Tratado Contra el Método Paul Feyerabend Editorial Tecnos, 1975 (Fragmento) introduccion




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títuloTratado Contra el Método Paul Feyerabend Editorial Tecnos, 1975 (Fragmento) introduccion
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exacto de la partícula en orden a determinar el cambio habido en su energía cinética más la energía consumida en vencer la resistencia del fluido; y h) hubiese exigido mediciones exactas de la temperatura y calor transferidos al medio circundante en orden a establecer que cualquier perdida que tuviese lugar estaba compensada por el aumento de energía en la partícula móvil y por el trabajo realizado contra el fluido. Estas mediciones están más allá de las posibilidades experimentales26: ni la transferencia del calor ni la trayectoria de la partícula pueden medirse con la precisión deseada. De aquí que resulte imposible una refutación ‘directa’ de la segunda ley que solo tuviese en cuenta la teoría fenomenológica y los ‘hechos’ del movimiento browniano. Resulta imposible debido a la estructura del mundo en que vivimos y a las leyes que son validas en ese mundo. Como es bien conocido, la refutaci6n efectiva tuvo lugar de una manera muy diferente. Tuvo lugar por medio de la teoría cinética y de la utilización que de la misma hizo Einstein en su calculo de las propiedades estadísticas del movimiento browniano. A lo largo de este proceso, la teoría fenomenológica (T) fue incorporada en el contexto más amplio de la física estadística (T) de forma tal que se violaba la condición de consistencia y solo después entr6 en escena el experimento crucial (investigación de Svedberg y Perrin)22. Me parece que éste es un ejemplo típico de la relaci6n entre teorías o puntos de vista muy generales, y los ‘hechos’. Tanto la relevancia como el carácter refutador de los hechos decisivos solo puede establecerse con la ayuda de otras teorias que, aunque factualmente adecuadas23, no están de acuerdo con el punto de vista que ha de contrastarse. Siendo esto así, la invención y articulación de alternativas tal vez haya de preceder a la producción de hechos refutadores. El empirismo, al menos en algunas de sus versiones más sofisticadas, exige que el contenido empírico de cualquier tipo de conocimiento que se posea ha de ‘ser aumentado tanto como sea posible. En consecuencia, la invención de alternativas al punto de vista que ocupe el centro de la discusión constituye una parte esencial del método empírico. De modo inverso, el hecho de que la condición de consistencia elimine las alternativas nos parece ahora que esta en desacuerdo no solo con la practica científica sino con el empirismo mismo. Al excluir contrastaciones validas, dicha condici6n disminuye el contenido empírico de las teorías a las que se permite subsistir (y estas seran por lo general, como he señalado antes, aquellas teorías que fueron propuestas en primer lugar); y en especial, hace disminuir el numero de hechos que podrían mostrar las limitaciones de las teorías. Este ultimo resultado, referente a una aplicación determinada de la condición de consistencia, tiene un interés muy actual. Podría suceder que la refutación de las incertidumbres mecánico-cuánticas presuponga una tal incorporaci6n de la teoría actual en un contexto mas amplio que ya no se ajuste a la idea de complementariedad y que sugiera por tanto nuevos y decisivos experimentos. Y también podría suceder que la insistencia, por parte de la mayoría de Ios físicos contemporáneos, en la condición de con­sistencia proteja para siempre, caso de tener éxito, dichas incerti­dumbres de toda refutaci6n. Asi es como esta condición puede dar lugar a una situaci6n en la que un punto de vista determinado se petrifique en dogma y se haga inasequible, en nombre de la experiencia, a toda critica que pueda concebirse.

