Paul Bercherie




descargar 1.44 Mb.
títuloPaul Bercherie
página5/31
fecha de publicación17.08.2016
tamaño1.44 Mb.
tipoDocumentos
med.se-todo.com > Historia > Documentos
1   2   3   4   5   6   7   8   9   ...   31
Diccionario de las ciencias médicas especialmente): gana así en vivacidad lo que pierde en homogeneidad.

************

No haremos más que sobrevolar los otros problemas planteados por la locura y

tratados por Esquirol, siendo sus posiciones totalmente conformes con las de Pinel, con algunas notas personales agregadas. Considera la alienación mental como debida a causas físicas y morales, atribuyendo a estas últimas un neto predominio. Se extiende de manera

30 LOS FUNDAMENTOS DE LA CLÍNICA

detallada sobre las causas físicas y en particular sobre la herencia, la "causa" predispo­nente más común de la locura (I, p. 64), tesis destinada a tener un gran futuro. Sobre todo, se lo ve con la herencia, su concepción de las causas es más fina, jerarquizada y multifactorial que la de Pinel: las distingue en predisponentes y precipitantes, lo que permite hacer jugar en cada caso un conjunto de causas morales y físicas. Como Pinel, ubica la sede principal de la locura (en particular para las causas morales, las pasiones) en el sistema visceral: "tanto las extremidades del sistema nervioso y los centros de sensibilidad ubicados en las diferentes regiones, así como el aparato digestivo, el hígado y sus dependencias son el asiento principal del mal" (I, p. 75).

En lo que se refiere a los principios del tratamiento, volvemos a encontrar también, en sus grandes líneas, la concepción de Pinel: gusto por el método expectante hipocrático. utilización moderada y adaptada a cada caso de la farmacopea (las indicaciones sobre la misma son quizás un poco más largas y detalladas), insistencia sobre el tratamiento moral. Es sobre todo a propósito de este último que se puede constatar, como lo hará notar más tarde Leuret 11, un ligero deslizamiento de perspectiva, que proviene sin duda en parte de la diferencia de personalidad de ambos autores: Esquirol parece menos autoritario y activo que Pinel.

Se encuentra en él una gran insistencia sobre los medios de romper el círculo vicioso de las ideas (aislamiento en un establecimiento especializado, viajes, ocupaciones, ya se trate de distracciones o de trabajo) actuando, conforme con la teoría que tiene sobre las enfermedades mentales, sobre la atención para distraerla o al contrario fijarla. En cambio, las curaciones milagrosas por choques emotivos, que Pinel tenía muy en cuenta, ocupan un lugar menor: Esquirol busca mucho más obtener la confianza y el afecto del alienado. Si el tema del aislamiento ocupa un lugar importante, que no hará más que crecer en los escritos ulteriores de los alienistas, éste orienta hacia una de las preocupaciones fundamentales de Esquirol: los establecimientos para alienados, su construcción, su equipamiento, su papel terapéutico, ciertamente como instrumento de tratamiento moral como en Pinel, pero también como espacio higiénico n donde las condiciones del aire, del espacio, del clima tienen una importancia primordial; ese tema hipocrático comienza la deriva que, a través de Georget, llevará a la institución del asilo hacia una función cada vez más alejada de las concepciones originales de Pinel13. Es necesario recordar en ese sentido el papel fundamental de Esquirol y de sus alumnos en la implementación del sistema institucional y de la legislación del campo psiquiátrico hasta la adopción de la ley de 1838 14 inclusive.

Evoquemos en pocas palabras un problema que preocupó mucho a Esquirol: el de la marcha y el pronóstico de la locura. Vimos el papel de este tema en la organización de su nosografía (delimitación de la idiotez, papel pronóstico de la parálisis, naturaleza a menudo terminal de la demencia crónica, incurabilidad de las demencias seniles y crónicas) y veremos que continuará siendo uno de los organizadores del pensamiento psiquiátrico. En lo que se refiere a las formas curables, Esquirol generaliza la teoría de la terminación "crítica" de la locura, extendiéndola a la cura por influencias morales, en particular en lo que se refiere al papel de las pasiones; así, la teoría del tratamiento se desliza cada vez más hacia una teoría somática: el límite finalmente será atravesado por Georget.

