La construcción de la memoria nacional a través de los manuales escolares de ciencias sociales de octavo grado en colombia entre 1984-1996: representaciones sobre el siglo XIX




descargar 0.91 Mb.
títuloLa construcción de la memoria nacional a través de los manuales escolares de ciencias sociales de octavo grado en colombia entre 1984-1996: representaciones sobre el siglo XIX
página8/23
fecha de publicación11.01.2016
tamaño0.91 Mb.
tipoManual
med.se-todo.com > Historia > Manual
1   ...   4   5   6   7   8   9   10   11   ...   23
imaginada porque aún los miembros de la nación más pequeña no conocerán jamás a la mayoría de sus compatriotas, nos los verán ni oirán siquiera hablar de ellos, pero en la mente de cada uno vive la imagen de su comunión. Además, de hecho, todas las comunidades mayores que las aldeas primordiales de contacto directo son imaginadas, no en el sentido de falsedad sino de creación. La nación se imagina limitada porque tiene fronteras finitas aunque elásticas más allá de las cuales se encuentran otras naciones, así, ninguna nación se imagina con las dimensiones de la humanidad. La nación se imagina soberana porque el concepto nació en una época en que la Ilustración y la Revolución estaban destruyendo la legitimidad del reino dinástico jerárquico, divinamente ordenado, cuya garantía sería el Estado soberano. Por último, la nación se imagina como una comunidad porque independientemente de la desigualdad y la explotación que en efecto puedan prevalecer en cada caso, la nación se concibe siempre como un compañerismo profundo, horizontal, es esta fraternidad la que en los últimos siglos que tantas personas hayan muerto o peor aún, estén dispuestas a morir por imaginaciones tan limitadas.
Esta definición de la nación, tan aceptada por diferentes autores, nos aboca a pensar la relación que se teje entre la idea de invención como construcción o elaboración que alude el plano simbólico, la importancia de la limitación territorial y el control por parte del estado y el sentimiento de solidaridad que prevalece en la idea de nación. Decimos que Anderson se puede catalogar como un autor meridiano, en tanto su preocupación si bien se centra en los orígenes de la nación, también vuelve su mirada hacia la fuerza emocional que desata esta idea, para lo cual estudia los cambios en los modos de aprehensión del mundo –al tiempo que se detiene la desaparición de los sistemas culturales que le precedieron como eran la comunidad religiosa y el sistema dinástico- especialmente los relacionados al surgimiento de una concepción del tiempo homogéneo y vacío, medidos por el reloj y el calendario. Junto a esta tesis, el autor sostendrá que la nación surge debido a la interacción entre un sistema de producción y de relaciones productivas (el capitalismo), una tecnología de las comunicaciones (la imprenta) y la fatalidad de la diversidad lingüística humana. Este elemento de la fatalidad de la diversidad lingüística es clave, en cuanto es condición general de la diversidad, irremediable, aunque es diferente de la fatalidad primordial de los lenguajes particulares y a su asociación con territorios particulares.
Por su parte, Tomás Pérez Vejo emplea las características centrales de la definición de Anderson para llevarla un tanto más lejos, entre las que se destacan la negativa a aceptar la posibilidad de una concepción objetiva de la nación, al tiempo que reconoce tanto la endeblez conceptual como la centralidad que ha adquirido tal idea en la vida moderna, al punto de catalogarla como un universal, necesario e imprescindible, sin la cual sería imposible pensar la vida colectiva. Ahora, la preocupación central del autor no es qué es una nación sino “¿qué mecanismos conducen, en un determinado momento histórico y en un espacio geográfico a esa colectividad a considerarse a sí misma como nación?” De esta forma, el autor nos ofrece su forma de entender la nación, así: “Se trataría de concebir la nación, no como una realidad objetiva y objetivable, sino como una representación simbólica e imaginaria, como algo perteneciente, fundamentalmente, al mundo de la conciencia de los actores sociales…sin que este carácter imaginario y simbólico impida, por supuesto, que tenga eficacia social, que “exista” como realidad social. La eficacia social de las ideas y representaciones de la realidad, su capacidad para influir sobre el comportamiento de los individuos, no depende, o no tiene por qué depender, de su “realidad” u objetividad científica, sino del grado de consenso social existente sobre ellas, salvo en el caso de una hipotética sociedad cuyo universo simbólico fundamental fuese la ciencia.”
Así pues, el nacionalismo sería el proceso por el cual se inventan las naciones allí donde no las hay no el despertar de las naciones. Al decir invención, el autor no piensa en una falsa oposición entre identidades naturales e identidades artificiales, puesto que toda identidad es una creación o construcción a partir de un relato, siendo la nación un mito, en el sentido de ser una creencia –no falsa- en algo, símbolo santificado por la tradición y la historia, que toma referentes “objetivos” tales como la lengua, la historia, la cultura y la geografía, siendo lo ficticio la elevación de uno de estos o de todos a la categoría de elemento definitorio absoluto. La nación entonces no es más que una forma específicamente moderna de identidad colectiva que no ha existido la mayor parte de la humanidad y que sólo ha logrados ser hegemónica en los dos últimos siglos.
