Memorias de la involución: una “pequeña historia”, para padres (acomplejados), hijos (anestesiados) y nietos (¿revisionistas?)




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- De “Burbujita Alan” a “Helicóptero Ben” - Conozco esta canción… (los lacayos de los mercados)

- Bernanke al rescate: se alía con el BCE para inyectar toda la liquidez que haga falta (El Confidencial - 11/3/08)

Ben Bernanke, el presidente de la Fed, ha decidido quitar todas las restricciones a la liquidez en el sistema financiero norteamericano ante la insuficiencia de las medidas que ha tomado hasta ahora para frenar la crisis. Así, ha anunciado este mediodía una nueva inyección de liquidez conjunta con otros bancos centrales de hasta 200.000 millones de dólares y a plazo de un mes, frente al de un día (overnight) que regía hasta ahora. (El subrayado es mío)

Los bancos centrales que participan en esta operación conjunta son el Banco de Canadá, el Banco de Inglaterra, el Banco Central Europeo, la Reserva Federal y el Banco Nacional de Suiza.

“Desde las medidas coordinadas adoptadas en diciembre de 2007, los bancos centrales del G-10 han continuado trabajando juntos, de manera estrecha y consultando regularmente sobre las presiones en la liquidez de los mercados de financiación. Las presiones en algunos de esos mercados recientemente se han incrementado nuevamente. Todos continuamos trabajando juntos y tomaremos medidas apropiadas para responder a esas presiones en la liquidez”, ha explicado la Fed en un comunicado.

Bernanke ya anunció el viernes pasado un aumento de las inyecciones de liquidez que tenía en marcha para intentar frenar los nuevos problemas de los mercados monetario y de crédito: varias firmas financieras habían incurrido en impagos en EEUU por su incapacidad para aportar garantías adicionales (margin calls) a los bancos acreedores ante el desplome del valor de sus activos, y las tensiones en el interbancario habían conducido a un nuevo repunte del Euribor en Europa y el US Libor en EEUU.

Pero esta medida no ha sido suficiente, a la luz de la continuidad de las tensiones interbancarias, de los nuevos problemas de impagos e incluso de las especulaciones de problemas de liquidez de uno de los gigantes de Wall Street, Bear Stearns. De ahí que Bernanke haya decidido cortar todas las amarras y abrir la mano totalmente, haciendo honor al sobrenombre de “Helicóptero Ben” (una vez dijo que la Fed debía lanzar billetes desde un helicóptero si era necesario).

La novedad de las inyecciones anunciadas hoy es que no se dirigen únicamente a los bancos, sino también a otras instituciones como fondos de inversión o brokers. Asimismo, aceptará como garantía una gama más amplia de activos, como los famosos ABS y MBS respaldados con créditos hipotecarios, para los que no hay mercado en estos momentos.

El anuncio ha disparado a las bolsas europeas, con un Ibex que se anotaba cerca del 3,5% tras la noticia. Los futuros de Wall Street también apuntaban a un fuerte rebote tras el duro castigo de las tres últimas sesiones.

- Las lecciones económicas que la historia no puede enseñarnos (El País - 8/6/08)

(Por Paul A. Samuelson - Distribuido por Tribune Media Services)

Hace un siglo, el estimado filósofo George Santayana advertía que “quienes no conocen la historia se verán obligados a repetirla”. Y se puede añadir que “los que sabemos historia nos veremos obligados a repetirla con ellos”.

¿Por qué nuestros expertos más experimentados no previeron la crisis financiera mundial provocada por el estallido de la burbuja inmobiliaria en 2006?

Nadie puede pronosticarlo todo sin equivocarse nunca. Pero la precisión media de los pronósticos a largo plazo de los líderes varía. Alan Greenspan, durante sus décadas de servicio público y asesoría privada, era definitivamente mejor que la mayoría. Antes de 1997 cometió algún que otro fallo. Pero la mayor parte de las veces fueron pecados veniales, no lo que los teólogos denominan pecados mortales.

Sin embargo, justo antes de jubilarse como gobernador de la Reserva Federal, en enero de 2006, Greenspan cometió un error garrafal que arruinará para siempre su reputación.

(El subrayado es mío)

Mientras el estallido de la burbuja de las hipotecas basura se desarrollaba ante él, él lo veía todo de color de rosa. Los nuevos modelos de ingeniería financiera, sometidos a una drástica liberalización, reventaban estruendosamente a causa de las malas decisiones financieras. A Greenspan le parecía una forma inteligente de asumir riesgos por parte de respetados activistas de Wall Street.

Lo que antes y después del hecho eran malas finanzas, Greenspan lo veía como algo prometedor. Sospecho que esto se debe a sus recuerdos inconscientes del liberalismo extremo de Ayn Rand.