Para la anatomía patológica de la locura, finalmente, su argumentación es simple (I p. 112). Los vicios de conformación del cráneo no se encuentran más que en la idiotez, las lesiones orgánicas del cerebro y de las envolturas no se observaron más que en caso de complicaciones (epilepsia, parálisis) y dependían, por ende, de la enfermedad que hubiese


ESQUIROL 31

causado la muerte y no de la locura; las otras lesiones descriptas por los autores no son específicas, pues se las encuentra en sujetos que nunca estuvieron alienados y muchos alienados no presentan ninguna alteración en la disección. Concluye entonces: "que la locura depende de una modificación desconocida del cerebro" (p. 113); esta confesión de ignorancia no le incomoda para nada pues "felizmente este conocimiento no es indispensable para la cura de los alienados" (p. 114). Encontramos aquí nuevamente las posiciones de Pinel, pero sobre todo, debe subrayarse, el mantenimiento de una concepción dualista de las alteraciones mentales que será una constante de la psiquiatría del siglo XIX: algunas sólo son secundarias a las afecciones somáticas, cuya sede puede eventualmente ubicarse: frenesía, idiotez; la locura, en su forma pura, está exenta de base lesional y consiste en una modificación funcional desconocida del cerebro. Aquí, también, la curabilidad es a la vez prueba y consecuencia de esta posición (p. 112). Vemos aparecer una clase de alteraciones concomitantes, que complican la locura, y que pueden tener una causa lesional (parálisis general, epilepsia, lesiones orgánicas del cerebro). Serán el motor de los grandes cambios de la mitad del siglo.

1. Le Sujet de la folie, cf. nuestra reseña, Ornicar? 15.

2- Las citas se refieren al Traite des maladies mentales, 1838.

3. De la folie, 1820.

4. Sobre los Eclécticos: cf. Brehier y también Taine, Les Philosophes du 19* siécle en France.

  1. Cf. V. Cousin, Philosophie écossaise.

  2. Calmeil, De la paralysie considérée chez les alienes, 1826; Delaye, Sur un espéce de paralysie qui affecte particuliérement les alienes, 1824.

7. Redacción del artículo "Delirio" del Dictionnaire des sciences medicales; cf. Traite, II, p. 38. 8. Cf. E. Regnault, Du degré de compétence des médecins dans les questions judiciaires, 1830.

9. Cf. Foucault, Moi, Pierre Riviére y R. Castel, El orden psiquiátrico.

10- Cf. Paulus, Le probléme de la hallucination d'Esquirol a P. Janet. 11. Le traitement moral de la folie, 1840.

12. La rúbrica "higiénico" figura en el subtítulo del Tratado.

13. CF.Leuret., Le traitement moral, cap. II, p. 67 a 155.

14. Ver las memorias de la 2da. y de la 3ra. parte del Tratado, II, p. 399 a 862. Cf. también Castel, El orden psiquiátrico, y la obra de Marc, De la folie, donde las ideas de Esquirol son expuestas y defendidas en base a pruebas.



Capítulo 3 LA DESCENDENCIA DE ESQUIROL

Puede considerarse que, durante una generación (1820-1850), la obra de Esquirol es, en sus grandes líneas, objeto de un consenso general y los trabajos de los alienistas fran­ceses, sus alumnos, se refieren a puntos secundarios que los dividen ásperamente. Un hecho es claramente revelador de esta situación: el tratado de Esquirol es la única obra relativamente completa sobre las enfermedades mentales durante este período, siendo todas las otras publicaciones, monografías sobre temas más o menos especializados. En este capítulo, entonces, estudiaremos más bien las corrientes de ideas que los autores; haremos sin embargo una excepción con Georget, debido a su importancia y a la claridad de su pensamiento.