Vale la pena examinar con algo mas de detalle esta defensa aparentemente ‘empírica’ de un punto de vista dogmático. Supóngase que los físicos adoptan, consciente o inconscientemente, la idea de la unicidad de la complementariedad, que elaboren el punto de vista ortodoxo y que se nieguen a considerar alternativas. En principio semejante procedimiento puede ser completamente inofensivo. Después de todo, un hombre e incluso una escuela influyente, sólo puede hacer un numero determinado de cosas al mismo tiempo, y es mejor dedicarse a una teoría en la que se esta interesado que dedicarse a una teoría que resulte cargante. Supóngase ahora que el empeño puesto en la teoria elegida conduzca al éxito, y que la teoria explique, de modo satisfactorio, circunstancias que habían sido ininteligibles durante mucho tiempo. Este resultado otorga apoyo empírico a una idea que al principio solo parecía poseer la ventaja de ser interesante y fascinadora. El compromiso para con la teoría queda así reforzado, y la actitud hacia las alternativas se hará menos tolerante. Ahora bien, si es cierto, como se defendió en la ultima sección, que muchos hechos. solo se tornan disponibles con la ayuda de alternativas, entonces negarse a considerarlas tendrá también el resultado de eliminar hechos potencialmente refutadores. En particular, se eliminaran hechos cuyo descubrimiento podría demostrar la completa e irre­parable inadecuación de la teoria24. Al hacer estos hechos inaccesibles, la teoría aparecerá libre de imperfección y se tendrá la impresión de que ‘toda la evidencia apunta con precisión impla­cable en la... dirección... de que todos los procesos que implican... interacciones desconocidas se conforman a la ley cuántica funda­mental’-25Esto reforzará todavía mas la creencia en la unicidad de la teoria aceptada y en la futilidad de cualquier otra explicación que proceda de una manera diferente. Una vez firmemente convencidos de que solo hay una microfísica correcta, los físicos intentaran explicar los hechos adversos en términos de una tal Microfísica, y no les importara que estas explicaciones resulten, a veces, ligeramente burdas. A continuación, este desarrollo llega a ser conocido por el publico. Los libros populares de ciencia (incluidos muchos libros de filosofía de la ciencia) difunden los postulados básicos de la teoría; se hacen aplicaciones en campos distantes, se concede dinero a los ortodoxos y se le niega a los rebeldes. Más que nunca la teoría parece poseer ahora un enorme apoyo empírico, y las oportunidades para considerar alternativas son muy escasas. El éxito final de los supuestos básicos de la teoría cuántica, y de la idea de complementariedad, parece estar asegurado.

Al mismo tiempo resulta evidente, sobre la base de nuestras consideraciones, que esta apariencia de éxito no puede considerarse en modo alguno como un signo de verdad y correspondencia con la naturaleza. Muy al contrario, surge la sospecha de que la ausencia de grandes dificultades es el resultado de la disminución en contenido empírico provocado por la eliminación de alternativas, y de los hechos que pueden descubrirse con su ayuda. Con otras palabras, surge In sospecha de que este pretendido éxito se debe_al hecho de que Ia teoria, al extenderse más allá de su punto de partida, se ha convertido en una rígida ideología. Esta ideología ‘tiene éxito’ no porque concuerde perfectamente con los hechos; tiene éxito porque no se ha especificado hecho alguno que pudiera constituir una contrastación y porque se han eliminado algunos hechos que podrían desempeñar esta función. Su ‘éxito’ es completamente artificial. Se tomó la decisión de adherirse, pase lo que pase a ciertas ideas y el resultado fue, cosa muy natural, la supervivencia de estas ideas. Si en un momento determinado se olvida la decisión inicial o se hace só1o de modo implícito, por ejemplo, si llega a convertirse en ley común de la física, entonces la supervivencia misma parecerá constituir un apoyo independiente, reforzará la decisión, o la convertirá en una decisión explícita, y de este modo se cierra el círculo. Así es como puede crearse ‘evidencia’ empírica a través de un proceso que aduce como justificación propia la mismísima evidencia que dicho proceso ha provo­cado.

