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fecha de publicación19.03.2017
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CARLOS ALBERTO JIMÉNEZ V.

Magister Comunicación y Educación

PHD Profesor Titular Universidad Libre Seccional Pereira

La química de la violencia

Fuera de existir el modelo cerebral por impulsos eléctricos, basado en la conexión de neuronas a través de las dendritas, existe otro tipo de cerebro químico que puede funcionar como un segundo sistema nervioso. Para estudiar este cerebro se hace necesario que exploremos la química del pensamiento y de las emociones, para poder establecer algunas relaciones con la violencia humana.

Las nuevas investigaciones y descubrimientos alrededor de la Neurociencia se enfocan actualmente en poder comprender la química de las emociones para abrir nuevas brechas en la comprensión de problemas, especialmente relacionados con la violencia, donde siempre ha primado una visión reduccionista, en la cual la comprensión de este problema se atribuye a la genética, o al contexto cultural y social.

El fundamento básico para comprender la violencia desde una dimensión química, parte del supuesto de que cuando tenemos un pensamiento agresivo en nuestro cerebro, inmediatamente la respuesta que se produce es una gran cascada de moléculas de la emoción que invaden toda la corporalidad humana y no como antes se creía, que solo existía a nivel del cerebro límbico. Es así, como hoy en día son los péptidos, junto con los receptores de la célula, los químicos que más influyen en la conexión entre cuerpo y mente. Anteriormente se planteaba que eran solamente los neurotransmisores.

En el momento en que una persona se encuentra frente a una situación amenazante o se encuentra invadida por las emociones negativas relacionadas, con la ira y el intenso dolor, el sistema nervioso simpático es el que se encarga de esta situación estresante. Por consiguiente, el ritmo cardiaco se altera, lo mismo que la respiración y la tensión, las pupilas se dilatan, la presión arterial se eleva, también existe un desbalance del sistema endocrino e inmunológico. De esta forma se activan las glándulas suprarrenales y se produce toda esa cascada de reacciones químicas que viajan por la médula espinal, produciendo respuestas inmediatas. Por esta razón estas señales llegan a las glándulas suprarrenales más rápido que a cualquier otro tejido del cuerpo humano.

Una vez que la corporalidad humana se inunda de adrenalina el pensamiento consciente desaparece y las neuronas, y los neurotransmisores trasmiten el problema al hipotálamo, el cual libera una serie de hormonas, y las envía a la glándula pituitaria. Allí se libera el péptido llamado corticotropina, el cual será liberado en todo el torrente sanguíneo, para llegar a su destino las glándulas suprarrenales donde se produce la hormona del estrés (glucorticoides). De esta forma el cortizol y la adrenalina son las responsables de la mayoría de los efectos producidos en el estrés. En consecuencia si éste es crónico se produce también noradrenalina, la cual se comunica con la amígdala ayudando nuevamente a reciclar esa cascada de moléculas negativas de la emoción que desencadenan la depresión, la angustia, el odio, la hiperactividad, es decir todos aquellos procesos que de una u otra forma están relacionados con la violencia humana.

La testosterona

Para la Neurociencia la testosterona se encuentra ligada a la agresión y a la violencia del ser humano. Los aumentos de esta hormona se relacionan con conductas antisociales, con impulsividad, violencia, odio, maltrato, suicidio y conductas humanas relacionas con la competitividad. Estos son algunos de los motivos por los cuales el hombre es más violento que la mujer, debido a que en términos evolutivos el hombre desde sus orígenes se dedicó a la depredación y a la caza de animales prehistóricos, mientras que la mujer cumplía otro tipo de oficios ligados al hogar, a la siembra, a la domesticación, etc.

Hay que resaltar que un aumento de testosterona disminuye la presencia en el cerebro límbico de la producción de serotonina, dando como resultado una inhibición en la producción de este neurotransmisor tan necesario en el ser humano para proporcionar paz, tranquilidad y felicidad; los cuales son tres aspectos claves ligados con el sentido de la vida. Lo paradójico de lo anterior, es que la inhibición que se produce es de tipo cruzado, es decir, si aumenta mucho la serotonina disminuye la testosterona produciendo “Calma Marina”, pero a su vez disminuye en el apetito sexual de las personas.

