Introducción




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La materia de la metodología de las ciencias



1. Los principales aspectos y ramas de la metodología de las ciencias
La materia de la metodología general de las ciencias, disciplina a la que se ha llamado a menudo la lógica, la filosofía o la teoría de las ciencias, no tiene líneas exactas de demarcación. Sería también inútil, como es evidente, buscar una definición de la materia de la metodología de las ciencias en la que estuvieran de acuerdo todas las personas implicadas. Seguramente es más apropiado indicar la clase de problemas que interesan a la metodología general de la ciencia, así como los problemas que, en opinión de los científicos, deberían interesarle. De este modo podemos llegar a una serie de cuestiones indiscutibles que son específicas de la investigación metodológica. Sólo a la luz de este análisis será posible sugerir una interpretación de la metodología de las ciencias que pueda ser usada en el estudio de los problemas metodológicos de la historia.
Globalmente, no hay ninguna controversia sobre el hecho de que la metodología general de las ciencias abarca dos clases de interés:
1. Interés en las operaciones cognoscitivas usadas en la investigación científica.
2. Interés en los resultados de dichas operaciones cognoscitivas.
La primera de estas dos ramas de la metodología se refiere a la ciencia entendida como un proceso cognoscitivo que, en último análisis, consiste en la formulación y comprobación de teoremas, mientras que la segunda se refiere a la ciencia entendida como el producto de ese proceso cognoscitivo (o sea, en último análisis, una serie de teoremas o, en otras palabras, una serie de afirmaciones). En la terminología sugerida por K. Ajctukiewicz, la rama de la metodología cuyo tema es la ciencia como oficio de los estudiosos, es decir, la ciencia como actividad, por tanto, el primer tipo citado más arriba, se llama metodología pragmática, mientras que el estudio de la ciencia, concebida no como el oficio de los estudiosos, sino como el producto de sus operaciones cognoscitivas, es llamada metodología apragmática .
Hay que advertir, además, que tanto las operaciones cognoscitivas como los productos de dichas operaciones pueden ser estudiados de dos maneras, que Sirven como base para separar; no dos ramas de la metodología, sino dos formas de la investigación metodológica dentro de esas ramas. Desde este Punto de vista podemos hablar de:
La metodología descriptiva se reduce a una descripción de las operaciones cognoscitivas y sus productos, mientras que la metodología normativa se esfuerza por registrar las reglas que rigen los procesos científicos racionales y por indicar el grado de desarrollo de una disciplinadada.
Normalmente, las definiciones corrientes de la metodología de las ciencias hacen hincapié de varias formas en sus interpretaciones pragmáticas o apragmáticas, descriptivas o normativas. En la práctica investigadora, muchas veces, estos puntos de vista están unidos.
Debemos mencionar otra división interna de la metodología, que también es esencial para nuestras consideraciones, en concreto, la distinción entre la metodología general de las ciencias y las metodologías especializadas de las diversas disciplinas. Estas últimas pueden interpretarse de un modo estricto o amplio. Por ejemplo, podemos tomar, como un ejemplo de metodología especializada, la metodología de todas las disciplinas no formalizadas (es decir, las ciencias naturales y sociales), o la metodología de las ciencias sociales aisladas, o la metodología de las ciencias históricas, o, finalmente, las metodologías de las diversas disciplinas históricas . La métodología general puede ser considerada como un análisis de las operaciones cognoscitivas y como un análisis de los productos de dichas operaciones .
2. La metodología de las ciencias y la semiótica
Cuando reflexionamos sobre la materia de la metodología de las ciencias y, por tanto, también, de la metodología de la historia, nos encontramos a cada paso con el concepto de semiótica (o «semántica», en el más amplio sentido del término), que a veces se identifica con el terreno de interés de la metodología de las ciencias. De aquí viene la cuestión de la relación entre la metodología de las ciencias y la semiótica, en particular el papel de esta última en la investigación en el campo de la metodología de las ciencias, tanto general como especializada.
La materia de la semiótica (cuyo patrocinador es J. Locke5 y cuyo fundador es Ch. Morris 6) consiste en todos los signos, o, para decirlo con más precisión, todos aquellos procesos en los que algo funciona como signo. Muchas veces, la semiótica se interpreta como la ciencia general de los signos, la ciencia general de los signos y los lenguajes o la teoría general de los signos . El concepto de signo está limitado al conocimiento específico.

2 Una distinción estricta entre estos aspectos la hace J. Giedymin, que habla de metodología descriptiva (el estudio del lenguaje de la ciencia y las operaciones realizadas en la investigación) y de metodología normativa (la serie de reglas y teoremas que rigen los procedimientos de investigación), y de dos significados de la palabra metodología, desde ese punto de vista. (Ver su «Hipotezy, metodologia opisowa, wyjasnianie» (Hipótesis, metodología descriptiva, explicación), en Kwartalnik Historyczny, núm. 4/1962, pág. 919, y Problemy, Zalozenia, Rozstrzigniecia (Problemas, supuestos, decisiones), Poznan, 1964, págs. 17 y l77.
1. Locke, An Essay on Human Understanding, vol. II, cap. XI, lib. IV.
6 Ch. Morris, «Foundations of the Theory of Signs», en International Encvclopaedia of Unified Science, vol. 1, núm. 2/1938; Sigas, Language and Behaviour, Nueva York, 1946.
