La construcción de la memoria nacional a través de los manuales escolares de ciencias sociales de octavo grado en colombia entre 1984-1996: representaciones sobre el siglo XIX




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títuloLa construcción de la memoria nacional a través de los manuales escolares de ciencias sociales de octavo grado en colombia entre 1984-1996: representaciones sobre el siglo XIX
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la gestión de la memoria y la creación de una historiografía nacionalista. La mentada gestión, responde al control que ejerce el Estado en diferentes ámbitos de las relaciones sociales, en el despliegue de los mecanismos de legitimación ideológica con los cuales se da una construcción simbólica de la realidad. Dicha construcción, se soporta en la elaboración y elección de una única memoria histórica, tradición cultural, lingüística y artística, con sus referentes patrióticos, a partir de la asignatura escolar de historia, los museos o la definición de lo qué es y no el patrimonio. Por su parte, la historiografía nacionalista, ya fuese la castellanizadora o la de los nacionalismos periféricos, se construye a partir del recurso a la teleología como explicación historiográfica, la cual funciona como productora de mitos, convirtiendo la historia en un relato de éxito moral en cabeza de algunos sujetos portadores de la esencia nacional, cuya gestión depende de ciertos responsables políticos en tal o cual momento.
El concepto de Historiografía Nacionalista, es desarrollado ampliamente por Eduardo Manzano Moreno en su texto “La Construcción histórica del pasado nacional”. El objetivo de este autor es poner de relieve cómo se produce el maridaje entre la ideología del nacionalismo con el pasado histórico, para lo cual explica la forma en que el nacionalismo percibe el pasado y cómo a partir de ello se crea la historiografía nacionalista. De manera general, el autor sostiene que el nacionalismo como respuesta política al problema de la identidad colectiva, se basa en una percepción del pasado de la nación, en conexión con una visión del presente en la que acentúa las diferencias con el otro, para fundirse en un proyecto colectivo de futuro. El nacionalismo entonces, encarna un proyecto de relaciones sociales indirectas con los coetáneos, los antecesores y sucesores.
Estas características de la ideología nacionalista, en su relación con el pasado, configuran una historiografía nacionalista, que consta de tres momentos: la selección, la narración y la interpretación nacionalista del pasado. La selección comporta la ubicación de los sujetos históricos del pasado (la nación o el pueblo) estableciendo una continuidad con el presente, con el fin de hacer al pasado comprensible y reconocible (la idea de historia como maestra de la vida); para luego dotar a los hechos escogidos de un significado teleológico que determina la configuración del presente, realzando y opacando hechos y personajes e introduciendo la idea de un destino heredado, compartido y aún por culminar. Hechos que estarían dotados de un carácter de verdad incontrastable.
La narración de la historiografía nacionalista vendría a enfatizar en el desarrollo histórico de una comunidad en la forja y manifestación de su identidad nacional, la cual es entendida como el despliegue de una esencia mediante sus acciones que perfilan una serie de rasgos nacionales, con lo que quedaría demostrada la existencia de esa identidad a través de la pervivencia hasta el momento actual. El relato entonces se construye a partir de segmentos o hechos históricos singulares, cada uno de los cuales tiene una coherencia propia (planteamiento, nudo y desenlace) permitiéndole la intercambiabilidad en su sentido e interpretación, que a su vez configuran un relato en el que no pueden existir periodos vacíos, garantizando la linealidad temporal.

Por último, esta historiografía nacionalista construye una interpretación del pasado nacional tanto desde lo racional como desde lo emotivo, que busca la movilización de los nacionales y la reivindicación de ese pasado como propio, de allí la presencia de figuras como traidores, héroes, enemigos, aliados, agresiones, resistencias, hechos gloriosos y humillantes, que al tiempo prefiguran un futuro.