Pero Greenspan no ha sido ni mucho menos el único. Ninguno de los directores generales de los mayores bancos de inversión tenía ni la más remota idea de las matemáticas de los derivados o del hiperendeudamiento y falta de transparencia en los que estaban cayendo.

Ahora, los expertos del Wall Street Journal nos dicen los lunes, los miércoles y los viernes que “lo peor ha pasado ya”. Pero los martes, los jueves y los sábados aseguran que “lo peor aún está por llegar”.

¿En qué quedamos? ¿Qué conocimiento de la historia pasada podría ayudar a responder a esa oportuna pregunta? La historia económica real, casi por definición, es lo que los matemáticos denominan una serie temporal no estacionaria. Las probabilidades pasadas pueden resultar útiles, pero sólo hasta cierto punto. Y cuando ocurren cosas nuevas, a veces parlotear de historia puede resultar muy peligroso.

Siempre puede haber algo nuevo bajo el sol, aunque uno no deba darlo por hecho. La gran depresión de 1929-1939 no podía ocurrir, pero ocurrió. La Alemania de Hitler estuvo a punto de ganar la Segunda Guerra Mundial, pero la perdió.

Todo lo anterior es una forma de decir que nadie puede saber a ciencia cierta cuándo se recuperará la economía mundial del gran bache que atraviesa últimamente. Sin embargo, una cosa sí sabemos. No podemos dar por hecho que el sistema se restablecerá por sí solo. El jefe de la Reserva Federal, Ben Bernanke, hizo lo que tenía que hacer cuando amplió las competencias de nuestro banco central para controlar la sangría financiera.

Yo supongo que después de la victoria del Partido Demócrata en noviembre de 2008 será necesario que la política se desplace un poco más hacia el centro: 1) para una regulación más sensata; y es posible que 2), Estados Unidos tenga que acabar multiplicando el gasto federal para solucionar el caos provocado por la ingeniería financiera.

Eso es lo que hubo que hacer en Estados Unidos y en Alemania en el periodo de 1933-1939 para recuperarse de la depresión provocada por el enorme gasto deficitario. Esto, y no la relajación del crédito por parte de los bancos centrales, es lo que devolvió las oportunidades de empleo a uno de cada tres parados de larga duración estadounidenses y alemanes.

Buscar chivos expiatorios es demasiado fácil. Los que se encargan de controlar el riesgo especulativo en la Comisión del Mercado de Valores estadounidense (SEC) se quedaron dormidos al volante, al igual que los responsables de los bancos centrales de Estados Unidos y Reino Unido, y el nuevo Banco Central Europeo. ¿Y dónde estaban las grandes, probadas y fidedignas empresas contables? Liderando y apoyando la embestida hacia abismos desconocidos de endeudamiento y riesgo, en lugar de tratar de controlarlos. Y la lista no se acaba nunca.

Me detengo en el indecente fracaso de las tres principales agencias de calificación. Otorgaban indiscriminadamente la mejor calificación al pescado bueno, al adulterado y al adulterado y maloliente. ¿Por qué? Pues porque, como es lógico, de lo contrario perderían las grandes comisiones que los clientes pagaban sólo a los mensajeros que traían buenas noticias.

En resumidas cuentas, el sistema financiero durante la guardia del presidente Bush se había vuelto sistemáticamente frágil y peligroso.

Después de todas mis malas noticias, puede que suene optimista si digo que el caos tiene solución. Con el tiempo y con sentido común, tras la victoria en noviembre de las políticas centristas, podrán remediarse todos los grandes males.

Sin embargo, dado que las viviendas, las oficinas y las fábricas son bienes tan duraderos, es probable que la crisis inmobiliaria no dure meses, sino años. Es más, los realistas deben esperar las habituales medidas iniciales poco sensatas por parte de los vencedores demócratas, como las que descalabraron los planes del new deal de Franklin Roosevelt durante sus primeros años de presidencia. También las buenas acciones económicas del presidente Clinton, se produjeron principalmente durante su segundo mandato en la Casa Blanca.

Ninguna democracia es perfecta. Lo preocupante son las promesas que los ganadores tienen que hacer a algunos grupos concretos para ganar.

Dejo para otro día la amenaza del proteccionismo extremo alimentada por todo lo que las clases medias han tenido que sufrir durante los ocho años de Bush en el poder…

(Del Paper publicado el 15/7/2008)

¿De la burbuja financiera al fin del “súper boom”?

