Economía, Sociedad y Cultura. Siglo XXI editores 1999 Madrid




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EL PARADIGMA DE LA TECNOLOGIA DE LA INFORMACIÓN.
Como escribe Christopher Freeman:
Un paradigma tecnoeconómico es un grupo de innovaciones técnicas, organizativas y gerenciales interrelacionadas, cuyas ventajas se van a encontrar no sólo en !la nueva gama de productos y sistemas, sino en su mayoría en la dinámica de la estructura del coste relativo de todos los posibles insumos (inputs) para la producción. En cada nuevo paradigma, un insumo particular o conjunto de insumos puede describirse como el «factor clave» de ese paradigma, caracterizado por la caída de los costes relativos y la disponibilidad universal. El cambio contemporáneo de paradigma puede contemplarse como el paso de una tecnología basada fundamentalmente en insumos baratos de energía a otra basada sobre todo en in- sumos baratos de información derivados de los avances en la microelectrónica y la tecnología de las comunicaciones.
La noción de paradigma tecnológico, elaborada por Carlota Pérez, Christopher Freeman y Giovanni Dosi, adaptando el análisis clásico las revoluciones científicas de Kuhn, ayuda a organizar la esencia de la transformación tecnológica actual en su interacción con la economía de la sociedad. Creo que sería útil, como una guía para nuestro próximo viaje por los senderos de la transformación social, precisar los rasgos que constituyen el núcleo del paradigma de la Tecnología de la Información. Tomados en conjunto, constituyen la base material de la sociedad de información.
La primera característica del nuevo paradigma es que la información es su materia prima: son tecnologías para actuar sobre la información, sólo información para actuar sobre la tecnología, como era el caso en las revoluciones tecnológicas previas.
El segundo rasgo hace referencia a la capacidad de penetración de los efectos de las nuevas tecnologías. Puesto que la información es una parte integral de toda actividad humana, todos los procesos de nuestra existencia individual y colectiva están directamente moldeados (aunque sin duda no determinados) por el nuevo medio tecnológico.
La tercera característica alude a la lógica de interconexión de todo sistema o conjunto de relaciones que utilizan estas nuevas tecnologías de información. La morfología de red parece estar bien adaptada para una complejidad de interacción creciente y para pautas de desarrollo impredecibles que surgen del poder creativo de esa interacción28. Esta configuración topológica, la red, ahora puede materializarse en todo tipo de procesos y organizaciones mediante tecnologías de la información de reciente disposición. Sin ellas, sería demasiado engorroso poner en práctica la lógica de interconexión. No obstante, ésta es necesaria para estructurar lo no estructurado mientras se preserva su flexibilidad, ya que lo no estructurado es la fuerza impulsora de la innovación en la actividad humana.
En cuarto lugar y relacionado con la interacción, aunque es un rasgo claramente diferente, el paradigma de la Tecnología de la Información se basa en la flexibilidad. No sólo los procesos son reversibles, sino que pueden modificarse las organizaciones y las instituciones e incluso alterarse de forma fundamental mediante la reordenación de sus componentes. Lo que es distintivo de la configuración del nuevo paradigma tecnológico es su capacidad para reconfigurarse, un rasgo decisivo en una sociedad caracterizada por el cambio constante y la fluidez organizativa. Cambiar de arriba abajo las reglas sin destruir la organización se ha convertido en una posibilidad debido a que la base material de la organización puede reprogramarse y reequiparse. Sin embargo, debemos evitar un juicio de valor unido a este rasgo tecnológico. Porque la flexibilidad puede ser una fuerza liberadora, pero también una tendencia represiva si quienes reescriben las leyes son siempre los mismos poderes. Como Mulgan escribió, «las redes se han creado no sólo para comunicar, sino también para ganar posición, para sobrecomunicar». Así pues, es esencial mantener una distancia entre afirmar el surgimiento de nuevas formas y procesos sociales, inducidos y permitidos por las nuevas tecnologías, y extrapolar las consecuencias potenciales de tales desarrollos para la sociedad y la gente: sólo los análisis específicos y la observación empírica serán capaces de determinar el resultado de la interacción de las nuevas tecnologías y las formas sociales emergentes. No obstante, también es esencial identificar la lógica insertada en el nuevo paradigma tecnológico.
Una quinta característica de esta revolución tecnológica es la convergencia creciente de tecnologías específicas en un sistema altamente integrado, dentro del cual las antiguas trayectorias tecnológicas separadas se vuelven prácticamente indistinguibles. Así, la microelectrónica, las tele- comunicaciones, la optoelectrónica y los ordenadores están ahora integra- dos en sistemas de información. Aún existe, y existirá durante cierto tiempo, alguna distinción empresarial entre fabricantes de chips y redactores de software, por ejemplo. Pero hasta esta diferenciación está quedando borrada por la creciente integración de las firmas empresariales en alianzas estratégicas y proyectos de colaboración, así como por la inscripción de los programas de software en el hardware de los chips. Además, en lo referente al sistema tecnológico, un elemento no puede imaginarse sin el otro: los microordenadores están en buena parte determinados por la potencia del chip y tanto el diseño como el procesamiento paralelo de los microprocesadores depende de la arquitectura del ordenador. Las telecomunicaciones son ahora sólo una forma de procesar la información; las tecnologías de transmisión y enlace están al mismo tiempo cada vez más diversificadas e integradas en la misma red, operada por los ordenadores.
La convergencia tecnológica se extiende cada vez más hacia una interdependencia creciente de las revoluciones de la biología y la microelectrónica, tanto desde una perspectiva material como metodológica. Así, los decisivos avances en la investigación biológica, como la identificación de los genes humanos o de segmentos del ADN humano, sólo pueden se seguir adelante debido al poder ingente de los ordenadores. Por otra parte el uso de materiales biológicos en la microelectrónica, aunque aún muy lejos de una aplicación generalizada, ya estaba en un estadio de experimentación en 1995. Leonard Adleman, científico informático de la Universidad de California del Sur, utilizó moléculas sintéticas de ADN, con la ayuda de una reacción química, para hacerlas funcionar según la lógica combinatoria del ADN, como base material de la informática. Aunque los investigadores tienen aún un largo camino que recorrer hacia la integral material de la biología y la electrónica, la lógica de la primera (la capacidad de autogenerar secuencias no programadas y coherentes) se están introduciendo cada vez más en las máquinas electrónicas. La vanguardia de la robótica es el campo de los robots con capacidad de aprendizaje que se basan en la teoría de la red neural. Así, en el laboratorio de red neural del Centro de Investigación Conjunta de la Unión Europea cado en Ispra (Italia), el científico informático español José Millán ha señalado pacientemente durante años a una pareja de robots a aprender por sí mismos, con la esperanza de que, en el futuro próximo, encuentren un buen puesto trabajando en aplicaciones tales como la vigilancia y el manejo de material en las instalaciones nucleares. La convergencia en curso entre diferentes campos tecnológicos en el paradigma de la información es el resultado de su lógica compartida sobre la generación de la información, una lógica que es más evidente en las funciones del ADN en la evolución natural, y que cada vez se reproduce más en los sistemas de información más avanzados, a medida que los chips, los ordenadores el software alcanzan nuevas fronteras de velocidad, capacidad de almacenamiento y tratamiento flexible de la información desde fuentes múltiples. Si bien la reproducción del cerebro humano, con sus miles de millones de circuitos e insuperable capacidad de recombinación, es estricta ciencia ficción, los límites del poder de información de los ordenad, actuales se traspasan cada mes.
De la observación de este cambio tan extraordinario en nuestras máquinas y el conocimiento de la vida, y con la ayuda proporcionada por estas máquinas y este conocimiento, está teniendo lugar una profunda transformación tecnológica. El historiador de la tecnología Bruce Mazlish propone la idea del necesario
reconocimiento de que la evolución biológica humana, ahora mejor comprendida en términos culturales, obliga a la humanidad -nosotros- a aceptar la conciencia de que herramientas y máquinas son inseparables de la naturaleza evolutiva humana. También requiere que nos demos cuenta de que el desarrollo de las máquinas, culminando en el ordenador, hace ineludible la percepción de que las mis- mas teorías que resultan útiles para explicar los funcionamientos de los artificios mecánicos también lo son para comprender al animal humano, y viceversa, ya que la comprensión del cerebro humano arroja luz sobre la naturaleza de la inteligencia artificial29.