Esta historia nacionalista, se apoyaría y reforzaría con el subjetivismo, atribuyéndole al pasado características antropomórficas, al tiempo que resaltan la legitimidad del pasado como “nuestro”, portador de toda la verdad, posibilitando la creación de la nación entendida como una comunidad de individuos que se identifican con rasgos comunes entre sí, más allá de las diferencias y desigualdades sociales, es decir una comunidad imaginada. Este relato se movería entre la aparición de un capitalismo impreso que permitía tal percepción común de la realidad, hacía un capitalismo audiovisual, el cual si bien es menos capaz de transmitir ideas complejas, procura enfatizar en el poder de la imagen y del símbolo, tornándose funcional al objetivo central de la historia nacionalista, a saber, la sublimación del pasado y su compromiso de moralizar la sociedad. Producto de ello, tenemos la creación de percepciones esquemáticas del pasado, portadoras de mitos históricos, entre los que se destacan el mito de los orígenes, cuya búsqueda se da principalmente en el lenguaje, el territorio y las instituciones.
En el mismo sentido, la obra nos presenta el texto “La Creación de la Historia de España” de Juan Sisinio Pérez Garzón, quien con base en el caso español, analiza la gestión de la memoria histórica durante el siglo XIX. Esta gestión consiste en la construcción del discurso histórico como elemento de poder, por parte de los historiadores, quienes han desempeñado un importante papel en la reproducción ideológica de las estructuras sociales. A manera de tesis central, el autor procura sostener que el nacionalismo se erigió en explicación teleológica de la historia, para dar orden a los sucesos acaecidos en la Península, convirtiendo al saber histórico en un saber nacionalista, mostrando el desenvolvimiento de España como esencia intemporal. Esta nacionalización de la historia, haría parte de la articulación del Estado impulsado por una burguesía en ascenso, promotora de nuevas identidades.
De esta manera, Pérez Garzón nos presenta cómo el nacionalismo español creo España, construcción negada o no reconocida por parte de los críticos de los nacionalismos periféricos. En este proceso, los creadores de España, se debatieron entre una idea de nación contractual que relievara los asuntos políticos y una concepción más esencialista, que ubicaba una esencia en orígenes remotos, resaltando los rasgos más característicos de los españoles. Cada una de estar vertientes, se basó respectivamente en un racionalismo ilustrado y un romanticismo cultural, generadores ambos de un sentimiento patriótico. Así, el relato histórico realizado por los liberales, exigía un saber con una utilidad ciudadana, por lo cual estructuraba la narración desde la prehistoria hasta la España liberal, cuyo protagonista era la nación o el pueblo. El pueblo, convertido en nuevo sujeto histórico, permitía ser dotado de diferentes atributos perennes, que lo convertían en una esencia inmutable, diferenciado de los otros, al tiempo que reforzaba la idea de continuidad territorial, dando sustento a la idea de soberanía nacional. Fue así como se funden el carácter español y el Estado, siendo este la más clara expresión del alma nacional, específicamente la monarquía.
Este relato historiográfico debió ser transmitido a las nuevas generaciones con el fin de contribuir a la creación del comportamiento español. Junto al uso de esta versión del pasado en conmemoraciones y fiestas patrióticas, surgió la historia como asignatura escolar, con textos escolares obligatorios, cuyos contenidos y autores eran controlados por el Estado, que buscaba a través de la historia formar patriotas respetuosos de las estructuras de poder centradas en él y en la Iglesia. Todo ello constituyó la elaboración de la memoria nacional, que además de las aulas de clase y los libros de texto, llegó a la creación de un espacio público pletórico de monumentos, grabados y otros dispositivos que afianzaron la nación en el imaginario de los nuevos ciudadanos. Sin embargo, en las últimas décadas del siglo XIX, el relato nacionalista se vio influido por el discurso positivista científico, a partir del cual se perfiló el carácter esencial del español, ahora con argumentos extraídos de la biología, que vinieron a reforzar el discurso basado en rasgos psicológicos del carácter nacional, de allí el empleo de metáforas relacionadas a la salud, enfermedad, plenitud, decadencia o degeneración de la nación. Esta nueva versión del discurso nacionalista histórico, aseguró ciertas representaciones de España hasta la actualidad, produciendo un nacionalismo encubierto que imagina una continuidad entre la actualidad y la prehistoria, ahora maquillado de una objetividad científica, pero que mantiene aspectos como la periodización de la historia a partir de criterios políticos.