En relación con esto, ténganse en cuenta las obras escogidas de K. Ajdakiewicz, uno de los fundadores de la metodología de las ciencias, Jezyk i poznaaie (Lenguaje y conocimiento), vol. 1, Varsovia, 1960, vol. TI, Varsovia, 1965. Para los no especialistas hay una exposición divulgativa de los PrinCipios de la semiótica por H. Stonert, Jezyk i nauka (Lenguaje y ciencia), Varsovia, 1964.

Cualquier objeto (o estado de cosas) es un signo relativo a un Cuerpo específico de conocimiento, si se usa o produce de un modo regular y si este uso o producción de él puede ser reconstruido racionalmente desde el punto de vista de los propósitos de comunicación dentro de ese cuerpo específico de donocimientos».
Dentro de la semiótica, concerniente a todos los signos, tenemos la semiótica lógica, interesada por un determinado tipo de signos solamente, en concreto por el lenguaje, que podemos restringir incluso al estudio del lenguaje de las ciencias. En la semiótica, el estudio del lenguaje, científico es, al menos teóricamente, bastante amplio, puesto que la semiótica está dividida en tres ramas:
a) Sintaxis, que es la teoría de las propiedades formales de las expre siones lingüísticas y se ocupa de las relaciones entre las expresiones lingüísticas.
b) Semántica (en el sentido más estricto del término), que se ocupa de las relaciones entre las expresiones lingüísticas y el campo (es decir, objetos y/o estados de cosas) que estas expresiones describen.
c) Pragmática, que se ocupa de las relaciones entre el lenguaje y los usuarios del lenguaje (o sea, entre los hombres y el lenguaje que usan).
De este modo, la semiótica tiene un doble contacto con la realidad:
de una parte, por medio de contactos con el objeto estudiado, y de otra, con el investigador. Esto puede ser esquematizado como sigue:

Como puede verse, la sintaxis —que fue una vez el terreno de las esperanzas ilusorias acariciadas por los positivistas lógicos — es la única que limita sus intereses a un análisis lógico del lenguaje de la ciencia. Si la metodología de las ciencias se limitara a esto, quedaría eliminada su verdadera materia, que debe tener en cuenta el objetivo básico de la ciencia:
la descripción y la explicación de los hechos (en lo que se refiere a la ciencia como oficio de los científicos). A esta conclusión llegaron incluso los positi’Vistas lógicos, que se ocuparon cada vez más de investigaciones extralin

8J. Giedyrnin y 3. Kmita, Wyklady z logiki formalnej, teorii konzunijacji Z nsetodologij nauk (Conferencias sobre lógica formal, teoría de la comunicación Y metodología de las ciencias), Poznan, 1965, pág. 15. En su definición modificada del signo, Kmita prescinde de la condición de regularidad en la comunicación por una acción cultural determinada o un producto cultural de un estado de cOsas específico. Cfr. su Wyklady z logiki metodologli nauk (Conferencias sobre logica formal y metodología de las ciencias güísticas 10, lo cual, como es bien sabido7 ha dado lugar al desmembramiento de aquel grupo que una vez estuvo estrechamente unido.
A pesar de la importancia de los estudios en el campo de la sintaxis, los análisis metodológicos extraen mucho más de las investigaciones semánticas, que se ocupan de la relación entre el objeto de estudio y el lenguaje de la ciencia 11• Esto significa una relación entre dos terrenos: objetivo y lingüístico. Cuando lo analizamos no podemos evitar el tener en cuenta las características de estos dos campos. Esta es la razón de que las diversas corrientes en la investigación ontológica, que se ocupan de las propiedades de la realidad, tengan estrechos lazos con la semántica. Tal duda no existe respecto a la investigación sintáctica, que forma parte indiscutible de la semiótica.
Dentro de los análisis estrictamente semánticos, es decir, aquellos que se ocupan de las relaciones entre el mundo de los objetos y estados de cosas, por un lado, y los nombres y afirmaciones, por otro, los conceptos básicos son los de denotación, representación, designación, metalenguaje y verdad, y también los conceptos correspondientes de campo, isomorfismo y modelo. hora bien, éstos componen las categorías fundamentales de la metodología :le las ciencias, sin las cuales, prácticamente, no se puede imaginar la investigación metodológica. Esto hay que aplicarlo tanto a la metodología general : como a las especializadas. Puesto que estos conceptos serán útiles en la áiscusión de los problemas metodológicos de la investigación histórica, merece la pena analizarlos brevemente ahora para facilitar las consideraciones posteriores.
