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fecha de publicación19.03.2017
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GEOLOGIA
ROCAS IGNEAS

Rocas originadas en los procesos endógenos existentes en la corteza terrestre. Están constituidas por una asociación mineral formada a partir de la cristalización magmática, consecuencia de su progresivo enfriamiento en el proceso de ascenso magmático. El enfriamiento magmático puede producirse en zonas profundas de la corteza de forma lenta y progresiva, o bien en superficie de forma brusca e instantánea (donde recibe el nombre de lava), cuyos resultados finales se presentan muy distintos, aun partiendo de magmas con idéntica composición.

Las rocas formadas en el primer caso se denominan rocas plutónicas y el fenómeno plutonismo, mientras que las generadas en el segundo caso reciben el nombre de rocas volcánicas o efusivas y el fenómeno en sí vulcanismo. Al conjunto de fenómenos por los cuales se generan las distintas rocas a partir de una magma, se conoce con el nombre de magmatismo.
La cristalización magmática se produce en un intervalo de temperaturas que depende de su composición; así, cristalizan primero los minerales con un mayor punto de fusión y en segundo lugar los minerales con un punto de cristalización menor. Esta característica se emplea para determinar las series minerales de cristalización magmática y caracterizar las condiciones de ascenso y cristalización de los distintos magmas y las rocas que se forman al emplazarse y consolidarse en la corteza terrestre.

Criterios de clasificación de las rocas ígneas.
La rama de la geología que estudia la composición, estructura, génesis, emplazamiento y clasificación de las rocas ígneas es la petrología ígnea. Tradicionalmente, esta ciencia agrupa las rocas ígneas en tres grandes grupos (plutónicas, volcánicas y filonianas), clasificación que se basa en el ambiente petrogenético de la roca. Los criterios que se utilizan para identificar y clasificar estas rocas son su textura, estructura, composición mineral y composición química.

Textura.
La textura que presenta una roca se debe al tamaño y la forma de los cristales que la constituyen. Normalmente los aspectos texturales se observan por medio del microscopio de polarización, donde puede observarse el tamaño de los cristales, sus variedades morfológicas y hábitos cristalinos, así como la cristalinidad de la roca; todos ellos, aspectos relacionados con la rapidez y tipo de cristalización magmática.
Según la cristalinidad presente en las rocas, éstas pueden clasificarse en holocristalinas, cuando toda la roca es totalmente cristalina; hipocristalina, cuando presenta parte de la roca en forma cristalina; y vítrea, si toda la roca es amorfa y carece de fase cristalina alguna.
Si se atiende al tamaño de los cristales, las rocas ígneas pueden presentar texturas faneríticas, si se reconocen a simple vista los cristales; o afaníticas si los cristales no se pueden apreciar debido a su pequeño tamaño.
Los cristales en la textura fanerítica pueden presentarse con grano grueso (cristales >5 mm), medio (entre 5 y 1 mm) o fino (<1 mm); y según aparezcan multitud de tamaños cristalinos en una misma roca, o sean todos de tamaño similar, la textura puede denominarse inequigranular o equigranular (típicas de pegmatitas, granitos y aplitas), respectivamente.
Por la forma de los cristales, las rocas se clasifican en panidiomorfas (constituidas por cristales regulares, limitados por caras cristalinas), panalotriomorfas (si sus cristales son irregulares y no presentan definida ninguna cara cristalina), o subidiomorfas (que presentan cristales regulares e irregulares con desarrollo de ciertas caras cristalinas).

Estructura de las rocas.
Dentro de la estructura de una roca caben todos los aspectos morfológicos de escala macroscópica, observables a simple vista.
Una roca presenta estructura fluidal cuando contiene una serie de cristales alargados en una dirección preferente. Esta textura es típica de rocas ígneas que cristalizan a partir de un magma expuesto a esfuerzos tectónicos, o que presentan un cierto flujo. Un ejemplo claro lo constituyen las traquitas, un tipo de rocas volcánicas caracterizadas por presentar orientados los cristales de feldespato (esta textura específica, recibe el nombre de traquítica).
Los enclaves, o inclusiones de fragmentos de otras rocas dentro de un magma es muy común en las rocas ígneas. Los granitos, comúnmente, presentan enclaves de tonalidades oscuras (melanocráticas), y en las rocas volcánicas abundan los enclaves de fragmentos de rocas englobados en el magma.
Estructuras típicas de las rocas volcánicas son la vacuolar (huecos producidos por la desgasificación), amigdalar (cuando las vacuolas se rellenan de minerales secundarios posteriores a la consolidación de la roca), almohadillada (cuando adopta estas formas, típicamente de vulcanismo submarino), piroclástica (para rocas volcánicas constituidas por fragmentos sueltos, como las tobas volcánicas) o columnar (típica de la solidificaión de las coladas basálticas).

