Cenizas Carlos Barrera Terminado en Julio de dos mil nueve; en la Ciudad de la Nueva España mediante ilustrísima intercesión de nuestro Señor Jesucristo y su gracia perpetua. Carlos Barrera




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Cenizas




Carlos Barrera



Terminado en Julio de dos mil nueve; en la Ciudad de la Nueva España mediante ilustrísima intercesión de nuestro Señor Jesucristo y su gracia perpetua.
Carlos Barrera

Cenizas®

México, Nueva España, dos mil nueve


Contáctame en internet:

http://galeon.com/carlosbarrera

Realización, diseño, idea y texto original: Carlos Barrera López. Derechos reservados.

Nota del Autor

Tras concluir “El ocaso de los sueños” comencé a escribir un nuevo argumento completamente experimental que al principio pensó ser únicamente una historia de horror urbano; la temática sobrenatural, mística o mitológica se fue añadiendo de una manera gradual y finalmente concluyo en lo que actualmente presento bajo el título “Cenizas”...
Esta historia toma mucho de viejas inspiraciones de mi propia adolescencia sin dejar de nuevo el sello personal que he venido presentando desde el último capítulo de “El ocaso” añadiéndole elementos polémicos y dejándole continuar el camino por sí sola a través de algunos rincones oscuros...
Al respecto del final existen infinidad de posibilidades, no descarto en algún futuro continuarla o quizá poner un punto final en alguna nueva historia... Enlazar destinos, mezclar... Solo el destino sabe si más adelante “El Ocaso” y las “Cenizas lleguen a conformar algo mayormente interesante; sin embargo, el presente, ese hoy nebuloso y marchito, traerá en consecuencia de meses mi próximo poemario “Cardenales en la bolsa” y un libro de ilustraciones que aún tiene el título por definir...
Sin embargo, volviendo al punto, a las “Cenizas”, quiero agradecer a todos mis lectores por sus comentarios acerca de mi nueva página en Internet y mi anexión mundana al Hi5... Algunos dicen que prefieren el facebook (Francamente deleznable)... Como siempre, es difícil complacer a todos de igual manera y más cuando el tipo de redes sociales dista mucho de mi propia personalidad, no obstante es la mejor manera de mantenerme en contacto y seguir narrando improperios desde el otro lado del ordenador con el mismo interés por hallar mi recompensa en el simple hecho de ser leído en cualquier lugar...
Espero pues, los comentarios al respecto de este nuevo hijo literario, con todo lo que implican las observaciones y mis supuestos errores gramaticales o de continuidad (Risas) a veces es necesario romper el tedio de la lectura y el de las conversaciones, con un comentario fuera de lugar...


“Y de volver a las cenizas


tomaría la tierra y la carne en ella

para, indudablemente, volver a ti...”




