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En la cancha, en el campo

La evolución del tenis, el deporte que mueve cada año grandes masas de aficionados a Wimbledon, Roland-Gorros, Flushing Mesdows o a las pistas de

Melbourne, ha estado muy ligado al desarrollo de nuevos materiales. ¿Alguien se acuerda de las raquetas de madera? Pues no hace tanto eran la norma. En los años ochenta, las raquetas de madera empezaron a dejar paso a materiales químicos mucho más avanzados como fibra de vidrio, fibra de carbono, grafito, kevlar, o cerámica, que supusieron una auténtica revolución y permitieron alcanzar más control, precisión y potencia. Para los cordajes ya se había recurrido a la química, y se fabricaban en nylon, multifilamentos o poliéster.

¿Y qué decir del fútbol, el deporte que despierta mayores pasiones y genera un mayor interés internacional? La química, naturalmente, ha estado presente en su evolución.

Hasta hace relativamente pocos años, los balones de fútbol eran de cuero. Estos balones, además de no ser perfectamente esféricos, eran poco elásticos. Cuando llovía absorbían mucha agua, y el aumento de peso y su superficie áspera favorecían el riesgo de lesiones para los jugadores. En la actualidad el recubrimiento exterior de los balones de fútbol es de poliuretano, un material impermeable al agua y extremadamente resistente a la abrasión. El interior es una bolsa, también de poliuretano o de caucho butilo. Otra de las ventajas de este material sintético es que permite retener el aire hasta diez veces más tiempo que las sustancias naturales.

Los materiales de alta tecnología y las altas prestaciones de los balones de última generación, diseñados especialmente para determinados eventos deportivos de alcance mundial, los ha convertido en uno de los productos deportivos más sofisticados del mercado en estos momentos.
En el mar

Surf, bodyboard, windsurf, kitesurf, y otras modalidades, son deportes en los que casi la totalidad del material utilizado es de origen sintético. Así, las tablas se fabrican con una espuma dura, revestida de una cubierta termoplástica de polietileno o de resina acrilonitrilo-butadieno-estireno (ABS). La resina epoxi y la fibra de carbono son los materiales más comúnmente utilizados para los mástiles, que deben ser flexibles y soportar cargas muy importantes. La vela, por su parte, está fabricada de un tejido sólido, ligero y elástico que habitualmente suele ser poliéster.

Pero además del material con el que se fabrican las tablas, mástiles y velas, los practicantes de todas las modalidades de surf utilizan habitualmente un traje de neopreno, un caucho sintético, sólido y extensible, recubierto de poliamida, gracias al cual se mantienen las temperaturas corporales.

En las distancias largas, la manera más deportiva de vencer al mar es utilizar únicamente dos fuentes naturales de energía: eI viento y la corriente. En los deportes de vela, la química está omnipresente: el casco de la embarcación, el puente y el timón están hechos de poliéster reforzado con fibras de vidrio o fibras de carbono, que recubren un núcleo de espuma de policloruro de vinilo (PVC). Este material es sólido como el acero y ultraligero.

Los cabos flotantes de materias plásticas presentan la doble ventaja de ser fácilmente recuperables y de no enredarse alrededor de la hélice. El mástil está hecho de resinas epoxi, y las velas son de poliamida o para-aramida, materiales que les dotan de una gran fortaleza para resistir los vientos más poderosos. La ligera película de poliéster que las recubre reparte uniformemente la potencia del viento y evita que se desgarren o agujereen.

Casi la totalidad de los materiales utilizados en deportes acuáticos son sintéticos.
Los instrumentos de navegación, tales como la brújula, la radio o el barómetro se fabrican de manera totalmente hermética gracias a la química. El equipo de los aficionados a la vela se completa con hules, botas, sacos de dormir, chalecos salvavidas, pequeños accesorios flotantes irrompibles e inoxidables, sin olvidar los materiales de aislamiento de espuma de poliuretano que evitan los penosos efectos de la condensación en las cabinas.
En el aire

El eterno sueño de la humanidad a lo largo de los siglos ha sido conquistar los cielos, subir siempre más alto. Experimentar la sensación de volar ya sea en ala delta, parapente, globo, o practicando paracaidismo y alcanzar las más altas cumbres, sólo es posible con ayuda de la química, una ciencia capaz de ayudarnos a superar constantemente los límites.

