Tratado Contra el Método Paul Feyerabend Editorial Tecnos, 1975 (Fragmento) introduccion




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25 Rosenfeld, ‘Misunderstandings about the Foundations of Quantum Theory’, Observation and Interpretation, ed. Korner, London, 1957, 44.


26 Para una descripción detallada, Ch. H. Lea, Materials for a History of Witchcraft, New York, 1957, así como H. Trevor-Roper, The European Witch Craze. New York. 1969, que contiene una bibliografía completa, tanto antigua como moderna.


27 El análisis de los usos, para considerar un solo ejemplo, presupone ciertas regularidades concernientes a estos usos. Cuanta más gente haya que difiera en sus cómo podemos contrastar, o mejorar, la verdad de una teoria si esta construida de manera tal que cualquier suceso concebible puede describirse ,y explicarse en términos de sus principios? La única forma de investigar semejantes principios omnicomprensivos será compararlos con otro conjunto diferente de principios igualmente omnicomprensivos (pero este procedimiento ha quedado excluido desde el principio). ideas fundamentales, mayor dificultad habrá para describir tales regularidades. En consecuencia, el ‘análisis de los usos figurara mejor en una sociedad cerrada, que esté firmemente cohesionada por un poderoso mito, tal como era la sociedad de los filósofos de Oxford hace unos 20 años. Los esquizofrénicos muy a menudo tienen creencias tan rígidas, tan omnipresentes y tan desconectadas de la realidad, como las que sostienen las mejores filosofías dogmáticas. La diferencia radica en que a los esquizofrénicos estas creencias les vienen de un modo natural, mientras que, a veces, un filósofo ‘critico’ puede gastar toda su vida en descubrir argumentos que creen un tal estado de la mente.


28 Resulta interesante consular que todas las perogrulladas que enseñaban los protestantes sobre la Biblia son casi idénticas a las perogrulladas que enseñan los empiristas y otros fundamentalistas sobre su fundamento, a saber, la experiencia. Así, en su Novum Organum, Bacon exige que toda noción preconcebida (aforismo 36), toda opinión preconcebida (aforismos42 ss.). e incluso toda palabra preconce­bida (aforismos 59, 121), ‘sea abjurada y rechazada con fume y solemne resolución, y que el entendimiento este completamente libre y despegado de ellas, de modo que el acceso al reino del hombre, que se basa on las ciencias, pueda parecerse al reino de los cielos, en el que no se puede entrar si no se es niño’ (aforismo 68). En ambos casos se critica la ‘controversia’ (que consiste en la consi-deraci6n de alternativas) y se nos invita a prescindir de ella, y en ambos casos se nos promete una ‘percepci6n inmediata’ de Dios en el reino celestial, y de la Naturaleza en el reino del hombre. Para las bases teóricas de esta semejanza cf. mi ensayo ‘Classical Empiricism’, en The Methodological Heritage of Newton, ed. R. E. Butts, Oxford and Toronto, 1970. Para ver la fuerte conexión que existe entre Puritanismo y ciencia moderna, cf. R. T. Jones, Ancients and Moderns, California, 1965, capítulos 5-7. Un examen completo de los numerosos factores que influyeron en el surgimiento del empirismo moderno en Inglaterra, se encuentra en R. K. Merton, Science, Technology and Society in Seventeenth Century, England, New York, Howard Fertig, 1970 (versi6n en libro de su artículo de 1938).


29 Es importante, por tamo, que las alternativas se expongan de acuerdo con su mutua competitividad y no sean aisladas o mutiladas bajo alguna forma de ‘desmitificación’. A diferencia de Tillich, Bultmann y seguidores, deberíamos considerar las concepciones del mundo ofrecidas por la Biblia, por el poema épico de Gilgamesh, por La llíada y los Edda como alternativas cosmológicas plenamente maduras que pueden usarse para modificar. e incluso sustituir, las cosmologías ‘científicas’ de un período dado.


30 Una exposición y defensa auténticamente humanistas de este punto de vista puede encontrarse en On Liberty de J. S. Mill. La filosofía de Popper, que a algunos les gustaría imponer como el único racionalismo humanista que existe hoy, no es mas que un pálido reflejo de la filosofía de Mill. Es mucho más especializada, mucho mas formalista y elitista. y esta completamente desprovista del interés por la felicidad individual que constituye un rasgo característico de Mill. Podemos comprender sus peculiaridades si tenemos en cuenta: a) el trasfondo del positivismo lógico, que juega un papel importante en la Logic of Scientific Discovery; b) el intransigente puritanismo de su autor (y de la mayor parte de sus seguidores), y, si recordamos la influencia de Harriet Taylor en la vida y en la filosofía de Mill, no existe ninguna Harriet Taylor en la vida de Popper. Los argumentos precedentes deberían haber dejado claro que yo no considero la proliferación só1o como un ‘catalizador externo’ de progreso, como sugiere Lakatos en sus ensayos ‘History of Science and its Rational Reconstructions’, Boston Studies, vol. VIII, 98; ‘Popper on Demarcation and Induction’ M. S. 1970, 21), sino como parte esencial del mismo. Ya desde ‘Explanation, Reduction and Empirism’ (Minnesota Studies, vol. III, Minneapolis, 1962), y de modo general en ‘How to be a good Empirist’ (Delaware Studies, vol. II, 1963), he defendido que las alternativas aumentan el contenido empírico de los puntos de vista que ocupan el centre de atención y son, por tanto, ‘paries necesarius’ del proceso falsador (Lakatos, History, num. 27 al describir su propia posición). En ‘Reply to Criticism’ (Boston Studies, vol. II, 1965) señalé que ‘el principio de proliferación no sólo recomienda la invenci6n de nuevas alternativas, sino que evita además la eliminación de teorías más antiguas que han sido refutadas. La razón de ello estriba en que estas teorías contribuyen al contenido de sus rivales victoriosas’ (p. 224). Esto ultimo concuerda con la obser-vaci6n de Lakatos de 1971 que dice que ‘las alternativas no son meros catalizadores, que pueden eliminarse posteriormente en la reconstrucci6n racional’ (History num. 27), excepto en que Lakatos me atribuye a mí un punto de vista psicologista y se atribuye a 61 mis verdaderos puntos de vista. Considerando el argumento del texto, aparece claro que la creciente separación entre la historia de la ciencia, la filosofía de la ciencia y la ciencia misma constituye una desventaja y que debería terminarse con esta separación en interés de las tres disciplinas. De otro modo conseguiremos resultados muy minuciosos y precisos, pero completamente estériles.