Carlos Barrera

02/07/09




Episodio I

-El Infierno En La Tierra-
La modernidad ha ocasionado la pérdida de la fe... El miedo ya no es más con elementos antiguos, nadie recuerda la ira de los dioses, el presente transcurre entre vanidades, sueños, quimeras. El hombre no atiende más a mitos ni supersticiones... A pesar de que esto aún cree en el hombre...
Perdí una esposa y dos hijos como consecuencia de mi irrefrenable afición al alcohol, mi Compañía, una inmobiliaria de millones de euros se fue al demonio dilapidada entre orgías, alcohol y drogas. En más de una ocasión lo vi venir y si embargo... Fui tan débil que me resultó imposible refrenar mis actos...
Aún recuerdo la noche en que lo perdí todo, una tormenta presagió lo que vendría; conduje ebrio de regreso a casa, mezclé la ginebra con la cocaína, cuestioné a mi mujer sobre mi paternidad y la abofeteé cuando lo único que me pedía era dejar de beber... La humillé con estúpidos comentarios en los cuales me vanagloriaba de mi decadente imperio el cual para esos momentos se desmoronaba entre mis dedos como si fuera de arena...
No la culpo, al día siguiente se fue y se llevó a mis hijos... Pasé mucho tiempo bebiendo hasta que todo se terminó... “Estás fuera” dijo uno de mis abogados tras afirmar que lo único que me pertenecía era lo que llevaba puesto y uno de los autos. Mis “Amigos” se habían ido, las mujeres a las que alguna vez tratara como objetos también; ahora podía sentir como era su turno para escupirme a la cara...
Por vez primera tomé una Biblia, Nunca antes había considerado la fe como una posibilidad. Había vivido en los excesos y el pecado, fui conducido hasta los bordes del infierno por mis propios vicios, no había más culpables... Tomé un revólver y pensé en el suicidio...
A punto de disparar me detuve; recordé mi infancia, la vida en Saint Andrews un pequeño pueblo de múltiples construcciones decimonónicas y religiosas. Muchos dicen que hasta hacía unas décadas se había convertido en una de las localidades preferidas del Vaticano por su excesivo número de devotos... No lo se... Tras la muerte de mi madre y mi hermana mi padre me alejó de ese lugar para siempre...
En ese terruño, ciertamente, había memorias de pérdidas dolorosas y momentos de alegría... Mis primeros logros académicos, mi primer amor... A veces lo recuerdos son tan hermosos que no deseas superarlos; ese amor infantil se convirtió en esperanza... Y esta reavivó mis deseos de seguir viviendo... Creí que aún no era tan tarde, dejé la pistola, encendí el Mercedes y busqué dejar atrás todo lo que había sucedido hasta esos momentos, quise encontrar en la parte final de mi vida algo verdaderamente valioso a pesar de vivir tanto tiempo, sumido en la oscuridad...
Manejé y bebí todo el camino hasta que la botella llegó al fondo, resignado la arrojé por la ventanilla como si de esa manera pudiera lanzar mi propio pasado... Al hacerlo, alcoholizado, vi de manera surrealista el sinnúmero de señales que quedaban atrás; ciudades, límites, gente... Aflojé el nudo de mi corbata y seguí adelante probando la velocidad y el poder de esos caballos de fuerza llevados al límite. Conduje toda la noche hasta aparcar y quedarme dormido. Para cuando el efecto de la borrachera había pasado, me encontré con la cabeza apoyada en el volante; justamente en Saint Andrews, frente al parque en el cual acostumbraba jugar cuando era un niño... Antes completamente antiguo y ahora rodeado de construcciones que rompían el ritmo con el neoclásico...
Los recuerdos de esa infancia perdida se veían enlodados ya por las visiones modernas de un adulto corrompido; ¡Y pensar que en algún momento yo había contribuido a esa nueva y absurda urbanización a cambio de contratos millonarios con cientos de inmobiliarias!...
A pesar de ello, una buena parte de los edificios se mantenía aún en pie, avejentados, resquebrajados; abriéndose paso agónicamente entre la modernidad sobreviviendo ante un futuro echado y poco alentador...
Salí del auto y crucé por el parque, alguna vez fiel y mudo testigo de mis vivencias... No pude evitar sentir nostalgia y rememorarme una vez más grabando el tronco de los árboles a punta de navaja, tatuando mi nombre entrelazado al de Talisa; ésa chiquilla pelirroja que besara mis labios por primera vez ...
Convencido, o quizá sugestionado por mis propios recuerdos, me acerqué hasta el lugar donde ambos compartiéramos tanto; la sombra de un centenario encino el cual aún se mantenía en pie... Ya no se veía tan grande como entonces, tiernamente acaricié su corteza, sentí su humedad, su olor, percibí la vida fluir entre el tronco y los ramajes. Ávido de memorias busqué el mismo par de nombres que con esfuerzos aún podía leer...
Ahí estaban aún... Talisa y Liam... Su nombre aún me provocaba ansias y escalofríos inexplicables bajo el contexto de lenguas conocidas... El grabado se veía tan reciente, igualmente fresco en el tronco y en la memoria; por un instante cerré los ojos, visualizándome en mi propio pasado, en el suyo, en la época en la cual no era yo mi propio enemigo...


  • ¿Está usted bien?... – Preguntó una voz a mi espalda, se trataba de una anciana que por un instante me recordó a mi abuela...




  • Sí... Es solo...




  • ¿Recuerdos?...




  • Infinidad de ellos... Mi pasado, mi vida entera...




  • ¿Vive aquí?...




  • Vivía... Hace treinta y cinco años, justamente a tres calles, cerca de la Capilla...