En este punto, una teoría ‘empírica’ de la clase descrita (y recuérdese siempre que los principios básicos de la teoría cuántica actual, en particular la idea de complementariedad, se encuentran desgraciadamente muy cerca de constituir una tal teoría) se convierte en algo casi indistinguible de un mito de segunda categoría. En orden a comprobar esta afirmación, solo necesitamos conside­rar un mito como el de la brujería y la posesión diabólica, desarrollado por los teólogos cató1ico-romanos, que dominó en el continente europeo durante los siglos XV, XVI y XVII. Este mito constituye un complejo sistema explicativo que contiene numerosas hipótesis auxiliares inventadas para cubrir casos particulares y para alcanzar así un alto grado de confirmación sobre la base de la observación. Ha sido enseñado durante mucho tiempo, su contenido se vio reforzado por el miedo, el prejuicio y la ignorancia, así como por un clero celoso y cruel. Sus ideas se introdujeron en el idioma más común, infectaron lodos los modos de pensamiento e inspiraron muchas decisiones importantes para la vida humana. Proporcionaba modelos para la explicación de cualquier evento concebible (concebible para quienes lo hubieran aceptado)26. Siendo esto así, sus términos clave se fijarían de manera inequívoca al igual que la idea (que quizá fue lo que habría conducido en primer término a semejante proceso) de que dichos términos son copias de entidades incambiables y de que el cambio de significado, caso de que ocurra, se debe a error humano (esta idea parecer ahora muy plausible). Semejante plausibilidad refuerza todas las maniobras que se hagan para la conservación del mito (incluida la eliminación de los oponentes). El aparato conceptual de la teoría y las emociones que lleva asociadas su aplicación, tras haber penetrado todos los medios de comunicación, todas las acciones y, ciertamente, la vida toda de la comunidad, garantiza ahora el éxito de métodos tales como la deducción trascendental, análisis de usos, análisis fenomenológico; métodos estos que llevan a un mayor fortalecimiento del mito (lo que muestra, dicho sea de paso, que todos estos métodos, que han sido la marca de fabrica de varias escuelas filosóficas antiguas y modernas, poseen una cosa en común: tienden a conservar el status quo de la vida intelectual). Los resultados observacionales hablan también en favor de la teoría, puesto que están formulados en sus términos, se tendrá la impresión de haber llegado por fin a la verdad. Al mismo tiempo, resulta evidente que se ha perdido todo contacto con el mundo y que la estabilidad conseguida, la apariencia de verdad absoluta, no es otra cosa que el resultado de un conformismo absoluto27.

al esfuerzo de la comunidad de creyentes y de sus dirigentes, sean estos sacerdotes o ganadores del premio Nobel. Este, creo, es el argumento más decisivo contra cualquier método, sea empírico o no, que fomente la uniformidad. Cualquier método de este tipo es, en. último término, un método fraudulento. Retuerza un conformismo oscurantista, mientras habla de la verdad; conduce a un deterioro de las capacidades intelectuales, del poder de la imaginación, mientras habla de conocimiento profundo; destruye el don más precioso de la juventud —su enorme poder de imaginación— y habla de educación.

En resumen: La unanimidad de opinión tal vez sea adecuada para una iglesia, para las asustadas y ansiosas víctimas de algún mito (antigua o moderno), o para los débiles y fanáticos seguidores de algún tirano. La pluralidad de opinión es necesaria para el conocimiento objetivo, y un método que fomente la pluralidad es, además, el único método compatible con una perspectiva humanista. (En la medida que la condición de consistencia limita la diversidad, contiene un elemento teológico que radica, por supuesto, en la veneración de los ‘hechos’ tan característica de casi todo el empirismo28.

No existe ninguna idea; por antigua y absurda que sea, que no pueda mejorar el conocimiento. Toda la historia del pensamiento está subsumida en la ciencia y se usa para mejorar cada teoría particular. Tampoco se eliminan las interferencias políticas. Puede hacer falta superar el chauvinismo científico que rechaza las alternativas al status quo.