Composición química.
La composición química de las rocas ígneas se suele calcular como el porcentaje de los óxidos de los diferentes elementos que los componen. En función de la cantidad de sílice (óxido de silicio), componente más abundante, las rocas magmáticas pueden clasificarse en ultrabásicas, si el contenido en sílice de la roca es inferior al 45%; básicas o alcalinas (según se haga referencia a rocas plutónicas o volcánicas), si su contenido se encuentra entre el 45-52%; intermedias, cuando es entre el 52-65%; y ácidas o toleíticas (refiriéndas respectivamente a rocas plutónicas o volcánicas), cuando supera el 65%.

Composición mineralógica.
Los minerales constitutivos de las rocas magmáticas pueden dividirse generalmente en dos grandes grupos: minerales primarios, cristalizados durante la fase ortomagmática; y minerales secundarios, cristalizados en etapas magmáticas tardías (por procesos hidrotermales), o en etapas posteriores a la consolidación magmática (mediante procesos de alteración y metamórficos).
Si se atiende su coloración, tanto los minerales primarios como los secundarios pueden a su vez dividirse en leucocráticos y melanocráticos.
Los minerales leucocráticos se caracterizan como su nombre indica, por presentar colores claros, característica que cumplen la mayoría de los silicatos. Tradicionalmente se emplea el término félsico (que provienen de feldespato y cuarzo) para referirse a este tipo de minerales, como por ejemplo el cuarzo, la ortosa, albita, anortita, los feldespatoides y la moscovita, entre otros.

Minerales primarios.
Si se atiende a la abundancia con la que se presentan los minerales primarios en las distintas rocas, estos pueden subdividirse a su vez en minerales principales (que constituyen porcentualmente la mayor parte de la roca) y accesorios (cuando se presentan en una cantidad inferior al 5% en volumen).
Como el concepto de mineral principal o accesorio sólo atiende a la abundancia relativa de las distintas fases minerales en una roca concreta, la génesis de éstas se encuentra directamente relacionada con la composición química y el ambiente de cristalización (presión y temperatura) reinantes. Un mineral puede aparecer como componente principal de una roca mientras que en otro tipo sólo aparece como accesorio. Por ejemplo, la calcita y la dolomita aparecen como minerales principales y casi exclusivos en las carbonatitas, mientras que en el resto de las rocas ígneas lo hacen normalmente como minerales accesorios.
Minerales primarios principales.
Los minerales leucocráticos que constituyen mayoritariamente las rocas ígneas están incluidos en el grupo de los tectosilicatos (cuarzo, feldespatos alcalinos, plagioclasas, moscovita y feldespatoides); los minerales melanocráticos, ricos en elementos ferromagnesianos (hierro, magnesio y titanio), son tanto más abundantes cuanto mayor es la basicidad. Los minerales melanocráticos más comunes en las rocas ígneas son ciertos silicatos, cuyas especies minerales presentan una importante coloración (olivino, piroxenos, anfíboles y ciertas micas como la biotita y flogopita).
Minerales primarios accesorios.
El pequeño tamaño que suelen presentar este tipo de minerales, dificulta su identificación a simple vista, de manera que se hace necesario el empleo del microscopio petrográfico. La presencia de estos minerales en las rocas magmáticas aporta una gran cantidad de datos relativos a la composición química y las condiciones de consolidación en la roca, muy empleados en los estudios petrogenéticos.
Los minerales accesorios más comunes en las rocas ígneas son la andalucita, sillimanita, granate, turmalina, calcita, turmalina, circón, apatito, esfena, espinela y los óxidos de hierro y titanio (rutilo, hematites, magnetita, ilmetita).
Minerales secundarios.
Los minerales secundarios más comunes en las rocas ígneas son los anfíboles (tremolita, actinolita), epidota, clinozoisita, cloritas, ceolitas, serpentinas, pinnita y iddinsita. Los dos últimos no son minerales propiamente dicho, sino unos agregados cristalinos de escala microscópica, resultado de la alteración hidrotermal de minerales primarios, en el caso de la pinnita por alteración del olivino y en el de la pinnita, por alteración de la cordierita.