La denotación significa referir los nombres, predicados y otras categorías sintácticas a objetos y estados de cosas. Así, por ejemplo, el término (nombre) «La corte de Luis XIV» denota una serie definida de objetos (en este aso, un colectivo; ver más abajo); el término «gente polaca» denota otra serie (en este caso, una distributiva; ver más abajo), y el nombre «Stefan Batory», un determinado rey de Polonia, es decir, un objeto individual. Por tanto, estos términos (nombres) tienen sus denotaciones. Los predicados, ) sea, las expresiones del tipo «es largo», «vino», etcétera, que al lado de os nombres, interpretados como términos singulares, forman la parte más .mportante en la sintaxis lógica, tienen también sus denotaciones, concretamente series (en el caso de predicados con un tema cada uno), y las relacioes de dos o más miembros (en el caso de predicados de dos o más temas :ada uno) 12
La representación se aplica a las variables, se decir, a ciertos símbolos como x) que sustituyen a todos los elementos de la serie, según los cuales luctúa una variable dada, sin indicar a qué elemento sustituye. Por ejemplo, n la oración «Si x fuera un noble, entonces x tendría privilegios específicos»,
10 Ver R. Carnap, «The Methodological Character of Theoretical Concepts», n Minnesota Studies in the Philosophy of Science, vol. 1, Minneapolis, 1956.
11 Su desarrollo está relacionado con el nombre del lógico polaco A. Tarski. ¡er su documento «The Establishment of Scientific Semantics», en Logic, Senantics, Metamathematics (Documentos de A. Tarski, 1923 a 1938), Oxford, 1956.
12 Una afirmación con un predicado de un argumento: «Napoleón murió n 1821»; una afirmación con un predicado de dos argumentos: «Wellington lerrotó a Napoleón.» Las categorías sintácticas las trata de forma divulgativa 1. Stonert (ver nota 7 más arriba). No incluiremos la Cuestión de las funciones emánticas (denotativas) de los símbolos, variables, nexos oracionales, cuantiicadores, etc., ya que esto no afecta al problema que ahora tratamos. Por sumesto, también los símbolos de función tienen su denotación.

la variable x no se refiere a ningún objeto en el sentido de denotarlo, sino que representa objetos dados. Las variables no aparecen frecuentemente en la narración.
La designación se aplica sólo a los nombres interpretados como términos singulares. En el caso de los nombres individuales, la denotación de un nombre es una serie de un elemento, y ese único elemento es el designado del nombre en cuestión (por ejemplo, «Isaac Newton»). Esto es distinto en el caso de los nombres generales (o sea, términos que tienen más de un designado cada uno, como «embajador»), y los nombres vacíos (es decir, equellos que no tienen designado y cuyas denotaciones son series vacías:
« Cíclope», « Pegaso», etcétera)
Otros conceptos semánticos fundamentales están unidos a la distinción, muy importante desde el punto de vista metodológico y que se remonta a G. Frege y D. Hilbert, entre lenguaje objeto y metalenguaje. El lenguaje objeto es el lenguaje en el. que se describen los objetos y estados de cosas investigados en un caso concreto 14, mientras que el metalenguaje es simplemente un lenguaje que sirve para hablar sobre el lenguaje objeto. Si decimos que «la falta de un gobierno fuerte fue una de las causas de la partición de Polonia», usamos un lenguaje objeto, y cuando decimos que «la afirmación de Bobrzynski (historiador polaco, 1849-1935), de que la falta de un gobierno fuerte fue una de las causas de la partición de Polonia, es correcta», entonces usamos un metalenguaje. El metalenguaje (un lenguaje de orden secundario), por tanto, consiste en afirmaciones sobre otras afirmaciones; el meta-metalenguaje (un lenguaje de orden terciario), entonces, consiste en afirmaciones sobre otras afirmaciones que a su vez se refieren a otras afirmaciones.
Se puede ver fácilmente que los conceptos de verdad y falsedad atañen al metalenguaje, puesto que afirman algo sobre expresiones formuladas en un lenguaje objeto. Para explicarlos tenemos que recurrir a los conceptos de dominio y modelo semántico.
El concepto de dominio hace posible definir —en metalenguaje— la materia de la investigación. Un dominio puede estar representado simbólb camente por (el par ordenado) U, C, donde U (denominado el universo del discurso) sustituye a una serie no vacía de individuos y C representa lo dis. tintivo de ese universo, o sea, las subseries de U, las relaciones entre los elementos de U y los individuos particularizados específicamente en U 15 Este simbolismo es lo bastante general como para abarcar cualquier dominio, incluyendo, por ejemplo, el terreno de la investigación histórica (que, en lenguaje objeto, puede ser definido como la totalidad de los hechos pasados). Es obvio que en un lenguaje dado podemos hablar sobre un terreno dado Si, y sólo si, hay una relación de isomorfismo (correspondencia) entre ese lenguaje y ese terreno, es decir, si ese terreno puede ser descrito en ese lenguaje. Esta afirmación es de enorme importancia en los análisis metodológicos.