En este capitulo se termina la discusión de la parte primera de la contrainducción que trata de la invención y elaboración de hipótesis inconsistentes con un punto de vista que esta altamente confirmado y que es generalmente aceptado. Hemos indicado que el examen de semejante punto de vista requiere a menudo una teoria alternativa incompatible, de modo que el consejo (Newtoniano) de posponer las alternativas hasta que aparezca la primera dificultad es lo mismo que colocar el carro delante del caballo. El científico que este interesado en el máximo contenido empírico, y que desee comprender todos los aspectos posibles de su teoría, tendrá que adoptar, en consecuencia, una metodología pluralista, tendrá que comparar teorías con teorías, en lugar de hacerlo con la ‘experiencia’, ‘datos’, o ‘hechos’; y tendrá que esforzarse por mejorar, en lugar de eliminarlos, los puntos de vista que parezcan perder en la competition29. Pues las alternativas que dicho científico necesita para mantener el debate en marcha, también pueden tomarse del pasado. Como cuestión de hecho, tales alternativas pueden tomarse de donde quiera que uno sea capaz de descubrir las: de los mitos antiguos, y de los prejuicios modernos; de las elucubraciones de los expertos y de las fantasías de los chiflados. Toda la historia de una materia es utilizada en el intento por mejorar su más reciente y ‘avanzado’ estadio. La separación entre historia de la ciencia, su filosofía y la ciencia misma, se desvanece en el aire y lo mismo sucede con la separación entre ciencia y no-ciencia30.

Esta posición, que es una consecuencia natural de los argumentos expuestos arriba, es atacada con frecuencia —no con contra-argumentos, que seria cosa fácil de rebatir— sino planteando cuestiones ret6ricas. ‘Si cualquier metafísica sirve’, escribe Hesse en su recensión de uno de mis primeros ensayos31 ‘se plantea la objetiva a la ciencia moderna que se encuentra en el Aristotelismo o, ciertamente, en el vudú, e insinúa que una critica de este tipo sería completamente ridícula. Su insinuación da por supuesta, desgraciadamente, una gran ignorancia en sus lectores. El progreso se consigue a menudo por medio de una ‘critica desde el pasado’, por una critica que es precisamente del mismo tipo que Mary Hesse desprecia. Después de Aristóteles y Ptolomeo, la idea de que la Tierra se mueve —esa extraña, antigua y ‘completamente ridícula32 concepción pitagórica— fue arrojada al montón de escombros de la historia, para ser revivida solo por Copérnico y para convertirse en sus manos en un arma con la que vencer a los vencedores de dicha concepci6n. La tradición Hermética desempeñó un papel importante en este resurgimiento, papel que todavía no ha sido suficientemente comprendido33; el mismo gran Newton estudio estos escritos con mucha atención34. Semejantes desarrollos no son sorprendentes. Una idea no se examina nunca en todas sus ramificaciones y ningún punto de vista recibe jamás todas las oportunidades que se merece. Las teorías se abandonan y sustituyen por otras explicaciones mas de moda, mucho antes de tener la oportunidad para mostrar sus virtudes. Por otra parte, las doctrinas antiguas y los mitos ‘primitivos’ parecen extraños y absurdos sólo porque no se conoce su contenido científico o porque esta distorsionado por filósofos o antropólogos no familiarizados con el conocimiento astronómico, médico, o físico mas elemental35. El Vudú, piece de resistance del Dr. Hesse, constituye uno de estos casos. Nadie lo conoce, pero todo el mundo lo utiliza como paradigma de atraso y confusión. Sin embargo, el Vudú posee una base material firme aunque esta todavía no ha sido comprendida de modo suficiente; el estudio de sus manifestaciones podría emplearse para enriquecer, y tal vez incluso para revisar, nuestros conocimientos de fisiología36.