Clasificación de las rocas ígneas.
Como las rocas ígneas (o magmáticas) se forman a partir de la solidificación de un magma, según el lugar de emplazamiento en el que hayan cristalizado, se pueden clasificar según los características texturales, estructurales y minerales, típicas del ambiente petrogenético (o ambiente de formación en una roca) en el que se consolidan.
Mediante los procesos de evolución magmática, a partir de unos cuantos magmas primarios, pueden llegarse a formar varias decenas de magmas diferentes, que, a su vez, por enfriamiento, se convertirán en otras tantas rocas ígneas. Los procesos de evolución magmática, como la asimilación de roca encajante o la mezcla de magmas, pueden llegar a cambiar drásticamente la composición de un magma.
Por ello, se llaman series de rocas ígneas a las que proceden de un mismo magma por evolución de este. Las principales series son la toleítica, la alcalina y la calcoalcalina y cada una de ellas se presenta en un ambiente geológico específico o provincia petrogenética.
La serie toleítica es la más monótona y extensa. Los basaltos de las dorsales y los fondos oceánicos están formados por este tipo de basaltos, sin apenas diferenciación, de lo que se deduce la pequeña profundidad de formación.
La serie alcalina es compleja y poco frecuente. De su magma primario basáltico alcalino se forman basaltos y gabros alcalinos y, por diferenciación, traquibasaltos, traquitas, fonolitas y riolitas. Estas últimas son rocas con cantidades de silicio, sodio y potasio crecientes y con una mineralogía en la que predominan los feldespatos alcalinos, los piroxenos sódicos y los feldespatoides. Esta serie es típica de ambientes intraplaca, tanto oceánicos como continentales.
La serie calcoalcalina no proviene claramente de un magma primario. Está formada por basaltos de varios tipos, como las andesitas, dacitas y riolitas, y sus equivalentes profundos (plutónicos), las dioritas, granodioritas y granitos. Predominan en ellas los minerales hidratados (anfiboles, biotitas) y su distribución geográfica está claramente ligada a los bordes destructivos de placa. Existe una convergencia evolutiva entre las series alcalina y calcoalcalina, cuyos extremos diferenciados son, en los dos casos, graníticos.
Las rocas de cada serie se pueden dividirse a su vez en rocas volcánicas formadas por enfriamiento del magma en superficie y a las rocas plutónicas que provienen del enfriamiento del magma en profundidad.
Existen numerosos intentos de clasificación y nomenclatura petrográficas. La clasificación más utilizada actualmente para las rocas ígneas se debe a Streckeisen (1966), que establece con detalle el paralelismo entre las correspondientes manifestaciones plutónicas y volcánicas, y contempla las paragénesis de los principales minerales petrográficos, que pueden ser sustituidos por los minerales normativos (composición mineralógica teórica de la roca, relativa a su composición química), muy útil cuando la mineralogía presente en la roca no permite una clara diagnosis, caso muy frecuente en las rocas volcánicas vítreas o criptocristalinas.
Esta clasificación separa claramente las rocas ígneas en dos grupos fundamentales, según contengan cuarzo (Q) o feldespatoides (F), que son grupos minerales incompatibles en un proceso de cristalización magmática. La relación entre los feldespatos alcalinos (A) y plagioclasas (P) presentes en la roca, completa los criterios mineralógicos de clasificación, prescindiendo a estos efectos del cortejo de minerales máficos que también suelen estar presentes (micas, anfíboles, piroxenos, olivino, óxidos, apatito, esfena, circón, granate, etc.).
Streckeisen simplifica su clasificación al representar las distintas rocas en un diagrama, que por sus criterios mineralógicos se conoce con el nombre de diagrama "QAPF". Esta clasificación sólo incluye las rocas que presentan una concentración en minerales máficos inferior al 90%; las rocas que presentan una mayor concentración en máficos (entre el 90-100%) son las rocas ultramáficas, que por su escasez en minerales leucocráticos se clasifican con otros criterios mineralógicos, basados en la concentración relativa en plagioclasas, olivino, clinopiroxenos y ortopiroxenos.