El más importante de los debates que dividen a los alumnos de Esquirol concierne a un problema del que no hemos terminado de hablar: ¿la alienación mental tiene o no una base anátomo-patológica? El problema se planteaba con creciente agudeza, primero, como lo hemos visto, porque las posiciones de Pinel y de Esquirol ponen a la medicina mental en una posición inestable respecto a toda la ortodoxia de la medicina científica; sus alumnos, que hicieron sus estudios médicos desde esa perspectiva, claramente están tentados de aplicar los mismo principios al campo psiquiátrico. Pero otra influencia juega un papel cada vez más importante durante este período: es la frenología de Gall, es decir, la primera doctrina coherente de las localizaciones cerebrales '. Se sabe que Gall fue un neuro-anatomista de primerísimo plano y el primero en haber establecido el papel fundamental de la materia gris y, en particular, de la corteza cerebral en el funcionamien­to nervioso; de él proviene la localización cortical de las funciones intelectuales y psicológicas. A esos aportes incuestionables, agrega una concepción pluri-orgánica de la corteza y por lo tanto la idea de la localización de las diferentes funciones que ella asegura; es en la determinación de esas funciones y de esos territorios corticales donde Gall se aventurará a conclusiones prematuras. Partiendo del postulado del paralelismo de las superficies craneanas y corticales, le agrega el de la relación proporcional entre el valor funcional de un territorio y su volumen; finalmente determina una lista arbitraria de veintisiete "facultades" localizadas que le parecen resumir la naturaleza del hombre incluyendo la animalidad, y que van desde el gusto por los riesgos y los combates

LA DESCENDENCIA DE ESQUIROL 33

hasta el talento poético, pasando por la memoria de las personas y el sentido de orienta­ción. Las capacidades, talentos o defectos se diagnosticaban entonces según la pre­sencia de una u otra protuberancia sobre la superficie craneana; de ellas nos quedó la "protuberancia de las matemáticas". Gall tenía así la esperanza de encontrar para cada territorio una monomanía que se correpondiese con aquél y una protuberancia concomitante en el examen del cráneo del alienado. Agregaba bastante charlatanería o mitomanía a todo esto para encontrar en todos lados la confirmación de sus doctrinas 2.

Pese a sus exageraciones, el sistema de Gall ejerció una verdadera fascinación sobre muchos jóvenes alienistas, como por otra parte sobre el público intelectual de la época; hombres del valor de Broussais o de A. Comte lo estimaban mucho. El papel de la corteza y la doctrina de las localizaciones tenían una fuerza convincente que el futuro no haría más que confirmar 3, desmintiendo a la vez a Gall. Quizá fue más la idea de las localizaciones que la doctrina de las "protuberancias" la que tuvo una verdadera influencia: sobre este punto la obra de G. Spurzheim, colaborador directo de Gall, Observaciones sobre la locura, publicada en Francia en 1818, corresponde mejor a las preocupaciones de los alienistas. Expone en ella la idea de que si la hipertrofia de un territorio cortical se manifiesta por una perturbación mental, su irritación por un proceso mórbido (inflamación o lesión orgánica) puede tener el mismo resultado ; completando así a Gall con Broussais, Spurzheim abre una dirección de investigación anátomo-patológica.

Si muchos de los grandes alienistas de la época formaron parte, en un momento u otro, del movimiento frenológico (puede citarse a Ferrus, Voisin, Scipion Pinel, Brierre de Boismont), las influencias conjugadas del movimiento anátomo-patológico y de Gall llevaron a todo un grupo a empecinarse en descubrir lesiones cerebrales en la alienación mental, reanudando así la corriente "solidista" pre-pineliana. Algunos de los que condenaban la frenología (Calmeil, Foville, Falret) no dejaban de proclamar un "anatomismo" de principio. Entre los trabajos más importantes y más influyentes, debe citarse las memorias de Parchappe s, por otra parte opositor de Gall, que hicieron "autoridad en la ciencia" 6.

A esa corriente se oponía otra que mantenía las posiciones escépticas de Pinel y de Esquirol. Retomando sus argumentos (cf. Cap. 1 y 2), les era fácil mostrar la disparidad y a veces las contradicciones de las observaciones de los anatomistas 7: las lesiones encontradas en la autopsia de los alienados podían, ser consideradas o bien como la expresión de enfermedades independientes, o bien como complicaciones o consecuencias de la locura, lejos de ser su causa (es la doctrina oficial de la parálisis general). La alienación mental les parece ser la consecuencia de una modificación funcional, "semejante a la que producen los sueños, que ocasiona falsas convicciones en individuos razonables, que excita los instintos y las pasiones"(Leuret, Tratamiento moral, p. 66).