Ahora bien, si la nación es una representación que se inventa, ¿cómo se da este proceso? Para nuestro autor, las naciones no se inventan a partir de decretos y normas políticas en sí mismas, sino a partir de valores simbólicos y culturales, es pues un asunto político en segundo término, lo que tampoco significa que lo político no pueda terminar teniendo primacía. Lo que nos quiere decir Pérez Vejo, es que el proceso de creación de identidad nacional, es prioritariamente un proceso mental, cuyo funcionamiento tiene que ver más con el desarrollo de modelos culturales que con la actividad política, lo que no impide que se vuelva un argumento político por excelencia, es un pues un asunto de filiaciones, arquetipos, ritos y mitos, son las rutinas, las costumbres y las formas artísticas las que expresan la nación y las que la dibujan en el imaginario colectivo, allí es donde se lleva a cabo el proceso de invención nacional, de allí que para el nacionalismo sea crucial la fijación de tradiciones propias y genuinas, a partir de celebraciones y rememoraciones (de batallas por ejm.).
Tenemos pues que la nación es un asunto cultural que cumple una función simbólica de carácter político, sea de legitimación del Estado existente o de demanda de uno inexistente. No obstante, necesita presentarse como algo no político, como algo natural y ahistórico, al margen de la estructura política. De esta forma, el sentirse miembro de una nación es una cuestión de imágenes mentales, de comunidad imaginada, lo que no impide que tales imágenes sean utilizadas como arma política, como forma de acceso y control de poder o que incluso sea el mismo poder político el que esté en el origen de la creación imaginaria. Este enfoque sobre la nación, supone aceptar dos cosas: Por un lado, que la construcción de una identidad nacional es en gran parte una creación ideológica de tipo literario y por el otro, que las expresiones de este proceso de identificación colectiva pueden ser analizadas de forma más precisa en el campo de la cultura que en el propiamente político. Ello nos aboca a situar a la intelligentsia en el centro del problema nacional, como constructora, legitimadora y canalizadora de la conciencia nacional, es pues la autora colectiva de ese personaje literario que sería toda la nación, dentro de los que se puede incluir a literatos, historiadores y profesores, en general, todo un abanico de especialistas en el trabajo intelectual.
El nacimiento de la identidad nacional es el resultado de un proceso socialización mediante el cual los individuos aceptan una serie de normas y valores como propios y los interiorizan como cauce de todo su comportamiento social, es fruto de una determinada coerción ideológica. La coerción ideológica puede llevarse a cabo de dos maneras: por un lado, la que se ejerce a la sombra del estado ya existente, tutelada y promovida por éste como legitimación de su poder (nacionalismos oficiales) y por el otro la que se hace contra el estado existente, por parte de grupos con una cierta capacidad de poder, aunque no sea estatal que entran en competencia con este, lo que les lleva a buscar el establecimiento de un estado alternativo. Esta tipología ubica al estado en el corazón del problema nacional, la nación pasaría a ser un problema de estado, siendo esta el resultado de las necesidades de legitimación de esa nueva forma moderna de ejercicio de poder político, la nación se convierte así en la forma de legitimación del poder legal impersonal ejercido por el estado. La coerción ideológica desde el nacionalismo oficial se lleva a cabo a través de aquellas formas de expresión más directamente controladas por el estado, como son el arte y la cultura oficial, ligada al desarrollo de la alta cultura alfabetizada, la burocracia estatal y la promoción de la idea de cultura nacional. En el otro caso, el de los nacionalismos no oficiales, la invención de la nación pasa por las formas de expresión oral y la llamada cultura popular, tal y como es codificada por los movimientos nacionalistas (sujetos nacionalizadores preferidos), quienes construyen a la nación a partir de culturas campesinas y las tradiciones folklóricas.
En cuanto al problema de los dos tipos de nación, la objetiva-cultural o la subjetiva-política, que se han identificado con dos procesos históricos concretos, como son el del nacionalismo alemán de inspiración herderiana y el nacionalismo francés respectivamente, Vejo opta por exponer una tesis intermedia que en lugar de separar irreductiblemente las dos, lo que procura es establecer una relación de co-dependencia. De esta forma, nuestro autor va a sugerir que esta división aparente entre una nación plebiscitaria, más de tipo político y una nación cultural, más esencialista, responde a una relación más estrecha entre las dos; es decir, que la práctica política anónima se ejerce dentro de entidades que previamente se reconocen como naciones culturales, en las cuales se generan sentimientos de pertenencia y emotividad. En otros términos, la pertenencia a una nación en el plano político estaría precedida por un sentimiento de comunidad cultural, definida de manera esencialista e intemporal, ya que los rasgos que definen a una nación serían inmemoriales, que siguen siendo propios del grupo. Sin embargo, esta forma de entender la nación o de su configuración, que pareciera hallar la razón a los objetivistas, termina por confirmar la idea de invención colectiva, en cuanto permite abrir muchas posibilidades basadas en esos rasgos objetivos.