Rocas plutónicas.
Las rocas plutónicas se caracterizan por presentar cristales con tamaños bien desarrollados, lo que caracteriza su textura granuda. La clasificación de este tipo de rocas puede hacerse directamente de forma visual, por medio de lupas, o bien, mediante el uso del microscopio de petrográfico, cuando se necesita hacer una observación más detallada para la diferenciación de rocas muy similares, como las que se muestran emparejadas a continuación:
Granito-ganodiorita: el granito es una roca de textura granular, de color claro, formado principalmente por cuarzo y feldespato (generalmente potásico), y como en menor cantidad (hasta un máximo del 10%) micas (biotita y moscovita) u hornblenda. Los minerales accesorios más comunes son el zircón, esfena, apatito magnetita e ilmenita.
Desde el granito, que presentan feldespato casi exclusivamente potásico, existe una transición con las granodioritas, cuyo feldespato es en su mayor parte plagioclasa. El límite situado entre ambos es algo arbitrario, de manera que, cuando el feldespato potásico es más abundante que la plagioclasa, la roca se denomina granito, y granodiorita en el caso contrario.
Sienita-monzonita: la sienita es una roca de aspecto granular, compuesta principalmente por feldespato potásico y oligoclasa, y en menor cantidad, por hornblenda, biotita y piroxeno. Sus minerales accesorios más comunes son el apatito, la esfena, el circón y la magnetita.
Tienen un aspecto muy similar al de los granitos, normalmente con tonos rosados (como consecuencia de la abundancia del feldespato potásico), pero con la salvedad que su contenido en cuarzo no supera el 5% del total.
Entre la sienita y la monzonita existe al igual que antes una transición basada en la desaparición del feldespato potásico en favor de una mayor concentración en plagioclasa, característica de las monzonitas. Aunque las monzonitas suelen ser más oscuras la diferenciación entre estas rocas a simple vista es muy difícil, por lo que se hace necesario el empleo del microscopio petrográfico.
Tonalita-Diorita cuarcífera: la tonalita está compuesta principalmente por plagioclasa (tipo oligoclasa, o andesina) y cuarzo, con pequeñas cantidades de feldespato potásico (inferior al 5% del total de la roca). Los minerales melanocráticos más abundantes que aparecen en estas rocas son la biotita y la hornblenda; como minerales accesorios, el apatito, la magnetita y la esfena. Estos minerales melanocráticos son los responsables de la coloración que presentan estas rocas, normalmente más oscuras que el granito.
A medida que disminuye el contenido en feldespato potásico y aumenta el contenido en calcio de la plagioclasa, se pasa de una tonalita a una diorita cuarcífera (roca poco corriente, que al disminuir su contenido en cuarzo pasa a considerarse diorita).
Diorita-gabro: la diorita es una roca con textura granular, que presenta una composición mineral caracterizada por su alta concentración en plagioclasa (en sus variedades oligoclasa y andesina), así como feldespato potásico y cuarzo, estos dos últimos en menor cantidad. Los minerales melanocráticos en orden de importancia son la hornblenda y la biotita y como accesorios resaltables la ilmenita, el apatito y la magnetita, en suficiente concentración como para dar una coloración oscura a estas rocas.
Si la plagioclasa varía en su composición enriqueciéndose en calcio (las variedades labradorita y anortita), recibe el nombre de gabro. Los gabros pueden distinguirse bien de las dioritas, porque los primeros presentan como minerales melanocráticos principales a los piroxenos, mientras que las dioritas son los anfíboles.
Cuando las dioritas o gabros presentan una baja concentración en minerales melanocráticos (o máficos), la roca recibe el nombre de anortosita.
Rocas ricas en feldespatoides: son un tipo particular de rocas que se caracterizan por la ausencia del cuarzo y una concentración importante en feldespatoides (por encima del 10% del volumen total de la roca). El resto de los minerales que presentan estas rocas, tienen una presencia similar a las de la sienita, diorita y gabro, de manera que reciben los siguientes nombres: sienita foiditica (o sienita con feldespatoides), diorita foiditica (o diorita con feldespatoides) y gabro foidítico (o gabro con feldespatoides). Cuando la concentración de los feldespatoides supera el 60% del total de la roca, se las agrupa con el nombre de foiditas.
Peridotita: las peridotitas son rocas de textura granuda y composición ultrabásica, formadas principalmente por minerales melanocráticos, con una posible presencia de feldespatos en una concentración inferior al 5% del total de la roca. Están constituidas principalmente por olivino, piroxenos y en ocasiones anfíbol (hornblenda); y como minerales accesorios magnetita, cromita, ilmenita y granate. Estas rocas son muy similares a los gabros, y normalmente se hace necesario el uso del microscopio petrográfico para poder diferenciarlos, ya que las peridotitas deben presentar un porcentaje en máficos superior al 90%.
Este tipo de rocas no pueden ser determinadas por el diagrama de Streckeisen se clasifican según los criterios empleados en las rocas ultramáficas (contenido en olivino, piroxenos y feldespatos). Pueden distinguirse tres tipos: piroxenitas (cuando casi su totalidad está compuesta por piroxenos), dunita (en el caso que el mineral sea el olivino) y hornblendita (cuando el mineral es la hornblenda).