**********

Vamos a encontrar en Georget 8 una posición intermedia entre la de los anatomistas y la de los funcionalistas. Este hombre notablemente brillante, muerto prematuramente en 1828 a los 33 años, a quien Esquirol tenía en gran estima, formula por primera vez Baillarger, se impondrá a las grandes nosologías del fin del siglo XIX, y permitirá la implantación del movimiento psicodinámico en psiquiatría, no sin continuar planteando muchos problemas. Esta tesis concibe las afecciones mentales de manera dualista: de un claramente una tesis que ya hemos visto esbozarse en Pinel y Esquirol y que, a través de


34 LOS FUNDAMENTOS DE LA CLÍNICA

lado las perturbaciones mentales sintomáticas que provienen de una causa orgánica cono­cida,' del otro, las perturbaciones idiopáticas cuya causa precisa nos es desconocida, pero que resultan, obviamente, de perturbaciones puramente funcionales. Son ellas las que constituyen la locura propiamente dicha.

Esta "separación de la psiquiatría y de la neuro-psiquiatría", para retomar el comentario de J. Postel 9 encuentra su primera formulación neta en Georget. En opo­sición, puede decirse que los anatomistas son monistas por naturaleza, incluso cuando. como a Parchape o Calmeil, la honestidad y el realismo científico los obligan a un dualismo que conciben como provisorio.

Georget, por lo tanto, será conducido a oponer de manera decidida:

  • el delirio agudo, término que elige para designar las perturbaciones mentales sintomáticas­, ya sean simpáticas de una afección de un órgano distinto al cerebro (delirio febril, frenesías, etc.), secundarias a un daño lesional cerebral (golpes, caídas sobre la cabeza, com­presiones hemorrágicas...) o signos de una intoxicación mayor (alcohol, opio, belladona, etc...) 10. Los distingue por caracteres clínicos donde se puede reconocer un cuadro ya suficientemente preciso de la confusión mental (imperfección de las sensaciones, abolición de las facultades afectivas y del juicio, discurso deshilvanado y sin continuidad, am­nesia, delirio de sueño), por caracteres evolutivos (curación o muerte dependen de la alte­ración causal, siendo el delirio sólo su manifestación) y de terreno (escaso alcance del factor hereditario, reconocible en más de la mitad de los alienados). Traza su diagnóstico diferencial con la demencia en la que la alteración del juicio domina la perturbación de la conciencia y de las percepciones.

  • la locura propiamente dicha, para la cual retoma las categorías de la nosología de Es­quirol, aportándoles una modificación importante. Separa, en efecto, la demencia aguda (idiotismo adquirido de Pinel) y hace de ella un género particular, la estupidez, "ausencia accidental de la manifestación del pensamiento, ya sea que el enfermo no tenga ideas o que no pueda expresarlas" (p. 52), síndrome estuporoso puro n en estricta conformidad con la concepción "conductual" de las nosologías de este período. Así la demencia deviene un estado incurable terminal, manifestación de una desorganización cerebral que la parálisis general y la muerte completarán "en más de la mitad de los casos" (p. 55).Puede ser secundaria a otras locuras o primitiva (senil).

  • finalmente, clasifica aparte a la idiotez, pues "una falta originaria de desarrollo no es una enfermedad en el sentido estricto" (p. 45).

Estas tres grandes categorías serán retomadas por Baillarger y Parchappe y tenderán a perdurar hasta nuestros días, con reorganizaciones internas de las que daremos cuenta.

