Tratado Contra el Método Paul Feyerabend Editorial Tecnos, 1975 (Fragmento) introduccion




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títuloTratado Contra el Método Paul Feyerabend Editorial Tecnos, 1975 (Fragmento) introduccion
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defensa especial, pues no existe una sola teoría interesante que concuerde con todos los hechos conocidos de su dominio. La cuestión, por tanto, no consiste en saber si habría que admitir teorías contrainductivas en ciencia; la cuestión consiste, más bien, en saber si las discrepancias existentes entre teoría y hecho deberían aumentarse o disminuirse, o en saber qué otra cosa cabría hacer con ellas.

Para contestar a esta cuestión basta recordar que los informes observacionales, los resultados experimentales, y los enunciados ‘factuales’, o bien incluyen supuestos teóricos o bien los afirman por la manera en que se usan. (Para este punto, cf. la discusión de las interpretaciones naturales en los capítulos 6 ss.)- Así, por ejemplo, nuestro hábito de decir ‘la mesa es marrón’ cuando la contemplamos en circunstancias normales, con los sentidos en buen estado, y decir ‘la mesa parece marrón’ cuando las condiciones de iluminación son pobres o cuando nos sentimos inseguros de nuestra capacidad de observación, expresa la creencia de que existen circunstancias ordinarias en las que nuestros sentidos son capaces de ver el mundo ‘tal y como realmente es’, y de que existen otras circunstancias, no menos ordinarias, en las que los sentidos se equivocan. Dicho hábito expresa la creencia de que algunas de nuestras impresiones sensoriales son verídicas, mientras que otras no lo son. Normalmente se da también por supuesto que el medio material que existe entre el objeto y nosotros no ejerce ninguna influencia distorsionante, y que la entidad física que establece el contacto —la luz— transporta una imagen verdadera. Sin embargo, todas estas afirmaciones son supuestos abstractos, y muy dudosos, que modelan nuestra contemplación del mundo y no son susceptibles de critica directa. Por lo general no somos conscientes de ellos y solo reconocemos sus efectos cuando nos tropezamos con una cosmología completamente diferente, los prejuicios se descubren por contraste, no por análisis. El material de que dispone el científico, incluidas sus más sublimes teorías y sus técnicas más sofisticadas, se estructura exactamente de la misma forma. Dicho material incluye también principios que no se conocen y que, si fueran conocidos, resultarían extremadamente difíciles de contrastar. (En consecuencia, una teoría puede chocar con la evidencia no porque la teoría misma sea incorrecta, sino porque la evidencia esté contaminada).

Ahora bien, ¿cómo es posible examinar algo que estamos usando continuamente? ¿Cómo analizar los términos en los que habitualmente expresamos nuestras más simples e ingenuas observaciones, y descubrir así, sus presupuestos? ¿,Cómo descubrir el tipo de mundo que presuponemos cuando nos comportamos del modo que lo hacemos?

La respuesta es clara: no podemos descubrirlo desde dentro. Necesitamos un criterio externo de critica, necesitamos un conjunto de supuestos alternativos o en otro caso, ya que tales supuestos habrán de ser muy generales, necesitamos construir, por decirlo así, un mundo alternativo completo, necesitamos un mundo soñado para descubrir los rasgos del mundo real en el que creemos habitar (mundo que, de hecho, quizá no sea mas que otro mundo soñado). El primer caso en la crítica de los conceptos y procedimientos ordinarios, el primer caso en la crítica de los ‘hechos’, debe ser por tanto un intento por romper este círculo. Debemos inventar un nuevo sistema conceptual que mantenga en suspense, o cheque con, los resultados experimentales mas cuidadosamente establecidos, que confunda los principios teóricos más plausibles, y que introduzca percepciones que no formen parte del mundo perceptual existente1814- Este paso también es contrainductivo. Por tanto, la contrainduccion es siempre razonable y siempre proporciona una ocasión de éxito.