Rocas volcánicas.
Las rocas volcánicas se caracterizan por presentar unos cristales de tamaños generalmente microscópicos (rocas de grano muy fino), y en ocasiones inexistentes (en los vidrios volcánicos). Estas rocas pueden clasificarse según el diagrama de Streckeisen cuando parte de la roca es cristalina, pero la imposibilidad de identificar los minerales en rocas vítreas o cripotocristalinas hace necesario la creación de clasificaciones que atiendan a otros aspectos. Por esta razón se desarrolla una clasificación química, basada en la concentración en álcalis (Na2O K2O) y sílice (SiO2).
La clasificación más sencilla de realizar es la propuesta por Streckeisen, basada en la abundancia relativa de los minerales que presenta una roca, de manera que por cada roca ígnea, existe un equivalente volcánico con su misma composición mineralógica.
Riolita: roca de grano fino, con gran densidad, tiene como minerales principales el cuarzo y los feldespatos alcalinos, con fenocristales de estos mismos minerales. La biotita es muy común, pero los minerales melanocráticos son poco abundantes; y como minerales accesorios pueden presentar augita y hornblenda. Este tipo de rocas son el equivalente efusivo de los granitos.
Las riolitas pueden presentar apariencias muy distintas según el tipo de erupción y enfriamiento que hayan sufrido, así pues, pueden tener estructuras de fluidez (con rayas y bandas en la roca); estructuras porfídicas, donde los cristales de cuarzo (con bordes corroídos), los de feldespato y la biotita (como único mineral máfico) se encuentran englobados en una masa (o matriz) vítrea, o bien tener un carácter hipocristalino (parte vítrea y parte cristalina), o totalmente vítreo (como las obsidianas o la piedra pómez).
Traquita: se trata del equivalente volcánico de la sienita. Son rocas caracterizadas mineralógicamente por su gran concentración en feldespatos alcalinos y la ausencia casi total del cuarzo. Pueden tener minerales melanocráticos (biotita, hornblenda, piroxeno, olivino), pero raramente aparecen como cristales bien desarrollados.
Este tipo de rocas se caracterizan por presentar estructuras de flujo sin presencia de vidrios en su interior, donde los cristales tabulares de feldespato potásico orientados en una dirección según su mayor longitud. En las traquitas esta estructura es muy común, por lo que recibe el nombre de estructura traquítica.
Fonolita: la composición de estas rocas es mucho más pobre en sílice que las traquitas, razón por la cual son el equivalente volcánico de las sienitas con feldespatoides. Su composición está constituida por feldespatos alcalinos (ortoclasa y sanidina), raras veces plagioclasa y feldespatoides, que pueden aparecer como cristales bien desarrollados. Los minerales melanocráticos característicos en estas rocas son la egirina y la biotita.
Las fonolitas no presentan variedades vítreas, sino que se consolidan como rocas totalmente cristalinas.
Latita: roca compuesta por plagioclasa y feldespato potásico en cantidades similares, cuyos minerales melanocráticos son principalmente biotita y hornblenda. Este tipo de roca, por su composición, puede considerarse como el equivalente volcánico de la monzonita y granodiorita.
Dependiendo de la cantidad de cuarzo que presenten en las latitas, puede diferenciarse otro tipo de rocas, de manera que, si el volumen de cuarzo en la roca supera el 5% del total, las rocas reciben el nombre de latita cuarcífera.
Dacita: es el equivalente volcánico de las granodioritas, por lo que su composición mineral consta principalmente de plagioclasa y cuarzo, en ausencia de feldespato potásico. Los minerales melanocráticos característicos son la hornblenda y en ciertas variedades, la biotita.
Algunas dacitas pueden presentar parte de vidrio, pero normalmente no existen variedades vítreas de este tipo de roca.
Andesita: tienen una composición similar pero más ácida que los basaltos ( más del 52% en sílice y menor presencia de minerales máficos), con minerales hidratados como los anfíboles (hornblenda), o la biotita, normalmente bien desarrollados. Está compuesta principalmente por feldespatos alcalinos (del tipo oligoclasa y andesina), y como minerales melanocráticos en cristales bien desarrollados anfíboles (hornblenda), biotita y piroxenos (augita e hiperstena). Este tipo de rocas se caracteriza por la ausencia de los feldespatos potásicos (como la sanidina) y el cuarzo, o bien aparecen en concentraciones no superiores al 10%. Consecuencia de su composición, las riolitas son consideradas como el equivalente volcánico de las dioritas.
Normalmente las andesitas se consolidan y forman grupos de rocas parcialmente vítreas, aunque existen casos en los que la totalidad de la roca presenta un carácter vítreo. Son fácilmente distinguibles a simple vista cuando presentan grandes cristales idiomorfos de hornblenda.
Estas rocas son muy abundantes en bordes destructivos, hasta tal punto, que el nombre de una cordillera (cordillera de los Andes) deriva de este término, como consecuencia de su enorme presencia.
Basalto: son las rocas volcánicas más abundantes, caracterizadas por presentar una textura porfídica de grano fino y color generalmente oscuro, constituida principalmente por plagioclasa y piroxeno (augita que puede considerarse como el equivalente volcánico de los gabros). Con estas características se distinguen dos tipos de basaltos muy distintos tanto en su génesis como en su composición, los basaltos toleíticos (sin olivino y de un carácter más ácido, al presentar sílice) y los basaltos alcalinos (con olivino, de carácter más básico al carecer de sílice, y con la posibilidad de presentar feldespatoides). Los basaltos toleíticos se producen típicamente en zonas de dorsal (como las erupciones producidas en Islandia); mientras que el alcalino es más abundante en erupciones intraplaca, como son las coladas basálticas de la península del Deccan (en la India), o el volcanismo presente en el archipiélago de las islas Hawai.
La presencia de feldespatoides en ciertos basaltos, dan lugar a dos tipos de rocas poco comunes: las tefritas (con una concentración en olivino no superior al 10% del volumen de la roca) y basanitas (con una concentración en olivino por encima del 10%).
Foidita: aquellas rocas que presentan la mayor concentración de feldespatoides (nefelina, leucita, hauyna), con una concentración superior al 60% del total.

