Madrid, 18 de marzo de 2013




descargar 389.74 Kb.
títuloMadrid, 18 de marzo de 2013
página1/8
fecha de publicación14.08.2016
tamaño389.74 Kb.
tipoDocumentos
med.se-todo.com > Historia > Documentos
  1   2   3   4   5   6   7   8




Para mi hijo Víctor

en su doceavo cumpleaños

con todo mi amor.

(Madrid, 18 de marzo de 2013)

Notas:

En este libro encontrarás pruebas, retos y desafíos mentales. Puedes leer todo el libro seguido sin pararte a pensar en las soluciones, o puedes atreverte a solucionar los retos antes de que lo hagan los protagonistas. Ambas opciones son válidas, pero te recomiendo la segunda, porque sólo los valientes conquistarán el mundo…

Esta obra es de ficción. Cualquier parecido con la realidad es pura coincidencia… Y si no me crees, léelo y verás…

Índice

Capítulo I. El examen "sorpresa"

Capítulo II. Una mañana desastrosa

Capítulo III. El papel maldito

Capítulo IV. La tormenta terrible

Capítulo V. El fantasma

Capítulo VI. Códigos secretos y otros descubrimientos

Capítulo VII. Piratas y pirámides

Capítulo VIII. Criaturas y tierras lejanas

Capítulo IX. El túnel tenebroso

Capítulo X. Reyes y artistas

Capítulo XI. Un accidente y una prueba muy dura

Capítulo XII. La trampa maldita

Capítulo XIII. La recompensa

Capítulo XIV. El partido

Capítulo XV. La Fiesta Sorpresa

Prólogo

18 de marzo de 2033

La historia que te voy a contar ocurrió hace muchos, muchos años. Bueno, tampoco tantos, no vayas a pensar que te voy a hablar de la Edad Media, tampoco hay que exagerar. La verdad es que sucedió hace exactamente veinte años. Tal día como hoy, el 18 de marzo de 2013, el día que cumplí doce años.

Nunca olvidaré lo que aconteció ese día, ni cómo mi vida cambió radicalmente a partir de ese momento. Todavía se me ponen los pelos de punto al recordarlo…

Vale, vale, no insistas más, te lo contaré…, pero que quede claro que lo que voy a relatar aquí es un secreto de Estado. Nadie podrá nunca saber lo que sucedió ese día, ni siquiera tu mejor amigo, ni tus padres, ni mucho menos los profesores de tu colegio. Lo que vas a leer a continuación es escalofriante y puede que no estés preparado para asimilarlo.

Si eres de esos chavales que se asustan con cualquier peliculilla de terror del estilo de Viernes 13, o si eres de los que miran cada noche debajo de la cama antes de acostarse para ver si hay un zombi escondido, o aún peor, si eres de los que llaman a su mamá cuando tienen una pesadilla en la que les persigue un vampiro sediento de sangre, tal vez deberías dejar de leer ahora mismo antes de que sea demasiado tarde.

Si, a pesar de mis advertencias, sigues leyendo estas líneas sólo caben dos opciones:

Opción 1: Eres una persona valiente, ávida de aventuras y que no teme a nada. Si es así, felicidades, puedes seguir leyendo.

Opción 2: No eres demasiado valiente, ni especialmente aventurero, pero aunque te dan miedo muchas cosas, tienes las suficientes agallas como para afrontar tus temores, o tal vez la curiosidad es más fuerte que la aprensión. Si este último es tu caso, ¡adelante!; sólo las personas más inteligentes son capaces de reconocer que tienen miedo. Sigue leyendo.

Capítulo I. El examen "sorpresa"

Todo empezó, como te digo, el día de mi doceavo cumpleaños que, para mi pesar, no tuvo otra ocurrencia que ir a caer en el peor día de la semana: en lunes.

Pero eso no fue lo más desastroso, no creas. Ese día, por alguna extraña conjunción de los astros, coincidieron varios hechos catastróficos que a punto estuvieron de hacerme desistir de celebrar mi cumpleaños en lo que me restara de vida, y eso que esa misma tarde lo iba a celebrar en la bolera con mis amigos y mis primos, que era lo que más me gustaba en el mundo.

Para empezar, y por extraño que pueda parecer, a mi familia se le olvidó por completo que hacía doce años que había llegado a este mundo, y ni mi madre, ni mi padre, ni mi hermano Álvaro, ni tan siquiera mi abuela —que mira que eso es raro— se acordaron de felicitarme, ni mucho menos de obsequiarme con regalo alguno.

