Prehistórica, mitológica y de la edad media




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APENDICE A
HISTORIA DE LA METEOROLOGIA
La historia de la meteorología está muy relacionada con la evolución de las ciencias físicas y químicas, así como con el avance de la astronomía y la tecnología, pues en el caso particular de la investigación de la atmósfera esta se ha basado en el registro y observación desde diversas plataformas y sensores remotos, como son la radiosonda, globos, aviones, satélites, etc. En este apéndice, nos concentramos en los científicos y sus descubrimientos, prestando menor atención a los complicados inventos e instrumentos, que permitieron el avance de la meteorología; no se propone hacer un análisis exhaustivo de todos los eventos históricos, por lo que el lector encontrará que faltan muchas cuestiones y personalidades que de una u otra manera participaron en la formación de la meteorología. La historia de la meteorología se puede subdividir en tres grandes etapas: 1) la etapa prehistórica, mitológica y de la edad media, en la que el hombre creía que los fenómenos naturales eran mensajes y castigos de los dioses; 2) la etapa de la observación y descubrimientos científicos, en la que el hombre logró superar las creencias religiosas y filosóficas, para basar su conocimiento en la observación y análisis detallado de los fenómenos naturales y 3) la etapa de modernización tecnológica, en la que el hombre se apoya en los avances de la tecnología, para investigar las causas de los fenómenos meteorológicos, así como los posibles escenarios futuros.
1. Los primeros pasos: Prehistoria, Mitología y Edad Media
El hombre prehistórico fue, por necesidad de supervivencia, un observador de su medio ambiente; los distintos fenómenos atmosféricos eran considerados como mensajes o castigos de los dioses, el hombre de aquellos días se conformaba con aceptar los beneficios o perjuicios asociados, pero sin cuestionarse los mecanismos o las causas de los fenómenos. No se conoce con exactitud cuando comenzó la observación aplicada de los fenómenos meteorológicos, pero se puede suponer que fue en la misma época en que se desarrolló el cultivo extensivo de la tierra; es decir, cuando la agricultura fue inventada, la que parece haber comenzado en el año 5,000 a.C. El hombre prehistórico de esa época debió haber tomado en cuenta los factores meteorológicos y climáticos, tales como la lluvia y la temperatura, para su producción agrícola y para escoger su hábitat. En la antigüedad, sin las distracciones sociales de la época moderna (cines, teatros, televisión, electricidad, etc.), el hombre primitivo solo podía ‘divertirse’ observando su medio ambiente, el cielo, las estrellas, etc., de ahí que tenía mayores probabilidades de conocer mas y mejor los fenómenos naturales, que el hombre moderno. El hombre antiguo probablemente atribuyó poderes sobrenaturales a los cuerpos celestes; en el Antiguo Testamento, se puede ver a Jehová apareciéndose ante Moisés rodeado de una tormenta de arena y acompañado de relámpagos. Sin embargo, muchos de estos brujos y profetas, observadores y pronosticadores del estado del tiempo, eran continuamente perseguidos hasta la muerte, pues sus conocimientos de la naturaleza atentaban contra las creencias religiosas de esas épocas.
El hombre primitivo fue un geógrafo y geólogo práctico y estuvo siempre perceptivo a todo lo que pasaba a su alrededor; no es, pues, ilógico suponer que estuvo muy bien informado de las características de los fenómenos naturales que lo afectaban, de modo que los podía usar para su beneficio, tales como un suelo fértil, agua corriente y limpia, un clima agradable, etc. Antes de establecerse las comunidades humanas, basadas en la agricultura, en el comercio y la industria, cada hombre era artífice de todas esas actividades simultáneamente; el hombre primitivo estaba obligado a ser un ‘milusos’. Salía de su refugio cada mañana, con la incertidumbre del tiempo que haría cada día, el tiempo meteorológico tendría gran importancia para las actividades diurnas y podría haber sido un factor determinante para la alimentación e incluso supervivencia de ese hombre prehistórico. Aunque no se tenían instrumentos de observación y registro, pudo predecir con bastante precisión los cambios a corto plazo, dentro del círculo geográfico de su dominio. Fue también un climatólogo empírico que tuvo conocimiento de las características de su región y de las diferencias cíclicas de las estaciones.
Puede suponerse que el hombre antiguo abrigó pensamientos y temores sobre las fuerzas naturales (geofísicas y atmosféricas) que continuamente afectaban su hábitat. Pudo ver los efectos de los huracanes y de las tormentas e inundaciones sobre la tierra y el mar; el efecto de los terremotos y las erupciones volcánicas, etc.; todo esto lo asociaron las culturas a sus dioses. Las culturas antiguas, como la de los babilonios, buscaron una explicación a los fenómenos atmosféricos en la posición y movimiento de las estrellas y la luna. Los antiguos gustaban de considerar el proceso del descubrimiento como la inspiración de las musas o la revelación de los dioses del cielo, así nació el mito. Las fuerzas de la naturaleza fueron personificadas y deificadas; los profetas y magos, de las culturas ancianas, asociaban el tiempo atmosférico al estado anímico de sus dioses, creían, por ejemplo, en la mitología griega y romana; creían que Zeus, el dios de los cielos y el mundo, cuando se enojaba desencadenaba las tempestades y lanzaba rayos a sus enemigos o a los mortales; Eolo era el dios que controlaba los vientos y Eos la diosa de la hermosa aurora. En la mitología escandinava, Tor el dios del trueno y los relámpagos, y Frey el dios de la lluvia y la luz, eran quienes controlaban las tormentas, el viento y demás fenómenos atmosféricos. En la mitología egipcia Sati, la diosa del aire y del cielo, creaba los relámpagos. En la mitología inca, Chuychu era la diosa del arco iris y Humanchuri el dios del trueno. En la mitología maya, Chac era la diosa de la lluvia y Huracán el dios del viento y el trueno. En la mitología azteca, Tláloc era el dios de la lluvia y el rayo.




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