A la locura propiamente dicha, Georget le asigna dos tipos de causas exclusivamente: predisponentes (herencia, períodos menstruales y puerperales, involución, patología del modo de vida y de las costumbres) y eficientes, para las cuales no conserva más que las causas morales e intelectuales, rechazando todas las otras causas admitidas, ya sea en la patogenia del delirio agudo (causas patológicas) ya sea en los síntomas secundarios de la locura (perturbaciones digestivas, cutáneas, menstruales, etc. . .),12. Sin embargo, no concibe empero a la locura como una simple perturbación psicológica 13, sino como una "afección del órgano encefálico" cuyos síntomas más patentes son psicológicos, pero al que también acompañan otros desórdenes: insomnio, dolor de cabeza, estados congestivos cerebrales, alteraciones somáticas secundarias 14, perturbaciones sensoriales y motoras que demuestran la irritación del órgano. La desaparición de esos síntomas testimonia, por otra parte, cuando la cura no sobreviene, el paso de los estados agudos (manía-

LA DESCENDENCIA DE ESQUIROL 35

monomanías, estupidez)1S al estado crónico (demencia). Aún allí, Georget establece un esquema evolutivo que perdurará: lo encontraremos nuevamente en Parchappe y especialmente en Griesinger que lo erigirá en principio nosológico. Esta afección, de naturaleza desconocida, del cerebro es idiopática y por eso Georget considera que su desarrollo, desde el momento en que se efectúa el desencadenamiento, tiene un ciclo propio, independiente de las causas precipitantes (p. 125); ésta es una diferencia capital con las perturbaciones sintomáticas que no tienen un destino diferente de la causa de la que dependen y es igualmente uno de los puntos en que la predisposición (hereditaria en particular) deviene eficiente 16.

Estas consideraciones tienen consecuencias inmediatas en las concepciones terapéuticas de Georget. En el dominio del tratamiento físico, que nombra indirecto porque la acción sobre el cerebro allí es mediata, y racional porque responde a indicaciones precisas, sus indicaciones son muy conformes con las de Esquirol. En cuanto al tratamiento moral o directo (porque actúa directamente, fisiológicamente, sobre el órgano enfermo) o em­pírico porque no se conoce el detalle (entiéndase la fisiología) de su acción, "puede por sí solo curar muchas locuras" (p. 129), no siendo el tratamiento físico más que un auxiliar. Georget distingue dos partes, o más bien dos fases, en la acción del tratamiento moral:

- el aislamiento, elemento pasivo pero fundamental, que saca al alienado de un medio que causó y mantiene su perturbación, lo ubica en un medio nuevo que a la vez significa cambio y lo obliga a adaptarse. Todo entonces está regulado para obtener la sumisión y la confianza del alienado, al mismo tiempo que se proporcionan las condiciones para el cambio de su estado mental.

— la "educación médica", elemento activo, por el cual se obtiene la cura y se descarta el riesgo de recaída. No puede ser utilizada más que cuando se produjo un neto mejoramiento y el médico juega entonces un papel más personal que en el primer período, en el que es sobre todo la institución la que actúa. Georget enuncia tres grandes principios (p. 140- 141): nunca estimular el pensamiento de los alienados en el sentido de su delirio, nunca atacar de frente sus ideas, afectos y tendencias enfermizos, distraerlo por medio del trabajo, los choques afectivos calculados y las reuniones de alienados.

Pero para terminar, Georget enuncia un principio que es una consecuencia lógica de la concepción, finalmente muy organicista, que se hace de la locura, y que está en contradicción con la exposición muy ortodoxa que acaba de hacer del tratamiento moral: debe vigilarse, durante la enfermedad y la convalescencia, el empleo adecuado del órgano enfermo, que es el cerebro: "¿qué se diría del médico que recomendara correr a un gotoso o a un reumático?" (p. 146). Este principio tiende obligatoriamente a limitar el tratamiento moral a lo que éste tenderá a convertirse cada vez más en el curso del siglo: una higiene cerebral, en la que el aislamiento, el reposo y las distracciones juegan el papel principal, pasando progresivamente a segundo plano el aspecto psicoterapéutico, en particular en sus aspectos más espectaculares. Los principios que planteó Georget van en ese sentido; no contradecir al alienado, no mantenerlo en su delirio, es prohibirse una acción directa sobre éste. Algunos años más tarde, será categórico: "no se buscará para nada hacer razonar a los alienados para conducirlos nuevamente al sentido común, pues errores son tan necesarios como los desórdenes de toda función cuyo órgano está enfermo... Los errores de los alienados son tan necesarios, son la consecuencia tan directa de la alteración de su cerebro, como los desórdenes de una función cualquiera son la consecuencia del desorden del órgano que preside a esta función" 17. Esta posición,

36 LOS FUNDAMENTOS DE LA CLÍNICA

coherente en el plano teórico, será ampliamente adoptada, y conducirá a la declinación del tratamiento moral de Pinel. Leuret intentará, varias veces, oponerse a este movimien­to, especialmente en su gran obra de 1840, pero nada contra la corriente y él mismo está bastante lejos de Pinel; su técnica reposa en efecto esencialmente sobre la intimidación y rechazará más de lo que convencerá.