Podemos decir entonces, que los textos de Manzano y Pérez se encargan de analizar los comienzos de la historiografía nacionalista y sus alcances durante el siglo XIX. Ahora, los dos últimos textos, se dan a la tarea de abordar este proceso en las últimas décadas del siglo XX, específicamente desde la década del setenta, con el fin de mostrar cómo la idea de nación esencialista ha logrado mantener algunas de sus características luego de reformas educativas y de transformaciones sociales, políticas y económicas generales.
En este sentido, Ramón López Facal mediante el análisis de los textos escolares (de Ciencias Sociales y Literatura) de las tres últimas décadas, pretende detectar la pervivencia del concepto de nación histórico-organicista que surgió en el siglo XIX, partiendo de la hipótesis de que aún con la inclusión de las historias de las comunidades autónomas, lo que se dio fue la sustitución de un referente nacional (el de una España castellanizada) por otros del mismo talante, contribuyendo al mantenimiento y consolidación de un concepto de nación poco compatible con el pluralismo ideológico de la sociedad actual. Este concepto de nación histórico-organicista alude a la idea de nación como organismo vivo que se justificaba históricamente, cuyos fundamentos eran la unidad territorial, el carácter español, en el que se destacaba su religiosidad, y el cual sirvió en la creación de la cohesión social y la justificación del Estado. La vigencia de esta noción llegó hasta la etapa final del franquismo, ya que por aquel entonces entró en crisis debido a la secularización de la sociedad, la modernización de la estructura socioeconómica del país, lo que debilitó la identificación de gran parte de la sociedad con ese nacionalismo esencialista.
En relación a la historia, esta experimentó cambios desde la segunda posguerra, entrando en crisis la historiografía nacionalista positivista, dando paso a corrientes historiográficas como Los Annales y el Marxismo de inspiración británica. Estos cambios fueron recogidos en alguna medida en la Ley General de Educación, sin embargo, en sus propuestas no se alcanzó a superar y sustituir el modelo nacionalista, generando un discreto ocultamiento de la visión organicista. Estos cambios también penetraron los textos escolares, los cuales si bien abandonaron los más caros estereotipos nacionalistas, sólo pudieron incorporar una yuxtaposición de contenidos de la historia, la geografía y el civismo en los que se colaron algunos elementos del viejo nacionalismo. Dentro de las pervivencias se destacan: La concepción de la nación española como una realidad eterna que determina la existencia de unas características comunes a toda la población vinculada al territorio español y condicionada por su organización política, evidenciándose a través de los mapas, los textos y las actividades complementarias. Se continúa de esta forma con una idea de nación en la que prima los elementos de etnicidad, territorialidad e historicidad.
López Facal procura sostener esta tesis analizando la legislación para el bachillerato y sus modalidades, en cualquiera de ellas, se mantiene la misma tendencia en los textos escolares, llegando incluso a los textos más alternativos (por ejemplo los de la editorial Icaria) o los de las comunidades autónomas, punto profundizado por Aurora Riviere Gómez. De manera similar al siglo XIX, la memoria se configura en otros lugares, tales como la prensa, el servicio militar, las conmemoraciones públicas, los museos, la arqueología, la literatura, los textos de literatura, en donde se da una exaltación patriótica de personalidades y gestas, como reflejo de prejuicios históricos arraigados. Esta permanencia de rasgos profundamente nacionalistas en los textos escolares, ya sea los castellanizadores o los autonómicos, se debe según el autor a que tales ideas, pertenecen a una representación social elaborada y compartida muy arraigada sobre el pasado del nosotros, difícil de modificar radicalmente, de allí la pervivencia de tales elementos.