En los siete capítulos siguientes, la conclusión que he expuesto en el presente capitulo será desarrollada con mayor detalle y se elucidará con la ayuda de ejemplos históricos. Podría sacarse la impresión de que estoy recomendando una nueva metodología que sustituye la inducci6n por la contrainducci6n y que hace uso de una multiplicidad de teorías, concepciones metafísicas y cuentos de hadas, en lugar del par al uso formado por teorias/observación15. Esta impresión sería equivocada. Mi intención no es sustituir un conjunto de reglas generales por otro conjunto: por el contrario, mi intención es convencer al lector de que todas las metodologías, incluidas las más obvias, tienen sus límites, La mejor manera de hacer ver esto consiste en demostrar los límites, e incluso la irracionalidad, de alguna de las reglas que la metodología, o el lector, gustan considerar como básicas. En el caso de la inducción (incluida la inducción por falsación) lo anterior equivale a demos­trar que la contrainducción puede ser defendida satisfactoriamente con argumentos. Recuérdese siempre que las demostraciones y la retórica que se emplean en este libro no expresan ningún tipo de «convicciones profundas»: que yo sustente. Simplemente muestran cuan fácil resulta dominar a la gente de una forma racional. Un anarquista se parece a un espía que entra en el juego de la Razón para socavar la autoridad de la Razón (Verdad, Honestidad, Justicia, etcétera)16.

La condición de consistencia, que exige que las nuevas hipótesis concuerden con las teorías aceptadas, no es razonable, porque favorece la teoría más antigua, no la teoría mejor. Las hipótesis que contradicen a teorías bien confirmadas proporcionan evidencia que no puede obtenerse de ninguna otra forma. La proliferación de teorías es beneficiosa para la ciencia, mientras que la uniformidad debilita su poder critico. Además, la uniformidad, pone en peligro el libre desarrollo del individuo.
En este capitulo voy a ofrecer argumentos mas detallados a favor de la ‘contrarregla’ que aconseja introducir hipótesis que sean inconsistentes con teorías bien establecidas. Estos argumen­tos serán indirectos. Empezaré” con una critica del requisito que afirma que las nuevas hipótesis deben ser consistentes con tales teorías. Llamare a este requisito la condición de consistencia17.

Prima facie, el caso de la condición de consistencia puede tratarse con unas pocas palabras. Es bien sabido (y ha sido mostrado con todo detalle por Duhem) que la teoría de Newton es inconsistente con la ley de la caída libre de Galileo y con las leyes de Kepler; que la termodinámica estadística es inconsistente con la segunda ley de la teoría fenomenológica; que la óptica ondulatoria es inconsistente con la óptica geométrica, etcétera18. Obsérvese que lo que se esta afirmando aquí es la inconsistencia lógica; muy bien podría ocurrir que las diferencias en las predicciones fueran demasiado pequeñas como para ser detectadas por experimento. Obsérvese además que lo que se afirma no es la inconsistencia entre, por ejemplo, la teoría de Newton y la ley de Galileo, sino la inconsistencia entre algunas consecuencias de la teoría de Newton en el dominio de validez de la ley de Galileo, y la ley de Galileo. En este último caso la situación resulta ser especialmente clara. La ley de Galileo afirma que la aceleraci6n de la caída libre es una constante, mientras que la aplicación de la teoría de Newton a la superficie de la tierra da una aceleración que no es constante sino que decrece (aunque de modo imperceptible) con la distancia al centro de la tierra.