31 Mary Hesse, Ratio, num. 9, 1967, 93; cf. B. F. Skinner, Beyond Freedom and Dignity, New York, 1971, 5: ‘Ningún físico moderno estaría dispuesto a volver a Aristóteles en busca de ayuda’. Tal vez sea cierto, pero no representa una gran ventaja.


32 Ptolomeo, Syntaxis, citado según la traducción de Manitius, Des Claudius Plolomaeus Handbuch der Aslronomie, vol. I, Leipzig, 1963, 18.


33 Para una evaluación positiva del papel que desempeñaron los escritos Herméticos en el Renacimiento, cf. F. Yates, Giordano Bruno and the Hermetic tradition, London, 1963, y la bibliografía incluida en esta obra. Para una critica de su posici6n, cf. los artículos de Mary Hesse y Edward Rosen en vol. V, de los Minnesota Studies for the Philosophy of Science, ed. Roger Stuewer, Minnesota 1970; cf. también la nota 114 del capítulo 8.


34 Cf. J. M. Keynes, ‘Newton the Man’, en Essays and sketches in Biography, New York, 1956, y, de forma mucho más detallada, McGuire & Rattansi, ‘Newton and the «Pipes of Pan»’, Notes and Records of the Royal Society, vol. 21, num. 2, 1966, 108 ss.


35 Para el contenido científico de algunos mitos, cf. C. de Santillana, The Origin of Scientific Thought, New York, 1961, en particular el Prologo. ‘Así pues, podemos ver’, escribe de Santillana, ‘cuantos mitos, en apariencia fantásticos y arbitrarios, de los que el relato griego de los Argonautas constituye un vástago tardío, pueden proporcionar una terminología de temas imaginativos, una clase de código que está empezando a desaparecer. Se pretendía aceptar a aquellos que sabían: a) determinar


36 Cf. capítulo 9 de Levi-Strauss, Structural Anthropology. New York, 1967. Para
las bases fisiológicas del Vudú, cf. C. R. Richter, ‘The Phenomenon of Unexplained Sudden Death’ en The Physiological Basis of Psychiatry, ed. Gantt; así como W. H.Cannon, Bodily Changes in Pain Hunger, Fear and Rage. New York, 1915; y•«Vudu» Death’, en American Antropologist. n. s.. xliv, 1942. Las observaciones biológicas y meteorológicas llevadas a cabo por los llamados ‘primitivos’ puedenencontrarse en Levy-Strauss, The Savage Mind. London, 1966.


37 R. C. Croizier, Traditional Medicine in Modern China, Harvard University
Press, 1968. El autor hace una exposición muy interesante y clara de estos desarrollos, con numerosas citas de periódicos, libros y panfletos; pero a veces parece frenado por su respeto a la ciencia del siglo veinte.


38 Chou Shao, 1933, referencia tomada de Croizier, op. cit.. 109. Cf. también D. W. Y. Kwok, Scientism in Chinese Thought, New Haven, 1965.


39 Para la racionalidad de esta negación, cf. mi articulo ‘Experts in a Free Society’, The Critic. Noviembre/Diciembre 1970, y el capítulo 18 del presente ensayo. Para las tensiones que se produjeron entre ‘rojos’ y ‘expertos’, cf. F. Schumann, Ideology and Organization in Communist China, University of Cali­fornia Press, 1966.


40 Para los primeros resultados en este campo, cf. Nakayama, Acupuncture et Medicine Chinoise Verifiées an Japon, 1934; y F. Mann, Acupuncture, New York, 1962; edición revisada. New York, 1973. El principal método de diagnosis en la medicina tradicional consiste en tomar el pulso, e incluye doce ritmos diferentes. E. H. Hume, Doctors East and West, Baltimore, 1940, 190-2, aduce ejemplos


41 Cf. M. B. Krieg, Green Medicine. New York, 1964.


42 Cf. mi descripción de este ensayo en la sección 3 de ‘Against Method’. Min­nesota Studies in the Philosophy of Science, vol. 4, Minneapolis, 1970. (Trad, en editorial Ariel).
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