Los otros nacionalismos que tienen presencia en el territorio español y su relación con la escritura de la historia, son analizados por Aurora Riviere Gómez, en el texto “Envejecimiento del presente y dramatización del pasado: Una aproximación a las síntesis históricas de las comunidades autónomas (1975-1995)”. Siguiendo una estructura similar a la del nacionalismo español, las comunidades autónomas configuran una historia que tiene por fin recrear el pasado a partir de ambiciones, intereses e identidades recientes, anclando en el más remoto pasado la autenticidad y validez de tales demandas, este procedimiento es lo que se denomina envejecimiento del pasado nacional.
El relato de la historia nacionalista se configura mediante grandes mitos, el más importante y que recoge los principales elementos es el mito biográfico, que en el caso de las comunidades autónomas consta de tres momentos: los orígenes, la resistencia y el renacimiento. Los orígenes se refieren a una existencia étnico-cultural ancestral, a partir de la cual se quiere establecer la continuidad hasta el presente. Dicha continuidad es posible gracias a la resistencia ejercida frente a las agresiones e intentos de sometimiento, así como a la pervivencia secular de una serie de elementos diferenciables y autóctonos. Por último se daría el renacimiento o re-descubrimiento de la identidad inmemorial en el mundo contemporáneo, gracias a la acción de grupos culturales. Todo este proceso biográfico, estaría fundado en una visión victimista de la nación en relación al otro agresor, que se traduce en una dramatización del pasado, así como en un esencialismo y sobrevaloración extremos de la cultura propia.
Al tiempo que se da esta reconstrucción temporal, el relato nacionalista comprende una reelaboración espacial, centrada en el énfasis sobre las fronteras, así como en la fragmentación espacial. La relevancia de la reconstrucción geográfica radica en que el territorio es el mejor elemento movilizador del sentimiento nacionalista, en cuanto se asocia a la función de soporte material de la nacionalidad y como símbolo de la tan anhelada permanencia. De la victimización sobre la tierra se desprende la relevancia del concepto de frontera, a partir del cual se marca la separación con el diferente y la identidad con los propios. Si bien las fronteras son establecidas a partir de distintos criterios, este relato prioriza los económicos y geográficos, mientras que en relación a las fronteras de tipo político, generan la idea de añoranza de territorios que en algún momento pertenecieron. Así pues, más allá de cualquier valoración, las representaciones de la frontera son por lo general estáticas y atemporales, relacionando la idea de permanencia, al tiempo que homogenizan las poblaciones que hay al interior.
El proceso de victimización territorial se da de dos maneras. Por un lado, el lamento de territorios que ya no pertenecen, y por el otro, por aquellos territorios que estando claramente delimitados, por la vía natural, están fragmentados por razones políticas y aquellos que se hallan fragmentados por motivos geológicos. El víctimismo se da como reclamo político en el primer caso, y en el segundo como justificante de una posición subordinada. Por su parte, los territorios fronterizos se prestan para potenciar una actitud de marginación y olvido, así como de un espacio amenazado, ya que es la porción de la nación que se enfrenta directamente al otro. Al igual que con los otros nacionalismos, el sujeto de esta narración es el pueblo, al cual se le atribuyen características subjetivas o estados personales (intenciones, creencias, deseos, estados anímicos, etc.) es pues, un sujeto homogéneo y consensuado, víctima de un otro responsable de sus desgracias y situaciones, pero del que hay que sentirse orgulloso debido a sus acciones de resistencia y sacrificio. En el pueblo se juntarían la victimización y valoraciones hiperestimativas, expresadas en los aportes a la historia universal, o siendo el lugar de origen de renombradas personalidades o de importantes situaciones históricas de amplias repercusiones.
De esta forma, Riviere Gómez nos muestra cómo las comunidades autónomas entre 1975 y 1995 narran su historia a través de los mismos esquemas nacionalistas españoles surgidos en el siglo XIX. Tal narración se estructura a partir de un drama histórico y geográfico al tiempo que en la sublimación de la diferencia, que desemboca en el exceso de orgullo y prestigio de un pueblo unificado, narración heredera de la idea de progreso y de la teleología del siglo XIX que justificaba la creación de los estados nacionales.