Un ejemplo aun más interesante lo constituye el resurgimiento de la medicina tradicional en la China comunista. Nos encontramos aquí con un desarrollo de tipo familiar37, un gran país con grandes tradiciones se encuentra bajo el dominio occidental y es explotado en la forma usual. Una generación nueva reconoce, o cree reconocer la superioridad material e intelectual de Occidente y atribuye dicha superioridad a la ciencia. Se importa y enseña ciencia, y se marginan todos los elementos tradicionales. El chauvinismo inequívocamente la posición de ciertos planetas con relación a la tierra, al firmamento y entre sí: h) exponer el conocimiento que se tenia de la fabrica del mundo en forma de relatos acerca de ‘como empezó el mundo’; existen dos razones por las que no se descubrió antes este código.’ Una de ellas es la firme convicción de los historiadores de la ciencia referente a que la ciencia no empezó antes de los griegos y que sólo es posible obtener resultados científicos empleando el método científico tal y como se practica en la actualidad (y que se encuentra prefigurado en los científicos griegos). La otra razón es la ignorancia astronómica, geológica, etc., de la mayoría de los asiriólogos, egiptólogos y estudiosos del Antiguo Testamento; el aparente primitivismo de muchos mitos no es otra cosa que el reflejo del rudimentario conocimiento astronómico, biológico, etc., etc., de sus compiladores y traductores. Desde los descubrimientos de Hawkins, Marshack y otros, hay que admitir la existencia de una astronomía paleolítica internacional que dio origen a escuelas, observatorios, tradiciones científicas y teorías del máximo interés. Estas teorías, que fueron formuladas en términos sociológicos, no en términos matemáticos, han dejado sus huellas en las sagas, mitos y leyendas; y pueden reconstruirse de dos maneras; partir de los restos materiales de la astronomía de la Edad de Piedra, tales como piedras acotadas, observatorios hechos de piedras, etc. y avanzar luego hasta el presente; o bien, partir de los restos literarios que se encuentran en las sagas, y regresar hasta el pasado. Un ejemplo del primer método lo constituye A. Marshack, The Roots of Civilization. New York, 1972; un ejemplo del segundo, de Santillana-von Dechend, Hamlet’s Mill, Boston, 1969. Para un resumen e interpretación cf. mi Erfuhriinx in die Naturphilosophie. Braunschweig, 1974.

científico triunfa: ‘Lo que es compatible con la ciencia debe vivir, lo que no lo es debe morir’4338. En este contexto ‘ciencia’ no significa solo un método particular sino todos los resultados que este método ha producido hasta el presente. Aquellas cosas que sean incompatibles con estos resultados, han de eliminarse. Los médicos de la antigua escuela, por ejemplo, deben cesar de practicar la medicina o deben ser reeducados. La medicina herba­ria, la acupuntura, la moxibustión y su filosofía subyacente, son algo pasado que no debe tomarse en serio por más tiempo. Esta actitud perduró hasta 1954, año en que se condenó a los elementos burgueses del Ministerio de la Salud y se inició una campaña por el resurgimiento de la medicina tradicional. Sin duda alguna, esta campaña estuvo inspirada políticamente. Tenía, al menos, dos componentes, a saber, 1) la identificación entre ciencia occidental y ciencia burguesa; y 2) la negación del partido a exceptuar la ciencia de la supervisión política39 y conceder a los expertos privilegios especiales. No obstante, la mencionada campaña proporcionó la contrafuerza necesaria para superar el chauvinismo científico de la época y establecer una pluralidad (dualidad) de puntos de vista posibles. (Este punto es importante. Ocurre con frecuencia que los miembros de la comunidad científica se endurecen y se hacen intolerantes, de modo que la proliferación ha de exigirse desde fuera, por medios políticos. Desde luego, no puede garantizarse el éxito —recuérdese el caso Lysenko. Pero esto no suprime la necesidad de controles no científicos sobre la ciencia). Ahora bien, este dualismo políticamente inculcado ha conducido a descubrimientos máximamente interesantes y asombrosos, y ello tanto en China como en Occidente, así como a la comprobaci6n de que existen fuerzas y medios de diagnosis que la medicina moderna no puede hacer suyos y para los que no tiene ninguna explicación40.