Vemos así un progreso conceptual permitir a la psiquiatría acercarse a la ortodoxia médica, pero, en otro plano, su saldo es una pérdida sensible. Ese proceso, frecuente en la historia de las ciencias, lo vivimos a la inversa actualmente: un progreso en la comprensión y el tratamiento de los problemas mentales produce un abandono de la clínica y de la nosografía psiquiátrica que acarrea el riesgo de la desaparición de los elementos de un saber positivo.

************

En las ideas de Georget hay una tesis sobre la que ya hemos llamado la atención y que será rechazada, o más bien mantenida en silencio por la mayoría de los alienistas. Es la idea de una división etiológica de las causas mentales: causas morales para la locura, físicas para el delirio agudo, única afección "simpática" es decir secundaria de perturba­ciones de otros órganos.

Vimos que Pinel y Esquirol, y el grueso de sus alumnos los siguieron en esta vía, admiten causas tanto morales como físicas para las mismas formas clínicas a las que consideran como tipos de reacciones cerebrales, determinadas no por las causas, sino más bien por factores dependientes del estado general del organismo en el momento de su acción y a su "tipología" constitucional. Un autor algo marginal en la historia de la psiquiatría, pero cuya influencia fue sin duda muy importante debido a su prestigio, Broussais, hará, al contrario de Georget, de la simpatía el mecanismo etiológico esencial de la locura 18. Considera las enfermedades mentales como la consecuencia de una in­flamación (irritación) cerebral o del proceso crónico que ella desencadena (atrofia, endurecimiento) y considera que la perturbación primaria es casi siempre una afección del tracto gastrointestinal que reacciona simpáticamente sobre el cerebro. Broussais no era, por otra parte, alienista y sus consideraciones clínicas y terapéuticas son tomadas de Esquirol.

Exceptuando la tesis etiológica, los alienistas seguirán, en su conjunto, a Georget Tomemos el ejemplo de Parchappe que defenderá el "predominio de las causas morales en la generación de la locura" 19, admitiendo también las causas físicas, expresando así la opinión de un extendido consenso de alienistas. En su tratado necropsíquico 20 distingui­rá la locura simple en aguda, en la que la autopsia no revela más que una congestión (hiperemia) encefálica reversible, y crónica, en la que la atrofia sigue a las simples per­turbaciones funcionales. Las lesiones focales propiamente dichas serán por el contrario debidas a las locuras compuestas (epiléptica, paralítica) y complicadas (meningitis-reblandecimiento, hemorragia), y a la idiotez. Puede subrayarse a la vez la adopción de las ideas de Georget (división patogénica, evolución de la locura aguda) y del borramiento de la separación delirio agudo-locuras agudas, consecuencia lógica del rechazo de la división etiológica: sucede que Parchappe conserva un ideal monista.

Debe recordarse en relación a este tema la importancia de las ideas frenológicas: permiten admitir una predominancia de las causas morales y la ausencia de lesiones orgánicas en ciertas locuras, sin por ello renunciar a la idea de una modificación material: en efecto, la predisposición (hereditaria o congénita), la hipertrofia del órgano encefálico

LA DESCENDENCIA DE ESQUIROL 37

correspondiente (y la protuberancia craneana que permite asegurarse de ello) son así los responsables del desorden de las ideas. Ferrus particularmente defenderá esta posición que permite ser dualista sin dejar de ser anatomista.

Otra línea de investigación moviliza también a la escuela de Esquirol: es la profundización del conocimiento clínico, de aquí en más dimensión relativamente autónoma en psiquiatría. Nos ocuparán dos rúbricas principales.