  • Hace tanto que nadie menciona la Capilla; tras el incendio nadie quiso rescatar nada de su interior... El sagrario, la custodia, el cáliz, todo terminó convertido en polvo...




  • Polvo eres, según dice la Biblia... ¿No es así?...




  • Ojalá todos pudiéramos regresar al polvo y nada más... – Respondió simulando una sonrisa y siguiendo su camino...


En silencio repasé sus palabras, aún sin conocerla, éstas parecían haber causado un extraño efecto en mi conciencia, releí mi nombre, el de Talisa, por un momento me pregunté si efectivamente aún podría encontrarla, hablar, recordar el pasado en una romántica sobremesa donde habláramos de ex esposos, hijos y bancarrotas... ¡Cuánto necesitaba un abrazo en esos momentos! sin nada que reprochara mi alcoholismo o mis excesos... Solo renacer en ese viejo pueblo con ella... Y con una nueva vida...
Con un poco de suerte aún podía ser así. Mis sentidos aún se veían invadidos si no de esa ardiente juventud perdida, sí de los pretextos y el morbo por intentar transgredir los velos del tiempo, tras esas cortinas de humo que simulaban ser sueños... Crecer, casarse, tener hijos y envejecer juntos, ¡Si tan solo las cosas fueran así de sencillas!...
Comenzaba a lloviznar. Levanté la mirada buscando una respuesta divina y la obtuve en la simple sensación de la naturaleza fluyendo a mi alrededor; la grama bajo mis plantas se había suavizado... Me agaché y tomé algo de tierra en el puño dejándolo caer como si se tratara de una ceremonia funeraria...
De reojo miré el grabado en el tronco; mi propio reflejo hecho pedazos entre los charcos formando un rompecabezas cuestionable de pensamientos, sensaciones y filias... De manera surrealista, incluso a la distancia, todo parecía diferente bajo la cortina pluvial, muy especialmente la pátina de las casas la cual parecía palpitar a medida que era tocada por el agua...
Caminé algunos metros entre las calles aledañas al parque, todas estaban desiertas. Ni siquiera parecía haber vida en el interior de las casas, las luces estaban apagadas a pesar que la noche comenzaba a extender sus sombras. Tratando de resguardarme de la lluvia busqué refugio entre dos columnas que sostenían una cornisa deteriorada, al hacerlo pude percibir un extraño musgo que parecía adherirse a mi ropa...
Traté de tocarlo, estaba caliente, parecía más un organismo animal que el producto de la humedad...
Un relámpago interrumpió mis hipótesis y me hizo volver la mirada; a mis espaldas una silueta cuadrúpeda cruzó la acera velozmente de un extremo a otro y se refugió en un pequeño cobertizo de no más de medio metro que conducía precisamente al interior de la Capilla...
Lo seguí y accedí con dificultades al interior del lugar; una vez ahí un penetrante olor a carne podrida me provocó experimentar las peores nauseas de mi vida, la oscuridad no me permitía ver nada. Nerviosamente hurgué en mi bolsillo por un encendedor, desgarré una manga de mi camisa e intenté elaborar una rústica fogata misma que no tardó mucho tiempo en encender... Fue entonces que deseé fervientemente haber permanecido entre las sombras...