La testosterona también se encuentra relacionada con la vasopresina e inclusive con el colesterol, produciendo comportamientos muy agresivos e impulsivos. Un aumento de vasopresina origina que el tiempo que transcurre entre el estímulo de una acción amenazante y la reacción de ataque disminuya, evitando que la señal de alarma llegue al córtex frontal y el sujeto no piense antes de actuar y sus comportamientos se conviertan en violentos o en un acto delictivo. No obstante, también existe una relación intensa entre la vasopresina y la serotonina originado conductas más desinhibidas y mayor respuesta motriz frente a eventos.

También se encuentra comprobado por Golier (1995), que la impulsividad también se encuentra relacionada con la baja cantidad de colesterol que puede tener un sujeto. Desde entonces, descubrió que en 70.000 personas con un seguimiento de 12 años, que la disminución de colesterol se encuentra relacionado con el aumento de riesgo suicida, y otros tipos de comportamiento que se pueden relacionar con la violencia, como son los cambios de humor, las actitudes depresivas o ansiosas, entre otras. Vale la pena señalar que este investigador pudo comprobar que 36% de los internos de algunas prisiones en U.S.A. presentaban disminución del colesterol en tasas menores de 200ml/dl. Al respecto Muldom (1990) pudo evidenciar inclusive que los anticolesterolémicos que nuestra población consume aumenta la conducta violenta y suicida. Aquí es importante precisar que el descenso de colesterol hace que la serotonina disminuya la serie de consecuencias que ya han sido analizadas.

Para finalizar, es necesario plantear que los delincuentes no son más violentos, agresivos e impulsivos que los sujetos normales, sino que también puede existir una relación directa entre los trastornos sociales y los patológicos que pueden existir a nivel del córtex frontal que pueden ocasionar la disminución del tamaño de la amígdala y del hipocampo, como se produce en los casos relacionados con el maltrato infantil que determina que exista un mal ajuste social, una deficiente toma de decisiones y por lo tanto en muchas ocasiones se cometen homicidios innecesarios. Un aspecto clave, es que el área del sistema límbico a nivel emocional funciona a 320 m/seg., mientras que el área del córtex frontal a 180 m/seg., lo cual indica que el sistema de alarma de tálamo-amígdala, funcione mucho más rápido que el sistema talámico – córtex frontal, originando conductas agresivas porque no se piensa antes de actuar. No hay que olvidar que el córtex-frontal es la zona cerebral más evolucionada del ser humano y que según evidencias de la Neurociencia, allí se encuentra la fuente de la moralidad, la conciencia y la ética, es decir, todos aquellos procesos cognitivos relacionados con el pensamiento, para poder resolver problemas utilizando planeamiento a largo plazo o todos aquellos procesos relacionados con la predicción humana.

La adrenalina y la noradrenalina

Nuestros pensamientos, nuestros sentimientos y nuestras acciones se transportan por medio de miles de millones de moléculas químicas llamadas hormonas, neuro-hormonas, neurotransmisores y péptidos que en últimas forman un gran sistema bioquímico encargado de recorrer todo el cuerpo humano, a través de conductos sanguíneos y linfáticos. Vale la pena aclarar que la noradrenalina se encarga de producir un estado de ánimo alegre y emprendedor; por el contrario la adrenalina es la que se encarga de activar el sistema de alerta entre el tálamo-hipotálamo y la hipófisis, para producir la huida o el ataque característica de la animalidad humana. Por último cabría mencionar que un exceso de la producción de dopamina puede llevar a la esquizofrenia, a la fantasía, o a la hiperactividad emocional que puede desencadenar procesos relacionados con la ansiedad, depresión y el estrés crónico, lo cual puede convertirse en el catalizador de la agresividad y de la violencia humana.