Tenemos pocas cosas para decir de la primera. Se trata de la diferenciación de nuevas entidades nosológicas y cabe enteramente, en este período, en la "estupidez" de Georget, que todos adoptarán. En el capítulo siguiente veremos a Guislain y Griesinger abrirle camino a Baillarger para una nueva etapa de ese proceso. En cuanto al delirio agudo, si el término es retenido por algunos autores, la mayor parte del tiempo es en el sentido de la manía hiperaguda, lo que disuelve su especificidad. El rechazo de la división etiológica de Georget hace perder una noción interesante que se disolverá en la manía (formas agitadas) o en la estupidez (formas apáticas y estuporosas). Veremos que cuando Delasiauve retome la descripción de la estupidez, la confusión mental le parecerá caracterizar el síndrome. Todo esto es por otra parte coherente: los criterios de diferenciación nosológicos siguen sendo esencialmente conductístas y las tesis de Georget reposaban en un criterio etio-patogénico.

La segunda rúbrica concierne al trabajo de análisis de los cuadros que la clínica ya aisló, como lo recomendaba Pinel. El principio es siempre reducirlos a perturbaciones elementales cuyos modelos se pueden encontrar en la psicología normal. En algunos autores, ese trabajo sirve para una clasificación de las especies mórbidas en grupos: Esquirol nos dio un modelo con sus tres clases de monomanías que consisten de hecho en reagrupar tres síndromes clínicos diferentes en base a un análisis psicológico idéntico (le­sión de una sóla facultad); igual que en las demencias agudas y crónicas. Así Ferrus querrá separar las debilidades intelectuales (adquiridas: demencias; innatas: idiotez; o accidenta­les: estupidez) de las perversiones intelectuales generales (manía) o parciales (monomanía, hipomanía, alucinaciones)21. Pero el riesgo entonces es forjar un cuadro a priori de las facultades mentales y querer completarlo a cualquier precio, oponiendo la disminución y la exaltación de cada función; esta dirección conlleva un abandono del principio clínico que inauguró Pinel y cuyo devenir tratamos de determinar. Scipion Pinel, cuyos presupuestos frenológicos justifican su búsqueda, puede ser citado como ejemplo de esta "desviación" que lo conduce, por ejemplo, a clasificar la manía en las lesiones intelectuales (por exaltación) y la sobrexcitación maníaca en las lesiones de la motilidad (por exal­tación igualmente) junto a la corea y a las convulsiones, o a separar las ilusiones y las alucinaciones (lesiones de los sentidos) de las monomanías intelectuales (lesiones intelectuales), en resumen a escindir unidades clínicas por mentalidad de sistema 22. En Delasiauve la misma búsqueda culminará en una clasificación extremadamente confusa de las alienaciones parciales, donde la obligación de simetría lo obliga a crear lesiones asténicas que se oponen a las lesiones activas y que no se manifiestan más que por la hipertrofia de la tendencia antagónica, pura construcción teórica que ningún ejemplo clínico sostiene 23. Los psiquistas alemanes (cf. Cap. 4) constituyen otro ejemplo de esta mentalidad (cf. la clasificación de Heinroth) 24.

Otros, mejor inspirados, intentan penetrar la estructura psicopatológica de las perturbaciones mentales: puede citarse en particular el importante libro de Leuret,
1   2   3   4   5   6   7   8   9   ...   31

similar:

Paul Bercherie iconSocio Paul Harris/Socio Paul Harris por Donaciones Múltiples

Paul Bercherie iconWhat paul bourget thinks of us

Paul Bercherie iconJeremiah P. Ostriker y Paul J. Steinhardt

Paul Bercherie iconI nstitución Educativa San Vicente de Paúl

Paul Bercherie iconInstitucion educativa san vicente de paul

Paul Bercherie iconEscuela Agrícola San Vicente de Paul

Paul Bercherie iconInstitución Educativa San Vicente de Paúl

Paul Bercherie iconEl guión pertenece a Paul Zbyszewski y Craig Rosenberg

Paul Bercherie iconTratado Contra el Método Paul Feyerabend Editorial Tecnos, 1975 (Fragmento) introduccion

Paul Bercherie iconDe cima para baixo, Deirdre McCloskey, Simão Silber, Paul Anthony Samuelson, José Luis Oreiro


Medicina



Todos los derechos reservados. Copyright © 2015
contactos
med.se-todo.com