A mi alrededor, incrustados en las paredes, cadáveres momificados parecían haber sido labrados por algún artista depravado... Mutilados, malformaciones, signos de verdadera agonía... De entre todos ellos, uno en particular llamó mi atención... Se trataba de una mujer embarazada dando a luz, la diminuta osamenta del feto aún emergía del útero, la posición de los huesos, cada elemento parecía indicar que hubieran sido colocados intencionalmente...
Toqué los huesos, los rastrojos de la carne seca y momificada que crujía bajo mis dedos, percibí la obscena sensación de estar tocando un cuerpo muerto que sabría Dios cuánto tiempo llevaría en ese estado...
A la distancia pude escuchar un gemido, temeroso me acerqué hasta una desvencijada puerta de madera que conducía al púlpito; al intentar abrirla un ruido a mis espaldas me sobresaltó... Se trataba de un perro, carecía de algunos pedazos de pelo en el lomo, tal vez tenía sarna, me miró asustado y salió aullando por el pequeño pasadizo donde anteriormente hubo accedido...
Para ese entonces la improvisada fogata se había apagado dejándome nuevamente entre sombras, empujé la puerta hacia lo que antes fuera el altar mayor, algunos rayos de sol iluminaban el lugar filtrándose a través de las vetustas tejas del techo y un par de ventanales rotos, de lo que recordaba de ese lugar solo quedaban cenizas, no había más coros, feligreses o retratos angélicos, cual si se tratara de un campo de guerra otomano, un sinfín de picas morunas se erguían con putrefactos restos humanos en ellas... En ensangrentados pedestales las imágenes de los santos presentaban rasgos monstruosos formados con excrementos secos, las vírgenes habían sido sustituidas por soeces fotografías sodomíticas e innaturales... Traté de encontrar cierta cordura buscando al Cristo principal que se levantaba sobre lo que antes fuera un hermoso altar gótico...
Tampoco era el mismo... Ante la demencia del lugar parecía verse complacido, sarcástico... No estaba clavado ya, su brazo derecho simulaba abrazar la cabecera de la cruz y el derecho señalaba hacia abajo; su rostro echado hacia atrás dibujaba una mueca burlona en sus labios...
Traté de escapar dando tumbos cerca del púlpito, tropecé debido a un borde ligeramente elevado en el piso y junto a mí cayo la custodia, su metálico sonido al tocar el suelo martilló mi cordura, su brillo original había desaparecido, estaba ennegrecida y de manera extraña el musgo que ya he mencionado parecía haberse alojado en el interior...
Me levanté y sacudí mi ropa impregnada ya de las cenizas del lugar, desde ahí la perspectiva de la locura adquiría sombríos tintes nuevos, de las bancas solo restaban leños carbonizados, aún podía respirarse el olor a muerte...
Nuevamente escuché los gemidos, parecían provenir de uno de los confesionarios, avancé hasta él y abrí la puerta; en su interior una mujer embarazada lloraba y maldecía, su abultado vientre estaba a punto de estallar, las azuladas venas se trasparentan a través de su piel y sangraba por la cavidad cervical...


