestro, al ejemplo de un trabajador de servicios. Debemos decir ahora que este problema que tanto trabajo nos ha dado tiene, en realidad, una solución que sorprende por su simplicidad. Y hablamos de «deber» no como confesión ni como petición de perdón por haber dedicado tanto espacio a algo que ahora proclamamos elemental, sino más bien como lamentación porque se haya visto complicado con toda una serie de dificultades que, como enseguida veremos, también tienen su razón de ser.

Es útil en general, tiene un valor de uso, aquello que satisface una necesidad. Da lo mismo cuál sea esa necesidad, que puede ser desde la más sana e imperiosa hasta la más aberrante y superflua. También da lo mismo el que tal necesidad sea satisfecha por un objeto o por una actividad. Trabajo productivo en general es, por consiguiente, aquel que crea el objeto o realiza la actividad llamados a satisfacer esa necesidad. No por obvio hay que olvidar que esa actividad o ese objeto deben estar en condiciones de acceder a la necesidad que están llamados a satisfacer, o viceversa. O sea, que la chaqueta que me va a quitar el frío o a convertir en un dandy debe estar donde yo pueda alcanzarla, no en la Luna, por lo que el trabajo de un sastre selenita, si allí nadie pide chaquetas, sería improductivo.
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