Aunque había varios antecedentes, el primer diseño de un ala delta con su forma más tradicional se presentó en 1966, y estaba construido con aluminio y nailon.

Actualmente, la vela y el arnés de este pájaro artificial están hechos de materiales químicos ultraligeros como poliamidas y fibra de carbono, con el fin de asegurar una óptima combinación de solidez, flexibilidad y ligereza. El parapente tiene el origen de su concepto en el paracaídas, que no fue utilizado por el ser humano hasta 1797, año en el que André Jacques Garmerin decidió saltar desde un globo situado a más de 1.000 metros del suelo de París. La evolución del paracaídas llevó hasta el parapente, que dada la sencillez del equipo y su ligereza (está construido casi en su totalidad con nailon) se ha convertido en el deporte aéreo más practicado.

Pero hay más formas de estar en el aire. En los Juegos Olímpicos de Tokio de 1969, el norteamericano Frederick Hansen estableció un nuevo récord del mundo al saltar 5,28 metros con la ayuda de una pértiga de poliéster reforzada con fibra de vidrio, lo que supuso la prueba de la superioridad de este tipo de pértiga en relación a las tradicionales de madera, bambú o metálicas.

El desarrollo posterior de los materiales de síntesis siguió contribuyendo al éxito de otros atletas, como Sergej Bubka, que saltó casi un metro más que Hansen. La pértiga, fabricada con resinas sintéticas, fibras de carbono y fibras de vidrio proporciona, por su extraordinaria flexibilidad, un efecto catapulta. En concreto, la fibra de vidrio permite aprovechar de forma óptima el impulso del atleta para convertirlo en altura.

Y además, el material sobre el que aterrizan tanto la pértiga como el saltador después de su hazaña se ha mejorado considerablemente desde la invención de los almohadones de espuma sintética y la supresión del foso de arena. La zona de caída, tanto para el salto de altura como para el salto de pértiga, está recubierta de PVC para amortiguar la caída del atleta. Así, la química y el deporte permanecen aliados para preservar la seguridad de los deportistas y conseguir nuevas marcas.
Equipamiento para todos

El impacto de los deportes en el pie humano es un hecho reconocido, lo que ha provocado el desarrollo de un calzado deportivo adecuado para proteger esta parte del cuerpo.

Así, las botas de fútbol sustituyen materiales tradicionales por materiales químicos con mejores prestaciones como el policloruro de vinilo, poIiuretanos termoplásticos, el caucho butilo, o el poliéster. Para la máxima protección de las costuras se dispone de suelas de una sola pieza hechas de espuma, las cuales poseen excelentes propiedades de absorción del impacto, habiéndose extendido también la utilización del copolímero etileno-vinilacetato espumado. El uso de estos y otros materiales de origen sintético ofrece una gran resistencia al impacto, comodidad, y una distribución óptima de la presión del pie.

¿Y las zapatillas que permiten a los jugadores de baloncesto alcanzar de un solo salto alturas inaccesibles para el resto de los mortales? Las materias sintéticas de que están fabricadas son fundamentales para asegurar un regreso confortable a la cancha o, más exactamente, a los nuevos revestimientos de suelos de PVC especialmente concebidos para atenuar los efectos de la caída.

Se trata de una cuestión que cobra gran relevancia cuando, como ocurre en éste y otros deportes, las lesiones de rodilla son frecuentes e implican cierta gravedad. Por esta razón, escuelas y administraciones locales suelen instalar pavimentos deportivos de PVC, que se utilizan habitualmente en pistas polideportivas interiores para la práctica de gimnasia en general, voleibol, balonmano y baloncesto. Asimismo, se puede encontrar PVC en los tatamis de judo.