Ni que decir tiene que salí de casa ya bastante cabreado, porque no podía dar crédito a lo que estaba pasando: yo estaba entrando en el momento más complejo de mi vida, la adolescencia, y mis padres ni siquiera se acordaban ya de mí.

Cuando bajé las escaleras vi a mi amigo Dani que, como cada día, estaba esperándome en el portal para ir a clase.

—¿Qué pasa Víctor, tío? —preguntó él cuando me vio.

—¡Ey! —dije yo por toda respuesta, sorprendido de que tampoco él se acordara de mi cumpleaños, a pesar de que hacía ya una semana que había repartido las invitaciones para la bolera.

—¿Qué tal llevas el examen de "Cono"? —preguntó.

—¿Qué examen de "Cono"? ¿Es que es hoy? —grité yo asustado, como si acabara de ver al mismísimo Barrabás.

—¡Pues claro, tío! No me digas que no has estudiado.

—¡Yo creía que el examen era el lunes que viene!

—Pero ¿cómo va a ser el lunes que viene si es Semana Santa? —rió él.

—"Joer" colega. Ya verás la bronca que me echa mi madre, siempre dice que estoy en el limbo y que no me entero de nada… —me quejé.

—Venga, tío. No te preocupes, seguro que te lo sabes. La parte de Geografía se te da muy bien. Eres la única persona en el mundo que se sabe la altura de todas las montañas terrestres.

—Sí, pero lo malo es la parte de Historia; la Edad Moderna es horrorosa, no sé cómo la pueden llamar "moderna" con lo antigua que es.

—Si quieres te dejo copiar, ya sabes que la Historia se me da muy bien —ofreció él.

—Gracias, tío, eso es ser un buen amigo, pero no creo que pueda copiar sin que me pillen y además entonces te catearían a ti también. Mi madre siempre me cuenta la historia de cuando a ella la suspendieron por dejarse copiar… ¡qué pardilla!, ja, ja.

Al llegar a la puerta del colegio nos encontramos con Paula Rodríguez y Paula Artacho que, además de olvidarse ellas también de felicitarme, ahondaron aún más en mi miseria al recordarme que esa misma tarde se celebrarían las pruebas de diagnóstico de 6º de Primaria —unas pruebas odiosas de cultura general que se había sacado de la manga la Comunidad de Madrid para torturar a todos los preadolescentes—, y que, por supuesto, yo también había olvidado repasar.

Las "Paulas", como las llamábamos coloquialmente, eran dos chicas muy listas, amigas desde infantil; siempre iban juntas a todas partes como si fueran siamesas, se reían de las mismas cosas y, curiosamente, eran expertas en sacar las mismas notas en todo.



Afortunadamente, no todo era negativo en aquel día aciago, y cuando entramos en el colegio y empezamos a subir las escaleras, cargando a la espalda los dos mil quinientos quilos de libros que abarrotaban nuestras mochilas, coincidimos con Erik Rojas, que nos espetó:

—¡Eh tíos! Acordaos de que esta tarde es el partido contra el "Enriqueta". ¡Les vamos a machacar­! —dijo mientras hacía el símbolo de la victoria con los dedos índice y corazón de su mano derecha.

Era cierto, esa misma tarde jugábamos el partido de vuelta del campeonato de baloncesto en el que participaba nuestro colegio: el CEIP Jovellanos. Y nos enfrentábamos nada más y nada menos que a nuestro rival más fuerte: El colegio "Enriqueta Aymer", donde jugaba mi vecina Lucía y algunos ex-compañeros del Jovellanos que se habían cambiado de colegio hacía unos años, como era el caso de Adrián y de Gema; unos chaqueteros que no merecían piedad.

Erik era un chaval inquieto y travieso, pero también alto, guapo y simpático que se llevaba de calle a todas las chicas de la clase y yo diría que de todo el barrio. A pesar de eso, en el último curso nos habíamos convertido en buenos amigos, así que le perdoné que tampoco él se hubiera acordado de mi aniversario, porque a fin de cuentas la efectividad de Erik encestando triples, junto con la altura de Paola y mi velocidad con el balón eran las únicas armas con que contábamos para derrotar a las "croquetas del Enriqueta".

Al llegar a clase, José Carlos, el director del colegio —que era además nuestro profe de "Cono" y la única persona en el mundo a la que le sentaba bien el bigote—, nos mandó a Juan y a mí a hacer unas fotocopias de mapas del mundo en Secretaría para el maldito examen.