  • Mátenos... Si tiene piedad... Mátenos a ambos... - Murmuró




  • Tranquila... Saldremos de aquí e iremos a un hospital tiene que...




  • No hay hospitales que traten con esto... Es la ley es...




  • ¿La ley?...




  • Destruya el Arca y los detendrá a ellos... Es la fuente de la... Aaaahhhhhh!


Sus desgarradores gritos me ensordecieron, tomó su abultado vientre y enterró sus uñas en él hasta tranquilizarse, el gesto que quizá en otro momento hubiera sido de dolor pareció provocar en ella un placer inmenso, casi orgásmico...
Se llevó la mano a la vagina, ésta comenzaba a segregar una pestilente sustancia verdosa a medida que se introducía los dedos tratando de practicarse un legrado, traté de detenerla, sin embargo me detuvo acercando sus labios a los míos...


  • Tómame aquí... – Dijo al momento en que me mostraba su mano empapada en sangre y líquido amniótico...


Por un momento no supe como reaccionar, la lucidez de mi mente no se encontraba en óptimas condiciones, el lugar, el ambiente, la maldad latente... Bruscamente la aparté de mí y su lengua serpeó como la de un ofidio, sus ojos estaban inyectados en deseo, sus rasgos se habían distorsionado, supuraba por sus poros y se convulsionaba como presa de un antiguo ritual antillano
Eché a correr rumbo a la entrada principal mirando de reojo lo remanente de un templo de oración; los vestigios del catolicismo habían caído ante una viva representación del averno terrenal, no avancé mucho cuando otro de los confesionarios se abrió...
En su interior, una entidad ataviada con una oscura sotana se masturbaba sentada en el asiento del confesor; su rostro deforme y purulento parecía haber sido forjado en el fuego, al mirarme aumentó su frenesí... Profirió algunas palabras en una lengua ignota y me señaló inquisitivamente...
Presa de la desesperación me lancé sobre las tapias de un ventanal y el peso provocó que éstas se rompieran... En instantes me encontraba en el jardín del atrio, adolorido y con una profunda una herida muy cerca del hombro derecho...
Seguía lloviendo... las calles estaban empapadas y completamente a oscuras... Tambaleante me incorporé y extraje las astillas de mi piel, la sangre resbalaba desde el codo hasta los dedos. Abrí la reja de la entrada y me dirigí al automóvil que había estacionado cerca del parque...
Al caminar no podía reconocer del todo los nuevos edificios, esas viejas construcciones de mi niñez habían sido desplazadas por estacionamientos y plazas comerciales caras desconocidas hasta que, a algunos metros de distancia, pude por fin divisar el jardín... Entré al vehículo y de la guantera extraje una aguja e hilo común para burdamente coserme la herida hasta detener la hemorragia...
Al bajar mi adrenalina y ser vencido por el cansancio me quedé dormido, las pesadillas no se hicieron esperar, el rostro de la criatura del confesionario se había apoderado de mis cuadros mentales, el olor a sangre de la embarazada, el infernal ambiente del entorno, todo parecía tan real que cada vívido recuerdo era repetido incesantemente en mi subconsciente una y otra vez...
Al final pude despertar, sudoroso y confundido, había amanecido y el vapor empañaba el interior de las ventanillas del automóvil...
Con dificultad abrí la portezuela y vomité... Algunos transeúntes me miraban sorprendidos sin saber lo que sucedía, nadie se acercó a ayudarme, parecía como sí fuera un pueblo de entidades sin voluntad propia, subyugados por un mal mayor que no tardaría mucho en descubrir...
Comencé a caminar buscando un hotel donde pasar la noche, no podía irme sin Talisa, no sin la razón por la cual estaba en Saint Andrews...

La desvencijada marquesina de un motel atendió mis necesidades, los titilantes focos del anuncio no anticipaban un hostal a los que estaba acostumbrado, sin embargo bajo aquellas condiciones cualquier lugar podría convertirse en algo mejor que el interior del automóvil...
El lugar era inmundo... Viejos carteles de prostíbulos adornaban las paredes del lobby con un aire de decadencia que raramente había presenciado, el piso estaba pegajoso y desde la entrada podía percibirse el olor a cigarro de un malencarado sujeto que me miraba desde el mostrador...


  • Necesito una habitación...


El tipo me miró de arriba abajo concentrándose principalmente en la herida del hombro...


  • ¿Trae puta?...




  • ¿Perdón?...




  • Con puta son cien más y le aseguro privacidad... – Dijo mientras señalaba el tabulador de precios... – Nada de cámaras ocultas o invasiones nocturnas...




  • Solo soy yo, tal vez me quede algunos días y pago por adelantado... – Exclamé mientras dejaba un par de billetes de alta denominación sobre el mostrador...


El hombre pareció sorprenderse ante la cantidad de dinero...


  • Con eso podría pagarse cinco habitaciones...




  • Solo será una... ¿Puedo pasar ya?...