Un año después de la globalización de la crisis: de la amnesia cómplice al revisionismo provisional (antes del fin de la esquizofrenia)

- Un recopilatorio indicativo de la conjunción desfavorable (hemeroteca reciente):

- Un billón de dólares de capitalización vuela de la gran banca mundial (Negocios - 17/3/08)

(Por Rocío Martínez)

Y el agujero puede ir a más. El mercado cree que Lehman Brothers seguirá los pasos de Bear Stearns, que ha provocado un aumento de la desconfianza acerca de la calidad real de los activos del sector… (El subrayado es mío)

El Northern Rock británico ya tiene su reflejo estadounidense: Bear Stearns. Por ahora, son las dos primeras víctimas de la crisis crediticia y de los productos titulizados, situación que ya se ha llevado de un plumazo 1,07 billones de dólares de capitalización (cifra similar al PIB español del año pasado) de los mayores bancos del mundo desde el pasado 19 de julio. Ese día, el presidente de la Fed, Ben Bernanke, adelantó que las pérdidas relacionadas con las hipotecas subprime alcanzarían los 100.000 millones de dólares. Su previsión se quedó corta, puesto que ya alcanza los 194.600 millones de dólares.



A pesar de los esfuerzos de los bancos centrales por atajar al máximo la sangría, los expertos creen que aún no ha pasado lo peor. “No se puede dejar quebrar un banco”, afirma el economista jefe de Intermoney, José Carlos Díez, cuando identifica el caso de Bear Stearns como un Northern Rock. Díez explica que son muchos los bancos que tienen papel de Bear y, si quiebra uno, quiebran todos

- Una crisis de confianza en EEUU se propaga por los mercados financieros (The Wall Street Journal -online- 17/3/08)

(Por Liz Rappaport y Justin Lahart)

Para Estados Unidos llegó la hora de pagar la cuenta. A lo largo de toda la economía, los cautelosos prestamistas están demandando a los prestatarios que pongan más colateral o vendan activos para reducir sus deudas. (El subrayado es mío)

La crisis financiera, que comenzó con apuestas fallidas en valores respaldadas por hipotecas de alto riesgo o subprime, y que luego provocó una contracción del crédito entre los grandes bancos, parece seguir ampliándose. Durante muchos años, la economía estadounidense se ha beneficiado de la generosidad de acaudalados acreedores asiáticos y de Medio Oriente. Las empresas y hogares estadounidenses han disfrutado del crédito fácil, incluso para apuestas riesgosas. Pero eso ha cambiado.

La cascada de malas noticias de los últimos días, que culminó con el rescate de Bear Stearns Co. el viernes, está acelerando la erosión de la confianza en algunas de las instituciones financieras más respetadas de Estados Unidos. La creciente crisis de confianza ahora se extiende a la capacidad de crédito de toda la gama de deudores, generando interrogantes sobre la capacidad de la Reserva Federal y del gobierno de EEUU para reparar rápidamente los problemas.

Los inversionistas globales están retirando dinero de EEUU, profundizando el declive del dólar, que la semana pasada cayó por debajo de los 100 yenes la unidad por primera vez en una década. Frente a una canasta de las divisas de sus principales socios comerciales, el dólar ha descendido un 14,3% a lo largo de los últimos doce meses, según la Reserva Federal. El viernes marcó una nueva mínima frente al euro, culminando una baja de 2,1% la semana pasada, para cerrar a 1,567 dólares por euro.

Prestamistas e inversionistas están incrementando las tasas de interés que exigen a las instituciones financieras que hasta hace unos meses se veían sólidas, o les están pidiendo que vendan activos para levantar efectivo. Los mercados financieros, anticipando que la Fed recortará drásticamente las tasas mañana para limitar la profundidad de una posible recesión, están poniendo en duda el compromiso del banco central o su habilidad para impedir una aceleración de la inflación.

Hay otros síntomas del declive de la confianza. El oro, la mejor protección en contra de la inflación, está acercándose a los US$ 1.000 la onza. La calificadora de riesgo Standard & Poor's Ratings Services, predijo el jueves que las grandes instituciones financieras aún necesitan hacer rebajas contables por US$ 135.000 millones en valores ligados a hipotecas subprime, lo que se suma a los US$ 150.000 millones que ya han anunciado.

Claramente, todo el mundo está concentrado en la crisis financiera y EEUU es el epicentro de la tensión”, asegura Carlos Asilis, director de inversiones de Glovista Investments, una firma estadounidense de asesoría. “Como resultado, estamos viendo cómo el capital sale de EEUU”. Esa es una mala noticia para una economía endeudada y sin capacidad de ahorro que depende del ingreso de US$ 2.000 millones al día desde el extranjero para financiar las inversiones. La situación está aumentando los temores de un colapso del dólar que podría sacudir aún más los mercados financieros y disparar las tasas de interés de EEUU.