Juan era otro de mis mejores amigos. Nos conocíamos desde los tres años y además éramos casi vecinos, porque vivíamos en portales contiguos, lo cual facilitaba que quedáramos para jugar a la Play casi todas las tardes.

Era muy extraño que Juan se olvidara de mi cumpleaños, porque era una de esas personas con una memoria prodigiosa, pero yo estaba demasiado preocupado por el examen que estaba a punto de suspender como para tenérselo en cuenta.

—Juan, tío; creo que voy a catear —gemí, mientras esperábamos en el pasillo a que Ana Belén, la profe de Plástica que además era la secretaria, nos hiciera las fotocopias.

Juan estaba alucinado, mirando a la profesora con la boca abierta como si estuviese contemplando la octava Maravilla del Mundo.

—Juan, ¿me estás oyendo?

Nada, que no reaccionaba el tío. Es verdad que Ana Belén era probablemente la profesora más guapa que el colegio había tenido nunca, y seguramente la más guapa que tendría jamás, ya que era alta, delgada, con una sonrisa roja que albergaba una hilera perfecta de dientes blanquísimos y con un pelo largo y negro cuyas ondas brillaban como en los anuncios de champú. Pero no era menos cierto también que era super exigente, y que con ella ni Velázquez ni Picasso habrían conseguido un sobresaliente en la vida.

Pero estaba claro que mi amigo Juan se encontraba cegado por su belleza, y aunque no reconocería ni muerto que le gustaba, lo cierto es que todo el colegio sabía que se moría por sus huesos.

—Juan, ¡te estoy hablando!

—¿Qué has dicho? —balbució él cuando volvió en sí.

—Jo, tío, es increíble que babees así por una profesora que te saca veinte años —le recriminé.

—Yo no babeo, ¿vale? Estoy harto de que digáis que me gusta, pero si me gustara, que sepas que el amor no tiene edad.

No quise discutir con él, así que me limité a coger las fotocopias calentitas y a tirar de la camiseta de mi amigo que había vuelto a quedarse hipnotizado mientras veía a la profesora alejarse por el pasillo.

En ese momento nos cruzamos con José Camacho, otro gran amigo experto en videojuegos de Pokémon, que estaba en quinto curso y que también sufría de amnesia en lo que a cumpleaños se refiere. José era un chaval alegre de sonrisa perpetua, pero ese día nos dio la peor noticia de nuestras vidas:

—No sé si vais a poder jugar esta tarde el partido porque se acercan unos nubarrones que te pasas.

—¡Lo que nos faltaba! —exclamé— No sólo voy a suspender por primera vez en mi vida, sino que además también van a suspender el partido.

—¿Qué vas a suspender? —preguntaron José y Juan a coro— ¡Venga ya!

Nadie me creyó en ese momento, pero yo sabía que por muy bien que me supiera la altura del Everest, del Aconcagua y del Kilimanjaro, no había nada que hacer con las fechas de los viajes de Cristóbal Colón y mucho menos con los reinados de los Austrias y de los Borbones en España. Era como una de esas pesadillas angustiosas en las que te enfrentas a un examen "sorpresa" para el que no has estudiado, pero sin el "como".

Aunque, hablando de pesadillas, ninguna de las que he tenido a lo largo de mi vida ha sido tan espeluznante como la que me hizo "cagarme" de miedo aquel lluvioso día de marzo.

Capítulo II. Una mañana desastrosa

Hice lo que pude. Coloqué sobre el mapamundi todos los accidentes geográficos que recordaba, aunque empezaba a dudar de si los Montes Apalaches estaban en América o en Albacete. Con la parte de Historia, no me quedó más remedio que echarle imaginación y ordenar a todos los Carlos, Felipes y Fernandos a boleo esperando que el azar jugara a mi favor por una vez en la vida, y maldiciendo la monotonía de las monarquías españolas que durante siglos han sido incapaces de ponerse nombres originales y han tenido que copiarse unos a otros sólo para fastidiar a todos los estudiantes del planeta.

Tras el examen llegó una interminable clase de matemáticas en la que Ovidio, nuestro tutor, intentó sin éxito hacer entender a la clase el cálculo de porcentajes con ejemplos cotidianos de descuentos en El Corte Inglés.

Claro, que la clase de lengua que siguió tampoco fue mucho mejor, y eso que hicimos una de las cosas que más me entusiasmaba por aquel entonces: una competición de tiempos verbales. Generalmente este tipo de actividades me divertía muchísimo, porque si había algo en el mundo que me gustaba más que comer con los dedos era conjugar el verbo "competir". Pero en esta ocasión quedé eliminado nada más empezar por confundir el modo indicativo con el subjuntivo, (una tontería de nada, ya ves tú); de manera que tuve que tragarme toda la clase observando cómo César, el niño más listo del colegio y probablemente de toda la Unión Europea, iba derrotando a todos y cada uno de mis compañeros.