La definición semántica de la verdad es una formulación más rigurosa de lo que se ha llamado la definición clásica de la verdad; esta última dice que una afirmación es cierta si está de acuerdo con la realidad. La definición semántica de la verdad, además, se restringe a un lenguaje y un terreno dados. Una misma inscripcicn (secuencia de símbolos escritos) puede ser una afirmación (expresión correctamente formada) en un lenguaje, pero no en otro. Del mismo modo, una misma afirmación en un lenguaje dado puede ser cierta en un terreno (es decir, para una interpretación específica de aquehas constantes extralógicas que aparecen en esa afirmación) y falsa en otro (es decir, para otra interpretación de las constantes extralógicas que aparecen en esa afirmación). Las afirmaciones sólo pueden ser verdaderas o falsas, lo que significa que las afirmaciones sólo pueden tener uno de los dos valores lógicos: la verdad y la falsedad. Otra cuestión es que, muchas veces, nuestra ignorancia nos impide decidir cuál es el valor de una afirmación dada. Cada afirmación, en un lenguaje objeto dado, tiene un correspondiente metalingüístico que asegura que lo que dice la afirmación en el lenguaje objeto es válido en un terreno dado. Se puede decir que una afirmación en un lenguaje objeto determinado es verdadera en un terreno concreto si, y sólo si, su correspondiente metalingüístico es verdadero (es decir, si, y sólo si, hay una correspondencia entre las dos afirmaciones). También hay que mencionar que las llamadas tautologías son afirmaciones que son ciertas en cualquier terreno, y las llamadas afirmaciones contradictorias son afirmaciones que son falsas en cualquier terreno.
El concepto de modelo va unido al de la verdad de una afirmación o serie de afirmaciones. Cualquier terreno en el que una afirmación dada es verdadera es un modelo semántico de esa afirmación. Por tanto, una tautología tiene un modelo en todos los terrenos, y una afirmación contradictoria no tiene ningún modelo. Un terreno en el que los axiomas de una teoría determinada son verdaderos es un modelo de esa teoría. Se puede ver fácilmente que en la ciencia nos interesan aquellos terrenos que son modelos de las diversas disciplinas (considerando una disciplina como una serie de afirmaciones sobre objetos específicos) 17, puesto que las ciencias se basan sobre afirmaciones verdaderas y no sobre las contradictorias.
Como puede verse, las reflexiones semánticas se refieren a cuestiones que son de interés vital para la metodología de las ciencias, al margen de si esa metodología investiga operaciones cognoscitivas o los resultados de dichas operaciones.
La pragmática, que es la tercera rama de la semiótica, estudia las relaciones entre los seres humanos y sus lenguajes, y, por tanto, de algún modo, entra en los límites de la psicología. Hasta el momento, esa rama de la semiótica no tiene todavía su propia teoría. Sin embargo, puede decirse que la pragmática se interesa por los juicios como correspondientes mentales de las afirmaciones hechas 18, Una afirmación, una vez hecha, además de indicar una expresión lleva una carga mental que se refiere a la actitud del hablante hacia su afirmación, una carga que merece ser analizada. Esta carga es de gran interés para la metodología de las ciencias, en particular las metodologías de aquellas disciplinas que, como la historia, hacen uso, en sus investigaciones, de afirmaciones hechas por otros. Hay que saber cuál es la actitud del hablante hacia la afirmación que ha hecho. Esto se debe a que en la ciencia incluimos aquellas afirmaciones que aceptamos como ciertas, y los fundamentos sobre los que las aceptamos como tales pueden ser de diversas clases: puede ser nuestra creencia incondicional en la verdad de una afirmación dada, o la aceptación de una afirmación concreta en razón de nuestra aceptación de otras afirmaciones. Es únicamente en el proceso de su verificación donde las afirmaciones presumiblemente ciertas se convierten en afirmaciones admitidas corno ciertas. El análisis de los llamados códigos psicológicos es muy importante en el estudio de los procedimientos de investigación y sus resultados.
Para resumir, se puede decir que la semiótica (que utiliza varias disciplinas, sobre todo la lógica) está estrechamente conectada con la metodología de las ciencias, tanto en el aspecto pragmático como apragmático de esta última. Si se interpreta muy ampliamente la metodología de las ciencias, se puede afirmar que la semiótica es un componente de la metodología. Esta es, por ejemplo, la opinión de G. Klaus, tal como la formula en su Serniotik und Erkenntnistheorie (1962). Pero puede decirse también que en la metodología utilizamos los logros de la semiótica. Otra cuestión es que los semióticos (corno Morris) solían esperar que los problemas del lenguaje científico podrían ser completamente resueltos por una disciplina separada, que ellos aseguraban haber aislado y que iba a permanecer como estaba, fuera de la investigación científica. Pero, como bien señaló L. Geymonat, un análisis de los lenguajes usados en la ciencia, ya que es el foco de interés de la semiótica, debería ir unido al estudio de la historia de las ciencias. «Deberíamos insistir —escribió— sobre la necesidad de lazos estrechos entre el análisis de los lenguajes científicos y el estudio de su historia (...) (puesto que) sólo dichos lazos pueden evitar que el análisis lingüístico se vuelva abstracto y dogmático» Esto hará posible, precisamente, formular los lazos de unión entre el leñguaje usado en una disciplina concreta y el lenguaje cotidiano, y por tanto, resolver un problema que es de vital importancia para las reflexiones metodológicas, también en el caso de la historia, que, además, globalmente, usa un lenguaje cotidiano.
3. La metodología de las ciencias y la historia de la ciencia
No puede dudarse de la importancia del estudio de la historia de la ciencia para los análisis metodológicos, incluso aunque las opiniones de los estudiosos no son las mismas. Dichos análisis adquieren, de ese modo, un Punto de vista no formal que toma en consideración el desarrollo específico de cada disciplina. Como se sabe, la historia de la ciencia puede tocar varios temas y puede. ser ejercida de varias maneras. Podernos ocuparnos de la historia de los conflictos entre las opiniones de los estudiosos sobre una determinada cuestión (por ejemplo, la historia de la controversia sobre las causas de la caída del Imperio Romano) y de la historia de los modos en que se ha investigado un campo concreto.

