I. tema II. Problema




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títuloI. tema II. Problema
fecha de publicación15.01.2016
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tipoBibliografía
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INDICE


INTRODUCCIÓN 4



ELEMENTOS DE CONTENIDO 6



Tema

Problema

Objetivo

Hipótesis

Justificación

MARCO TEÓRICO 8

EXPERIMENTO 12

BIBLIOGRAFÍA 14



Como ya hemos estudiado, una característica de los metales es la corrosión, o sea, su facilidad para oxidarse bajo la acción de la humedad con el oxigeno del aire. La corrosión constituye un problema para las instalaciones al aire libre, sobre todo de aquellas que revisten gran importancia como los oleoductos, gasoductos, los motores de los vehículos, las tuberías de agua y gas domestico, maquinaria pesada industrial, tractores, etcétera.

Entre los metales que son fácilmente atacados por la corrosión están el hierro, que en presencia del aire húmedo se cubre lentamente de una capa de oxido férrico hidratado o herrumbre.

Para prevenir la corrosión se usan varios métodos, como la protección con cera, el uso de pinturas, el recubrimiento y la combinación con otros metales que son difíciles de oxidar y otros mas complejos.

Todos los transportes marinos son los que mas sufren de corrosión por estar en contacto con agua de mar que es un electrolito que la favorece, es por ello que se requieren procesos anticorrosivos para su mayor duración.



I.- TEMA







II.- PROBLEMA



¿Por que sufren el fenómeno de la corrosión los metales?

III.- OBJETIVO



El objetivo principal de este experimento es conocer de manera inmediata y directa los efectos de la corrosión

IV.- HIPÓTESIS



Nuestra hipótesis es de que los metales sufren la corrosión con la presencia de la humedad y el oxigeno.

V.- JUSTIFICACIÓN



Nuestra justificación esta basada con el fin de conocer los factores que originan la corrosion y los medios para evitarlo.



Corrosión, desgaste total o parcial que disuelve o ablanda cualquier sustancia por reacción química o electroquímica con el medio ambiente. El término corrosión se aplica a la acción gradual de agentes naturales, como el aire o el agua salada sobre los metales.

El ejemplo más familiar de corrosión es la oxidación del hierro, que consiste en una compleja reacción química en la que el hierro se combina con oxígeno y agua para formar óxido de hierro hidratado. Este óxido, conocido como orín o herrumbre, es un sólido que mantiene la misma forma general que el metal del que se ha formado, pero con un aspecto poroso, algo más voluminoso, y relativamente débil y quebradizo.

Hay tres métodos para evitar la oxidación del hierro : (1) mediante aleaciones del hierro que lo convierten en químicamente resistente a la corrosión; (2) impregnándolo con materiales que reaccionen a las sustancias corrosivas más fácilmente que el hierro, quedando éste protegido al consumirse aquéllas; y (3) recubriéndolo con una capa impermeable que impida el contacto con el aire y el agua. El método de la aleación es el más satisfactorio pero también el más caro. Un buen ejemplo de ello es el acero inoxidable, una aleación de hierro con cromo o con níquel y cromo. Esta aleación está totalmente a prueba de oxidación e incluso resiste la acción de productos químicos corrosivos como el ácido nítrico concentrado y caliente. El segundo método, la protección con metales activos, es igualmente satisfactorio pero también costoso. El ejemplo más frecuente es el hierro galvanizado que consiste en hierro cubierto con cinc. En presencia de soluciones corrosivas se establece un potencial eléctrico entre el hierro y el cinc, que disuelve éste y protege al hierro mientras dure el cinc. El tercer método, la protección de la superficie con una capa impermeable, es el más barato y por ello el más común.

Este método es válido mientras no aparezcan grietas en la capa exterior, en cuyo caso la oxidación se produce como si no existiera dicha capa.

Si la capa protectora es un metal inactivo, como el cromo o el estaño, se establece un potencial eléctrico que protege la capa, pero que provoca la oxidación acelerada del hierro. Los recubrimientos más apreciados son los esmaltes horneados, y los menos costosos son las pinturas de minio de plomo.

Algunos metales como el aluminio, aunque son muy activos químicamente, no suelen sufrir corrosión en condiciones atmosféricas normales. Generalmente el aluminio se corroe con facilidad, formando en la superficie del metal una fina capa continua y transparente que lo protege de una corrosión acelerada. El plomo y el cinc, aunque son menos activos que el aluminio, están protegidos por una película semejante de óxido. El cobre, comparativamente inactivo, se corroe lentamente con el agua y el aire en presencia de ácidos débiles como la disolución de dióxido de carbono en agua —que posee propiedades ácidas—, produciendo carbonato de cobre básico, verde y poroso. Los productos de corrosión verdes, conocidos como cardenillo o pátina, aparecen en aleaciones de cobre como el bronce y el latón, o en el cobre puro, y se aprecian con frecuencia en estatuas y techos ornamentales.

Los metales llamados nobles son tan inactivos químicamente que no sufren corrosión atmosférica. Entre ellos se encuentran el oro, la plata y el platino. La combinación de agua, aire y sulfuro de hidrógeno afecta a la plata, pero la cantidad de sulfuro de hidrógeno normalmente presente en la atmósfera es tan escasa que el grado de corrosión es insignificante, apareciendo únicamente un ennegrecimiento causado por la formación de sulfuro de plata. Este fenómeno puede apreciarse en las joyas antiguas y en las cuberterías de plata.

La corrosión en los metales supone un problema mayor que en otros materiales. El vidrio se corroe con soluciones altamente alcalinas, y el hormigón con aguas ricas en sulfatos. La resistencia a la corrosión del vidrio y del hormigón puede incrementarse mediante cambios en su composición.



Corrosión


Material



Recipiente de vidrio mediano

Sal de cocina (NaCl)

Pila de 6 Voltios

2 cables eléctricos de 30 cm aprox.

Clavo, tornillo o rondana


Desarrollo





  1. Pela los extremos de cada cable, uniendo uno de los extremos de cada uno a cada polo de la pila.

  2. En el recipiente de vidrio agrega agua hasta la mitad. Agrega dos cucharadas de sal y revuélvela hasta disolverla completamente.

  3. Coloca en el extremo libre del cable conectado al polo positivo de la pila el objeto de hierro, sujetándolo firmemente.

  4. Introduce los dos cables dentro de las disolución, teniendo cuidado de que no se toquen entre si; cuando el objeto se recubra de una sustancia negra retira los cables del recipiente.


Se utilizó la siguiente bibliografía:
Articulo de corrosión de la Enciclopedia Microsoft Encarta 2000 para el marco teórico.

La magia de la Química de Rosalía Allier y Lilia Fuse de la editorial Mc Graw Hill, pg. 227 y 228 para el experimento.





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