La noradrenalina no es solo un neurotransmisor que mantiene activo, al cerebro humano, sino que es una sustancia química del sistema nervioso vegetativo –simpático, que permite la regulación de la presión sanguínea y la actividad intestinal, en asociación con la adrenalina, la cual actúa sobre las glándulas suprarrenales produciendo un equilibrio básico en el consumo de energía, que si se hace alto por la acción de una situación amenazante, puede originar que se activen los latidos del corazón y que la sangre bombee con mayor fuerza a las manos o a las piernas produciendo la huida característica del depredador o el ataque violento del ser humano frente a una situación cotidiana en el hogar o en la escuela

El sistema límbico que se encuentra al lado del diencéfalo (tálamo, hipotálamo, glándula pineal, hipófisis), tiene la forma de dos cuernos en forma de arcos. Aquí es importante resaltar que este sistema es el centro principal de las sensaciones y de las emociones (ira, dolor, angustia, asco, odio, etc.) humanas y se encuentra unido a través de conductos nerviosos con la hipófisis, que es la glándula productora de hormonas, las cuales activan la adrenalina sobre la corteza adrenal, produciendo aquellas microemociones que pueden convertirse en emociones fuertes capaces de desencadenar el miedo o la ira. Estos procesos se encuentran regulados por la producción de adrenalina y la noradrenalina que desencadena la exteriorización de agresiones corporales o simbólicas, que afectan tanto la integridad, como la convivencia humana.

La adrenalina y la noradrenalina alcanzan su punto cumbre de producción en las primeras horas de la mañana, de acuerdo al biorritmo individual. Al respecto una concentración rítmica alta de adrenalina y noradrenalina pude desencadenar problemas psíquicos y corporales relacionados especialmente con el estrés, y este fácilmente desencadena patologías relacionadas con la hipertensión arterial, la taquicardia, las dificultades con el sueño, la sudoración, la ansiedad, la depresión, la disminución del sistema inmunológico y los ataques de agresividad, que para nuestro caso son fundamentales para poder comprender desde el punto de vista de las ciencias de la Educación esta serie de causales relacionadas con la violencia humana del delito o la violación de la normatividad.

Así mismo podemos afirmar que si el sistema suprarrenal se encuentra ocupado, se inhibe el sistema digestivo e inmunológico, por lo tanto la presión arterial y la adrenalina hacen que la sangre circule con mayor cantidad en las manos para prepararse para un ataque violento, o para la huída. Es así como las vísceras (estómago, hígado, intestinos, etc.), dejan de construir células y se inactivan para poder preparar la corporalidad humana al instinto genético de depredación o de violencia. Además la sangre alimenta el cerebelo pero disminuye la conciencia y la inteligencia.

De manera similar existen moléculas para todas las emociones, buenas o negativas, del sistema límbico, es decir, para la ira, el dolor, la lujuria, el deseo y otras emociones que surgen en la interacción en contextos culturales particulares como la envidia, el asco, etc. Un aspecto clave es que el hipotálamo que se encuentra en el sistema límbico las deposita en el torrente sanguíneo viajando a través de toda la corporalidad y la piel, ya que esta se considera por la Neurociencia un cerebro periférico. De modo que cada célula (100.000 millones), tiene miles de receptores que se encargan de recibir determinados estímulos, que para nuestro caso forman el sistema de alarma del ser humano, es decir, el de ataque o huída. En este sentido cada célula tiene inteligencia y conciencia originando una cascada de reacciones químicas que afectan a todo el cuerpo, en palabras de Joe Dispenza “Todos somos seres adictos a las emociones, este problema no es sicológico, sino bioquímico”.

En síntesis, siguiendo a Josef Zehentbauer (1955), podríamos afirmar que “La serotonina actúa como un calmante emocional, haciendo perder un poco la conciencia, y como somnífero; la dopamina excita de forma emocional y sexual, activa la conciencia, la fantasía y la creatividad; la acetilcolina hace posible la memoria y los conocimientos intelectuales, agudiza las percepciones y es el neurotransmisor de nuestro pensamientos; la noradrenalina hace estar despierto y tener claridad de conocimientos activa el estar alerta, pero también las reacciones agresivas; el GABA actúa como tranquilizador y relajante” (p.55).