La metodología general se interesa, sobre todo, por este último aspecto del estudio de la historia de la ciencia. La historia de la ciencia en el primer sentido (llamémosla objetiva) se ejerce más bien como parte de una disciplina dada. Por ejemplo, la historia de la historiografía (si no se interpreta como la historia de los métodos de investigación) es tratada como una rama de la investigación histórica, conectada con la historia en el sentido estricto del término; del mismo modo, la historia de la química se considera como una rama de la química, etc. Para la metodología general, una investigación así (sobre los avances reales en una disciplina concreta) es de importancia secundaria. Pero puede ser discutible si la historia de la ciencia en el segundo aspecto (llamémoslo metodológico), rápidamente desarrollada, e interpretada como un estudio de los cambios en los métodos y/o maneras 20 de investigar los campos de las diversas disciplinas, está o no está dentro de la esfera de la metodología de las ciencias. Si interpretamos la metodología de las ciencias de un modo amplio, entonces tenemos que incluir dichas reflexiones en su ámbito; si decidimos interpretarla en un sentido más estricto, tenemos que decir que la metodología de las ciencias se ejerce, o puede ejercerse, confiando, entre otras cosas, en la historia de la ciencia. Parece que cuanto más especializada es la metodología en cuestión, más importante es la investigación sobre la historia de la ciencia en cuestión para los diversos análisis metodológicos. Sería difícil, por ejemplo, imaginar el estudio de la metodología de la historia sin una investigación sobre la historia de dicha disciplina. Además, en estos casos, son más necesarios los lazos de unión con el primero de los dos aspectos destacados más arriba.
4. La metodología de las ciencias y la teoría del juego y de la decisión
La semiótica y la lógica matemática, por un lado, y la historia de la ciencia en su aspecto metodológico, por otro, son —de acuerdo con el punto de vista ele cada uno— o componentes de la metodología general de las ciencias o disciplinas sobre las que se basa la investigación metodológica. Lo mismo se puede aplicar a la teoría de la decisión y la teoría del juego 21 La investigación científica puede considerarse como una clase de comportamiento racional (que es un tipo ideal de comportamiento orientado a una mcta específica), y los procedimientos de investigación, por tanto, pueden ser examinados desde ese punto de vista. La metodología de las ciencias puede quedar satisfecha (y esto es lo que ocurre con la versión descriptiva) con simples descripciones de cómo llevan a cabo los científicos las operaciones de investigación, sin examinar la efectividad de las decisiones que hacen o, para usar el lenguaje de la teoría del juego, la eficacia de las estrategias que eligen. Pero podemos ir más lejos (y esto es lo que ocurre cuando nos referímos a la versión normativa) e intentar encontrar las reglas ocultas por las que se guían los científicos cuando intentan alcanzar sus objetivos cognoscitivos, y a partir de aquí, en lo posible, definir la mejor estrategia para cada ope20 En relación con esto, téngase en cuenta la definición del método dada ración investigadora. Cuando los problemas de decisión están incluidos en las reflexiones metodológicas, estas últimas se trasladan del nivel de la des. cripción al de la explicación y la :afirmación. Al mismo tiempo> el análisis metodológico se coloca más cerca de la cuestión valorativa, lo que a su vez acaba sacando a relucir sus lazos con disciplinas como la axiología, la teoría de la moral y la sociología de la ciencia. Todas éstas están también estrecha. mente conectadas con la metodología de las ciencias, Cada una de ellas tiene ramificaciones más amplias, lo cual, por otra parte, es bastante natural en el terreno de la ciencia. Ciertos conceptos surgidos de la teoría de la decisión y la teoría del juego están introducidos más tarde, en conexión con análisis más especializpdos y relacionados directamente con la metodología de la historia. Aquí merece la pena señalar su considerable utilidad, precisamente en esa rama de la metodología, puesto que el historiador se ocupa de las acciones de los seres humanos en el pasado, y al hacerlo no quiere sólo describirlas> sino también explicarlas. La teoría del juego puede usarse, por tanto, en dos niveles: puede servir como un instrumento en la investigación sobre los procedimientos usados por los propios historiadores, pero también en la investigación sobre el comportamiento de aquella gente en la que se interesan los historiadores. Por tanto, como instrumento metodológico puede trabajar de dos maneras.
5. La metodología de las ciencias y la teoría de la información


El caso de la teoría de la información, en lo que respecta a sus lazos de unión con la metodología de las ciencias, se parece al de la semiótica. Puesto que, como escribe 3. Giedymin, «resolvemos los problemas cognoscitivos con la adquisición y el análisis de unidades de información, el concepto de información y el de informante> especialmente el observador y su fiabilidad, debe incluirse entre los conceptos metodológicos fundamentales, junto a aquellos que se usan tradicionalmente» 22 No hace falta subrayar que estas cuestiones son de importancia primordial para la historia, una ciencia en la que, como hemos dicho antes, se utilizan los resultados de las observaciones realizadas por otros. Si decidimos interpretar la metodología en un Sentido amplio, la teoría de la información puede incluirse como parte de ella; también podemos afirmar que en la metodología de las ciencias la investigación se realiza, además, sobre la base de categorías que son específicas de la teoría de la información.