Rocas fragmentarias.
Son rocas volcánicas que se depositan en la superficie terrestre como consecuencia de un proceso eruptivo. Al separarse la fase gaseosa de los magmas por efecto de la descompresión, se forman huecos (o vacuolas) en el seno de ellos. Según la viscosidad de los magmas la separación de la fase gaseosa puede realizarse de forma paulatina (en el caso de magmas de poca viscosidad), o bien de forma brusca (se su viscosidad es muy elevada); en el segundo caso, la desgasificación magmática produce la fragmentación del magma, cuyo resultado recibe el nombre de tefra (expresión procedente del griego, que significa "ceniza"). Estos fragmentos también denominados piroclastos, presentan una gran variedad de tamaños, que se sitúan tanto más cerca del cráter volcánico, cuanto mayor es su tamaño.
Las rocas fragmentarias o piroclásticas, se forman por la acumulación de materiales fragmentarios de diferentes tamaños. Según el tamaño que presente las rocas piroclásticas se dividen en: tobas, rocas formadas por partículas finas (cenizas y polvo volcánico); y conglomerados o brechas volcánicas, rocas constituidas por fragmentos piroclásticos más gruesos como lapilli (con tamaños comprendidos entre 4 - 64 mm), o bombas volcánicas (de mayor magnitud). La consolidación de estas rocas se consigue al fundirse los fragmentos piroclásticos entre ellos, como consecuencia de las altas temperaturas a las que se depositan; en el caso de no estar solidificados, los depósitos piroclásticos se denominan tefritas.
En algunas ocasiones, las rocas fragmentarias son arrastradas por la acción de las aguas y depositadas en pequeñas cuencas o lechos, lo que da como resultado un depósito de rocas transicional entre las rocas volcánicas y las sedimentarias, por lo que reciben el nombre de depósitos volcanosedimentarios.