Para decirlo de modo más abstracto: considérese una teoria T’ que describa satisfactoriamente la situación dentro del dominio O’. T’ concuerda con un numero finito de observaciones (formen estas la clase F) y concuerda con ellas dentro del margen de error M; una alternativa que contradice a T’ desde fuera de F y dentro de M, esta apoyada exactamente por las mismas observaciones y es por tanto aceptable si T’ lo era (voy a suponer que F son las únicas observaciones que se han practicado). La condición de consistencia es mucho menos tolerante: Esta condición elimina una teoría o una hipótesis física no porque esté en desacuerdo con los hechos; la elimina porque está en desacuerdo con otra teoría, con una teoría, además, cuyas instancias confirmadoras comparte. Según esto, dicha condición convierte en medida de validez la porción todavía no contrastada de aquella teoría. La única diferencia entre semejante medida y una teoría más reciente radica en la edad y en la familiaridad. Si la teoría más joven hubiera aparecido primero, la condición de consistencia habría funcionado a su favor. ‘La primera teoría adecuada tiene derecho de prioridad sobre cualesquiera teorías posteriores que sean igualmente adecuadas19. En este aspecto el efecto de la condición de consistencia se parece evidencia histórica a favor de tal prioridad, mientras que solo son gestos amistosos. El segundo error estriba en el hecho de que la mencionada idea aparece en Duhem, Einstein y especialmente en Boltzmann quien anticipó todas las observaciones filosóficas de ‘The Aim of Science’, Ratio. -p. 24 ss.. y de sus predecesoras. Para Boltzmann, cf. mi articulo en la Enyclopaedia of’ Philosophy. ed. Paul Edwards. Para Duhem. cf. Objective Knowledge, 200. bastante al efecto de los métodos más tradicionales de deducci6n trascendental, análisis de esencias, análisis fenomenológico o análisis lingüístico. Todos ellos contribuyen a la conservaci6n de lo antiguo y familiar, no porque posea alguna ventaja intrínseca — por ejemplo, no porque está mejor fundamentado en la. observación de lo que lo esta la nueva alternativa sugerida, o porque sea más elegante— sino precisamente por ser antiguo y familiar. Este no es el único ejemplo sorprendente de semejanza que emerge, en un examen minucioso, entre el empirismo moderno y algunas de las escuelas filos6ficas a las que este ultimo ataca.

Me parece que estas breves consideraciones, aunque conducen a una interesante crítica táctica de la condición de consistencia y aunque aportan algunos primeros puntos de apoyo a la contrainducción, no tocan todavía el núcleo de la cuesti6n. Muestran que no puede eliminarse por razonamiento factual una alternativa al punto de vista aceptado que comparta sus instancias confirmadoras. Pero no muestran que semejante alternativa sea aceptable y, mucho menos que debería emplearse. Ya es bastante malo, podría señalar un defensor de la condición de consistencia, que el punto de vista aceptado no cuente con un apoyo empírico complete. Añadir nuevas teorías de carácter igualmente insatisfactorio no mejoraría la situación; ni tendría mucho sentido intentar sustituir las teorías aceptadas por algunas de sus posibles alternativas. Semejante sustitución no seria un asunto fácil. Posiblemente habría que aprender un nuevo formalismo y resolver problemas familiares de un modo nuevo. Habría que escribir de nuevo los libros de texto, el curriculum de la universidad debería de reajustarse, y reinterpretarse los resultados experimentales. ¿Y cual sería el resultado de todo este esfuerzo? Otra teoría que, desde el punto de vista empírico predominante, no posee ninguna ventaja sobre la teoría que sustituye. La única mejora efectiva, continuaría diciendo el defensor de la condición de consistencia, proviene de la adición de nuevos hechos. Estos hechos nuevos, o bien apoyaran las teorías vigentes, o bien nos obligaran a modificarlas indicando con exactitud donde reside el error de tales teorías. En ambos casos se produce de utilidad, sino que obstaculiza el progreso al absorber tiempo y mano de obra que podrían dedicarse a cosas mejores. La condición de consistencia elimina semejantes discusiones inútiles y obliga al científico a concentrarse en los hechos que son, en ultima instancia, los únicos jueces aceptables de una teoría. Este es el modo como el científico profesional defiende su concentración en una sola teoría, con exclusi6n de las alternativas empíricamente posibles20.