Este dualismo revela la existencia de considerables lagunas en la medicina occidental, y no puede esperarse que el planteamiento científico usual encuentre finalmente una respuesta. En el caso de la medicina herbaria, este planteamiento consta de dos pasos41. En primer lugar, la cocción herbaria se analiza en sus constituyentes químicos. Luego, se determinan los efectos específicos de cada constituyente y sobre esta base se explica el efecto total producido sobre un órgano particular. Este procedimiento olvida la posibilidad de que la hierba, considerada en su integridad, cambie el estado del organismo en conjunto y que es este nuevo estado de todo el organismo, mas que una porción específica de la cocción herbaria, lo que cura al enfermo. Aquí, como en cualquier otra parte, el conocimiento se obtiene de una proliferación de puntos de vista más que de una aplicación determinada de la ideología preferida. Y nos percatamos de que, tal vez, la proliferación tenga que estar reforzada por mediaciones no científicas que posean la suficiente fuerza como para sojuzgar las instituciones científicas más poderosas. Ejemplo de mediaciones no científicas son la Iglesia, el Estado, el partido político, el descontento público, o el dinero: la entidad particular que más fácilmente puede conseguir que un científico moderno se desvíe de lo que su ‘conciencia científica’ le aconseja hacer, todavía es el Dólar (o, en tiempos recientes, el Marco alemán).

Los ejemplos de Copérnico, de la teoría atómica, del Vudú y de la medicina china muestran que incluso la teoría más avanzada, y que parece ser la mas firme, no esta segura; muestran que una teoría de este tipo puede modificarse, o ser destruida por completo con la ayuda de puntos de vista que el engreimiento de la ignorancia ha relegado ya al desván de la historia. De este modo puede ocurrir que el conocimiento de hoy pase a constituir los cuentos de hadas del mañana, y que el mito mas ridículo se convierta eventualmente en la pieza más sólida de la ciencia.

El pluralismo teórico y las concepciones metafísicas no son tan sólo importantes en metodología, sino que además forman parte esencial de una perspectiva humanista. Los educadores progresivos siempre se han preocupado por desarrollar la individualidad de sus alumnos y por llevar hasta la fruición los talentos y creencias particulares, y a veces únicos que, el muchacho puede poseer. Semejante educación, sin embargo, se ha considerado a menudo como un ejercicio inútil para conseguir soñar despierto. ¿Pues no es necesario preparar al joven para la vida tal y como es ella realmente? ¿Esto no significa que el joven debe aprender un conjunto particular de puntos de vista con exclusión de cualquier otra cosa? Y caso de que permanezca algún rastro de imaginación, ¿no se puede encontrar una aplicación apropiada de la misma en las artes y en el dominio sutil de los sueños que tienen tan poco que ver con el mundo en que vivimos? ¿No desembocará este procedimiento en una pugna entre una realidad aborrecible y las placenteras fantasías, entre la ciencia y las artes, entre una descripción rigurosa y las autoexpresiones sin límites? Los argumentos que defienden la proliferación muestran que no es necesario que ocurra esto. Es posible conservar lo que podríamos llamar la libertad de la creación artística y aprovecharse al máximo de ella, no sólo como una válvula de escape sino como un medio necesario para descubrir, y tal vez para cambiar los rasgos del mundo en que vivimos. Esta” coincidencia de la parte (individuo) con el todo (mundo en el que vivimos), de lo puramente subjetivo y arbitrario con lo objetivo y lo regulado, constituye uno de los argumentos más importantes en favor de una metodología pluralista. Para detalles, el lector puede consultar el magnifico ensayo de Mill On Liberty42
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