La teoría de la información ha proporcionado a la metodología de las ciencias numerosos conceptos sin los cuales las investigaciones metodológicas apenas podrían imaginarse actualmente 23, Junto a los conceptos de información e informante, mencionados más arriba, tenemos que en numerar lugar, los de mensaje, código, canal y entropía. Se hace una distinción entre información selectiva e información semántica. La información selectiva puede transmitirSe por símbolos no semánticos, mientras que la información semántica sólo puede transmitirSe por medio de afirmaciones verdaderas o falsas. J. Giedyrnin sugiere la siguiente definición de información: «Por información, en general, entendemos una reducción de variedad, esto es, una restricción de una serie (universo) de posibilidades de acuerdo con ciertos criterios, y con información semántica querernos decir una reducción de la variedad que es la serie de valoraciones (interpretaciones binarias) de afirmaciones en una serie específica» 24 El concepto de información no coincide con el signo, al estar este último muy restringido por varias condiciones. De este modo, la teoría de la información ha abierto, en muchos análisis, puntos de vista cercanos a la semiótica.
Una unidad de información preparada para llegar (a través del canal) al receptor se llama mensaje. Esta preparación significa una codificación. Si un mensaje (unidad de información) se va a recibir, debe ser descifrado, es decir, el receptor debe conocer el código. En términos más generales, un código es una función que asigna un contenido definido a un mensaje concreto
En el caso de la información semántica, el código básico es el código lingüístico, es decir, un lenguaje comprendido tanto por el emisor como por el receptor. En la ciencia usamos un código que podría Ilarnarse código lingüístico objetivo, pero también nos interesarnos por lo que podría llamarse un código lingüístico psicológico y un código metafórico, e incluso tenemos razón al acentuar el papel creativo de este último. El código escrito va unido al código lingüístico.
El canal de información es aquel a través del cual pasa un mensaje del emisor al receptor (por ejemplo, el papel en el caso de la escritura ordinaria, el aire en el caso del habla). La entropía es la medida del desorden, la indefinición, el caos. Por tanto, la información reduce la entropía. La cantidad de información recibida equivale a la diferencia entre la entropía de un sistema dado antes y después de recibir dicha información.
24 Giedymin, cit., págs. 20-21. Esta es su explicación del concepto de rnformacion semantica. Para poder hablar de tal información necesitarnos los siguientes datos:
a) Una serie Y de afirmaciones (falsas o verdaderas).
b) Una serie y de las combinaciones posibles de los valores lógicos: verdad (designada por «1») y falsedad (designada por «0>’) atribuidos a las diversas afirmaciones (esta es la serie de valoraciones, es decir, el campo de no certeza).
c) Una subserie C (y) de V, que reduce la variedad de casos y se designa según criterios especificos.
A menudo se dice que la metodología de las ciencias (sin embargo, aquí el acento no está puesto sobre las metodologías especializadas) forma parte de la teoría del conocimiento (gnoseología, epistemología). Esta opinión tiene un buen apoyo: el conocimiento científico es simplemente una variante del conocimiento humano en general, y los problemas fundamentales del conocimiento científico pueden resolverse solamente sobre la base de los resultados de las reflexiones gnoseológicas generales. Es cierto que la semiótica y la teoría de la información se ocupan de las relaciones entre los hechos y lo que se afirma sobre ellos, pero no analizan el proceso que tiene lugar entre los hechos y el hombre que adquiere el conocimiento de ellos, es decir, de qué modo llega el hombre a conocer el mundo que le rodea. Estas disciplinas se interesan por el grado de acuerdo entre una afirmación y la convicción del hablante, y el grado de acuerdo entre el mensaje enviado y el mensaje recibido . Si pretndemos analizar a fondo estas operaciones cog -noscitiva que aparecen en la labor investigadora, tenemos que referirnos a la epistemología. Del mismo modo, cuando analizamos el conocimiento científico como efecto del aprendizaje científico hay que recurrir a las reflexiones gnoseológicas generales sobre el conocimiento humano.
La opinión de que la metodología de las ciencias tiene lazos de unión muy fuertes con la epistemología, o de que basa su investigación sobre los logros de esta última disciplina, está bien fundamentada. También podría decirse que la metodología de las ciencias, en su interpretación más amplia, incluye parte de los análisis gnoseológicos.
7. La metodología de las ciencias y las investigaciones ontológicas y psicológicas
Todas las disciplinas tratadas hasta aquí podían considerarse corno partes de las investigaciones metodológicas generales o como disciplinas sobre las que se basan las investigaciones metodológicas. Esto era así porque se ocupaban, sobre todo, de los campos de interés indiscutibles de la metodología de las ciencias: las operaciones cognoscitivas y sus resultados (ver sección 1). Por tanto, cüando el alcance de la metodología se extendía hasta abarcar dichas disciplinas (semiótica, teoría de la decisión y teoría del juego, teoría de la información, la historia de la ciencia en su aspecto metodolágico, la epistemología), no iba más allá de esos dos terrenos. Pero si miramos el esquema modificado, que podríamos representar ahora corno sigue:
Afirmaciones entonces isos darnos cuenta de que la metodología de las ciencias ha llegado a abarcar, así, las relaciones —investigadas por diversas disciplinas, no sólo
por la semiótica— entre el objeto de la investigación y las afirmaciones sobre él, entre las afirmaciones sobre el objeto de la investigación y el investigador, y las afirmaciones como tales (el análisis lógico del lenguaje), pero las investigaciones sobre el objeto de investigación como tal y sobre el investigador como tal han sido descuidadas. Las primeras son, la materia de diversas corrientes en el análisis ontológico, y las últimas, de reflexiones psicológicas.