Como dijimos líneas arriba, esta obra colectiva sobre la presencia de los nacionalismos españoles en la historiografía erudita y escolar, y su papel en la construcción de la memoria la consideramos como un telón de fondo, tanto de los trabajos que sobre la nación en los textos escolares se han realizado como de esta propuesta de investigación. En cuanto a los referentes teóricos, los autores siguen los planteamientos de Benedict Anderson y Jürgen Habermas en cuanto a la nación, de Tzvetan Todorov respecto a la memoria y las relaciones entre el nosotros y la alteridad, y dan muestras de un conocimiento vasto sobre el desarrollo de la historiografía española, sin mencionar el gran trabajo de consulta de legislación educativa así como de textos escolares, sobre todo para la segunda mitad del siglo XX.
Sin embargo, junto a esta obra, España se ha caracterizado por presentar una gran investigación sobre los textos escolares, la enseñanza de la historia y la imagen de la nación, destacándose nombres como los de Joaquim Prats, Mario Carretero, desde una perspectiva mas didáctica, así como Joaquín García Puchol y su trabajo sobre los textos escolares en el siglo XIX y Rafael Valls Montes, sin volver sobre el proyecto MANES y sus múltiples líneas de trabajo. En relación a las investigaciones específicas sobre los textos de Ciencias Sociales y aspectos cercanos al problema de la nación reseñaremos los trabajos de María Nieves Gómez García, Julia Melcón Beltrán y Rafael Valls Montes desde la geografía y la historia respectivamente.
Gómez García tiene como objeto de estudio el análisis de los conceptos Nacionalismo y Europeísmo desde su utilización en los libros de texto de enseñanza secundaria entre 1938 y 1990 usados en dos institutos sevillanos. Como objetivo general plantea el conocer cuál fue el significado de tales categorías y su relación con el uso dado en la actualidad, para ello parte la hipótesis de que en la configuración de la mentalidad colectiva, en especial de la clase media española, el libro de texto empleado en bachillerato ha sido un factor de gran influencia la interpretación de los conceptos aludidos por quienes los utilizaron durante setenta años.
Como tesis general la autora sostiene que entre 1938 y 1975, el franquismo proclamaba una diferenciación entre el concepto de nación de inspiración decimonónica (Herder y Fichte) ligado a la idea la mayor familia del hombre, y el nacionalismo, asociándolo a la ideología de los denominados “nacionalismos separatistas”. En este periodo, la idea de Europa era caracterizada como una entidad distinta y distante de España, al tiempo que como objeto de conquista para ser españolizada, debido a que los valores que Europa enarbolaba (democracia, modernidad, civismo) eran contrarios a los de la España bajo la égida del Generalísimo. Luego de la caída de Franco y la transición a la democracia, las relaciones entre los dos conceptos se modificaron sustancialmente, en el sentido de ver con otros ojos la integración con Europa así como en la redefinición sobre la idea de nación.
Para desarrollar esta tesis, la autora analiza los textos de las diferentes asignaturas a partir de los referentes de los planes de estudios de 1938, 1953 y 1975, en los cuales advertía un acompasamiento entre las directrices de los planes y los contenidos de los manuales. En líneas generales, estos presentaban contenidos exaltantes del sentimiento nacional, el ocultamiento de los nacionalismos y regionalismos, que para la década del setenta, comienzan a experimentar cambios, los cuales emergen de manera lenta, tal y como lo demuestra la progresiva aparición de los otros nacionalismos así como el concepto de europeísmo, aunque en menor medida en este concepto. Si bien estas características sobrecogen a todos los textos, los de lengua y literatura presentan hasta el final del periodo estudiado una tendencia más cercana al franquismo que una renovación, por ejemplo no dando cabida a expresiones literarias de las otras comunidades autónomas.
