ANÁlisis y comentarios de opinión sobre el relato




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fecha de publicación23.01.2016
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ANÁLISIS Y COMENTARIOS DE OPINIÓN SOBRE EL RELATO

REALIZADOS POR LOS ALUMNOS DE 2º BCH A

(Lengua y Literatura)
MECÁNICA POPULAR

JUAN JOSÉ MILLÁS

¿Qué nos quiere expresar Juan José Millás con esta delirante y surrealista historia? ¿Cuál podría ser el tema que nos quiere transmitir y cuál es tu opinión al respecto?

¿Crees que realmente representamos roles sociales y sexuales dependiendo de qué somos y cómo nos ven? o ¿Somos realmente nosotros mismos al margen de nuestra identidad sexual?
Comentario realizado por el alumno Lucas Rodríguez Marcos
Es la historia de un hombre y una mujer, de una mujer y un hombre, de continuas sugestiones o puestas en duda que nos llevan a ponernos en duda.

En este texto de Juan José Millás se analiza el poder de las convenciones sociales, que como podemos leer, no solamente son visibles en cuanto al sexo (masculino o femenino, hombre o mujer), sino que pueden hacernos pensar, sin saberlo realmente, que estamos en un lugar, Madrid, o en otro, Buenos Aires, o incluso que estamos esperando para arreglarnos los dientes o cortarnos el pelo. El narrador personaje, que empieza siendo Francisco, conoce a una mujer “en cuya frente está escrito su destino”. Eso, de entrada, le induce a hablar con ella, primero vergonzoso y luego con confianza. Ella, Beatriz, entra con él en un debate sobre qué ciudad los alberga, todo por un abrigo (inadecuado en agosto en Madrid, donde dice estar Francisco). Aquí es donde comienzan a plantearse si todo es real, quién de los dos tiene razón, puesto que ambos están convencidos. Este convencimiento conduce a una argumentación apropiada por parte de cada uno, lo que conlleva a un cambio de opinión de ambos, que a su vez, nos conduce a un cambio de sexos: Francisco es una mujer y Beatriz es un hombre. Se plantean si esto ha sido siempre así o fuente de una sugestión. Así es como entran en una especie de “círculo vicioso”, donde nada es lo que parecía, todo es cuestionable por el mero hecho de que nadie nunca lo ha cuestionado. Esta profunda reflexión se hace bajo el trueque de sexos y ha de ser trasladada al ámbito de comportamientos estereotípico relacionado con el hombre y con la mujer. Según el texto, nos dejamos condicionar por los roles impuestos socialmente: el hombre ha de comenzar la relación, la mujer tiene que mostrarse pudorosa y él atrevido…ese intercambio de cuerpos, que al final acabará siendo un intercambio de personalidades, nos hace pensar que debemos despojarnos de nuestras convenciones (o de nuestros cuerpos) para aprender que no sirven de nada. Estas están impuestas para marcar diferencias que aparte de no tener que darse, en realidad no existen más allá del ámbito físico.

Desde mi punto de vista, y dejando a un lado la posible complejidad que presenta el texto que lo hace por consiguiente de posible incomprensión, los roles del hombre y de la mujer caracterizados en Mecánica popular se corresponden a la perfección con las convenciones sociales actuales. A veces no sabemos o no aceptamos que una persona es de un determinado sexo si no actúa como la sociedad ha dicho un día que debería actuar. Estas convenciones son como los conceptos, sirven para designar un objeto, pero no para explicarlo. No podemos basarnos en estereotipos con el fin de generalizar en lo que respecta a la forma de ser de las personas, porque además nosotros no somos objetos. Queda igualmente clara y visible en esta composición la facilidad que tiene el ser humano para dejarse guiar o influir por criterios que él mismo no ha fundamentado. Aquí se hace una crítica indirecta a la distribución del poder en las comunidades sociales, donde los ignorantes, sin medios para cuestionarse, son dominados.

Para concluir, me gustaría lanzar un deseo imposible animando al mundo a despojarse de su rol, a vivir sin convenciones, a probarse otros genitales y a darse cuenta, de ese modo, de que nada ha cambiado.

Lucas Rodríguez Marcos (2º BCH A)


Comentario realizado por el alumno José María Mera Bravo
El autor Juan José Millás destaca en el panorama de la narrativa actual, porque en sus novelas disecciona las obsesiones y angustias del ser humano en un mundo que no comprende. Obras suyas son: El desorden de tu nombre (1988) y El orden alfabético (1998). Actualmente, está teniendo éxito en lo que se denomina el “articuento”, que consiste en la fusión entre la literatura y el periodismo y que se caracteriza por ofrecer una visión crítica sobre un aspecto de la vida en forma de cuento, como es este relato en concreto.