Surge la cuestión de si se puede postular la inclusión de estos análisis y reflexiones en la metodología de las ciencias, y hasta qué punto. Una respuesta afirmativa produciría la distinción entre:
1) Metodología en el sentido estricto del término.
2) l\4etodología en el sentido más amplio del término.
Pero al margen de cualquier opinión sobre este punto, es evidente que
—como se ha subrayado en relación con los principios básicos de la semántica (ver más arriba, sección 2)—, si se quieren obtener resultados apropiados, la investigación metodológica es conducida, y debe serlo, con referencia a la materia de la investigación, es decir, al campo de una ciencia determinada. El modo de llevar una investigación depende en gran medida de nuestra opinión sobre su materia.
Las cuestiones más fundamentales se refieren, primero, a qué clases de objetos y relaciones entre ellos (en otras palabras: categorías ontológicas, clases de hechos), son designados por los nombres y otras expresiones que aparecen en un lenguaje concreto (cuando este último se interpreta semánticarnente, es decir, cuando se asignan objetos apropiados a sus términos). En segundo lugar, cuál es la naturaleza de dichos objetos. Se han hecho esfuerzos para contestar estas preguntas desde el mismo principio de las reflexiones filosóficas (por ejemplo, las categorías ontológicas de Aristóteles), pero los avances a este respe oto han sido hechos recientemente. En lo que se refiere a la primera cuestión, el orgullo de la posición está en la teoría de los grupos y disciplinas nacientes, como la mereología y la cibernética. La teoría de los grupos, creada por Cantor 27, ha tenido un enorme impacto en muchas disciplinas en los tiempos modernos. Sus conceptos básicos son los de grupo y pertenencia al grupo. La teoría de los grupos se ocupa de los llamados grupos distributivos. El concepto de grupo distributivo se refiere a la totalidad de objetos (que son elementos de ese grupo) que tienen una propiedad común determinada. Por ejemplo, el grupo «humanidad» sustituye al grupo «Los seres humanos que viven en el mundo»; los reyes de Polonia forman el grupo de los reyes que han reinado alguna vez en Polonia; la gente polaca forma un grupo de un tipo parecido. La naturaleza abstracta de los grupos distributivos debe ser subrayada. Cada uno de estos grupos es un objeto general, aparte de los objetos que forman los elementos de un grupo determinado 28
En la teoría de los grupos se realizan varias operaciones sobre los grupos, mientras que el concepto de grupo también se usa á menudo en metodología.
Dichos análisis y operaciones han dado lugar a una división en subgrupos (partes de grupos), sistemas ordenados (e decir, grupos en los que se guarda un orden determinado de elementos), y los conceptos de relaciones binarias (grupos de pares ordenados de individuos), relaciones ternarias, etcétera. Las categorías ontológicas de la teoría de los grupos son: un individuo, un grupo (distributivo) y un número infinito de relaciones, funciones, etcétera, que son grupos de clases especiales.
La mereología se ocupa de los grupos del segundo tipo, es decir, grupos colectivos 29 Estos, al contrario que los distributivos, son individuos, en el sentido de la teoría de los grupos, y una suma abstracta de propiedades de objetos determinados. Son ejemplos de grupos colectivos: un bosque, la corte de la reina Victoria, un montón de piedras (que debe distinguirse de un grupo distributivo de piedras cuando se refiere a piedras «en general» y no a un montón específico de ellas), etcétera.
La cibernética tiene una visión del mundo algo diferente de la teoría de los grupos y de la mereología. Esta joven disciplina usa los conceptos de sistema y de unión como conceptos básicos de interpretación ontológica . Así como en la teoría de la información el contenido de la información es irrelevante, así en la cibernética el concepto de sistema está unido a los de elementos de una estructura, noción y desarrollo del sistema, conceptos que son de importancia extraordinaria en la investigación histórica. Sus significados no se tratan aquí, ya que serán tratados más tarde, en el curso de análisis detallados.