Pensé que el recreo me daría una tregua y que mi mala racha terminaría en cuanto metiera unos cuantos goles en el partido de fútbol que siempre jugábamos la clase de 6º B contra la de 6º A.



Ahora que lo veo desde la perspectiva que me dan mis 32 años recién cumplidos, puedo asegurar que el patio de recreo de un colegio de Primaria es como una maqueta a escala de la vida adulta.

Para empezar, hay una clara división entre lo que prefieren hacer los niños (jugar al fútbol como única diversión imaginable), y lo que hacen las niñas (cualquier cosa que NO sea jugar al fútbol), lo cual da una idea bastante clara de la diferente complejidad de unos y otras. Claro, que siempre hay excepciones, como era el caso de Katy, la única niña de 6º que se divertía más chutando a portería y lanzando "corners" que ensayando coreografías, y hay que reconocer que lo hacía bastante mejor que muchos de sus compañeros.

También había excepciones entre los chicos, claro está, ya que por ejemplo Izan y Juan preferían cambiar los balonazos en la nariz y los patadones en las espinillas por prácticas más seguras para su integridad física, como podía ser jugar al escondite, al pilla-pilla o al rescate con Alba, Marta, Clara, Silvia y Patricia Valentina.

Otras chicas preferían, en cambio, pasar el recreo practicando el último baile que se hubiera puesto de moda en Internet, de manera que no era raro ver a Cristina, a Vanesa a Tiffany o a Patricia García siguiendo el ritmo del "Oppan gangnam style", del "Nosa Nosa" o del "Zumba".

No en vano, algunas de ellas como Patricia García complementaban sus actividades dando clases de danza española en el Centro Cultural del barrio en el que a mí me torturaban con las clases de piano que mis padres se empeñaban en que recibiera.

Luego había otras, como Inês, Roxana, Halima, Sandra o Adriana, cuya mayor diversión era meterse con los chicos y chincharnos todo lo que podían. Aunque, para ser honestos, a muchos de nosotros nos gustaba ese rollito y no perdíamos ocasión de devolverles las puyitas en forma de broma o de chiste malo.

Aquel día, sin embargo no estábamos para demasiadas bromas. Habíamos formado ya los equipos, con Erick Morales en el puesto de portero de 6º A y Carlos en el de 6ºB.

En mi equipo, Jorge estaba sembrado ese día y consiguió regatear a Jose a Alín a Mario y a Alexis —demostrando que la altura muchas veces está sobrevalorada—, y marcar el primer gol nada más empezar a jugar. Pero justo después, y cuando yo había conseguido robarle el balón a Iván Ferreira —el chaval más rápido sobre la faz de la Tierra—, el cielo se rebeló contra nosotros lanzándonos el diluvio universal y haciendo que tuviéramos que guarecernos deprisa y corriendo en la sala de informática en la que, como no podía ser de otra manera, no pudimos tocar ni un solo ordenador porque la tormenta había provocado un cortocircuito que duró justo hasta la hora de comer.

Tras el improductivo recreo nos esperaba una clase de inglés con Leonor, quien también hacía las veces de Jefa de Estudios, y era la encargada de presentar todos los Carnavales, fiestas de la Paz y celebraciones de la Constitución en el patio del colegio, donde —a falta de un salón de actos en condiciones por escasez de presupuesto— los padres se pelaban de frío sin perder por ello la sonrisa al ver a sus cachorros disfrazados de osos, de dioses griegos y hasta de racimos de uvas.

Y es que hay que reconocer que los profesores del Jovellanos compensaban la falta de subvenciones públicas con un alarde de imaginación que ya querrían para sí muchos políticos que intentan socavar la Educación Pública.

Pero sigamos con el relato, que se me va el santo al cielo y como sigamos así vas a pensar que te he engañado vilmente cuando te decía que esta es una historia terrorífica. Lo es, te lo aseguro, pero primero quería ponerte en situación para que no te pierdas.

Pues eso, lo que te decía, que cuando llegamos a la clase de inglés sucedió una nueva catástrofe sólo comparable con que el Real Madrid pierda la final de la "Copa del Rey" ante el Barça:

Cuando Leonor me pidió el cuaderno de inglés en el que había traducido unas frases para practicar el vocabulario de las profesiones, me quedé petrificado.

