¿Dónde están los criminales?




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statu quo previo. La tercera guerra entre India y Pakistán en 1971, librada en esta ocasión en torno a la secesión del Pakistán Oriental (posteriormente Bangladesh) y apoyada por el gobierno indio de Indira Gandhi no motivó ningún cambio significativo en la situación de Cachemira. Los Acuerdos de Simla de 1972 establecieron la necesidad de buscar una solución bilateral al conflicto, pero sin establecer vías efectivas para ello. Las pruebas de armamento nuclear del gobierno de Indira Gandhi en 1974 actuaron como elemento disuasorio de nuevas guerras convencionales entre ambos estados.
Terrorismo y represión

La década de los 80 propició un cambio en la naturaleza del conflicto. La invasión de Afganistán por parte de la Unión Soviética, favoreció de nuevo un acuerdo estratégico entre Estados Unidos y Pakistán. En este país se formaron ideológica, logística y militarmente las milicias talibanes que combatieron a los soviéticos durante años por el control del territorio afgano. El ámbito de acción de estos guerrilleros islamistas no quedó restringido a esta zona. A partir de mediados de la década también comenzaron a actuar en Cachemira utilizando tácticas de guerrilla y terrorismo. La respuesta del gobierno indio fue una severa represión: las fuerzas militares en la zona se multiplicaron y pasaron a comportarse como un ejército de ocupación. Las elecciones en el estado de Jammu y Cachemira de 1987 ganadas por el partido oficialista, favorable al entendimiento con el gobierno de Nueva Delhi fueron declaradas como una farsa por la oposición musulmana moderada y organismos internacionales criticaron casos de corrupción y falta de trasparencia. Este contexto de tensión creciente, junto con el deterioro de las condiciones de vida y el clima de violencia de la región, propició que muchos cachemires, que hasta el momento habían sufrido los continuos enfrentamientos sin tomar un rol activo, se unieran a las milicias islamistas. Las muertes en ambos bandos en esta guerra de baja intensidad, que todavía continúa, se cuentan por decenas de miles. Lo que antaño fue un edén natural, un lugar privilegiado para el turismo, se fue convirtiendo en un paraíso en llamas, sin vislumbres de una salida al conflicto.
La disuasión nuclear y el 11-S

El programa nuclear paquistaní, apoyado extraoficialmente por el gobierno chino, consiguió un eco resonante en 1998 con la realización de sus primeras pruebas de armamento. El gobierno indio respondió con nuevas pruebas ese mismo año, estableciéndose el equilibrio de la disuasión. Definitivamente esto ha provocado la imposibilidad de una nueva guerra convencional, pero también el riesgo de que cualquier incidente fronterizo en Cachemira pueda adquirir magnitudes muy preocupantes. Así sucedió en 1999 cuando India acusó a Pakistán de haber infiltrado combatientes más allá de la Línea de Control en la zona de Kargil e inició una campaña para expulsarlos. Sólo el peso de los actores más significativos de la comunidad internacional, especialmente Estados Unidos, que favorecieron la retirada estratégica de las fuerzas paquistaníes, permitió que se rebajara la tensión.

Con la llegada del 11-S y sus consecuencias geoestratégicas, el panorama de la región ha entrado en una nueva etapa. Ambos países se apresuraron a declarar su apoyo a Estados Unidos. Pakistán quedó en una situación comprometida por sus conexiones con el régimen talibán y su vinculación con el terrorismo islamista que actúa en la India. Pero nuevamente la necesidad de Estados Unidos de buscar alianzas para su intervención en Afganistán permitió que su rol en Cachemira quedara en segundo plano.

La situación volvió a agravarse después de sendos ataques terroristas de grupos islamistas al parlamento cachemir y al propio parlamento federal a finales de 2001. Nueva Delhi acusó de connivencia en los ataques al régimen del general Pervef Musharraf y éste respondió prohibiendo varias organizaciones fundamentalistas y encarcelando a algunos de sus dirigentes. La retórica del gobierno indio habla del apoyo continuo al terrorismo islámico desde Pakistán. El ministro de Defensa, George Fernandes, ha declarado recientemente que Pakistán es un objetivo más realista para una guerra preventiva que el propio Irak de Sadam Hussein. La solución que se propone desde Nueva Delhi para Cachemira es la aceptación definitiva del statu quo actual basado en la separación por la Línea de Control. Desde Pakistán se compara la presencia india en Cachemira con la israelí en los Territorios Ocupados y se reivindica el todavía no celebrado referéndum. El rol como mediador de Estados Unidos es incierto, condicionado por sus deseos de estabilidad en la zona y su política con el mundo islámico, que le impide al mismo tiempo invadir Irak y presionar al gobierno paquistaní para no tensar excesivamente la situación con la opinión pública musulmana.