Vale la pena repetir el núcleo razonable de este argumento. Las teorías no deberían cambiarse a menos que existan razones de peso. La única razón de peso para cambiar una teoría es su desacuerdo con los hechos. La discusi6n sobre hechos incompatibles conduce por ello al progreso. La discusi6n sobre hipótesis incompatibles no conduce al progreso. En consecuencia, aumentar el numero de hechos relevantes es un procedimiento seguro. Aumentar el numero de alternativas factualmente adecuadas, pero incompatibles, no es un procedimiento seguro. Cabría añadir que no se excluyen las construcciones formales que aumenten la elegancia, la simplicidad, la generalidad y la coherencia. Pero una vez que se hayan efectuado tales construcciones, parece ser que lo único que le queda por hacer al científico es la recogida de hechos para llevar a cabo la contrastación.

Y ello es así dando por supuesto que los hechos existen y que están disponibles independientemente de que se consideren o no alternativas a la teoria que ha de ser contrastada. A este supues­to, del que depende de manera decisiva la validez del anterior argumento, lo llamo el supuesto de la autonomía relativa de los hechos, o principio de autonomía. Este principio no afirma que el descubrimiento y descripción de hechos es independiente de todo teorizar. Lo que afirma es que los hechos que pertenecen al contenido empírico de una teoría están disponibles se consideren o no otras alternativas a esta teoria. No sé” si este supuesto tan importante ha sido formulado explícitamente alguna vez como postulado separado del método empírico. Sin embargo, dicho postulado esta claramente implicado en casi todas las investigaciones que versan sobre cuestiones de confirmación y contrastación. Todas estas investigaciones emplean un modelo en el que una sola teoría se compara con una clase de hechos (o enunciados observacionales) que se suponen ‘dados’ de alguna manera. Pienso que esta descripción simplifica con exceso la situación real. Los hechos y las teorías están relacionados mucho más íntimamente de lo que reconoce el principio de autonomía. La descripción de todo hecho particular no s61o es dependiente de ultima teoria (que, desde luego, puede ser muy diferente de la teoría que ha de contrastares), sino que Además existen hechos que no pueden descubrirse si no es con la ayuda de alternativas a la teoría que ha de contrastares, y que dejan de estar disponibles tan pronto como se excluyen tales alternativas. Todo esto sugiere que la unidad metodológica a la que hay que referirse cuando se discutan cuestiones de contrastación y de contenido empírico esta constituida por un conjunto completo de teorías en parte coincidentes, factualmente adecuadas, pero inconsistentes entre si. En el presente capítulo solo se exponen los trazos más simples de semejante modelo de contrastación. Pero antes de hacer esto, voy a examinar un ejemplo que ilustra de forma muy clara la función de las alternativas en el descubrimiento de hechos críticos.

En la actualidad sabemos que la partícula browniana es una maquina de movimiento perpetuo de la segunda clase y que su existencia refuta la segunda ley fenomenológica. El movimiento browniano pertenece pues al dominio de los hechos relevantes de la ley. Ahora bien, ¿podía descubrirse de manera directa esta relación entre el movimiento browniano y la mencionada ley, es decir, podía descubrirse dicha relación por medio de un examen de las consecuencias observacionales de la teoría alternativa del calor? Esta cuestión se divide fácilmente en dos: 1) ¿Podía descu­brirse de esta manera la relevancia de la partícula browniana? 2) ¿Podía demostrarse que ello refuta efectivamente la segunda ley?

La respuesta a la primera cuestión es que no lo sabemos. Es imposible decir lo que hubiera ocurrido si la teoría cinética no hubiese entrado en el debate. Mi hipótesis, sin embargo, es que en este caso la partícula browniana habría sido considerada como una extravagancia —de forma muy similar a como algunas de las asombrosas conclusiones del difunto profesor Ehrenhaft21 fueron consideradas como extravagancias— y que no habría alcanzado la posición que ocupa en la teoría contemporánea. La respuesta a la segunda cuestión es, simplemente, NO. Considérese lo que hubie­se exigido el descubrimiento de una inconsistencia entre el fenómeno del movimiento brovvniano y la segunda ley. Hubiese exigi­do: a) la medición del movimiento
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