Este artículo, es un adelanto de una investigación más extensa, cuyas inquietudes se orientan hacia la identificación de una mentalidad nacionalista entre la década del treinta y el setenta; el uso de los conceptos como señal de la mentalidad de los autores restringidos por el régimen franquista, así como la ubicación de cambios en la interpretación de las categorías. La misma autora consigna abiertamente que la respuesta a tales inquietudes no la logra en el texto, siendo este solamente un avance de la investigación. Teóricamente, Gómez García plantea que la claridad conceptual la construyó a partir de una revisión de lo que ella considera bibliografía básica al respecto, destacando nombres como los de Fichte, Renan, Ortega y Gasset, Berlin, Gellner, Virolli y Nussbaum, nombres claves en el estudio de la nación, aunque en el desarrollo del texto no haga alusiones a sus obras, y por el contrario extraiga de los contenidos de los textos analizados las referencias a los conceptos de nacionalismo y europeísmo.
A manera de conclusión, la autora plantea que los textos revisados si constituyen un espejo de las sociedades que los producen, así los textos mostrarían ciertos elementos del régimen de Franco, la transición a la democracia y los primeros años de los gobierno del PSOE. La lentitud de los cambios es explicada debido a la represión del régimen franquista, que tendría efectos de largo plazo en la caracterización de los conceptos. La tesis de la autora es complementada con la idea de que los elementos que constituían la idea de nación creada por el régimen entre 1938 y 1975, fueron reproducidos por los otros nacionalismos, penetrando los contenidos de los libros de texto.
Al respecto, nos permitiremos realizar ciertas observaciones a manera de crítica: En primer lugar, el manejo de los planes de estudio como referente para fijar la periodización del problema, sólo lo hizo de manera formal, pues en ningún momento fueron abordados sus contenidos. En segundo lugar, la autora no aborda ni problematiza el concepto de texto escolar, ni lo caracteriza a partir de los atributos que las fuentes utilizadas presentaban. Como tercer comentario consideramos que el análisis de los textos en varios pasajes se torna muy superficial, incluso forzando los datos a la hipótesis, tal y como lo muestran los contenidos referidos a los textos de literatura. La aseveración de que los textos constituyen un reflejo del contexto que los produce, si bien se ubica en un enfoque que compartimos, no dejan de surgirnos dudas en cuanto a la idea de reflejo, toda vez que alude al movimiento mecánico de un contexto político y social y su realización en un texto escolar que legitimaría la sociedad que lo ve surgir. Esta duda respecto a la explicación del problema estudiado, se ahonda debido a la superficialidad de los argumentos esgrimidos, que se explican en parte por el carácter del texto.
Por su parte, Julia Melcón nos propone un estudio de los textos de Geografía más significativos luego de la Guerra Civil Española, cuyo análisis se centra en el concepto de Geopolítica. Este concepto que designa un campo de conocimiento dentro de los estudios geográficos, alude al pensamiento alemán de finales del siglo XIX e inicios del XX, que en líneas generales consiste en la imbricación que se hace de la Geografía con el Estado, a partir de la concepción determinista de la actividad humana por elementos físicos. De allí que la geografía humana, la constitución de los grupos sociales en el espacio podía entenderse desde los caracteres físicos del suelo, con base en conceptos como frontera, conquista y Estado. De inspiración alemana, en la Geopolítica resaltan nombres como los de Ratzel, Henning y Haushofer, este último entendía la geografía como la ciencia del Estado por excelencia, en cuanto aquel era la expresión de la soberanía misma.
Luego de exponer brevemente la autora el concepto de Geopolìtica, planteará que en sus rudimentos generales esta fue recogida en los proyectos educativos de 1934 y 1938, en los que se percibían las influencias del pensamiento geopolítico alemán y desde luego en los textos escolares de Geografía publicados en la década del cuarenta. De esta forma, los manuales de la época incluyeron dentro de sus contenidos la perspectiva geopolítica a través de contenidos tales como el estudio del
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