Los planes de futuro de ambos estados pasan por una resolución de este conflicto. India se libraría de una pesada rémora en su ambición de convertirse en la potencia fundamental del continente asiático, en competencia con el gigante chino. Mientras Pakistán podría relajar su obsesión con India y trabajar en la reconstrucción de su identidad nacional y en un nuevo rol internacional dentro del mundo islámico. Para ello se requieren soluciones imaginativas, que rompan las posiciones antagónicas existentes hasta el momento y gobernantes con coraje para proponerlas y llevarlas a cabo.

Mientras el pueblo cachemir sigue siendo la víctima silenciada de este conflicto. La opción preferida por sus habitantes, la independencia de su tierra de estos dos grandes estados que la han arruinado, no se contempla entre los planes de India o Pakistán. Los resultados de las recientes elecciones en Jammu y Cachemira apuntan, sin embargo, en este sentido.” Esto es todo, ¿qué os parece?
-Estupendo, muchas gracias, Virgilio- dijo Prometeo.
-No, hay que agradecérselo al autor, Rubén Campos Palarea y a la Universidad Complutense de Madrid.
-De acuerdo, pero estaréis conmigo en que este conflicto demuestra la complejidad de las relaciones internacionales entre países y cómo influyen unos sobre otros – dijo Helena.
-No hay duda, pero hay que reflexionar sobre ello y mañana debatiremos el asunto en la tertulia. ¿Os apetece comer en un sitio alucinante?- dijo Prometeo.
-Yo he quedado con Felipe, para seguir negociando el tema del partido.
-Está bien, dale caña. ¿Y tú, Helena?
-Cuenta conmigo.
Virgilio dejó a sus amigos y se dirigió a la sede del PMI, donde le esperaba Felipe. Era un pequeño edificio, un bloque de pisos de aspecto descuidado. Llamó al timbre del segundo piso A y le abrió una bella mujer, la secretaria de Felipe. Virgilio la conocía por ser ella miembro del club.
-Buenas tardes, Teresa. ¿Cómo va todo?- le preguntó Virgilio a la secretaria.
-No puedo quejarme, Virgilio. Tenemos mucho trabajo y tu amigo paga generosamente a sus empleados. ¿Cómo están Prometeo y Helena?
-Muy bien. ¿Puedes decirle a Felipe que le estoy esperando, por favor?
-Por supuesto. Me alegro de verte de nuevo por aquí. Aunque no es asunto mío directamente, espero que consigas poner de acuerdo a los dirigentes del partido con los del club. Sería bueno para ambas partes un consenso, porque este partido puede hacer grandes cosas. Además: ¿de qué sirve la teoría si nunca se pone en práctica?
-Tienes buena parte de razón. Sólo puedo decirte una frase célebre: estoy trabajando en ello – le contestó Virgilio, sarcástico, y los dos se echaron a reír, cuando apareció Felipe.
-Me distraigo un poco y te encuentro confraternizando con mi secretaria... ¡es broma, hombre! ¿Cómo estás?
-En cuanto a mi salud, todo va bien, pero estoy algo preocupado por tu desencuentro con Prometeo.
-Pasa a mi despacho y hablaremos tranquilamente. Teresa, si viene alguien, dile que espere, que estoy en una reunión muy importante. Cuando un amigo llega a tu casa, lo mínimo que puedes hacer es hospedarle y ofrecerle algo de beber. Tengo un whisky que fue a la universidad con Teresa. ¿Te sirvo un poco con unos hielos?
-Sí, por favor. En fin, Prometeo quiere ofrecerte un trato que puede que te interese. Te propone darte un voto de confianza hasta que lleguen las elecciones regionales. No te molestará más hasta entonces ni volverá al club en tu contra. Si ganas las elecciones, el club te apoyará y se pondrá de tu parte para lo que necesites. En cambio, si pierdes, tendrás que desvincularte del club y cambiar el nombre del partido, o te denunciará por usurpar su nombre. ¿Qué te parece?
-Viniendo de Prometeo es una oferta muy generosa. Acepto. Comunícale que será como él dice. Por mi parte sólo hay una condición: si gano, me gustaría disponer de confianza para plantear la incorporación de algún miembro del club como candidato para las generales. Creo que es un caramelo que, sin duda, a más de uno le gustará probar. ¿No crees?
-Tienes razón y no creo que Prometeo tenga ningún inconveniente. Si esto pinta bien, va a haber muchos y muy importantes candidatos a ese puesto en el club. No descartes, incluso a alguien con carisma y madera de líder.
-¿Quieres decir que...?
-Quiero decir lo que he dicho, Felipe. No es conveniente que hablemos de ello en este momento. Le comentaré la oferta a Prometeo y no tengo ninguna duda de que habrá trato. Te deseo mucha suerte con las elecciones. Ya es hora de que los teóricos pasen a la práctica. Desde Sócrates y Platón, los filósofos han intentado influir en política, sin mucho éxito. Esperemos que esto cambie. En fin, tengo que irme. Ha sido un placer. Hasta la vista.
-Vuelve cuando quieras. Dale recuerdos a Helena... y a Prometeo también.
Virgilio se dirigió al vestíbulo tras despedirse de Teresa, que le guiñó un ojo al salir.
-Si hay una revolución en ciernes cuenta conmigo, compañero.
-Puede que cuente contigo antes de ninguna revolución, preciosa – y Teresa le sonrió.