Si bien Pérez Vejo llevó más allá las tesis de Anderson al sugerir abiertamente que la nación es una representación, todos los autores citados aluden de una u otra forma, a que la nación es algo que pertenece al mundo de la conciencia de los actores sociales. A partir de este nuevo enfoque para pensar y trabajar la nación, se han desarrollado nuevos trabajos que se preocupan por reflexionar sobre los procedimientos, las formas y las rutinas por las que los actores aprenden a caracterizarse a sí mismos y al conjunto de la realidad social en términos de nación. En palabras de Ingrid Johanna Bolívar: “Se trata de de analizar las dinámicas sociales que permiten que, en la vida cotidiana, se refuercen, se fortalezcan y afiancen los vínculos sociales que constituyen la nación. Es pues un esfuerzo por mostrar los complejos dispositivos que permiten “inscribir culturalmente” la idea de nación y que sostienen los distintos esfuerzos por leer las sociedades en esos términos.”
En líneas generales, la inscripción cultural de la idea de estado y de nación consiste según Ana María Alonso, en tres procesos: la especialización del tiempo, la “sustancialización de lo propio en lo que es” y la organización simbólica y material del espacio social. El enfoque de esta autora consiste en estudiar la nacionalización de las sociedades a través de la producción de una estructura de sentimientos que da vida a la pertenencia nacional, la cual no sólo se da solamente por la imposición coercitiva sino también a través de la construcción de consensos, constituyéndose la hegemonía, entendida como la combinación de coerción y consenso que mantiene una forma específica de dominación política. Sin embargo, la misma Bolívar recomienda que la nación ha de estudiarse atendiendo tanto las formas de representación en tanto comunidad imaginada como a las condiciones sociohistóricas que en las que se origina: “De ahí que sea necesario dar cuenta de la nación como una manera específica de representar y producir un orden político y al mismo tiempo, atender a las transformaciones del entramado social en que la nación se apuntala y a las que ella misma les da forma.”
Como hemos visto hasta este momento, la construcción de una definición de la nación ha sido una empresa difícil. Sin embargo, en las dos últimas décadas ha habido desarrollos teóricos que comparten varios puntos, los cuales nos sirven como referentes para definir lo que entenderemos por nación en este trabajo. De entrada podemos decir que entendemos que la nación como concepto es una construcción moderna, que se halla indisolublemente ligada al nacionalismo y al estado. En segundo lugar, comprendemos que las reflexiones sobre la nación pueden referirse tanto a las condiciones sociohistóricos de surgimiento como a los procesos de reproducción, mantenimiento y configuración de los sujetos nacionales. Nuestra preocupación se haya ligada a cómo una imagen de la historia nacional, específicamente el denominado siglo XIX, contribuyó a la formación de la memoria nacional desde los procesos educativos; lo que necesariamente nos ubica en el segundo tipo de preocupaciones, lo que no significa que se recojan elementos del primer tipo de estudios, tal y como lo expondremos líneas más adelante. Con base en ello, procederemos a caracterizar la relación entre la nación y la reinterpretación y representación del pasado, relación clave en la definición por la que optaremos en este trabajo en lo que a la idea de nación se trata.
Sobre la relación entre la Nación como una Comunidad Imaginada y el Pasado (Historia y Memoria Nacional)
Antes de adentrarnos en la reflexión sobre cómo la nación para su existencia se basa en la historia, es necesario realizar una mención general de cómo la nación llegó a tener el sentido político que se le atribuye hoy. Retomando los planteamientos de Hobsbawm, él nos ofrece una periodización del recorrido de la idea de nación, que en líneas generales va de la mano del proceso histórico de la Europa occidental. De esta forma, el autor sugiere en primer lugar la existencia de una concepción de la nación que cubriría el periodo de 1780 y 1830. Aproximadamente, desde este momento, el significado de la nación pasó a ser político, equiparando al pueblo con el estado, siendo la nación el conjunto de ciudadanos cuya soberanía colectiva los constituía en un estado que era su expresión política, a modo de las revoluciones norteamericana y francesa. Así, el elemento definitorio era el de ciudadanía y participación o elección de las masas. La ecuación nación=estado=pueblo, especialmente pueblo soberano, vinculaba la nación al territorio en la medida en que la estructura y la definición de los estados para aquel entonces era esencialmente territorial. Es decir, que para Hobsbawm la idea de nación en el periodo de las revoluciones, desde el punto de vista popular-revolucionario, no eran fundamentales elementos como la etnicidad, la lengua común, la religión, el territorio y los recuerdos históricos comunes, como si lo fueron para los programas nacionalistas y sus proyectos de creación de estados-nación. Esto no significa que estos elementos no hubiesen estado presentes, pues emergían en la discusión sobre la heterogeneidad que había dentro de la idea de nación revolucionaria.