—Víctor, por favor, pásame tu cuaderno y sal a la pizarra a corregir las frases que os mandé el viernes —pidió ella.

—No puedo —respondí yo al tiempo que apretaba el cuaderno contra mi pecho para que nadie lo viera.

—¿Cómo que no puedes? ¿Es que no has hecho los deberes? —inquirió ella sorprendida, porque yo otra cosa no sería, pero a empollón no me ganaba nadie.

—No, Leonor, no es eso. Pero no te puedo enseñar el cuaderno —repliqué con un hilo de voz.

—¿Y se puede saber por qué? —siguió extrañándose ella.

—Porque no te va a gustar lo que vas a ver —le advertí yo, mientras mis compañeros se miraban unos a otros entre risas.

—Anda Víctor, trae para acá, que seguro que no es para tanto— pidió ella al tiempo que alargaba los brazos para arrebatarme el cuaderno de la discordia.

No podría describir la cara que puso Leonor cuando vio mi cuaderno. Fue una mezcla de susto y de incredulidad: La boca abierta, las cejas levantadas y una cierta mueca de asco en la comisura de los labios. Y es que la página en la que con tanto esmero había traducido las frases la tarde anterior se encontraba totalmente cubierta por pegotes de pintura de dedos que mi hermanito de tres años había distribuido a diestro y siniestro por todas las hojas del cuaderno, eso sí, en una composición policromática digna del mismísimo Miró. Y es que mi madre dice que mi hermano ha heredado los genes de nuestro abuelo, que era pintor, y que tenemos que dejarle que exprese toda la creatividad que lleva dentro. Claro, que ya me gustaría a mí ver cómo reaccionaría mi madre si al artista de la casa se le ocurriera expresar su "creatividad" en las paredes del salón, en los sofás o en las mismísimas cortinas recién lavadas.

Cuestiones familiares aparte, ni que decir tiene que mi único deseo de cumpleaños a partir de ese momento era que ese horrible día pasara lo más rápidamente posible y si no, que al menos me tragara la tierra para no tener que soportar más humillaciones.

La tierra no me tragó, pero mi estómago me advirtió con unos cuantos rugidos que como yo no tragara algo comestible pronto iba a ser imposible escuchar las voces de Paola, Tiffany y Dani hablando en inglés de lo que querían ser de mayores.

Llegamos al comedor con más hambre que un maestro de escuela —nunca mejor dicho—, y dispuestos a repetir tres veces por lo menos; pero cuando vimos que el menú del día consistía en espinacas salteadas y filete de hígado no nos quedó más remedio que disimular la comida tirándola por debajo de las mesas cuando no miraba Isabel, nuestra cuidadora del comedor —todos menos Izan, que estaba muy bien educado y siempre se comía todo lo que había en el plato—, y esperar que el mísero yogur que hacía las veces de postre acallara los aullidos de nuestros doloridos estómagos.

Claro, que eso no era nada comparado con los aullidos de terror que daríamos nosotros sólo unas cuantas horas después.
  1   2   3   4   5   6   7   8

similar:

Madrid, 18 de marzo de 2013 iconSe prohíbe su publicacióN 05 de marzo de 2013 a las 11: 15 cet (10: 15 gmt)

Madrid, 18 de marzo de 2013 iconBoletín de Pescas. Instituro Español de Oceanografía. Madrid. Lote...

Madrid, 18 de marzo de 2013 iconMediante el Decreto 650 de 24 de marzo 2009, publicado en Gaceta...

Madrid, 18 de marzo de 2013 icon4-21 Se Actualiza mdf para el año 2013 23-10-2013 2 4

Madrid, 18 de marzo de 2013 iconDel 09 de Marzo al 13 de Marzo del 2015

Madrid, 18 de marzo de 2013 icon2013 s alida de campo conjunta 2013-1

Madrid, 18 de marzo de 2013 iconPrimero. Se modifican los anexos 10 y 11 de la Orden de 31 de marzo...
«Boletín Oficial del Estado» de 13 de enero de 1986), 28 de octubre de 1991 («Boletín Oficial del Estado» de 13 de noviembre de 1991),...

Madrid, 18 de marzo de 2013 iconJueves 30 marzo 17. 30 – 19. 00 h

Madrid, 18 de marzo de 2013 icon16 enero al 23 de Marzo/ 2012

Madrid, 18 de marzo de 2013 iconPercentil ortográfico de marzo


Medicina



Todos los derechos reservados. Copyright © 2015
contactos
med.se-todo.com