En esta historia dos personas, Francisco y Beatriz, se encuentran en una sala y comienzan una conversación sobre las diferentes visiones de ambos que culminará con un intercambio de sus cuerpos, con el consiguiente cambio de perspectiva.

En cuanto a los personajes, uno de los protagonistas es Francisco, un hombre que se cuestiona muchas cosas, las discrepancias entre ambos es un ejemplo, y se considera un seductor, lo que se puede ver en el comienzo del relato cuando está en la sala de espera. Es atrevido, lo vemos cuando aprovecha que está consolando a Beatriz para acariciarla en zonas más íntimas; descarado y usa la sugestión para convencer a los demás porque siempre cree tener la razón en todo, algo que se ve en sus actuaciones con Beatriz al discutir sobre los meses del año o las ciudades en las que se encuentran. Está siempre muy convencido de sí mismo, aunque, en realidad, esté equivocado. Esto se aprecia cuando ella le pide que se desnude para ver su sexo y él se niega en un principio. Es aficionado a la lectura, ya que menciona en un momento del relato un artículo que leyó, cuyo título “Mecánica popular” es el que da nombre a nuestro relato, y además nos cuenta experiencias de su infancia, como el relato del pájaro que cuidaba y no quería abandonar su jaula. Cuando se convierte en Beatriz es una mujer algo desolada que necesita cariño, alguien sensible y valiente porque comprende al repartidor de pizzas y le defiende, aun arriesgándose a que le den un golpe. Es curiosa, necesita saber sobre su nuevo cuerpo y con mucho amor que dar (compara la escena del sofá con una escena familiar). Tiene iniciativa porque pide la comida ella sola y sin consultar.

Beatriz es el otro personaje principal y es una mujer muy confusa, llegando a decir “no estoy segura de quién soy”; es abierta y muy amable (ofrece el abrigo a Francisco), susceptible de ser manipulada (suele hacer lo que dice Francisco), pero le gusta defender sus ideas con buenos argumentos y razones. Cuando se convierte en Francisco, es el hombre de la sugestión, orgulloso (escena del servicio), irascible (lo que se aprecia en el enfado con el repartidor), violento por la patada que le da a la inocente gata.

Ambos viven cansados y algo amargados por el carácter de sus parejas. Los otros dos personajes que aparecen son la chica de la consulta, que se encuentra fuera de sí, “bajo los efectos de un sueño magnético”, que se convertirá en una gata mimosa a la que le cae bien Beatriz cuando es Francisco. El otro personaje que aparece en escena es el repartidor de pizza, que hemos mencionado antes, que resulta ser una chica disfrazada de hombre por temor a sufrir abusos. Como es natural, se sorprende mucho con la escena de la sala y sale corriendo.

En cuanto a los roles sexuales, se puede decir que se da una apariencia sensible a las mujeres, pues son las únicas que lloran en el relato y, se ve la arrogancia y la irascibilidad de los hombres. Se plantea también, las obsesiones sexuales de los hombres como la penetración o la falta del conocimiento del cuerpo femenino…Al cuerpo se le llega a considerar una prótesis que está ahí por la consideración que cada persona tiene de sí mismo.

Personalmente, el relato me ha gustado por las reflexiones que se hacen los personajes y por lo perplejas que se muestran algunas situaciones y por la forma en que se trata un tema tan delicado como es el comportamiento sexual. El “Articuento” me ha parecido una forma curiosa e interesante para explicar unas ideas. Sin embargo, al menos para mí,, el hecho de presentar esas ideas ha requerido una historia muy elaborada y compleja, que me ha llevado a concentrarme con mucho esmero en su lectura. Sobre el cómo se ha considerado a los personajes principales que representan al sexo masculino y al femenino, opino que la inseguridad que transmite la mujer (sea Beatriz o Francisco) y el cómo reacciona ante lo que dice o le pide el hombre; va desapareciendo en nuestra sociedad, aunque bien es cierto que solo unas décadas atrás, ellas tenían que aceptar lo que los hombres pensaban; si bien no era su culpa, sino de una cultura injustificable de superioridad del hombre que venia de tiempo atrás. Respecto a la seguridad que transmite del hombre sobre si, creo que el autor hace bien en demostrar que se equivoca, ya que así recuerda a esos hombres creídos que pueden estar equivocados. Sobre el atrevimiento al disfrute sexual que se en él y que lleva que, en ocasiones, ella se sienta presionada e incómoda; opino que hoy en día la mayoría de los hombres no somos así, si no que dejamos que las relaciones avancen cuando los dos miembros de la pareja quieran.