En respuesta recibí una sucia llave, cierta sustancia se había endurecido alrededor del llavero que mostraba el número de la habitación, era la catorce, anexa a una bodega cuya pesada puerta arrojaba un olor similar al de la humedad añeja de los sótanos...
Sabía que no conseguiría algo mejor así que abrí la que la llave marcaba, encendí las luces y me di cuenta que la suciedad anidaba en ese lugar, una sucia cama me dio la bienvenida en un ambiente viciado y desagradable...
El entorno era similar, un viejo televisor y una videocassettera se sostenían empotrados a la pared gracias a una oxidada armazón metálica, encendí primero la televisión pero ningún canal tenía imagen a excepción de las clásicas barras de ajuste, eché a nadar el reproductor, me recosté en la cama y miré hacia el techo, algún pervertido había considerado excitante colocar un gran espejo para verse de revés...
El video comenzó; se trataba de una cinta pornográfica en la cual un par de gemelas participaban en una orgía con otros dos hombres, follaban en esa misma habitación aunque ambientada con una improvisada decoración arabesca a base de un par de palmeras, cimitarras y tapetes moriscos, los tipos las sodomizaban hasta que al final uno de ellos tomó una cimitarra y las decapitó de un solo tajo ante la mirada atónita de su compañero... Súbitamente un fuerte olor a incienso provocó en mí un intenso mareo...
Mi visibilidad comenzó a nublarse a pesar que me esforzaba por mantenerme consciente; una mujer morena con rasgos latinos salió del cuarto de baño, estaba desnuda, un espeso vello recorría el interior de sus muslos y llegaba hasta su vientre, sus axilas no estaban depiladas, se veía hermosa y resplandecía entre toda la inmundicia del lugar... Levantó una de sus piernas y la apoyó en el filo de la cama, abriendo sus pliegues y mostrándome su propia excitación resbalando por sus dedos, el impulso me hizo adherirme a su sexo, lamí cada centímetro de su vulva sin importarme las consecuencias... Consideré que después de todo era lo mejor que podría pasarme bajo tales circunstancias...
Me concentré en la escena, quise joderla como nadie lo había hecho... Sus gemidos eran intensos, sus movimientos frenéticos y dignos de cualquier sagrada y ancestral danza pagana... Sus manos sobre mi espalda me incitaban a ir más adentro, podía escuchar el golpeteo de sus senos uno contra otro en desesperación y deseo carnal... Sin perder el control se recostó sobre la cama al momento en que sus jugos resbalaron por mi barbilla con decadente obscenidad...
El dulce sabor de su sexo comenzó a cambiar por un desagradable gusto queme escaldó la lengua... Giré la cabeza en repulsión y la mujer había desaparecido, en su lugar una criatura primigenia de rasgos nonatos se retorcía en su lugar; su piel era similar a la de un anélido común, sus huesos traspasaban algunas articulaciones; el rostro carecía de ojos y un sinfín de purulentos orificios enrojecidos recubrían la dermis donde comúnmente se encontrarían...
Aparté la boca y me eché hacia atrás, la criatura bramó con furia y se abalanzó sobre mí como un animal rabioso, oponiendo resistencia conseguí golpearle hasta que cayó de espaldas por algunos segundos dándome algo de tiempo para alcanzar la salida...
No fue suficiente, se incorporó de inmediato y supe que era una cuestión de supervivencia, calculé la distancia a la que se encontraba, me coloque de espaldas a una pared del baño donde la varilla de un toallero se hallaba expuesta, era lo suficientemente grande como para poder empuñarla... Nuevamente la criatura buscó atacarme, esta vez el embate consiguió empalarle...
Sin embargo el impacto fue tal que la pared, conformada por un material endeble, se venció haciéndonos traspasar la habitación...
La criatura exhaló su último aliento sobre mi rostro, la varilla le había traspasado el esternón y salía por la clavícula, la herida era mortal, lo suficiente como para perforar órganos vitales si su conformación orgánica fuera similar a la nuestra; me incorporé y miré a mi alrededor, su sangre me había manchado la ropa y los muros de la habitación...
Era el interior de la bodega que vi antes de entrar, no podía dar crédito, era un verdadero calabozo de torturas lleno de instrumentos para su práctica, así como mobiliario médico...
Algunos metros adelante, una moribunda presencia se revolvía presa de impulsos eléctricos producidos por un enorme aparato que parecía enviar corrientes eléctricas directamente a sus genitales...
Me acerque hasta la víctima, era una mujer atada a una silla ginecológica, estaba completamente rapada, la piel de los senos le había sido arrancada con la fineza de un peletero y un boquete descendía desde su abdomen dejando al descubierto el útero y los ovarios, de estos, finas mangueras bombeaban una sustancia blanquecina y espesa...
Los labios de su vagina eran brutalmente dilatados por medio de un fórceps que permitía ver las transparencias de los tejidos, le habían además cercenado el clítoris en busca de incrementar la agonía...
El resto del cuerpo estaba intacto, limpio, sus facciones resaltaban por el azulado de los aparatos científicos y el carmesí de la sangre; la toqué y esto provocó que abriera los ojos desmesuradamente, me miró sin esbozar una palabra y su mirada se llenó de horror...
A la distancia el sonido de una discusión me alertó... Atisbé ligeramente y pude darme cuenta que se trataba del tipo de la recepción acompañado de otro individuo, seguramente habían sido atraídos por el ruido de la pared vencida, busqué la manera de ocultarme y descubrí la existencia de una fosa con cadáveres, los suficientes como para cubrirme haciéndome pasar por uno más de ellos...


  • Ese cabrón tiene que estar metido aquí... – Exclamó el hostalero...




  • Pues parece que se esfumó, tal vez ya esté en el corredor... – Aseveró el otro individuo...