En el periodo de 1830-1880 el autor sostendrá que se construyó una concepción liberal de la nación, que acompañaba las consignas liberales de libertad, igualdad y fraternidad. No obstante, para este momento, la nación comenzaba a incorporar elementos tales como: la asociación histórica con un estado que existiese en aquellos momentos o un estado con un pasado muy largo y reciente. En segundo lugar, la existencia de una antigua elite cultural, poseedora de una lengua vernácula literaria y administrativa nacional y escrita, lo que se acercaba a una identificación lingüística y en tercer lugar, una probada capacidad de conquista, como prueba darviniana del éxito evolucionista como especie social. En las postrimerías del siglo XIX se producirían cambios significativos en la idea de la nación, en el marco del ingreso de las masas a la política, lo que el autor que estamos siguiendo ubica entre 1880 y 1914.
Así, el nacionalismo de 1880-1914 difería en tres aspectos importantes de la fase de nacionalismo liberal, a saber: 1. Abandonó el “principio del umbral” que, como hemos visto, ocupaba un lugar central en el nacionalismo de la era liberal, en lo sucesivo, cualquier conjunto de personas que se consideran como “nación” reivindicó el derecho a la autodeterminación, que, en último término, significaba el derecho a un estado aparte, soberano e independiente para su territorio. 2. A consecuencia de esta multiplicación de naciones no históricas en potencia, la etnicidad y la lengua se convirtieron en los criterios centrales, cada vez más decisivos o incluso únicos en la condición de nación en potencia y 3. Hubo sin embargo, un tercer cambio que afectó no tanto a los movimientos nacionalistas no estatales, que se volvieron cada vez más numerosos y ambiciosos, sino a los sentimientos nacionales dentro de los estados-nación establecidos: un marcado desplazamiento hacia la derecha política de la nación y la bandera, para el cual se inventó realmente el término “nacionalismo” en el último decenio del siglo XIX Cambios que tuvieron como correlato el afianzamiento de los nacionalismos étnico y lingüístico, que llegaron a soportarse en discursos científicos, a partir de ideas como las de raza y el evolucionismo darviniano. De esta forma, el nacionalismo y con éste la idea de nación sufrió un viraje hacia la derecha, basado en la supuesta pureza de lengua y raza y en la capacidad de movilización de un estado cada vez más fuerte.
Luego de la Primera Guerra Mundial y hasta el final de la segunda, la nación se convertiría en la regla de la organización social, ahora adoptando el sentido de una economía nacional con la presencia de un Estado fuerte. No obstante el principio wilsoniano de a cada nación un estado, no se cumplió debido a la fragmentación y los conflictos étnicos que se desataron con la eclosión de los imperios multinacionales. Esto generaría un nuevo cambio en el sentido de la nación, pasando de ser unificador a separatista en manos de minorías que ahora reclamaban su derecho a conformarse como nación con su respectivo estado. Este mismo periodo vería surgir dos formas de apropiación de la idea de nación, por un lado, el nacionalismo profascista y por el otro el antifascista, que llegó a desarrollarse a partir de principios internacionalistas y de liberación nacional, tal y como lo muestran las luchas de las colonias, que ya inauguraban asuntos como la inevitabilidad del multilingüismo.
Luego de 1945 se abrió una nueva era en la que el estado-nación deja de ser progresivamente el paradigma de organización social, como lo fue entre 1830 y la mitad del siglo XX, asunto que mencionamos ligeramente al principio. Es así como el autor sugiere que a pesar de la evidente prominencia del nacionalismo, este es históricamente menos importante, en tanto ya no es un programa político mundial como lo fue en el siglo XIX e inicios del XX, a lo sumo es un factor que complica o cataliza ciertos fenómenos. Así, la historia de este periodo se escribirá como aquella que no cupo dentro de los moldes de la nación y del estado-nación, será en gran parte supranacional e infranacional, a partir de lo que se reflejará el declive del antiguo estado-nación como entidad capaz de funcionar, verá a los estados-nación en relación a la nueva estructura supranacional en retirada o resistiéndose o adaptándose a ella, absorbidos o dislocados por ese nueva organización. Las naciones y los estados-nación, tendrán un papel subordinado y a menudo insignificante. “
1   ...   4   5   6   7   8   9   10   11   ...   23