¿La tormenta perfecta?

Aunque los riesgos de un desenlace doloroso son preocupantes, los efectos de los recortes de tasas de la Fed y el paquete de estímulo fiscal aún tienen que surtir efecto en la economía estadounidense. Asimismo, la combinación de un dólar débil, que sigue siendo la divisa favorita del mundo, y el crecimiento de otras economías está impulsando las exportaciones de EEUU y compensando, en parte, los efectos del desplome inmobiliario y la contracción del crédito.

Sin embargo, aunque el efectivo continúa entrando a EEUU desde el exterior, el flujo ha estado mermando. En 2007, la adquisición neta de bonos a largo plazo y acciones en EEUU por parte de extranjeros alcanzó US$ 596.000 millones, frente a US$ 722.000 millones en 2006, según el Departamento del Tesoro. Los estadounidenses, a su vez, están invirtiendo más dinero en otros países.

Las esperanzas de que la economía estadounidense sufriera de una sed de liquidez que la Fed pudiera saciar se están desvaneciendo. Lawrence Summers, ex secretario del Tesoro, dijo el viernes que ve “un riesgo cada vez mayor de que la principal herramienta de política que hemos usado, los préstamos de la Fed a los bancos en una forma u otra”, sea como “luchar contra un virus con antibióticos”.

El viernes, el presidente de EEUU, George W. Bush, no se mostró muy proclive a tomar nuevas medidas. “La política del gobierno”, dijo, “es como una persona que trata de conducir un auto en una carretera en mal estado. Si llega a estar en una situación así sabe que es importante no hacer demasiadas correcciones de curso, porque si lo hace terminará en una zanja”.

Sin embargo, pocos están convencidos de que haya pasado lo peor y cada actor se mueve para proteger sus propios intereses frente a calamidades potenciales que parecían improbables hace tan sólo unos meses.

Bear Stearns aseguró a sus inversionistas a principios de la semana pasada que era solvente, pero la especulación de que enfrentaba una contracción de liquidez hizo que algunos corredores y fondos de cobertura limitaran su exposición a la firma. El viernes la Fed y J.P. Morgan Chase & Co. proveyeron financiamiento de emergencia a la firma de Wall Street fundada hace 85 años durante una período inicial de 28 días. Ayer, al cierre de esta sección, Bear Stearns ultimaba los detalles de su venta a J.P. Morgan en momentos en que crecía la preocupación de que la crisis de confianza podría profundizarse en caso de que no encontrara un comprador antes de la apertura de los mercados el lunes por la mañana.

Según fuentes cercanas, la compra ascendería a los US$ 2.200 millones, unos US$ 20 la acción. Tal valor es un tercio menos que el precio de cierre de la acción de Bear, que el viernes se derrumbó un 47% para quedar en US$ 30 en la Bolsa de Nueva York. El año pasado, la acción de Bear Stearns llegó a costar US$ 170.

Hay pocas señales de que lo peor haya quedado atrás. El “momento de la recuperación” es cuando las predicciones son demasiado pesimistas, dice Summers. Lo más probable es que ese momento no haya llegado. Una encuesta llevada a cabo por The Wall Street Journal entre más de 50 economistas a principios de marzo encontró un profundo viraje hacia el pesimismo. Cerca del 70% dice que EEUU está actualmente en recesión y en promedio asignan una probabilidad de cerca de 50% a que esta recesión sea peor que las dos anteriores. La mayoría cree que los precios de los inmuebles sigan cayendo durante 2009 y tal vez 2010. Aunque hay un continuo debate sobre el tratamiento de los problemas actuales, empieza a surgir un consenso sobre las causas. “El aumento de los impagos en las hipotecas subprime fueron el principal catalizador”, dijeron los líderes del Tesoro, Henry Paulson, la Fed, Ben Bernanke, y la Comisión de Bolsa y Valores, Christopher Cox, en un informe sobre las lecciones aprendidas con la crisis. “Sin embargo, ese golpe inicial dejó al desnudo y exacerbó otras debilidades del sistema financiero global”.

Kenneth Rogoff, economista de la Universidad de Harvard y ex economista del Fondo Monetario Internacional, dice que la actual crisis tiene muchas madres: la burbuja inmobiliaria, los préstamos hipotecarios de alto riesgo y el déficit de EEUU en cuenta corriente. Durante años, Rogoff y otros economistas advirtieron que el déficit en cuenta corriente era insostenible. Últimamente, la brecha se ha reducido, pero la combinación de la crisis crediticia y el enfriamiento de la economía, podría generar un ajuste más acelerado y potencialmente más peligroso…
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