La serotonina

La serotonina es un neurotransmisor que desempeña un papel demasiado importante en la regulación del comportamiento humano y en especial a todos los aspectos relacionados con la ansiedad, la depresión, el sueño, los estados de ánimo y todas las conductas relacionadas con la vida sexual y la alimentación humana. También se encarga de controlar y regular las funciones neuroendocrinas y cognitivas del ser humano convirtiéndose este neurotransmisor en un importante mecanismo del sistema nervioso para poder inhibir todo lo relacionado con la animalidad humana y en especial con todos aquellos comportamientos que desembocan en el odio, la ira, el intenso dolor y la impulsividad humana que son quizás los proceso que más inciden en la violencia. Estas relaciones fueron demostradas por neurocientíficos de la universidad de Cambridge que lograron explicar el por qué algunas personas tienden a volverse más agresivas que otras, debido a la ausencia de ciertos aminoácidos por una inadecuada ingesta de proteínas, que hacen que no se sintetice apropiadamente por parte del cuerpo la serotonina. Esta permite un balance adecuado del bienestar humano que se refleja en la alegría y la tranquilidad, en caso contrario induce a la agresividad. No obstante, la desnutrición que afecta a más de 3.000 millones de seres en el planeta representa un ambiente natural para que se produzca la violencia y la delincuencia.

El aminoácido esencial que se requiere para la producción de la serotonina se llama triptófano el cual se encuentra en alimentos como el chocolate que fuera de liberar este aminoácido producen feniletilamina el cual hace que el ser humano segregue endorfinas que son opiáceos que hacen que el cuerpo humano se torne alegre y tranquilo. Estos son algunos de los motivos por los cuales en Inglaterra se entrega gratuitamente chocolatinas después de las 12 de la noche, donde se ha encontrado que se cometen más delitos especialmente relacionados con el consumo de alcohol y drogas psicoactivas. Por este procedimiento se ha reducido en más del 20% los homicidios y las conductas delincuenciales en muchos jóvenes y adolescentes. A su vez, como también el consumo de pollo, de harinas, como el arroz pueden sustituir en forma natural la tristeza, la angustia, la depresión y en especial el nerviosismo que provoca la ausencia de serotonina en el organismo.

Por otra parte es necesario aclarar que un exceso de serotonina también es negativo porque puede ocasionar alucinaciones, alterar la presión arterial, y el ritmo cardiaco acelerado que desemboca en la producción excesiva de adrenalina provocando procesos relacionados con la violencia. Este síndrome de serotonina también puede ser causado por el consumo de drogas como el éxtasis, el LSD, y la ingesta de antidepresivos, o un inadecuado consumo exagerado de alimentos ricos en azucares.

El medio ambiente por sí solo no explica la conducta violenta y mucho menos a nivel genético, es difícil, más no imposible hablar de un gen asesino. Hay que resaltar que actualmente la ciencia no tiene descubrimientos al respecto, las investigaciones solo han podido determinar que pueden existir predisposiciones genéticas. Por el contrario ese hecho evidencia que altos niveles de testosterona, y un bajo nivel de serotonina pueden incidir profundamente en una conducta delictiva. Al respecto cuando existen niveles bajos de serotonina (encargada de mantener en equilibrio la tensión emocional), se provoca el estrés, la frustración, la depresión, originando conductas agresivas.

También compuestos químicos como el Manganeso (Mn), el Hierro (Fe), el Cadmio (Cd), Cobre (Cu), se alteran profundamente en sujetos criminales y sus niveles de delincuencia se vuelven muy altos. De manera que un exceso, disminuye la serotonina (calma marina) y de dopamina, situación que genera un desequilibrio de los neurotransmisores produciendo que nos introduzcamos a los laberintos de la animalidad y de la violencia intrafamiliar, incrementando la adicción al alcohol y a las drogas Psicotrópicas.

Las patologías cerebrales también deben de tenerse en cuenta en las conductas violentas, una persona con alteraciones en la amígdala cerebral, en el Hipotálamo, o en alguna región que haga parte del sistema límbico pueden provocar desordenes de personalidad, problemas de atención, hiperactividad y desajustes en la conducta o en la personalidad. Los anteriores desajustes no solo pueden ser de carácter genético o producto de un accidente. Por lo tanto estos desórdenes también pueden ser ocasionados por problemas de desnutrición o de analfabetismo nutricional.