  • No lo creo... Lo hubiera visto salir...




  • Puede estar escondido en alguna otra habitación, tal vez cerca de la escalera... No tiene caso, si sabe lo que le conviene ya estará lejos de aquí...




  • Eso es lo que me preocupa... Si la Cofradía lo sabe estaremos en peligro...




  • No sabe nada, por lo que dices es un forastero... A esta hora debe estar en la carretera corriendo como el mismo demonio...




  • Daré una vuelta en las cercanías para estar seguros... Quédate aquí por si regresa...




  • Será un placer... – Exclamó el encapuchado al momento en que lascivamente se palpaba la entrepierna...


Al salir el hostalero analizó el impacto sobre la pared, sin notarse sorprendido desempaló bruscamente a la criatura y la arrojó a la fosa, el golpe nuevamente me lastimó las costillas...
El otro tipo, un encapuchado alto y fornido, miró a la mujer y comenzó a tocarla, lujuriosamente acarició cada centímetro de su piel, los interiores del canal, la matriz, las entrañas, la excitación lo venció y copuló un par de veces con ella...
Tras saciarse se desplomó en una silla, los vestigios de su erección aún escurrían... Presa de la relajación a pocos minutos comenzó a roncar, eso me daba una oportunidad única para poder escapar...
A hurtadillas conseguí acercarme hasta la recepción; no había algún movimiento que me anticipara riesgos, miré detrás del mostrador para ver si encontraba algo que pudiera explicar algo de los terribles sucesos... No encontré nada... A excepción de una escopeta, y un par de cartuchos los cuales no dudé en tomar
Al salir del motel, lejos aún de la madrugada, las penumbras formaban macabros contornos entre tejados y buhardillas. Corrí instintivamente hacia al parque, estaba agotado y dolorido, por fortuna pude encontrar un callejón donde podría recuperar el aliento...El frío de la madrugada se intensificaba y la sangre en mi ropa y piel se había ya secado...
Me refugié entre periódicos y basura, jamás antes había pasado por una circunstancia similar; Cerré los ojos intentando sugestionarme que todo era una pesadilla y comencé a dormitar...
No habían pasado diez minutos cuando pude escuchar pasos aproximándose hasta mi improvisado escondite... Preparé el arma y encañoné hacia su silueta...



  • ¡Maldita sea!, ¡Estás en mi callejón!... – Exclamó un viejo indigente con alcohólico aliento...




  • Tranquilo... nadie te va a quitar el “Ritz”... – Respondí mientras bajaba el arma...




  • ¿No eres de por aquí verdad?, nadie anda afuera por las noches... La Cofradía tiene el control... La Cofradía...




  • ¿Qué demonios es la Cofradía?... Es la segunda vez que escucho nombrarla...




  • Tenía registros en la Biblioteca... Habla con Vanegas, dile que buscas los archivos...




  • Es una hora inapropiada para ir a la Biblioteca ¿No crees?, ¿Porqué no me resumes la historia?...




  • No puedo... Ellos escuchan... – Respondió aterrado – Las paredes escuchan... El cuerpo de Cristo en Sodoma y Gomorra, el Arca, busca el Arca...


Antes de que pudiera terminar la frase, un tejido negro y orgánico ascendió desde sus dedos hasta el cuello cubriéndole por completo, sus venas se hincharon, sus ojos adquirieron una tonalidad purpúrea y estallaron liberando una secreción similar a la que ya había visto con anterioridad en la Capilla... Como consecuencia cayó al suelo presa de convulsiones, gimiendo y respirando pesadamente, en un último gesto de desesperación intentó asirme por un tobillo...
A trompicones conseguí alejarme de él a toda velocidad entre callejuelas oscuras y siniestras. En breve y no sin dificultades llegué hasta el parque... Mi auto aún estaba ahí...
Estaba agotado, temblaba presa del frío y nerviosismo... Encendí el vehículo y aceleré tratando de sujetar el volante correctamente, algunos espasmos me lo impidieron, perdí el control y choqué algunos metros más adelante... Todo se nubló... Olí mi propia sangre, los vidrios traspasaron mi piel, mis huesos crujieron, perdí el conocimiento... Tal vez la muerte había llegado...

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