La imagen de comprensión, de sensibilidad, de cariño que transmite la mujer, me parece positiva y creo que por lo general, las mujeres suelen expresarse de forma que no hieran los sentimientos de los demás mejor que nosotros, los hombres. En cuanto a la imagen de agresividad de hombre, no todos somos más irascible que las mujeres, ni somos tan violentos como el hombre del relato, aunque por desgracia, hay todavía excepciones que se manifiestan en casos tan desagradables como la violencia de género y que ojala se acaben en cuanto antes.

Las impresiones y expresiones eróticas del relato le aportan vitalismo, que se tratan en la conversación sobre las nuevas sensaciones que experimentan con sus nuevos cuerpos. Cada persona es un mundo y puede tener sus gustos y preferencias sexuales, sin tener que juzgarlas. Junto con esto veo que cada uno va viendo sus deseos según evoluciona en la vida y puede cambiar cuando quiera y cómo quiera, porque considero que es bueno ver cosas nuevas respecto a las relaciones sexuales y que nada ni nadie debería verse coartado por mostrar sus preferencias, ya que se le privaría de su libertad. En esta historia se cambian de forma irreal y ficticia los cuerpos, pero hoy en día sí que lo podemos hacer. Para eso ya tenemos la cirugía y quién sabe si podemos tener la posibilidad de pasar media vida con un sexo y la otra media con el otro o con los dos ¿no? Una idea del relato que considero fundamental es ver el cuerpo como algo externo, no aferrado a nosotros mismos. No creo que esto sea así, aunque lo vero muy práctico, pues en nuestra sociedad se vive muy obsesionado con la belleza y se llega en ocasiones, a arriesgar la vida por solo tener un aspecto externo mejor o se abusa de la cosmética, algo que puede dañar al medio natural.

En conclusión, creo que estaría bien cambiar los roles sexuales en vez en cuando por un tiempo, porque así podremos experimentar cosas nuevas y nos serviría para comprender mejor a las personas del otro sexo.

José María Mera Bravo (2º BCH A)

Comentario realizado por la alumna Carmen García Gómez
El texto muestra como determinante al sexo a la hora de asumir un tipo de comportamiento u otro. A mi modo de ver, creo que eso no es así, sino que es la sociedad la que más determina las actitudes. Bien es verdad que tanto la fisiología como la química del hombre o de la mujer son muy distintas y que ambos perciben la realidad de modo ligeramente diferente debido a ello. Sin embargo, cada no es totalmente determinante en la actitud porque si observamos otras culturas, veremos que hombres y mujeres tienen pautas de comportamiento distintos a los de la nuestra, pero también diferentes entre sí.

Centrándonos en la cultura occidental, tradicionalmente ambos sexos han tenido distintos papeles: la mujer sumisa y sufridora frente al hombre dominante y protector. Así mismo los mismos comportamientos según sea hombre o mujer, se han valorado de forma diferente. Estos roles diferenciados se justifican en muchos casos por la mayor fuerza del hombre, pese a que en nuestra sociedad no impera ya la ley de la jungla. Acercándonos en el tiempo las diferencias se van diluyendo poco a poco, ofreciendo la más variopinta gama de puntos intermedios y “cambios de acera”. Claro que la igualdad no es completa y siguen existiendo valoraciones distintas frente a mismas actitudes abordadas por los diferentes sexos. Un hombre mujeriego es simplemente un triunfador mientras que una mujer sería “pública”. De ahí la frase: “Un sexto sentido me decía que debía resistirme un poco”. Debido a este motivo y a otros de carácter más discriminatorio que no vienen al caso, surgen movimientos homogeneizadores de la conciencia social, en el caso del hombre-mujer en el feminismo. Esta corriente puede ser más o menos radical pero, en general, defiende la no segregación por sexos desde la infancia, en el trabajo, la calle o en el colegio, mediante la no reproducción de una serie de modelos tipificados de conducta. Para ello se comenzaría no segregándolos socialmente con colores y juegos diferentes.

Por una parte, considero que el trabajo de estas organizaciones es positivo en tanto en cuanto pretenden reformar unos valores preestablecidos y carentes de sentido para evitar la discriminación. Sin embargo, reconozco un punto oscuro, el resultado final. Es decir, si esto favorecerá la no discriminación del diferente pues todos serán distintos entre sí por haber escogido sus preferencias con la mínima influencia exterior o si creará una masa homogénea en la que no habrá cabida para “especializaciones”

Resumiendo, las diferencias de ser y de actitud entre los diferentes sexos siguen existiendo, a veces incluso con presión social; pero hay una serie de colectivos esforzándose por limar asperezas mediante programas de educación en igualdad y campañas de sensibilidad social, cuyos actos están rindiendo sus frutos desde hace tiempo. Sin embargo, aún queda ver el producto final, que, para mí, debería ser el de una diversidad, entendida como libertad de improvisación independientemente del género, siendo una postura totalmente individual.