Estrés, ansiedad y depresión

Inicialmente se hace necesario plantear que cuando el ser humano tiene estrés produce una serie de químicos cuando la persona tiene un momento de estrés. Allí en el hipotálamo se encuentra debajo del tálamo, y funciona como una fábrica productora de la mayor cantidad de sustancias químicas que existen (90% de la comunicación del cuerpo humano es química), la cual produce péptidos, neuropéptidos y hormonas. Por consiguiente, cuando una persona se encuentra en una situación de Estrés, Ansiedad, Depresión; el hipotálamo envía sustancias el Hipotálamo envía sustancias (adrenocortocotopina), y la hipófisis manda una orden a las glándulas suprarrenales que se encuentran cerca del hígado, para qué toda la parte periférica produzcan una gran cantidad de drogas que hacen demasiado daño al organismo. En este proceso bioquímico inmediatamente se manda información a la zona periférica y la sangre se irradia a nivel de las manos y los músculos. Por lo tanto se producen dos momentos, uno de huida y otro de ataque, ligado al momento de depresión, de ansiedad o de estrés. Allí se activa el sistema nervioso simpático, donde hay un proceso químico y neurológico, el cual produce grandes cantidades de adrenalina o cantidades de corticoides, y todos estos químicos hacen que el corazón bombee más sangre.

El sistema de producción del estrés, ansiedad, depresión puede cambiar, produciéndose la serotonina (la calma marina), y la construcción de las células, generándose un cambio en el ADN y las enfermedades que generan el estrés, la ansiedad, y la depresión. De ahí que el poder de la mente es incalculable y por lo tanto debemos saber cómo está funcionando nuestro cerebro para poder desarrollar y elevar todas aquellas capacidades a su máximo nivel.

Actualmente existen más de 450 millones de personas en el mundo con problemas de depresión. En los Estados Unidos existen 40 millones de personas y consumen psicotrópicos, de igual forma en Colombia hay más de 16 millones de personas que ya han consumido sicotrópicos, o alguna droga para reducir la ansiedad o la depresión. Es importante entender desde el punto de vista de la Neurociencia el estrés, el cual se produce por dos aspectos muy sencillos a saber: primero es que vivimos en un modelo de sobrevivencia y segundo vivimos en un mundo donde existe un desequilibrio de sustancias que regulan todos los problemas relacionados con la homeóstasis a nivel de la producción de químicos y neurotransmisores del cuerpo humano.

Entender el estrés desde esta perspectiva implicaría verlo primero desde el punto de vista Neurofisiológico, es decir como una respuesta cuerda que produce el ser humano frente a un ambiente inhóspito, el cual hace que el organismo reaccione rápidamente. Hoy en día la ansiedad y la depresión se produce por diferentes causas, relacionados con el contexto social – cultural en que habitamos. En Colombia cotidianamente nos levantamos todos los días con la ansiedad de las bombas, de los atentados, de los atracos y otros tipos de conductas delictivas producto del estrés. Este tipo de sociedad violenta en que vivimos, hace que vivamos en un estado de sobrevivencia, en el cual el cuerpo produce una respuesta química que tiene que ver con una triada, de procesos en el que actúa el hipotálamo, la glándula pituitaria y las glándulas suprarrenales (Eje HPA). Cualquier pensamiento, cualquier tipo de estrés, bien sea físico o producto de una enfermedad, o por estrés emocional o psicológico producto de ausencias, como la pérdida de un hijo, un mal de amor o incluso de una enfermedad.

Una producción de sustancias químicas en el hipotálamo genera a nivel del organismo, una producción de sustancias químicas llamadas péptidos, las cuales son mensajeras y mandan una señal a la hipófisis y esta a su vez emite otra a las glándulas suprarrenales, las cuales segregan adrenocorticotropina, que se encargan de producir glucorticoides, y estas sustancias son las que producen la hormona del estrés. Esta hormona del estrés hace que inmediatamente se produzca el viaje de la sangre a las manos, a los músculos, para preparar el cuerpo para la huida o un acto violento. Pero hay que tener en cuenta que las vísceras, el hígado, el estómago dejan de funcionar, y por lo tanto las células dejan de construir para protegerse, y con esto no se bloquea la producción de vitaminas, proteínas, enzimas generando en el cuerpo un fenómeno de peligro porque inmediatamente actúa el sistema nervioso simpático, produciendo unas respuestas necesarias para poder sobrevivir pero peligrosas para la salud, ya que el corazón comienza a bombear más sangre y la presión arterial se eleva. Cuando existe un estrés emocional, se puede pasar a un estrés físico, lo cual genera muchas enfermedades.

CARLOS ALBERTO JIMENEZ V.

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