La teoría de los grupos, la mereología, la cibernética, al usar términos como individuo, grupo, relación, sistema, unión, etcétera, caracterizan el objeto de la investigación científica de un modo general. También se consiguen respuestas a las preguntas sobre las características más generales de aquellos objetos que son campos de investigación de las diversas disciplinas, por medio de análisis ontológicos unidos a la filosofía de la ciencia natural (interpretada amphamente, de modo que l hombre y la sociedad son considerados también como parte de la naturaleza). Estos análisis abarcan cuestiones como la unidad material del mundo, el proceso óntico (dialéctica), el concepto de tiempo y el de espacio. Estas cuestiones, bien conocidas, no serán descritas aquí, ni siquiera de manera general, porque serán tratadas en secciones especiales del libro. Estos temas son de gran importancia en las reflexiones metodológicas sobre la historia Mientras puede dudarse si vamos a aceptar incluso algunas consideraciones ontológicas (formuladas en metalenguaje o en lenguaje objeto) como partes de la metodología general de las ciencias, el caso es distinto cuando se trata de metodologías especializadas. En estas últimas, cuando nos ocupamos de ciertos grupos de ciencias o de disciplinas individuales, tenemos
mereología parte de S. Lesniewski (cfr. 1. Slupecki, «Hacia una mereología generalizada de Lesniewski»; Stud1a logica, vol. VIII, Poznan, 1958. Sobre la lógica de Lesniewski en general, ver E. C. Luschei, Los sistemas lógicos de Lesniewskj Amsterdam, 1962. En la mereología de Lesniewskj, el único término primitivo específicamente mereológico es la relación x y, que se interpreta Si: un objeto x es parte (adecuada o no) de un objeto y.
El nivel nosiológjco (metodológico) está representado por la teoría de la información con una rama de la cibernética. La cibernética fue creada por
N. Wiener, Cybernetics Nueva York, 1948. Ver también W. R. Ashby, An mirodttctzo 0 to Cybernetics Londres, 1958, y O. Lange, Wholes and Paris (Todos Y Partes), Oxford—Varsovia, 1965.
Esto se refiere, en particular, a los problemas del tiempo. que admitir que la opinión general sobre la estructura de un campo dado, al formar parte del cuerpo general de cónocimientos del investigador, bajo cuya luz conduce su investigación, afecta esencialmente al curso de esa investigación, capacitándole para distinguir los hechos esenciales de los menos importantes. Esta es la razón por la que un análisis de su opinión sobre la estructura del campo en cuestión debería incluirse hasta cierto punto en las reflexiones metodológicas. Según se incluyan o no estas reflexiones en una metodología especializada concreta, nos referiremos a una metodología (especializada) en un sentido más amplio o más estricto. Estas conclusiones se aplican, obviamente, a la metodología de la historia. Sin ese conocimiento ontológico no sería posible ir más allá de una descripción ordinaria del pasado.
Queda tratar el problema de la inclusión de las reflexiones psicológicas en el ámbito de la metodología de las ciencias. Si excluimos, por el momento, la esfera de interés de la semiótica pragmática, esto, obviamente, sólo deja la psicología de la actividad científica —un campo de gran interés—. Ésta, sin embargo, es una rama indiscutible de la psicología, pero sus resultados serían de interés para el metodologista que investiga operaciones cognoscitivas (investigadoras) y el metodologista que investiga los resultados de dichas operaciones.
8. Conclusiones útiles para las metodologías especializadas


Siguiendo nuestras reflexiones sobre la materia de la metodología de las ciencias, hemos llegado a la conclusión de que, para realizar sus principales tareas, es decir, para estudiar las operaciones cognoscitivas y sus resultados, la metodología general se aprovecha de los logros de otras disciplinas. Algunas se han desarrollado hace poco y avanzan rápidamente, lo que —aunque sólo sea por esta razón— nos permite predecir un progreso considerablemente mayor en la metodología. De acuerdo con nuestros objetivos, podemos considerar estas disciplinas, o algunas de ellas, o sostener algunas ramas de ellas, como partes de la metodología de las ciencias, o podemos considerar que la investigación metodológica sobre la ciencia está siendo realizada sobre la base de estas disciplinas. La última visión corresponde mejor a la práctica investigadora actual,
El análisis precedente da lugar a ciertas conclusiones útiles para las metodologías especializadas: el terreno de sus investigaciones (que se parece normalmente al área de interés de la metodología general) aparece en sus líneas generales, y las diferencias en los instrumentos de investfación se hacen hasta cierto punto manifiesto. Estas divergencias son debidasobre todo, a diferencias en la naturaleza del área de las distintas disciplinas. Cuando se trata de la metodología general, ese área coincide con la realidad global (en otras palabras, todas las áreas posibles o todos los universos posibles). Pero cuanto más nos acercamos a las metodologías de las diversas disciplinas (o incluso sus grupos), más claramente notamos las diferencias entre las áreas estudiadas por ellas. Por ejemplo, la materia de investigación en la física difiere mucho de la materia de investigación en la historia, incluso aunque pueden ser estudiadas de un modo semejante, utilizando los instrumentos proporcionados por la metodología general. Esto da origen al problema, que no ha sido resuelto hasta el momento, de hasta qué punto estos instrumentos, llamémosles generales, pueden usarse en las metodologías especializadas, y hasta qué punto y cómo deben ajustarse a las necesidades de estas últimas. ¿Hasta qué punto, finalmente, vamos a usar instrumentos que son solamente específicos de una disciplina o grupo de disciplinas concretas? ¿O quizás vamos a construirlos de caso en caso? ¿Son estos instrumentos meras variaciones de los instrumentos generales tratados más arriba? Se puede decir, de cualquier modo, que en lo que se refiere a metodologías especializadas deberíamos definir sus respectivos ámbitos de interés metodológico y los tipos de instrumentos de investigación usados, con referencia a la metodología general y a los análisis de las diversas áreas especializadas de investigación.

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