similar:

La construcción de la memoria nacional a través de los manuales escolares de ciencias sociales de octavo grado en colombia entre 1984-1996: representaciones sobre el siglo XIX iconPensamiento y movimientos sociales y políticos del siglo XIX

La construcción de la memoria nacional a través de los manuales escolares de ciencias sociales de octavo grado en colombia entre 1984-1996: representaciones sobre el siglo XIX iconManuales / Ciencias Sociales

La construcción de la memoria nacional a través de los manuales escolares de ciencias sociales de octavo grado en colombia entre 1984-1996: representaciones sobre el siglo XIX iconManuales / Ciencias Sociales

La construcción de la memoria nacional a través de los manuales escolares de ciencias sociales de octavo grado en colombia entre 1984-1996: representaciones sobre el siglo XIX iconManuales / Ciencias Sociales

La construcción de la memoria nacional a través de los manuales escolares de ciencias sociales de octavo grado en colombia entre 1984-1996: representaciones sobre el siglo XIX iconCuestionario de ciencias naturales grado octavo

La construcción de la memoria nacional a través de los manuales escolares de ciencias sociales de octavo grado en colombia entre 1984-1996: representaciones sobre el siglo XIX iconManual de biografía y de bibliografía de los escritores españoles del siglo XIX

La construcción de la memoria nacional a través de los manuales escolares de ciencias sociales de octavo grado en colombia entre 1984-1996: representaciones sobre el siglo XIX iconCiencias sociales grado noveno tercer periodo

La construcción de la memoria nacional a través de los manuales escolares de ciencias sociales de octavo grado en colombia entre 1984-1996: representaciones sobre el siglo XIX iconElabora un artículo sobre alguna problemática (artística, científica...

La construcción de la memoria nacional a través de los manuales escolares de ciencias sociales de octavo grado en colombia entre 1984-1996: representaciones sobre el siglo XIX iconElabora un artículo sobre alguna problemática (artística, científica...

La construcción de la memoria nacional a través de los manuales escolares de ciencias sociales de octavo grado en colombia entre 1984-1996: representaciones sobre el siglo XIX iconElabora un artículo sobre alguna problemática (artística, científica...


Medicina



Todos los derechos reservados. Copyright © 2015
contactos
med.se-todo.com