Carmen García Gómez (2º BCH A)


Comentario realizado por la alumna Rocío Véliz Muñoz
En este relato podemos ver cómo el autor, mediante el desarrollo de una historia donde los protagonistas, Francisco, que desempeña el papel de hombre siendo fuerte, con iniciativa, protector, y Beatriz, con su papel de mujer, débil, insegura, con necesidad de protección y guía en sus actuaciones; nos plantea su primera crítica: la existencia de roles en la sociedad que condicionan nuestro comportamiento. En relación a esto, creo que realmente sí existen tales roles en nuestra sociedad actual, si bien no tan marcados como en épocas anteriores en las que estos papeles estaban muy definidos. Aún hoy en día hay personas que defienden unos comportamientos determinados para cada sexo, con los que no estoy nada de acuerdo. Para mí tanto hombres como mujeres pueden presentar sus propias características, quiero decir, como uno es, porque el ser hombre no implica de forma necesaria tener iniciativa en todo, por ejemplo, o que ser mujer no te condiciona como persona frágil. De modo que un hombre puede ser tan sensible que llore y una mujer tan segura de sí misma, que sirva como guía incluso de otros hombres. Esto se aprecia en el relato, pues la metamorfosis que sufren Francisco y Beatriz no se aplica solo a lo físico, sino también al aspecto psicológico, personalidad y sentimientos. Creo que a través de esta transformación, el autor pretende hacernos comprender la poca importancia que tienen estos roles, es más, al producirse el cambio, los protagonistas aceptan su nueva condición y se sienten incluso identificados con lo que ahora son que con su anterior aspecto.

Además de plantear esto, Juan José Millás presenta también la necesidad que el ser humano tiene de que los demás le digan cómo es, es decir, necesitamos la opinión de la imagen que damos a los demás. Esto se refleja en varias partes del relato como los momentos después de la metamorfosis, donde nuestros personajes se dan cuenta del cambio e incapaces de aceptarlo, piden al otro personaje que aparece, el repartidor de pizza, que le diga qué son, en qué se han convertido, qué les ha pasado y sobre todo, cómo se les ve desde fuera. Lo curioso es que tienen que decirle qué son para después, desempeñar el papel que le corresponde en función de su identidad externa. Otro ejemplo de esto lo tenemos en la escena de la sala en la que aparece la médica o la peluquera, la cual está tan desorientada que no sabe tampoco quién o qué es, hasta que Francisco (convertido en Beatriz) le dice que a él le parece una gata y, en ese momento, sin pensarlo, se convierte en una gata sin problemas. Todo esto nos demuestra cómo adaptamos nuestra vida a la imagen de nosotros que nos dan desde fuera y por eso, el autor critica esa dependencia excesiva de las opiniones de los demás. Deberíamos confiar más en nosotros mismos porque en realidad, somos nosotros los que mejor nos conocemos, o al menos, debería ser así y lo que nuestro entorno opine no debe coaccionarnos y hacer que tengamos que adaptarnos a lo que los demás creen u opinen. También es cierto que a veces la opinión de los demás sobre nuestro comportamiento es importante, dándonos una visión crítica de nuestros posibles defectos que nosotros no vemos y entonces, de ahí podríamos aprender para mejorar, pero salvo estos casos, creo que lo verdaderamente importante yace en nosotros mismos y no en la opinión de los demás.

Otra cosa que aprendemos con este relato es que lo importante no está en el aspecto externo de una persona, es decir, en su cuerpo, sino que se encuentra en el interior de ella y es eso lo que nos diferencia del resto, nos hace únicos al margen de tener un sexo u otro, y esto no debería condicionarnos para representar un rol ya establecido para cada sexo, por el contrario, nos proporciona la libre elección de qué queremos ser.

Para finalizar plantear la posible evolución hacia una sociedad donde los roles establecidos en relación al sexo, los estereotipos ya definidos y todas aquellas pautas que limitan a la persona en diversos aspectos de su vida y lo llevan a comportarse de un modo u otro según lo considerado como correcto o incorrecto; se vuelvan cada vez más transparentes y menos asfixiantes y hagan que nuestra verdadera identidad aparezca liberada y carente de la influencia de presiones sociales. Creo que todo esto es sobre lo que Juan José Millás nos invita a reflexionar con su relato Mecánica popular, hacernos ver que los papeles establecidos por presentar un sexo u otro son prescindibles y que la opinión que tengan los demás sobre nosotros no debe convertirse en una prioridad y, si esto es así, conmigo lo ha conseguido.
Rocío Véliz Muñoz (2ºBCH A)

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