La química también forma parte de la ropa deportiva. Nailon, Iycra, poliéster y diversas fibras sintéticas se incorporan a la fabricación de camisetas para absorber mejor la transpiración, permitir una mejor circulación del aire, optimizar la temperatura corporal y hacerlas más livianas.

Las expediciones de Didier Goetghebuer y Alain Hubert al Polo Norte con esquís, y la de Laurence de la Ferriére, primera mujer que, en las mismas condiciones, atravesó sola el Antártico en 1997, constituyen auténticas hazañas. Sin perros para ayudarles y sin asistencia, transportaron ellos mismos el material indispensable y alcanzaron finalmente los Polos después de 74 y 57 penosas jornadas respectivamente, soportando temperaturas inferiores a los 40°C bajo cero. Todos ellos compartían algo más que su espíritu de superación. Todos ellos debieron luchar contra la congelación, y se sirvieron de la química para lograrlo.

Llevaban trajes herméticos y estancos pero permeables al vapor de agua, a fin de oponer una mejor resistencia a las condiciones atmosféricas extremas. En estos retos extremos el equipo no es una cuestión de confort, sino de vida o muerte. El tejido estanco protege el cuerpo de toda exposición al hielo ocasionada por eventuales infiltraciones de agua. Más aún, protege al cuerpo de su propia transpiración, porque éste es uno de los mayores enemigos cuando se mueve en condiciones atmosféricas tales corno las que reinan en el polo. A menos 30°C, la transpiración puede ser mortal, ya que el sudor se hiela instantáneamente.
La estructura micro porosa del tejido lo transforma en vapor, lo que permite su eliminación. Esto es posible gracias a las fibras huecas de poliéster y al recubrimiento de poliuretano o de politetrafluoroetileno, más conocido por el nombre de teflón. Este último es calentado y luego estirado de manera que se forman centenares de burbujitas por centímetro cuadrado, lo que permite la eliminación del vapor de agua a través del traje, y simultáneamente evita que el agua pueda penetrar.
En alpinismo, los materiales químicos avanzados están presentes en el equipamiento utilizado, contribuyendo a disminuir el riesgo y aumentar la confortabilidad. Botas y guantes de fibras sintéticas como el goretex o el thinsulate que protegen simultáneamente del frío y de la lluvia, rompevientos y recubrimientos de nailon para evitar la humedad, y prendas de propileno, ultrex o microfibra, que combinan magníficas propiedades de protección contra las inclemencias del tiempo y ligereza, son algunos ejemplos de la contribución de la química. También las tiendas de campaña, fabricadas con nylon y poliuretano, o los sacos de termalite, son imprescindibles si el ascenso a las cumbres requiere varias jornadas.
En cuanto a las cuerdas, el cáñamo trenzado ha dado paso al trenzado de nailon recubierto por una capa del mismo material -mucho más resistente y eficaz- y a otras fibras sintéticas, debido a sus excelentes cualidades. Este material posee una alta resistencia a la tracción y una elevada capacidad de absorción de energía y bajo peso.
En submarinismo, por otra parte, se utiliza un traje fabricado de espuma de butilo o neopreno, que contiene una multitud de burbujitas de nitrógeno y que está provisto de un forro de poliamida o fibras de elastano. Este equipamiento puede llegar a tener seis centímetros de espesor o más, ya que es necesario aislar del frío que reina en las grandes profundidades y proteger de una posible hipotermia. Cuando es necesario un traje seco a causa de las temperaturas extremadamente frías, el deportista lleva debajo una especie de lana fabricada, al contrario de lo que su nombre indica, de fibras acrílicas. Otros utensilios fabricados a partir de materiales plásticos completan la panoplia del perfecto submarinista: guantes y aletas de nadador, lámparas-antorcha, bloc de notas y marcadores que permiten dialogar en inmersión o anotar sus descubrimientos, aparatos de fotografía estancos, etcétera.


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