Rocas filonianas.
Las rocas subvolcánicas o filonianas son rocas de origen ígneo, consolidadas en fracturas que presentan las masas rocosas, o conductos subverticales (diques y sills), intruidos en las mismas. La cristalización magmática en estas condiciones (cercanas a la superficie), es muy brusca, razón por la cual estas rocas se caracterizan por presentar una textura afanítica (con cristales microcristalinos).
La composición de las rocas puede ser ácida o básica, dependiendo del magma que se haya introducido en las fracturas y diques. Como la granulometría es tan fina, las rocas que se consolidan en estas condiciones se pueden clasificar con el prefijo ´micro-´.
En el caso de los diques de composición ácida, las rocas consolidadas se pueden clasificar como microgranitos, microsienitas, etc., que presentan texturas aplíticas o porfídicas. Un caso particular lo presentan las pegmatitas, rocas filonianas con textura fanerítica, cuyos minerales se caracterizan por ser de tamaño grueso o muy grueso.
Los diques de composición básica suelen ser microgabros o microdioritas, con texturas porfídicas. Los lamprófidos son un tipo de rocas filoniana básicas, que presenta textura porfídica constituida únicamente por fenocristales máficos.
Atendiendo a la composición y textura, las principales rocas filonianas son: aplitas, pegmatitas, pórfidos y lamprófidos.
Aplita: roca microgranítica, constituida por más de un 30% en cuarzo y una mayor concentración en feldespato potásico y plagioclasa. En sentido estricto, se emplea para definir microgranitos con cristales que presentan bien definidas sus caras cristalinas y presentan un aspecto terroso a simple vista.
Pegmatita: roca filoniana compuesta principalmente por cuarzo, feldespato potásico y plagioclasa, así como un alto contenido en componentes volátiles, que proceden de las últimas etapas de consolidación magmática. Este tipo de roca se diferencia de las plutónicas al presentar unos cristales muy desarrollados (grano grueso o muy grueso), así como por la presencia de minerales poco comunes (fluorita, berilo, topacio, etc.). Las pegmatitas suelen aparecer formando cuerpos lenticulares, aunque en ocasiones se consolidan formando masas irregulares.
Pórfido: roca filoniana de composición variable, consolidada a partir de magmas básicos o ácidos, constituida por fenocristales con caras bien desarrolladas (idiomorfos o subidiomorfos), englobados en una pasta microcristalina. Los fenocristales pueden ser leucocráticos (cuarzo, feldespato potásico, plagioclasa), o bien máficos (amfíbol, biotita); la matriz (o pasta) presenta idéntica composición mineral con textura microcristalina.
Lamprófido: roca filoniana de composición básica, que tiene como componentes principales biotita, hornblenda, feldespato potásico y plagioclasa (labradorita), y como secundarios, piroxeno y olivino. Se caracteriza por presentar una textura porfídica en la cual, los fenocristales son exclusivamente máficos (textura porfídica constituida únicamente por fenocristales máficos, como biotita y hornblenda).
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