Capítulo 14. Virgilio y Teresa

Virgilio se dirigió a su casa. Había sido una reunión corta pero intensa, con Felipe. Su trabajo estaba hecho, muy bien hecho. El trato con el partido estaba cerrado y se merecía un descanso. Se dio una ducha de agua fría, encendió el aire acondicionado y cogió del frigorífico una lata de cerveza fresca. El plan era muy sencillo: Se apoltronaría en el sofá y vería un par de películas que le había recomendado Prometeo para una buena tarde de verano. El bueno de Prometeo... Virgilio sabía que estaba colgado de Helena y esperaba que ella le correspondiese, era un buen tío. ¿Pero qué ocurría con su vida? Hace un rato estaba ligando con Teresa, la secretaria de Felipe. Estaba muy claro que Felipe no le daba lo que ella estaba buscando, sólo ver lo solícita que se mostró con él. Virgilio, sin embargo, no quería llamarla. Si quería algo, que llamara ella. No sería él quien rompiera una amistad con Felipe que podría reportarle beneficios abundantes. Felipe había dicho que, en caso de ganar las elecciones, de cara a las generales, era posible que contara con gente que tuviera madera de líder. Y era bien sabido que Felipe se llevaba fatal con Prometeo y sabía que Helena siempre se pondría de parte de su socio y amigo. Por tanto, de la tríada de líderes del club, sólo quedaba él mismo, Virgilio. Ante sí veía abrirse todas las puertas de una futura candidatura a la presidencia del gobierno... la gloria... el poder... la posibilidad de pasar sus teorías a la práctica... cambiar el sillón por la acción...
De pronto sonó el teléfono, cuando una joven japonesa estaba a punto de realizar el baile que le convertiría en una geisha de primera categoría. ¡Qué inoportuno!
-Diga...
-Hola, Virgilio. Soy Teresa. Se que no ha habido aún ninguna revolución, pero pensé que igual no te importaría que me pasara por tu casa. Felipe y yo hemos roto, no nos soportábamos. Necesito que alguien me consuele...
Esto era, sin duda, mucho más sugerente que la joven geisha y el resto de sus compañeras de profesión bailando todas juntas alrededor de una barra. ¿Qué podía contestar?
-Por supuesto. ¿Para qué están si no los amigos? Puedes pasarte por aquí. Además, estaba aburrido y no tenía ningún plan. No estés triste, preciosa. De lo contrario, tendré que dar un golpe de estado y comenzar una revolución.
-Eres un encanto. Voy para allá. Si no te mando un beso es porque te lo llevaré en mano.
-Te espero impaciente.
El plan había cambiado de manera radical. Guardó los DVD’s en su caja y en la estantería y sacó una botella de su mejor vino, un tinto reserva. Parecía que, después de todo, esa tarde de verano iba a ser algo menos fresca y aburrida de lo que se esperaba. No preparó nada. Sabía que Teresa, para estar satisfecha consigo misma, fingiría estar triste por la ruptura con Felipe y por lo cercano del acontecimiento, no estaba seguro de la forma en que ella manifestaría sus sentimientos con respecto a una nueva relación. Por otra parte, Virgilio era un tipo realista y no se ilusionaba con facilidad. Veía en Teresa a una mujer preciosa, decepcionada con su vida al lado del siempre ocupado Felipe y necesitada de un cariño y comprensión que a Virgilio le sobraban. Así pues, se planteó el futuro inmediato como una espera paciente permaneciendo alerta, desde una atención y preocupación por los problemas