Desde una perspectiva diferente, basada en los discursos de moda de la década de los ochenta sobre la «teoría del caos», en la de los noventa una redes de científicos e investigadores convergió hacia un planteamiento epistemológico compartido, identificado por la palabra en código «complejidad». Organizados en tomo a seminarios celebrados en el Instituto Santa Fe de Nuevo México (en su origen un club de físicos de alto nivel del Laboratorio Los Alamos, al que pronto se le unió una selecta red de ganadores del Premio Nobel y sus amigos), este círculo intelectual se pro- p0ne integrar el pensamiento científico (incluidas las ciencias sociales) bajo un nuevo paradigma. Se centran en la comprensión del surgimiento de estructuras autoorganizadoras que crean complejidad de la simplicidad y un orden superior del caos por medio de diversos órdenes de interactividad de los elementos básicos que se encuentran en el origen del proceso30. Aunque este proyecto ha sido rechazado con frecuencia por las corrientes científicas establecidas como una propuesta no verificable, es un ejemplo del esfuerzo que se está realizando desde diferentes ámbitos en aras de encontrar un terreno común para la fertilización cruzada de ciencia y tecnología en la Era de la Información. No obstante, este plantea- miento parece excluir todo marco integrador y sistémico. El pensamiento sobre la complejidad debe considerarse un método para comprender la diversidad, en lugar de una metateoría unificada. Su valor epistemológico podría provenir del reconocimiento del don de la naturaleza y la sociedad para descubrir cosas sin proponérselo. No que no existen reglas, sino que las reglas son creadas, y cambiadas, en un proceso constante de acciones deliberadas e interacciones únicas.
El paradigma de la tecnología de la información no evoluciona hacia su cierre como sistema, sino hacia su apertura como una red multifacética. Es poderoso e imponente en su materialidad, pero adaptable y abierto en su desarrollo histórico. Sus cualidades decisivas son su carácter integrador, la complejidad y la interconexión.
De este modo, la dimensión social de la Revolución de la tecnología de la información parece obligada a seguir la ley sobre la relación en tecnología y sociedad propuesta hace tiempo por Melvin Kranzberg: primera ley de Kranzberg dice lo siguiente: «La tecnología no es buena mala, ni tampoco neutral»31. Es en efecto una fuerza, probablemente más que nunca bajo el paradigma tecnológico actual, que penetra en el núcleo de la vida y la mente32. Pero su despliegue real en el ámbito de la acción social consciente y la compleja matriz de interacción de las fuerzas tecnológicas desatadas por nuestra especie, y la misma especie, son una cuestión que ha de investigarse, más que una fatalidad por cumplirse.