que iba a contarle Teresa. Además, esta mujer le atraía mucho sexualmente, por lo que a la mínima oportunidad que se le presentara de llevar la conversación a aquel terreno donde sobran las palabras y los sonidos se desarticulan dejando paso a los gemidos y suspiros, a la mínima ocasión lo haría. Por un momento, un breve instante, pensó en Felipe, preguntándose cómo se lo tomaría en caso de enterarse de lo que estaba a punto de hacer. No dudaría en hacérselo pagar caro, quizá con la ruptura de sus relaciones y la pérdida de aquel puesto de alto cargo del gobierno que, como la ínsula de Barataria, le había prometido su Don Quijote particular. Pero el pensamiento pasó rápidamente: en primer lugar, desconfiaba de que el potencial del PMI fuera suficiente para obtener una victoria en unas elecciones, fueran estas municipales, regionales o nacionales. En segundo lugar, hasta ahora había vivido bien sin ínsulas, como estudiante, y su sueño real era ser un profesor ilustre y honrado por sus colegas y alumnos en la universidad a la que tanto apreciaba. Y en tercer y último lugar, siempre había defendido una filosofía de supervivencia basada en exprimir el momento, en el carpe diem. No dejaría, por tanto que se le escapase de las manos esta oportunidad de disfrutar de la compañía de una mujer como Teresa.
Ella era quien tocaba su puerta. Había llegado. Se abalanzó con impaciencia sobre la puerta, pero en el último instante antes de abrirla, paró en seco, se relajó, tomó el picaporte y abrió con tranquilidad y elegancia, esbozando una sonrisa discreta, que no transmitía toda su felicidad, para evitar que Teresa pensaba que se alegraba de su ruptura con Felipe.
-Siento mucho lo que ha pasado. Estás preciosa.
-Gracias, pero no lo sientas tanto. Era normal que pasara, ya no funcionábamos como pareja. Además, no son pocas las señales que te he mandado esta mañana, y luego por teléfono. Como te he prometido, aquí tienes el beso que te pertenece.
Y luego, mucho antes de lo que Virgilio esperaba, sus labios y los de Teresa se fundieron en un largo beso que despertó todo el vigor que en Virgilio estaba dormido, provocando una sonrisa en los preciosos labios de Teresa, que se despegaron de los suyos para exclamar:
-¡Vaya, noto que te alegras de verme!
-Todo mi cuerpo reacciona al sentirte tan cerca. Pero dejemos las palabras para otro momento. Sólo necesito tu consentimiento para continuar... ¿estás dispuesta a hacer lo que estamos a punto de hacer?
-Por supuesto, mi poeta, mi filósofo. Déjame ser la musa que te inspire para que esta obra de arte llegue a la perfección añorada por todo artista.
Y entonces las manos de Virgilio recorrieron toda la superficie de la tersa piel de Teresa, tras despojarla precipitadamente del ligero vestido y demás prendas que la ocultaban. Los latidos de ambos corazones se aceleraron y Teresa comenzó a proferir unos sonidos que para Virgilio eran pura música de la lira de Apolo. Cuando las pieles se unieron de manera total, sublimándose la unión de lo cóncavo con lo convexo, comenzó un maravilloso baile que la sabia naturaleza había reservado al ser humano, al dotarlo de inteligencia, superando con creces la belleza de la simple procreación. La transfiguración que sufrió el rostro de Teresa, sólo es comparable a la de Chrysís en
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