1 Gould, 1980, pág. 220.

2 Melvin Kranzberg, uno de los principales historiadores de la tecnología, escribió: «La

era de la Información ha revolucionado los elementos técnicos de la sociedad industrial» (1985, pág. 42). En cuanto a sus efectos sociales: «Aunque debería tener un carácter evolutivo en el sentido de que todos los cambios y beneficios no aparecerán de la noche a la mañana, sus efectos serán revolucionarios sobre nuestra sociedad» (ibid., pág. 52). En la misma línea de argumentación, véanse también, por ejemplo, Pérez, 1983; Forester, 1985; Dizard, 1982; Nora y Minc, 1978; Stourdze, 1987; negroponte, 1995; ministerio de Correos y Telecomunicaciones (Japón), 1995; Bishop y Waldholz, 1990; Darbon y Robin, 1987;Salomon, 1992; Dosi et al., 1988b; Petrella, 1993.

3 Sobre la definición de tecnología como «cultura material,>, que considero la perspectiva sociológica apropiada, véase su exposición en Fischer, 1992, págs. 1-32: «La tecnología es similar a la idea de cultura material».

4 Brooks, 1971, pág. 13, de un texto sin publicar, citado por Bell que añade las cursivas (197ó, pág. 29).

5 Saxby, 1990; Mulgan, 1991.

6 Marx, 1989; Hall, 1987.

7 Para un relato estimulante, informado, aunque deliberadamente polémico, sobre

convergencia entre la revolución biológica y la tecnología de la revolución más amplia, VI se Kelly, 1995.

8 Forester, 1988; Herman, 1990; Lyon y Gomer, 1995; Lincoln y Essin, 1993; Edquis Jacobsson, 1989; Drexler y Peterson, 1991; Lovins y Lovins, 1995; Dondero, 1995.

9 Negroponte, 1995.

10 Kranzberg y Pursell, 19ó7.

11 La comprensión plena de la revolución tecnológica actual requeriría la discusión de la

especificidad de las nuevas tecnologías de la información frente a sus antepasadas históricas de igual carácter revolucionario, como el descubrimiento de la imprenta en China probable- mente a finales del siglo VII y en Europa en el siglo XV, tema clásico de la literatura sobre las comunicaciones. Ya que no puedo tratar el tema dentro de los límites de este libro centrado en la dimensión sociológica del cambio tecnológico, permítaseme sugerir a la atención del lector unos cuantos puntos. Las tecnologías de la información basadas en la electrónica (incluida la imprenta electrónica) presentan una capacidad incomparable de almacenamiento de memoria y velocidad de combinación y transmisión de bits. El texto electrónico permite una flexibilidad de retroalimentación, interacción y configuración mucho mayor, como todo escritor que utilice un procesador de textos reconocerá, alterando de este modo el mismo proceso de comunicación. La telecomunicación, combinada con la flexibilidad del texto, permite una programación de espacio/tiempo ubicua y asíncrona. En cuanto a los efectos sociales de las tecnologías de la información, propongo la hipótesis de que la profundidad de su impacto es una función de la capacidad de penetración de la información en la estructura social. Así, aunque la imprenta afectó de forma considerable a las sociedades europeas en la Edad Moderna, al igual que a la China medieval en menor medida, sus efectos quedaron hasta cierto punto limitados por el analfabetismo extendido de la población y por la baja intensidad que tenía la información en la estructura productiva. La sociedad industrial, al educar a los ciudadanos y organizar gradualmente la economía en tomo al conocimiento y la in- formación, preparó el terreno para que la mente humana contara con las facultades necesarias cuando se dispuso de las nuevas tecnologías de la información. Para un comentario histórico sobre esta primera revolución de la tecnología de la información, véase Boureau
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